El petroleo a 87$ el barril
El petroleo está al precio más alto en año y medio. ¿Afectará a la recuperación económica? Esperemos que no.
El petroleo está al precio más alto en año y medio. ¿Afectará a la recuperación económica? Esperemos que no.
En medio de un entorno de dudas sobre la evolución económica, creo que es el momento de reforzar la inversión en renta variable. Los tipos de interés son bajos y las alternativas de inversión son pocas o nulas. El único competidor serio de la inversión bursátil podrá ser la recuperación del mercado inmobiliario, pero no creo en ella a corto ni medio plazo. Y si fuera así probablemente vendría acompañada por la recuperación económica, lo que también sería positivo para la renta variable.
Yo estoy invirtiendo en bolsa. Eso sí, diversificando mis apuestas. Invierto más fuera de España que en España.
Estoy utilizando ETF (fondos cotizados) sobre índices. En especial para mercados en los que me es más difícil invertir directamente en empresas concretas (Brasil, Japón, China….).
Si no sabeis lo que son los ETF, os invito a visitar la web de Bankinter (broker.bankinter.com). Es el banco con el que yo trabajo, y creo que lo explica muy bien.
Leo un articulo del McKinsey Quaterly en el que explican que un estudio comparativo las predicciones de los analistas bursátiles con la realidad posterior, referido a los últimos 25 años demuestra que generalmente los analistas son muy optimistas, y que los beneficios reales de las empresas son inferiores a los previstos.
Tambien afirman que los PER reales se situan en media un 25% por debajo de los previstos.
En general, los analistas son especialmente lentos en prever los periodos de crisis, de caidas en los beneficios. Se puede concluir que sufren de una cierta inercia que los hace ser lentos en reaccionar. Probablemente porque se limitan en gran medida a proyectar el pasado en el futuro.
Hay que saber leer las predicciones con criterio. Y no creer en ellas a pies juntillas.
Siempre se enfrentan optimistas y pesimistas en los mercados de valores. Son los conocidos bullish and bearish.
Pero tengo la impresión de que ahora lo hacen como nunca. Es una consecuencia lógica de la incertidumbre y del descontrol con el que desenvuelve en estos días la economía mundial. Lo vemos reflejado en la alta volatilidad de los mercados.
Esta semana ha llegado la noticia del crecimiento nulo de Alemania en el último trimestre de 2009. Un jarro de agua fría.
En Estados Unidos las señales son ambiguas. En Europa, aunque ya hay quien empieza a descorchar el cava, la realidad es que algunas economías crecen un poco (Francia, Italia) pero la mayoría tiene problemas. Incluida la Gran Bretaña. La posibilidad de un derrumbe del sistema euro está apuntada por los más pesimistas. Y sobre España mejor no hablemos. La salida a la crisis ni está ni se le espera.
En Asia tenemos a los motores de la economía mundial en estos momentos (junto con Brasil), pero alguno se recalienta, como China, y lo están frenando.
El inversor de a pie se debate entre sacar todo su dinero de la bolsa o seguir, confiando en que salgan venciendo los optimistas. En resumen, se trata de seguir preocupados por nuestras imversiones. Como casi siempre.
A la hora de adivinar qué compañía va a crear valor, para apostar por ella en Bolsa, es obvio que hay que mirar sus perspectivas de beneficio. Y éstas dependen de que la empresa esté en un mercado en crecimiento (general de su sector o propio de la compañía, debido a lo innovador y acertado de sus productos) o de que su Margen Bruto vaya a crecer por una mejora de los costes o la introducción de nuevos productos que sustituyan a otros en condiciones de margen ventajosas.
A veces, por obvio, lo olvidamos, especulando con otras variables de mercado mucho más confusas.
Es tan estrecha que con cualquier cosa hace una fiesta. Hoy mismo leo que el Grupo Prisa subió ayer un 18% porque una firma norteamericana compró un 5% de autocartera y suscribió con el grupo un acuerdo de colaboración comercial.
La firma en cuestión (IBN) tiene sólo 80 empleados, según recoge la noticia en Expansión, y para comprar el 5% ha desembolsado sólo 41 millones de €, un inapreciable 0,8% de la gigantesca deuda que tiene el grupo.
Parece claro que la crisis por la que estamos pasando tiene tres capas, y un causante de fondo. El causante es el sector inmobiliario, y las tres capas a las que afectó el estallido de la burbuja fueron (han sido), por este orden:
1) La banca
2) El crédito que la banca da a las empresas
3) Las propias empresas
El causante (el sector inmobiliario) está en estado comatoso. No podemos esperar mucho de él, pero morirse no se morirá. Parece que en algunos países, como Estados Unidos, va tocando fondo, si no lo ha tocado ya. En España no parece haberlo tocado. Somos lentos en algunas cosas (en otras no); una de ellas es en asumir que un mercado está tocado y recogerlo en sus precios. Es el caso del sector inmobiliario español, que sigue en la UCI, pero todos rezan por que se recupere pronto.
En cuanto a las capas de la cebolla de la crisis, la primera, la banca, cuya mala salud nos puso el miedo en el cuerpo a todos (por mucho de que los banqueros no sean muy queridos, que digamos), porque veíamos peligrar el sistema financiero y con él nuestro sistema de vida; no sólo en Occidente, sino en todo el planeta. Sin que el asunto esté zanjado, al menos aquellos miedos se disiparon, y pocos dudan de la paulatina recuperación de la normalidad del sistema financiero.
La segunda capa de la cebolla dista mucho de haberse resuelto, y el crédito a las empresas y los consumidores sigue congelado, con lo que la falta de ese elemento vital está afectando seriamente a la salud del sistema económico (inversiones y consumo están en mínimos). De ahí que la peor situación de la crisis la encontremos ahora en la tercera capa: las empresas. Sobre todo las pequeñas y medianas, que tienen peor acceso al crédito, y que se resienten más de la caída de la actividad económica. Es algo que se puede experimentar en todos los sectores. Basta con hablar con cualquier empresario.
El Beneficio Operativo Neto (BON) de las empresas industriales, parece que ha caído en España, en lo que va de año, un histórico 68,2%, según el Boletín Económico de julio del Banco de España.
¿Quien es capaz de sobrevivir a ese tsunami? Sólo los mas fuertes.
En ese contexto, las bolsas de todo el mundo apuestan por una recuperación, porque han descontado el paso del primer tsunami: el financiero. La cuestión será: ¿qué se va a llevar por delante el segundo tsunami: el industrial? Las bolsas lo consideran de menor importancia, por ahora. ¿Tendrán razón? ¿O no?
Los alcistas por ahora ganan. Su tesis es que lo peor ha pasado. Los bajistas siguen pensando que va a llegar otra ola. Mientras tanto, muchos estamos mirando al horizonte y debatiéndonos entre seguir a cubierto, como dicen los bajistas, o salir a invertir para aprovechar la reconstrucción, como están haciendo los alcistas.
Difícil dilema.
En estos momentos de desconcierto general, que también llega al campo de las finanzas, muchos ahorradores buscan qué hacer con sus ahorros para que estén seguros y a la vez les produzcan una rentabilidad mayor que la que obtienen en cuenta corriente. A lo primero que se dirigen es a los depósitos bancarios. Sin embargo no están cómodos con depósitos porque la confianza en los bancos está por los suelos. Entonces, ¿qué hacer?
La respuesta que encuentran en sus asesores es la inversión en renta fija.
Muchos creen que la renta fija es la salvación, porque piensan que no hay riesgo. Si alguno de mis lectores piensa así, quiero avisarle de que se puede estar equivocando.
En la renta fija hay riesgo. Hay riesgo hasta de tres tipos: de caída de la solvencia del emisor, de subida de los tipos de interés y de cambio, en aquellos títulos que estén nominados en monedas distintas al euro (para los que invierten desde esta moneda).
¿Cómo evitar esos riesgos?
El de solvencia, invirtiendo en renta fija pública. Los bonos privados están sometidos a rebajas del rating de sus emisores. Recientemente le ha pasado a la propia General Electric, y a muchas otras empresas. Quienes poseían bonos de esas empresas han visto sorprendidos como rebajaban su valor de un día para otro, peor que si se trataran de acciones. Hay que decir que si la empresa no entra en concurso de acreedores, al vencimiento del bono el inversor debería recuperar el nominal del bono. Pero ¿cuando es el vencimiento? y ¿a qué precio se compró el bono? ¿Al nominal o por encima del nominal?
El de subida de tipos de interés se evita invirtiendo en bonos a tipo variable, o en bonos a vencimientos cortos. Los bonos experimentan una caída cuando suben los tipos de interés de referencia. Un bono que paga el 4% es bueno si el Euribor está al 3%, pero malo si está al 5%. En este caso pasa a valorarse con descuento (por debajo del nominal); tanto más cuanto más a largo plazo sea su vencimiento.
Por último, el más fácil. Se evita el riesgo de divisa invirtiendo en bonos nominados en nuestra propia moneda.
“Lo que es bueno para General Motors es bueno para America” se decía.
Con la bancarrota de General Motors esa frase dejará de tener sentido. Se acaba una época, en Estados Unidos y en el mundo, con la quiebra de ese gigante que ha sido en los últimos años el paradigma de la mala gestión y de la intransigencia de los sindicatos.
Para EEUU es una señal de cambio perfectamente palpable. Cambio en el enfoque de los negocios y en el enfoque del propio sistema social y económico norteamericano. Algo que ya venía produciéndose desde hace tiempo, y que ahora simplemente se culmina.
¿Serán los americanos capaces de aprender la lección? Yo creo que sí. Yo espero que sí. por el bien de este planeta.
Las bolsas siguen sorprendiendo. Desde Marzo han seguido subiendo, cuando los datos macroeconómicos distan mucho de ser positivos.
Lo que se supone que está descontando el mercado es que ya no se habla de descalabro del sistema financiero (lo que no quiere decir que esté del todo descartado), y que las empresas fuertes están tomando medidas para concentrarse en las actividades rentables, vender activos desaprovechados, reducir deuda y recortar gastos generales. Con ello se supone que podrán sobreponerse a la crisis, y que sus cotizaciones tenderán a subir más que a bajar.
Desde el punto de vista de la demanda de valores, los inversores no tienen alternativas de inversión a medio plazo mejores que la bolsa, y el dinero está entrando ya, aunque mucho más está esperando señales más claras.
La opinión de la mayoría de analistas es de prudencia, pero la prudencia no paga dividendos cuando se trata de salir de una crisis. Se confunde muy fácil con cobardía, como ya he dicho a menudo.
Es posible que a corto plazo tengamos un bache, pero no puedo quedarme cruzado de manos más tiempo. A medio plazo creo que estará bien invertido. Cada vez me convenzo más que hay que seguir entrando en bolsa, porque creo que a finales de 2009 se normalizarán los mercados, y eso puede conllevar una cierta revalorización en los próximos meses. Estamos en una crisis, y fuerte, a nadie le cabe duda, pero estamos ya en el camino de vuelta a la normalidad. Y lo que se descuenta es que esa normalidad, para algunas firmas, países o industrias, puede ser incluso mejor que el escenario que se deja atrás. Como siempre, acertar las cartas a las que se juega será tan importante como acertar el momento para entrar en el juego.
¡Esto es la bolsa, amigos!