Economía global

Globalización 2.0: algo bueno que nos traerá el COVID-19

Haciendo bueno el refrán de que no hay mal que por bien no venga, el coronavirus nos va a traer una esperada y necesaria «Globalización 2.0».

No será el fin de la globalización, como algunos reclaman y proclaman, porque sería absurdo y además es imposible, pero sí una globalización más equilibrada, en todos los ámbitos de nuestra vida y nuestra economía:

  • La industria, con una dependencia menor de China, al menos en algunos ámbitos.
  • El turismo, con un frenazo a la expansión acelerada de los viajes, sobre todo los transoceánicos, pero también los de corta estancia.
  • En la agricultura. con un fomento de la compra local.
  • En el comercio, alcanzando un reequilibrio entre el eCommerce y el comercio físico, pero no en una estrategia de confrontamiento sino de integración.

Ese cambio no se realizará solo por las condiciones de vida que exige el coronavirus, sino porque lo exige el planeta.

No tiene sentido que todo lo compremos en China, y de allí nos lo hagamos traer todo. No tiene sentido que cojamos un avión para pasar un fin de semana a kilómetros de distancia. No tiene sentido que comamos naranjas de Sudáfrica. Y muchos más ejemplos de lo que hacemos en nuestra vida cotidiana.

Creo que es un momento clave para la humanidad. Si no lo hacemos acabaremos con nuestro planeta y en definitiva con nuetra propia especie.

Los empresarios somos los primeros que nos hemos de poner las pilas y empezar a actuar de verdad dentro de una estrategia circular, buscando eliminar o al menos reducir al máximo nuestra huella de carbono. Pero hemos de tener el apoyo de los consumidores y de las administraciones. Creo que ahora, por fin, todos estamos de acuerdo. Y sí: podemos.

¡Bienvenida la globalización 2.0!

Eramos pocos y parió la abuela…

Disculpa la expresión, pero es lo que pienso cuando veo las bolsas de hoy. A la incertidumbre de una pandemia que sigue descontrolada en gran parte del mundo y que ha tumbado por KO a la economía mundial, se une un sector petrolero que no es capaz de parar las extracciones y que inunda literalmente el mundo de barriles, haciendo que su precio caiga por los suelos.

No se me ocurre escenario peor. Y las bolsas piensan lo mismo.

Si hubiera de invertir lo haría ahora.

Y de perdidos al río…

Economistas vs. expertos de Sanidad

En estos días se debate en España (y supongo que en otros países) sobre si hay que volver paulatinamente a reiniciar la actividad económica, ahora que parece que la curva de contagios y mortalidad se ha empezado a aplanar, o hay que esperar.

Los sanitarios avisan (con razón) del peligro de que los contagios vuelvan a acelerarse. Los economistas dicen que la economía no podría soportar más tiempo parada, y que el riesgo es que evitemos morir del COVID19, pero muramos de hambre, y que la crisis social sea más catastrófica que la sanitaria.

Yo creo que ambos tienen razón, y que la decisión no es en absoluto fácil. Los políticos tienen que mojarse y optar por un camino. En este caso, en España, han optado por una solución intermedia, que trata de mantener el confinamiento en unas personas, pero deja reanudar su labor a aquellos que están sano y no pueden teletrabajar, avisando del peligro y exigiendo las máximas precauciones.

No hay duda de que esta medida provocará más contagios. La cuestión es que consigamos que sean controlados y que puedan estar controlados y gestionados por nuestro sistema sanitario.

Y en el fondo el problema vuelve a estar en manos de los ciudadanos. Nosotros, con nuestro comportamiento prudente y siguiendo las recomendaciones sanitarias, somos los que podemos hacer que esta línea de salida del coronavirus sea exitosa.

¡Podemos!

¿Estamos en el pico del pesimismo?

Al menos eso es lo que siento ahora mismo.

Leo en El Confidencial una entrevista a Francisco Salmerón en la que afirma que «el Covid ha llegado para quedarse y no demos por seguro que habrá vacuna».

La directora del Fondo Monetario Internacional dice que esta será la mayor depresión desde el crack de 1929.

Escucho un webcast de una firma americana de fusiones y adquisiciones una recomendación a los empresarios de que vendan su empresa cuanto antes, a poco que aún esté sana, porque esto va para largo y las valoraciones se hundirán aún más.

Espero que sea un efecto indirecto de que estamos en Viernes Santo…

¿V o U?

Esta es la gran cuestión que ahora mismo se está debatiendo. ¿Tendremos una recuperación en V o en U?

Entre una y otra forma de salir de la crisis hay un abismo. Como dice el director de estudios de Caixabank: «Hemos de hacer todo lo posible para que sea en V»

Quien soportará el coste del post COVID19

Aunque esta pandemia no está ni mucho menos superada, ya empieza a debatirse el cómo salir de la crisis y quién y cómo deberá soportar sus costes.

Yo me he hecho mi propia reflexión, que expongo con el deseo de ayudar a mis lectores a aclarar sus ideas, porque hemos de evitar las afirmaciones irreflexivas que ya empiezan a escucharse.

Lo primero que creo que debemos aceptar es que el esfuerzo necesario para salir adelante deberá ser soportado por todos de forma equitativa. Todos quiere decir los más poderosos y ricos y los menos. Obviamente que la claves es definir el modo para que se pueda considerar un reparto equitativo. Por ahí vendrán los problemas.

Otra cosa que también debemos tener clara es que, de modo directo o indirecto, quienes soportarán la crisis serán los ciudadanos, las familias. Tu familia, mi familia, o la de Amancio Ortega o Ana Botín. Porque detrás de las empresas o los gobiernos, no debemos olvidar que hay familias. Familias de los accionistas, los directivos o los trabajadores…

Esos son los tres entes que van a jugar aquí:

  1. Ciudadanos: trabajadores, empresarios, ahorradores/inversores, jubilados, funcionarios…
  2. Empresas: grandes, medianas, pequeñas, bancos…
  3. Gobiernos: locales, nacionales o supranacionales, incluidos organismos públicos de todo tipo.

Esa triada va a apoyarse en los dos sistemas socio-económicos que son clave en nuestra sociedad:

  • El sistema financiero: bancos privados y públicos e instituciones financieras de todo tipo.
  • El sistema fiscal: los impuestos, los presupuestos de gasto, las ayudas en forma de subvenciones o préstamos, etc.

Entre esos 5 elementos, a través de múltiples mecanismos, habrá que encajar el desajuste que implica el parón económico y las consecuencias sociales que va a suponer el coronavirus.

Vuelvo a decir que, lo resolvamos como lo resolvamos, al final de todo hay ciudadanos, estén en España o en Alemania, sean ricos o pobres. Personas que verán afectada su vida y su economía por las medidas que se adopten. No entidades impersonales en las que hay quien puede pensar que acaba todo. Detrás de cada gobierno están sus ciudadanos, que pagan sus impuestos y cumplen sus directrices. detrás de cada empresa están sus accionistas y sus empleados, que cobran sus dividendos o sus salarios. Nadie querría sacrificar nada, pero todos habremos de hacerlo. El COVID19 va a impactar en sus vidas y en sus patrimonios, de un modo u otro.

De los 5 elementos que he citado al principio, queda claro que quienes tienen un mayor protagonismo son los gobiernos, porque están en lo alto de la pirámide e influyen en todos los demás: empresas, ciudadanos, sistema financiero y sistema fiscal. Pero eso no quiere decir que no sea importante el papel de cada uno de ellos.

Pensemos un poco en el papel que juegan.

Los ciudadanos

Ya he dicho, y repito, que ellos son, al final, los que han de poner en común sus esfuerzos para salir de esto. Para ayudarse entre ellos. Unos lo harán voluntariamente y otros obligados, pero ha de ser así. No son las empresas, por ejemplo, las que aportan o reciben fondos, sino que los aportan o reciben sus accionistas, directivos o trabajadores. No debemos olvidar eso cuando decimos «las empresas han de pagar más impuestos» o «las pymes han de recibir subvenciones». Las empresas no son entes abstractos e impersonales; detrás de cada una de ellas hay personas.

Cuando hablamos del gobierno, y por ejemplo decimos que «el gobierno debería pagar una renta básica», ya entendemos que hay personas que lo necesitan y que recibirán esa renta, pero no siempre caemos que ese dinero sale de otras personas, que deberán pagar más impuestos, o dejar de recibir rentas del gobierno (sueldos de funcionarios o subvenciones empresariales, por ejemplo). Los gobiernos no tienen una máquina de hacer dinero hasta el infinito. Si quieren gastar más de lo que ingresan deben pedir prestado (es lo que se llama la Deuda Pública) y lo que hacen entonces es ponerle una deuda a las generaciones venideras, que no podrán gastar todo lo que recauden sino que deberán pagar esos préstamos con sus intereses, como ya nos pasa ahora, por cierto.

Tras esta crisis todos los ciudadanos del mundo veremos reducido de un modo u otro nuestro patrimonio y nuestras expectativas económicas. A corto plazo será por la diferencia entre lo que recibamos del fondo común (en forma de ayudas o subvenciones) y lo que debamos aportar de más (en forma de impuestos). Además de la reducción de patrimonio que experimentaremos porque nuestra vivienda o nuestras acciones o nuestra empresa van a valer mucho menos, porque la economía va a entrar en recesión con fuerza, de la que no sabemos cuándo nos recuperaremos.

El sistema fiscal ya tenemos claro como actuará de mecanismo de reajuste entre unos ciudadanos y otros. ¿Cómo lo hará el sistema financiero? De diversas maneras.

  • Habrá ciudadanos que comprarán los bonos que emitan los  diversos gobiernos. Puede que un ciudadano español compre un bono italiano, y uno italiano compre un bono del estado español. De esta manera los gobiernos podrán hacer frente a las ayudas a empresas y trabajadores.
  • Otros comprarán bonos emitidos por las empresas, para que no entren en concurso y así mantengan los puestos de trabajo.
  • Otros comprarán bonos de los bancos, o mantendrán depósitos en ellos, para que esos bancos les presten dinero a las empresas, los autónomos o a los ciudadanos directamente.

Las empresas

Las empresas hand e defender ante todo su viabilidad; es decir, su capacidad de seguir operando, de sobrevivir. Han de defender sus activos, sus marcas, sus productos, sus clientes, sus mercados y, por supuesto, a sus empleados y a sus accionistas.

Si cae una empresa, todos ellos quedan afectados. E indirectamente toda la sociedad.

La cifra de ventas caerá, los beneficios se reducirán, el empleo se reducirá, el valor de la empresa se hundirá, pero siempre vale más una empresa viva que una empresa muerta. La sociedad no se puede permitir que las empresas mueran, y del mismo modo que los médicos y sanitarios han luchado por que las personas no mueran (o que sean las mínimas), hay que luchar por que no mueran las empresas. Aunque hay que asumir que las más débiles morirán. Y así como a las personas no las podemos resucitar, a las empresas si que las podemos refundar. Pueden empezar de nuevo, o fusionarse con empresas más grande so más fuertes. El resultado final no debe ser necesariamente negativo, como he explicado en uno de mis post.

La forma en que las empresas sean tratadas por el sistema fiscal y el financiero, con el apoyo de los gobiernos, será clave para que la mortalidad sea la menor posible. Es un escenario similar al de los hospitales. Hay que diagnosticarlas y tratarlas, y a aquellas en peor estado hay que ponerlas en la UCI, para ver si alguna puede salvarse.

Pero habrá que admitir que también aquí habrá fallecidos.

Recomponer el escenario empresarial no será fácil, los gobiernos deberán ejercer de árbitros en ese reequilibrio para que sea rápido y justo.

Los gobiernos

En ese papel de gestionar el reparto de las ayudas y los costes de este proceso de reequilibrado al que nos enfrentamos todos, están todos los gobiernos del mundo. En al caso español hay tres niveles de gobierno especialmente implicados:

  1. La Unión Europea
  2. El Gobierno de España
  3. El gobierno de nuestra comunidad autónoma

Todos los gobiernos han de hacer frente con sus recursos a los desequilibrios que se produzcan en sus zonas de influencia, y coordinarse a su vez entre ellos.

Los recursos de todos los gobiernos provienen de sus presupuestos. Cuando aparece un gasto inesperado (como es el caso) tienen tres vías de actuación, que pueden y deben utilizar de forma simultanea:

  1. Tratar de aumentar los ingresos, lo que implica básicamente subir los impuestos existentes o crear nuevos impuestos, siempre en el ámbito de su autoridad: La UE a los países, el Gobierno de España a sus ciudadanos y empresas (incluidos los bancos y los clubs deportivos, por ejemplo), los gobiernos de las comunidades a los ciudadanos y empresas en el ámbito de su comunidad y en el contexto de la legislación nacional.
  2. Reducir los gastos de todas las partidas del presupuesto en la medida que sea posible. Por ejemplo el sueldo de los funcionarios públicos o el de los políticos. Y reducir o incluso eliminar las inversiones, aplazándolas lo máximo posible. Como hará cualquier empresa.
  3. Pedir dinero prestado, sea a instancias superiores o a los mercados financieros (si están dispuestos a prestárselos), para poder gastar más de lo que ingresan.

Como ya he dicho antes, cuando un gobierno se endeuda está pasando una carga a sus ciudadanos del futuro.

El sistema financiero

Lo conforman los bancos centrales de cada moneda (en nuestro caso el Banco Central Europeo junto a los bancos centrales de cada país) y los bancos y entidades financieras de cada país, los mercados financieros (las bolsas) y, en definitiva, los inversores.

A ellos acudirán los ciudadanos, las empresas y los gobiernos a pedir prestado el dinero que necesiten para hacer frente a las necesidades especiales provocadas por esta crisis. Alguna de estas peticiones será de dinero nuevo, y otras serán de aplazamiento (o condonación) de préstamos antiguos. Serán negociaciones tensas.

El sistema financiero prestará en función de las expectativas de recuperación de lo prestado. En este aspecto será clave que los entes superiores respalden y avalen, si cabe, a los inferiores: las empresas a los ciudadanos, los gobiernos a las empresas y los entes supranacionales a los gobiernos.

La cúpula de esos sistemas financieros, y sobre todo los bancos centrales más importantes, destacando la FED norteamericana y el BCE europeo, va a jugar un papel capital (nunca mejor dicho) en esta crisis y en la rapidez y coste de su recuperación.

En conclusión

Todo va a depender de la rapidez con que la economía se recupere, de modo que se eviten quiebras en cadena y se evite entrar en un círculo vicioso letal para todo el sistema.

Lógicamente, los países, empresas y ciudadanos que estén menos endeudados, que tengan mayores reservas para utilizar en estos momentos, son los que saldrán mejor parados. Quienes tengan un exceso de endeudamiento y no puedan acceder al crédito, tendrán muy difícil la salida. Los gobiernos endeudados (como Italia y España) habrán de hacer recortes más serios en sus gastos actuales. En ese contexto se enclava la dura discusión que se está llevando a término estos días en la Unión Europea. Es posible que hablemos de congelación de pensiones y sueldos de funcionarios, si no en recortes. Y, como ya he dicho, congelación de inversiones.

Las empresas lo tendrán más complicado. En cualquier caso habrán de:

  • Congelar dividendos
  • Congelar inversiones
  • Recortar personal no esencial
  • Rebajar sueldos
  • Recortar gastos superfluos y renegociar contratos, como los de alquiler
  • Vender o reducir activos (oficinas, naves, mquinaria…). He escrito un post en ese sentido.

Los ciudadanos que necesiten endeudarse y no tengan opción de hacerlo deberán recortar gastos al máximo y prescindir de gastos como, por ejemplo:

  • ocio, viajes
  • renovación de mobiliario
  • renovación de automóviles

Quizás haya quien deba plantearse la venta de sus inmuebles, aunque los precios van a ir a la baja, lo mismo que los alquileres.

En suma, vamos a enfrentarnos a un tsunami que marcará una época. Habrá un antes y un después de a crisis del COVID19. Ya nadie lo discute. Dejará un rastro de cambio profundo en los cinco ámbitos que menciono en este post. ¡Y sobre todo en los ciudadanos! Nadie está a salvo.

 

 

Todo sigue pendiente de saber cuándo podemos volver a la normalidad

Leo o escucho a muchos analistas tratando de discernir lo que está pasando en las bolsas o en la economía, y todo gira alrededor de un único dato: cuándo podremos volver a la normalidad y las empresas volverán a producir y la economía a girar. Solo entonces podremos hacernos una idea más clara de cuándo recuperaremos el empleo, las bolsas, los déficit públicos, etc.

Estamos en un momento en que las noticias siguen siendo confusas. Junto a la evolución esperanzadora de los países europeos (que, en general, van de peor a mejor), como Italia y España (aunque quizás con la excepción de Gran Bretaña, que está retrasada por la tozudez de su primer ministro), América está en plena lucha con el virus, y todos aceptan que lo peor está por llegar. Y Asia avanza, aunque con sustos como el empeoramiento de Japón. Es decir, seguimos con la incertidumbre de no saber cuando volveremos a arrancar.

Hoy leo que Austria quiere ser la primera, y me alegro de ello y espero que tengan éxito y nos marquen a los demás el camino a seguir.

Mientras tanto, los mercados financieros seguirán a la expectativa. ¡Y lo que es más importante, se riñan poniendo más nerviosos cuanto más se alarguen los plazos! Porque saben que cuanto más tiempo paralizado, más tiempo necesita el cuerpo para recuperar sus músculos. Y en eso estamos.

Las políticas permisivas con el COVID no dan resultado

Japón declara el estado de emergencia ante el resurgimiento de brotes de coronavirus. En Gran Bretaña Boris Johnson es hospitalizado. En Brasil el ejército cuestiona a un Bolsonaro que desprecia las medidas de confinamiento. En Estados Unidos crecen los contagios y las muertes, y la reelección de Trump se pone en cuestión e incluso los demócratas se plantean sustituir a Biden por el gobernador de Nueva York, Andrés Como.

Parece que la política de confinamiento que conlleva tomarse en serio el COVID, a pesar de la crisis económica que conlleva, son las que predominan.

Asumámoslo, muchas empresas habrán de empezar de nuevo, pero no tiene por qué ser malo

Creo que este parón universal va a provocar muchas situaciones de insolvencia. En España muchos concursos de acreedores. Y desde luego va a causar mucho daño. Pero cuanto antes lo asumamos antes lo superaremos. De alguna manera las empresas habrán de empezar de nuevo, sobre lo que quede aprovechable de esta crisis. Los jueces mercantiles habrán de tenerlo en cuenta, y los legisladores habrán de ayudar a que así suceda. No será fácil, pero seguirá habiendo empresarios con ganas de seguir y tirar adelante.

Y aunque ahora pensemos que nuestra empresa no vale nada, y si miramos a su balance puede que así sea, las empresas valen lo que valen sus expectativas de futuro. Y si alguien fue capaz de levantar una empresa antes, por qué no ha de serlo ahora. Y más, como digo en otro post, si el mercado se despeja y todos empiezan de nuevo, y los competidores son menos y el equipo está unido…

Miremos al futuro, ahora tan incierto, con ánimo, y empecemos a prepararnos mentalmente para volver a empezar.

El sector del comercio (del retail) no habrá quien lo reconozca después del COVID19

Creo que desparecerán los comercios Offline puros, excepto los muy muy especializados, y siempre que incluyan un importante nivel de servicios asociados al producto.

En general solo quedarán empresas que combinen sus ofertas online y offline.

Habrá pocos generalistas. A nivel global, Amazon y Alibaba, ya inalcanzables. A nivel regional, algunos players de menor tamaño, y siempre que traten de especializarse en un segmento de clientes y que incorporen algún tipo de servicio adicional. Pero serán pocos y débiles.

El resto serán especialistas, con ofertas verticales, que tratarán de imponer su conocimiento del producto y de nuevo algún nivel de servicio adicional especializado. Los comercios locales solo podrán sobrevivir si combinan tres factores:

  1. Especialización de producto
  2. Focalización en un segmento de clientes
  3. Incorporación de servicios adicionales

Habrá cierres a espuertas y el panorama, salvo por los dos grandes, cambiará radicalmente. Y eso va por casos como los de El Corte Inglés en España o Macy’s en Estados Unidos. Y no digamos los comercios de pueblo…