Empresa familiar

Cuatro sentimientos que acaban con una empresa

Los leo en un informe de McKinsey. Viene a decir que si usted los detecta en su empresa, debe atacarlos de inmediato, porque la fuerza de lo malo es mucho mayor que la de lo bueno.

Son:

1. El pasotismo. El miedo o rechazo del personal a asumir responsabilidades. “No vale la pena”. Me recuerda a los empleados de las cajas de ahorros que preferían no ser directores de oficina, porque sólo veían inconvenientes y ninguna ventaja.

2. La sensación de injusticia, de sentir que la dirección no trata a todos igual, y que toma decisiones sin teer en cuenta en absoluto al personal. Suele ir unido a la falta de transparencia.

3. El desánimo. La sensación de que los problemas de la empresa no tienen solución. “Esto no hay quien lo arregle”.

4. El anonimato. Empleados que se sienten anónimos y/o jefes que son anónimos. “Nadie se preocupa de mi, a nadie le importo”. Es una sensación de que la empresa no es de nadie, y por tanto no le importa a nadie, y se puede hacer lo que sea… “Aquí todo vale”.

Algún lector pensará que una empresa que sufra estos síntomas de enfermedad está condenada a desaparecer. Quizás sí, pero no siempre. Hay soluciones.

¿Conoce alguna empresa excelente en gestión?

Si usted, querido lector, conoce alguna empresa que sea una best practice, de la que valga la pena dejar testimonio, como aportación a la mejora del management, anímese a escribir un libro sobre ello.

Del mismo modo que en Libros de Cabecera hemos publicado títulos como El legado de Arthur Andersen, o Hoteles Riu: el cliente a los mandos, estamos seguros que existen muchas otras empresas que son razonablemente conocidas, y ejemplos a seguir en sus sectores respectivos. Estoy pensando en casos como:

– Inditex (aunque ya hay algçun libro escrito sobre el fenómeno Zara, seguro que hay otras perspectivas del asunto)

– El Corte Inglés

– Mercadona

– Mango

– Tous

– Telefónica

– América Móvil

– Schneider

– Amadeus

Se puede escribir desde dentro, a partir de una experiencia como empleado o directivo, o desde fuera, cuando se haya retirado, o si ha trabajado como consultor para dicha empresa y la conoce suficientemente bien.

La editorial le ayudará a emprender el proyecto. Y le publicará el libro resultante.

¡Ánimo!

Los bancos españoles no prestan porque tienen miedo

El propio Mario Draghi lo dice: los bancos españoles tienen miedo a prestar dinero. Por eso no hay crédito a las pymes en España.

La verdad es que con unas tasas de morosidad bancaria en sus máximos y los concursos de acreedores al orden del día, es explicable que pase eso. Pero también es verdad que es ahora cuando hemos de pedirles a los directivos bancarios que se ganen el sueldo sabiendo separar el grano de la paja y dando crédito a aquellas empresas que se asientan en un buen negocio y unos buenos gestores.

Sería la forma de que la sociedad y las pymes recuperaran su fe en la banca. Algo que ahora mismo está perdido.

¿Quien apoya de verdad a las pymes?

Todos los políticos hablan de apoyar a las pymes, pero pocos toman medidas que de verdad las ayuden. Y la salida de la crisis pasa por las pymes, parece que hay consenso sobre ello.

Las administraciones y las grandes empresas van a reducir plantillas en los próximos años, porque tienen plantillas infladas. Sólo se creará empleo en la pyme. Tanto en la pyme que ya existe como en la nueva pyme que crean los emprendedores cada día.

Cuanto antes lo entiendan los políticos, mejor. Pero ¿cuántos políticos conocen de verdad las pymes? ¿Cuantos han gestionado una pyme? ¿Cuántos han trabajado en una pyme?

Es tiempo de empresas bien gestionadas

Más que nunca la crisis está haciendo una selección de empresas, de la forma más cruda que se pueda imaginar. Caen sin parar las empresas más débiles. Y sólo sobreviven las que respetan unos principios de buena y prudente gestión: control estrecho de resultados, equilibrio de balance (endeudamiento nulo o limitado, midiendo bien las inversiones) y buen clima laboral.

¿Se puede ganar dinero en estos tiempos? Sí, se puede.

Comercios condenados al fracaso

Recientemente hemos publicado en mi editorial Libros de Cabecera un libro titulado Por qué unas tiendas venden y otras no, de Jorge Mas y Luis Lara, que explica qué ha de hacer un comercio para tener éxito. El libro está teniendo un gran éxito y va por su cuarta edición.

Quizás el hecho de haber editado ese libro me ha hecho más sensible al tema, pero la verdad es que cuando voy por la calle me fijo en los comercios y no dejo de apreciar lo mal planteados que están la mayoría de ellos. Lo primero por su ubicación. A veces parece imposible que un comercio tenga éxito en el lugar que se ha ubicado, pero también por el aspecto exterior o la distribución interior, la iluminación o el modo en que los dependientes esperan al presunto cliente. En esto, como en casi todo, hay que hacer las cosas con sentido. Y hay quien no tiene sentido alguno, ni siquiera el común. Encuentran un ocal, lo llenan de género, abren y a esperar que entre alguien. Y al cabo de dos o tres meses, a cerrar.

Un ejemplo de lo que digo lo encontrareis en los carteles que anuncian los locales. Por ejemplo, muchos de ellos tienen dos marcas, dos nombre. Por si fuera poco difícil conseguir que tu marca sea conocida e identificable, muchos pequeños empresarios le ponen dos. Fijaos y me dareis la razón. Ejemplos recogidos en mi calle: “Aire. Sala Diana” (¿Aire o Diana?), “Bar Manuel. Los mundiales” (¿Manuel o los Mundiales?)….

Y usted, ¿sabe cuál es su margen?

Me sigue ocurriendo continuamente. Muchos empresarios no saben cuál es el margen bruto de su negocio. Y por tanto, si los beneficios caen, no saben discriminar entre la parte de esa caída que es consecuencia de que los precios de venta están presionados por la competencia, y que no se pueden trasladar a esos precios los costes directos, y qué parte de la caída es consecuencia de la caída de la actividad, que hace que los costes de estructura estén sobredimensionados.

Aparte del efecto endeudamiento, y del efecto morosidad, que no dejan de ser importantes, sin duda, la empresa debería poder medir con claridad el efecto margen y el efecto actividad a la hora de comparar sus resultados de un año con otro.

El director financiero, el contable, el asesor, basándose en una contabilidad de gestión como Dios manda, deberían poder explicarle al empresario porqué su empresa gana menos, de forma detallada, de manera que entienda las causas del problema. Sólo así podrá al menos intentar solucionarlo.

 

¿Por qué no tenemos grandes empresas?

Porque hay un escalón, el de los 6 millones de facturación, que no se atreven a subir los pequeños empresarios.

Así de claro lo dejó dicho el catedrático Antón Costas en una charla en la escuela de negocios ESADE en Barcelona. Citó un estudio reciente que lo demostraba con datos. Parece ser que a ese tamaño los empresarios o paran, o venden, o prefieren crear empresas más pequeñas.

Hay, por lo que parece, un MIEDO AL TAMAÑO. Sería interesante buscar la razón de ese miedo. Animo a mis lectores a sumarse a ese debate.

Yo apunto una primera razón: el escalón fiscal, porque la ley dice que a partir de una determinada facturación (creo que ahora está en los 8 millones de euros de facturación, pero no hace mucho estaba precisamente en los 6).

Y otra: el paso de pequeña a mediana empresa asusta a los empresarios, porque les obliga a cambiar el estilo de gestión, pasando a ser menos personalista e informal, más transparente, menos intuitivo, y para muchos es un salto al vacío, que les aterroriza, y prefieren malo conocido que bueno por conocer. “Para qué liarme con lo bien que estoy. Ya gano dinero suficiente”, dicen.

El problema es que, en la mayoría de sectores competitivos, crecen no es una elección, es una obligación. Quien no crece, a la larga muere.

Ser empresario

Esta semana escuche una referencia del catedrático Antón Costas a una cita de Salvador Gabarró, actualmente presidente de Gas Natural Fenosa, que me hizo pensar: “Cuando dejas de pensar en crecer, dejas de ser empresario”.

Creo que muchos empresarios estarán de acuerdo con esa frase y que me acompañarán en mi sentimiento de que el crecimiento es, de alguna manera, lo que yo llamaría la maldición (en el buen sentido) del empresario.

El crédito a las pymes en España

En 2012 ha bajado fuertemente el crédito a las pymes en España, contribuyendo a empeorar la situación de crisis de las empresas y por tanto de todo el país. Hay, en mi opinión, tres razones de que eso haya pasado. Sin duda la primera razón es que la banca ha restringido la concesión de crédito, tanto porque se ha vuelto más restrictiva en cuanto al riesgo como porque sus propios problemas internos la han obligado a adelgazar sus balances y por ende su cartera de créditos. El segundo factor ha sido que las administraciones públicas han acaparado la mayor parte del crédito concedido. Sin embargo, yo creo que ha habido un tercer factor: las propias pymes han dejado de pedir crédito, ante las perspectiva de no obtenerlo. Es decir, se ha creado algo así como un círculo vicioso.

¿Mejorará esa situación en 2013? Yo creo que no. Quizás en el segundo semestre, si la banca recupera parte de la normalidad y si las administraciones se moderan en su demanda de crédito.