El punto de equilibrio es el nivel de negocio que alcanza una empresa cuando su resultado de explotación pasa de pérdidas a beneficios.
Cuando se arranca una nueva empresa, la cifra de pérdidas es proporcional al tiempo que tarda en llegar al punto de equilibrio. Y las pérdidas que el negocio acumule hasta llegar a los beneficios es un componente muy importante del capital necesario para que el negocio pueda tirar adelante.
El beneficio depende del coste de estructura y del margen bruto.
¿Cómo incidir en esos dos factores para acortar el plazo hasta alcanzar el punto de equilibrio?
Ante todo un mínimo coste fijo o de estructura.
Por otro lado, conseguir un máximo margen bruto, y hacerlo cuanto antes.
Para que el margen bruto sea el máximo hay que conseguir dos cosas:
- Vender. Vender lo máximo posible, y lo antes posible.
- Obtener el máximo margen bruto de las ventas.
Es de sentido común, pero conviene verlo en blanco y negro. Hay emprendedores que parecen no acabar de entenderlo.
Si las ventas no crecen lo previsto, o el margen es inferior al previsto, las pérdidas se eternizan, y a la nueva empresa se le acaba el capital. Así de fácil.
¿Cuál es el elemento primordial? La mayoría opina que las ventas. Yo no lo creo. Las ventas son importantes, pero más lo es el % de margen bruto que esas ventas generan.
Conseguir que las ventas que se realizan respeten el margen bruto previsto en el plan de negocio es, en mi opinión, el elemento esencial de todo start-up. A veces eso supone vender menos. Pero es mejor vender menos pero vender bien. El equipo directivo se ha de centrar en eso: vender lo máximo posible, pero hacerlo consiguiendo el % de margen bruto planeado.
Si se actúa así se aísla el problema en lo más importante: vender, vender, vender.
Plantear uno o más años vendiendo con márgenes por debajo del pretendido es pernicioso, porque crea un espejismo de crecimiento. Un crecimiento que no es sano. Los clientes pueden acostumbrarse a precios “ganga” que luego no acepten que se les aumenten, por ejemplo.
Luego lo primero es concretar a qué % de margen bruto se aspira en ese negocio que se inicia, luego viene hacer un plan de ventas, y por fin fijar la estructura que se cree que hará posible esas ventas y ese margen. Con todo ello tendremos el punto de equilibrio, y sabremos cuánto vanos a perder, y por tanto qué capital mínimo hemos de poner en la empresa.
Con un ejemplo: si creemos poder obtener un margen del 40% y nuestra estructura nos costará 50.000 euros al año, nuestro punto de equilibrio se sitúa en unas ventas de 125.000 euros anuales. Si esperamos vender 25.000 euros el primer año, 50.000 el segundo, 100.000 el tercero, y sólo el cuarto llegar a los 125.000, perderemos dinero en los tres primeros años, hasta acumular unas pérdidas de 80.000 euros. Si no ponemos un capital de 80.000 euros como mínimo, lo más probable es que nuestra empresa cierre antes de llegar a ganar dinero. Si no se consigue ese capital, o no se consigue recortar el plazo hasta alcanzar el punto de equilibrio, mejor no empezar el negocio.