4 de mayo de 2012

¡Son las expectativas, estúpido!

La frase del título me la repito a mi mismo y nos la hemos de repetir todos cuando tratamos de juzgar la evolución de los mercados de valores. Las cotizaciones no se rigen por el pasado ni tan siquiera por el presente, se rigen por algo tan etéreo como son las expectativas.

Ahora mismo, las expectativas de evolución de la economía mundial, europea y española son muy pesimistas. El principal problema es la debilidad de Europa, debido a la debilidad política de la Union Europea en general, empezando por la France, que este fin de semana vota y amenaza con elegir al candidato socialista Hollande, que aterra a los que deciden sobre las fortunas mundiales desde Londres y Nueva York. Aconsejo a mis lectores que lean los artículos sobre Hollande en The Economist.

¿Es el castigo excesivo? Seguramente si, y esta semana más, porque a la incertidumbre sobre Hollande se suma la incertidumbre sobre si será elegido o no, y creo que los mercados descuentan lo peor. O quiero creerlo.

  1. Javier Sanchez dice:

    TODA LA CULPA LA TIENEN LOS VIEJECITOS.

    Que necedad absurda considerar que los bancos, las arterias de la liquidez de nuestro sistema, tienen algo que ver con la llamada crisis. Son nuestros amigos, nos ayudan y nos dan tarjetas de crédito.
    Que barbaridad pensar que los ordenadores de los Mercados solo estaban programados para especular y ganar más dinero, aunque sea del tipo virtual. Todas sus operaciones buscan el provecho del pueblo
    Que osadía acusar a los órganos económicos internacionales como el FMI o el BM o el Banco Central Europeo de dedicarse a otros intereses que no sea el bienestar de los individuos y su continua mejora.
    Que maldad poner en duda que nuestros políticos son líderes e independientes de sus partidos y de otros intereses de poder y solo piensan en trasladar la voz del pueblo y defenderla.
    Que canallada decir que no vivimos en democracia cuando podemos votar entre A y B, tanto da, dominadores de todos altavoces de comunicación y suponer que luego estos hacen lo que les da en gana, ajenos a sus programas electorales.
    Que tontería comunistoide asumir que los ricos deben contribuir con más impuestos que el resto del pueblo al bienestar común.
    Que mala fe pensar que vivimos instalados en una corrupción generalizada e institucionalizada de la que solo nos llega la punta del iceberg.
    Que pesimismo afirmar que la justicia no es igual para poderosos y débiles.
    Que injusticia no aclamar el sacrificio físico, intelectual y moral cotidiano que hacen por nosotros nuestros líderes políticos. Desagradecidos
    Que pobre simplificación deducir que la burbuja inmobiliaria ha hecho multimillonarios a unos pocos y arruinado a este país por muchos años.
    Que majadería resentida echar gran parte de la culpa del desajuste a nuestras cuentas al fraude fiscal y a la evasión en paraísos fiscales
    Que grosería criticar que los Mercados están hundiendo aun más el país en la recesión, apostando en su contra y a su quiebra con fines de especular con miles de millones de euros.
    Que idolatría herética acusar a la Iglesia de estar mas preocupada por la homosexualidad o el preservativo que por la trágica deriva neoliberal de occidente. Con el poco patrimonio que tienen.
    Que pesimismo formular que la sociedad del bienestar y el bien común están siendo desmantelados por el Neoliberalismo..
    En fin… cuantos resentidos, rojos, obsoletos, vividores a cuenta del estado, trasnochadores, antisistemas y perro-flautas se mueven agitadores en el remanso pacifico y satisfactoria de nuestra sociedad.
    Cuanto les cuesta reconocer que los únicos culpables del desaguisado que no arrastra son los ancianos que están destrozando todo nuestro porvenir y el “venturoso y sagrado” pacto fiscal europeo contra el déficit, viven mas años, luego cobran mas tiempo una pensión que derrochan; viven por encima de sus posibilidades; despilfarran medicinas inútiles como si fueran a llegar a la eternidad; llenan los sanatorios; desmandan asistencia a domicilio o Centros para la tercera Edad. Tienen descuentos en transporte y cultura y mas y mas…..
    En fin, viven de manera dilapidara y con ello todos los demás debemos sufrir recortes y limitación de derechos sociales.
    Menos mal que nuestros políticos y los Sagrados Mercados los han calado y no lo van a tolerar por mucho tiempo… ¡Solo faltaría que además quisieran mejorar sus conocimientos, estudiar otra vez y solicitar becas!

    Javier Sanchez Álvarez
    Autor del Libro El Neoliberalismo me mata editado por Algon Editores.

  2. August dice:

    A corto plazo, me parece necesario añadir, porque a la larga la realidad se impone, digo yo?!

Comentario: