Emprendimiento o emprendedores

Reflexiones que quiero compartir en mi confinamiento por el COVID19

Me reafirmo en que en este contexto de excepcionalidad como consecuencia de la epidemia global que estamos padeciendo hay que hacer el esfuerzo de empezar a prepararse para un mundo nuevo que nos encontraremos cuando acabe esta situación. Lo primero que hemos de hacer es olvidarnos del pasado e incluso del presente. Y en ese presente incluyo los mercados financieros, las empresas e incluso los puestos de trabajo. Olvidémonos de la bolsa, de la volatilidad, de los vaticinios pesimistas. De los ERTE, de las pymes. Ahora nada de eso importa.

La prioridad ahora es la supervivencia, la salud de cada uno, de su familia, de sus amigos, del país, del mundo. Si no aseguramos eso, si no recuperamos la normalidad, ¿qué importan los mercados financieros, los ERTE o las empresas? Suena exagerado, pero es así.

Y la normalidad se recuperará. Y los mercados financieros y las empresas volverán a la normalidad. Será otra normalidad, pero con el tiempo confiemos en que sea la misma que dejamos atrás; o muy parecida. Quizás mejor.

China (que no olvidemos que es donde surgió el virus, diga lo que diga el Gran Hermano chino) ya nos está dando muestras de vuelta a la normalidad. A los 2 meses de que empezara todo. ¡Ojalá todo se quede en 2 meses malos!

Cuando se recupere la normalidad seguiremos teniendo las mismas acciones, bonos o participaciones en fondos que tenemos ahora. Y las empresas que directa o indirectamente poseemos como inversores o empresarios seguirán ahí. Al menos la mayoría. Y volverán a fabricar o dar servicios, y volverán a comprar y volverán a contratar al personal que hayan incluido en sus ERTEs, o que hayan tenido que despedir. Cuanto antes volvamos a esa normalidad, más fácil será que las empresas recuperen la velocidad de crucero. Está en manos de todos lo ciudadanos, que deben ser disciplinados y evitar el contagio, y por supuesto de los servidores públicos que está luchando con ese enemigo invisible; sobre todo los sanitarios. Y no es momento de desunión o crítica destructiva, es momento de estar unidos. ¡Esto es una guerra! Y en la guerra ganan quienes se mantienen unidos y confían en la victoria.

Cuando esta guerra acabe debernos hacer recuento de bajas y de pérdidas. Deberemos medir la magnitud de los daños; humanos y económicos. Pero no es hora de hacer recuento, sino de luchar, y de mantener la fe en la victoria. También en lo económico.

Obviamente, cuando llegue ese momento, veremos que hemos perdido mucho. Los ahorradores y los empresarios verán que su patrimonio habrá menguado fuertemente, lo que cambiará, quizás, sus perspectivas vitales. Tanto de los mayores como de los más jóvenes. Los trabajadores y autónomos se encontrarán con un panorama inicialmente desolador. Sin trabajo y con muchas empresas quebradas o más débiles. Sin ingresos o con ingresos más bajos. No será un panorama motivador, sino que habrá que sobreponerse al pesimismo. Pero todos habremos de seguir adelante, porque no nos queda otro remedio. Las empresas y las personas (trabajadores, empresarios, ahorradores) habrán de empezar a trabajar en el nuevo entorno. Habrá que ganarse La Paz, como pasa en toda posguerra. Y habrá que hacerlo con sacrificio y con confianza en el éxito. Porque el éxito, la recuperación, también llegarán. Más pronto o más tarde.

Ni toda la población va a morir ni todas las empresas van a quebrar. Es más, es posible que salgamos de esta lucha más fuertes. Que saquemos lecciones de lo que está pasando y las apliquemos para estar mejor y ser mejores en el futuro. Y que valoremos cosas que antes no valorábamos. Como la amistad, el silencio, la reflexión, la cultura, los medios de comunicación, en el plano personal. O la sanidad y el servicio público eficiente, o el liderazgo político real, en el plano social. O, en el plano económico y empresarial, la liquidez, el endeudamiento sensato, el poseer versus el alquilar, el insourcing  vs. el outsourcing, el aprovisionamiento de proveedores  locales o cercanos, la lealtad del personal, la importancia y resiliencia de algunos sectores, como el primario (tan olvidado), el agro alimentario o el de las telecomunicaciones.

Puede que todos cambiemos nuestra escala de valores, nuestra escala de prioridades, que entendamos lo vulnerables que somos a los acontecimientos de la naturaleza que no podemos controlar; nosotros que pensábamos que podríamos controlarlo todo.

Que entendamos las consecuencias negativas y desconocidas de la globalización, porque un virus generado en China por la extraña costumbre local de comerciar con animales salvajes vivos se contagie a los humanos, y el país tarde más de lo debido en reaccionar y en consecuencia el virus se propague en apenas unos días a todo el mundo.

Que valoremos la importancia de prever las enfermedades contagiosas y potenciar la investigación farmacéutica y los servicios sanitarios si no queremos que un futuro virus, más letal, acabe con toda la humanidad. Ese puede ser el verdadero fin del mundo, como ya nos avisaba hace años Bill Gates, sin que nadie le diera importancia.

En suma, y acabo, es hora de preocuparse de la salud, porque ya nos preocuparemos de lo demás.

Tener una TV privada en tiempo de cuarentena

Estamos pasando un período que impide a las empresas dirigirse a sus clientes por los canales habituales, y desde luego hace imposible el contacto personal. Pero hay soluciones tecnológicas sencillas y baratas para probar alternativas creativas. Una de ellas es la que ofrece Watchity. Se trata de la posibilidad de contactar con nuestro público con un canal de televisión propio. Pero no limitándonos a pasar un video, sino en directo e interactivo. Utilizando para grabar nuestros propios móviles (varios a la vez) y emitiendo por todas nuestras redes sociales. ¡Ah! Y además con la posibilidad de ser interactivos, de manera que podamos recoger los comentarios o preguntas de nuestros espectadores. Y todo ello por un precio muy asequible.

Yo lo he usado y funciona.

Y también empresas e instituciones públicas de toda España. Por ejemplo: Volkswagen, Generali, Novartis…

Puede servir para impartir formación online a los empleados mientras están en casa, para gestionar reuniones o eventos virtuales, para dar ruedas de prensa online, etc.

¡Ánimo, que el mundo no se acaba con este coronavirus!

Nuevos conceptos empresariales que configuran la empresa del futuro (1)

  • Liderazgo moonshot: que busca transformaciones masivas utilizando tecnologías disruptivas
  • Moonshoters: gestores empresariales visionarios que buscan soluciones radicales para grandes problemas a través de tecnologías facilitadoras
  • Organizaciones exponenciales (ExO): son organizaciones que mantienen crecimientos exponenciales, impactando disruptivamente en las industrias tradicionales, y que nacieron de la visión de esos líderes innovadores

Barcelona Startup

Un tema que no tiene nada que ver con el coronavirus.

En Libros de Cabecera acabamos de publicar el libro Barcelona Startupescrito por la experiodista del diario La Vanguardia y actualmente consultora, Mar Galtés. El lunes 23 de marzo de 2020 estará en todas las librerías de España, y por supuesto en Amazon. Desde ahora mismo ya está disponible en la web de la editorial para quien quiera adquirirlo en formato papel.

No tardará en estar en formato digital en la propia web y en otras plataformas, como Amazon o Apple.

El libro es una crónica apasionante de la historia y las historias que han hecho de Barcelona el mayor ecosistema tecnológico y digital del sur de Europa.

Ubica en esa historia de éxito (de éxitos y fracasos, que es en suma un éxito) a los cientos de emprendedores, inversores, empresas e instituciones que lo han hecho posible a lo largo de los últimos 30 años.

Para aquellos emprendedores que quieran lanzar startups, para aquellos que quieran invertir en las mismas o para aquellos que estén implicados directa o indirectamente en el desarrollo de ecosistemas similares, en cualquier ciudad, en cualquier lugar del mundo, es, sin duda, un libro inspirador.

Les animo a leerlo y a que compartan conmigo sus impresiones.

La burbuja Tesla

Que Tesla es un fenómeno del siglo XXI, nadie lo discute. Que tiene un gran mérito, tampoco. Y qué decir de su trayectoria bursátil, que parece la de uno de los cohetes que su fundador Elon Musk lanza al espacio con su otra empresa SpaceX…

Pero su cotización actual es insostenible. Representa 3x Ventas, 50x Cash flow y 60x Ebitda. ¡Y sus ventas crecieron «solo» un 14% en 2019!

Si tiene acciones de Tesla con plusvalía, yo le aconsejo que venda ¡YA!

…Aunque sé que muchos no me harán caso…

Las 10 principales tendencias tecnológicas disruptivas de 2020, según la firma norteamericana Corum

He asistido esta mañana a parte de un webcast de la firma norteamericana de asesoramiento corporativo (M&A) Corum, especializada en asesorar a empresarios de empresas tecnológicas en la venta de la misma a terceros.

Han desgranado las que ellos consideran que son las 10 principales tendencias que moverán el mercado de fusiones y adquisiciones en 2020. Las dividen en dos grupos: 5 que consideran fundamentales y 5 que consideran funcionales.

Tendencias fundamentales

  1. La aplicación de la Inteligencia Artificial
  2. La aplicación del Business Inteligence  y el Big Data
  3. El control del flujo de transacciones de pagos
  4. El software aplicado al IoT (Internet of Things)
  5. El cloud híbrido, sistemas que gestionan complejos entornos de IT

Tendencias funcionales

  1. Los servicios especializados de IT
  2. El «healthtech»: las soluciones tecnológicas aplicadas a la salud
  3. El «regtech»: las soluciones tecnológicas aplicadas a la regulación y el cumplimiento normativo (el compliance)
  4. El «smart logistics»: las soluciones logísticas avanzadas basadas en el uso de la tecnología
  5. El software de operaciones o blue collar software: las nuevas tecnologías aplicadas en la fábrica y en las operaciones

Estoy seguro que mis lectores meditarán un rato sobre estos conceptos, aunque no coincidan al cien por cien en las tendencias apuntadas en la lista.

Si tú, querido lector, tienes una empresa que encaje en alguno de los 10 ámbitos, prepárate porque según Corum este año estarás en el punto de mira de algún posible comprador.

Tenemos tipos de interés reales en el entorno de 0 para rato

Leo en Bloomberg que un profesor de Yael (Paul Schmelzing) ha publicado un estudio sobre la evolución de los tipos de interés reales (TdIR) en el mundo en los últimos 600 años;

La tendencia ultrasecular es que los TdIR continúen bajando, situándose en media en el siglo XX entre el 0 y el 3%, ya en los albores del siglo XXI entre el 0 y el 2%.

Si la tendencia sigue igual, probablemente veremos los TdIR en el intervalo 0-1%.

Ese nivel tan bajo de tipos de interés reales tiene, sin duda, muchas implicaciones. Entre ellas penaliza en ahorro, y supone un elemento de apoyo a la igualdad social, algo de lo que no estamos sobrados precisamente en el mundo.

El profesor también se pregunta si los TdIR negativos son una aberración, como a veces hemos afirmado muchos (yo entre ellos), y su respuesta estadística es que NO, porque han existido períodos de TdIR negativos siempre en nuestra historia. De hecho afirma que el período 1983-2008, que ahora viene a denominarse “el Período de la Gran Moderación” fueron 25 años excepcionales, pero los períodos de TdIR negativos son normales y se seguirán dando en el futuro.

Creo que es algo sobre lo que hemos de reflexionar. Los tipos de interés son clave para todas las decisiones económicas que tomamos cada día. No solo los que tenemos hoy, sino sobre todo los que esperamos tener en los siguientes 10, 20 o 50 años. Y lo que defiende el profesor Schmelzing es que estemos preparados para tener tipos muy muy bajos en lo que queda de siglo…

¿Hasta cuándo aguantará esto?

Leo en Bloomberg dos informaciones que me hacen cuestionarme el futuro ante la fragilidad de al menos una parte de la economía norteamericana.

La primera información es que el 12% de las empresas yanquis son lo que se conoce como empresas “zombies”, es decir, que no producen suficiente cash como para hacer frente al servicio de su deuda (intereses y amortizaciones). Ese ratio era el 2% en 1989.

¿Cómo aguantan esas empresas? La explicación más convincente es que sobra el dinero y los tipos de interés son muy bajos. ¿Qué pasará si suben los tipos de interés? Pues lo más probable es que cayeses una detrás de otra.

La segunda información es que casi el 40% de las empresas norteamericanas arrojan un valor neto contable negativo. Es un dato que me ha impresionado. Supongo que a ti, querido lector, también te pasará. En el año 200o ese porcentaje no pasaba del 10%.

¿Por qué es así? Porque cada vez más se valoran los activos intangibles y menos los tangibles. Estamos en un mundo donde las grandes/buenas empresas generan negocio y beneficios con los mínimos activos. Y precisamente eso las hace más valiosas. Hay multitud de ejemplos que entiendo que no hace falta que repita. Se trata de externalización la producción (que exige fábricas y maquinaria), la logística (que exige almacenes y camiones) y, por descontado, optar por alquilar todo lo que se pueda en lugar de comprar. Cuanto menos activo, mejor. Todo el valor proviene de los intangibles, de las expectativas del negocio. La cuestión es: ¿hasta qué punto? Hace poco, en el mundo de las startups, ya hemos asistido a un giro de los inversores pidiendo más visibilidad sobre los resultados, y comprando menos futuro, menos business plan inflados y ampulosos. ¿Llegará esto al mundo de las grandes empresas?

No sé si será pronto o tarde, pero seguro que en algún momento se pondrá freno a este fenómeno, y habrá que estar preparado para ello, apostando un poco más por lo tangible y cercano, y menos por lo intangible y futuro.

Crecimiento o rentabilidad: La clave de todo es generar margen de contribución positivo

Continuamente me encuentro con empresarios que se cuestionan si deben optar por el crecimiento o por la rentabilidad. Es normal, porque todas las empresas se mueven siempre en esa dicotomía.

Gestionar una empresa es elegir entre crecimiento o rentabilidad. Esa es la decisión principal. Y normalmente no es escoger blanco o negro, sino en qué medida se opta por una combinación de uno y otro. Todos querríamos crecer (aumentar nuestra cifra de ventas) y ser cada vez más rentables. Pero son vasos comunicantes: si se opta por crecer, normalmente es a costa de una menor rentabilidad (más gastos, política de precios más agresiva, inversiones en marketing, etc.); y si se opta por la rentabilidad se suele sacrificar el crecimiento (evitar los clientes y productos con menos margen, recortar gastos, etc.).

Lo normal y prudente es que las empresas intercalen períodos de crecimiento con momentos de rentabilidad. Es como conducir un coche: hay momentos en que aprieto el gas y momentos en que aflojo. Para crecer hay que tener gasolina (capital). Cuando ese crecimiento me lanza a otra dimensión (y se me acaba el combustible, el capital), debo aflojar y adaptarme a ese nuevo estadio.

Optar por crecer es optar por arriesgarse, pero NINGUNA EMPRESA PUEDE RENUNCIAR TOTALMENTE AL CRECIMIENTO. La empresa que decide no crecer, aunque no lo crea, empieza a morir lentamente. Y más en los tiempos que corren. Crecer es obligado. La gran cuestión es cómo, en qué, con qué ambición, y sobre todo, con qué recursos. No es lo mismo hacerlo con recursos propios (generados en la fase de rentabilidad anterior) que con recursos ajenos; hacerlo apalancado en exceso (con una excesiva proporción de recursos ajenos) es muy arriesgado. Muchas empresas se han quedado en la cuneta por no respetar esta regla.

Pero, en el otro extremo, TAMPOCO SE PUEDE RENUNCIAR TOTALMENTE A LA RENTABILIDAD. Las empresas tecnológicas, las startups, se habían acostumbrado a eso, porque encontraban socios capitalistas deslumbrados por sus magníficas presentaciones (y un poco avariciosos, y ya sabemos que la caricia rompe el saco) pero parece que esa época se acabó. Los inversores han dicho basta, y si no ven clara la rentabilidad en un futuro cercano, al menos en una parte del negocio (un producto, un país, al menos), ya no ponen su dinero tan fácil. El caso de WeWork ha sido, quizás, el ejemplo que ha despertado las conciencias.

¿Cuál es la solución? Pues teóricamente muy fácil: EL CRECIMIENTO CON RENTABILIDAD. Es decir, acompasar crecimiento con rentabilidad. Crecer a partir de demostrar (en un producto, en un país…) que se tiene un modelo de negocio rentable. Y crecer a la velocidad que permitan los recursos de los que se pueda disponer. Para empezar, de los recursos proporcionados por la parte del negocio que es rentable, y si se quiere ir más rápido (se necesita más combustible para apretar más el acelerador),  de los recursos que estén dispuestos a inyectar los accionistas o inversores externos. ¡Pero no ponerse a crecer hasta que no se aseguren esos recursos!

Es obvio decir que los recursos financieros llegarán con más facilidad si la empresa demuestra que es rentable en algunas áreas de su negocio.

En fin, no me quiero extender, porque es un tema que da para mucho, pero animo a mis lectores a que aporten sus ideas respecto a este controvertido asunto.

¿EBITDA o EBIT? Mejor EBIT

No descubrió nada si digo que el EBITDA se ha impuesto como un concepto de uso generalizado en el mundo de los negocios. Las discusiones en los consejos citan el EBITDA continuamente. Cuando se habla de valoraciones de empresas sale a relucir el EBITDA, porque se suele expresar el valor de una empresa como un múltiplo de su EBITDA.

Yo no soy nadie para negarle su importancia y la aportación que ha hecho a la estandarización de la gestión empresarial, pero quiero reivindicar el uso del EBIT.

¿En qué se distingue el EBIT del EBITDA? Pues, como la mayoría de mis lectores sabe, el EBITDA es el beneficio de la empresa sin contar intereses, impuesto de sociedades y amortizaciones. Pretende ser el beneficio de explotación, el beneficio del negocio, dejando al margen el coste de los capitales ajenos que se hayan usado para financiar sus activos, la carga fiscal de la empresa o las amortizaciones que se hayan aplicado al resultado contable. El EBIT, sin embargo, es el beneficio descontados intereses e impuestos, pero incluidas las amortizaciones.

Yo creo que el EBIT, si las amortizaciones que se descuentan representan un buen anticipo de las inversiones anuales que la empresa debe hacer para mantener sus activos en funcionamiento, es un mejor índice de la bondad de un negocio. Es decir, hablo de las amortizaciones reales, no las contables. Las que equivalen al fondo de capital que hay que reservar para mantener el negocio en marcha.

¿Por qué lo digo? Porque me encuentro demasiado a menudo con empresas que requieren un volumen de inversión continuada importante, y sin embargo solo se preocupan de su EBITDA. Es especialmente crítico en empresas cuyo EBITDA es mínimo o cero, y que piensan que con que sea positivo, aunque sea por la mínima, ya demuestran ser un buen negocio.

¡EBITDA cero, no: EBIT cero!