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La guerra comercial USA-China ha de acabar en pacto

Estados Unidos, bajo la batuta de Trump, está empeñada en una guerra comercial con China que no favorece a nadie y lo único que consigue es poner en cuestión décadas de avances en el libre comercio internacional, que han venido acompañadas de un impresionante crecimiento de la economía mundial, aunque obviamente ha obligado a hacer frente a algunos desajustes, por otro lado inevitables.

Lo que pretende Trump es que China compre más producto americano y que reconozca que seguir inundando el mercado americano sin límite, no es razonable. China no quiere dar su brazo a torcer porque su economía aún se basa en la exportación, y el fin del libre comercio es el fin de China, al menos a corto plazo. Ahora mismo las espadas están en alto, y a las amenazas norteamericanas se suceden amenazas chinas, en un círculo vicioso absurdo, que tiene atemorizado a medio mundo, y que está obligando a todos los países a buscar la salida de tratados bilaterales para asegurarse que si la sangre llega al río, sus economías de cubran al menos en parte de los perjuicios consiguientes.

Pero yo quiero apostar por que las dos grandes potencias, que se necesitan la una a la otra (eso es indiscutible) acaben sentándose a negociar, basándose en un acuerdo que reconozca lo que cada una desea preservar y busque una solución win-win. Dicha solución podría encauzarse por la vía de que China reconozca el problema y apoye la compra de productos americanos con medidas creíbles y efectivas, y por parte de Estados Unidos entender que no puede sobrevivir sin los productos chinos. Además, a largo plazo, Estados Unidos ha de entender que no se pueden poner puertas al campo, y que si quiere que sus productos industriales se vendan (sus productos tecnológicos y no industriales en general ya se venden y mucho), ha de tomar medidas de fomento de la innovación y la productividad, y ha de pedir a sus empresas que hagan un esfuerzo adicional por salir a vender al exterior y no se conformen con el inmenso mercado doméstico. En el lado de China, la propia evolución social que está experimentando irá inclinando la economía de la industria y el mercado exterior a los servicios y el mercado interior, lo que ayudará a reequilibrar la balanza comercial con los Estados Unidos.

Esperemos que alguien en Washington y Pekín se dé cuenta de ello, y que sea pronto, porque mientras tanto la economía global puede experimentar bastante nerviosismo, y con ello los mercados financieros, que ya están empezando a ponerse nerviosos.

Eso sí, el día que eso pase, mejor estar en bolsa, porque las acciones experimentarán una subida meteórica.

¿Quien mueve el mundo?

Sin duda los Estados Unidos, por si alguien pensaba lo contrario.

Leo en un artículo del departamento de Estudios de Caixabank que si se analiza de donde proviene el crecimiento de la economía mundial en los tres últimos años, EEUU es el responsable del 23% de ese crecimiento, la Eurozona del 16,5% y China, en tercer lugar, del 13,5%. Es decir, hay que poner a cada uno en su sitio. A veces nos adelantamos a darle importancia a China, que la tiene, pero sigue siendo, por ahora, la tercera economía del mundo.

Eso sí, los tres suman más de la mitad del crecimiento mundial.

China: elementos de riesgo en su sistema bancario

China sigue siendo un país de riesgo, a pesar de su alto crecimiento y las enormes dimensiones de su economía. Por ejemplo, a raíz de la lectura de un artículo de Caixabank Research, quiero compartir con mis lectores los riesgos que envuelven su sistema bancario:

  1. Tiene una deuda corporativa (de sus empresas) que equivale al 163% de su PIB. Más de la mitad a corto plazo y la mayoría suscrita por empresas estatales (que no son el colmo de la productividad y la competitividad). Si se produjera una cadena de defaults entraría en juego el gobierno chino, que tiene capacidad para pararla, pero seguramente se hundiría el yuan, con consecuencias imprevisibles.
  2. Los ahorradores chinos han invertido en un tipo de productos de ahorro de alto riesgo (muchos de ellos ligados a la burbuja inmobiliaria) que representan un 32% del PIB. ¿Qué pasará si los emisores de esos activos (la mayoría bancos) no pueden hacerles frente, o si se pincha abruptamente la burbuja inmobiliaria?
  3. En su sistema bancario hay una multitud de pequeños bancos que han crecido mucho en los últimos años, a base de asumir más riesgos que los bancos grandes.
  4. Existe un sistema bancario en la sombra, que se conoce como shadow banking, que asume las operaciones de más alto riesgo, y que ha más que duplicado su tamaño en los últimos 5 años.

En definitiva, reflexionando sobre esos elementos, queda claro que la economía china esconde un riesgo evidente de crisis de sus sistema bancario y financiero. Los inversores le piden, por eso, un plus de rentabilidad a las inversiones hechas en empresas chinas. Aún así, todos confiamos en el crecimiento imparable del tigre asiático, y en la demostrada competencia de sus gobernantes.

No se puede prescindir de los mercados emergentes

Generalizar cuando nos referimos a los países emergentes es tan impreciso como cuando lo hacemos respecto a los países desarrollados. Lo que es irrefutable es que los países emergentes acogen actualmente al 85% de la población mundial y su estado general es mucho mejor del que a veces pensamos. Por ejemplo, Corea del Sur, Taiwan o China, tienen niveles de deuda, balanzas de pagos y reservas mucho mejores que la mayoría de países desarrollados. En general, la situación de los países asiáticos es envidiable. En contrapartida, hay países como Turquía o Sudáfrica, que tienen altos niveles de déficit público. O india, aunque en este caso mejorando mucho en los últimos años. Aún así, si nos referimos al déficit público, la mayoría de países emergentes tienen un déficit público por debajo del de Gran Bretaña.

Hoy en día se puede decir que el crecimiento mundial lo marcan los países emergentes, porque crecen en media el doble que los desarrollados.

Es obvio que son mercados con alta volatilidad a corto plazo, por su sensibilidad a cuestiones políticas, principalmente, pero son países en el que cualquier inversor de largo plazo debe estar invertido.

Hay al menos tres razones para invertir:

  1. El crecimiento está estructuralmente asegurado.
    • Hay elementos geoeconómicos que lo aseguran:
      • Población joven
      • Clase media creciente
      • Grandes recursos naturales (materias primas)
    • Además, ya hay países emergentes que se están poniendo a la cabeza de la tecnología e innovación mundial, como China o Corea del Sur.
  2. El respeto a las normas de buen gobierno se va generalizando y normalizando.
  3. Todos ellos tienen un líder, un ejemplo a seguir: China, que les demuestra que el paso de emergente a desarrollado es posible.

En cualquier caso, es muy importante escoger bien los países en los que se invierte, porque la rentabilidad de las acciones emergentes está dominada más por el país que por el sector, al contrario (en general, que en los países desarrollados.

En cuanto a la renta fija corporativa de países emergentes, es cada vez más interesante, emitida con buenos tipos por grandes compañías que están gestionadas con estándares occidentales.

 

Un año raro (¿malo?) para las bolsas

A fecha de ayer,  la rentabilidad acumulada en 2018 en euros de las principales bolsas es la que indican los siguientes índices:

  • DOW JONES -4,32%
  • S&P 500 -3,71%
  • NASDAQ -0,40%
  • IBOVESPA +5,05%
  • EURO STOXX 50 -2,54%
  • FTSE 100 (Londres) -4,58%
  • CAC 40 (París) -0,93%
  • DAX (Frankfurt) -5,08%
  • IBEX 35 -3,00%
  • FTSE MIB (Milán) +5,49%
  • NIKKEI -2,33%
  • HANG SENG (Honk Kong) -1,96%

Si echamos una ojeada, podemos sacar algunas conclusiones:

  • Resulta que la bolsa alemana arroja un peor resultado en lo que va de año que las bolsas americanas, cuando no es lo que los analistas esperaban.
  • El Nasdaq, aún afectado por escándalos y por el efecto “vértigo” de precios, sigue ahí, con un buen performance.
  • Brasil se ha comportado bien, dando una suculenta rentabilidad. Vamos a ver cómo se produce el resto del año. La solución a sus conflictos políticos será clave.
  • Por ahora invertir en la bolsa británica, una vez pasado a euros, no parece un buen negocio.
  • Italia, como siempre, sorprende, y aunque no tiene gobierno (o quizás por eso) arroja un magnífico resultado en lo que va de año.
  • Por último las bolsas asiáticas (Japón y China) no van mal del todo, comparadas con el resto.

Nosotros no esperamos mucho de la bolsa americana, pero ahí está. Su resultado puede que dependa mucho de la trayectoria dólar-euro.

De Londres preferimos estar lejos. Demasiada incertidumbre (por el Brexit) añadida a la normal que sufren todos lo mercados.

Alemania, debe hacerlo mejor en lo que queda de año. Si no, nos defraudará. El Eurostoxx creemos que, sin duda, lo va a hacer mejor.

Somos optimistas respecto a Brasil y China, y en general respecto a los países emergentes.

Espero, querido lector, que usted mismo saque sus consecuencias.

China, India y Africa

Los próximos 10 años hablaremos más de China, India y África que nunca. Son, sin duda, las regiones ascendentes del mundo en estos momentos.

De China  ya está casi todo dicho. La segunda potencia mundial, y pronto la primera. Da miedo pensarlo. Y es imparable. No son una potencia simpática; ni tan siquiera en Asia, conde todos sus vecinos (que los conocen mejor que nosotros) los ven con recelo. Uno de sus objetivos a medio plazo supongo que será precisamente mejorar su imagen mundial. Si quieren ser el número uno, han de ganarse el puesto, no sólo desde el punto de vista material sino también desde el de la imagen. El liderazgo de verdad implica un liderazgo moral. Por ahora es algo de lo que China está muy lejos.

África está dando los primeros pasos para ponerse al día, aunque aún está muy lejos. Pero estamos en el siglo XXI, el siglo de la comunicación, de Internet y de los móviles. Y África ha de aprovecharse de ello. Además, la modernización de África es algo que le interesa al mundo. A Europa, que sufre ya a la vez se aprovecha de la migración africana, y que tiene ahí un mercado virgen para sus empresas y sus productos. Y China, que está volcada en África, como fuente de materias primas, de mano de obra sustitutiva de la china cuando ésta pase a ser cara, y como potenciales consumidores de productos e infraestructuras chinas. África (como Latinoamérica) es la palanca del salto al liderazgo mundial que pretende dar China.

Por último India, la gran promesa, el país más poblado del mundo. India es un país especial, que en muchos aspectos comparable a África, pero también a China. Aunque no es ni uno ni otro; es India. Punto y aparte. Actualmente parece que creciendo por encima de China. Aunque si los datos chinos son sospechosos, los indios lo son mucho más. En cualquier caso es evidente su potencial. Y ya es una realidad en muchos aspectos. Por ejemplo, India es el mayor productor de antibióticos del mundo. Pero India es un país de contrastes. Y a la vez es el país con más atas tasas de resistencia a los antibióticos del mundo. Porque los antibióticos son relativamente baratos, y de pueden comprar sin control alguno.

India es una democracia, pero una democracia muy imperfecta. En un territorio enorme y diverso, formado por muy diversos estados, de gran autonomía, como herencia del pasado colonial que no han abandonado del todo. Y es un país de enormes desigualdades, económicas y culturales, donde persiste el sistema de castas y altos índices de analfabetismo con el mayor número de ingenieros y millonarios. ¿Hasta dónde nos llevará el crecimiento de India?

Así como China es un país capitalista con estructura política comunista, India es un país aún agrícola en alto grado, con estructura política teóricamente democrática. La eficiencia administrativa de ambos deja aún que desear, pero India está claramente a la zaga. desde un punto de vista económico, India está aún muy orientada al consumo interior, al contrario de China, una economía claramente volcada al exterior. Sin duda alguna India no es ni será una nueva China. India será India. Así como China podemos adivinar adonde va, India todavía es un misterio.

Pero la gran asignatura del mundo en los próximos años (décadas) es que el concepto de economías emergentes desaparezca del diccionario, porque todos los países del mundo hayan emergido, y al frente de todos ellos, aparte de China, India y el continente africano tienen un papel esencial que jugar.

El futuro está ahí. Los empresarios no podemos olvidarlo. Y así como India y China están lejos de Europa y de España, África ha de ser nuestro terreno de juego. No podemos dejar que los chinos nos lo arrebaten. Francia creo que lo tiene claro. Todos los países de la Unión Europea hemos de compartir ese objetivo. Nos jugamos mucho.

¿Es una manera de empezar a resolver el problema de la inmigración africana?

 

 

China está implantando factorías textiles en Etiopía

Leo en Bloomberg que China está prestando dinero al gobierno de Etiopía para que pague a constructoras chinas para que construyan (siempre en un tiempo record) factorías textiles en una serie de polígonos industriales que está promoviendo el gobierno etíope. Dichas factorías, como no, son gestionadas por empresas chinas.

La China está aprendiendo a externalizar la producción de todo aquello que ya no sale a cuenta hacerlo en China.

Son políticas inteligentes que apoyan la evolución de China hacia una potencia mundial tanto en términos económicos como políticos.

Por si aún alguien tenía duda de ellol

Invertir a largo plazo: las grandes tendencias

Tras la lectura de un interesante documento del banco Credit Suisse, me permito trasladar a mis lectores mis propias conclusiones sobre cuáles son las macrotendencias globales que se cuecen en estos momentos en el mundo, y a las cuales deberían apostar los inversores a largo plazo, sin miedo a equivocarse.

  1. Las emergencia de las clases medias en los países emergentes. Es una tendencia de sobras conocida, que nos hace pensar enseguida en países como China (la primera), pero también en India, Indonesia, Vietnam o México. Su gran impacto se notará en el consumo. Y los ganadores serán las grandes marcas locales o globales.
  2. La concentración de la población mundial en las ciudades. Conlleva unas necesidades específicas de infraestructuras, tanto en cuanto a construcción de viviendas asequibles como a infraestructuras de transporte o de generación de energía o suministro de agua, por ejemplo.
  3. Los nuevos hábitos de vida. Que se basan en nuevos valores, no sólo de los millenials sino también de otras franjas poblacionales, tanto más jóvenes como de más edad.  Sobre todo en los países desarrollados, empezando por Europa y siguiendo por Japón, Estados Unidos, Canadá o Australia, por ejemplo. Demandan energías renovables, una administración más próxima, descentralizada y eficaz (en democracias con mayor participación directa), barrios más humanos, viviendas más sostenibles, un comercio más eficiente (de acceso digital, por supuesto), un enfoque económico más social, etc.
  4. El “envejecimiento sano”. Un planeta con más personas de edad pero no necesariamente más viejas. Ello supone un auge de las tecnologías de la salud, de las ofertas de ocio para los mayores, de las finanzas adaptadas a vidas más largas, de los puestos de trabajo más flexibles, del aprovechamiento de las capacidades (de ejecución y de compra) de los “viejos”, de las residencias activas, etc. estamos hablando de un futuro muy próximo en el que se tratará el envejecimiento como una enfermedad, y llegaremos a los 100 años con facilidad, e incluso más allá. Y en el que se especula con que podamos llegar a ser inmunes a la enfermedad, es decir, casi inmortales.
  5. La robotización de un mundo hiperconectado. Eso explica el auge de la triple A (Amazon, Alphabet y Apple) y en general de las compañías que apuestan por la digitalización y la conectividad universal (en todo momento y en todo lugar, de toda persona o máquina). Estamos hablando del Internet de las Cosas (IoT) o de la llamada Industria 4.0, o de la robotización del hogar, la calle, los vehículos o las empresas. Y robotización quiere decir Big Data e Inteligencia Artificial.

Los inversores a largo plazo deben buscar sus inversiones en compañías o fondos que se orienten a estas tendencias seculares.

13 unicornios en lo que va de año

Leo que China ha generado 13 unicornios (empresas con un valor de más de 1.000 millones de dólares) en lo que va de 2017.

Es por si alguien a estas alturas aún duda de China…

El yuan, ¿protagonista en 2017?

China va a continuar siendo el foco de atención de la economía mundial y en consecuencia de los mercados bursátiles, en 2017. Y en mi opinión lo va a seguir siendo especialmente por la evolución que siga su moneda: el yuan. El gobierno chino está tratando de gestionar el yuan para que su devaluación sea controlada, de manera que permita mantener un ritmo de crecimiento del PIB que sea el resultado de un descenso en el crecimiento de la exportación y un aumento del consumo interno. Los chinos están en lo que podríamos llamar “la 2ª Larga Marcha” (la primera fue la que preconizó Mao Tse Tung hace décadas). Esta es una marcha de cariz económico, que pretende que la economía china disminuya su dependencia de la industria y la aumenten los servicios, disminuya la dependencia de la exportación y aumente el consumo interno, disminuya la dependencia de la industria manufacturera básica y aumente la de valor añadido, disminuya la clase obrera y aumente la clase media, disminuya la importancia del sector público en muchos sectores (en especial en la banca) y aumente el sector privado… y todo ello, por supuesto, sin que cambie el régimen político. Es un reto muy difícil, pero en ello están. De que lo consigan depende la estabilidad de los mercados financieros en el mundo. Y uno de los elementos de regulación clave es el cambio de su divisa respecto al dólar.

Si los inversores chinos (o no chinos) ven peligrar en exceso la cotización, sacarán dinero de China a marchas forzadas, y eso agravará el problema creando un círculo vicioso. El resultado será una importación de inflación al país y mayores dificultades para llevar a cabo la agenda que acabo de describir, porque daría un impulso a corto a la competitividad de la industria manufacturera china, aparte de ser visto como una amenaza por el resto de países, que podrían reaccionar elevando sus restricciones al comercio con china. Es decir, una pesadilla global.

Todo ello, ahora, además está especialmente sensible por la postura negativa de Estados Unidos con Trump, que no olvidemos que es el mayor cliente de China.

Así que, ojo al yuan.