Economía global

¿Será 2019 un buen año para los mercados bursátiles emergentes?

Robeco (un banco del que me fío) apunta a que lo pueden ser, si la FED no sube tipos más allá de lo esperado (y por tanto el dólar no se revalua) y la guerra comercial con China no va a más e incluso se resuelve.

El FMI estima que el crecimiento del PIB de las economías emergentes seguirá siendo mayor que el de los países desarrollados en los próximos años, y que el diferencial de crecimiento se ampliará.

Las valoraciones de las empresas cotizadas de los países emergentes, tras las caídas de 2018, son otro factor a considerar, porque arrojan múltiplos muy favorables.

Como es normal, apostar por emergentes es asumir un riesgo extra, pero quizás no sea recomendable prescindir de ellos en las carteras de 2019.

Yo me estoy pensando ampliar mi apuesta. Como creo que ya he dicho en algún post anterior, lo que más me gusta es Asia.

¿El empeño en el muro le costará a Trump la reelección?

Bloomberg, enemigo acérrimo de Trump, especula con que el cierre administrativo en el que Trump está empeñado en su pulso con el Congreso de los Estados Unidos, le costará la reelección.

Es posible. Desde luego, creo que sería una buena noticia para el mundo.

El sector del automóvil entra en un período de reconversión

Llevo tiempo diciéndolo: la próxima crisis no vendrá de la banca, sino de las grandes empresas del automóvil. Y los primeros síntomas serios empiezan a hacerse evidentes. En este inicio de año, grandes empresas como Ford o Jaguar ya han anunciado importantes medidas de reducción de plantillas y probablemente de cierre de fábricas. Y, como anuncia Bloomberg, esto no ha hecho mas que empezar.

Llevamos años diciendo que hay un exceso de marcas y de capacidad de producción, y en los últimos tiempos, a eso se ha añadido una regulación ambiental más restrictiva, que conlleva la llegada imparable del coche eléctrico, y sobre todo, el gran cambio de modelo de negocio, pasando de un modelo de venta de un producto (el auto) a uno de venta de un servicio (la movilidad).

Los cambios estructurales que ello implica en los actuales jugadores del mercado del automóvil son enormes. Sobran fábricas y las que queden habrán de ser diferentes. Sobran puntos de venta, y los que queden habrán de ser diferentes. Los balances de las marcas cambiarán radicalmente: de vender a alquilar, para entendernos. De fábricas de automóviles a proveedores de servicios de movilidad.

No hay ninguna marca que esté totalmente preparada para el cambio, pero algunas lo han anticipado mejor y están el camino correcto. Otras no lo han visto venir a tiempo o no han sabido afrontarlo. Es el caso de las que ya van saliendo a la palestra: Ford o Jaguar son un ejemplo.

Aparte de que veamos una vuelta de tuerca en el proceso de fusiones (reduciendo el número de marcas independientes), el impacto en la economía global será importante. Porque el sector del automóvil es el mayor sector industrial del globo.

Países como España, donde hay numerosas fábricas y una importante industria auxiliar, sin que residan los cuarteles centrales de ninguna de ellas, serán de los más afectados.

Los inversores habrán de tenerlo en cuenta, evitando en lo posible, las acciones de las empresas del sector. Las administraciones harán bien en ir preprándose para lo que se avecina.

¿El crecimiento de los salarios traerá más inflación?

Parece que la mejora del mercado laboral, con el consiguiente alza de los salarios, que conllevaba históricamente el aumento de la inflación, no está suponiendo, en España y en todo el mundo, el crecimiento de la inflación que se esperaba.

En España, por ejemplo, la tasa de inflación subyacente (sin petróleo ni alimentos no elaborados) ha estado en 2018 en el entorno del 1%. Si no se produjera ese desacoplamiento, en 2019, dada la mejora del mercado laboral y la subida esperada de los salarios (incluido el efecto de subida del salario mínimo interprofesional), la inflación subyacente se debería ir al 1,5%. Pero los economistas tienen dudas de que sea así, por el efecto citado.

¿Qué explicaciones se encuentran a ese desacoplamiento?

Pues voy a citar al menos tres factores, para que mis lectores piensen en ellos:

– El éxito de los bancos centrales con la política monetaria anti-inflación.

– La globalización, que ha traído consigo una competencia global de empresas y trabajadores, gracias a la movilidad del capital y del trabajo.

– La digitalización de los medios de producción, incluída la robotización de los procesos, que ha supuesto una menor importancia del factor trabajo en la generación productos y servicios.

Estos factores no sólo explican por qué los precios no suben, sino en gran parte explican el desequilibrio mundial que percibimos entre los factores de producción: capital y trabajo. A favor del capital, por supuesto.

Es urgente que encontremos soluciones.

En la inminente reunión de Davos será un tema principal. Aunque también lo es en las calles de Francia, con los chalecos amarillos, y en todos los países del mundo, en mayor o menor medida.

El crecimiento mundial previsto en 2019

El Fondo Monetario Internacional (FMI) estima en estos momentos que la economía mundial crecerá un +3,7% en 2019. Es una tasa apreciable, que nos sitúa lejos de una recesión global.

Los llamados países desarrollados se moverán entre el 1 y el 3%, mientras que las economías emergentes lo harán normalmente por encima del 3%. Es decir, lo que viene siendo habitual hace años.

En el grupo de los desarrollados destaco que España estiman que crezca el 2,2% (menos del 2,6% que vaticina el gobierno español), lo que es más que el 1,9% que se separa que crezca Alemania (nuestra referencia en  Europa) y menos que el 2,5% que se espera de EEUU. Estados Unidos sigue creciendo a una tasa mayor que las grandes economías desarrolladas, lo que no deja de ser destacable, dado el enorme tamaño de su PIB.

¿Será 2019 un buen año para los países emergentes? Hay opiniones encontradas. Lo que separa a pesimistas y optimistas es su visión sobre el devenir de la guerra comercial entre China y EEUU y sobre la evolución de los tipos de interés del dólar y de la propia cotización del dólar frente a las monedas de los emergentes. A mi me resulta difícil decantarme, pero si me forzaran a hacerlo, lo haría por el bando de los optimistas. 2019 puede ser un buen año para los países emergentes. Sus tasas de crecimiento, como digo más arriba, duplican al menos las de los países desarrollados, y sus avances en todos los frentes son destacables.

¿Y qué emergentes podríamos destacar?

Yo me inclino por los ubicados en Asia. Dejadme que comente las tasas de crecimiento del PIB previstas por el FMI para 2019 en algunos países asiáticos:

  1. India, 7,4%
  2. Filipinas, 6,6%
  3. Irak, 6,5%
  4. Vietnam, 6,5%
  5. China, 6,2%

Obviamente, China es la estrella, que seguirá creciendo con fuerza, aunque menos de lo que nos tiene acostumbrados; pero es que la economía china ya es enorme, y hacerla crecer al 6,2% es algo titánico.

Si hubiera de destacar un país, como una oportunidad de inversión en 2019, aparte de China e India, que son los obvios, yo destacaría Vietnam. Creo que 2019 será el año de Vietnam. Yo voy a buscar la manera de aumentar mi exposición bursátil a Vietnam el año que viene. Claro que habré de hacerlo a través de algún fondo que dé peso a las empresas de ese país. La inversión directa se me hace difícil, por no decir imposible.

Pero los emergentes que crecen no están sólo en Asia. Aunque resulte desconocido por el gran público, hay países en Latinoamérica que crecen a tasas “asiáticas”, como República Dominicana (al +9,4%) o Panamá (+6,8%); e incluso en África, los hay que crecen por encima de China (Yemen, a pesar de sus problemas, se estima que crezca al +14,7%; Libia, igual, el +10,8%, o Ruanda, al +7,8%).

En conclusión, el mundo no se acaba en Europa, EEUU, Japón o China. Hay empresas y crecimiento más allá. Con permiso del dólar y la FED,

¿Alguien entiende el estado del Brexit?

Hago un esfuerzo por entender el proceso del Brexit y las consecuencias de las diversas opciones y escenarios, pero debo reconocer que no los entiendo.

Creo que le pasa lo mismo a muchos analistas e inversores, lo que hace que la probabilidad de escenarios de caos y pérdidas multimillonarias a uno y otro lado de la frontera se amplíe quizás más de lo que es realista.

La confirmación de May que se produjo ayer en el Parlamento británico nos da un respiro, pero seguimos sin verle el final al túnel. ¿Cómo es posible que los políticos se compliquen tanto la vida? ¿No existe una escuela de la política donde podamos mandarlos a todos para que se reciclen?

Escenarios económicos inmediatos

Hay cuatro factores que están influyendo en estos momentos en la evolución de los mercados financieros:

  1. La evolución del precio del petróleo. Si continuase bajando o experimentase un alza brusca y fuerte, las señales serían negativas. La bajada denotaría debilidad de la economía mundial y el alza dispararía una preocupación por la inflación. La mejor situación es un alza moderada, fruto de un acompañamiento de oferta y demanda. Parece que las decisiones de la OPEP van en el camino de la reducción de la producción y de la recuperación de una senda de precio al alza moderado.
  2. La solución el Brexit, de la que tendremos una idea mejor este próximo martes 11 de diciembre cuando sepamos qué opina el Parlamento británico. Una aprobación del Plan May calmaría a los mercados y supondría una reacción positiva de las bolsas; pero la posibilidad de una ruptura que abocase a una salida no pactada sin duda hundiría las bolsas.
  3. La evolución de la guerra comercial USA-China, que sigue el guión de un culebrón, esta misma semana agravado con la detención en Canadá de la directora financiera de Huawei. No se vislumbra una solución a corto plazo, y los dos escenarios extremos están abiertos: acuerdo y gran impulso a las bolsas, o ruptura y el caos.
  4. Por último pero no menos importante, la evolución de los tipos de interés del dólar. Si la FED frena la velocidad de subida de tipos y la curva se normaliza, manteniendo o rebajando los tipos a corto, iremos bien; pero si sigue con las subidas previstas y la curva de tipos profundiza en la pendiente negativa (tipos a corto más altos que los tipos a largo), entonces tendremos problemas.

En conclusión: estamos en una encrucijada, de la que las bolas pueden salir hacia arriba, o hundirse más de lo que lo llevan hecho en este complejo 2018.

recemos por que no se cumplan las hipótesis más pesimistas.

Bolsas: crisis tras crisis

A la sensación de que estamos ante un final de ciclo, airada a los cuatro vientos por muchos analistas financieros, se añaden cada día nuevos factores exógenos que ayudan a alimentar la sensación de miedo entre los inversores. Hoy ha sido la detención de la directora financiera de Huawei, que sin duda viene a aumentar la tensión en las relaciones China-USA, haciendo más difícil el entendimiento en el contexto de la guerra comercial en la que están empeñadas ambas potencias (¿o deberíamos decir ambos líderes?).

La conclusión, la salida de inversores de las bolsas es incesante, y con ello la caída de las cotizaciones. Como siempre en estos casos la gran pregunta es ¿es el momento de salir (acompañando a la manada) o justamente al contrario es el momento de entrar, porque los precios en relación a los beneficios de las cotizadas son una ganga?

Es el tiempo de los osados…

El bitcoin baja a la Tierra

El bitcoin cumple 10 años, y por fin está aterrizando desde las nubes donde lo habían puesto, sea por ignorancia o por avaricia y mala fe. Desde diciembre 2017 su cotización cae un 80%. ¿Será su final? No lo creo, pero sí su normalización e integración ordenada en el sistema de pagos internacional. Aunque queda aún un cierto camino por recorrer.

Perspectivas bursátiles positivas para las economías emergentes

Leo un informe de Robeco, una firma financiera que sigo y valoro, en el que predicen una evolución positiva de las acciones de países emergentes los dos próximos años. Cuando se refieren a países emergentes, el peso en los índices bursátiles mundiales lo soportan 6 países, por este orden:

  1. China
  2. Korea
  3. Taiwan
  4. India
  5. Sudáfrica
  6. Brasil

Es decir, no es un concepto abstracto, sino que se concreta en estas seis bolsas. De hecho, yo recomiendo invertir, a ser posible, o directamente en estas bolsas o, lo mejor, en un fondo que prime estas seis bolsas.

Las razones que inclinan a Robeco a ser optimista sobre las economías emergentes son tres:

  1. Creen que los países emergentes seguirán creciendo más que los desarrollados y que el diferencial se ampliará.
  2. Estiman que el dólar se debilitará en los dos próximos años, aunque pueda fortalecerse a corto plazo. creen que el impacto en la deuda emergente de una subida de tipos del dólar se compensará con la caída de la moneda.
  3. Defienden que las acciones emergentes en general están baratas con un PER actual de 12, por lo que han de subir.

La verdad es que es una música que me suena bien. Aunque no ocultan los riesgos, de los que hay que ser consciente. Yo por mi parte probablemente aumente mi exposición bursátil a los países emergentes, eminentemente asiáticos. En ello estoy.