COVID19

La rueda económica del futuro será más lenta

Ya hace tiempo que se reivindica que la economía mundial no puede seguir basada en el consumo desenfrenado y en el crecimiento infinito. El planeta no va a resistir.

En definitiva se trata de rebajar la velocidad de crecimiento.

Pero hasta ahora ningún país de atreve a probarlo, por no quedar rezagado en la carrera económica mundial, que es lo mismo que decir la carrera política. La riqueza se basa en el PIB. Cuanto más riqueza tienes, más poderoso eres. Las grandes potencias mundiales lo saben muy bien, y lo aplican.

Sin embargo la crisis de la COVID19 nos ha llevado a un escenario de facto en el que el crecimiento económico desaforado se ha frenado en seco. El consumo ha caído en picado, con las perversas consecuencias que todos estamos experimentando, y en especial los sectores del comercio, el ocio, la cultura, el turismo y la hostelería.

En ese sentido estamos experimentando un escenario que nunca antes nos habíamos atrevido a probar. Y espero que los economistas saquen conclusiones del impacto que está suponiendo en los hábitos de los consumidores y en la economía en general.

La cuestión básica que hay que dilucidar es si una economía slow, una economía basada en un consumo atenuado, en un consumo más local, en la racionalización de los desplazamientos, es una economía sostenible.

Yo creo que no habrá más remedio, como decía al principio, que reinventar el modelo económico y adoptar unas pautas de vida más sostenibles, en las que no tengamos 3 coches, ni dos ni uno, en la que no construyamos viviendas para estar vacías, en las que no compremos productos alimentarios fabricados a mil kilómetros, en las que no tengamos nuestros armarios llenos de ropa que no usamos, en la que consumamos solo lo necesario y lo más cercano posible. En fin, que llevemos una vida no basada en el consumismo, sino en el respeto al planeta.

La adaptación de las empresas no será fácil. Todos los sectores van a verse afectados. Por ejemplo la automoción (ya he hablado de ello en este blog), la aviación civil, el textil, el inmobiliario, etc., pero, insisto, es inevitable.

El mercado laboral, el gran fiasco de España

España necesita mejorar su productividad, y esa mejora pasa por resolver o al menos mejorar lo que peor lleva: un mercado laboral que no funciona. Nuestra tasa de paro es inaceptable y en especial en la gente más joven. Somos el ejemplo a no seguir en Europa y en general en los países desarrollados.

No funciona nada o casi nada. Me refiero a una larga lista de aspectos que influyen:

  • La educación no está orientada al empleo. Nuestro sistema no forma para emplearse. Los jóvenes se forman en lo que les apetece o en lo que les parece más fácil, no en lo que demanda el mercado. Y así ocurre que las empresas no pueden cubrir muchos puestos de trabajo, a la vez que las colas del paro son cada vez más largas. COVID aparte. Y los salarios cada vez más bajos. Es decir, que todos, empresas y parados están quejosos. Y así perdemos todos los trenes. Pero es que, además, la educación española se olvida de algo esencial: la comunicación. Los trabajadores españoles no saben comunicarse bien, en cualquiera de las formas de comunicarse: oral o escrita. Y no hablemos de idiomas, donde se han registrado avances pero no son suficientes. Y todo esto afecta a la educación primaria, secundaria, la formación profesional y la universitaria. Se comparte el diagnóstico, pero no se le pone solución. Un ejemplo: recientemente veía un reportaje de cómo se avanza en la formación profesional (un tema eterno) y a los estudiantes se les trataban de enseñar las técnicas básicas de carpintería en primer curso, para así ir avanzando curso a curso. A mi me pareció un gran error. ¿Por qué no se les pone desde el inicio ante el reto de hacer un mueble y a partir de ahí se les van enseñando las tÉcnicas necesarias?
  • La actitud empresarial, que no apuesta por los jóvenes y amaga sus deficiencias y la falta de una cultura de apoyo al talento amparándose en una legislación que permite tratar a los empleados como si fueran números, contratándolos en períodos temporales sin ningún compromiso mutuo. Y la falta de actitud emprendedora, algo que ha mejorado en los últimos tiempos pero que aún es insuficiente. Sigue pesando mucho la atracción de una vida funcionarial, al margen de los riesgos vitales de los asalariados y amparados por una nueva exigencia de productividad. Del mismo modo que el negocio inmobiliario y turístico acabó con la industria en muchas partes de España, el funcionariado es una rémora para el emprendimiento.
  • La ineficacia del aparato público teóricamente orientado a la facilitar el empleo, que ha quedado relegado a una oficina de parados. ¿Quien se coloca gracias a los servicios públicos? Nadie. Los parados están en manos de las ETT, parte de la solución y parte del problema. Al final es el boca oreja el mejor servicio de búsqueda de empleo.

El resultado de todo ese conjunto que no funciona es que nuestro país no funciona, y que nuestra productividad no despega. Que nuestros mejores profesionales se van al extranjero, donde encuentran mejores oportunidades. Y que el país pierde oportunidades de acoger inversiones empresariales interesantes, por falta de mano de obra cualificada.

En definitiva, que el país no funciona.

A todo eso se añade el envejecimiento imparable, componiendo un cóctel explosivo que nos puede llevar directos a la segunda división económica mundial, aparte de empobrecernos y hacer imposible de sostener nuestros estado del bienestar. ¿Quien va a pagar nuestras pensiones en el futuro? ¿Quien va a pagar nuestra deuda pública, ahora engrandecida por la crisis de la COVID19?

Ante la incertidumbre de las elecciones norteamericanas

Los medios de comunicación echan humo tratando de dilucidar cuál será el resultado de las elecciones del próximo martes 3 de noviembre. No solo los EEUU sino todo el mundo nos jugamos mucho, porque no deja de ser el país que hoy por hoy domina el planeta desde casi todos los puntos de vista. Incluso, teóricamente, desde el plano democrático.

Lo que están evidenciando, más que nunca, es que es un país dividido que se arriesga a entrar en un estado de virtual (esperemos que no real) guerra civil después de las elecciones, sea cual sea el resultado.

Yo me pregunto (muchos lo hacemos): ¿cómo ha llegado ese gran país a esta situación? No hablamos de una pequeña república sudamericana o africana, sin instituciones consolidadas, empobrecida, con bajos niveles de educación, sino de la mayor economía del mundo, cuna de las mayores multinacionales y de la mayoría de los premios Nobel.

Por si no teníamos suficiente con el terremoto provocado por la pandemia, ahora tenemos el terremoto de la política norteamericana, convertida en una potencial república bananera.

Espero y deseo que las aguas de la política norteamericana vuelvan a su cauce y que ese sea el preludio de una solución a la COVID19 y de un año 2021 de vuelta a la normalidad.

Y aún así, habrá que resolver los problemas de fondo si no queremos que se repitan: Los líderes políticos yanquis han de tender puentes entre estados, razas e ideologías, y reducir la brecha entre campo y ciudad y entre ricos y pobres. Solo así se evitará el peligro de un nuevo Trump. Y el mundo habrá de prepararse mejor para hacer frente a la siguiente pandemia, reforzando la sanidad y cuidando el entorno y recuperando la naturaleza.

Grandes problemas por delante que quizás son la manera en la que el destino nos obliga a enderezar nuestro rumbo como civilización.

Los ciudadanos y los mercados financieros hemos de ser conscientes de que estamos en un momento crucial, en el que hemos de reinventarnos y cambiar radicalmente hacia un mundo más justo y más sostenible.

«No hay mal que por bien no venga».

¿Bendito COVID19? (I)

Nadie duda de que la Covid19 ha sido una maldición para el mundo en este aciago 2020. Pero ya he comentado en algún post reciente que hay que buscar lo positivo entre lo negativo, y la Covid también nos traerá cosas positivas; básicamente porque va a acelerar cambios que quizás no eran posible antes y que el uso de las tecnologías de comunicación a distancia nos permite abordar ahora.

Me planteo empezar una serie de post con el mismo título sobre aquello que esté viendo o escuchando que puede ser un cambio positivo que nos traerá el coronavirus.

El primero de la serie lo he oido hoy en un webinar de la escuela de negocios ESADE y es el siguiente:

Va a permitir a las universidades y escuelas de negocios pasar a dar las clases magistrales (hasta ahora presenciales en auditorios abigarrados) a través de Internet, sin desplazarse, cada uno en casa, e incluso con posibilidad de seguirla en el momento que le sea más cómodo al alumno. Ello supondrá que el mejor profesor dará su clase (online o grabada) para todos los alumnos del mundo que estén matriculados, que la podrán seguir cuando les vaya bien. E incluso repetirla cuando quieran para fijar mejor los conceptos tratados.

¿Acabará eso con las clases presenciales? No. Las clases magistrales se complementarán con clases individuales, o más probablemente con clases de profundización o prácticas en grupos reducidos, impartidas quizás por profesores de un perfil diferente al del gran maestro, pero más participativas.

¿No es un gran avance en el modelo de formación universitaria?

UBS es optimista sobre la economía y los mercados

Acabo de asistir a una video presentación del banco suizo UBS sobre las perspectivas de la economía y los mercados que me ha sorprendido positivamente por lo optimista que ha sido.

Creen que en 2021 se recuperará la movilidad plena, que la recuperación económica ya se ha iniciado, al margen de que a corto plazo queden incógnitas políticas por resolver, como las elecciones norteamericanas o el Brexit. Aunque son optimistas también respecto a ambas, porque creen que le irá bien a la economía gane quien gane, y que el Brexit se resolverá en noviembre. Ambas cosas serán un impulso para las bolsas, según ellos.

En 2022 ven sin duda que el PIB mundial se habrá recuperado, con Asia por delante, eso sí.

Y son muy optimistas respecto al futuro de las bolsas, que no consideran caras, porque creen que los bajos tipos de interés y las expectativas de crecimiento de los beneficios empresariales dan margen a la mejora de los actuales valores.

Toda una música celestial para los inversores. Dios los oiga.

¿Conseguirá la COVID19 que por fin se racionalice el alquiler turístico?

El alquiler turístico, en mi opinión, ha hecho más mal que bien a las grandes ciudades. Ha contribuido al turismo de juerga y borrachera, para mal de los vecinos, y ha encarecido el precio de las viviendas y los alquileres residenciales. Incluso ha contribuido a gentrificar los centros históricos.

Ahora con la crisis del turismo que arrastra el coronavirus, el alquiler turístico está en crisis. Los ratios de ocupación son mínimos, y la rentabilidad que proporcionan a sus propietarios es inferior a la del alquiler residencial, por lo que muchos de ellos están pasando al alquiler residencial.

Leo en la revista OCU Inversiones (nº 82 de septiembre 2020) que en Barcelona se puede obtener una rentabilidad media del +3,9% con alquiler residencial y solo del 2,1% del turístico (con una ocupación del 25%). Y lo mismo ocurre en Madrid (2,5% y 1,6%, respectivamente).

¿Supondrá eso un paso positivo hacia la normalización futura del turismo urbano y contribuirá a la racionalización de los precios de las viviendas?

Ojalá. Quizás sea uno de los efectos positivos de este maldito virus.

EL «pequeño» problema de la Covid y el GRAN problema del Cambio Climático

La Covid-19 no acabará con el mundo, pero el Cambio Climático sí que puede hacerlo. Es así de terrible. Y pasará irremisiblemente si no hacemos nada y seguimos viviendo y contaminando (aire, agua, tierra…) como ahora mismo lo estamos haciendo.

Un cambio radical de hábitos de vida es (nunca mejor dicho) vital.

La economía debe contribuir a que ese cambio sea posible. Y las empresas y los inversores pueden ayudar y a la vez incluso beneficiarse de ello, invirtiendo sus recursos a favor de ese cambio necesario.

Las consecuencias que todo ello va a tener en la mayoría de sectores (venimos diciéndolo hace mucho tiempo) son enormes. Y ya no hay excusas. La Covid-19 nos ha hecho pensar que efectivamente no somos todopoderosos, y que la naturaleza puede hartarse de nosotros. Y aunque aún existan insensatos que lo nieguen, estamos matando a la Tierra y en consecuencia nos estamos matando a nosotros mismos. Y sin los seres humanos no hay economía y no hay nada.

Todo y todos ha de orientarse a partir de ahora al respeto de la Tierra. Tomemos nota.

Los agricultores pasan la crisis de la Covid19 cada dos por tres, y ya no se quejan

Hoy estaba hablando de la crisis que supone el coronavirus con un agricultor. Hablábamos de la crisis del sector hotelero, de cómo van a tener un año de vacas flacas. Cuál ha sido mi sorpresa cuando me ha hecho ver que la agricultura pasa años de vacas flacas cada dos por tres. Años en los que el negocio cae en picado y no da nada o prácticamente nada. Al contrario, hay que hacer frente a gastos ineludibles con las consiguientes pérdidas.

– Es algo habitual a lo que los agricultores estamos acostumbrados. El problema es que los hoteleros están acostumbrados a ganar siempre, y les viene de nuevo. Por eso no me dan ninguna pena -me decía.

Y sabe de qué habla. La próxima cosecha de almendras será catastrófica, debido a las bajas temperaturas que mataron el fruto. Y la de oliva será reducida y se venderá a precios de derribo. En definitiva, un año tan malo o peor que el de los hoteleros con la Covid. Y ya no se quejan, porque han agotado sus quejas. Y eso que tienen más razón, probablemente, que los hoteleros.

No digo que el sector hotelero no necesite ayuda, pero sin duda han ganado mucho más que los agricultores y tienen más recursos (acumulados de muchos años de beneficios). No tendría sentido que recibieran más quienes tienen más, si es que han de recibir algo.

¿Dónde está el dinero que han ganado los empresarios hoteleros durante tantos años de records turísticos? Los buenos empresarios (como hacen los buenos agricultores, en su modesta medida) han debido ahorrar un capital para hacer frente a tiempos difíciles, como estos.

¡Ah! Y si esta pandemia ha demostrado algo es que de la alimentación no podemos prescindir. Si los sanitarios, los policías y los militares son trabajadores esenciales, los agricultores y ganaderos, ¿qué son?

Detrás de la COVID viene la Deuda

El impacto de la COVID19 en las cuentas públicas va a ser enorme, generando déficits desconocidos hasta ahora, y por tanto aumentando enormemente la Deuda Pública. Y detrás de la Deuda vendrá, más pronto o más tarde, la inflación.

Inflación a causa de la cantidad de dinero que están creando los Bancos Centrales y porque los gobiernos estarán muy incentivados a diluir el impacto de la Deuda y hacerla más digerible con un aumento de la inflación.

Puede tardar algo, pero llegará.

¡Y después de que llegue la inflación habrá una tendencia a que suban los tipos de interés! Que dependerá de que se haya recuperando la senda del crecimiento económico.

Es decir: déficit-deuda-crecimiento-inflación-subida de tipos. Puede que tardemos 5 años en verlo, pero creo que eso es lo que pasará.

Por si acaso, financiarse a tipos fijos (ahora muy bajos) a largo plazo, parece una política sensata en estos tiempos. Y en un año buscar activos que estén de algún modo indexados a la inflación, también parecerá aconsejable.

Las consecuencias de todo eso en las diferentes variables económicas y sectores habrá que preverlas.

Vienen tiempos difíciles para la inversión inmobiliaria

Los inmuebles están bajando de precio y bajarán más. En especial las viviendas en las grandes ciudades, cuyos precios estaban desorbitados y la Covid 19 ha venido a cambiar el ciclo.

Los promotores habrán de afinar el lápiz más que nunca, porque solo se venderá lo que ofrezca una rentabilidad a posibles inversores para alquiler que no baje del 6%, con los lógicos márgenes arriba y abajo según las características y ubicación de la vivienda. Es decir, el precio de venta resultará de dividir el alquiler anual (neto de gastos) por ese 6%. Sin duda eso implicará una bajada general de precios, como digo.

¿Habrá promotores que estarán en apuros? Si. Seguramente ya los hay, lo que supondrá un aumento de la oferta de inmuebles a precios a la baja. Aunque la situación, por suerte, dista de ser tan trágica como en la crisis de 2008.