Empresa familiar

¿Dos contabilidades? No, una y bien hecha.

Veo continuamente empresas en sus primeros estadios (pymes y startups) que no tienen una idea clara de cuáles son sus beneficios, que no llevan una contabilidad mínimamente rigurosa desde el punto de vista del control de sus resultados.

¿Por qué pasa eso? Porque los gestores suelen dejar la contabilidad en manos de una gestoría, que se preocupa sólo de cumplir el trámite fiscal. En paralelo los gestores suelen llevar un intento de control de las ventas y los principales costes, que no suele ser riguroso.

En conclusión: trabajo duplicado para no conseguir nada. La empresa gasta más de lo necesario (considerando el tiempo perdido en hacer contabilidad de aficionado por parte de los gestores) y no tiene una idea clara y rigurosa de sus resultados y sus finanzas.

¿Que hay que hacer? Plantear el control contable de forma adecuada y acorde a las necesidades de gestión, llevar una sola contabilidad, a la vez fiscal y económica, y a poder ser ligada a la facturación, y ponerlo todo en manos de gente experta (lo caro es barato) y de sistemas válidos de gestión.

Las pymes y startups pueden conseguir que su gestión administrativa sea excelente y barata. Hay firmas que lo hacen posible.

Empresas-casa y empresas-chabola

Cuando veíamos las imágenes del tsunami indonesio hace unos años, a todos nos llamó la atención ver cómo en medio del pasaje desolado de chabolas arrasadas por el tsunami, se elevaban orgullosas algunas casas construidas con ladrillo y cimientos firmes.

Después del tsunami económico que ha arrasado Europa y en especial los países mediterráneos como España, las empresas que eran como chabolas han sido arrasadas, no queda de ellos más que los desechos. El tsunami se ha llevado los beneficios, la tesorería y desde luego el empleo. Esas mal llamadas empresas han desaparecido, o vagan en el paisaje arrasado sin rumbo ni futuro, esperando a que los enfermeros los recojan o que alguien se apiade de ellos.

Las empresas que se asentaban sobre bases más firmes también han sufrido los males del tsunami, pero permanece en pie, adaptándose a las terribles circunstancias, pero preparados para sobrevivir y recontruirse sobre cimientos aún más fuertes, una mayor productividad si cabe, un capital reforzado, mayor diversificación de productos y mercados, incluyendo la salida a mercados exteriores, etc.

Creo que es un símil útil para entender la tragedia económica que vivimos.

¿Quien crea empleo?

A menudo leo y oigo declaraciones de personas que claman por que se cree empleo. No suelen decir a quien lo piden, o lo hacen a un genérico “gobierno”. A mi me pone de mal humor sentir esas memeces. ¡Librenos Dios de que el Gobierno cree empleos! Nos sobran empleos públicos y nos faltan empleos privados.

No es el gobierno quien crea buen empleo, ni los buenos empleos vienen del cielo. Los empleos los crean los empresarios de las pymes y los directivos de las grandes empresas, nos guste o no. Sí, son aquellos quienes se suele criticar por lo mucho que ganan, por lo “malas personas” que son; aquellos que las mismas personas que reclaman empleo parece que odien. Creo que es una situación triste y a la vez absurda.

En ese entorno de enfrentamiento entre la sociedad (o al menos una parte de ella) y los empresarios, no se producen en absoluto las condiciones para que se cree empleo.

El ambiente idoneo sería uno de confianza mutua entre empleados y empleadores. Y lo que hay es exactamente lo contrario.

Falta de capitalización

El gran cáncer de la empresa española en estos momentos es la escasez de capital. Le vale a casi todas las pymes. Y es el gran freno de muchos emprendedores.

Y no me refiero a escasez de crédito sino a escasez de recursos propios.

Pero dinero hay. Y gente ávida de invertirlo.

¿Cuál es el problema? Faltan proyectos interesantes, bien articulados y bien presentados.

De socios y rupturas

Estamos en época de rupturas societarias. Divorcios profesionales que conllevan una carga compleja de tensión y discusiones, que acaban con una vida profesional en común y con demasiada frecuencia también con la amistad personal.

La crisis está haciendo que aquellos negocios que se pensaron para y por dos socios, no dejen espacio para dos, y como máximo puedan tirarlos adelante uno. Los márgenes son insuficientes y los proyectos iniciales se han esfumado. Las posturas son encontradas: “o tú o yo”.

Se trata de asumirlo y de dar carpetazo al pasado, y de centrarse en las opciones de un divorcio pacífico. Lo más aconsejable es que uno opte a continuar el negocio y otro lo deje. El que se queda ha de ser generoso y ofrecer una salida digna al que se va. Sobre esas bases trato de aconsejar a mis clientes. Cada vez son más los que me piden que medie entre ellos y les ayude a resolver una situación que no puede alargarse en el tiempo, porque cuanto más se alarga más se complica.

El mayor problema suele ser encontrar una valoración y una forma de pago justa para ambas partes.

Presupuestos en la pyme, ¿vale la pena?

Soy un convencido de que a las pymes les vale la pena hacer un presupuesto anual que recoja las ventas y costes previstos y por tanto los resultados esperables en el ejercicio que se inicia. Ahora mismo me toca hacerlo a mi.

Este año vamos tarde. Estamos entrando en la última decena de enero y aún no hemos preparado el presupuesto de 2012. ¿Por qué? Pues primero porque no hemos cerrado del todo el ejercicio de 2011 a nivel contable. Segundo porque la incertidumbre es tal que queremos pensarnos muy bien el presupuesto. Tercero, y muy importante, porque no sabemos si vamos a actualizar los sueldos o los vamos a dejar igual que en 2011. Sin descartar del todo que debamos bajarlos en algún caso. O prescindir de alguna persona.

En estos tiempos tan inciertos, es humano prescindir del presupuesto y centrarse en manejar la nave de la empresa en las turbulentas aguas del entorno económico actual. Hay que hacer un esfuerzo para plantearse el devenir del año, pero creo que merece la pena.

¡Emprende!

Animo a mis lectores a emprender.

Pueden hacerlo empezando de cero o comprando una empresa. En España hay miles de pequeñas y medianas empresas que pueden ser compradas. Algunas de ellas pertenecen a empresarios sin sucesión que buscan con ansia alguien que le dé continuidad a su negocio.

También hay infinidad de jóvenes y no tan jóvenes que buscan un proyecto empresarial en el que implicarse.

Aconsejo a quienes se planteen comprar una empresa que lean el nuevo libro ¿Puedo comprar una empresa? de Enrique Quemada, editado por Pirámide. Y en general a quien quiera inspirarse le recomiendo los dos últimos libros de Libros de Cabecera: Aventuras de emprendedores, de Mar Galtés y El libro rojo de las mujeres emprendedoras, de Guernica Facundo. Se pueden comprar en las principales librerías y en www.librosdecabecera.com

La fórmula de la salida de la crisis

Todos nos preguntamos cuándo y cómo saldremos de la crisis. Hoy en La Vanguardia Juan José López Burniol nos la proporciona muy escuetamente:

  1. Aportar algo valioso. Todos hemos de aportar algo valioso, que alguien desee comprarnos. Ese consejo es válido tanto para las empresas en busca de clientes como las personas en busca de trabajo. Si no aportamos nada, nadie nos querrá. Es el problema actual de muchas empresas y trabajadores españoles.
  2. Rendir al máximo. Tiene que ver con la productividad, con el trabajo duro y con la eficiencia. También sirve tanto para las empresas como para los trabajadores. Pep Guardiola recomendaba hace poco a los catalanes que había que recuperar la costumbre de levantarse temprano… No deja de ser una anécdota, pero por ahí van los tiros. Desde el punto de vista del trabajador no es una concesión al empresario, es una concesión a sí mismo. Salir de la crisis es urgente para todos. Es en beneficio de todos.
  3. Aquilatar los costes. Controlar los costes y eliminar todo aquello que no sea estrictamente necesario. No derrochar. Vale para empresas y trabajadores. La época de nuevos ricos ha acabado.
  4. Invertir o gastar con más dinero propio. Jugarse el propio capital. Esperar a gastar cuando se tiene el dinero, o al menos una parte sustancial del capital que se necesita. Los bancos no van a volver a financiar el 100% de nuestros gastos o inversiones. Ni el 80%, ni el 60%. Como máximo se plantearán poner lo mismo que pongamos nosotros. Y siempre que sea para una buena inversión, que se mirarán con lupa. Y no nos prestarán dinero para gastos suntuosos o para cubrir pérdidas. Se acabó la época del dinero fácil. Y la del dinero barato.

¿Socios al 50%? No, gracias

Las sociedades de dos socios al 50% son como un matrimonio. Yo no las recomiendo, ni para mi ni para mis clientes.

Las sociedades al 50% están condenadas al bloqueo y al enfrentamiento entre los socios, lo que las aboca a la extinción en muchos casos.

Creo que es mejor que un socio tenga la mayoría (el 51% es lo normal, aunque basta que sea una participación o una acción más que el otro socio). De ese modo queda claro quien tiene la última palabra.

A muchos les sorprende eso, porque creen que es mejor hacer las cosas al 50%. Yo no lo creo. Repartirse los beneficios al 49-51 es prácticamente igual que hacerlo al 50-50. Y sin embargo, el 50-50 hace imprescindible el consenso eterno, mientras que el 51-49 no lo hace imprescindible. Lo que no quita que mientras no haya conflicto, los socios tomen las decisiones por consenso, como es normal en tiempos pacíficos.

¿Cómo hay que hacerlo? Yo lo hago así: según las circunstancias en las que me encuentro impongo el 51% como condición para entrar en la sociedad, o acepto de entrada estar en minoría. Y a partir  de ahí se trata de que el socio minoritario lo asuma y ya está. Si hay que discutir este punto antes de crear la sociedad. se hace. Es mejor discutirlo a priori, entre amigos, que hacerlo en los tribunales, con la sociedad bloqueada, haciéndose daño un socio al otro.

¿Tirar la toalla?

Ayer asistí a una presentación del libro INNOVACION de Enric Barba. En el turno de preguntas, los asistentes, algunos pequeños empresarios, denotaban cierto desánimo ante la perspectiva de innovar, debido a la situación de crisis que atraviesan las pequeñas y medianas empresas con especial dureza.

La respuesta de Enric fue clara y acertada: ahora precisamente es cuando hay que hacer un esfuerzo mayor para innovar, teniendo en cuenta que innovar no significa necesariamente gastar dinero. Hay que poner en marcha la imaginación. Y sobre todo hay que escuchar y estudiar al cliente y sus necesidades, para darle algo mejor que la competencia.

¡La imaginación al poder! Y pensar es gratis.

Así que de tirar la toalla, nada.