Emprendimiento o emprendedores

El mercado de M&A en empresas de tecnología está más activo que nunca

O al menos eso leo en el informe que presenta la firma norteamericana Corum, que es la principal firma del mundo de asesoramiento a empresarios medianos que quieren vender su empresa de tecnología (solo aconseja a vendedores).

En el informe apuntan a cuáles son las tendencias disruptivas que están buscando los compradores. Vamos “lo que se lleva ahora” o lo que está de moda. Son 10, según ellos, y las separan en fundamentales y funcionales. Las describo a continuación manteniéndolas en inglés. Espero que todos mis lectores las puedan entender y me ofrezco acláralas a quien no las entienda.

Fundamentales:

  1. AI enablement
  2. Actionable analytics (BI & data Science)
  3. Composite commerce (online- offline convergence)
  4. Remote trust
  5. Low-code everywhere (rapid application development)

Funcionales:

  1. Focused IT services
  2. Healthcare continuum
  3. Smart logistics
  4. Regtech systems
  5. Blue collar software

Si alguno de vosotros se plantea invertir en startups, que procure que estén en una de estas modas o tendencias, porque aunque parezca mentira, la posibilidad de hacer un buen negocio está mediatizada por estas modas.

Aunque yo siempre he valorado (qué le voy a hacer, soy lo que en bolsa se llama un “contrarian”) invertir en lo que no está de moda. Además, siempre he defendido que no hay buenos o malos negocios sino buenos o malos gestores.

20 años después estamos cerca de vivir la explosión de otra burbuja de Internet: las criptomonedas

En el año 2000 vivimos el ascenso meteórico de los precios de las nuevas empresas ligadas a Internet, un fenómeno que se decía que iba a cambiar el mundo, pero que pocos entendían ni mucho menos eran capaces de dimensionar en cuanto a su impacto económico, pero con el que muchos se estaban haciendo ricos. Las cotizaciones de las empresas de Internet (por ejemplo nuestra Terra) subían en vertical. La gente comprada porque querían hacerse ricos. Aunque no sabían porqué. Las valoraciones eran irracionales, pero no importaba. Empresas que perdían dinero o que incluso no tenían ingresos, se valoraban de mil maneras diferentes, cada cual más rara, para justificar un precio inexplicable. Internet era la gallina de los huevos de oro, y había que ser el primero en aprovecharse de esa gallina.

De pronto, la burbuja explotó y las bolsas cayeron estrepitosamente, generando una crisis mundial. Las valoraciones se desplomaron y muchas prometedoras empresas cerraron o fueron vendidas a precio de ganga.

Sin embargo, pasados los años, Internet y las empresas que supieron aplicarlo se convirtieron en las mayores empresas del planeta. El lector sabe que estoy hablando de Facebook, Amazon, Google, y tantas otras. Algunas incluso nacieron después del crack del 2000. Quienes invirtieron en ellas obtuvieron rentabilidades increíbles. Todas obtienen beneficios millonarios y han cambiado el modo de vivir, trabajar, educarse, informarse, comunicarse y entretenerse de todos los habitantes del mundo. Han cambiado el mundo.

Sin duda aquellas locura del 2000 estaba justificada. Ahora lo sabemos. Pero no lo estaba entonces. No era el momento y no se daban todavía las bases para el gran salto, que había que acabar de construirlas.

Creo que en estos momentos vivimos un escenario similar con las criptomonedas, de entre las que destacaré, por ser la más emblemática, el Bitcoin. De hecho usaré el término bitcoin para referirme en general a las criptomonedas.

Yo soy muy escéptico sobre el valor de las criptomonedas, como he escrito en este blog muchas veces. Pero acabo de leer un interesante artículo que me pasa un amigo y lector, que me ha ayudado a avanzar en mi juicio sobre el tema. Voy a explicar a continuación mis reflexiones sobre al asunto. Y ante todo empiezo por decir que estaré encantado de que añadais vuestros comentarios o rectificaciones respecto a lo que voy a decir, siempre que sirva para que todos nos iluminemos un poco más sobre un tema tan complejo.

Empiezo.

El bitcoin nace como una tecnología que busca que una aplicación pueda ejecutarse descentralizada, sin que sea necesario un tercero para controlar y certificar sus resultados. esa tecnología se llama blockchain.

El resultado es que la aplicación en cuestión sea resistente a la censura, al control:

  • ¡Al bitcoin no lo controla nadie!
  • ¡Es la divisa del pueblo…!
  • ¡Es la libertad, el capitalismo libre!
  • ¡Permite hacer pagos sin que nadie los controle!

Es una idea libertaria que entusiasma a sus pioneros. Primero a los propios frikis informáticos que lo inventan, pero enseguida a los frikis libertarios de distinto signo (que siempre han estado ahí y ahora han salido orgullosos a las calles de todo el mundo, como ayer mismo se vió en el Congreso de los Estados Unidos). El bitcoin lo han abrazado como el Mesías en su lucha contra el establishment.

Pero, si se hubiera quedado ahí, la burbuja se habría desinflado pronto. El problema es que ese mundo libertario tiene un lado oscuro, la Deep Internet, en la que no solo habitan ellos, sino fuerzas más poderosas del mundo de la mafia y la delincuencia, que tienen un gran problema: necesitan blanquear millones de divisas clásicas, y las policías del mundo les siguen la pista y acorralan a las entidades bancarias por las que los encauzan. La solución: comprar bitcoins, porque una vez convertido en bitcoins la policía y el fisco pierde el rastro.

La llegada de ese enorme flujo de dinero supuso un impulso en la cotización de la criptomoneda, lo que hizo que se fijaran en ella muchos especuladores que la vieron como una vía rápida para hacerse rico, más que como un producto o servicio.

Esa espiral de precio se ha disparado con la entrada en el mercado del bitcoin de nuevas plataformas y nuevas empresas, sobre todo startups que se mueven en el mundo de las aplicaciones financieras (el fintech) y a las que les resulta más fácil desarrollar sus servicios sobre las plataformas de criptomonedas (Ethereum, por ejemplo, o el propio bitcoin) que hacerlo en los sistemas financieros o bancarios tradicionales. Y sus clientes potenciales (los frikis que antes citaba, así como los especuladores que ya están o conocen las criptomonedas), acuden gozosos a ellas, incluso como inversores antes que como clientes. Todo ello alimenta el monstruo.

Algunas de ellas incluso han formalizado rondas de inversión en bitcoins, a las que han entrado a saco todos ellos. Y, como novedad, han empezado a invertir algunos fondos de inversión que empiezan a tratar de posicionarse ante el potencial de la tecnología blockchain a largo plazo. Eso está elevando aún más los precios, llevándolos, en mi opinión, a un nivel de ruptura.

En definitiva, el precio del bitcoin se sustenta en una demanda irracional, de compradores que o son frikis o son especuladores que tratan de forrarse con un activo que no tienen ni idea de cómo se sustenta ni por qué vale lo que cuesta, y a corto plazo creo que se hundirá. No sé si tardará unas semanas o unos meses en hacerlo, pero yo creo que no tardará mucho. Me mojo.

Pero, ¿no hay valor en absoluto en el bitcoin? Sí que lo hay, y muy grande: en su tecnología, a mejor dicho, en su filosofía: la de una informática sin censura, no sometida a un poder central, que puede cambiar Internet en poco tiempo, hacia un Internet, en el mundo de las transacciones financieras, al menos, más descentralizado y más sano. Y probablemente en un amplio abanico de otras aplicaciones que aún estar por desarrollar.

En el mundo de las divisas, la tecnología criptomonedas/blockchain, si se me permita llamarla así, puede ser la base de la primera criptodivisa divisa de ámbito mundial, respaldada por las grandes potencias y los organismos internacionales (ONU, Banco Mundial, FMI…), incluidos los mayores bancos centrales (FED, BCE, BoJ, BoE, BPoCh…).

Las posibilidades de esa tecnología están empezando a vislumbrarse y eso es lo que hace que grandes fondos de inversión estén empezando a posicionarse en los principales players, y explique que las plataformas que lo hacen posible (Ethereum, etc.) estén cotizando a precios astronómicos.

En resumen: las criptomonedas no son una buena inversión, que probablemente vaya a la baja y mucho y pronto; pero sí que los son las plataformas que han desarrollado la tecnología blockchain, y que harán posible los avances en un futuro bastante cercano en el lanzamiento de la o las criptomonedas «oficiales» y en el desarrollo de otras aplicaciones descentralizadas que permitan evitar el hackeo y la censura de su contenido.

Muy parecido a lo que pasó en el año 2000 con la burbuja de Internet.

 

Las startups españolas han resistido bien al nefasto 2020

Es la conclusión que saco al leer un artículo en El Referente (elreferente.es) titulado Las 25 rondas de financiación más importantes en el 2020.

Algunas de las empresas las conocía, otras no. Todas han recibido más de 10 millones de euros en la ronda.

Os las listo, sin más comentarios, por orden de importancia de la ronda. Vereis que aunque el titular del artículo habla de 25, luego solo muestra 24…

Quien quiera saber algo, seguro que las encuentra en Internet:

  1. Glovo
  2. Flywire
  3. Devo
  4. Paack
  5. Onna
  6. Scalefast
  7. Jeff
  8. Goi
  9. Ontruck
  10. Voovio
  11. Factorial
  12. Koa
  13. Medlumics
  14. Calvin
  15. Npaw
  16. Movo
  17. Clarity AI
  18. Savana
  19. Wallbox
  20. enertika
  21. Bnext
  22. Bipi
  23. Lana
  24. Fintonic

Por cierto, son multitud los fondos que han participado en las rondas, y la mayoría de ellos son extranjeros.

¿Volumen o margen? ¿Crecimiento o rentabilidad?

Aunque es un tema sobre el que ya he escrito en este blog muchas veces, voy a volver a hacerlo porque es un asunto eterno y de crucial importancia, que pocas empresas resuelven bien.

Se trata de escoger entre perseguir un objetivo de crecimiento, de ganar volumen, a costa del margen, del beneficio, u optar por el objetivo del beneficio, del margen, a costa del crecimiento.

Muchos empresarios responden: ambos. Pero normalmente compaginar ambos objetivos no es posible. Y no es posible por razones que podríamos llamar estructurales. Veamos cuáles son.

Los negocios, las empresas, normalmente deben escoger entre ser negocios de margen, que miran a su cifra de beneficios antes que la de ventas, que se asocian a productos caros, de lujo, de calidad, dirigidos a un segmento de consumidores que busca lo mejor y paga lo que sea por ello; o ser negocios de volumen, que se centran en conseguir sus beneficios vendiendo con poco margen pero mucho. Las primeras suelen ser empresas pequeñas y las segundas grandes, porque el tamaño se mide por las ventas, pero las primeras suelen ser más rentables que las segundas.

Las mejores empresas son las que consiguen combinar altísimas cifras de ventas con altos márgenes.

Todo empresario se ve obligado a decidir en ese sentido. Para empezar cuando monta su negocio. No es lo mismo dirigirse a un público amplio y popular, que exige precios bajos y no aprecia los lujos (es la estrategia low cost), que optar por un público reducido, selecto, que exige calidad y servicio de lujo. Salvando las distancias este concepto sirve igual para una joyería, una cafetería, un hotel, un automóvil o lo que sea. Aunque hay empresarios que pueden pensar que es compatible un posicionamiento “low” en unos productos y “high” en otros, la realidad demuestra que NO lo es. El mercado, los consumidores, ponen a las empresas unas etiquetas, y no hay manera de quitársela. Puede hacerse pero con marcas distintas, y a ser posible con empresas distintas. Hay muchos ejemplos de fracasos por no hacerlo. Y también ejemplos exitosos. En el mundo de los automóviles, por ejemplo: Toyota tiene un posicionamiento “low” con sus autos marca Toyota y “high” con Lexus. El grupo Fiat vende autos “low” con marca Fiat y “high” (en cifras de ventas mucho menores) con marca Ferrari (y desde una empresa totalmente distinta).

Otra cosa es que nuestra empresa, ya posicionada como low high, decida combinar etapas en las que pise el pedal del crecimiento con etapas en las que pise el pedal del beneficio. Sin dejar de ser lo que se es, una empresa low puede ralentizar sus inversiones y ajustar un poco sus márgenes al alza (rebajando su velocidad de crecimiento) para recuperar rentabilidad, como paso previo a una nueva etapa de impulso del crecimiento. Y lo mismo pero al contrario puede hacer una empresa high: sacrificar beneficio invirtiendo para entrar en un nuevo mercado, aunque sin perder sus señas de identidad. También lo hemos visto por ejemplo cuando las grandes marcas de lujo han lanzado colecciones algo más asequibles.

En resumen:

1. Cada empresa ha de saber posicionarse claramente como una cosa u otra: low o high

2. El empresario ha de saber compaginar períodos de aceleración (para impulsar las ventas) con períodos de calma (para impulsar los beneficios).

Es una lección sencilla que todos debemos tener muy presente.

 

El mercado laboral, el gran fiasco de España

España necesita mejorar su productividad, y esa mejora pasa por resolver o al menos mejorar lo que peor lleva: un mercado laboral que no funciona. Nuestra tasa de paro es inaceptable y en especial en la gente más joven. Somos el ejemplo a no seguir en Europa y en general en los países desarrollados.

No funciona nada o casi nada. Me refiero a una larga lista de aspectos que influyen:

  • La educación no está orientada al empleo. Nuestro sistema no forma para emplearse. Los jóvenes se forman en lo que les apetece o en lo que les parece más fácil, no en lo que demanda el mercado. Y así ocurre que las empresas no pueden cubrir muchos puestos de trabajo, a la vez que las colas del paro son cada vez más largas. COVID aparte. Y los salarios cada vez más bajos. Es decir, que todos, empresas y parados están quejosos. Y así perdemos todos los trenes. Pero es que, además, la educación española se olvida de algo esencial: la comunicación. Los trabajadores españoles no saben comunicarse bien, en cualquiera de las formas de comunicarse: oral o escrita. Y no hablemos de idiomas, donde se han registrado avances pero no son suficientes. Y todo esto afecta a la educación primaria, secundaria, la formación profesional y la universitaria. Se comparte el diagnóstico, pero no se le pone solución. Un ejemplo: recientemente veía un reportaje de cómo se avanza en la formación profesional (un tema eterno) y a los estudiantes se les trataban de enseñar las técnicas básicas de carpintería en primer curso, para así ir avanzando curso a curso. A mi me pareció un gran error. ¿Por qué no se les pone desde el inicio ante el reto de hacer un mueble y a partir de ahí se les van enseñando las tÉcnicas necesarias?
  • La actitud empresarial, que no apuesta por los jóvenes y amaga sus deficiencias y la falta de una cultura de apoyo al talento amparándose en una legislación que permite tratar a los empleados como si fueran números, contratándolos en períodos temporales sin ningún compromiso mutuo. Y la falta de actitud emprendedora, algo que ha mejorado en los últimos tiempos pero que aún es insuficiente. Sigue pesando mucho la atracción de una vida funcionarial, al margen de los riesgos vitales de los asalariados y amparados por una nueva exigencia de productividad. Del mismo modo que el negocio inmobiliario y turístico acabó con la industria en muchas partes de España, el funcionariado es una rémora para el emprendimiento.
  • La ineficacia del aparato público teóricamente orientado a la facilitar el empleo, que ha quedado relegado a una oficina de parados. ¿Quien se coloca gracias a los servicios públicos? Nadie. Los parados están en manos de las ETT, parte de la solución y parte del problema. Al final es el boca oreja el mejor servicio de búsqueda de empleo.

El resultado de todo ese conjunto que no funciona es que nuestro país no funciona, y que nuestra productividad no despega. Que nuestros mejores profesionales se van al extranjero, donde encuentran mejores oportunidades. Y que el país pierde oportunidades de acoger inversiones empresariales interesantes, por falta de mano de obra cualificada.

En definitiva, que el país no funciona.

A todo eso se añade el envejecimiento imparable, componiendo un cóctel explosivo que nos puede llevar directos a la segunda división económica mundial, aparte de empobrecernos y hacer imposible de sostener nuestros estado del bienestar. ¿Quien va a pagar nuestras pensiones en el futuro? ¿Quien va a pagar nuestra deuda pública, ahora engrandecida por la crisis de la COVID19?

Otra reflexión sobre la disyuntiva entre inversión growth vs. value en bolsa

Yo creo que la inversión growth se ha impuesto a la value en los últimos tiempos porque se ha priorizado lo que ahora se da en llamar inversión temática o megatendencial. Las empresas que no encajan en esos parámetros parece que no valgan nada.

Pero la cuestión es si el mundo se divide entre empresas que están en la onda y que no lo están o se divide entre empresas bien gestionadas o mal gestionadas. Yo creo que es esto último. Y que no son temas excluyentes. Me explico.

No hay duda de que los directivos han de seguir las tendencias globales y tratar de adaptar sus negocios a las mismas, pero ¿es algo exclusivo de aquellos negocios nuevos (o relativamente nuevos) que encajan de forma digamos «nativa» en esos parámetros? Insisto, yo creo que no.

Es decir, la tecnología no es solo propiedad de los Facebook o Google o Amazon o Tesla, por citar algunos de los más destacados. ¿Es que las empresas establecidas («antiguas», en negocios de siempre); es decir, las empresas de alimentación, energía, petroleo incluso, telecomunicaciones, fabricación, movilidad global o retail, por ejemplo, ya no valen nada? ¿No son capaces de abordar cambios basados en el uso de las tecnologías o de adaptarse a las megatendencias? Yo creo que sí.

Un caso paradigmático es Tesla, que está viendo como las marcas de siempre (Audi, Mercedes, BMW, etc.) ya están poniendo en el mercado sus propios «teslas». O Walmart o Inditex, o el propio Corte Inglés, que están vendiendo online, compitiendo de tú a tú con Amazon. Los dinosaurios se están despertando, y lo están haciendo con toda la fuerza de su cultura (renovada), de sus redes comerciales y de sus marcas.

Yo no creo que las empresas de moda tengan asegurado el éxito a largo plazo por estar «en la onda», sino por estar bien gestionadas. Por ser innovadoras y liderar sus ámbitos de negocio. Apple es un ejemplo de ello. Esta semana nos ha demostrado una vez más que es quien marca la pauta, lanzando el iPhone 12 sin cargador ni auriculares.

Las empresas que tienen asegurado el éxito a largo plazo son aquellas que están bien gestionadas y que no se duermen en los laureles. Que mantienen el espíritu de startups y no se conforman con lo que tienen, sino que siempre aspiran a hacerlo mejor. A sorprender a sus clientes dándoles lo que necesitan incluso antes de que se hayan dado cuenta de que lo necesitan. De nuevo el ejemplo de Apple viene al caso. Son empresas que se adaptan a la realidad cambiante.

En los momentos en que surgen esas megatendencias los pioneros se benefician, y las empresas establecidas quedan retrasadas; es normal. Pero es una cuestión de ciclos. Hay quien habla de ciclos de 60 años (hay estudios sobre ello). Y que cada ciclo se divide en tres partes de 20 años cada una. Y ya hay quien dice que el ciclo actual está entrando en la fase 2, de estabilización, que permite que los rezagados pillen a los pioneros. ¿Estamos en esa fase? Yo creo que un poco sí.

En fin, parece obvio que hoy en día ninguna empresa, de ningún sector, puede permitirse prescindir de adaptarse a las megatendencias y convertirlas de amenazas en oportunidades; eso hacen los buenos empresarios.

Estoy hablando (ya lo podeis imaginar) de:

  • las tecnologías transformadoras (Internet, 5G, 3D…)
  • los cambios sociodemográficos (nuevas generaciones, envejecimiento, etc.)
  • la necesidad de preservar el planeta (infraestructuras, tendencias del consumo, energías limpias, movilidad…)

En poco tiempo (ya) los elementos que arrastran esas megatendencias dejarán (ya han dejado) de ser diferenciadores para las empresas y para los inversores. Y nadie podrá dejarlos de lado. Todo ha de hacerse ya contando con las nuevas tecnologías, los cambios socioeconómicos y la sostenibilidad del planeta. Nadie lo discute, creo.

El campo de batalla para ganar dinero volverá a ser, como siempre ha sido, satisfacer al cliente más y mejor que la competencia.

 

 

Glovo, ¿será rentable algún día?

Hay startups que se lanzar a conquistar un nuevo mercado con la esperanza de que los beneficios lleguen algún día, pero algunas se enfrentan a la evidencia de que no llegan nunca.

Confían en que alcanzarán un tamaño que les aporte un margen que cubra sus costes de estructura y sus gastos de marketing y captación de clientes, de modo que puedan empezar a obtener beneficios. O al menos que su negocio empiece a generar excedentes que les permita repagar su deuda y algún día repartir dividendos a sus accionistas.

El problema es que, a veces, ese tamaño no se alcanza nunca, y por tanto no se llega a esa situación ideal que asegure su supervivencia. En tal caso, cuando se acaba el capital, mueren.

Incluso a veces pasa que, cuando van progresando y aumentan sus esperanzas de alcanzar esa cima de felicidad, ocurre algo que las alejan de su punto de equilibrio.

¿Es el caso de Glovo?

En su lucha por defender que sus raiders no son empleados sino autónomos (con lo que consiguen unos menores costes y una mayor flexibilidad que son esenciales para el negocio), han sufrido una importante derrota judicial en España. ¿Será ese el fin de la empresa?

Espero que no, porque es un servicio que se ha demostrado que llena un hueco demandado por los clientes. Pero, en cualquier caso, obligará a sus gestores a repensarse las bases de su modelo de negocio, y sin duda afectará a sus expectativas de crecimiento.

Atención al cuestionamiento de las tecnológicas que puede estar empezando a producirse

No solo por que en la UE se quiere que tributen por los beneficios aquí producidos.

En estos días el propio Congreso norteamericano ha llamado a declarar a los líderes de las grandes tecnológicas (las FAANG: Facebook, Apple, Amazon, Netflix y Google) y se empiezan a cuestionar sus políticas comerciales en algunos países.

¿Será esta la primera señal de que su escalada está llegando a su fin, o al menos va a hacer una pausa?

Veremos.

El imparable Elon Musk

He de reconocer que me equivoqué. Siempre pensé que Tesla no se haría un hueco entre los grandes del automóvil, y que uno de ellos la absorbería. Parece que no va a ser así, al menos por ahora. Incluso puede que sea Tesla quien absorba a alguna de las grandes que se quede rezagada, en el proceso de consolidación del sector que se apunta imparable.

Elon Musk ha sido capaz de resolver los problemas de producción y los problemas de rentabilidad (ya empieza a ganar dinero), y la cotización sigue subiendo como un cohete, haciendo que su valor bursátil supere a muchas de las grandes del auto y de otros sectores, y que Musk se afiance entre los más ricos del mundo.

Sin duda es el nuevo Rey Midas, porque su cerebro no para de imaginar nuevos retos y ponerlos en marcha.

Sr. Musk, me quito el sombrero ante usted.

Hoy por hoy el siglo XXI es el siglo Musk.

Empresas ambidiestras

¿Eres un empresario ambidiestro?

Parece que es lo que toca ahora. Me entero del nuevo término en conversaciones y artículos que me llegan del País Vasco, aunque probablemente sea un término generalizado que hasta ahora yo no conocía.

Lo traigo aquí para que lo conozcan mis lectores.

¿Qué es una empresa ambidiestra o un empresario ambidiestro? Pues aquel que sabe gestionar a la vez pensando en la crisis presente, recortando gastos y reduciendo costes y aplazando proyectos, para poder resistir, y también es capaz de pensar en el futuro, en la innovación y el crecimiento, sin renunciar a ellos, y tomando todas las medidas de las que sea capaz ahora para que ese futuro no se esfume.

Me parece una idea magnífica y totalmente actual. Incluso creo que se lo puede dar una vuelta más y tratar de unir las medidas de cambio y adelgazamiento actualmente obligadas con la asunción de nuevos modelos de actuación y de negocio que permitan avanzar hacia el futuro, abordando cambios, nuevas maneras de hacer, que quizás no eran posible antes de esta crisis.

La crisis es mala. No podemos negarlo. Pero a lo mejor tiene su lado bueno si nos permite quitarnos las ataduras, los pesos que llevábamos encima, que no nos permitían abordar un cambio drástico, que probablemente ya estaba en nuestra mente, pero nos veíamos incapaces de abordar.

Estoy hablando de cambiar de personas, de productos, de clientes, de ubicaciones, de almacenes, de oficinas, de forma de vender, de manera de fabricar, de manera de facturar, de sistemas informáticos, de imagen de marca, de mercado…. ¡Son tantas cosas las que antes habíamos dicho que haríamos de otra manera si pudiéramos…! A lo mejor ahora, por culpa de la crisis, o gracias a la crisis, podemos. ¡Puedes! Anímate, busca los recursos. A lo mejor es la única forma de salir adelante.

Asume el riesgo. ¿Qué tienes que perder?