Economía global

Trump para rato

Desgraciadamente creo que vamos a tener Trump para cuatro años más si algo no lo remedia.

Hace 4 años me atreví a vaticinar que no acabaría su mandato, pero veo que me voy a equivocar, para desgracia de su país y del resto del mundo. Sin duda el mundo debe haber cometido algún pecado del que Dios nos está haciendo pagar la penitencia.

Yo me pregunto: ¿cómo es posible que en un país como los Estados Unidos no surja un candidato (demócrata, lógicamente) que saque a este personaje de la presidencia?

Aunque acabamos de ver un ejemplo similar en Gran Bretaña, donde un individuo como Boris Johnson ha ganado porque su rival (Jeremy Corbyn) realmente no ha dado la talla.

El mundo acabará pagando, más pronto o más tarde, las consecuencias de estos perniciosos políticos.

La Bolsa ha dado hoy un aviso

Las bolsas mundiales han experimentado un importante caída hoy. El IBEX más de un 2%. Se ha debido a un nuevo tweet del insigne Trump insinuando aranceles al acero de Brasil y Argentina.

Hace tiempo que vengo diciendo que los ataques de Trump a los avances del libre comercio global pueden acabar afectándolo estructuralmente, y las consecuencias de ello pueden ser muy negativas. Quizás catastróficas para las bolsas mundiales. Ojalá me equivoque, pero que el mercado está nervioso lo demuestran días como hoy.

El sector de la automoción va directo a una crisis

Ya lo escribí en algún post anterior: la industria automovilística va directa a una crisis.

No descubro nada nuevo, porque la crisis ya está impactando en los fabricantes de automóviles como consecuencia del asunto del engaño en las emisiones de los motores diesel; pero esa crisis quedará en nada comparada con la que se avecina (si no está ya aquí).

¿Por qué una crisis estructural? Pues porque la convergencia de varios factores va a hacer que el modelo de negocio del automóvil cambie drásticamente y, sobre todo, que la producción mundial de vehículos caiga en picado.

¿Cuáles son esos factores? En mi opinión son 4, y todos apuntan a un menor uso del vehículo particular:

  1. La crisis climática, que aconseja usar menos una máquina que es contaminante, y en todo caso optar por una no contaminante.
  2. La congestión urbana, que está echando los vehículos privados de las ciudades. La imposibilidad de llegar la centro en coche, y la imposibilidad de aparcarlo, o al menos de hacerlo a un coste razonable, literalmente ahuyenta al vehículo privado de las urbes. Sobre todo de las grandes urbes.
  3. El auge de los servicios de taxi o similar (Uber, etc.) de pago por uso. Y en general de la movilidad urbana alternativa: bicicleta, patinete, etc. Todo ello alineado con los factores 1 y 2 anteriores.
  4. Y, último pero no menos importante: el rechazo de las nuevas generaciones a poseer un auto. Incluso a usar un auto.

Es obvio que el coche no está de moda entre las nuevas generaciones. Somos los más viejos quienes nos aferramos a esa cultura con la que hemos crecido y en la que hemos creído hasta ahora. Pero es algo que morirá con nosotros.

El automóvil no es el negocio en el que estar en estos momentos. No es el negocio del siglo XXI. Hay que reinventarlo. En ello están muchos. El premio es grande.

El valor de los activos depende de los tipos de interés

El valor de cualquier activo responde a una sencilla división: en el numerador, las expectativas de ingresos anuales medios a futuro que puede esperar el poseedor del activo; en el denominador, el interés que ese inversor tiene lógica que espere de esa inversión.

Es el denominador donde incide directamente el nivel de los tipos de interés. Cuando estos son muy bajos, el valor del activo es alto; cuando los intereses suben, el valor de los activos baja. Es algo automático, matemático. No admite discusión.

Aunque hay otros elementos que influyen en el valor de los activos, como el nivel de crecimiento de la economía o el nivel de incertidumbre, en estos momentos la influencia de los bajos tipos de interés, pilotados por los bancos centrales, es crucial. Hace que los activos estén, sin duda, sobrevalorados, y que exista un claro peligro de que caigan los valores si los tipos de interés, en algún momento en los próximos años, empiezan a subir.

Eso quiere decir que actualmente, cuando compramos acciones, o bonos a largo plazo, o invertimos en activos alternativos, dependemos muy mucho de que los tipos de interés no suban en los próximos años.

No se vislumbra que lo hagan, porque los niveles de inflación, tanto en la zona euro como en la zona dólar, son bajos y parecen controlados; pero eso puede que no sea así siempre.

El único consuelo que nos queda es que, si pasa, afectará a todos los activos. No se salvará ni uno. Mal de muchos… consuelo de tontos…

El mundo está abocado (pronto) a un gran cambio económico y social

Creo que quien más quien menos está convencido de que va a ser así. La cuestión no es si sucederá, sino cuándo.

Y cada día hay más voces que no afirman.

Leo hoy en eleconomista.es un artículo de Enric Cuartas en el que cita a su vez al conocido financiero Ray Dalio, quien, en un artículo en LinkedIn afirma: «el mundo se acerca a un gran cambio de paradigma».

Dalio ve la situación «insostenible». Yo coincido con él.

¿Cuáles son los síntomas?

  • Enormes desigualdades dentro de los países y entre países.
  • Una enorme inflación del precio de los activos en todo el mundo, pero especialmente en el mundo desarrollado, como consecuencia del exceso de dinero creado por los bancos centrales.
  • La existencia de muchos países, desarrollados y no desarrollados, en bancarrota, incapaces de hacer frente a sus obligaciones; en especial el pago de las pensiones, y en general el sostenimiento del estado del bienestar.
  • Los bancos centrales en general desbordados por la realidad porque han agotado sus armas, al llevar al límite la creación de dinero, sin que la economía tome brío y suba el IPC. Al contrario, han encarecido los activos (haciendo más ricos a los más ricos) pero no han subido los salarios (haciendo más pobres a los más pobres).

Parece obvio que hay que inventar un nuevo modelo económico y social, ya sea un nuevo capitalismo o un nuevo socialismo, o un nuevo -ismo.

Si ese modelo no se encuentra pronto y se implementa rápido, las consecuencias seguirán y aumentarán:

  • La desigualdad provocará estallidos sociales, como ya está pasando en varios países (véase Chile). Y como ya se está notando en el auge de los populismos.
  • Los inversores seguirán invirtiendo relajando sus criterios, en malos proyectos que los llevarán a la quiebra (véase la pifia de Softbank en WeWork), porque han de colocar las enormes sumas de dinero que les dan a invertir.
  • Los gobiernos seguirán endeudándose para cubrir déficit crecientes (véase tantos, pero por ejemplo Argentina).

Aún podemos encontrar una salida, pero creo que no nos libramos de un crack. De nuevo para mi la cuestión no es si tendremos o no un crack, sino cuándo y de qué dimensión. Será asumible si lo anticipamos y nos mentalizamos y actuamos en consecuencia. Será traumático si nos quedamos de brazos cruzados y llega como un tsunami.

Se me ocurre que hay muchos paralelismos con otro crack inevitable que va a llegar: el climático.

¡Hay que asumirlos y abordarlos, a la vez, YA!

La crisis climática ya está aquí (por si alguien lo dudaba)

El norteamericano Jeremy Rifkin augura el final de la sociedad basada en los combustibles fósiles (carbón, petróleo) entre 2023 y 2030,  y avisa de que puede suponer un impacto muy apreciables en el PIB mundial. Se basa para ello en el abaratamiento de las fuentes de energía sostenibles, y en especial la solar y la eólica.

A la vez hoy mismo informan los medios de comunicación de que en la India se ha decretado la emergencia climática en Nueva Delhi, porque los índices de contaminación sobrepasan todos los niveles y suponen un peligro inmediato para la salud de sus habitantes.

Disculpen mis lectores si insisto en ello, pero sin duda alguna la crisis climática será probablemente el principal elemento de la transformación de la industria y la economía (e incluso de la sociedad) en los próximos 10 años. De hecho, ya lo está siendo.

El futuro tecnológico (y económico) es de Asia

No digo nada nuevo, pero he encontrado en un artículo de Xavier Ferràs en La Vanguardia una información que expresa de forma abrumadora la superioridad tecnológica que de forma imparable van a alcanzar en el futuro los países asiáticos, comandados por China.

La afirmación es la siguiente:

«Cuatro conglomerados asiáticos (Tokio, Seúl, Shenzhen y Pekín) superan en publicaciones científicas y patentes a la zona de San Francisco-San José»

A mí me ha impactado. Supongo que a mis lectores también.

«Poco a poco, el marketing será solo directo»

La frase no es mía sino que la copio de un artículo de Fernando Trías de Bes en La Vanguardia. La traigo a este blog para pasarle a mis lectores, porque creo que Fernando tiene razón… a medias.

Fernando afirma tal cosa en referencia al papel preponderante de Amazon en relación a los otros canales de venta tradicionales, apuntando que Amazon se está imponiendo a todos ellos. Pero quizás confunde Que haga uso del concepto de marketing directo, entendido como la ausencia de intermediarios, porque Amazon no deja de ser un intermediario.

Yo más bien creo que de verdad el marketing será solo directo en el sentido de que los creadores de productos y servicios (fijaos que no digo fabricantes), poco a poco, se limitarán a vender sus productos y servicios y directamente, prescindiendo de intermediarios, salvo muy pocas excepciones, que serán básicamente las grandes plataformas con catálogos universales que servirán a los clientes que no tengan claro qué o a quien comprar. Porque cuando lo tengan claro, lo harán directamente.

Y el marketing directo no se realizará solo a través de Internet, sino que se combinará con la presencia física repartida por el territorio, para acercarse al cliente y completar y mejorar tanto la experiencia de compra como la entrega y el servicio postventa.

Muchas marcas ya lo están enfocando así. Estoy pensando en Inditex, que basa su éxito en estas premisas, pero también en Mapfre, en el sector asegurador, o Danone en la industria alimentaria. Y hay muchísimos ejemplos más.

La propia Amazon acabará separada en dos empresas: una plataforma comercial que ofrecerá todos los productos mínimamente demandados del mundo, y una empresa que venderá sus propios productos. Es cuestión de tiempo. Simultanear las dos cosas no será posible. Alibaba tiene claro que solo es una plataforma comercial, y esas es la base de su éxito.

En cualquier caso el mensaje de Fernando va en la dirección adecuada: El marketing va a acabar con la mayoría de intermediarios, dejando solo a las grandes plataformas (pocas) y un pequeño espacio (mucho menor) para la oferta de catálogos muy especializados, seguramente acompañados de servicios y asesoramiento también muy especializados.

¿Son los intereses negativos la solución o el problema?

Me pregunto si los intereses negativos que ha establecido el BCE para el euro son la solución al problema de la ralentización del crecimiento económico o al contrario nos van a abocar a una crisis.

Bastantes analistas también se lo están preguntando.

Desde luego pagar por depositar dinero no es algo natural. Es anti intuitivo. Vamos, que mi abuela no lo entendería. Y mi experiencia me dice que las cosas que no entiende mi abuela, más pronto o más tarde se demuestra que son una camama.

Yo, por si acaso, voy a ponerme a cubierto poco a poco, en la medida que pueda.

¡Sobra petróleo!

Es curioso que a estas alturas de siglo estemos viviendo una situación respecto al petróleo, del que ha dependido y aún depende en gran medida el mundo, en la que todos tenemos la sensación de que sobra petróleo. Los precios no suben porque la producción mundial supera a la demanda.

¿Cómo hemos llegado esto?

Por el lado de la oferta porque se ha dado un fenómeno curioso: Estados Unidos, el mayor consumidor de petróleo del mundo, se ha convertido en el mayor productor, de modo que su producción le da para cubrir su enorme demanda e incluso exportar lo que le sobra. Eso ha compensado de sobras las limitaciones políticas que se han impuesto a la producción de otros países, como Irán o Venezuela.

Por el lado de la demanda, porque el esfuerzo mundial por reducir el consumo de petróleo está empezando a dar sus frutos. Los vehículos (coches, aviones, camiones, etc.) se mueven ahora con motores mucho más eficientes, que han reducido drásticamente su consumo. Y el desarrollo de energías alternativas es imparable.

La pregunta es: ¿cómo va a reciclarse la economía del petróleo? Además, ¿van a quedar excedentes no consumidos de las reservas mundiales de petróleo? Los países productores deben estar meditando sobre ello. Sin ir más lejos, Arabia Saudita, que pretende sacar a bolsa su petrolera Aramco, que es sobre el papel la compañía más valiosa del mundo, está dudando sobre el momento y la oportunidad de dicha salida.