Bolsas y mercados financieros

La crisis del COVID19 y el valor de cualquier empresa

En mi libro Valoración de empresas (www.librosdecabecera.comexplico que la única fórmula que explica el valor de una empresa (V) es aquella que consiste en una división: en el numerador ponemos la estimación del importe medio al que ascenderán los beneficios netos y repartibles que cada año producirá esa empresa a sus accionistas (es lo que en el libro denomino B); en el denominador ponemos la tasa de rentabilidad anual mínima que un posible comprador buscaría si quisiera invertir en esa empresa (es lo que llamo R).

Es decir V = B/R

¿Cómo afecta la crisis del COVID19 a ese valor? ¿Por qué la cotización de casi todas las empresas (es decir su valor percibido por los inversores) ha caído en todas las bolsas del mundo?

La razón es muy clara: tanto el numerador como el denominador de esa fórmula se han visto afectados.

El numerador porque las expectativas de beneficio se han reducido. Tanto por la caída de ventas y probablemente de márgenes como por la mayor carga financiera que llevaría acarreada un aumento del endeudamiento.

El denominador porque ante la incertidumbre los inversores exigen tasas de rentabilidad más altas para decidirse a invertir.

¿Qué es lo que afecta a todo? La incertidumbre. El valor de una empresa es siempre una opinión subjetiva, porque una empresa vale más en función del grado de incertidumbre (de percepción de riesgo) que quien la valora cree que la rodea.

En estos momentos se dan dos tipos de incertidumbre, de riesgos: el global, que afecta a toda la economía (del mundo y de cada país en particular); y el particular de cada sector económico y de cada empresa en particular. En ese sentido, hay sectores cuyo futuro es menos incierto que otros. Y hay empresas mejor situadas y preparadas para hacer frente a esta incertidumbre que otras.

Haz tu propia reflexión sobre el valor de tu empresa utilizando esta fórmula, y quizás entiendas mejor dónde estás y porqué.

Todo sigue pendiente de saber cuándo podemos volver a la normalidad

Leo o escucho a muchos analistas tratando de discernir lo que está pasando en las bolsas o en la economía, y todo gira alrededor de un único dato: cuándo podremos volver a la normalidad y las empresas volverán a producir y la economía a girar. Solo entonces podremos hacernos una idea más clara de cuándo recuperaremos el empleo, las bolsas, los déficit públicos, etc.

Estamos en un momento en que las noticias siguen siendo confusas. Junto a la evolución esperanzadora de los países europeos (que, en general, van de peor a mejor), como Italia y España (aunque quizás con la excepción de Gran Bretaña, que está retrasada por la tozudez de su primer ministro), América está en plena lucha con el virus, y todos aceptan que lo peor está por llegar. Y Asia avanza, aunque con sustos como el empeoramiento de Japón. Es decir, seguimos con la incertidumbre de no saber cuando volveremos a arrancar.

Hoy leo que Austria quiere ser la primera, y me alegro de ello y espero que tengan éxito y nos marquen a los demás el camino a seguir.

Mientras tanto, los mercados financieros seguirán a la expectativa. ¡Y lo que es más importante, se riñan poniendo más nerviosos cuanto más se alarguen los plazos! Porque saben que cuanto más tiempo paralizado, más tiempo necesita el cuerpo para recuperar sus músculos. Y en eso estamos.

Las políticas permisivas con el COVID no dan resultado

Japón declara el estado de emergencia ante el resurgimiento de brotes de coronavirus. En Gran Bretaña Boris Johnson es hospitalizado. En Brasil el ejército cuestiona a un Bolsonaro que desprecia las medidas de confinamiento. En Estados Unidos crecen los contagios y las muertes, y la reelección de Trump se pone en cuestión e incluso los demócratas se plantean sustituir a Biden por el gobernador de Nueva York, Andrés Como.

Parece que la política de confinamiento que conlleva tomarse en serio el COVID, a pesar de la crisis económica que conlleva, son las que predominan.

El sector del comercio (del retail) no habrá quien lo reconozca después del COVID19

Creo que desparecerán los comercios Offline puros, excepto los muy muy especializados, y siempre que incluyan un importante nivel de servicios asociados al producto.

En general solo quedarán empresas que combinen sus ofertas online y offline.

Habrá pocos generalistas. A nivel global, Amazon y Alibaba, ya inalcanzables. A nivel regional, algunos players de menor tamaño, y siempre que traten de especializarse en un segmento de clientes y que incorporen algún tipo de servicio adicional. Pero serán pocos y débiles.

El resto serán especialistas, con ofertas verticales, que tratarán de imponer su conocimiento del producto y de nuevo algún nivel de servicio adicional especializado. Los comercios locales solo podrán sobrevivir si combinan tres factores:

  1. Especialización de producto
  2. Focalización en un segmento de clientes
  3. Incorporación de servicios adicionales

Habrá cierres a espuertas y el panorama, salvo por los dos grandes, cambiará radicalmente. Y eso va por casos como los de El Corte Inglés en España o Macy’s en Estados Unidos. Y no digamos los comercios de pueblo…

El sector de automoción en el post COVID19

Yo creo que se acelerarán dos tendencias que ya vienen de atrás, y a las que se dará un nuevo impulso:

  1. Habrá fusiones. Y serán en 2021 y 2022. Me arriesgo a decir que al menos 10 fabricantes se fusionarán. Así de gordo veo el tema.
  2. El sector se volcará totalmente en el vehículo sostenible. Desparecerán los vehículos que consuman o contaminen. Totalmente. Obviamente habrá un boom del vehículo eléctrico, pero no desparecerán los de gasolina (e incluso gasoil) de bajos índices de consumo y contaminación, sobre todo en los próximos 5 años, si el petroleo, como creo, se mantiene por debajo de los 50 dólares.

COVID19: ¿la gran purga que necesitaba la economía mundial?

Puede resultar chocante lo que voy a decir, pero es una perspectiva positiva que quizás tenga esta crisis. Se trata de la siguiente tesis: ¿y si este inesperado y radical fenómeno que estamos experimentando fuera como una enorme PURGA global que limpiara la economía de todo el mundo y a todos los niveles, acabando con los malos hábitos de los consumidores y con las empresas y gobiernos más débiles?

Si fuera así, y a lo mejor es así, pasada la crisis tendríamos, en el medio/largo plazo, un mundo económicamente más fuerte y quizás más sostenible y más equitativo, más socialmente responsable.

Vuelvo a decir que puede sonar a utópico, pero creo que es un escenario plausible.

Desde el punto de vista empresarial, esta crisis hará desaparecer a muchas empresas, pero no desaparecerán las empresas. Seguirán habiendo startups, pymes y grandes empresas. Pero solo quedarán las más fuertes, las mejor capitalizadas, las mejor planteadas, las que tengan mejores accionistas, directivos y empleados, las que estén más unidas y sean más productivas. ¿Es eso malo? No, al contrario. Las que queden podrán expandirse más rápido, sin tener que sufrir la competencia de las más débiles, que ralentizaba su crecimiento.

Puede ser una especie de depuración, de selección natural de las empresas. Que no quiere decir que sobrevivan las más grandes, sino las mejores, que no tienen por qué ser las más grandes.

Y la economía global, una vez purgada, puede crecer más y mejor, lo que redundará en beneficio de los ciudadanos y de los gobiernos.

Es el viejo dicho de que «no hay mal que por bien no venga» que hemos oido  a nuestros abuelos.

Ojalá.

¿Se salvará el segundo semestre de la crisis del COVID19?

Creo que el mundo no puede permitirse que la crisis del COVID19 se extienda más allá del 30 de junio. Nos quedan tres meses por delante.

Si fuera así, el fracaso sanitario, social y económico sería de proporciones catastróficas.

No me refiero a que podamos olvidarnos del coronavirus, sino a que regresemos a un estado de normalidad sanitaria, social y económica, dentro de la anormalidad que supone que tengamos un virus tan desconocido y letal como este entre nosotros. Y hablo del mundo de una forma global, no de todos los países por igual.

Y asumo que después de volver a la normalidad tendremos que seguir atentos a que el virus no se vuelva a reproducir masivamente y que la ola de contagios no vuelva a descontrolarse. Pero lo importante es que volvamos a poder salir de casa e ir a trabajar como lo veníamos haciendo, de manera que la vida vuela, como digo a la normalidad, o al menos a una cierta normalidad.

¿Cuál es la situación actual? ¿Podemos pensar que eso sea posible? La verdad es que no lo sé, y lo peor es que no creo que lo sepa nadie. Pero voy a tratar de entender y de compartir con mis lectores mi visión de la situación.

Yo me hago un cuadro global de la evolución de la lucha contra el COVID separando el mundo en cuatro bloques, y calificando en cada uno de ellos la evolución de esa batalla en un rango de 1 a 10 en el que 1 es que está en su inicio, y 10 que se ha logrado la victoria. La puntuación es puramente subjetiva, pero creo que sirve para tener un referente.

Estos son los 4 bloques, ordenados según su avance en el proceso, y la puntuación que les asigno:

  1. Asia: 7/10
  2. Europa: 5/10
  3. Norteamérica: 3/10
  4. Hemisferio Sur: 1/10

Cuando el mundo pueda decir que ha superado la crisis, deberíamos tener una puntuación global de 40 (10×4), pero ahora la tenemos de 16, si sumamos los 4 bloques. Es decir, estamos a 16 sobre 40, que quiere decir que no estamos ni a la mitad del camino.

Asia es la más avanzada, pero aún no ha salido del todo (7)

En China alardean de haber superado la crisis, pero las noticias no son del todo claras. La OMS avisa de que en Asia no se puede dar por superada la pandemia. A pesar de que la situación es la mejor de los cuatro bloques, tanto porque empezaron a combatirlo antes (no en vano el virus surgió de China) sino porque han sido más efectivos en su gestión (destacando el caso de Corea del Sur, done, no obstante, siguen habiendo 100 casos diarios de contagios).

Europa está batallando, con algunos brotes verdes (5)

La situación difiere bastante entre países, pero se puede resumir en 3 estadios:

  • Los que están sufriendo la batalla más cruel: Italia y España, con miles de muertos, que parece que ya han superado el pico de contagios y van de baja. Eso sí, a costa de una crisis económica y, si el confinamiento y la parálisis se alargan más allá de Abril, una crisis social.
  • Los que, amparados en su fortaleza sanitaria, social y económica, le están plantando cara con cierto éxito: liderados por Alemania, incluye a Holanda, Suiza, Austria y los Países Bajos. Pero ni mucho menos la han vencido.
  • Los que no se lo tomaban en serio y están reaccionando tarde: Gran Bretaña y Rusia, ambas con poder suficiente como para plantar cara, y en ello confiamos.

Quedan fuera de mi radar los países del Este, que confío que sigan el ejemplo de los demás y ataquen el problema con firmeza.

Confío en que Europa sea capaz de llegar al 30 de junio en un entorno de normalidad, y que el segundo semestre pueda recuperar el pulso económico y social, aunque manteniendo la atención sanitaria. Probablemente se producirá un cambio de hábitos sanitarios, y las mascarillas y guantes estarán al orden del día, y la gente evitará situaciones de contagio. El lavado de manos se generalizará.

Norteamérica está empezando la lucha (3)

En un ejercicio absurdo de machismo patriótico, el presidente de Estados Unidos ha estado ninguneando el COVI19, y las consecuencias las está pagando su país. Los contagios están en curva ascendente, y el número de fallecidos está por ver. Sin duda va a poner a prueba el sistema sanitario yanqui. No obstante, confiemos en la capacidad enorme de un país que ha demostrado de sobras desde su nacimiento su capacidad de hacer frente a los grandes retos. El mundo no puede funcionar si EEUU no funciona. ¿Serán capaces de ganar la batalla en solo 3 meses? Esperemos que sí.

De los otros dos países del subcontinente, Canadá no me preocupa, dadas sus características poblacionales y su capacidad económica. México sí que es más preocupante, pero confiemos en que su gobierno sea capaz de hacer frente a la pandemia. Probablemente de los grandes países es el que tenga más dificultades para ganar la batalla antes del 30 de junio.

Centroamérica y Caribe no los tengo en el radar, pero confío en que sus gobiernos sean conscientes del problema y sepan hacerle frente. No será fácil dada la debilidad de la estructura social económica de algunos de los países centroamericanos.ç

En definitiva, el papel relevante en este bloque lo tiene EEUU, que junto con Canadá deben liderar la lucha y la victoria, y ayudar, por su propio interés, a los demás países, y sobre todo a México.

Hemisferio Sur (1)

Le pongo un 1 porque todos son ya conscientes del problema, y le están empezando a poner solución, pero la mayoría está muy al inicio. Confío en Australia, Nueva Zelanda y en menor medida en Sudáfrica, pero me asustan dos macropaíses: India y Brasil.

Las condiciones poblacionales y económicas de India pueden hacer de ella un polvorín con el coronavirus. ¿Serás suficientes las medidas que pueda tomar su gobierno? Para mi son una gran incógnita y una gran preocupación. Es el país más poblado del mundo.

En cuanto a Brasil, es un gran país, capaz de lo mejor y de lo peor, y me da miedo que su histriónico presidente saque lo peor del país, y ello agrave la pandemia y la crisis. También son, para mí, una incógnita y una preocupación.

El resto de países están empezando a hacer lo que pueden contra este virus maligno. Espero que sigan las lecciones que surgen de los países que lo han experimentado antes que ellos. Y que se lo tomen en serio. Las estrictiras sociales y económicas de muchos de ellos son muy débiles. ¡Sobre todo en África! Aunque también en países que ya arrastraban una crisis: Venezuela, Iraq, Siria, y muchos países africanos.

En resumidas cuentas, sería un milagro si la situación en este bloque se normaliza en tres meses.

Conclusión

Yo quiero ser optimista, pero no va a ser fácil. Recemos por que los avances médicos nos ayuden para que sea posible. Mientras tanto a mi y muchas personas en todo el mundo, solo nos queda cumplir con las recomendaciones de confinamiento y confiar en nuestros sanitarios y en nuestros gobernantes.

La humanidad unida podrá vender en esta Cuarta Guerra Mundial, que gracias a Dios no es entre nosotros sino contra un enemigo invisible. Confiemos en que se el primero y el último.

 

 

Hay futuro según Caixabank

Incorporo aquí un fragmento de un informe de Caixabank que acabo de recibir, porque lo comparto y creo que es de interés para todos:

Aún inmersos en la fase aguda de la crisis de la COVID-19, compartimos una doble convicción. La primera, que esta crisis la vamos a superar. La segunda, que a pesar de su previsible carácter temporal, el shock probablemente tendrá efectos estructurales. Las crisis, cuando son de esta magnitud, pueden acelerar cambios latentes o hacer emerger otros inesperados.
Seguramente, tras esta crisis reforzaremos los sistemas sanitarios y reevaluaremos el papel que desempeñan los expertos, cuya preeminencia es tan notoria estos días. También es probable que, a nivel productivo, emerjan nuevas formas de organizarnos, tanto global como localmente, ya sea por el acortamiento de las cadenas de valor a cambio de mejorar su resiliencia, como por la difusión de las formas de trabajo a distancia. Estos cambios, además, también ayudarán a acelerar la transición económica hacia un sistema más sostenible y más respetuoso con el medio ambiente.
Y, seguramente, tras esta crisis también reevaluaremos el papel de la coordinación y el liderazgo internacionales. En este frente global, es probable que la UE se vea sometida a presiones con pocos precedentes. La historia de la UE nos dice que las crisis han actuado como acicate para avanzar hacia una mayor integración siempre que han existido unas bases institucionales y políticas adecuadas. Esta es, precisamente, la situación presente: los instrumentos, institucionales y políticos, de los que la UE se dotó en la Gran Recesión podrían dar un nuevo salto adelante en materia de integración europea que hubiésemos considerado irreal antes del shock. Sin duda, así debería ser.
El mundo, en definitiva, va a cambiar, y está en nuestras manos decidir si una crisis, además de generar amenazas, es también una fuente de oportunidades.

Oriol Aspachs y Àlex Ruiz, CaixaBank Research, e-mail: research@caixabank.com

Moody’s predice el diferente efecto del COVID-19 en los sectores económicos

Para Moody´s, la agencia de rating, los sectores económicos están expuestos de forma diferente al impacto del coronavirus.

A continuación indico la lista de sectores (mantengo su descripción en inglés, para que cada lector haga su propia traducción), separándolos por la magnitud del impacto:

Impacto potencialmente positivo

  • Internet Service companies
  • Retail (online)
  • Gold mining

Baja exposición (impacto leve o positivo)

  • Construcción/materials
  • Defense
  • Equipment&transportation
  • Rental
  • Packaging
  • Pharmaceuticals
  • Real estate, REITS
  • Food/Ford retail
  • Telecoms
  • Waste management

Exposición media (impacto medio o neutro)

  • Beverages
  • Chemicals
  • Manufacturing
  • Media
  • Metals&mining
  • Oil&gas/oilfield services
  • Property developers (China)
  • Protein&agriculture
  • Service companies
  • Steel producers
  • Technology hardware

Alta exposición (impacto negativo)

  • Apparel
  • Automotive manufacturers
  • Automotive suppliers
  • Consumer durables
  • Gaming
  • Lodging/leisure& tourism (incluyes Cruise lines)
  • Passenger airlines
  • Retail (non food)
  • Global shopping

Supongo que ya lo iremos viendo en más detalle e iremos matizando, pero para empezar es una lista interesante que hace pensar.

Por ejemplo, la negativa incidencia en el empleo y en el PIB de países como España que tiene el negativo impacto en la industria del automóvil y la del turismo.

Un aviso para inversores y empresarios en general.

Reflexiones que quiero compartir en mi confinamiento por el COVID19

Me reafirmo en que en este contexto de excepcionalidad como consecuencia de la epidemia global que estamos padeciendo hay que hacer el esfuerzo de empezar a prepararse para un mundo nuevo que nos encontraremos cuando acabe esta situación. Lo primero que hemos de hacer es olvidarnos del pasado e incluso del presente. Y en ese presente incluyo los mercados financieros, las empresas e incluso los puestos de trabajo. Olvidémonos de la bolsa, de la volatilidad, de los vaticinios pesimistas. De los ERTE, de las pymes. Ahora nada de eso importa.

La prioridad ahora es la supervivencia, la salud de cada uno, de su familia, de sus amigos, del país, del mundo. Si no aseguramos eso, si no recuperamos la normalidad, ¿qué importan los mercados financieros, los ERTE o las empresas? Suena exagerado, pero es así.

Y la normalidad se recuperará. Y los mercados financieros y las empresas volverán a la normalidad. Será otra normalidad, pero con el tiempo confiemos en que sea la misma que dejamos atrás; o muy parecida. Quizás mejor.

China (que no olvidemos que es donde surgió el virus, diga lo que diga el Gran Hermano chino) ya nos está dando muestras de vuelta a la normalidad. A los 2 meses de que empezara todo. ¡Ojalá todo se quede en 2 meses malos!

Cuando se recupere la normalidad seguiremos teniendo las mismas acciones, bonos o participaciones en fondos que tenemos ahora. Y las empresas que directa o indirectamente poseemos como inversores o empresarios seguirán ahí. Al menos la mayoría. Y volverán a fabricar o dar servicios, y volverán a comprar y volverán a contratar al personal que hayan incluido en sus ERTEs, o que hayan tenido que despedir. Cuanto antes volvamos a esa normalidad, más fácil será que las empresas recuperen la velocidad de crucero. Está en manos de todos lo ciudadanos, que deben ser disciplinados y evitar el contagio, y por supuesto de los servidores públicos que está luchando con ese enemigo invisible; sobre todo los sanitarios. Y no es momento de desunión o crítica destructiva, es momento de estar unidos. ¡Esto es una guerra! Y en la guerra ganan quienes se mantienen unidos y confían en la victoria.

Cuando esta guerra acabe debernos hacer recuento de bajas y de pérdidas. Deberemos medir la magnitud de los daños; humanos y económicos. Pero no es hora de hacer recuento, sino de luchar, y de mantener la fe en la victoria. También en lo económico.

Obviamente, cuando llegue ese momento, veremos que hemos perdido mucho. Los ahorradores y los empresarios verán que su patrimonio habrá menguado fuertemente, lo que cambiará, quizás, sus perspectivas vitales. Tanto de los mayores como de los más jóvenes. Los trabajadores y autónomos se encontrarán con un panorama inicialmente desolador. Sin trabajo y con muchas empresas quebradas o más débiles. Sin ingresos o con ingresos más bajos. No será un panorama motivador, sino que habrá que sobreponerse al pesimismo. Pero todos habremos de seguir adelante, porque no nos queda otro remedio. Las empresas y las personas (trabajadores, empresarios, ahorradores) habrán de empezar a trabajar en el nuevo entorno. Habrá que ganarse La Paz, como pasa en toda posguerra. Y habrá que hacerlo con sacrificio y con confianza en el éxito. Porque el éxito, la recuperación, también llegarán. Más pronto o más tarde.

Ni toda la población va a morir ni todas las empresas van a quebrar. Es más, es posible que salgamos de esta lucha más fuertes. Que saquemos lecciones de lo que está pasando y las apliquemos para estar mejor y ser mejores en el futuro. Y que valoremos cosas que antes no valorábamos. Como la amistad, el silencio, la reflexión, la cultura, los medios de comunicación, en el plano personal. O la sanidad y el servicio público eficiente, o el liderazgo político real, en el plano social. O, en el plano económico y empresarial, la liquidez, el endeudamiento sensato, el poseer versus el alquilar, el insourcing  vs. el outsourcing, el aprovisionamiento de proveedores  locales o cercanos, la lealtad del personal, la importancia y resiliencia de algunos sectores, como el primario (tan olvidado), el agro alimentario o el de las telecomunicaciones.

Puede que todos cambiemos nuestra escala de valores, nuestra escala de prioridades, que entendamos lo vulnerables que somos a los acontecimientos de la naturaleza que no podemos controlar; nosotros que pensábamos que podríamos controlarlo todo.

Que entendamos las consecuencias negativas y desconocidas de la globalización, porque un virus generado en China por la extraña costumbre local de comerciar con animales salvajes vivos se contagie a los humanos, y el país tarde más de lo debido en reaccionar y en consecuencia el virus se propague en apenas unos días a todo el mundo.

Que valoremos la importancia de prever las enfermedades contagiosas y potenciar la investigación farmacéutica y los servicios sanitarios si no queremos que un futuro virus, más letal, acabe con toda la humanidad. Ese puede ser el verdadero fin del mundo, como ya nos avisaba hace años Bill Gates, sin que nadie le diera importancia.

En suma, y acabo, es hora de preocuparse de la salud, porque ya nos preocuparemos de lo demás.