20 de diciembre de 2010

¿Hay alguna opción alternativa al concurso?

Hoy me ha preguntad un cliente si le aconsejaba presentar sus libros al juzgado y solicitar el concurso de acreedores. Le he dicho que no. Se trataba de una pyme con dificultades por el impago de varios de sus clientes, que le impiden hacer frente a las facturas de algunos de sus proveedores. Se trata de menos de cinco clientes realmente conflictivos y de menos de cinco proveedores. ¿Es necesario presentar concurso para salir adelante, o precisamente el concurso es una vía segura para no salir adelante? Yo creo que es lo segundo. El concurso no sólo no es conveniente sino que no es necesario.

Mi recomendación ha sido la de hacer un concurso “fuera del juzgado”, lo que también podríamos llamar un “concurso privado”. ¿En qué consiste? En sentarse a negociar con los proveedores principales (en este caso menos de cinco) y explicarles la situación y las alternativas. Ser transparentes, poniendo el balance a su disposición, y demostrarles un compromiso firme de continuidad, a la vez que se les hace ver que la opción del concurso no les supone ninguna ventaja. A partir de ahí proponerles una “quita y espera”, es decir, un descuento sobre la deuda pendiente y el pago del saldo resultante en un calendario consensuado.

De esta manera todos salen ganando: los acreedores, porque tienen algo o al menos la esperanza de algo, en lugar de la certeza de nada, si instan el concurso; la empresa, porque se puede ahorrar el coste del concurso, y lo que es peor, el enorme impacto comercial negativo que se deduce del concurso, habitualmente preludio de la liquidación. No es una solución perfecta, pero es la mejor posible.

Comentario: