Cuenta de resultados

¿Merece la pena abrir los hoteles, restaurantes o bares?

Estaba esta semana alojado en un hotel del Pirineo que estaba prácticamente vacío, porque había abierto expresamente para acogernos a un grupo de amigos y reflexionaba sobre si tenía sentido o no que hubieran abierto solo para nosotros. Sin duda lo tenía para ellos, pero otros hoteles con los que habíamos contactado habían descartado abrir, bajo el argumento de que “no les salía a cuenta”.

Se trataba de un hotel familiar, atendido por la propia familia propietaria, marido y mujer en la atención general y un hijo en la cocina.

En definitiva, quizás sin saberlo, habían llegado a la conclusión de que abrir para nosotros les proporcionaba un beneficio marginal, un margen de beneficio con el que ir esperando a que volvieran los tiempos normales.

Sin duda alguna los ingresos que les proporcionábamos superaban sus costes marginales, sus costes variables como consecuencia de abrir para nosotros. Y el resto de costes del negocio no iban a variar abrieran o no.

En este nefasto año de la COVID-19 son numerosos los negocios de hostelería que deciden no abrir porque argumentan que “no cubren costes” por debajo de una determinada ocupación de sus establecimientos.

Sin duda es una decisión acertada para cerrar un negocio si se espera que se mantenga así por siempre y no se confía en  mejorarla nunca. Pero creo que no es una decisión acertada en las presentes circunstancias. La familia de nuestro ejemplo debería cerrar para siempre el negocio si habitualmente se limitara a ocuparlo con un grupo de amigos, pero no tiene sentido que no abra si el negocio está solo en hivernación, a la espera de que recupere sus parámetros normales, y puede obtener un beneficio marginal ingresando por algún servicio que supere sus costes variables, aunque no cubra sus costes fijos.

Hay que hacer un análisis marginal es esta situación que vivimos, y no fijarse en los costes fijos, ni en las amortizaciones, ni en los costes financieros, que van a seguir estando ahí estemos abiertos o cerrados; hay que hacer un análisis marginal: ¿voy a ingresar más que los costes variables que me provocará abrir? Si la respuesta es SI, hay que abrir. Y normalmente la respuesta es SI.

En términos contables probablemente seguirá registrando pérdidas, pero serán algo menores. Y es mejor eso que nada. Ojo, repito, siempre que se trate de una situación que preveo transitoria, y que pueda soportarla financieramente.

En estas situaciones es cuando se ve la importancia de reducir al máximo los costes fijos, o de no excederse en el apalancamiento (el uso de capitales ajenos). Quienes no hayan respetado unos límites, cerrarán, quienes los hayan respetado, sobrevivirán.

En el caso del hotel que me acogía no me cabía ninguna duda de que debían abrir y de que sobrevivirían.

Sus costes marginales por abrir para nosotros eran claramente inferiores a los que les pagábamos:

  • Consumo marginal de energía, agua, limpieza, aseo.
  • Consumo de alimentos y bebidas en la cena y el desayuno.

Sin duda se sacaban un buen margen.

Si parte del trabajo que ellos hacían les supusiera un coste marginal por tenerlo que contratar a coste variable a terceros, su beneficio marginal se vería mermado. Pero si tuvieran empleados fijos, su coste no debería tenerse en cuenta como un coste marginal, porque sería un coste fijo.

En resumen, claramente ganaban dinero con nosotros. Otros no lo vieron así, y salieron perdiendo.

En definitiva, hay que tomar decisiones de negocio en función de las circunstancias. Hay que hacer un correcto análisis marginal de la cuenta de resultados de cada oportunidad que se nos presenta, porque ello nos ayudará a tomar las decisiones correctas.

Escribo esto al hilo del libro VENDER CON MARGEN, recientemente editado por Libros de Cabecera y escrito por Francisco M. López, un consultor experimentado que comparte nombre y apellido conmigo y que conoce muy bien el tema y lo ha plasmado en una obra cuya lectura recomiendo a mis lectores.

(Aviso que seguiré tocando este tema del margen, como ya hacía en mi libro LA CUENTA DE RESULTADOS, publicado también por Libros de Cabecera, porque creo que es un tema de enorme importancia en cualquier empresa, al que no se le ha dado la importancia que merece)

 

La locura de Tesla

Yo soy de los que no creía que Tesla llegara donde ha llegado. He de reconocerlo. Sin embargo el valor que ha alcanzado en bolsa la compañía ha superado todo nivel mínimamente razonable. Actualmente ya supera los 500.000 millones de dólares, que es una cifra superior al valor combinado de Toyota, Nissan, General Motors, Honda y Ford.

Teniendo en cuenta que Tesla ya no está sola en el mercado de los vehículos eléctricos y que todos los grandes productores están ya poniendo en el mercado modelos que compiten perfectamente con los de la firma norteamericana, me parece que la cotización de Tesla no tiene ningún sentido.

Llegaría a entender que se pusiera al nivel o incluso algo por encima de Toyota (200.000 millones), si asumimos que Tesla va algo por delante tanto en la ingeniería como en la imagen de marca que los demás, pero ¿más del doble?

¿Será el efecto Elon Musk, el emprendedor que convierte en oro todo lo que toca?

Otra reflexión sobre la disyuntiva entre inversión growth vs. value en bolsa

Yo creo que la inversión growth se ha impuesto a la value en los últimos tiempos porque se ha priorizado lo que ahora se da en llamar inversión temática o megatendencial. Las empresas que no encajan en esos parámetros parece que no valgan nada.

Pero la cuestión es si el mundo se divide entre empresas que están en la onda y que no lo están o se divide entre empresas bien gestionadas o mal gestionadas. Yo creo que es esto último. Y que no son temas excluyentes. Me explico.

No hay duda de que los directivos han de seguir las tendencias globales y tratar de adaptar sus negocios a las mismas, pero ¿es algo exclusivo de aquellos negocios nuevos (o relativamente nuevos) que encajan de forma digamos «nativa» en esos parámetros? Insisto, yo creo que no.

Es decir, la tecnología no es solo propiedad de los Facebook o Google o Amazon o Tesla, por citar algunos de los más destacados. ¿Es que las empresas establecidas («antiguas», en negocios de siempre); es decir, las empresas de alimentación, energía, petroleo incluso, telecomunicaciones, fabricación, movilidad global o retail, por ejemplo, ya no valen nada? ¿No son capaces de abordar cambios basados en el uso de las tecnologías o de adaptarse a las megatendencias? Yo creo que sí.

Un caso paradigmático es Tesla, que está viendo como las marcas de siempre (Audi, Mercedes, BMW, etc.) ya están poniendo en el mercado sus propios «teslas». O Walmart o Inditex, o el propio Corte Inglés, que están vendiendo online, compitiendo de tú a tú con Amazon. Los dinosaurios se están despertando, y lo están haciendo con toda la fuerza de su cultura (renovada), de sus redes comerciales y de sus marcas.

Yo no creo que las empresas de moda tengan asegurado el éxito a largo plazo por estar «en la onda», sino por estar bien gestionadas. Por ser innovadoras y liderar sus ámbitos de negocio. Apple es un ejemplo de ello. Esta semana nos ha demostrado una vez más que es quien marca la pauta, lanzando el iPhone 12 sin cargador ni auriculares.

Las empresas que tienen asegurado el éxito a largo plazo son aquellas que están bien gestionadas y que no se duermen en los laureles. Que mantienen el espíritu de startups y no se conforman con lo que tienen, sino que siempre aspiran a hacerlo mejor. A sorprender a sus clientes dándoles lo que necesitan incluso antes de que se hayan dado cuenta de que lo necesitan. De nuevo el ejemplo de Apple viene al caso. Son empresas que se adaptan a la realidad cambiante.

En los momentos en que surgen esas megatendencias los pioneros se benefician, y las empresas establecidas quedan retrasadas; es normal. Pero es una cuestión de ciclos. Hay quien habla de ciclos de 60 años (hay estudios sobre ello). Y que cada ciclo se divide en tres partes de 20 años cada una. Y ya hay quien dice que el ciclo actual está entrando en la fase 2, de estabilización, que permite que los rezagados pillen a los pioneros. ¿Estamos en esa fase? Yo creo que un poco sí.

En fin, parece obvio que hoy en día ninguna empresa, de ningún sector, puede permitirse prescindir de adaptarse a las megatendencias y convertirlas de amenazas en oportunidades; eso hacen los buenos empresarios.

Estoy hablando (ya lo podeis imaginar) de:

  • las tecnologías transformadoras (Internet, 5G, 3D…)
  • los cambios sociodemográficos (nuevas generaciones, envejecimiento, etc.)
  • la necesidad de preservar el planeta (infraestructuras, tendencias del consumo, energías limpias, movilidad…)

En poco tiempo (ya) los elementos que arrastran esas megatendencias dejarán (ya han dejado) de ser diferenciadores para las empresas y para los inversores. Y nadie podrá dejarlos de lado. Todo ha de hacerse ya contando con las nuevas tecnologías, los cambios socioeconómicos y la sostenibilidad del planeta. Nadie lo discute, creo.

El campo de batalla para ganar dinero volverá a ser, como siempre ha sido, satisfacer al cliente más y mejor que la competencia.

 

 

China consolida su liderazgo

Es así como titula el suplemento Dinero del diario La Vanguardia de este fin de semana.

El motor económico chino ya está funcionando mucho mejor que el de los restantes países del mundo. Su PIB va a crecer en 2020; no tanto aún como venía haciéndolo, pero es algo que no podemos decir en España ni en la mayoría de países del mundo.

Es decir, la pandemia que nos llegó de China, como ya vengo diciendo hace tiempo, va a servir para que la propia China consolide su posición de potencia mundial, y la acerque más al liderazgo norteamericano, al que ya amenaza.

Renault, una inversión de libro

Renault ha registrado sus mayores pérdidas históricas. Se presentan como una combinación del impacto del coronavirus, de los malos resultados de su participada Nissan y, en general, del proceso salvaje de reconversión a la movilidad sostenible que está experimentando el sector. Todo eso es cierto, pero me da la impresión de que su nuevo presidente, el italiano y expresidente de Seat Luca di Meo, habrá tenido algo que ver en que se hayan cargado las tintas. Es algo muy típico que sucede cuando llega a la cúspide de una empresa un nuevo y ambicioso directivo. Se encuentra ante una situación complicada, en un momento en que los accionistas ya están mentalizados de que las cosas van mal, y el/ella aprovecha para limpiar la contabilidad a fondo.

Yo creo en Di Meo, que ha demostrado en Seat que sabe hacer bien las cosas. Estoy seguro de que desde aquí, en el fondo de la crisis, el nuevo presidente va a dar a los accionistas de Renault muy buenas alegrías en los próximos años.

Conviene recordar cómo se crea o destruye valor

Estos días me han recordado que se crea valor cuando el ROCE (el retorno sobre el capital empleado) es superior al WACC (para simplificar el coste del capital empleado). Aunque creo que es obvio, no está de más recordarlo. Y en especial en estos tiempos de crisis e incertidumbre.

El ROCE es el resultado de dividir el EBIT (el beneficio antes de intereses e impuestos) por la totalidad de capital que estamos empleando (la suma de los fondos propios más la deuda financiera). Y el WACC es el resultado de dividir el coste anual real y contabilizado de la deuda más el coste estimado de los fondos propios (lo que los inversores quieren obtener por el dinero que han invertido en la empresa) por la totalidad del capital empleado (fondos propios más deuda financiera).

Teniendo eso en cuenta, ¿cómo se crea valor? Pues básicamente por tres vías; por orden de importancia:

  1. Aumentando el EBIT
  2. Reduciendo el capital empleado (sean fondos propios o deuda)
  3. Reduciendo el coste de la deuda

Y ¿cómo se puede destruir valor en la crisis de la COVID? Pues impactando en los mismos tres factores:

  1. Reduciendo el EBIT
  2. Aumentando el capital empleado
  3. Aumentando el coste de le deuda

Son cosas obvias, pero me ha parecido que convenía recordarlas.

Aprendiendo de los errores del Circo del Sol

El Cirque du Soleil (CdS) está en dificultades financieras a causa del parón por el COVID19, según leo en El País (https://elpais.com/cultura/2020-05-30/circo-del-sol-del-esplendor-a-la-ruina-en-tan-solo-tres-meses.html)

Me hace pensar en tres enseñanzas que ningún directivo puede olvidar:

1. Que las empresas hay que gestionarlas observando el balance, no solo la cuenta de resultados. Obviamente en el CdS obviamente no lo han hecho.

2. Que el apalancamiento (el recurso a la deuda financiera en lugar de al capital propio) tiene un límite. Los accionistas, fondos que compraron la empresa endeudándola, han mantenido esa carga, tratando de llevar la rentabilidad de su inversión al extremo. Es un juego peligroso.

3. Que las empresas, como decía en un artículo reciente, han de REINVENTARSE permanentemente. El CdS no es una excepción, y en los últimos 20 años le han ido saliendo imitadores, que lo han obligado a hacer un esfuerzo y han erosionado sus beneficios.

¿Cómo es posible que una empresa como Scytl entre en concurso?

Para quien no la conozcan, Scytl es una empresa pionera y líder mundial en sistemas de voto electrónico. Y la noticia de hoy es que se ha declarado en concurso de acreedores y va a ser liquidada. Un fondo especializado en este tipo de rescates ha hecho una oferta para quedarse la actividad, los activos y el personal, a un precio de derribo. El juez mercantil que dirime el concurso habrá de decidir si se los adjudica, en aras de mantener el empleo.

La empresa dejará un gran agujero a quienes la financiaron: bancos, entidades públicas y, por supuesto, accionistas.

Pero yo me pregunto: ¿cómo es posible que haya pasado? A nadie se le escapa que el voto electrónico va a ir en aumento en los próximos años, convirtiéndose en un mercado suculento. ¿Por qué ha pasado esto?

La única respuesta que se me ocurre es que ha habido un problema de gestión. ¿Será que aunque tenemos buena ciencia, capacidad de desarrollar soluciones tecnológicamente brillantes, no somos capaces de gestionar las empresas que las tratan de llevar al mercado? Me temo que es así: buenos técnicos y científicos, pero gestores mediocres.

Scytl era una candidata a unicornio de las más claras entre las Startup españolas. Y ahora caerá en manos de un fondo que estoy seguro que hará un buen negocio con ella. Demostrando que tiene buena tecnología y que es un negocio rentable. Y vendiéndola a un tercero, limpia de deudas y de gazapos de gestión.

Sin duda es un caso para el estudio, del que deberíamos sacar enseñanzas. Espero que alguna escuela de negocios lo haga.

Si alguien conoce bien el caso y quiere plasmarlo en un libro, ofrezco mi editorial para publicarlo.

No es imposible compaginar la sostenibilidad con el beneficio

Se puede compaginar, y hay ejemplos de ello.

En ese sentido recomiendo el libro La estrategia del océano esquilmado, de Nadya Zhexembayeva, que podeis encontrar en Libros de Cabecera.

El libro explica cómo debes orientar tu estrategia para encajar tus productos y toda tu empresa en la economía circular, y presenta multitud de ejemplos de empresas que lo han hecho y son exitosas. Y no solo eso, defiende la autora que solo las empresas que se orienten de ese modo sobrevivirán, porque los consumidores y los gobiernos descartarán a cualquier empresa que no lo haga.

Os animo a que lo leais. Está traducido por mí.

¡Feliz Sant Jordi!

¿Hasta cuándo tiene liquidez tu empresa?

La liquidez, en forma de tesorería o activos financieros de disponibilidad inmediata (llamémoslo CASH), o en forma de crédito inmediato disponible (llamémoslo CID), toma la máxima importancia estos días que la crisis del COVID19 ha dejado a muchas empresas sin ningún tipo de ingresos.

¿Qué pasa cuando durante dos o tres meses te quedas sin ingresos? Pues que has de hacer frente a tus costes fijos (CF). Si tenías dudas de cuáles eran tus costes fijos, en estos momentos va a quedar despejada esa duda.

¿Qué empresas pueden hacer frente con tranquilidad a esa situación? Pues las que dispongan de recursos financieros suficientes para pagar esos gastos fijos.

En ese contexto vale la pena redescubrir unos ratios que quizás habíamos olvidado.

El primero de ellos es el que muestra cuántos meses de costes fijos podemos pagar con nuestro CASH, y la fórmula es: CASH/(CF anuales/12). En un ejemplo: si una empresa tiene unos costes fijos anuales de 120.000€ y un CASH de 20.000€, este ratio es 2=20000/(120000/12). Es decir, tiene CASH para 2 meses.

El segundo es el que incluye el crédito ya concedido y no utilizado del que la empresa podría disponer inmediatamente (CID). La fórmula es: (CASH+CID)/(CF anuales/12). En el mismo ejemplo anterior, si la empresa tiene un CID de 30.000€, el ratio es 5=(20000+30000)/(120000/12). Es decir, tiene tesorería y crédito para pasar 5 meses.

Las empresas habrán de hacer sus números para saber cuánto pueden sobrevivir. Y tener en cuenta estos ratios en el futuro.