1 de marzo de 2008

Recesión, depresión, crisis

Sin caer en fatalismos, ni pretender ser pesimista, cada día que pasa me convenzo más de que estamos en plena fase de recesión en la economía española.
El impacto de la crisis hipotecaria norteamericana que ha repercutido en cascada en todo el mundo, y que ha provocado un aumento de las tasas de riesgo, y el consiguiente frenazo del crédito, que ha desencadenado la crisis casi eternamente esperada del sector inmobiliario español, con caídas de precios reales y tangibles, fuerte estancamiento de la demanda, y consiguiente frenazo en la construcción residencial, unido a la crisis de algunos sectores industriales, como el de la automoción, unido al aumento de los precios de las materias primas, que impacta en las ya deterioradas economías familiares, nos aboca a un panorama muy poco esperanzador en los próximos meses.
Desde octubre pasado parece que el comercio ya está notando una caída de las ventas, también el automóvil desde enero.
Por si fuera poco, la sequía inquieta y preocupa a los españoles.
El gobierno que salga de las próximas elecciones del 9 de marzo no lo tendrá fácil.
¿Una solución? Poner al mal tiempo buena cara, trabajar, y hacer las cosas bien. Hombres, mujeres, niños (en sus escuelas). Todos. Como dijo alguien: “No te preguntes qué puede hacer el país por ti, sino que puedes hacer tú por tu país”.
Eso sirve para todo el mundo.

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