Bolsas y mercados financieros

Los países con mayores reservas de oro

He leído un artículo en un diario (no recuerdo en cual, que me perdonen) que hablaba de las reservas de oro por países en el mundo y me ha hecho pensar.

Por ejemplo, la mayoría de nosotros acertaría si le preguntasen cuál es el país con mayores reservas de oro del mundo. Si: Estados Unidos. Pero, ¿y si te preguntan por el segundo? Ya no es tan obvio (creo): Alemania. ¿Y el tercero y cuarto? Italia y Francia, respectivamente. El quinto seguro que no te lo imaginas: Venezuela.

¿Y sabías que el nivel de reservas de oro de la Unión Europea es superior al de Estados Unidos? Quizás tiene algo que ver con la fortaleza del euro.

Obviamente, es un dato más y no es el factor explicativo de la potencia económica de un país ni mucho menos. Por ejemplo. España está en el puesto 18 y en parte es porque en 2007 decidió vender parte de sus reservas de oro por pura política de rentabilización de las mismas (aunque escogimos un mal momento porque al año siguiente el precio del oro subió con fuerza). Y otro país que Sorprende no encontrar entre los cinco primeros es China (aunque es el sexto).

Las elecciones españolas no dan miedo a los mercados

Aunque se apunta a un gobierno de izquierdas liderado por el Partido Socialista, no parece que haya miedo entre los inversores a lo que pueda pasar en las elecciones del próximo 28 de abril.

De hecho la prima de riesgo está algo por debajo de los 100 puntos básicos (1%)

¿Por qué la economía británica parece inmune al Brexit?

Supongo que a usted, querido lector, le sorprende como a mi que la economía británica siga creciendo como si nada pasase, en medio del caos político que vive el gobierno y el parlamento británico.

¿Se deberá a que la sociedad británica y loa inversores internacionales no creen que se produzca un Brexit sin acuerdo? ¿O es que la confianza en la economía británica es tan grande que creen que pase lo que pase no se producirá un caos y una crisis económica como vaticinen múltiples analistas?

No sé si es un pez que se muerde la cola, pero la realidad es que esa misma confianza mantiene a la bolsa británica y esa actitud de la bolsa mantiene quizás a la economía.

Veremos cómo acaba.

¿Qué rentabilidad compensa el riesgo que corro con esta inversión?

Los inversores no estamos haciendo continuamente esa pregunta. Y no tiene fácil respuesta.

Es normal que bancos o gestores de proyectos de todo tipo, como promociones inmobiliarias o fondos de capital riesgo o de private equity, o incluso puros especuladores, nos ofrezcan inversiones en las que prometen rentabilidades por encima de las habituales y ya confíen que nos deben resultar atractivas. Pero ¿qué hace que una tasa de rentabilidad prometida sea atractiva? Pues que el plus de rentabilidad frente a una inversión sin riesgo supere el plus de riesgo que el inversor considera que dicha inversión conlleva.

El problema es que ese plus de riesgo es algo completamente subjetivo. Para una persona una inversión conlleva una prima de riesgo del 10% y para otra puede ser del 5%.

Nos viene  ayudar en estos casos la comparación con otros instrumentos de inversión similares, por ejemplo.

Yo quiero traer a colación aquí un dato que espero que al menos dé que pensar a mis lectores: La tasa de rentabilidad que los inversores exigen a las obligaciones españolas a 10 años es más de 20 veces la tasa que le exigen a las obligaciones a 1o años alemanas. Las alemanas las compran con el 0,05% de rentabilidad anual, y las españolas con el 1,15% Es un dato sorprendente pero real.

Si usted debe evaluar una propuesta de inversión que le hace alguien y la compara con la rentabilidad de las obligaciones del gobierno de España a 10 años, ¿qué multiplicador le pediría? Piense que si fuera también de x20, nos iríamos a una rentabilidad del 23%

 

¿Se está fraguando una burbuja de la sostenibilidad? ¿Será la quiebra de Tesla la que pinche esa burbuja?

A nadie se le escapa que estamos en una época en la que todo lo que suene a sostenible tiene el viento de cola. ¡Lo sostenible es guay!

Eso explica que todas las actividades que se impulsan actualmente, sean empresariales o meramente sociales, son, indefectiblemente «sostenibles». Ahora todo es, o pretende ser, sostenible.

Los proyectos empresariales o financieros son sostenibles o no son. Y cualquier inversión en sostenibilidad o en energías renovables encuentra dinero mucho antes que las que no alzan esa bandera.

El paradigma de la economía sostenible es el coche eléctrico en estos momentos; y el paradigma del coche eléctrico es Tesla. Pero, ¿qué pasaría si Tesla, que no ha conseguido hasta ahora ganar dinero, y que puede cualquier día colmar la paciencia de los inversores, quebrará?

Me imagino que pasaría algo parecido al estallido de la burbuja tecnológica que vivimos y sufrimos en el año 2000.

¿Es eso posible?

¿Ganarán los salarios o ganará la productividad?

Estamos previendo un aumento de salarios en los países occidentales como consecuencia de una importante disminución del desempleo. Eso hace que los analistas bursátiles teman que los márgenes empresariales se reduzcan. Pero en paralelo la tecnología (robótica, blockchain, inteligencia artificial, etc.) está suponiendo un aumento continuo de la productividad.

La cuestión crucial es esa: ¿ganará la productividad a la inflación de salarios?

Hagan sus apuestas.

Warren Buffett también se equivoca

Invertir con acierto no está reservado a cualquiera, pero hay inversores que han sabido hacerlo con acierto año tras año, demostrando que están entre los mejores. Quizás el inversor más reputado del mundo sea Warren Buffett, el “oráculo de Omaha”.

Pero nadie está a salvo de equivocarse en una inversión, y eso es lo que le ha ocurrido al mismísimo Buffett.

En 2015 invirtió en la fusión de las empresas Ktaft y Heinz del sector de la alimentación. Y recientemente ha reconocido que compró caro, y la realidad es que su inversión registra una considerable pérdida.

Todos, incluso los mejores, nos equivocamos. Es por eso que la única política sana de inversión es la que se basa en la diversificación (no poner todos los huevos en la misma cesta) y en la disciplina que conlleva vender cuando se ha superado un límite de pérdida, lo que se conoce como el “stop loss”.

El nuevo maná

Estamos viviendo un período en el que el inversor medio no sabe dónde poner sus dineros.

Los depósitos bancarios ofrecen rentabilidades próximas a cero. La renta fija no renta más allá de un 1-2% y siempre que uno se olvide de los altibajos en el precio de los bonos. La renta variable (las acciones) son la mejor opción, pero ¿quien invierte sin inquietud cuando se da por sentado que estamos al final de un ciclo económico de crecimiento y al inicio de uno de alza de tipos de interés que seguramente hará que la bolsa caiga o en el mejor de los casos se mantenga plana?

Sólo hay una solución: confiar en los actuales titanes de la inversón en el mundo: los fondos de private equity.

El private equity es el nuevo maná. Llevan años dando rentabilidades de dos dígitos y las siguen prometiendo del mismo nivel. Levantan fondos multimillonarios, ya sea en Estados Unidos (por ejemplo Carlyle) o en España (por ejemplo Altamar). Es verdad que el inversor no puede recuperar el dinero cuando quiere, sino según lo va reembolsando el fondo, en función de las salidas de los proyectos en los que invierte, y que las cantidades mínimas a invertir suelen ser elevadas, pero hoy por hoy parece que vale la pena.

Si hasta ahora no se ha planteado hacerlo, mireselo.

El impeachment de Trump cada vez más cerca

Cuando resultó elegido, me aventuré a vaticinar que Trump no acabaría su mandato. Parece que ahora estamos más próximos de que ocurra y el mundo sea un lugar mejor donde vivir.

Las bolsas, sin duda, lo recibirían eufóricas.

¿Será 2019 un buen año para los mercados bursátiles emergentes?

Robeco (un banco del que me fío) apunta a que lo pueden ser, si la FED no sube tipos más allá de lo esperado (y por tanto el dólar no se revalua) y la guerra comercial con China no va a más e incluso se resuelve.

El FMI estima que el crecimiento del PIB de las economías emergentes seguirá siendo mayor que el de los países desarrollados en los próximos años, y que el diferencial de crecimiento se ampliará.

Las valoraciones de las empresas cotizadas de los países emergentes, tras las caídas de 2018, son otro factor a considerar, porque arrojan múltiplos muy favorables.

Como es normal, apostar por emergentes es asumir un riesgo extra, pero quizás no sea recomendable prescindir de ellos en las carteras de 2019.

Yo me estoy pensando ampliar mi apuesta. Como creo que ya he dicho en algún post anterior, lo que más me gusta es Asia.