Energías verdes y sostenibilidad

Alguien duda de que el mundo postCOVID será un mundo orientado a la sostenibilidad

Las consecuencias que eso tendrá sobre muchos sectores empresariales serán enormes. Acabo de mencionar el automóvil, pero también el petróleo o el textil, el plástico, el agropecuario, la movilidad, la construcción, etc.etc.

En otro paso también mencioné el turismo.

Era algo que tenía que pasar y a lo que el coronavirus va a dar un impulso.

Qué verdad es que “no hay mal que por bien no venga”.

La recuperación económica se ha de construir sobre esas premisas. Los gobiernos, los empresarios, los inversores, los trabajadores, que se den cuenta de ellos y se apunten a esa apuesta, serán los que se recuperarán antes y mejor de el batacazo del COVID19.

Se va a imponer la tecnología y la economía circular. Será la explosión definitiva de la 4ª Revolución Industrial.

¿Es la caída del turismo y la movilidad una oportunidad para la sociedad en su conjunto?

Si tras la crisis del COVID19 reducimos, a nivel mundial, la movilidad en general y en especial la del turismo, ya sea por obligación (prevención de contagios de esta u otras pandemias), ya sea por devoción (una concienciación general de que hemos de hacerlo, una vez hemos visto que podemos hacerlo y seguir siendo felices y organizar bien nuestras vidas, con teletrabajo y más cocooning), quizás nos sirva para evolucionar hacia una movilidad y un turismo más sostenibles, algo que se venía reclamando, sin éxito, desde hace años.

Sé que este post no le va a gustar a aquellos de mis lectores que estén ligados al sector de los viajes y al sector horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías), pero me parece que es/era algo inevitable, que esta crisis solo hará que acelerar.

Y creo que puede suponer un problema a corto plazo, pero nos traerá una sociedad más equilibrada a largo plazo.

Yo hablo desde mi perspectiva: Barcelona, España. Aquí nos sobran vuelos (aeropuerto de Barcelona saturado), hoteles, apartamentos turísticos, restaurante y cafeterías. No digo que deban desaparecer, digo que sobran, que han superado un límite razonable. La crisis puede hacer que queden los que encajen con una movilidad razonable y un turismo de calidad. ¿Quien no quiere que sea así? La mayoría de ciudadanos lo queremos.

¿Puede eso suponer una crisis de ajuste para las líneas aereas (sobre todo las low cost), para empresas como AirBnB, para algunas cadenas de hoteles, para las agencias de viaje, etc.? Sin duda. Pero, insisto, es inevitable.

En el mundo de la movilidad y el turismo hay que cambiar cantidad por calidad. La movilidad ha de ser minimizada y sostenible. El turismo ha de ser de calidad y no de masas. Hasta los propios turistas lo agradecerán. Y por descontado los ciudadanos de las grandes ciudades, como Barcelona. E incluso a la larga los de los municipios turísticos.

¿Qué ventajas nos puede acarrear? Yo creo que muchas:

  • Un desarrollo más racional de las ciudades y los destinos turísticos
  • Un reequilibrio de la oferta inmobiliaria, tanto en propiedad como en alquiler
  • Una mejora medioambiental general, tanto de la contaminación medioambiental como la acústica:
    • Menos vuelos
    • Menos desechos
    • Menos destrozos del medio natural
    • Menos cruceros

Incluso, si se promueve el turismo de proximidad, abandonado hace muchos años, una recuperación de la España despoblada, algo que a todos nos preocupa y que tiene consecuencias muy positivas. Entre ellas la prevención de incendios forestales.

¿Y cómo se puede acelerar eso? ¿De donde se pueden sacar los recursos para hacerlo posible?

Pues ahondando en la imposición indirecta, algo que no le gusta a los empresarios (yo creo que en especial a aquellos que apuestan por bajos precios y no por alto valor), pero que ya ha estado aplicando en muchos sitios antes de ahora. Por ejemplo, las tasas turísticas aplicadas por el Ayuntamiento de Barcelona.

Se deberían subir las tasas aeroportuarias. Pero no las que cobra AENA, sino crear una tasa pública que hiciera inviable los vuelos low cost al nivel en el que lo son ahora (vuelos europeos, por ejemplo, por menos de 100€). Lo mismo las portuarias, de forma que redujéramos el números de cruceros, que aportan contaminación y aglomeración a las ciudades en las que amarran,  dándoles muy poco a cambio. Sobre todo los que vuelvan a sus pasajeros para estancias de pocas horas que hacen que vaguen como zombies con patines por la ciudad.

También se deberían subir los impuestos a las gasolinas, de modo que, aprovechando la caída de los precios del petroleo, parte del margen pasara a engrosar las arcas públicas, y empujasen a más personas al uso del transporte público.

Todo ello generaría recursos financieros adicionales tanto para financiar el cambio como para reequilibrar los presupuestos de las administraciones públicas, muy deteriorados por la crisis del COVID19.

En fin, saliéndome de mi linea habitual, he incorporado este post con unas afirmaciones que asumo que pueden ser polémicas, pero creo que estamos ante una oportunidad de oro de cambiar el país. Dejar de ser un país de sol y playa, de low cost, de bares y cafeterías en cada esquina, de camareros y cocineros, CON TODO EL RESPETO por ellos, para ser un país más industrial, más equilibrado, más limpio, más sano.

Creo que si una mayoría queremos hacerlo, y nuestros políticos tienen la valentía suficiente para llevarlo adelante, PODEMOS hacerlo.

No es imposible compaginar la sostenibilidad con el beneficio

Se puede compaginar, y hay ejemplos de ello.

En ese sentido recomiendo el libro La estrategia del océano esquilmado, de Nadya Zhexembayeva, que podeis encontrar en Libros de Cabecera.

El libro explica cómo debes orientar tu estrategia para encajar tus productos y toda tu empresa en la economía circular, y presenta multitud de ejemplos de empresas que lo han hecho y son exitosas. Y no solo eso, defiende la autora que solo las empresas que se orienten de ese modo sobrevivirán, porque los consumidores y los gobiernos descartarán a cualquier empresa que no lo haga.

Os animo a que lo leais. Está traducido por mí.

¡Feliz Sant Jordi!

Globalización 2.0: algo bueno que nos traerá el COVID-19

Haciendo bueno el refrán de que no hay mal que por bien no venga, el coronavirus nos va a traer una esperada y necesaria «Globalización 2.0».

No será el fin de la globalización, como algunos reclaman y proclaman, porque sería absurdo y además es imposible, pero sí una globalización más equilibrada, en todos los ámbitos de nuestra vida y nuestra economía:

  • La industria, con una dependencia menor de China, al menos en algunos ámbitos.
  • El turismo, con un frenazo a la expansión acelerada de los viajes, sobre todo los transoceánicos, pero también los de corta estancia.
  • En la agricultura. con un fomento de la compra local.
  • En el comercio, alcanzando un reequilibrio entre el eCommerce y el comercio físico, pero no en una estrategia de confrontamiento sino de integración.

Ese cambio no se realizará solo por las condiciones de vida que exige el coronavirus, sino porque lo exige el planeta.

No tiene sentido que todo lo compremos en China, y de allí nos lo hagamos traer todo. No tiene sentido que cojamos un avión para pasar un fin de semana a kilómetros de distancia. No tiene sentido que comamos naranjas de Sudáfrica. Y muchos más ejemplos de lo que hacemos en nuestra vida cotidiana.

Creo que es un momento clave para la humanidad. Si no lo hacemos acabaremos con nuestro planeta y en definitiva con nuetra propia especie.

Los empresarios somos los primeros que nos hemos de poner las pilas y empezar a actuar de verdad dentro de una estrategia circular, buscando eliminar o al menos reducir al máximo nuestra huella de carbono. Pero hemos de tener el apoyo de los consumidores y de las administraciones. Creo que ahora, por fin, todos estamos de acuerdo. Y sí: podemos.

¡Bienvenida la globalización 2.0!

Azvalor: ¿Tiene sentido comprar lo que nadie quiere?

Vaya por delante que soy inversor en el fondo Azvalor Internacional y que soy un convencido de la inversión «value». Pero ayer asistí a la reunión de la gestora con inversores en Barcelona y me pregunto si tiene sentido empeñarse en invertir en empresas ligadas al petroleo y al carbón. De hecho las importantes pérdidas que está experimentando el fondo, coronavirus al margen, están ligadas a las posiciones en empresas de servicios en el sector petrolífero y del carbón.

Me pregunto, si bajan, ¿no será porque nadie las quiere, pero no porque sea una moda temporal, sino porque los inversores creen que el petroleo y el carbón no tienen futuro? ¡Y la bolsa cotiza futuro!

En mi opinión el peligro es que nadie las quiera, sin atender a sus fundamentales, partiendo de la idea de que petroleo y carbón son pasado, son apuestas perdedoras. Sin más.

La gestora no lo cree así, sino que apuesta por que se revaloricen y mucho cuando el mercado se dé cuenta de lo que valen. ¿Quien tendrá razón? Ojalá ellos, porque me juego mis cuartos…

¿Alguien duda de que Trump será reelegido?

Si alguien se preocupa de mirar mis post del momento en que Donal Trump resultó elegido presidente de los Estados Unidos, verá que vaticiné que no acabaría la legislatura, y mucho menos sería reelegido para un segundo mandato, porque confiaba que un país tan sensato e inteligente se diera cuenta del error cometido. Pero veo que me equivoqué, porque salvo sorpresa mayúscula, la reelección parece segura, porque el país no parece tan inteligente como creía. Y no solo por quienes votan a Trump, sino incluso por el espectáculo bochornoso que está dando la oposición demócrata, incapaz de presentar un candidato con cara y ojos.

Supongo que hay diversas razones para sustentar la reelección de Trump a pesar de su nefasto legado a nivel global, y una de ellas, e importante, es que está arrojando datos económicos excepcionalmente buenos, con una tasa de desempleo mínima y crecimiento sostenido el PIB.

Es un ejemplo de lo que puede suponer para una economía un gobierno “business friendly”. Y, hoy por hoy, en circunstancias normales, la economía pesa mucho en el voto de los ciudadanos.

Las bolsas estarán contentas. El medio ambiente y las relaciones internacionales, no tanto.

España se desertiza

Leo horrorizado en El País en su versión digital, del 15 de febrero, un artículo de Miguel Ángel Criado (“Así se convierte la tierra en un desierto”), que el 39% de la superficie de España será desierto a finales de este siglo. ¿Qué futuro nos espera? ¿Qué podemos hacer, si es que podemos hacer algo, para si no evitarlo, al menos retrasarlo?

El futuro de la agricultura es la edición génica

Hasta hoy no había oido hablar de la edición genética, pero un artículo de Pilar Cubas (una investigadora del centro Nacional de Biotecnología del CSIC) me ha abierto los ojos. La edición génica (EG) es el futuro de la agricultura, porque permite/permitirá obtener nuevas y mejores semillas más rápido que con los sistemas actuales, sin suponer que el producto lleve un ADN extraño (no serán transgénicos). La EG permitirá aumentar la diversidad genética y recuperar especies vegetales perdidas después de años de selección genética al estilo “clásico”.

La EG se basa en un conjunto de técnicas llamadas NPBT (New Plant Breeding Techniques) que permiten “reparar” el ADN de un organismo vegetal, sustituyéndolo un gen inadecuado por un gen adecuado a lo que se busque. En la base de las NPBT está una herramienta de sustitución descubierta en 2001 por Francisco Monica, un investigador de la Universidad de Alicante.

La EG no es una técnica cara y está al alcance de pequeñas empresas (no como hasta ahora la selección clásica que está copada por unas pocas macro empresas de semillas a nivel mundial).

Pero el apoyo estatal nunca está de más, y en esa línea las grandes potencias mundiales están invirtiendo enormes sumas en el desarrollo de la EG. Por ejemplo China, que tiene el mayor número de patentes en este campo.

Además, en el ámbito regulatorio, China, Estados Unidos, Japón y otros, han dado vía libre a la venta de los alimentos editados genéticamente, porque no los consideran transgénicos y por tanto perjudiciales para la salud. En esa línea la Unión Europea no está alineada y sí que los considera genéticamente modificados, aunque hay un movimiento científico y empresarial que lucha por que cambien el criterio y permitan competir al mismo nivel que las empresas americanas o chinas en este campo.

Los alimentos editados genéticamente ya están a punto de llegar a nuestra dieta, y si todo va bien, serán lo que haga posible que los casi 10.000 millones de habitantes que alcanzará el mundo en este siglo, podamos alimentarnos.

Noruega apuesta por los coches eléctricos

Leo en Seeking Alpha que en Noruega el 42,4% de los coches vendidos fueron eléctricos. Un ejemplo para otros países. A pesar de que Noruega es un país productor de petróleo (no como otros; España, por ejemplo), los noruegos no dudan en apostar por el coche eléctrico.

La generación de energía a partir de paneles fotovoltaicos resurge en España

Después de años de penuria tras el problema de los subsidios, la energía fotovoltaica resurge con fuerza en España. Los parques fotovoltaicos son ya competitivos y sostenibles económicamente sin ningún tipo de subvención y los proyectos crecen por doquier en todo el territorio español, pero sobre todo en el soleados Sur.

El capital ve rentabilidad en la inversión en esos proyectos y el dinero fluye con fuerza. Sin duda ayudará a que los objetivos de sostenibilidad sean más alcanzables.