Bolsa

Invertir, ¿en qué?

Como casi cada fin de semana, me vuelvo a preguntar en qué puedo invertir, como un modo de cuestionarme si mi cartera financiera está bien invertida.

Ahora mismo me pregunto si es momento de invertir en España. La respuesta es no.

Es posible que los mercados reaccionen al alza a la victoria del PP, pero el panorama a medio plazo de la economía española sigue siendo muy muy negro.

En todo caso, de hacer algo, sería con empresas muy bien gestionadas y posicionadas en negocios saneados, y sobre todo que basen la mayor parte de sus actividades fuera del país. A mi me gustan CAF y OHL en ese sentido.

Inversiones arriesgadas, inversiones muy rentables

Las inversiones más arriesgadas son las más rentables. Es como debe ser. Es un principio básico de la economía.

Una que se me ocurre ahora: bonos públicos italianos. Hay que tener muchas agallas para comprarlos, pero si el país toma las medidas adecuadas, quien los compre ahora puede obtener una rentabilidad obscena.

En este caos, ¿en qué invertir?

En estos momentos de caos e incertidumbre en todos los ámbitos, en los que aún permanece la amenaza de depresión (en Europa y en consecuencia en el resto del mundo), de suspensión de pagos de los PIGS europeos (con la sombra de Italia amenazando al mundo), y donde aún no se ha disipado ni mucho menos el riesgo de quiebras bancarias, ¿en qué invertir?

En acciones no, porque las perspectivas de crecimiento son nulas. En deuda pública tampoco, porque el riesgo de impago persiste (la deuda pública ya no es un activo sin riesgo). En depósitos bancarios tampoco, porque ¿quien se fía de los bancos?

Quedan pocas cosas:

1. Bonos de países muy solventes, como Alemania, pero a tipos muy bajos

2. Bonos de empresas con una solvencia aceptable, a tipos algo superiores

3. Acciones de empresas bien posicionadas y diversificadas, pensando en el largo plazo, aunque a riesgo de que su cotización caiga a corto plazo

4. Activos refugio, como el oro, aunque sus precios son muy altos y las perspectivas de rentabilidad inciertas

Yo me inclino por los bonos privados, confiando en que los tipos de interés vayan a la baja o se mantengan durante bastante tiempo. Y mientras a esperar que la incertidumbre se reduzca y los precios de los bonos suban.

Y prefiero el dólar al euro cuando se trata de tomar posiciones en renta variable. Me fío más del billete verde que del euro, al menos hasta que se aclare la olla de grillos europea.

La banca (no) gana

Son malos tiempos para la banca. Las perspectivas de pérdidas por deterioro del valor de sus activos afectan a toda a banca europea incluida la española. Afectan, de hecho, a casi toda la banca mundial.
En los bancos españoles el principal elemento de deterioro proviene de la caída del valor de sus garantías inmobiliarias y de la morosidad ligada al crédito inmobiliario, en especial el concedido a promotores, y de éstos muy especialmente el concedido para la compra de suelo.
En los bancos europeos en general es debido a la devaluación de las carteras de deuda pública de países con riesgos crecientes de impago, en especial Grecia, pero también España, Italia, Portugal o irlanda. La deuda pública ha dejado de ser el activo sin riesgo. Sólo determinada deuda, como la alemana, conserva ese título.
Esas perspectivas de pérdidas están bloqueando a la mayoría de bancos europeos, por eso restringen el crédito a empresas, porque no saben a ciencia cierta con que fondos cuentan (o mejor, sí que saben que cuentan con menos de lo que puede parecer).
Las esperanzas se basan en que mejore la situación económica, pero es difícil si no hay crédito, o que llegue alguna solución pública, pero las arcas estatales están vacías en la mayoría e estados.
Todos miran a Alemania y a los estados solventes, con la esperanza de que impulsen la solución, pero sus ciudadanos se resisten bajo el viejo dicho de que cada palo aguante su vela. Acabarán haciéndolo, porque se darán cuenta de que también es su vela, al menos en una Europa cobijada bajo la vela del euro.
En medio, la banca obligada a hacer muy bien sus deberes: austeridad, eficiencia, diversificación… Y los empresarios y todos los ciudadanos rezando porque las medidas se tomen cuanto antes, al menos mientras estemos vivos.

¿Está la bolsa para entrar o para salir?

La pregunta puede parecer extraña, pero no lo es. Vivimos un momento bursátil en el que coinciden las opiniones de analistas que creen que hay que entrar porque las acciones están baratas y se ha superado la crisis (o al menos que no irá a peor), con analistas que aconsejan vender y salir aprovechando los repuntes que se están produciendo en estas semanas, argumentando que se trata sólo de subidas especulativas.
¿Quien tiene razón?

Apuestas seguras en Bolsa

En estos momentos de extraordinaria incertidumbre conviene fijarse en las estadísticas de los últimos años y analizar qué sectores se han comportado mejor en el corto, medio y largo plazo.
Los que lo han hecho bien son cinco:
- Bienes de consumo
- Distribución
- Químico
- Telecomunicaciones
- Tecnología
Y hay dos más que lo han hecho incluso mejor que éstos:
- Alimentación
- Farmacia
Mi consejo es regresar prudentemente a las bolsas, y empezar por estos sectores. Así el riesgo de equivocarse será menor.

¿Hemos tocado suelo o es pura especulacion oportunista?

Las bolsas estan subiendo, y con fuerza. ¿Se trata de un regreso de los inversores a los mercados de renta variable o de un espejismo?

Supongo que es lo que se estan preguntando todos los inversores. Quien asi lo crea, entre en el mercado y acierte, hara un buen dinero. En mi opinion todavia no se da la suficiente claridad en el entorno politico y economico para jugarsela sin miedo. Reconozco que yo aun tengo miedo.

No obstante, hay que estar atentos, porque los mercados no esperan a que se supere la crisis para subir, sino que lo hacen en el momento en que empiezan a ver la salida a la crisis, aunque esa salida se prevea a meses vista.

Confusión total

Trato de seguir los comentarios de economistas y analistas de todo pelo, y la única conclusión que saco es que existe una confusión total.

La situación macroeconómica sigue siendo de máximo deterioro y peores perspectivas. Aunque los optimistas de siempre insisten en que las acciones están baratas y que no se puede dejar la oportunidad (hablan de potenciales de revalorización del 100% sin problema alguno), la realidad es que nadie sabe nada ni nadie se cree nada. Los riesgos de recesión, de quiebra griega y de desmoronamiento del euro, que podrían conducir a una crisis financiera, económica e incluso social de dimensiones mundiales, tienen a la mayoría de inversores paralizados. El dinero se ha ido replegando hacia la renta fija, cuando no hacia otros valores más clásicos, como el oro.

La mayoría está atenta a volver a entrar, pero esperará a que las señales sean claras, a pesar de que eso les pueda suponer perderse parte de la potencial plusvalía. Ese es, desde luego, mi caso.

Capitulando

Acabo de liquidar todas mis acciones en euros. He capitulado.

Hasta aquí he aguantado, tratando de ser razonable y paciente, pero no puedo más. La situación con Grecia ha llegado a un punto de ebullición tal que han saltado todas las alarmas que quedaban por saltar. No veo clara la salida de todo esto, y no la ve nadie. Europa está en una encrucijada histórica. A la que la han llevado sus políticos nefastos. Y sus propias carencias, tan largo tiempo denunciadas.

Me quedo sólo con las posiciones en dólares en Estados Unidos o una apuesta por Gran Bretaña en libras.

Pero salgo agotado, dolorido y aturdido.

Algún día sabremos si Europa encuentra una salida a todo esto, y se recuperan los mercados en semanas o meses, o no la encuentra, y tardamos años en recuperarnos.

Lunes negro

Que la gerente del Fondo Monetario Internacional sea quien lance el mensaje apocalíptico de una depresión económica mundial no parece algo lógico. Porque, además, este tipo de mensajes se convierten a menudo en auto-profecías.

Tampoco parece lógico que la bolsa alemana caiga en este lunes negro más que la española. Ni que esto pase en un día en que las bolsas americanas están cerradas por la fiesta de Labor Day.

Pero una cosa es la lógica y otra lo que está pasando en este mundo en el que nadie cree en nada, y el hundimiento de expectativas está influyendo en una caída en el consumo y la inversión en todo el mundo como no se había visto nunca, provocando así mismo una nueva caída de expectativas que nutre un círculo vicioso que si no se para pronto se necesitarán años para volver a poner en marcha la rueda económica. No es sólo un problema de España, ni es sólo un problema de falta de financiación. Es un problema mundial al que los políticos mundiales, empezando por la flamante gerente del FMI han de poner solución.

Si eso no ocurre pronto, se nos acabarán los días negros y vamos a tener que hablar de los años negros. Y los problemas no sólo serán económicos, sino sociales; y muy graves.

Cada vez estoy más preocupado con la situación. Creo que ya no está en manos de los empresarios y los ciudadanos de a pie. Y me aterra que haya pasado a manos de los funcionarios y los políticos, porque no creo en ellos. No creo, por ejemplo, en sus promesas vacías de que van a crear empleo (¡que miedo me da oír a un político decir que va a crear empleo! ¡los únicos empleos buenos que se crean los crean los empresarios!, al menos en el sistema capitalista, que es el menos malo de los sistemas). Ni en sus elucubraciones de reducir el déficit que no ahondan en la enorme ineficiencia y derroche de los aparatos funcionariales y las estructuras públicas.

Supongo que es lo mismo que piensan muchos inversores, y eso explica que se refugien en el oro o en el franco suizo, y que vendan aterrados sus acciones. Eso explica los lunes negros como el de hoy. Y así sucesivamente.