Economía global

¿Alguien duda de que Trump será reelegido?

Si alguien se preocupa de mirar mis post del momento en que Donal Trump resultó elegido presidente de los Estados Unidos, verá que vaticiné que no acabaría la legislatura, y mucho menos sería reelegido para un segundo mandato, porque confiaba que un país tan sensato e inteligente se diera cuenta del error cometido. Pero veo que me equivoqué, porque salvo sorpresa mayúscula, la reelección parece segura, porque el país no parece tan inteligente como creía. Y no solo por quienes votan a Trump, sino incluso por el espectáculo bochornoso que está dando la oposición demócrata, incapaz de presentar un candidato con cara y ojos.

Supongo que hay diversas razones para sustentar la reelección de Trump a pesar de su nefasto legado a nivel global, y una de ellas, e importante, es que está arrojando datos económicos excepcionalmente buenos, con una tasa de desempleo mínima y crecimiento sostenido el PIB.

Es un ejemplo de lo que puede suponer para una economía un gobierno “business friendly”. Y, hoy por hoy, en circunstancias normales, la economía pesa mucho en el voto de los ciudadanos.

Las bolsas estarán contentas. El medio ambiente y las relaciones internacionales, no tanto.

El futuro de la agricultura es la edición génica

Hasta hoy no había oido hablar de la edición genética, pero un artículo de Pilar Cubas (una investigadora del centro Nacional de Biotecnología del CSIC) me ha abierto los ojos. La edición génica (EG) es el futuro de la agricultura, porque permite/permitirá obtener nuevas y mejores semillas más rápido que con los sistemas actuales, sin suponer que el producto lleve un ADN extraño (no serán transgénicos). La EG permitirá aumentar la diversidad genética y recuperar especies vegetales perdidas después de años de selección genética al estilo “clásico”.

La EG se basa en un conjunto de técnicas llamadas NPBT (New Plant Breeding Techniques) que permiten “reparar” el ADN de un organismo vegetal, sustituyéndolo un gen inadecuado por un gen adecuado a lo que se busque. En la base de las NPBT está una herramienta de sustitución descubierta en 2001 por Francisco Monica, un investigador de la Universidad de Alicante.

La EG no es una técnica cara y está al alcance de pequeñas empresas (no como hasta ahora la selección clásica que está copada por unas pocas macro empresas de semillas a nivel mundial).

Pero el apoyo estatal nunca está de más, y en esa línea las grandes potencias mundiales están invirtiendo enormes sumas en el desarrollo de la EG. Por ejemplo China, que tiene el mayor número de patentes en este campo.

Además, en el ámbito regulatorio, China, Estados Unidos, Japón y otros, han dado vía libre a la venta de los alimentos editados genéticamente, porque no los consideran transgénicos y por tanto perjudiciales para la salud. En esa línea la Unión Europea no está alineada y sí que los considera genéticamente modificados, aunque hay un movimiento científico y empresarial que lucha por que cambien el criterio y permitan competir al mismo nivel que las empresas americanas o chinas en este campo.

Los alimentos editados genéticamente ya están a punto de llegar a nuestra dieta, y si todo va bien, serán lo que haga posible que los casi 10.000 millones de habitantes que alcanzará el mundo en este siglo, podamos alimentarnos.

2020: ¿A dónde van los mercados financieros?

Como cada inicio de año, los analistas se preguntan cuáles serán las mejores opciones de inversión en el año que empieza.

En el Financial Times recogen vaticinios de una década de los 20 con rentabilidades de una cartera mixta de renta fija y variable en el entorno del 4%, que serían unos 2 puntos por encima de la inflación.

Uno no puede fiarse del todo de esas profecías a tan largo plazo, pero yo también creo que para apostar por rentabilidades potencialmente superiores habrá que contar en la cartera con activos alternativos. Ya lo he anticipado en algún post reciente.

Yo creo que la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea le vendrá bien a la UE

Estamos todos preocupados por el Brexit, pero yo opino que es mejor solos que mal acompañados, y GB ha sido un mal compañero de viaje en la aventura europea; siempre a desgana y llevando la contraria…

Contrarios al euro, al avance en las instituciones europeas en general, han sido siempre un lastre en una Unión a la que no le faltan los problemas ya sin contar con los británicos, y que debe avanzar en la unión o dejará de tener sentido. O adelante o atrás; no cabe quedarse quietos.

La salida de GB llega en un momento en que la UE ha de dar un salto adelante y avanzar en la unificación (más Unión), y creo que podrá hacerlo mejor sin la rémora de los británicos.

Creo que serán mejores como clientes/proveedores/aliados que como socios. Y todos felices (menos los escoceses, pero ese es otro tema).

El futuro dirá.

Tenemos tipos de interés reales en el entorno de 0 para rato

Leo en Bloomberg que un profesor de Yael (Paul Schmelzing) ha publicado un estudio sobre la evolución de los tipos de interés reales (TdIR) en el mundo en los últimos 600 años;

La tendencia ultrasecular es que los TdIR continúen bajando, situándose en media en el siglo XX entre el 0 y el 3%, ya en los albores del siglo XXI entre el 0 y el 2%.

Si la tendencia sigue igual, probablemente veremos los TdIR en el intervalo 0-1%.

Ese nivel tan bajo de tipos de interés reales tiene, sin duda, muchas implicaciones. Entre ellas penaliza en ahorro, y supone un elemento de apoyo a la igualdad social, algo de lo que no estamos sobrados precisamente en el mundo.

El profesor también se pregunta si los TdIR negativos son una aberración, como a veces hemos afirmado muchos (yo entre ellos), y su respuesta estadística es que NO, porque han existido períodos de TdIR negativos siempre en nuestra historia. De hecho afirma que el período 1983-2008, que ahora viene a denominarse “el Período de la Gran Moderación” fueron 25 años excepcionales, pero los períodos de TdIR negativos son normales y se seguirán dando en el futuro.

Creo que es algo sobre lo que hemos de reflexionar. Los tipos de interés son clave para todas las decisiones económicas que tomamos cada día. No solo los que tenemos hoy, sino sobre todo los que esperamos tener en los siguientes 10, 20 o 50 años. Y lo que defiende el profesor Schmelzing es que estemos preparados para tener tipos muy muy bajos en lo que queda de siglo…

Llega la criptodivisa china: esto ahora va en serio

Se ha hablado mucho de la moneda digital que quiere (o mejor dicho quería) lanzar Facebook: la lybra. Parece que el proyecto no tiene visos de salir adelante. La cuestión principal que la ha frenado es, probablemente, el hecho de que estuviera soportada por una compañía privada, por muy grande e influyente que sea.

Pero ahora parece que la cosa ya va más en serio, como no podía ser de otra manera: los bancos centrales (aquellos que soportan sus propias divisas) han tomado cartas en el asunto y se disponen a lanzar las versiones digitales de sus divisas.

El primer caso del que yo tengo noticia, es el de China (palabras mayores). China parece que tras 5 años de preparación va a lanzar en 2020 el cryptoyuan. Estará soportado por el banco central chino, el Banco del Pueblo; y su desarrollo será seguramente meteórico, gracias al uso extendido del pago digital en el país, gracias a aplicaciones como Alipay o WeChat Pay, que ya tienen cientos de millones de usuarios.

También leo que Singapur tiene un proyecto similar muy avanzado. Y seguro que hay más casos, que yo ahora mismo desconozco.

La llegada de las divisas virtuales supondrá, sin duda, una revolución en el ámbito bancario, financiero e incluso político. Las consecuencias no soy capaz de adivinarlas ahora mismo, pero intuyo que serán muy importantes. Y me imagino que las habrá positivas (eliminación del dinero negro y del blanqueo, por ejemplo), pero también negativas.

Por ejemplo: ¿acabarán con el dinero físico? ¿qué sentido tendrán las reservas de los bancos centrales? ¿cómo se comportarán los precios de las divisas? ¿qué papel jugará la banca privada en todo ello?

Estamos, sin duda, ante el comienzo de una nueva era.

¿Hasta cuándo aguantará esto?

Leo en Bloomberg dos informaciones que me hacen cuestionarme el futuro ante la fragilidad de al menos una parte de la economía norteamericana.

La primera información es que el 12% de las empresas yanquis son lo que se conoce como empresas “zombies”, es decir, que no producen suficiente cash como para hacer frente al servicio de su deuda (intereses y amortizaciones). Ese ratio era el 2% en 1989.

¿Cómo aguantan esas empresas? La explicación más convincente es que sobra el dinero y los tipos de interés son muy bajos. ¿Qué pasará si suben los tipos de interés? Pues lo más probable es que cayeses una detrás de otra.

La segunda información es que casi el 40% de las empresas norteamericanas arrojan un valor neto contable negativo. Es un dato que me ha impresionado. Supongo que a ti, querido lector, también te pasará. En el año 200o ese porcentaje no pasaba del 10%.

¿Por qué es así? Porque cada vez más se valoran los activos intangibles y menos los tangibles. Estamos en un mundo donde las grandes/buenas empresas generan negocio y beneficios con los mínimos activos. Y precisamente eso las hace más valiosas. Hay multitud de ejemplos que entiendo que no hace falta que repita. Se trata de externalización la producción (que exige fábricas y maquinaria), la logística (que exige almacenes y camiones) y, por descontado, optar por alquilar todo lo que se pueda en lugar de comprar. Cuanto menos activo, mejor. Todo el valor proviene de los intangibles, de las expectativas del negocio. La cuestión es: ¿hasta qué punto? Hace poco, en el mundo de las startups, ya hemos asistido a un giro de los inversores pidiendo más visibilidad sobre los resultados, y comprando menos futuro, menos business plan inflados y ampulosos. ¿Llegará esto al mundo de las grandes empresas?

No sé si será pronto o tarde, pero seguro que en algún momento se pondrá freno a este fenómeno, y habrá que estar preparado para ello, apostando un poco más por lo tangible y cercano, y menos por lo intangible y futuro.

Cómo hemos de abordar los años 20: mayores y jóvenes trabajando juntos

Parece mentira pero estamos a punto de empezar los años 20 del siglo XXI. Parece que fuera ayer cuando empezamos el siglo…

Estamos ante el gran reto de cómo vamos a hacer frente a un mundo de grandes desequilibrios, donde la economía y la política no acaba de encontrar soluciones.

En concreto en los países occidentales, sobre todo de la vieja Europa, nos enfrentamos a un doble problema: el envejecimiento de la población, debido a los avances de la medicina y a la alta calidad de vida que hemos heredado del siglo XX, y la caída de la natalidad. Lo que nos lleva irremisiblemente a una posición de debilidad geopolítica frente a los grandes países asiáticos (a donde se desplaza el centro del mundo: China e India por delante de todo) y frente al vecino continente africano, con su enorme población joven y desesperada.

En el tema del envejecimiento, tenemos, además, un problema económico inmediato y evidente: la imposibilidad de mantener nuestros sistemas de pensiones. Aunque haya quien no desee enterarse, las pensiones son actualmente insostenibles.

Todo ello nos conduce también irremisiblemente a un futuro inmediato en el que los mayores de 65 años habremos de seguir trabajando. ¿Es eso un problema? Yo estoy convencido de que no lo es; al contrario, puede ser parte de la solución, del nuevo modelo social que habremos de adoptar si queremos seguir viviendo confortablemente y en paz.

En países como Nueva Zelanda e Islandia (curiosamente islas) el 56% de los mayores de 65 años trabajan.

No hay que ver el trabajo (o la prolongación del trabajo) como algo negativo. Tampoco ha de ser la prolongación del mismo trabajo que se ha venido haciendo hasta los 65. Tampoco ha de ser trabajo a tiempo completo. Pero se habrá de seguir trabajando.

Que los mayores de 65 años trabajen (hasta que puedan) será positivo no solo para reequilibrar las pensiones, sino para algunas otras cosas:

  • reducir la despoblación rural
  • mantener en pie las casas de los centros de ciudades y pueblos
  • reducir el gasto sanitario (los mayores activos son ancianos más sanos)

Además todo ello debería permitir dedicar más recursos a que los jóvenes se formen y asuman los nuevos puestos de trabajo que exigen las nuevas tecnologías, dejando los trabajos-basura a los mayores: cajeros, porteros, telefonistas, conductores de coches-escoba, vigilantes, reponedores de supermercado, dependientes, enfermeros de menor responsabilidad, etc. Obviamente, también aquellos oficios para los que se consideren cualificados y siempre que se encuentren en disposición física de seguir desempeñándolos: abogados, arquitectos, notarios, médicos…

Los mayores pueden hacer que la sociedad, la economía, siga en marcha; los jóvenes son quienes han de darle el impulso de la innovación y el cambio, de la mano de las nuevas tecnologías. Juntos, mayores y jóvenes, pueden ser un tándem imbatible.

¿Nacionalizar la banca?

Algún partido propone en su programa electoral la creación de un banco público. En concreto la nacionalización de Bankia, creo.

¿Realmente alguien cree que tiene sentido la banca nacionalizada?

En España tuvimos una especie de banca pública que eran las cajas de ahorro, y su hundimiento y consiguiente rescate le va a costar al país del 5% del PIB, más de 58.000 millones de euros. ¿No es prueba suficiente?

Yo defiendo una banca privada bajo una correcta regulación y una estrecha supervisión. Es lo que tenemos ahora, aunque siempre es mejorable.

Chile: ¿qué ha pasado?

El país que era el ejemplo a seguir, el modelo en Sudamérica, está en crisis. Parece que el modelo ultraliberal que se implantó en el país y que cosechó éxitos inicialmente evidentes y coreados por los partidarios de la escuela de Chicago y el keynesianismo liberal, ha caído en desgracia porque ha provocado importantes desequilibrios que los ciudadanos chilenos se han encargado de exponer en manifestaciones serias en el país en los últimos meses.

Es una demostración más de lo cierto del proverbio de que “no es oro todo lo que reluce”, y de que el liberalismo a ultranza, como todo (o casi todo) lo ultra, no suele salir bien.