Economía global

Amazon ya es también un banco. ¡Tiembla sector bancario!

Amazon no deja títere sin cabeza. Su entrada en el negocio bancario era cuestión de tiempo, y ya es un hecho. Su excusa: facilitar la vida a los clientes y proveedores de su plataforma de comercio electrónico, líder mundial.

En eso no hace sino seguir los pasos de su rival chino Alibaba, que ya es un gigante también en el negocio bancario.

Aunque aún no ha constituido formalmente un banco, ni ha comprado una entidad ya existente, Amazon se lanza a velocidad de crucero a ello. Ya opera en pagos con Amazon Pay, en “cajeros” con Amazon Cash, en préstamos con Amazon Lending, e incluso emite tarjetas y se está planteando entrar en seguros. Las cifras de negocio ya son estratosféricas, como todo lo que hace está empresa realmente global, con una base de clientes gigantesca, probablemente la mayor del mundo.

Las vicisitudes que estamos viendo en bolsa que sufren los bancos están explicadas en parte por esto. Les ocurre lo mismo que a otros sectores donde ha aterrizado el monstruo americano. Incluso explica titulares como el que ayer nos anunciaba que el banco español BBVA está ofreciendo productos alimentarios en su web. ¿Adonde va a llevar todo esto? Estamos en tiempos de mudanza, amigo Sancho…

Amazon, ¿el verdugo o el salvador del retail?

Muchos comercios se quejan de que Amazon (y en general el comercio electrónico) está acabando con ellos. Y es cierto que las ventas online no paran de crecer y seguirán haciéndolo aún durante unos años. Pero la venta analógica, la venta física en la calle, seguirá existiendo, si las empresas dedicadas a ello saben hacerlo bien. Hay muchos ejemplos de empresas que siguen creciendo y ganando dinero en estos tiempos. En España tenemos el caso de Inditex, pero las hay en otros países. Por ejemplo, la británica Primark, o la norteamericana TJX. Siguen creciendo en ventas y en beneficios, y su valor se multiplica en bolsa.

En ese sentido podemos decir que lo que ha traído el comercio electrónico es una criba del comercio físico, dejando atrás a quienes no saben adaptarse al mercado, a las demandas de los nuevos consumidores, y a los exigentes requerimientos de gestión, en ámbitos como la selección de producto, la logística y la atención al cliente.

Mis lectores ya conocen mi tesis al respecto: el retail del futuro dejará de diferenciar entre online y físico, porque todos los competidores de importancia combinarán ambos formatos de venta.

La guerra comercial USA-China ha de acabar en pacto

Estados Unidos, bajo la batuta de Trump, está empeñada en una guerra comercial con China que no favorece a nadie y lo único que consigue es poner en cuestión décadas de avances en el libre comercio internacional, que han venido acompañadas de un impresionante crecimiento de la economía mundial, aunque obviamente ha obligado a hacer frente a algunos desajustes, por otro lado inevitables.

Lo que pretende Trump es que China compre más producto americano y que reconozca que seguir inundando el mercado americano sin límite, no es razonable. China no quiere dar su brazo a torcer porque su economía aún se basa en la exportación, y el fin del libre comercio es el fin de China, al menos a corto plazo. Ahora mismo las espadas están en alto, y a las amenazas norteamericanas se suceden amenazas chinas, en un círculo vicioso absurdo, que tiene atemorizado a medio mundo, y que está obligando a todos los países a buscar la salida de tratados bilaterales para asegurarse que si la sangre llega al río, sus economías de cubran al menos en parte de los perjuicios consiguientes.

Pero yo quiero apostar por que las dos grandes potencias, que se necesitan la una a la otra (eso es indiscutible) acaben sentándose a negociar, basándose en un acuerdo que reconozca lo que cada una desea preservar y busque una solución win-win. Dicha solución podría encauzarse por la vía de que China reconozca el problema y apoye la compra de productos americanos con medidas creíbles y efectivas, y por parte de Estados Unidos entender que no puede sobrevivir sin los productos chinos. Además, a largo plazo, Estados Unidos ha de entender que no se pueden poner puertas al campo, y que si quiere que sus productos industriales se vendan (sus productos tecnológicos y no industriales en general ya se venden y mucho), ha de tomar medidas de fomento de la innovación y la productividad, y ha de pedir a sus empresas que hagan un esfuerzo adicional por salir a vender al exterior y no se conformen con el inmenso mercado doméstico. En el lado de China, la propia evolución social que está experimentando irá inclinando la economía de la industria y el mercado exterior a los servicios y el mercado interior, lo que ayudará a reequilibrar la balanza comercial con los Estados Unidos.

Esperemos que alguien en Washington y Pekín se dé cuenta de ello, y que sea pronto, porque mientras tanto la economía global puede experimentar bastante nerviosismo, y con ello los mercados financieros, que ya están empezando a ponerse nerviosos.

Eso sí, el día que eso pase, mejor estar en bolsa, porque las acciones experimentarán una subida meteórica.

¿Quien mueve el mundo?

Sin duda los Estados Unidos, por si alguien pensaba lo contrario.

Leo en un artículo del departamento de Estudios de Caixabank que si se analiza de donde proviene el crecimiento de la economía mundial en los tres últimos años, EEUU es el responsable del 23% de ese crecimiento, la Eurozona del 16,5% y China, en tercer lugar, del 13,5%. Es decir, hay que poner a cada uno en su sitio. A veces nos adelantamos a darle importancia a China, que la tiene, pero sigue siendo, por ahora, la tercera economía del mundo.

Eso sí, los tres suman más de la mitad del crecimiento mundial.

La urgencia de adoptar una economía sostenible

Este pasado fin de semana largo he estado en Nueva York. Aparte del calor asfixiante y la aglomeración de neoyorquinos y turistas, me ha impactado más que nunca la imagen de insostenibilidad que desprende una ciudad que derrocha como nadie.

Derrocha energía y derrocha alimentos, Y que vive de espaldas a la sostenibilidad medioambiental. Aunque no se atrevan admitirlo abiertamente.

Derrochan energía porque el transporte privado se impone al público, y el tamaño y consumo de los vehículos usados por la mayoría son enormes, debido a la pasión de los norteamericanos por sus coches. Además, es costumbre no detener los vehículos cuando se estacionan a la espera de un pasajero. En verano para no perder el aire acondicionado, y en invierno por la calefacción. Obviamente, el oscilante tiempo de la ciudad no ayuda. A los vehículos particulares se añaden los taxis, autobuses, policías, e incluso los famosos food trucks, los carritos que venden comida en las calles de Nueva York. El resultado es agobiante, y preocupante. La polución se mastica.

Pero es que, además, todos los edificios se añaden a ese festival de compresores y ventiladores de aire acondicionado, consumiendo electricidad  sin medida, y contribuyendo a agravar la sensación de calor y agobio del peatón neoyorquino.

Derrochan alimentos y envasados y materiales de todo tipo, dentro de una filosofía de usar y tirar, y de primar la comodidad del consumidor a la sostenibilidad medioambiental. Cada día van a los basureros de la ciudad alimentos, bolsas, servilletas, vasos y ajuar de plástico, etc.

Están a años vista de la imprescindible economía circular que hemos de adoptar si no queremos cargarnos nuestro planeta. Y lo que les va a forzar va a ser el propio turista, que dejará de ir a la ciudad si sigue respirando polución y ruido, y pisando basura. El ejemplo de NY lo habrá de seguir todas las grandes ciudades. Algunas ya están en ello. Otras no.

No se puede prescindir de los mercados emergentes

Generalizar cuando nos referimos a los países emergentes es tan impreciso como cuando lo hacemos respecto a los países desarrollados. Lo que es irrefutable es que los países emergentes acogen actualmente al 85% de la población mundial y su estado general es mucho mejor del que a veces pensamos. Por ejemplo, Corea del Sur, Taiwan o China, tienen niveles de deuda, balanzas de pagos y reservas mucho mejores que la mayoría de países desarrollados. En general, la situación de los países asiáticos es envidiable. En contrapartida, hay países como Turquía o Sudáfrica, que tienen altos niveles de déficit público. O india, aunque en este caso mejorando mucho en los últimos años. Aún así, si nos referimos al déficit público, la mayoría de países emergentes tienen un déficit público por debajo del de Gran Bretaña.

Hoy en día se puede decir que el crecimiento mundial lo marcan los países emergentes, porque crecen en media el doble que los desarrollados.

Es obvio que son mercados con alta volatilidad a corto plazo, por su sensibilidad a cuestiones políticas, principalmente, pero son países en el que cualquier inversor de largo plazo debe estar invertido.

Hay al menos tres razones para invertir:

  1. El crecimiento está estructuralmente asegurado.
    • Hay elementos geoeconómicos que lo aseguran:
      • Población joven
      • Clase media creciente
      • Grandes recursos naturales (materias primas)
    • Además, ya hay países emergentes que se están poniendo a la cabeza de la tecnología e innovación mundial, como China o Corea del Sur.
  2. El respeto a las normas de buen gobierno se va generalizando y normalizando.
  3. Todos ellos tienen un líder, un ejemplo a seguir: China, que les demuestra que el paso de emergente a desarrollado es posible.

En cualquier caso, es muy importante escoger bien los países en los que se invierte, porque la rentabilidad de las acciones emergentes está dominada más por el país que por el sector, al contrario (en general, que en los países desarrollados.

En cuanto a la renta fija corporativa de países emergentes, es cada vez más interesante, emitida con buenos tipos por grandes compañías que están gestionadas con estándares occidentales.

 

Atentos a la subida del petróleo

El petróleo barato ha permitido disfrutar de unas cifras de inflación muy bajas los últimos años. Incluso demasiado bajas, provocando en parte momentos de deflación que han sido preocupantes.

Ahora nadie habla de deflación.

Pero el petróleo ha subido a los 80 dólares por barril. Y han empezado a encenderse las alarmas por el riego de inflación. Y por el impacto negativo potencial en el crecimiento mundial.

La política monetaria está para combatir la inflación, pero mirando de reojo el crecimiento. Si hay inflación y no hay crecimiento, tenemos un problema. Los bancos centrales deberían subir los tipos para luchar contra la inflación, pero ahogarían el crecimiento.

Hoy en día nos encontramos con situaciones diferentes en Europa y Estados Unidos. En los EEUU el crecimiento es sólido y la inflación repunta un poco. El ciclo de tipos va al alza, y el único problema a medio plazo es el déficit fiscal y la deuda. No son problemas menores, pero no son inminentes. Eso sí, la situación explica, en gran parte, la debilidad del dólar a largo plazo.

El dólar se mantiene, a corto plazo, porque el euro se debilita. Y se debilita por razones políticas, basadas en la situación de Italia. Italia es un país clave para el Euro, y el programa de la coalición M5E-LaLiga apunta a un incremento enorme del déficit fiscal y a un debilitamiento de la política paneuropea propugnada por Macron y en menor medida por Merkel.

O sea, de nuevo pinceladas de incertidumbre que están en parte compensadas por las noticias recientes de una cierta paz en la guerra comercial China-EEUU y una creciente confianza en que la UE quede al margen de la guerra comercial iniciada por Trump.

Como siempre, deberemos seguir atentos al desarrollo de los acontecimientos.

Las empresas de retail y las de eCommerce están destinadas a integrarse

Llevo tiempo diciendo que el eCommerce y el Comercio Físico en la calle no van a sobrevivir de forma independiente. Las empresas de eCommerce deberán extenderse hacia la presencia física en la calle, y las de comercio físico no sobrevivirán sin entrar fuerte en eCommerce. El futuro del comercio son empresas híbridas de retail e eCommerce, con mayor o menor énfasis en uno u otro posiblemente dependiendo de sus antecedentes.

Por decirlo de forma gráfica: Amazon quiere ser Walmart y Walmart quiere ser Amazon.

Y por eso vemos los esfuerzos que están haciendo gigantes del retail actuales como El Corte Inglés o Mercadona por reforzarse en el eCommerce. O como Amazon se plantea comprar Carrefour. O Carrefour está adquiriendo empresas de eCommerce europeas en ámbitos de negocio que le son propios.

El futuro no es blanco ni negro en este área (como en otras) sino mulato.

¿Criptomonedas? No, gracias

Hay algunos inversores que, ansiosos por encontrar la piedra filosofal de las inversiones e influidos por los cantos de sirena que prometen rentabilidades altísimas, están invirtiendo en el mundo de las criptomonedas. Nosotros NO lo aconsejamos.

Creemos que es un entorno radicalmente especulativo del que no vemos que vaya a salir nada bueno. De hecho estamos convencidos de que ahí se está labrando el próximo escándalo financiero. No acabamos de entender cómo hay inversores que no lo ven. Aunque, lógicamente, si quienes lo hacen son adultos y conscientes del riesgo que corren, allá ellos. Obviamente, admitimos poder estar equivocados en nuestras apreciaciones. El tiempo lo dirá.

Puntualizamos que no hablamos de bitcoins sino de criptomonedas, porque el pionero bitcoin ha sido difuminado en el marasmo de criptomonedas que ahora se cuenta por centenares y que, en nuestra opinión, amplía los signos de burbuja que intuimos.

Es cierto que ” a río revuelto, ganancia de pescadores”, y han surgido como setas los “gurús” de las criptomonedas que animan a los inversores incautos o avariciosos (“la avaricia rompe el saco”) a meterse en este tipo de inversión, prometiéndoles pingües beneficios y minimizando los riesgos.

El tiempo, como decimos, dirá quien tiene razón. Mientras tanto, si usted, querido lector, no ha invertido aún en criptomonedas, no lo haga. Y si lo hace, tómeselo como si pagase una entrada en un espectáculo para ser un espectador. Obviamente lo de “cripto” tiene su morbo…

Sólo para acabar: ¿cuál será la aportación de las criptomonedas al mundo económico y financiero a largo plazo? Pues creemos que permitirá evolucionar en el modo en que se plantean los medios de pago y quizás a larguísimo plazo haga posible la implantación de una moneda virtual global, gracias a la tecnología que hace posible su existencia, el blockchain, de la que podemos esperar muchas cosas en tiempos venideros.

Una nota adicional, recogiendo las palabras de Warren Buffett que acabo de leer en referencia a las criptomonedas (son en inglés sencillo, pero si alguien no las entiende que me lo diga): “When you buy Bitcoin, you are just hoping that the next guy will pay more; it will not produce profit itself. That is not investing, that is one kind of game.”

La inversión ha cambiado

Uno de los enigmas que se trata de resolver en la nueva economía es porqué los datos de inversión no crecen como lo hacían en el pasado, en momentos de recuperación económica. Una hipótesis que me atrevo a apuntar es que las características de la inversión han cambiado radicalmente. Antes estábamos en una economía industrial, en la que empresas como las del sector del automóvil dominaban la economía, y sus inversiones eran en bienes de equipo. Ahora estamos en la economía digital y del conocimiento, y empresas como la triple A (Alphabet, Amazon y Apple) invierten en personas, no en equipos. El componente principal de su gasto en innovación es el salario que pagan a sus investigadores y desarrolladores.