Economía global

Ya avisé: el sector del automóvil entra en una época convulsa

Esta semana Daimler avisa de su cuarto recorte de beneficios previstos en el año.

Hace poco Fiat se ofrecía a Renault para una macrofusión.

Volkswagen y Ford se unen para desarrollar coches sostenibles.

Y así podríamos seguir.

Sin duda alguna a la industria del automóvil le llega un Armaggedon.

Quien no lo quiera ver es que es ciego.

El comercio internacional se ralentiza, ¿es eso malo?

Mi opinión es que no necesariamente. Quizás es malo a corto plazo, pero podría ser bueno a largo plazo.

Lo que no tiene sentido es que el crecimiento del comercio internacional duplicase el crecimiento de la economía mundial. Ahora se estima que se acoplara el crecimiento económico mundial.

¿Por qué está pasando?

Obviamente, ante todo, por el «efecto Trump», es decir, la guerra comercial con China y otros países. Pero yo creo que hay un movimiento de fondo que está liderado por la onda verde que está afectando al comportamiento de consumidores y gobiernos en todo el mundo, al menos el mundo desarrollado. Se está optando por comprar productos más cercanos y evitar así no solo los absurdos costes logísticos que supone mover mercancías de un lado del mundo al otro, sino el impacto sobre la huella de carbono que ello supone.

¿Tiene sentido que comamos manzanas suizas y naranjas de Sudáfrica, cuando ambos productos se producen en España en calidades y cantidades superiores a nuestra demanda? El nuevo consumidor está cada vez más atento a evitar estas barbaridades que atentan contra el planeta. La sostenibilidad es el nuevo credo social, y va a suponer, económicamente hablando, la nueva revolución, superando de algún modo a la revolución tecnológica. Ayer mencionaba el éxito de Beyond Meat, el fabricante de carne sin carne que tanto éxito está cosechando en los Estados Unidos y en la bolsa.

Es por eso que hemos de meditar algo más las consecuencias de la ralentización (yo diría normalización) del comercio internacional que ha provocado Trump. A veces las acciones de algún insensato pueden tener consecuencias positivas inesperadas.

La clase media es la nueva jet set (y eso tiene consecuencias)

Hace años se hablaba de la jet set para referirse a una clase acomodada y privilegiada que viajaba en avión de un lado a otro del mundo, del mismo modo que el sufrido ciudadano cogía su seiscientos para ir de vacaciones al pueblo.

Además, la jet set viajaba todo el año, pero la sufrida clase media se limitaba a hacerlo en agosto.

Pero las cosas han cambiado radicalmente. Ahora ya nadie se plantea ir de vacaciones al pueblo (o casi nadie). Las vacaciones son lo más lejos posible, y si se puede (y se hace por poder), fuera del mes de agosto.

La consecuencia es que ya todo el mundo viaja y lo hace todo el año. En aviones, en cruceros, en coches particulares… el humano del siglo XXI tiene mayor movilidad que nunca. Los precios más bajos, la globalización, la eliminación de barreras burocráticas, el aumento de la oferta turística, la universalización del inglés como idioma franco, el uso de las tarjetas de crédito como medio de pago…, todo ha ayudado a que eso pase.

Y no es solo la clase media de edad media, sino que hay un colectivo que viaja incluso por encima de la media: los jubilados (y en especial los prejubilados). Son personas jóvenes aún, que tienen tiempo y dinero; y no se quieren estar de nada. Yo estoy entrando en ese grupo, y mis amigos literalmente no paran.

El resultado de todo ello: lineas aereas, aeropuertos, ciudades turísticas, hoteles, etc., están saturados. Los habitantes de las ciudades se quejan de que estas se han convertido en parques temáticos en los que no se puede vivir. La polución generada por la industria turística perjudica al aire y a las reservas naturales (playas, bosques, etc.). Las ciudades, los museos, los países, los aeropuertos, los puertos, en general las infraestructuras, no pueden parar ni absorber adecuadamente la avalancha turística.

Estamos ante un problema de éxito que hay que gestionar.

¿Acabará siendo el no viajar lo que se lleve? No me extrañaría mucho…

Reflexiones sobre Trump y sus guerras comerciales

Quiero dedicarle unas líneas a compartir con vosotros mi opinión sobre el principal elemento que está minando la confianza de los inversores y generando incertidumbre y desconfianza en el futuro: la guerra comercial de Trump.

No contento con la guerra comercial con China, acaba de plantear una guerra comercial con México. Y está amenazando con extenderla a otros frentes, Union Europea incluida.

Los objetivos de esa guerra comercial (en la que no se amenaza con bombas sino con aranceles), y sobre todo el método, son completamente erróneos. Pero el adolescente repeinado ha encontrado una forma de demostrar su poder que le fascina. Ha descubierto que se pueden hacer declaraciones de guerra incruentas. El ya querría hacerlas de las verdaderas, pero es suficientemente inteligente para saber que con esas no le dejarían jugar.

Volvamos a preguntarnos: ¿A dónde puede llevar esto? ¿Cómo puede acabar? Aunque es algo nuevo y no lo sabemos a ciencia cierta, la lógica dice que sólo puede acabar con un acuerdo, porque ni a EEUU ni a China o México o quien sea, le interesa estar en guerra comercial. Las guerras comerciales acaban haciendo daño a las dos partes, y de rebote a los socios comerciales de las mismas. Aunque a corto plazo parezca que hay vencedores y vencidos, a medio plazo se ve que no. Por tanto, más pronto o más tarde, se sentarán a negociar y pactarán soluciones. En el caso de China, cuando acepte de verdad la reglas de juego internacional en su plenitud, en materia de respeto a la propiedad industrial y al medio ambiente, y acepte competir con las mismas reglas que todos. Aunque no será fácil, porque se está jugando la hegemonía global con Estados Unidos. En el caso de México será más fácil. Se trata de que sea más efectiva en el control y limitación del flujo migratorio que entra a Estados Unidos desde su territorio. No tiene razones sólidas que justifiquen una oposición a esos deseos de la gran potencia.

Aunque el cambio de fondo está ligado a la permanencia de Trump en el poder. Como máximo estará cuatro años más. Y no es imposible que pierda las elecciones de 2020. De hecho es ahora cuando está más activo porque quiere ganar esas elecciones. Si las gana, se calmará, y probablemente trate de disfrutar su segundo mandato sin empreñar mucho (su egocentrismo lo guía en todo, como el niño mimado que es); y si no las gana, mejor, porque estará fuera de juego. De hecho las bolsas subirían en vertical si se empezase a sospechar que las pudiera perder, o que los demócratas, por fin, inician un proceso de impeachment.

Los países con mayores reservas de oro

He leído un artículo en un diario (no recuerdo en cual, que me perdonen) que hablaba de las reservas de oro por países en el mundo y me ha hecho pensar.

Por ejemplo, la mayoría de nosotros acertaría si le preguntasen cuál es el país con mayores reservas de oro del mundo. Si: Estados Unidos. Pero, ¿y si te preguntan por el segundo? Ya no es tan obvio (creo): Alemania. ¿Y el tercero y cuarto? Italia y Francia, respectivamente. El quinto seguro que no te lo imaginas: Venezuela.

¿Y sabías que el nivel de reservas de oro de la Unión Europea es superior al de Estados Unidos? Quizás tiene algo que ver con la fortaleza del euro.

Obviamente, es un dato más y no es el factor explicativo de la potencia económica de un país ni mucho menos. Por ejemplo. España está en el puesto 18 y en parte es porque en 2007 decidió vender parte de sus reservas de oro por pura política de rentabilización de las mismas (aunque escogimos un mal momento porque al año siguiente el precio del oro subió con fuerza). Y otro país que Sorprende no encontrar entre los cinco primeros es China (aunque es el sexto).

Trump: el niño que sigue jugando con el mundo

Hay una canción de Serrat en la que dice: “… niño, deja ya de joder con la pelota…” No sé porqué, pero cuando veo al ínclito presidente Trump me recuerda esa canción.

Ahora que parece que ya se “ajunta” con su amiguito chino (después de aburrirse de jugar con su amiguito coreano), se plantea jugar con su pelotita en la casa de los europeos, y apunta su piernecita a los cristales de la vieja Europa, amenazando con un pelotazo de aranceles.

Qué razón tiene el refranero español: “Quien con niños se acuesta, ______ se levanta…”

¿Por qué la economía británica parece inmune al Brexit?

Supongo que a usted, querido lector, le sorprende como a mi que la economía británica siga creciendo como si nada pasase, en medio del caos político que vive el gobierno y el parlamento británico.

¿Se deberá a que la sociedad británica y loa inversores internacionales no creen que se produzca un Brexit sin acuerdo? ¿O es que la confianza en la economía británica es tan grande que creen que pase lo que pase no se producirá un caos y una crisis económica como vaticinen múltiples analistas?

No sé si es un pez que se muerde la cola, pero la realidad es que esa misma confianza mantiene a la bolsa británica y esa actitud de la bolsa mantiene quizás a la economía.

Veremos cómo acaba.

¿Se está fraguando una burbuja de la sostenibilidad? ¿Será la quiebra de Tesla la que pinche esa burbuja?

A nadie se le escapa que estamos en una época en la que todo lo que suene a sostenible tiene el viento de cola. ¡Lo sostenible es guay!

Eso explica que todas las actividades que se impulsan actualmente, sean empresariales o meramente sociales, son, indefectiblemente «sostenibles». Ahora todo es, o pretende ser, sostenible.

Los proyectos empresariales o financieros son sostenibles o no son. Y cualquier inversión en sostenibilidad o en energías renovables encuentra dinero mucho antes que las que no alzan esa bandera.

El paradigma de la economía sostenible es el coche eléctrico en estos momentos; y el paradigma del coche eléctrico es Tesla. Pero, ¿qué pasaría si Tesla, que no ha conseguido hasta ahora ganar dinero, y que puede cualquier día colmar la paciencia de los inversores, quebrará?

Me imagino que pasaría algo parecido al estallido de la burbuja tecnológica que vivimos y sufrimos en el año 2000.

¿Es eso posible?

Amazon monopoliza el comercio electrónico

Los proyectos de comercio electrónico puros, ya sean generalistas o incluso especializados, que se han intentado en España (y supongo que en todo el mundo) en los últimos años, están pasando por horas bajas en su mayoría. O han echado la persiana o están pasándolo muy mal. ¿Por qué? Pues porque los grandes players mundiales están acaparando todo el mercado. En especial Amazon.

La presencia del coloso norteamericano en Internet es tal que no deja espacio para que se desarrollen posibles competidores. Su potencia en los tres campos clave de la proposición de valor del ecommerce (marketing, tecnología y logística) es apabullante. Prácticamente nadie le puede hacer sombra. Su cuota de mercado es monopolística. Sólo en algunas regiones (caso de Asia con Alibaba) o sectores (caso de Zooplus en mascotas, o Zalando en ropa y accesorios, por ejemplo), algunas empresas (ya de un tamaño considerable) le pueden hacer un poco de sombra. Pero los pequeños players y las startups no tienen apenas recorrido.

¿Es eso bueno? Yo creo que no.

¿Y en qué quedará el ecommerce?

Pues en mi opinión quedarán los grandes players globales universales y algunos (pocos) especializados, pero con carácter global y gran tamaño, y quedará el ecommerce como canal de venta B2C de cualquier empresa que tenga un producto que quiera llevar al consumidor a través de Internet, o como canal complementario de la presencia física de los comercios físicos bien posicionados, tanto a nivel mundial (WalMart, por ejemplo) como local (El Corte Inglés, o pequeñas tiendas locales especializadas).

Estados Unidos, un país oligopolizado y dominado por las grandes corporaciones

Leo en el periódico La Vanguardia un artículo de Andy Robinson el que comenta que el FMI ha advertido del enorme poder de las MEGA corporaciones. En él da unos datos, tomados de un estudio del Open Market Institute, que me han dejado perplejo sobre los oligopolios existentes en un país que se las da de ser la meca del capitalismo liberal.

Por ejemplo, citando el artículo, Amazon controla el 49% de todo el comercio electrónico en el país; Facebook el 70% del mercado de las redes sociales, tres empresas controlan el 67% de las farmacias, otras tres el 75% del de la cerveza, otras tres el 50% del alquiler de coches; o dos empresas de telecomunicaciones el 69% de ese mercado; por último, y por no extenderme más, las cuatro principales líneas aéreas el 76% de los vuelos nacionales. ¡Y esa concentración no ha parado de crecer en los últimos años!

Supongo que es una consecuencia de la globalización y de la fuerza de las macrocorporaciones, que allí donde no llegan compran a los competidores emergentes. Obviamente es algo que da que pensar.

Algo parecido se está produciendo a nivel mundial.

Creo que no hay manera de pararlo. Probablemente habrá que mirarlo de otro modo, y plantearse la concentración en términos de mercado mundial y no nacional. Y además, por supuesto, los gobiernos habrán de estar muy atentos a que no se corrompa la competencia y que no se traspase una línea de poder y dominio que haga que las mega corporaciones de adueñen realmente del mundo.

El FMI ya ha dado la voz de alarma.

Recomiendo a mis lectores que le echen una ojeada al libro de Henry Mintzberg que viene totalmente al caso: La sociedad frente a las grandes corporaciones, publicado por mi editorial Libros de Cabecera (www.librosdecabecera.com).