Bolsa

Pues no.

Como dice un lector de este blog, muy acertadamente, era “tan solo un espejismo”.

Hoy viernes, vuelven a surgir los problemas conocidos. En los EEUU, un mal dato de empleo, que deja entrever un estancamiento del crecimiento, si no cosas peores. Y en Europa, Grecia avisa que no va a cumplir los objetivos de déficit. De nuevo surgen razones para el pesimismo, y vuelven a ganar los vendedores por abrumadora mayoría. El resultado: caída de las bolsas norteamericanas y caída aún peor de las europeas. Los bancos, en general, doble castigo. Los españoles por miedo al contagio de la deuda española. Los europeos por miedo a las pérdidas que abran de anotarse por el default griego.

Si alguien había empezado a pensar que era hora de empezar a comprar de nuevo, aunque fuera tímidamente, mejor que lo aplace sine die. Porque lo peor del caso es que ninguno de los dos problemas que han salido hoy a la palestra se va a resolver a corto plazo; al contrario, pueden ir a peor. El crecimiento americano puede convertirse en decrecimiento (recesión e incluso depresión auguran los más pesimistas) y la deuda griega puede convertirse en suspensión de pagos formal. Asumir ambos escenarios será duro. Darles alguna solución seguirá requiriendo tiempo y capacidades políticas, elementos muy escasos en estos momentos.

¿Las aguas han vuelto a su cauce?

Parece que acabe agosto con una sensación de normalidad recuperada. Las bolsas van recuperándose poco a poco de los estragos de la tormenta de la primera quincena. Los daños son cuantiosos, pero ¿podemos pensar en una normalidad recuperada y duradera? Esa es la cuestión clave.

Malos tiempos para la banca

Los bancos de todo el mundo están en su peor momento. Y tras ellos lo está toda la economía.

El problema que los atenaza es doble. Por un lado, las dudas sobre la evolución de sus beneficios si la economía mundial entra en una fase de recesión. Por otro, y quizás más importante, las dudas sobre el valor de sus activos, tanto la deuda pública que muestran en sus balances de países con dificultades financieras graves (especialmente en Europa: Grecia, Portugal, Irlanda, España, Italia y Francia son por ahora los más penalizados), como el valor de los préstamos hipotecarios y de los activos inmobiliarios que los garantizan, especialmente en el caso irlandés y sobre todo el español.

Lo grave del tema no es tanto que los inversores duden de estos bancos, lo grave es que los propios bancos dudan de sí mismos, y los diferenciales del interbancario son altísimos, e incluso los bancos americanos han dejado de prestar a los europeos en el interbancario, para evitar todo tipo de contagio.

En consecuencia, así estamos todos. Y así están las bolsas. Perdidos (como la serie de televisión).

Leo en The Economist que algún día de Agosto el valor en Bolsa de Apple ha llegado a sobrepasar ¡al de la suma de los 32 mayores bancos europeos! ¡No me extraña!

Agosto para olvidar

Los inversores de a pie estamos deseando que llegue Septiembre y que este maldito agosto pase a la historia. Porque pasará.

No hay duda de que las expectativas de evolución de la economía mundial no parecen muy positivas, y que los gobiernos occidentales no dan señales de resolver sus problemas de desequilibrio de las cuentas públicas. Pero no me cabe duda de que las cosas se están sacando de quicio, y las cotizaciones han de resuperarse, si no al nivel de antes de la crisis, si a un nivel más razonable.

Luego nos pondremos a discutir si estamos ante un nuevo ciclo o no, y si la economía mundial y las cotizaciones taradarán más o menos en recuperarse del todo. Sobre eso hay muchas teorías, quizás demasiadas.

¿Para cuando una regulación global más sensata de las agencias calificadoras de riesgo?

Creo que lo que está pasando es la prueba final (si es que a alguno le quedaba duda) de que la actuación de las agencias calificadoras de riesgo necesita urgentemente una nueva regulación, más sensata y global. No es asunto obvio ni fácil, pero lo que está claro es que es extraordinariamente necesario.  Y hay que hacerlo bien.

Primero con Leman Brothers y ahora con las calificaciones de EEUU y otros países, ha caído la gota que ha colmado el vaso.

Y una idea: probablemente la solución a las calificaciones de riesgo de entidades públicas y privadas deba enfocarse de manera diferente.

IBEX mal, pero Eurostoxx peor

Nos quejamos de la bolsa española, pero las europeas se están comportando peor que la nuestra. Incluso la alemana está cayendo varios días más que la española.

¿Qué sentido tiene todo esto?

Pesimismo irracional

En mi opinión el comportamiento de las bolsas mundiales ha llegado a un extremo irracional. Es el momento de apelar a la calma. De pedirle a aquellos que posean acciones que dejen de mirar lo que valen ahora y se centren en la consistencia de las empresas y de sus gestores. Que en la medida que puedan no vendan. Que dejen pasar esta histeria, este pesimismo irracional.

Si la caída de las bolsas podía tener un fondo de justificación basado en la crisis de las haciendas públicas en Europa y los EEUU, e incluso en el impacto que ello podía tener en el mantenimiento de la capacidad de maniobra de los gobiernos para apoyar a sus economías, la caída de hoy tiene claramente, en mi opinión, un gran componente de histeria irracional que el tiempo nos demostrará, creo a corto plazo (espero que no más allá del mes de septiembre) que no se merecen las cotizaciones. Por eso creo que es el momento de hacer yoga, de “pasar” de las cotizaciones, de “pasar” de la bolsa, y esperar que las aguas de este segundo y artificial tsunami vuelvan a su cauce, que será pronto.

(Por cierto, además, estoy convencido que a algunos valores, como Santander hoy, le han caído encima un montón de ventas producidas de forma automática por mecanismos de stop loss. Me juego lo que sea.)

Gestionar la cartera de acciones es como dirigir una batalla

Hace poco leía las batallas de Aníbal y Escipión, en la Europa de hace más de 20 siglos. Se trataba de saber ganar y también de saber perder retirándose a tiempo para poder seguir vivo y esperar ganar en la siguiente batalla. Los grandes generales lo hacían muy bien. Por eso, aunque perdieran batallas, ganaban las guerras.

Ahora tengo la misma sensación cuando trato de tomar decisiones sobre qué hacer con mi cartera de acciones frente a este enemigo que es la bestia de los mercados, el oso pesimista que cree que todo va a ir peor y vende, vende, con furia incontenible. Ahora mismo es invencible, y lo mejor es retirarse e irle dando carnaza para que nos deje escapar vivos, aunque sin duda seriamente heridos. ¿Parará en algún momento este oso vendedor? Seguro que si. No sabemos cuando, pero sabemos que lo hará en algún momento. Hay que estar preparados para atacarle en ese momento.

Claro que ahora mismo nos entran las dudas de que tengamos fuerzas al final de esta batalla. Si el oso sigue atacando puede que nos quedemos sin fuerzas y perezcamos. ¡Animo, inversores del mundo! ¡Seguid en pie! Aunque sólo sea porque fuera de esta batalla apenas hay nada, salvo la cobardía de la liquidez, y esa tampoco es del todo segura.

¡De nuevo el fin del mundo…!

Las bolsas han vuelto a desplomarse. ¿La razón? El sentimiento de descontrol que emana de los gobiernos del mundo occidental. España, Italia, la Union Europea e incluso los EEUU están dando una imagen de incompetencia y falta de liderazgo que preocupa a los mercados, y lo demuestran refugiándose en la liquidez, en el oro…

Incluso los organismos que debe velar por la ortodoxia del sistema, en manos de dos franceses (Trichet y Lagarde) estén en entredicho. Así pasa lo que pasa…

La verdad es que el panorama mundial en este agosto que está siendo todo menos tranquilo, es desolador: Europa y EEUU en crisis económica, los países árabes en rebeldía cercana a una revolución popular y los países pobres de Africa muriendo de hambre y sed.

¿Habrá sitio en otro planeta? Yo me mudo.

¿Empieza una fase de alza en las bolsas?

Yo creo que si.