Economía global

Otra reflexión sobre la disyuntiva entre inversión growth vs. value en bolsa

Yo creo que la inversión growth se ha impuesto a la value en los últimos tiempos porque se ha priorizado lo que ahora se da en llamar inversión temática o megatendencial. Las empresas que no encajan en esos parámetros parece que no valgan nada.

Pero la cuestión es si el mundo se divide entre empresas que están en la onda y que no lo están o se divide entre empresas bien gestionadas o mal gestionadas. Yo creo que es esto último. Y que no son temas excluyentes. Me explico.

No hay duda de que los directivos han de seguir las tendencias globales y tratar de adaptar sus negocios a las mismas, pero ¿es algo exclusivo de aquellos negocios nuevos (o relativamente nuevos) que encajan de forma digamos «nativa» en esos parámetros? Insisto, yo creo que no.

Es decir, la tecnología no es solo propiedad de los Facebook o Google o Amazon o Tesla, por citar algunos de los más destacados. ¿Es que las empresas establecidas («antiguas», en negocios de siempre); es decir, las empresas de alimentación, energía, petroleo incluso, telecomunicaciones, fabricación, movilidad global o retail, por ejemplo, ya no valen nada? ¿No son capaces de abordar cambios basados en el uso de las tecnologías o de adaptarse a las megatendencias? Yo creo que sí.

Un caso paradigmático es Tesla, que está viendo como las marcas de siempre (Audi, Mercedes, BMW, etc.) ya están poniendo en el mercado sus propios «teslas». O Walmart o Inditex, o el propio Corte Inglés, que están vendiendo online, compitiendo de tú a tú con Amazon. Los dinosaurios se están despertando, y lo están haciendo con toda la fuerza de su cultura (renovada), de sus redes comerciales y de sus marcas.

Yo no creo que las empresas de moda tengan asegurado el éxito a largo plazo por estar «en la onda», sino por estar bien gestionadas. Por ser innovadoras y liderar sus ámbitos de negocio. Apple es un ejemplo de ello. Esta semana nos ha demostrado una vez más que es quien marca la pauta, lanzando el iPhone 12 sin cargador ni auriculares.

Las empresas que tienen asegurado el éxito a largo plazo son aquellas que están bien gestionadas y que no se duermen en los laureles. Que mantienen el espíritu de startups y no se conforman con lo que tienen, sino que siempre aspiran a hacerlo mejor. A sorprender a sus clientes dándoles lo que necesitan incluso antes de que se hayan dado cuenta de que lo necesitan. De nuevo el ejemplo de Apple viene al caso. Son empresas que se adaptan a la realidad cambiante.

En los momentos en que surgen esas megatendencias los pioneros se benefician, y las empresas establecidas quedan retrasadas; es normal. Pero es una cuestión de ciclos. Hay quien habla de ciclos de 60 años (hay estudios sobre ello). Y que cada ciclo se divide en tres partes de 20 años cada una. Y ya hay quien dice que el ciclo actual está entrando en la fase 2, de estabilización, que permite que los rezagados pillen a los pioneros. ¿Estamos en esa fase? Yo creo que un poco sí.

En fin, parece obvio que hoy en día ninguna empresa, de ningún sector, puede permitirse prescindir de adaptarse a las megatendencias y convertirlas de amenazas en oportunidades; eso hacen los buenos empresarios.

Estoy hablando (ya lo podeis imaginar) de:

  • las tecnologías transformadoras (Internet, 5G, 3D…)
  • los cambios sociodemográficos (nuevas generaciones, envejecimiento, etc.)
  • la necesidad de preservar el planeta (infraestructuras, tendencias del consumo, energías limpias, movilidad…)

En poco tiempo (ya) los elementos que arrastran esas megatendencias dejarán (ya han dejado) de ser diferenciadores para las empresas y para los inversores. Y nadie podrá dejarlos de lado. Todo ha de hacerse ya contando con las nuevas tecnologías, los cambios socioeconómicos y la sostenibilidad del planeta. Nadie lo discute, creo.

El campo de batalla para ganar dinero volverá a ser, como siempre ha sido, satisfacer al cliente más y mejor que la competencia.

 

 

China consolida su liderazgo

Es así como titula el suplemento Dinero del diario La Vanguardia de este fin de semana.

El motor económico chino ya está funcionando mucho mejor que el de los restantes países del mundo. Su PIB va a crecer en 2020; no tanto aún como venía haciéndolo, pero es algo que no podemos decir en España ni en la mayoría de países del mundo.

Es decir, la pandemia que nos llegó de China, como ya vengo diciendo hace tiempo, va a servir para que la propia China consolide su posición de potencia mundial, y la acerque más al liderazgo norteamericano, al que ya amenaza.

EL «pequeño» problema de la Covid y el GRAN problema del Cambio Climático

La Covid-19 no acabará con el mundo, pero el Cambio Climático sí que puede hacerlo. Es así de terrible. Y pasará irremisiblemente si no hacemos nada y seguimos viviendo y contaminando (aire, agua, tierra…) como ahora mismo lo estamos haciendo.

Un cambio radical de hábitos de vida es (nunca mejor dicho) vital.

La economía debe contribuir a que ese cambio sea posible. Y las empresas y los inversores pueden ayudar y a la vez incluso beneficiarse de ello, invirtiendo sus recursos a favor de ese cambio necesario.

Las consecuencias que todo ello va a tener en la mayoría de sectores (venimos diciéndolo hace mucho tiempo) son enormes. Y ya no hay excusas. La Covid-19 nos ha hecho pensar que efectivamente no somos todopoderosos, y que la naturaleza puede hartarse de nosotros. Y aunque aún existan insensatos que lo nieguen, estamos matando a la Tierra y en consecuencia nos estamos matando a nosotros mismos. Y sin los seres humanos no hay economía y no hay nada.

Todo y todos ha de orientarse a partir de ahora al respeto de la Tierra. Tomemos nota.

La banca en horas bajas

Estamos tocando fondo en la valoración del sector bancario en todo el mundo. Y yo creo que a partir de este suelo las cotizaciones bancarias tenderán a subir en los próximos años, sobre todo en aquellas entidades que sepan gestionar la morosidad.

Los tipos de interés cambiarán de ciclo en algún momento, no digo que pronto, pero lo acabarán haciendo, y las fusiones bancarias y la apuesta por la tecnología harán que se recupere poco a poco la rentabilidad de las entidades financieras. Sé que es un consejo arriesgado, pero yo empezaría a pensar en invertir en bancos.

Los bancos han descubierto el private equity

En mi anterior post hablaba de la conveniencia de diversificar la inversión en fondos alternativos, entre ellos los de private equity, y ya avisaba que los bancos estaban empezando a ofrecerlos a sus clientes. Han pasado solo unas semanas y la avalancha de ofertas de inversión en fondos alternativos que me llega de la banca me hace reafirmarme en la conveniencia del consejo que daba, a la vez que preguntarme si esta fiebre será buena o mala para el inversor.

Buena porque pone a disposición de inversores relativamente modestos el acceso a estos fondos.

Mala porque en muchos casos añade capas y comisiones a la inversión. Las comisiones encarecen el producto y en consecuencia reducen sus expectativas de rentabilidad, y las capas hacen que el contacto con las gestoras no sea directo.

En cualquier caso, bienvenida sea la banca en un tipo de activo al que ha llegado tarde.

Estamos en el inicio de una nueva era de guerra fría

Es una guerra fría entre Estados Unidos y China, la gran superpotencia mundial y la nueva superpotencia emergente. Ese enfrentamiento va a estar presente en los próximos años (al margen de que en noviembre gane Trump o sea desbancado por Biden) y sus consecuencias son inciertas.

Para la Unión Europea serán tiempos de equilibrios diplomáticos complejos. Acertar en el posicionamiento puede reportarle pingües beneficios. Equivocarse puede ser fatal. El peor escenario servía enemistarse con ambos.

Veremos también qué papel juegan Rusia, Brasil e India.

Hay mucho capital político y económico en juego.

La gran cuestión es: ¿Qué nos depara al resto del mundo si la actual China dominada por el Partido Comunista Chino se hace con el control de la Tierra? Hoy por hoy solo pensarlo me pone los pelos de punta.

El imparable Elon Musk

He de reconocer que me equivoqué. Siempre pensé que Tesla no se haría un hueco entre los grandes del automóvil, y que uno de ellos la absorbería. Parece que no va a ser así, al menos por ahora. Incluso puede que sea Tesla quien absorba a alguna de las grandes que se quede rezagada, en el proceso de consolidación del sector que se apunta imparable.

Elon Musk ha sido capaz de resolver los problemas de producción y los problemas de rentabilidad (ya empieza a ganar dinero), y la cotización sigue subiendo como un cohete, haciendo que su valor bursátil supere a muchas de las grandes del auto y de otros sectores, y que Musk se afiance entre los más ricos del mundo.

Sin duda es el nuevo Rey Midas, porque su cerebro no para de imaginar nuevos retos y ponerlos en marcha.

Sr. Musk, me quito el sombrero ante usted.

Hoy por hoy el siglo XXI es el siglo Musk.

Acuerdo con condiciones

Tenemos acuerdo en la Unión Europea. Un paso de gigante para tratar de salir adelante en esta crisis.

Para España, 140.000 millones de euros, con condiciones y controles, que hemos de reconocer que nos irán muy bien, porque somos demasiado dados a despilfarrar el dinero cuando nos llega en masa.

No se quiere volver a hablar de los «hombres de negro», pero se parecerán mucho.

Las consecuencias de todo esto, así como el futuro de esta maldita pandemia, siguen siendo una incógnita.

¿Acabaremos saliendo en V?

Hace días, al inicio de la crisis de la COVID, vaticiné que la salida la veríamos más clara el 30 de junio, y parece que quizás va a ser verdad. Ahora empiezo a percibir, al menos en Europa, una sensación de que vamos a volver a la antigua normalidad más pronto que tarde. Los indicadores se recuperan con bastante rapidez, insinuando que una recuperación en V es posible.

Veremos.

Empieza de verdad el siglo XXI

La crisis que está viviendo el mundo no solo está demostrando que no somos nada ante los fenómenos naturales (como una pandemia), que no podemos prever y apenas gestionar. Está poniendo en su lugar la importancia de la vida social, del comercio de proximidad, de los hábitos sanos, de la menor contaminación, de la alimentación, de las infraestructuras sanitarias y de comunicaciones, de las estructuras de gobierno en general, de las redes sociales de ayuda a los menos favorecidos…

Además está acelerando la conversión a la nueva economía que ya llevamos años predicando. Para muchos sectores va a haber un pre y un post COVID.

Por ejemplo para el comercio, que por fin se va a convencer de que debe ser online, aunque sin abandonar el Offline. Para la banca, que ya tiene claro que no va a sobrevivir si no cambia radicalmente. O la automoción, que se enfrenta a un futuro radicalmente distinto. Y hay muchos casos más.

Todas son industrias que ya sabían que estaban en un proceso de cambio, pero lo iban haciendo a su ritmo. Ahora habrán de acelerar, y afrontar cambios radicales.

En el caso de los bancos, deben ser conscientes de que deben convertirse en empresas fintech, como sus nuevos competidores; porque TODO ES TECH.

Las empresas del automóvil también deben asumir las nuevas tecnologías, pero en su caso, además, deben asumir que deben abandonar su modelo en negocio (hacer autos con motores movidos por combustibles fósiles, para venderlos) y pasar a uno nuevo (hacer vehículos con motores movidos por energías sostenibles, para alquilarlos, en una fórmula u otra). De hecho, el sector de la “automoción” ya hace tiempo que se auto-califica como de la “movilidad”.

Hay futuro en esas nuevas “Ítacas”, pero hay que llegar a ellas. Y por el camino habrá muchos damnificados.

En Barcelona estamos viendo estos días las protestas de los empleados de una planta de Nissan, pero no serán los únicos. En los próximos 5 años TODOS los empleados de la cadena de valor del automóvil, tal como ahora está planteada, se verán afectados.

Solo podemos hacer una cosa: asumirlo, tratar de parar el golpe y prepararnos para subirnos a un nuevo futuro. Donde no habrá bancos sino entidades fintech, ni compañías automovilísticas sino empresas de movilidad.

Una gran amenaza, pero también una gran oportunidad.