27 de agosto de 2016

Latinoamérica, situación y perspectivas del mayor mercado exterior de las empresas españolas

Según leo en el diario Expansión de hoy, en un artículo de C. González del Valle a partir de los informes del FMI, las perspectivas generales de la región tienden a mejorar levemente. El crecimiento medio del PIB en 2016 se estima que sea del -0,9%, sin embargo la previsión mejora al +1,8% para 2017.

No obstante, la situación es muy diferente si separamos la región en dos grupos de países: los que están al oeste, tocando al Pacífico (principalmente México, Colombia, Perú y Chile), y los del este, tocando al Atlántico (principalmente Venezuela, Brasil y Argentina).

Los países del Pacífico están bien y las perspectivas en general son buenas; y los del Atlántico están mal, con perspectivas leves de mejorar.

Veamos país por país, quizás por orden de interés en 2016/2017 para las empresas españolas.

El primero es México, cuyo PIB se espera que crezca un 2,3% en 2016, aunque ha caído el -0,2% en el segundo trimestre respecto al primero.

El segundo es Colombia, con crecimientos esperados del 2,4 y del 3% para 2016 y 2017 respectivamente. Y con una inflación “controlada” del 5% en 2015 y estimada del 7,9% en 2016 y del 5,5% en 2017. Las perspectivas son favorables si se resuelve definitivamente el conflicto armado con las FARC.

El tercero es Perú, que va como una moto, con un crecimiento estimado del 3,6% en 2016 y del 4,3% en 2017.

El cuarto es Chile, que se espera que crezca al 2% en 2017.

Es decir, los cuatro grandes países del frente pacífico crecen con fuerza y se espera que sigan haciéndolo en 2017, con tasas de inflación razonables.

En el lado atlántico, la situación es mucho peor. Yendo de norte a sur, empezamos por Venezuela,  que está a punto de estallar, política y económicamente, en una situación insostenible, con una previsión de inflación ¡del 720% en este 2016! Y con una caída del -8% del PIB. Mejor evitar arriesgarse haciendo negocios con este país por ahora.

El segundo es Brasil, la gran economía del subcontinente, que va a registrar un 2016 horrible, con caída del -3% del PIB e inflación de casi el 9%. Si consigue la paz política y un gobierno serio y estable, las perspectivas para 2017 podrían mejorar. Es un país del que no se puede prescindir, pero poco amable con las empresas extranjeras. Las pymes han de redoblar sus precauciones si quieren hacer negocios allí.

El tercero es Argentina, que es capaz de lo mejor y lo peor. Venimos de lo peor, y puede que ahora vengan años mejores. El PIB caerá el -1% en 2016, pero se espera que suba el +3,2% en 2017. Su gran problema de siempre: la inflación, que se espera del 42,7% en 2016 y que baje al 25,8% en 2017. Eso supone que el cambio del peso respecto al euro no para de caer, por lo que es imprescindible venderles en euros o mejor en dólares, para evitar o mitigar la posible pérdida de cambio. Hacer negocios con Argentina es ir montado en una montaña rusa, si no llega incluso a parecerse a una ruleta rusa. No obstante, es un país a seguir y probablemente con el que arriesgarse a hacer negocio, por su enorme proximidad cultural con España.

En conclusión, si quiere expandirse a Latinoamérica, céntrese en cuatro países: México, Colombia, Perú y Chile. Olvídese de Venezuela, y siga de cerca oportunidades en Brasil y Argentina, que han de ser muy claras y con socios y clientes solventes y serios. Lo mismo puede decirse, por cierto, del resto de países del área: Centroamérica (Guatemala, Honduras, El Salvador y Panamá), Bolivia, Paraguay y Uruguay. Son economías pequeñas, donde sólo puntualmente se pueden hacer negocios (de no gran calado) si se encuentra el socio o cliente adecuado.

26 de agosto de 2016

Cómo invertir en bolsa sin sobresaltos

Cuando el inversor ya sabe cuánto va invertir, puede hacerlo directamente, abriendo una cuenta de valores en una entidad financiera, o a través de fondos de inversión.

La inversión a través de fondos es más cómoda, pero:

a) obliga a decidir en qué fondos invertir, por lo que el inversor de a pie ya ha de tomar decisiones, o delegar las decisiones en un gestor, y

b) tiene que sufragar el coste de la gestión del fondo que son los honorarios de la gestora que lo realiza, que pueden llegar al 2 o incluso 3%

Es decir, es una opción costosa, pero cómoda. esa comodidad tiene un precio. Quizás lo peor es que hay que acertar con el gestor, y asegurarse que encaja en la filosofía del propio inversor.

Por desgracia hay pocos fondos que abarquen un espectro ámbito de bolsas y tipos de empresa, y el inversor o su asesor tendrán que escoger cómo reparten el capital en distintos tipos de fondos, y decidir cuándo modifican ese reparto. En conclusión, el inversor está invirtiendo en bolsa, pero a través de una cadena de intermediarios.

Hay inversores que prefieren invertir con los mínimos intermediarios, y decidir directamente ellos mismos en qué acciones hacerlo y poder seguir directamente la evolución de su pequeña (o grande) cartera. Para ellos escribimos 30 acciones para invertir en bolsa en 2016.

Son pocos los que se atreven, y son menos aún los que lo hacen de forma ordenada y continuada, sin ánimo especulativo, entrando y saliendo sin orden ni concierto. Si usted es de los que quieren o querrían tener una carterita de acciones y cultivarla y labrarla y sacar frutos de ella cada año, como si fuera su pequeño huerto bursátil, siga las instrucciones y consejos del libro, que se resumen rápido:

a) Céntrese en las grandes bolsas, que tienen liquidez asegurada y empresas de solvencia demostrada.

b) Diversifique, invirtiendo en no menos de 10 acciones, y no más de 20. También dependerá un poco de su capital. Trate de evitar invertir menos de 3.000€ en una acción.

c) Entre en cada acción de las recomendadas cuando su precio sea correcto. Por eso sugerimos un precio de entrada.

d) Trate de repartir entre varias zonas geográficas y varios sectores esas acciones. En el libro recomendamos 30 acciones que se reparten entre diversos sectores y entre tres zonas: España (por la proximidad con los autores), Europa y Estados Unidos.

e) Siga periódicamente la evolución de su cartera. Cada semana como máximo y cada mes como mínimo.

f) Establezca, en función del precio de entrada, unos límites (stops) al alza y a la baja a cada acción en los que se encuentre cómodo. Ni muy cortos (menos del 10%) ni demasiado amplios (más del 50%). Cuando el precio de una acción se salga de esos límites, véndala.

g) Obviamente, vaya cobrando los dividendos que le paguen.

h) Déjese llevar por el mercado. El mercado lo irá sacando de las acciones de su cartera cuando proceda, sea porque se hunde, y ha de vender con pérdida, pero acotada, o porque sube y vende con buenos beneficios.

i) Según las acciones recomendadas por nuestro libro van entrando en precio, las va comprando y metiéndolas en la cartera. Cada año le pasaremos una nueva recomendación, tanto de acciones como de precios de entrada.

Si sigue nuestros consejos le aseguramos que obtendrá una rentabilidad anual media por encima de encima de la inflación, y con suerte su rentabilidad se situará en el rango del 5 al 10% anual.

 

26 de agosto de 2016

¿Por qué la inversión en bolsa no da los resultados que esperan los inversores?

Conozco pocos inversores que estén contentos del resultado de sus inversiones en bolsa. La mayoría ha tenido una mala experiencia.

¿Por qué ha sido así?

Creo que en general es así porque hay una tendencia a acordarse de la bolsa sólo cuando ésta lleva un período largo de subidas (por lo que las acciones tienen más probabilidad de bajar que de subir) y porque se tiende a invertir pensando en dar el gran pelotazo, es decir, apostando por acciones de gran volatilidad y por tanto demasiado riesgo, que igual pueden dar un salto hacia arriba como caer estrepitosamente, que es lo que suelen hacer cuando su precio ha resultado recalentado injustificadamente por la especulación bursátil. Además, y por último, porque el inversor medio no sólo no sabe escoger el momento de comprar, sino que no sabe escoger el momento de vender y salir de una acción o de la bolsa en general.

El resultado de todo ello es un fiasco.

¿Cómo puede resolverse? Pues he tratado de explicarlo en este blog y en el libro que publicamos hace unos meses 30 acciones para invertir en bolsa en 2016: seguir un método de inversión disciplinado y a largo plazo.

En mi opinión nadie sabe a ciencia cierta si la bolsa subirá o bajará. Quien lo supiera se haría rico. Se puede hacer suposiciones a partir de la interpretación de los datos macroeconómicos, como hacen los fundamentalistas, o de los datos de la propia bolsa (gráficos de cotización, volumen de transacciones, etc), como hacen los técnicos, pero seguro del todo no está nadie. De hecho, hay quien gana mucho dinero precisamente yendo contra la opinión de la mayoría: comprando cuando el consenso general dice que la bolsa bajará y al contrario. En base a eso, lo que debe hacer el inversor de a pie es hacer su cartera y olvidarse de lo demás, y hacerla en cualquier momento que le venga bien. Se trata de invertir parte de sus ahorros en bolsa, dejando otra parte en bonos de renta fija o depósitos, y otra, si le es posible, en inmuebles (comprando un piso para alquilar o invirtiendo en un fondo que se dedique a comprar pisos para alquilar). Cualquier inversor prudente ha de tener presente el primer mandamiento de la inversión: diversificar. Y hay que empezar diversificando en el tipo de activos en los que se invierte, de manera que aunque caiga la bolsa, se tenga una parte de los ahorros en bonos o inmuebles. Y viceversa. Los inversores más sofisticados añaden otros tipos de activos, como oro, materias primas, obras de arte, etc., pero son opciones que normalmente no están al alcance del inversor de a pie.

¿Cuanto hay que invertir en cada tipo de activo? Pues ahí empieza el instinto del inversor y su interpretación de la realidad económica en la que se mueve. Puede llegar conclusiones por sí mismo o a través de asesores que le orienten en ese aspecto.

Analicemos los cuatro tipos de activos que he mencionado: bonos, depósitos, acciones e inmuebles.

Los bonos son un activo arriesgado, porque su precio fluctúa en función del alza o la baja de los tipos de interés de la deuda pública de la moneda en la que están emitidos. Y si el ahorrador es en euros y los bonos en otra moneda, también fluctúan en función del tipo de cambio entre la moneda en la que están emitidos respecto al euro. El riesgo de cambio es inevitable. El riesgo de fluctuación de los intereses se evita si el bono se compra y se mantiene hasta su vencimiento. Además existe un tercer riesgo: que el emisor no reembolse al inversor el vencimiento del bono.

En general, en un entorno de subida de tipos de interés, los bonos son poco o nada aconsejables. Sólo se debería invertir en bonos de deuda pública y con vencimientos a corto plazo, como una manera alternativa a la cuenta corriente o los depósitos de mantener la liquidez. La rentabilidad se asemejará al tipo de interés de referencia que fijen los bancos centrales, pudiendo ser, como en estos momentos incluso negativa para algunos emisores. La inversión en bonos en serio ha de dejarse en manos de profesionales, y el inversor de a pie no atreverse a hacerlo por sí mismo.

Los depósitos son similares a los bonos, pero el receptor es una entidad financiera, cuya solvencia hay que analizar y no jugársela invirtiendo en bancos desconocidos o dudosos por un cuarto de punto de rentabilidad adicional. Es un dinero que se presta a un banco a un plazo concreto. El banco paga los intereses cuando procede y devuelve el principal al vencimiento. La rentabilidad actual de los depósitos es mínima.

Las acciones producen rentabilidad por tres vías. La primera los dividendos que pagan si las tenemos en cartera el día que se devengan. Hay acciones que no pagan dividendos y las hay que lo que pagan puede representar un 5% o más de lo que nos costaron. La rentabilidad por dividendo de una empresa está en función del dividendos que paga por acción dividido por el precio al que compramos la acción. Obviamente la rentabilidad porcentual por dividendo va variando cada día en función de la cotización de esa acción. La segunda vía de rentabilidad (o de pérdida) es la evolución de la cotización. Y la tercera, si la acción está nominada en una divisa distinta a la nuestra, es la evolución del cambio de dicha divisa respecto a la nuestra. Si la acción está en euros y el euro es nuestra divisa, no habrá rentabilidad ni riesgo por este lado. La gran ventaja de las acciones frente a bonos, depósitos e inmuebles, es que podemos venderlas cuando queramos. Y que sabemos cada día lo que valen. Aunque para que estas dos ventajas sean reales hemos de evitar las acciones con poca liquidez, es decir, las empresas que por ser muy pequeñas o por tener una parte muy pequeña de su capital en bolsa apenas negocian títulos en las sesiones diarias de las bolsas en las que cotizan, porque eso hace que si un día queremos venderlas podamos llevarnos la sorpresa de que nadie quiera comprárnoslas, o lo que es peor, que las vendamos a un precio muy por debajo del habitual.

Por último, los inmuebles, son una opción menos transparente pero más local, y en principio menos sujeta a la volatilidad que tiene la bolsa. La rentabilidad financiera no es tan obvia porque su gestión conlleva costes y sus ingresos no son lineales, en función de la ocupación o desocupación de los mismos. De la inversión inmobiliaria destaca últimamente la inversión en apartamentos turísticos, que es un producto en boga que está dando buenas rentabilidades en emplazamientos turísticos prime. Obviamente, hay muchos tipos de productos inmobiliarios, y aconsejo al inversor de a pie que se deje asesorar, o incluso que busque algún fondo que se dedique a la inversión en inmuebles en renta, como una vía más fácil y cómoda de hacerlo.

Una vez ya se ha decidido cuánto se invierte en cada tipo de activo y se tiene un capital para invertir en bolsa, es cuando hay que decidir cómo hacerlo.

Vamos a seguir comentándolo en otro post.

15 de agosto de 2016

Evitar las corporaciones multi-todo

Como ya avisaba el bestseller En busca de la excelencia, las empresas que tienen más éxito continuado a lo largo de los años son aquellas que se dedican a hacer una cosa bien y no muchas más. Es el archiconocido “zapatero a tus zapatos”.

La diversificación sólo es buena si se hace sin salirse del ámbito de competencia de la compañía, buscando llevar sus productos a nuevos sectores y geografías. La diversificación entrando en sectores totalmente desconocidos es muy delicada, y pocas veces tiene éxito.

Dos ejemplos de buena y mala diversificación. Buena: Air Liquide, que a partir de una competencia central de tratamiento del oxígeno, lleva el producto y el conocimiento a sectores tan diferentes como el industrial y el sanitario. Mala: Philips, que produce y vende electrodomésticos o productos de iluminación a consumidores y a la vez sofisticados aparatos a hospitales.

En general, los conglomerados multinegocio no son bienvenidos por los inversores bursátiles, haciendo que corticen con un descuento sobre el valor de sus participadas o sus negocios por separado.

Claro que hay excepciones que confirman la regla, como las americanas 3M o General Electric. 3M es la abanderada de la innovación, y GE lo ha sido de la gestión del capital, aunque últimamente ha tenido que aplicarse en parte el “zapatero a tus zapatos”, vendiendo su división financiera y concentrándose en los procesos industriales, que es lo que sabe hacer. ¡Ah, y también está tratando de deshacerse de su división de electrodomésticos! Todo para volver a recordar el dicho…

4 de agosto de 2016

¿Quienes serán las estrellas de la bolsa en 2017?

En la bolsa actual, el inversor ha de encontrar, más que nunca, el correcto equilibrio entre riesgo y rentabilidad, entre growth value. La cuestión es: ¿hay compañías que ofrecen un equilibrio de ambos aspectos? ¿cuáles son? ¿cómo identificarlas?

Las empresas value se supone que crecen a una tasa modesta, inferior a la media, pero gozan de una mayor solidez, que les permite pagar jugosos dividendos. Prometen a los inversores menos alegrías, pero también menos sobresaltos. Se acercan más a lo que es un bono y en ese sentido tienen una cierta sensibilidad a los tipos de interés.

Pero eso ya no es tan claro. Tampoco las empresas de valor están exentas de riesgos. Porque aunque los inversores no les piden crecimientos de dos dígitos, sí que les exigen algún crecimiento, y hoy en día los cambios tecnológicos, sociales y regulatorios son constantes, y nadie tiene asegurado su mercado. La seguridad a largo plazo ya no existe; si es que existió en algún momento. Como consecuencia, las empresas de valor (normalmente grandes empresas) se ven obligadas a adaptarse al entorno cambiante, reorganizándose, adoptando estrategias innovadoras, comprando empresas emergentes, abordando nuevos mercados, etc.

Es decir, han de salir de su zona de confort y asumir riesgos, si quieren subsistir a largo plazo. Algunas tienen éxito en ese tránsito y otras no. Kodak no supo evolucionar al mundo digital, pero Nestlé ha sabido reinventarse con productos como las cápsulas Nespresso, por citar dos ejemplos al vuelo. Hay muchos más.

Hoy en día está pasando en muchos sectores delante de nuestros ojos. Como inversores es un fenómeno al que hemos de estar atentos. Porque allí se forjan ganadores y perdedores en términos bursátiles. Y hay que saltar de los perdedores a tiempo y entrar en los ganadores cuando sólo unos pocos lo perciban. Cuanto antes, mejor.

Los medios de comunicación van llenos de noticias que corroboran esta evidencia:

  • En el sector de las telecomunicaciones y los medios se está dando una lucha feroz, en la que se produce una confluencia entre las grandes telecos y los medios de comunicación y de contenidos. Compañías como ATT, Verizon, Telefónica, Google, Yahoo, Facebook, Netflix, Mediaset, A3 Media o Planeta, juegan ya la misma liga. Es un gran sector que podríamos llamar de comunicación y contenidos. Un ejemplo reciente: Verizon ha comprado Yahoo. Hay unos incumbentes (las empresas digamos que “establecidas”) que tratan de defender su castillo, y unos entrantes que aspiran a conquistar esos castillos e incluso a ampliarlos. Las nuevas tecnologías y los nuevos consumidores facilitan el “asedio”.
  • En el sector del software, en el que se impone el negocio recurrente del “software as a service” (SaaS) y la intergración de software, hardware y servicios que se vende como “Cloud” (informática en la nube). Microsoft,  Google, Amazon e IBM, por ejemplo, están convergiendo en ese mercado. Cada uno proveniente de diferentes subsectores. Las fronteras se difuminan. Estamos en la época del todos contra todos.
  • En la automoción y el desplazamiento con automóvil de particulares, se está viviendo el inicio de una batalla descomunal, en la que entra el concepto de economía colaborativa y el coche autónomo y eléctrico. Ahí están los grandes fabricantes de automóviles, pero también las startups Tesla, Über, Hailo, Gett, Carhoo, Addison-Lee, MyTaxi, Cabify, Blablacar, Car&Go, Taksee, etc. Y las grandes tecnológicas de Internet, como Apple, Google o Facebook. Muy recientemente hemos visto como Daimler Benz/Hailo ha comprado MyTaxi. La inversión de las grandes del automóvil en compañías de servicios de taxi es un hecho. Volkswagen ha invertido en la israelí Gett, por ejemplo. Intuir cómo va a acabar esta batalla supondrá ganar mucho dinero o perderlo. Por ejemplo, ¿es Tesla una ganadora o una perdedora? ¿Cómo se verán afectados los fabricantes de automóviles?

Podríamos seguir con más sectores, porque nadie está a salvo.

El inversor ha de hacer su apuesta. Apostar por los entrantes es asumir más riesgo y quizás más rentabilidad en caso de éxito. Es apostar por Tesla en lugar de por General Motors o BMW.

Apostar por los incumbentes es menos arriesgado, pero no está exento de riesgo. Toyota puede parecer una inversión segura, pero ¿y si su apuesta por el híbrido queda obsoleta y su producción empieza a caer año tras año como consecuencia de la adopción de coches eléctricos y de la reducción del número de automóviles en el mundo como consecuencia de las fórmulas nuevas de gestión del desplazamiento?

Recomiendo a los lectores que hagan un repaso de los diversos sectores para identificar quienes pueden ser los ganadores de la batalla del mañana, porque esas serán las estrellas de la bolsa el próximo año y los sucesivos. Eso vamos a intentar hacer en nuestro próximo libro 30 acciones para invertir en bolsa en 2017

3 de agosto de 2016

Los bancos van a convertirse en empresa de software, y viceversa

Creo que era un directivo de BBVA quien decía que BBVA se iba a convertir en una empresa de software, y me parece que no le faltaba razón.

Como apunta un artículo del profesor Francisco Cortés en el diario Cinco Días, la tecnología ha pasado de ser una ayuda en los procesos administrativos de los bancos a ser el corazón del negocio. Los clientes esperan que se les proporcione la información que requieren en el momento que la necesitan y del modo que mejor les facilite las operaciones o consultas que pretenden hacer. Y quieren que sea a coste cero o muy pequeño.

Es por eso que es imparable la convergencia de la banca y las empresas tecnológicas. El dinero es información digitalizada cada vez más. Y no hacía falta que llegasen los bitcoins para que lo supiéramos.

30 de julio de 2016

¿Es momento de invertir en bancos españoles?

Poco a poco van mejorando sus perspectivas de negocio, y de mejora de sus cotizaciones, pero los riesgos, a corto y a largo plazo, subsisten, tanto locales (economía española y europea) como tecnológicos (sector fintech).

Si ha de invertir en alguno, hágalo en Santander. Creo que es quien tiene un mejor balance rentabilidad-riesgo, al precio de cotización actual.

30 de julio de 2016

Saber decir que no

Google y Facebook le dijeron que no a Yahoo en el 2000 y el 2006 respectivamente, y acertaron.

Yahoo le dijo que no a Microsoft cuando quiso comprarla por 44.600 millones de dólares en 2008, y se equivocó.

desde luego, una buena lección para cualquier emprendedor.

22 de julio de 2016

¿Estamos a las puertas del fin del dinero negro?

Los avances a nivel mundial en la desaparición del dinero abren una esperanza a la posibilidad de la desaparición del dinero negro, con lo que ello supondría de salto descomunal en la economía mundial.

Se abre una ventana de esperanza.

La implantación del pago con móvil parece imparable, y se apunta como el principal enemigo de la economía sumergida, ya que cada vez habrá más países dispuestos a limitar las transacciones en metálico, y en algún momento a eliminarlas del todo.

La Eurozona ya ha tomado la decisión de ir eliminando los billetes de 500€. Algunos países, como Bélgica, han prohibido las transacciones por encima de una cantidad.

En ese contexto, hay un país, India, que está en el proceso de generalizar la banca por móvil y las transacciones por móvil, abriendo una puerta a la aparición de una economía sumergida que se estima en 460.000 millones de dólares, una cifra que supera el PIB de Argentina.

22 de julio de 2016

El marketing en la era digital y las sillas ergonómicas

Alguno de mis lectores se preguntará qué tiene que ver una cosa y otra. Es que esta mañana me ha contactado un empresario que vende sillas ergonómicas por Internet (www.ofisillas.es) para ofrecerme una de sus sillas a cambio de que lo mencionase en este blog. Aparte de sorprenderme positivamente que me hagan ese ofrecimiento, lo he rechazado porque nunca he “cobrado” por escribir un blog. No obstante, me gusta sentirme parte de la nueva era del marketing a través de las redes sociales y ser considerado lo que ahora se llama un influencer. Es decir, un prescriptor de un producto, debido a su prestigio e independencia. Precisamente por la importancia de esa independencia, rechazo cualquier regalo por mencionar a alguien. Yo sólo menciono a quien me parece que merece la pena.

Aún así veis que estoy mencionando a ofisillas. Lo hago por dos razones: porque me ha halagado su propuesta (debo reconocerlo), y porque he entrado en su web y me ha gustado, tanto como está diseñada como las sillas ergonómicas de oficina que vende. Porque hay que reconocer que la calidad de la silla en la que la mayoría de nosotros estamos sentados durante la mayor parte de nuestro horario laboral es un elemento clave en nuestra productividad y en nuestra salud. Podríamos decir que las sillas están algo olvidadas en el ámbito de la mejora de la productividad, y no debieran estarlo, al menos en las tareas de cuello blanco.

En conclusión, que sin querer mencionar a ofisillas, la he acabado mencionando, e incluso animando a mis lectores a echarle una ojeada a su oferta en beneficio de sus espaldas y traseros.