COVID19

Renault, una inversión de libro

Renault ha registrado sus mayores pérdidas históricas. Se presentan como una combinación del impacto del coronavirus, de los malos resultados de su participada Nissan y, en general, del proceso salvaje de reconversión a la movilidad sostenible que está experimentando el sector. Todo eso es cierto, pero me da la impresión de que su nuevo presidente, el italiano y expresidente de Seat Luca di Meo, habrá tenido algo que ver en que se hayan cargado las tintas. Es algo muy típico que sucede cuando llega a la cúspide de una empresa un nuevo y ambicioso directivo. Se encuentra ante una situación complicada, en un momento en que los accionistas ya están mentalizados de que las cosas van mal, y el/ella aprovecha para limpiar la contabilidad a fondo.

Yo creo en Di Meo, que ha demostrado en Seat que sabe hacer bien las cosas. Estoy seguro de que desde aquí, en el fondo de la crisis, el nuevo presidente va a dar a los accionistas de Renault muy buenas alegrías en los próximos años.

Acuerdo con condiciones

Tenemos acuerdo en la Unión Europea. Un paso de gigante para tratar de salir adelante en esta crisis.

Para España, 140.000 millones de euros, con condiciones y controles, que hemos de reconocer que nos irán muy bien, porque somos demasiado dados a despilfarrar el dinero cuando nos llega en masa.

No se quiere volver a hablar de los «hombres de negro», pero se parecerán mucho.

Las consecuencias de todo esto, así como el futuro de esta maldita pandemia, siguen siendo una incógnita.

Empresas ambidiestras

¿Eres un empresario ambidiestro?

Parece que es lo que toca ahora. Me entero del nuevo término en conversaciones y artículos que me llegan del País Vasco, aunque probablemente sea un término generalizado que hasta ahora yo no conocía.

Lo traigo aquí para que lo conozcan mis lectores.

¿Qué es una empresa ambidiestra o un empresario ambidiestro? Pues aquel que sabe gestionar a la vez pensando en la crisis presente, recortando gastos y reduciendo costes y aplazando proyectos, para poder resistir, y también es capaz de pensar en el futuro, en la innovación y el crecimiento, sin renunciar a ellos, y tomando todas las medidas de las que sea capaz ahora para que ese futuro no se esfume.

Me parece una idea magnífica y totalmente actual. Incluso creo que se lo puede dar una vuelta más y tratar de unir las medidas de cambio y adelgazamiento actualmente obligadas con la asunción de nuevos modelos de actuación y de negocio que permitan avanzar hacia el futuro, abordando cambios, nuevas maneras de hacer, que quizás no eran posible antes de esta crisis.

La crisis es mala. No podemos negarlo. Pero a lo mejor tiene su lado bueno si nos permite quitarnos las ataduras, los pesos que llevábamos encima, que no nos permitían abordar un cambio drástico, que probablemente ya estaba en nuestra mente, pero nos veíamos incapaces de abordar.

Estoy hablando de cambiar de personas, de productos, de clientes, de ubicaciones, de almacenes, de oficinas, de forma de vender, de manera de fabricar, de manera de facturar, de sistemas informáticos, de imagen de marca, de mercado…. ¡Son tantas cosas las que antes habíamos dicho que haríamos de otra manera si pudiéramos…! A lo mejor ahora, por culpa de la crisis, o gracias a la crisis, podemos. ¡Puedes! Anímate, busca los recursos. A lo mejor es la única forma de salir adelante.

Asume el riesgo. ¿Qué tienes que perder?

Conviene recordar cómo se crea o destruye valor

Estos días me han recordado que se crea valor cuando el ROCE (el retorno sobre el capital empleado) es superior al WACC (para simplificar el coste del capital empleado). Aunque creo que es obvio, no está de más recordarlo. Y en especial en estos tiempos de crisis e incertidumbre.

El ROCE es el resultado de dividir el EBIT (el beneficio antes de intereses e impuestos) por la totalidad de capital que estamos empleando (la suma de los fondos propios más la deuda financiera). Y el WACC es el resultado de dividir el coste anual real y contabilizado de la deuda más el coste estimado de los fondos propios (lo que los inversores quieren obtener por el dinero que han invertido en la empresa) por la totalidad del capital empleado (fondos propios más deuda financiera).

Teniendo eso en cuenta, ¿cómo se crea valor? Pues básicamente por tres vías; por orden de importancia:

  1. Aumentando el EBIT
  2. Reduciendo el capital empleado (sean fondos propios o deuda)
  3. Reduciendo el coste de la deuda

Y ¿cómo se puede destruir valor en la crisis de la COVID? Pues impactando en los mismos tres factores:

  1. Reduciendo el EBIT
  2. Aumentando el capital empleado
  3. Aumentando el coste de le deuda

Son cosas obvias, pero me ha parecido que convenía recordarlas.

¿Acabaremos saliendo en V?

Hace días, al inicio de la crisis de la COVID, vaticiné que la salida la veríamos más clara el 30 de junio, y parece que quizás va a ser verdad. Ahora empiezo a percibir, al menos en Europa, una sensación de que vamos a volver a la antigua normalidad más pronto que tarde. Los indicadores se recuperan con bastante rapidez, insinuando que una recuperación en V es posible.

Veremos.

Empieza de verdad el siglo XXI

La crisis que está viviendo el mundo no solo está demostrando que no somos nada ante los fenómenos naturales (como una pandemia), que no podemos prever y apenas gestionar. Está poniendo en su lugar la importancia de la vida social, del comercio de proximidad, de los hábitos sanos, de la menor contaminación, de la alimentación, de las infraestructuras sanitarias y de comunicaciones, de las estructuras de gobierno en general, de las redes sociales de ayuda a los menos favorecidos…

Además está acelerando la conversión a la nueva economía que ya llevamos años predicando. Para muchos sectores va a haber un pre y un post COVID.

Por ejemplo para el comercio, que por fin se va a convencer de que debe ser online, aunque sin abandonar el Offline. Para la banca, que ya tiene claro que no va a sobrevivir si no cambia radicalmente. O la automoción, que se enfrenta a un futuro radicalmente distinto. Y hay muchos casos más.

Todas son industrias que ya sabían que estaban en un proceso de cambio, pero lo iban haciendo a su ritmo. Ahora habrán de acelerar, y afrontar cambios radicales.

En el caso de los bancos, deben ser conscientes de que deben convertirse en empresas fintech, como sus nuevos competidores; porque TODO ES TECH.

Las empresas del automóvil también deben asumir las nuevas tecnologías, pero en su caso, además, deben asumir que deben abandonar su modelo en negocio (hacer autos con motores movidos por combustibles fósiles, para venderlos) y pasar a uno nuevo (hacer vehículos con motores movidos por energías sostenibles, para alquilarlos, en una fórmula u otra). De hecho, el sector de la “automoción” ya hace tiempo que se auto-califica como de la “movilidad”.

Hay futuro en esas nuevas “Ítacas”, pero hay que llegar a ellas. Y por el camino habrá muchos damnificados.

En Barcelona estamos viendo estos días las protestas de los empleados de una planta de Nissan, pero no serán los únicos. En los próximos 5 años TODOS los empleados de la cadena de valor del automóvil, tal como ahora está planteada, se verán afectados.

Solo podemos hacer una cosa: asumirlo, tratar de parar el golpe y prepararnos para subirnos a un nuevo futuro. Donde no habrá bancos sino entidades fintech, ni compañías automovilísticas sino empresas de movilidad.

Una gran amenaza, pero también una gran oportunidad.

¿De Trump a Biden? Ni uno ni otro, necesitamos líderes del siglo XXI

¿Realmente los Estados Unidos (el líder global, al menos por ahora) no tienen un líder mejor que la alternativa Trump o Biden? Ninguno me ofrece confianza (Trump el que menos). Y ambos están camino de los 80 años. ¿Es esa la edad razonable de un líder mundial en el siglo XXI?

Espero y confío en que las nuevas generaciones se den cuenta de que hay que renovar el liderazgo mundial. El COVID lo ha hecho palpable y ha demostrado su urgencia.

Ojalá no sea para seguir ahondando en la brecha de populismos de izquierda y de derecha, sino que los nuevos líderes mundiales se den cuenta de que estamos todos interconectados y nos necesitamos unos a otros. Y que necesitamos a nuestro planeta si queremos respirar y alimentarnos. Y si no queremos acabar con todo.

Solo el optimismo y las ganas de tirar adelante nos sacarán de esta

Me siento con la necesidad de decir que si nos sumimos en el pesimismo tardaremos mucho en recuperarnos del shock del COVID19. Hay que ser realistas pero mantener una postura positiva. ¡Si se puede!

Un dato sorprendente para muchos: el peso del turismo en la economía española es importante, pero de los países del sur de Europa somos en el que menos peso tiene el turismo, a pesar de ser una potencia turística indudable. El turismo pesa más en Grecia, Italia o Portugal.

Esta crisis nos ha de ayudar a salir adelante con una industria turística más fuerte y más importante.

¡Podemos!

¿Los pisos en Madrid valen la mitad de lo que cuestan ahora?

Me he quedado sorprendido al leer que la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) considera que  las viviendas valen la mitad de lo que ahora se pide por ellas en Madrid. Y probablemente algo similar pasa en Barcelona.

Si los compradores llegaran a concluir que eso es cierto, el parón del mercado inmobiliario en esas grandes ciudades sería histórico.

El COVID19 nos demuestra por qué es importante ahorrar

Leía hoy en La Vanguardia un artículo de Cristina Sen titulado “El 36% de los españoles gastó todos sus ahorros en 1 mes de encierro (por el COVID-19)”

Debo reconocer que me ha dejado aturdido. ¿Cómo puede ser que más de un tercio de mis compatriotas tengan tan pocos ahorros como para no poder resistir sin ingresos solo 1 mes?

La mayor o menor propensión y capacidad de ahorro de los países explica en gran parte su vulnerabilidad en caso de que se produzca un acontecimiento de impacto, sea este una pandemia o la discontinuidad inesperada de sus ingresos por cualquier otra causa. Por ejemplo un despido o la quiebra de su empresa.

Está claro que, en media, los españoles ahorramos poco. Como decía, es parte es porque no podemos, en parte es porque no queremos, porque priorizamos el gasto (un viaje, un televisor nuevo, un auto mejor, etc.)

Mientras los españoles ahorramos, en media, un 9% de nuestra renta anual (equivalente a 1 mes de sueldo), los alemanes ahorran el 18%, y la media de la Eurozona el 13%

El ahorro bruto acumulado por los alemanes es el 29% de su PIB; el nuestro es el 22%

Hay que ahorrar para estar preparados para sustos como el que estamos pasando. Será una de las lecciones de vida que dejará el coronavirus. Por desgracia lo hará junto a las situaciones dramáticas en las que se van a encontrar quienes no han sabido, querido o podido ahorrar lo suficiente para hacerle frente.