19 de noviembre de 2011

Historia de una familia, historia de un país

Esta el la historia de una pareja cualquiera. El cabeza de familia (Paco Español) tiene un negocio de construcción, que hasta ahora le había dado mucho dinero trabajando muy poco, su esposa Marisa tiene una peluquería. Ambos pertenecen a buenas familias. La de él procede de Europa. La de ella de Latinoamérica. Tienen tres hijos adultos que conviven con ellos.

Las cosas, últimamente, no les van bien. Les fueron bien durante muchos años. Muy bien se podría decir. Gastaban más de lo que ganaban, pero no había problema, porque los bancos les prestaban sin problemas. Además, recibían generosos fondos de su familia europea.

En aquellos años no se preocuparon mucho de mejorar sus empresas o de que sus hijos se prepararan a conciencia. Por ejemplo, ninguno de ellos habla inglés. Sabían que debían hacerlo, pero no tenían prisa. En el fondo es que no creían que fuera necesario, porque las cosas ya les iban bien sin hacer nada.

En los últimos años, sin embargo, los ingresos de la familia han caído en picado. La constructora ha quebrado, pero Paco Español no sabe hacer otras cosa, la peluquería sufre las competencia de los locales que han puesto los chinos, y de los tres hijos, dos tienen contratos basura, y uno está en el paro.

Los gastos de la familia siguen siendo muy altos. Aunque han recortado algo, mantienen 5 coches y tres viviendas, una en la ciudad, otra en el costa y una tercera en la montaña, siguen aferrados a unas vacaciones en el extranjero (“si no podemos viajar, no vale la pena trabajar”, dicen todos ellos), y no se han dado de baja del club de tenis, porque no quieren que su imagen social se devalue.

No tienen más remedio que seguir pidiendo dinero a los bancos, para mantener su nivel de vida, y para los intereses de sus múltiples deudas. Pero éstos sólo se lo prestan a un interés cada vez más alto, y eso después de insistir mucho, y de prometer que van a reducir su nivel de gastos y buscar nuevas vías de ingreso, porque no se fían de que la familia sea capaz de devolver los préstamos.

-“Si quieres que te sigamos dando crédito y que te mejoremos las condiciones de interés, debes rebajar los gastos familiares, quizás debes vender alguna de tus casas y de tus coches, y buscarte un trabajo o un negocio nuevo”, le dicen los bancos a Paco Español.

-“¡Ah! Y quizás debas cerrar el negocio de tu esposa, si no es rentable, y mandar a tus hijos a reciclarse, para que puedan acceder a trabajos más seguros y valiosos, y dejen de ser una carga para la familia”, le dicen.

La familia europea del Sr. Español ha dejado de pasarles dinero, aunque están dispuestos a hacerles algún préstamo si les prometen poner en marcha medidas de sacrificio. El problema es que a la familia le cuesta hacer esos sacrificios y reorientar su vida, asumiendo que las cosas ya no van a ser como eran. Es muy duro para ellos, y están enfadados buscando un culpable. El problema es que no lo encuentran.

Si siguen sin tomar medidas drásticas, el riesgo es que se vean abocados a pedir el concurso de acreedores para la familia, y quizás lleguen a encontrarse algún día en la miseria.

¿Sabe usted querido lector quien es esa familia?: España. Mi país no deja de ser eso: una gran familia. O si se prefiere, la suma de muchas familias como esa familia tipo que describo. Un país en la encrucijada.

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