Emprendimiento o emprendedores

Las 10 principales tendencias tecnológicas disruptivas de 2020, según la firma norteamericana Corum

He asistido esta mañana a parte de un webcast de la firma norteamericana de asesoramiento corporativo (M&A) Corum, especializada en asesorar a empresarios de empresas tecnológicas en la venta de la misma a terceros.

Han desgranado las que ellos consideran que son las 10 principales tendencias que moverán el mercado de fusiones y adquisiciones en 2020. Las dividen en dos grupos: 5 que consideran fundamentales y 5 que consideran funcionales.

Tendencias fundamentales

  1. La aplicación de la Inteligencia Artificial
  2. La aplicación del Business Inteligence  y el Big Data
  3. El control del flujo de transacciones de pagos
  4. El software aplicado al IoT (Internet of Things)
  5. El cloud híbrido, sistemas que gestionan complejos entornos de IT

Tendencias funcionales

  1. Los servicios especializados de IT
  2. El «healthtech»: las soluciones tecnológicas aplicadas a la salud
  3. El «regtech»: las soluciones tecnológicas aplicadas a la regulación y el cumplimiento normativo (el compliance)
  4. El «smart logistics»: las soluciones logísticas avanzadas basadas en el uso de la tecnología
  5. El software de operaciones o blue collar software: las nuevas tecnologías aplicadas en la fábrica y en las operaciones

Estoy seguro que mis lectores meditarán un rato sobre estos conceptos, aunque no coincidan al cien por cien en las tendencias apuntadas en la lista.

Si tú, querido lector, tienes una empresa que encaje en alguno de los 10 ámbitos, prepárate porque según Corum este año estarás en el punto de mira de algún posible comprador.

Tenemos tipos de interés reales en el entorno de 0 para rato

Leo en Bloomberg que un profesor de Yael (Paul Schmelzing) ha publicado un estudio sobre la evolución de los tipos de interés reales (TdIR) en el mundo en los últimos 600 años;

La tendencia ultrasecular es que los TdIR continúen bajando, situándose en media en el siglo XX entre el 0 y el 3%, ya en los albores del siglo XXI entre el 0 y el 2%.

Si la tendencia sigue igual, probablemente veremos los TdIR en el intervalo 0-1%.

Ese nivel tan bajo de tipos de interés reales tiene, sin duda, muchas implicaciones. Entre ellas penaliza en ahorro, y supone un elemento de apoyo a la igualdad social, algo de lo que no estamos sobrados precisamente en el mundo.

El profesor también se pregunta si los TdIR negativos son una aberración, como a veces hemos afirmado muchos (yo entre ellos), y su respuesta estadística es que NO, porque han existido períodos de TdIR negativos siempre en nuestra historia. De hecho afirma que el período 1983-2008, que ahora viene a denominarse “el Período de la Gran Moderación” fueron 25 años excepcionales, pero los períodos de TdIR negativos son normales y se seguirán dando en el futuro.

Creo que es algo sobre lo que hemos de reflexionar. Los tipos de interés son clave para todas las decisiones económicas que tomamos cada día. No solo los que tenemos hoy, sino sobre todo los que esperamos tener en los siguientes 10, 20 o 50 años. Y lo que defiende el profesor Schmelzing es que estemos preparados para tener tipos muy muy bajos en lo que queda de siglo…

¿Hasta cuándo aguantará esto?

Leo en Bloomberg dos informaciones que me hacen cuestionarme el futuro ante la fragilidad de al menos una parte de la economía norteamericana.

La primera información es que el 12% de las empresas yanquis son lo que se conoce como empresas “zombies”, es decir, que no producen suficiente cash como para hacer frente al servicio de su deuda (intereses y amortizaciones). Ese ratio era el 2% en 1989.

¿Cómo aguantan esas empresas? La explicación más convincente es que sobra el dinero y los tipos de interés son muy bajos. ¿Qué pasará si suben los tipos de interés? Pues lo más probable es que cayeses una detrás de otra.

La segunda información es que casi el 40% de las empresas norteamericanas arrojan un valor neto contable negativo. Es un dato que me ha impresionado. Supongo que a ti, querido lector, también te pasará. En el año 200o ese porcentaje no pasaba del 10%.

¿Por qué es así? Porque cada vez más se valoran los activos intangibles y menos los tangibles. Estamos en un mundo donde las grandes/buenas empresas generan negocio y beneficios con los mínimos activos. Y precisamente eso las hace más valiosas. Hay multitud de ejemplos que entiendo que no hace falta que repita. Se trata de externalización la producción (que exige fábricas y maquinaria), la logística (que exige almacenes y camiones) y, por descontado, optar por alquilar todo lo que se pueda en lugar de comprar. Cuanto menos activo, mejor. Todo el valor proviene de los intangibles, de las expectativas del negocio. La cuestión es: ¿hasta qué punto? Hace poco, en el mundo de las startups, ya hemos asistido a un giro de los inversores pidiendo más visibilidad sobre los resultados, y comprando menos futuro, menos business plan inflados y ampulosos. ¿Llegará esto al mundo de las grandes empresas?

No sé si será pronto o tarde, pero seguro que en algún momento se pondrá freno a este fenómeno, y habrá que estar preparado para ello, apostando un poco más por lo tangible y cercano, y menos por lo intangible y futuro.

Crecimiento o rentabilidad: La clave de todo es generar margen de contribución positivo

Continuamente me encuentro con empresarios que se cuestionan si deben optar por el crecimiento o por la rentabilidad. Es normal, porque todas las empresas se mueven siempre en esa dicotomía.

Gestionar una empresa es elegir entre crecimiento o rentabilidad. Esa es la decisión principal. Y normalmente no es escoger blanco o negro, sino en qué medida se opta por una combinación de uno y otro. Todos querríamos crecer (aumentar nuestra cifra de ventas) y ser cada vez más rentables. Pero son vasos comunicantes: si se opta por crecer, normalmente es a costa de una menor rentabilidad (más gastos, política de precios más agresiva, inversiones en marketing, etc.); y si se opta por la rentabilidad se suele sacrificar el crecimiento (evitar los clientes y productos con menos margen, recortar gastos, etc.).

Lo normal y prudente es que las empresas intercalen períodos de crecimiento con momentos de rentabilidad. Es como conducir un coche: hay momentos en que aprieto el gas y momentos en que aflojo. Para crecer hay que tener gasolina (capital). Cuando ese crecimiento me lanza a otra dimensión (y se me acaba el combustible, el capital), debo aflojar y adaptarme a ese nuevo estadio.

Optar por crecer es optar por arriesgarse, pero NINGUNA EMPRESA PUEDE RENUNCIAR TOTALMENTE AL CRECIMIENTO. La empresa que decide no crecer, aunque no lo crea, empieza a morir lentamente. Y más en los tiempos que corren. Crecer es obligado. La gran cuestión es cómo, en qué, con qué ambición, y sobre todo, con qué recursos. No es lo mismo hacerlo con recursos propios (generados en la fase de rentabilidad anterior) que con recursos ajenos; hacerlo apalancado en exceso (con una excesiva proporción de recursos ajenos) es muy arriesgado. Muchas empresas se han quedado en la cuneta por no respetar esta regla.

Pero, en el otro extremo, TAMPOCO SE PUEDE RENUNCIAR TOTALMENTE A LA RENTABILIDAD. Las empresas tecnológicas, las startups, se habían acostumbrado a eso, porque encontraban socios capitalistas deslumbrados por sus magníficas presentaciones (y un poco avariciosos, y ya sabemos que la caricia rompe el saco) pero parece que esa época se acabó. Los inversores han dicho basta, y si no ven clara la rentabilidad en un futuro cercano, al menos en una parte del negocio (un producto, un país, al menos), ya no ponen su dinero tan fácil. El caso de WeWork ha sido, quizás, el ejemplo que ha despertado las conciencias.

¿Cuál es la solución? Pues teóricamente muy fácil: EL CRECIMIENTO CON RENTABILIDAD. Es decir, acompasar crecimiento con rentabilidad. Crecer a partir de demostrar (en un producto, en un país…) que se tiene un modelo de negocio rentable. Y crecer a la velocidad que permitan los recursos de los que se pueda disponer. Para empezar, de los recursos proporcionados por la parte del negocio que es rentable, y si se quiere ir más rápido (se necesita más combustible para apretar más el acelerador),  de los recursos que estén dispuestos a inyectar los accionistas o inversores externos. ¡Pero no ponerse a crecer hasta que no se aseguren esos recursos!

Es obvio decir que los recursos financieros llegarán con más facilidad si la empresa demuestra que es rentable en algunas áreas de su negocio.

En fin, no me quiero extender, porque es un tema que da para mucho, pero animo a mis lectores a que aporten sus ideas respecto a este controvertido asunto.

¿EBITDA o EBIT? Mejor EBIT

No descubrió nada si digo que el EBITDA se ha impuesto como un concepto de uso generalizado en el mundo de los negocios. Las discusiones en los consejos citan el EBITDA continuamente. Cuando se habla de valoraciones de empresas sale a relucir el EBITDA, porque se suele expresar el valor de una empresa como un múltiplo de su EBITDA.

Yo no soy nadie para negarle su importancia y la aportación que ha hecho a la estandarización de la gestión empresarial, pero quiero reivindicar el uso del EBIT.

¿En qué se distingue el EBIT del EBITDA? Pues, como la mayoría de mis lectores sabe, el EBITDA es el beneficio de la empresa sin contar intereses, impuesto de sociedades y amortizaciones. Pretende ser el beneficio de explotación, el beneficio del negocio, dejando al margen el coste de los capitales ajenos que se hayan usado para financiar sus activos, la carga fiscal de la empresa o las amortizaciones que se hayan aplicado al resultado contable. El EBIT, sin embargo, es el beneficio descontados intereses e impuestos, pero incluidas las amortizaciones.

Yo creo que el EBIT, si las amortizaciones que se descuentan representan un buen anticipo de las inversiones anuales que la empresa debe hacer para mantener sus activos en funcionamiento, es un mejor índice de la bondad de un negocio. Es decir, hablo de las amortizaciones reales, no las contables. Las que equivalen al fondo de capital que hay que reservar para mantener el negocio en marcha.

¿Por qué lo digo? Porque me encuentro demasiado a menudo con empresas que requieren un volumen de inversión continuada importante, y sin embargo solo se preocupan de su EBITDA. Es especialmente crítico en empresas cuyo EBITDA es mínimo o cero, y que piensan que con que sea positivo, aunque sea por la mínima, ya demuestran ser un buen negocio.

¡EBITDA cero, no: EBIT cero!

Reinventar tu modelo de negocio: un libro interesante

Mi editorial acaba de publicar un libro francés que he tenido el placer de traducir, que aconsejo a todos los lectores que les interese entender cuál es el camino que ha de seguir una empresa para reinventar su modelo de negocio, ya sea una empresa existente o una empresa nueva.

El libro, fácil de leer y muy práctico, incluye 50 casos de empresas innovadoras que han reinventado modelos de negocio, desde Tesla a Blablacar, pasando por Ikea o Salesforce.

Merece la pena leerlo.

Lo podeis encontrar en cualquier librería grande, en Amazon o en la web de la editorial: www.librosdecabecera.com

¡Espero que os guste!

Toque de atención al sector turístico

¿Ha acabado un ciclo de crecimiento en el sector turístico?

La quiebra de la agencia de viajes-touroperador Thomas Cook puede ser una señal en ese sentido.

Por otro lado, la próxima salida a bolsa de AirBnB explica por dónde van los cambios en el sector, algo que lleva años siendo evidente.

Pero no todo se acaba aquí. Como ya he dicho en alguno de mis pasados post, la presión para limitar y encarecer los vuelos, en aras a contrarrestar las crisis climática, supone un tsunami que ahora mismo se está gestando y que golpeará al sector más pronto que tarde.

España, uno de los líderes mundiales en el sector turístico, se juega mucho en estos cambios. El único camino es la apuesta por la calidad y la sostenibilidad, cambiando grandes cifras de ingresos o visitantes por buenos márgenes y turismo sostenible y de valor. Además con eso salimos ganando también los habitantes de los lugares visitados por los turistas.

¡No queremos hordas de turistas borrachos, queremos viajeros que aprecien nuestro país y nuestra cultura! Creo que la mayoría pensamos así. Y es por ahí por donde está el futuro de nuestra industria turística.

«Poco a poco, el marketing será solo directo»

La frase no es mía sino que la copio de un artículo de Fernando Trías de Bes en La Vanguardia. La traigo a este blog para pasarle a mis lectores, porque creo que Fernando tiene razón… a medias.

Fernando afirma tal cosa en referencia al papel preponderante de Amazon en relación a los otros canales de venta tradicionales, apuntando que Amazon se está imponiendo a todos ellos. Pero quizás confunde Que haga uso del concepto de marketing directo, entendido como la ausencia de intermediarios, porque Amazon no deja de ser un intermediario.

Yo más bien creo que de verdad el marketing será solo directo en el sentido de que los creadores de productos y servicios (fijaos que no digo fabricantes), poco a poco, se limitarán a vender sus productos y servicios y directamente, prescindiendo de intermediarios, salvo muy pocas excepciones, que serán básicamente las grandes plataformas con catálogos universales que servirán a los clientes que no tengan claro qué o a quien comprar. Porque cuando lo tengan claro, lo harán directamente.

Y el marketing directo no se realizará solo a través de Internet, sino que se combinará con la presencia física repartida por el territorio, para acercarse al cliente y completar y mejorar tanto la experiencia de compra como la entrega y el servicio postventa.

Muchas marcas ya lo están enfocando así. Estoy pensando en Inditex, que basa su éxito en estas premisas, pero también en Mapfre, en el sector asegurador, o Danone en la industria alimentaria. Y hay muchísimos ejemplos más.

La propia Amazon acabará separada en dos empresas: una plataforma comercial que ofrecerá todos los productos mínimamente demandados del mundo, y una empresa que venderá sus propios productos. Es cuestión de tiempo. Simultanear las dos cosas no será posible. Alibaba tiene claro que solo es una plataforma comercial, y esas es la base de su éxito.

En cualquier caso el mensaje de Fernando va en la dirección adecuada: El marketing va a acabar con la mayoría de intermediarios, dejando solo a las grandes plataformas (pocas) y un pequeño espacio (mucho menor) para la oferta de catálogos muy especializados, seguramente acompañados de servicios y asesoramiento también muy especializados.

Soy muy pesimista con la bolsa

No es un pesimismo digamos coyuntural, de corto plazo, sino estructural. Creo que las bolsas están al inicio de un ciclo especialmente negativo que al menos durará unos 4 años. Lo veo así de negro.

La razón principal para que piense así es que veo a la humanidad en un punto de inflexión a nivel social y en consecuencia también económico. Se están experimentando tal cantidad de cambios que estamos en los albores de un mundo completamente nuevo, en lo político, en lo social y en lo económico. Como consecuencia, creo que las empresas cotizadas, en general (siempre habrá honrosas excepciones), están sometidas a ese cambio, y no siempre serán capaces de sobrevivir al mismo. es más, me cuestiono si esas empresas cotizadas, que son por definición grandes empresas, muchas de ellas verdaderos mastodontes, pueden ser capaces de adaptarse a los nuevos tiempos. La mayoría no lo son.

Para reafirmarme en la idea me he detenido en repasar algunas de las empresas del IBEX35, y en destacar los retos que las enfrentan al cambio que se impone en la sociedad del siglo XXI. Como verán mis lectores, no es un cambio caprichoso, que sea fácil de adoptar por las empresas actuales, sino un cambio impuesto por la propia evolución de la población mundial y la sostenibilidad del planeta.

Empecemos, por orden alfabético:

Las energéticas: Acciona, Endesa, Iberdrola

La primera compañía es un caso de empresa que fue capaz de vislumbrar con antelación el surgimiento de las energías alternativas y ha pasado de ser una compañía constructora a una de energía. En ese sentido está en línea con el cambio. Pero nadie se puede dormir en los laureles. La amenaza para las empresas de generación de energía eléctrica es el autoconsumo y, en general, el movimiento MENOS CONSUMO. Cuando las tecnologías, los costes y la regulación permitan que los consumidores se produzcan su propia energía eléctrica sostenible, las eléctricas tendrán una caída de demanda considerable. Y no estamos tan lejos de que eso pase. Sobre todo en los grandes consumidores de electricidad.

A cambio, en positivo, les llega el coche eléctrico y el surgimiento de la electrolineras, lo que implicará un impulso al consumo eléctrico.

En definitiva, las eléctricas lo tienen relativamente bien, pero no pueden dormirse en los laureles.

¡Ah! Y me olvidaba de un riesgo latente que las afecta: la regulación. La incertidumbre en cuanto a la política global, y la explosión de populismo por doquier, no son un buen augurio para estas empresas tan pendientes de los gobiernos.

Aena, Amadeus, Ferrovial, IAG, Meliá

Creo que en los próximos años veremos una reducción de la movilidad aeronáutica. El movimiento MENOS AVIONES, MENOS TURISMO, que trata de convencer a la población mundial que no tiene sentido abusar del avión, que es uno de los medios de transporte que más contaminan, se extenderá por todo el mundo. Ya se habla de ello en Noruega o Alemania, donde hay quien propugna que no deben tomarse más de 3 vuelos intercontinentales al año, y nunca volar por menos de 1000 kilómetros. Ello conllevará un impacto muy fuerte para lineas aereas, sistemas de reservas, aeropuertos y cadenas hoteleras.

O se avanza en ese sentido o nos cargamos el planeta. ¡Y entonces sí que se acabó el negocio!

Obviamente, habrá quien sepa posicionarsse en ese nuevo mundo; pero habrá quien no. En cualquier caso sobrarán aviones, aeropuertos y hoteles.

Los 6 bancos del IBEX

Es evidente que, aparte del problema esperemos que coyuntural de unos tipos de interés muy bajo que no les deja margen de negocio de intermediación, la banca está sometida al impacto estructural de tres factores: digitalización, virtualización y desintermediación. Esos factores están literalmente desintegrando el negocio bancario como se conocía hasta ahora, y está obligando a la banca a desmembrarse en varios negocios, que compiten con players diferentes: asesores financieros, asesores robotizados, gestores patrimoniales, plataformas de pagos, plataformas de crédito, monedas virtuales, etc…

Un sector que está sufriendo la mayor reconversión de su historia, y que probablemente no existirá como tal dentro de 15 años.

En ese contexto se imponen las operaciones corporativas en todas las direcciones, separación de negocios, fusiones, etc. El que no se mueva no saldrá en la foto.

No es necesario indicar que la banca no está de moda, y podríamos hablar, entre los más jóvenes, de un movimiento que podríamos calificar de MENOS BANCOS.

Las telecos: Cellnex, Masmovil, Telefónica

No deja de ser una paradoja que sus negocios estén amenazados por la tecnología, pero así es. Los teléfonos fijos están muertos, en favor de los omnipresentes móviles, el consumo de linea ha pasado a ser consumo de datos, porque ya se puede llamar si usar la linea, y así sucesivamente. Todo ello ha generado oportunidades para quienes han sabido sacar provecho del cambio, como Masmovil en España, pero todo el sector está amenazado por las grandes tecnológicas, que le tienen echado el ojo.

En los últimos tiempos los accionistas de las empresas de infraestructura, como Cellnex, han ganado más dinero que los de las telecos; con eso está dicho todo.

También aquí se imponen las operaciones corporativas. La Union Europea ha de tomar una decisión urgente.

Acerinox, ArcelorMittal, CIE Automotive

Otro movimiento que debe preocuparnos a todos (económicamente hablando) y en especial a las empresas que dependen de la evolución del sector automoción es el movimiento MENOS COCHES. La industria automovilística está abocada a reducir su producción y a concentrarla en coches eléctricos que sean más sostenibles. Eso implica menos acero, menos metal, y en definitiva menos coches. La industria auxiliar del automóvil y la del acero van a sufrir una importante reducción de su cifra de negocio en los próximos años.

La industria del acero también se verá afectada por el cambio en los hábitos de construcción, evolucionando hacia materiales de mejores características energéticas.

Inditex

La estrella de la bolsa española, su compañía más valiosa, tampoco está a salvo de la ola de cambios. A Inditex la afecta el movimiento MENOS ROPA, que aboga por un mayor aprovechamiento de la ropa, rompiendo con el ciclo comprar-tirar-comprar que ha sido la propuesta de valor principal de Inditex y otras marcas de moda-consumo. ¿Las consecuencias? Pues un parón en su crecimiento y una caída importante de su valor.

¿Nos llevará al final del modelo Zara?

Mediaset

Las antiguas cadenas de televisión están padeciendo lo que podríamos llamar el movimiento MENOS TELEVISION. Las nuevas generaciones ya NO consumen televisión, por lo que cadenas como Mediaset están condenadas a desaparecer cuando desaparezca la generación que aún se pone cada día al frente del televisor, y que cada día es más vieja y cada día tiene menor valor publicitario.

Las cadenas está tratando de contrarrestarlo, pero la competencia de las telecos (que se han metido en los contenidos, como una salida a su propia crisis) y los nuevos entrantes, como Netflix, HBO, Disney, etc., están haciéndoselo muy difícil.

Repsol

Estamos en un mundo donde se impone el MENOS PETROLEO, y el MENOS PLÁSTICO, además del ya citado MENOS COCHES. Es imparable. Eso supone un gran problema para Repsol, al que ya está tratado de hacer frente metiéndose a compañía eléctrica con la compra de activos de Viesgo.

Pero la tendencia es imparable: el petróleo no está de moda, ni puede que lo vuelva estar nunca más.

Viscofan

Otra tendencia imparable es el movimiento MENOS CARNE. El impacto sobre una empresa como Viscofan es obvio. Está claro que los envoltorios de Viscofan no solo pueden envolver carne, pero es que la comida procesada también está cuestionada. Se pretende favorecer la comida de proximidad y las legumbre y hortalizas. Malas noticias para Viscofan.

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Como puedes ver en este repaso rápido y seguramente impreciso y parcial, querido lector, casi no se salva nadie.

Yo creo que estamos en un momento en que la creación de valor está en las empresas medianas y pequeñas no cotizadas. Probablemente más en las medianas porque tienen una mejor relación riesgo-rentabilidad. Por eso mi consejo es reducir la exposición a las bolsas y aumentarla, si se puede, al private equity y en menor proporción al capital riesgo.

 

 

 

Uber, un caso de libro

Leemos estos días que Uber sigue perdiendo miles de millones de dólares, y su CEO promete que el año que viene acabarán las pérdidas.

La historia de Uber me ha hecho pensar que en otros países una iniciativa empresarial como la de Uber habría acabado en quiebra. En España, sin duda alguna.

Los norteamericanos tienen cuatro cosas que son imprescindibles para sacar adelante un Uber o un Tesla (o un Apple, un Google o lo que sea:

  1. Una ambición global.
  2. Una capacidad de gestión excelente (de las mejores, si no la mejor del mundo).
  3. Un mercado enorme. Quizás el mayor del mundo y el más abierto a la innovación.
  4. Unos recursos de capital monstruosos, que acompañan a los proyectos, sin miedo y sin regatear esfuerzos, hasta el final.

¡Cuánto daríamos en España (o en cualquier otro país) por tener los cuatro!

Es verdad que últimamente casi todos los nuevos proyectos nacen con ambición global, quizás incluso más que en EEUU, pero no es suficiente. Además ellos tienen un arma que no es menor: su idioma de base es el inglés. Nosotros tenemos que adoptarlo, y lo hacemos, pero no es lo mismo, ¿verdad?

En cuanto a capacidad de gestión, hacemos lo que podemos. Tenemos buenos gestores, especialmente rápidos e intuitivos, pero la cultura del control y la gestión ordenada de proyectos es norteamericana. En eso no hay quien los gane. Son ellos quienes llevaron un hombre a la Luna; con eso está dicho todo.

Y en lo que no podemos objetivamente competir en cuanto a mercado propio (doméstico) y recursos de capital.

El mercado norteamericano es 50 veces mayor que el español, y seguro que más del triple que todo el europeo. Y no solo eso, sino que el comprador yanqui, sea por educación o por lo que sea, está siempre abierto a probar nuevas cosas, a apoyar al que empieza, sin miedo a equivocarse. Ya saben que quien no prueba no avanza. En Europa no es tan así. Y en España menos. Y no solo es querer sino también poder, porque estamos hablando de un consumidor con una renta per capita muy alta, que se permite comprar sin pensárselo mucho. Es una gran ventaja para lanzar un servicio como Uber o similar.

Por último pero no menos importante, el capital también apoya a las nuevas ideas y no pide beneficios para seguir invirtiendo, confiando en que al final del túnel (son pacientes, porque son inteligentes) llegará el beneficio de verdad. Y si no que se lo digan a quienes invirtieron en Apple o Google o Facebook, por citar a las más grandes, empresas que empezaron de cero y ahora valen miles de millones de dólares.

En fin, toda una lección de hacer empresa. No es casualidad que las mayores empresas del mundo sean estadounidenses.