13 de noviembre de 2010

¿Alguien sabe dónde estamos?

Sinceramente, yo no lo sé. Lo reconozco.

Ahora mismo veo a mi alrededor síntomas positivos y negativos mezclados, y quizás eso explica en parte por qué todos notamos una cierta parálisis en nuestras actitudes. Tanto a nivel personal como a nivel empresarial (que a la postre son personas que deciden políticas de inversión).

Lo positivo, que empiezan a notarse brotes verdes; quizás porque hay empresas que están aprovechando las oportunidades que se producen como consecuencia de la crisis. Y también porque la crisis está despertando el espíritu emprendedor de muchos jóvenes.

Lo negativo es que el nivel de paro, déficit público y restricción crediticia es tal que el consumo está en mínimos y la inversión empresarial aún, en general, congelada.

  1. David Soler dice:

    Estamos abandonados, amigo mío. Y no lo digo con amargura. Es lo que hay. El gobierno no nos va a salvar simplemente por dos razones: primero porque al estar dentro de la UE ya no tenemos las posibilidades de control de antaño y segundo porque la situación les tiene totalmente desbordados y, sinceramente, les tendría así a cualquiera (de hecho así están todos lo países).

    Y por otro lado nuestra clase dirigente empresarial. Siento decirlo así de claro y no quiero ofender ni a tus lectores ni a tus amigos: históricamente hemos tenido unos empresarios y ejecutivos únicamente interesados en ganar cuanto más, mejor. No les ha importado ni el futuro (la estrategia), ni el talento, ni la profesionalidad si alguna de esas variables no iba ligada al corto plazo. No lo censuro. Es humano y a mi también me gustaría tener casa en la Cerdanya, cenar en el Botafumeiro y conducir un Porsche. Y entiendo que los márgenes son los que son y si pagas a un ejecutivo como a 20 “currantes” pues como que es difícil cuadrar los números cuando las cosas van mal y si hay que cortar ya sabemos quien va fuera. Pero de esos barros vienen estos lodos.

    Me da una rabia no poder vivir los próximos 50 años que ni te imaginas. Porque ahora sí estoy seguro que Internet y el mundo 2.0 lo va a cambiar todo. Y que no será tan fácil acumular poder y dinero. Estoy seguro que el futuro, a partir del 2050, será muy distinto al de ahora. No llegaremos a la justicia total, eso tampoco, pero la cosa estará mucho más equilibrada.

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