Economía global

Hay futuro según Caixabank

Incorporo aquí un fragmento de un informe de Caixabank que acabo de recibir, porque lo comparto y creo que es de interés para todos:

Aún inmersos en la fase aguda de la crisis de la COVID-19, compartimos una doble convicción. La primera, que esta crisis la vamos a superar. La segunda, que a pesar de su previsible carácter temporal, el shock probablemente tendrá efectos estructurales. Las crisis, cuando son de esta magnitud, pueden acelerar cambios latentes o hacer emerger otros inesperados.
Seguramente, tras esta crisis reforzaremos los sistemas sanitarios y reevaluaremos el papel que desempeñan los expertos, cuya preeminencia es tan notoria estos días. También es probable que, a nivel productivo, emerjan nuevas formas de organizarnos, tanto global como localmente, ya sea por el acortamiento de las cadenas de valor a cambio de mejorar su resiliencia, como por la difusión de las formas de trabajo a distancia. Estos cambios, además, también ayudarán a acelerar la transición económica hacia un sistema más sostenible y más respetuoso con el medio ambiente.
Y, seguramente, tras esta crisis también reevaluaremos el papel de la coordinación y el liderazgo internacionales. En este frente global, es probable que la UE se vea sometida a presiones con pocos precedentes. La historia de la UE nos dice que las crisis han actuado como acicate para avanzar hacia una mayor integración siempre que han existido unas bases institucionales y políticas adecuadas. Esta es, precisamente, la situación presente: los instrumentos, institucionales y políticos, de los que la UE se dotó en la Gran Recesión podrían dar un nuevo salto adelante en materia de integración europea que hubiésemos considerado irreal antes del shock. Sin duda, así debería ser.
El mundo, en definitiva, va a cambiar, y está en nuestras manos decidir si una crisis, además de generar amenazas, es también una fuente de oportunidades.

Oriol Aspachs y Àlex Ruiz, CaixaBank Research, e-mail: research@caixabank.com

Moody’s predice el diferente efecto del COVID-19 en los sectores económicos

Para Moody´s, la agencia de rating, los sectores económicos están expuestos de forma diferente al impacto del coronavirus.

A continuación indico la lista de sectores (mantengo su descripción en inglés, para que cada lector haga su propia traducción), separándolos por la magnitud del impacto:

Impacto potencialmente positivo

  • Internet Service companies
  • Retail (online)
  • Gold mining

Baja exposición (impacto leve o positivo)

  • Construcción/materials
  • Defense
  • Equipment&transportation
  • Rental
  • Packaging
  • Pharmaceuticals
  • Real estate, REITS
  • Food/Ford retail
  • Telecoms
  • Waste management

Exposición media (impacto medio o neutro)

  • Beverages
  • Chemicals
  • Manufacturing
  • Media
  • Metals&mining
  • Oil&gas/oilfield services
  • Property developers (China)
  • Protein&agriculture
  • Service companies
  • Steel producers
  • Technology hardware

Alta exposición (impacto negativo)

  • Apparel
  • Automotive manufacturers
  • Automotive suppliers
  • Consumer durables
  • Gaming
  • Lodging/leisure& tourism (incluyes Cruise lines)
  • Passenger airlines
  • Retail (non food)
  • Global shopping

Supongo que ya lo iremos viendo en más detalle e iremos matizando, pero para empezar es una lista interesante que hace pensar.

Por ejemplo, la negativa incidencia en el empleo y en el PIB de países como España que tiene el negativo impacto en la industria del automóvil y la del turismo.

Un aviso para inversores y empresarios en general.

Reflexiones que quiero compartir en mi confinamiento por el COVID19

Me reafirmo en que en este contexto de excepcionalidad como consecuencia de la epidemia global que estamos padeciendo hay que hacer el esfuerzo de empezar a prepararse para un mundo nuevo que nos encontraremos cuando acabe esta situación. Lo primero que hemos de hacer es olvidarnos del pasado e incluso del presente. Y en ese presente incluyo los mercados financieros, las empresas e incluso los puestos de trabajo. Olvidémonos de la bolsa, de la volatilidad, de los vaticinios pesimistas. De los ERTE, de las pymes. Ahora nada de eso importa.

La prioridad ahora es la supervivencia, la salud de cada uno, de su familia, de sus amigos, del país, del mundo. Si no aseguramos eso, si no recuperamos la normalidad, ¿qué importan los mercados financieros, los ERTE o las empresas? Suena exagerado, pero es así.

Y la normalidad se recuperará. Y los mercados financieros y las empresas volverán a la normalidad. Será otra normalidad, pero con el tiempo confiemos en que sea la misma que dejamos atrás; o muy parecida. Quizás mejor.

China (que no olvidemos que es donde surgió el virus, diga lo que diga el Gran Hermano chino) ya nos está dando muestras de vuelta a la normalidad. A los 2 meses de que empezara todo. ¡Ojalá todo se quede en 2 meses malos!

Cuando se recupere la normalidad seguiremos teniendo las mismas acciones, bonos o participaciones en fondos que tenemos ahora. Y las empresas que directa o indirectamente poseemos como inversores o empresarios seguirán ahí. Al menos la mayoría. Y volverán a fabricar o dar servicios, y volverán a comprar y volverán a contratar al personal que hayan incluido en sus ERTEs, o que hayan tenido que despedir. Cuanto antes volvamos a esa normalidad, más fácil será que las empresas recuperen la velocidad de crucero. Está en manos de todos lo ciudadanos, que deben ser disciplinados y evitar el contagio, y por supuesto de los servidores públicos que está luchando con ese enemigo invisible; sobre todo los sanitarios. Y no es momento de desunión o crítica destructiva, es momento de estar unidos. ¡Esto es una guerra! Y en la guerra ganan quienes se mantienen unidos y confían en la victoria.

Cuando esta guerra acabe debernos hacer recuento de bajas y de pérdidas. Deberemos medir la magnitud de los daños; humanos y económicos. Pero no es hora de hacer recuento, sino de luchar, y de mantener la fe en la victoria. También en lo económico.

Obviamente, cuando llegue ese momento, veremos que hemos perdido mucho. Los ahorradores y los empresarios verán que su patrimonio habrá menguado fuertemente, lo que cambiará, quizás, sus perspectivas vitales. Tanto de los mayores como de los más jóvenes. Los trabajadores y autónomos se encontrarán con un panorama inicialmente desolador. Sin trabajo y con muchas empresas quebradas o más débiles. Sin ingresos o con ingresos más bajos. No será un panorama motivador, sino que habrá que sobreponerse al pesimismo. Pero todos habremos de seguir adelante, porque no nos queda otro remedio. Las empresas y las personas (trabajadores, empresarios, ahorradores) habrán de empezar a trabajar en el nuevo entorno. Habrá que ganarse La Paz, como pasa en toda posguerra. Y habrá que hacerlo con sacrificio y con confianza en el éxito. Porque el éxito, la recuperación, también llegarán. Más pronto o más tarde.

Ni toda la población va a morir ni todas las empresas van a quebrar. Es más, es posible que salgamos de esta lucha más fuertes. Que saquemos lecciones de lo que está pasando y las apliquemos para estar mejor y ser mejores en el futuro. Y que valoremos cosas que antes no valorábamos. Como la amistad, el silencio, la reflexión, la cultura, los medios de comunicación, en el plano personal. O la sanidad y el servicio público eficiente, o el liderazgo político real, en el plano social. O, en el plano económico y empresarial, la liquidez, el endeudamiento sensato, el poseer versus el alquilar, el insourcing  vs. el outsourcing, el aprovisionamiento de proveedores  locales o cercanos, la lealtad del personal, la importancia y resiliencia de algunos sectores, como el primario (tan olvidado), el agro alimentario o el de las telecomunicaciones.

Puede que todos cambiemos nuestra escala de valores, nuestra escala de prioridades, que entendamos lo vulnerables que somos a los acontecimientos de la naturaleza que no podemos controlar; nosotros que pensábamos que podríamos controlarlo todo.

Que entendamos las consecuencias negativas y desconocidas de la globalización, porque un virus generado en China por la extraña costumbre local de comerciar con animales salvajes vivos se contagie a los humanos, y el país tarde más de lo debido en reaccionar y en consecuencia el virus se propague en apenas unos días a todo el mundo.

Que valoremos la importancia de prever las enfermedades contagiosas y potenciar la investigación farmacéutica y los servicios sanitarios si no queremos que un futuro virus, más letal, acabe con toda la humanidad. Ese puede ser el verdadero fin del mundo, como ya nos avisaba hace años Bill Gates, sin que nadie le diera importancia.

En suma, y acabo, es hora de preocuparse de la salud, porque ya nos preocuparemos de lo demás.

Crisis del coronavirus: o paramos el contagio exponencial o todo lo demás sobra

Estamos en un escenario desconocido de crisis global donde lo único que importa es que la sociedad sea disciplinada y adapte sus hábitos para que se reduzca el contagio, por muy difícil que sea, y que el sector de las ciencias de la salud avance en tratamientos que reduzcan el período de contagio (como se está haciendo en Catalunya) o en vacunas que permitan evitar la enfermedad.

Todo lo demás está fuera de lugar. leo como los economistas y los banqueros están preocupados por la evolución de la bolsa o sobre la actuación de los bancos centrales. Desde mi punto de vista, todo esto sobra. Hay que poner el mundo económico en pausa. Nada tiene sentido hasta que consigamos ver el final a esta situación, hasta que veamos la salida de esta pesadilla. Y eso será cuando la tasa de contagio (R) se reduzca a 1 o por debajo de 1. Entonces será el momento de considerar que esta guerra ha acabado y podremos hacer recuento de bajas y planes para la posguerra.

Mientras eso no pase, hablar de si es oportuno invertir en bolsa o de cuando se recuperarán los mercados, o de si volverán los eventos deportivos o artísticos, o si las empresas reabrirán, es absurdo.

Incluso me cuestiono si iene sentido que las bolsas sigan abiertas.

Todos estamos convencidos de que esta crisis tendrá un final, pero la cuestión es cuándo, y cuáles serán los estragos que habrá provocado en la sociedad y la economía global. Ponerse a especular ahora con ello es absurdo. Mejor aprovechar el tiempo en otras cosas, como desarrollar soluciones a la pandemia o respetar al máximo las medidas anticontagio.

Y los que crean en algún ser superior, que le recen.

Contener la respiración

Nunca mejor dicho. El coronavirus es el enemigo invisible que nos obliga a contener la respiración, y no solo por no contagiarnos, sino por el grado de incertidumbre que rodea la evolución de la enfermedad. En España contenemos la respiración porque no queremos seguir el ejemplo de Italia; contenemos la respiración porque no sabemos como va a impactar en el turismo, la industria nacional por excelencia; contenemos la respiración porque se hunden las bolsas; contenemos la respiración porque el impacto del virus lo vemos acercarse cada vez más nuestras vidas profesionales e incluso personales.

Leo hoy que las bolsas y la economía se recuperarán si intervienen los bancos centrales. Yo no lo creo. Lo único que parará esta caída será el control de la epidemia. Y eso no se ve próximo ni mucho menos. Aunque se quieran ver «brotes verdes» (se acuerdan…) en China, que empieza a decir que le epidemia está controlada.

¿Momento de invertir? Yo creo que aún no. ¿Momento de vender lo ya invertido? Tampoco. Mejor esperar y ver. Y estar preparado, porque en el momento en que se vislumbre el final de esta película de miedo, las bolsas saldrán disparadas hacia arriba.

El COVID-19, el gran enemigo

El mundo tiene, por fin, un enemigo común, ante el que por un lado se pone en cuestión la globalización, pero a la vez, yo creo, se refuerza más que nunca que la globalización es más necesaria que nunca. Si había algún país que se creía a salvo de las influencias globales, ahora ya no queda ninguno. Este virus demuestra la permeabilidad de nuestros países a fenómenos globales de todo tipo; algunos positivos, y muchos negativos. Amenazas globales ante las que hay que tener actuaciones globales eficientes y coordinadas.

Creo que el 99% de la población mundial cree, o confía, que este virus acabará siendo controlado y «domesticado», como ha ocurrido con otros antes, y como -esperemos- pasará con otros en el futuro. La gran cuestión es cuándo pasará. Mientras tanto se extiende como un tsunami por todo el mundo, con su rastro de muerte y de destrucción económica.

Las bolsas reflejan la decisión de muchos inversores, que venden sumidos en el pánico, descontando una caída de la actividad económica que sin duda afectará a los resultados de las empresas de este año. Los que venden lo hacen porque creen que las cotizaciones seguirán cayendo, porque piensan que el episodio irá a peor. Los que compran, que son menos (por eso caen las cotizaciones) creen que se está sobreponderando el impacto negativo y que el problema se resolverá en unos meses (¿para el verano?) y que por tanto las empresas están a precio de ganga. Que las oportunidades de ganar dinero a estos precios son enormes.

Como en toda crisis, se trata de la interpretación que unos y otros hacen de la incertidumbre. Y de la psicología del inversor. Y depende de si ya están en el mercado o no. De los que ya están, a) unos salen para parar la sangría, pensando que ya entrarán cuando las cosas se calmen. b) Otros se quedan confiando en que más pronto o más tarde las cotizaciones se recuperarán, apelando pues a la paciencia. Y los que están fuera del mercado se reparten ahora mismo entre los que c) se quedan fuera un rato más, hasta que vean que el mercado empieza a recuperarse, y d) los que no quieren perderse la recuperación y empiezan a entrar. Según como se vayan comportando esos subconjuntos de inversores, veremos moverse la bolsa. Mientras a) y c) sean mayores que b) y d), las bolsas irán para abajo; cuando pase lo contrario, las veremos salir al alza.

Nada nuevo bajo el sol.

Azvalor: ¿Tiene sentido comprar lo que nadie quiere?

Vaya por delante que soy inversor en el fondo Azvalor Internacional y que soy un convencido de la inversión «value». Pero ayer asistí a la reunión de la gestora con inversores en Barcelona y me pregunto si tiene sentido empeñarse en invertir en empresas ligadas al petroleo y al carbón. De hecho las importantes pérdidas que está experimentando el fondo, coronavirus al margen, están ligadas a las posiciones en empresas de servicios en el sector petrolífero y del carbón.

Me pregunto, si bajan, ¿no será porque nadie las quiere, pero no porque sea una moda temporal, sino porque los inversores creen que el petroleo y el carbón no tienen futuro? ¡Y la bolsa cotiza futuro!

En mi opinión el peligro es que nadie las quiera, sin atender a sus fundamentales, partiendo de la idea de que petroleo y carbón son pasado, son apuestas perdedoras. Sin más.

La gestora no lo cree así, sino que apuesta por que se revaloricen y mucho cuando el mercado se dé cuenta de lo que valen. ¿Quien tendrá razón? Ojalá ellos, porque me juego mis cuartos…

La crisis bursátil ya está aquí

Era lógico que llegase, pero no me imaginaba que iba a ser por causa de una pandemia como es la del coronavirus de Wuhan.

Las bolsas se hunden irremisiblemente como consecuencia de la incertidumbre y de las previsiones de caída del PIB mundial y en consecuencia de los resultados de las empresas cotizadas.

Hasta que no se estabilice la evolución del virus, no podremos hacer una estimación de la magnitud del impacto.

Confiemos que sea una cuestión de meses. China ya se ha atrevido a afirmar que en abril tendrá controlada la pandemia. Y esperamos que los avances en el tratamiento se vayan materializando.

En ese contexto me imagino que las compañías de salud, farmacia y biotecnología serán de las menos afectadas, y las relacionadas con el turismo y la movilidad, las que más.

En China los alimentos están por las nubes

No solo es por el coronavirus, sino que antes se produjo una epidemia de oeste porcina (¿qué hacen los chinos con los animales?). En consecuencia los precios de los alimentos se han disparado. Con consecuencias en todo el mundo; buenas y malas. Incluida España.

¿Qué harán las bolsas en 2020?

Es la pregunta del millón de dólares. Pero mi sensación es que las expectativas descontadas en las cotizaciones son tan altas, que cualquier dato o acontecimiento que rompa el consenso las hará caer, y bastante.

Me huelo que algunos ya están moviéndose lentamente hacia los refugios. Y lo hacen así para que no se note mucho y la prudencia se convierta en pánico.

Hay muchos factores que pueden hacer que eso pase:

– Un repunte inesperado de la inflación, como ya está empezando a pasar en China

– Una caída del PIB global más allá de lo previsto

– Un acontecimiento de impacto global inesperado, como una guerra, un atentado o una catástrofe

Cuando algo ha llegado a las nubes, solo le queda espacio por abajo.

Me puedo de equivocar en cuándo vaya a pasar, pero no en que pase, porque pasará seguro. Y no descubro nada nuevo; solo lo verbalizo.