Energías verdes y sostenibilidad

El comercio internacional se ralentiza, ¿es eso malo?

Mi opinión es que no necesariamente. Quizás es malo a corto plazo, pero podría ser bueno a largo plazo.

Lo que no tiene sentido es que el crecimiento del comercio internacional duplicase el crecimiento de la economía mundial. Ahora se estima que se acoplara el crecimiento económico mundial.

¿Por qué está pasando?

Obviamente, ante todo, por el «efecto Trump», es decir, la guerra comercial con China y otros países. Pero yo creo que hay un movimiento de fondo que está liderado por la onda verde que está afectando al comportamiento de consumidores y gobiernos en todo el mundo, al menos el mundo desarrollado. Se está optando por comprar productos más cercanos y evitar así no solo los absurdos costes logísticos que supone mover mercancías de un lado del mundo al otro, sino el impacto sobre la huella de carbono que ello supone.

¿Tiene sentido que comamos manzanas suizas y naranjas de Sudáfrica, cuando ambos productos se producen en España en calidades y cantidades superiores a nuestra demanda? El nuevo consumidor está cada vez más atento a evitar estas barbaridades que atentan contra el planeta. La sostenibilidad es el nuevo credo social, y va a suponer, económicamente hablando, la nueva revolución, superando de algún modo a la revolución tecnológica. Ayer mencionaba el éxito de Beyond Meat, el fabricante de carne sin carne que tanto éxito está cosechando en los Estados Unidos y en la bolsa.

Es por eso que hemos de meditar algo más las consecuencias de la ralentización (yo diría normalización) del comercio internacional que ha provocado Trump. A veces las acciones de algún insensato pueden tener consecuencias positivas inesperadas.

La clase media es la nueva jet set (y eso tiene consecuencias)

Hace años se hablaba de la jet set para referirse a una clase acomodada y privilegiada que viajaba en avión de un lado a otro del mundo, del mismo modo que el sufrido ciudadano cogía su seiscientos para ir de vacaciones al pueblo.

Además, la jet set viajaba todo el año, pero la sufrida clase media se limitaba a hacerlo en agosto.

Pero las cosas han cambiado radicalmente. Ahora ya nadie se plantea ir de vacaciones al pueblo (o casi nadie). Las vacaciones son lo más lejos posible, y si se puede (y se hace por poder), fuera del mes de agosto.

La consecuencia es que ya todo el mundo viaja y lo hace todo el año. En aviones, en cruceros, en coches particulares… el humano del siglo XXI tiene mayor movilidad que nunca. Los precios más bajos, la globalización, la eliminación de barreras burocráticas, el aumento de la oferta turística, la universalización del inglés como idioma franco, el uso de las tarjetas de crédito como medio de pago…, todo ha ayudado a que eso pase.

Y no es solo la clase media de edad media, sino que hay un colectivo que viaja incluso por encima de la media: los jubilados (y en especial los prejubilados). Son personas jóvenes aún, que tienen tiempo y dinero; y no se quieren estar de nada. Yo estoy entrando en ese grupo, y mis amigos literalmente no paran.

El resultado de todo ello: lineas aereas, aeropuertos, ciudades turísticas, hoteles, etc., están saturados. Los habitantes de las ciudades se quejan de que estas se han convertido en parques temáticos en los que no se puede vivir. La polución generada por la industria turística perjudica al aire y a las reservas naturales (playas, bosques, etc.). Las ciudades, los museos, los países, los aeropuertos, los puertos, en general las infraestructuras, no pueden parar ni absorber adecuadamente la avalancha turística.

Estamos ante un problema de éxito que hay que gestionar.

¿Acabará siendo el no viajar lo que se lleve? No me extrañaría mucho…

¿Se está fraguando una burbuja de la sostenibilidad? ¿Será la quiebra de Tesla la que pinche esa burbuja?

A nadie se le escapa que estamos en una época en la que todo lo que suene a sostenible tiene el viento de cola. ¡Lo sostenible es guay!

Eso explica que todas las actividades que se impulsan actualmente, sean empresariales o meramente sociales, son, indefectiblemente «sostenibles». Ahora todo es, o pretende ser, sostenible.

Los proyectos empresariales o financieros son sostenibles o no son. Y cualquier inversión en sostenibilidad o en energías renovables encuentra dinero mucho antes que las que no alzan esa bandera.

El paradigma de la economía sostenible es el coche eléctrico en estos momentos; y el paradigma del coche eléctrico es Tesla. Pero, ¿qué pasaría si Tesla, que no ha conseguido hasta ahora ganar dinero, y que puede cualquier día colmar la paciencia de los inversores, quebrará?

Me imagino que pasaría algo parecido al estallido de la burbuja tecnológica que vivimos y sufrimos en el año 2000.

¿Es eso posible?

El sector del automóvil dará que hablar

Un artículo de Dolors Álvarez en La Vanguardia me ha dado pie a comentar en este abandonado blog un tema que me preocupa y que creo que debe preocuparnos a todos: el sector del automóvil va a experimentar una revolución y una reconversión salvaje en los próximos años. El impacto será tan grande que probablemente se ocultará para no producir pánico.

Y el pánico está justificado, porque la economía mundial depende del automóvil. En España, por ejemplo, se trata del 10% del PIB, del principal sector exportador. Tenemos 17 fábricas, de las que dependen miles de proveedores y 1,8 millones de empleos.

Es indispensable evolucionar hacia el vehículo verde y compartido, y ello implica nuevos procesos productivos y sobre todo ¡menos ventas! Eso implica menos fábricas y menos empleo. ¡Y menos impuestos recaudados!

El gobierno español prevé que no se vendan en España vehículos no verdes en el año 2040. Son sólo 21 años. Y es muy posible que ese plazo se acorte. Aunque en 2018 sólo se vendieron 15.500 vehículos eléctricos en España, ¡en China se vendieron 800.000!

Va a ser un esfuerzo titánico, pero ya se están dando los primeros pasos. Ya hay cuatro fábricas en España que fabrican o están a punto de fabricar vehículos eléctricos:

  1. La pionera: Nissan, que fabrica en Barcelona la furgoneta eN200
  2. Mercedes, que va a fabricar el eVito en Vitoria
  3. PSA Opel, que va a fabricar el eCorsa en Zaragoza
  4. PSA, que va a fabricar el Peugeot 2008 en Vigo

Seguiremos hablando de este importante tema.

¿Nos va a salvar el petróleo?

El petróleo sigue demostrando una gran moderación en sus precios, debido a diversos factores, entre los que destaca el boicot americano a Irán o el récord de producción en Estados Unidos. Tampoco debemos perder de vista el lento pero constante aumento de la cuota de energías renovables en todo el mundo.

Sin duda es una buena noticia para la economía mundial, que puede hacer (y de hecho hace) que las tasas de inflación se mantengan en niveles aceptables, y en consecuencia los bancos centrales limiten sus alzas de tipos de interés.

La urgencia de adoptar una economía sostenible

Este pasado fin de semana largo he estado en Nueva York. Aparte del calor asfixiante y la aglomeración de neoyorquinos y turistas, me ha impactado más que nunca la imagen de insostenibilidad que desprende una ciudad que derrocha como nadie.

Derrocha energía y derrocha alimentos, Y que vive de espaldas a la sostenibilidad medioambiental. Aunque no se atrevan admitirlo abiertamente.

Derrochan energía porque el transporte privado se impone al público, y el tamaño y consumo de los vehículos usados por la mayoría son enormes, debido a la pasión de los norteamericanos por sus coches. Además, es costumbre no detener los vehículos cuando se estacionan a la espera de un pasajero. En verano para no perder el aire acondicionado, y en invierno por la calefacción. Obviamente, el oscilante tiempo de la ciudad no ayuda. A los vehículos particulares se añaden los taxis, autobuses, policías, e incluso los famosos food trucks, los carritos que venden comida en las calles de Nueva York. El resultado es agobiante, y preocupante. La polución se mastica.

Pero es que, además, todos los edificios se añaden a ese festival de compresores y ventiladores de aire acondicionado, consumiendo electricidad  sin medida, y contribuyendo a agravar la sensación de calor y agobio del peatón neoyorquino.

Derrochan alimentos y envasados y materiales de todo tipo, dentro de una filosofía de usar y tirar, y de primar la comodidad del consumidor a la sostenibilidad medioambiental. Cada día van a los basureros de la ciudad alimentos, bolsas, servilletas, vasos y ajuar de plástico, etc.

Están a años vista de la imprescindible economía circular que hemos de adoptar si no queremos cargarnos nuestro planeta. Y lo que les va a forzar va a ser el propio turista, que dejará de ir a la ciudad si sigue respirando polución y ruido, y pisando basura. El ejemplo de NY lo habrá de seguir todas las grandes ciudades. Algunas ya están en ello. Otras no.

La esperanza ante el calentamiento global

Recientemente leía un artículo que  destacaba algunos de los avances que nos dejan un hilo de confianza en que podremos parar y quizás revertir el calentamiento global, y quiero compartirlos con mis lectores.

  1. Los alimentos procedentes de vegetales que sustituirán la carne que ahora comemos y reducirán el CO2 producido por las vacas y otros animales. Estamos hablando de hamburguesas vegetales, de yogurs, queso, leche…
  2. Obviamente la generación de energía renovable, principalmente solar y eólica, que mejora continuamente su eficiencia y reduce sus costes, de modo que en pocos años el carbón deje de usarse como fuente de energía.
  3. Obviamente también los coches híbridos y eléctricos. Actualmente representan sólo menos del 2% de los coches que se matriculan en el mundo, pero en 2030 se vaticina que lleguen a ser el 80%; posiblemente más.
  4. En el éxito de los coches eléctricos e híbridos juega la mejora de eficiencia y coste de las baterías; pero es que esas baterías mejoradas también van a afectar al consumo de electricidad en los hogares, comercios, industrias e infraestructuras, al permitir almacenar energía y así, por ejemplo, proporcionar más desarrollo a las renovables. Y a las nuevas baterías se añaden las redes inteligentes, que permiten gestionar mejor el transporte de energía eléctrica. En este campo seguirán apareciendo nuevas ideas. Una de las más recientes que ha llegado a mis oidos es la posibilidad de utilizar la energía desperdiciada de las redes wifi para proporcionar energía eléctrica en su entorno.
  5. Y así pasamos a otro punto: el incremento exponencial de la eficiencia energética, tanto activa como pasiva. Se evoluciona hacia las construcciones con cero consumo de energía: autosuficientes. Las técnicas de construcción y los nuevos materiales parece que lo están haciendo posible. Sin aire acondicionado ni radiadores.
  6. Por último, pero no menos importante, la gestión mejorada de los bosques y los grandes espacios naturales en general.

En fin, espero que usted, querido lector, lo veo, como yo, como un rayo de esperanza en este mundo inhóspito al que parece que estemos abocados.

La lucha global por el liderazgo en el coche eléctrico

Leo que Volkswagen se está planteado invertir 70.000 millones de euros (que se dice pronto) entre 2018 y 2022 para ser el líder (o uno de los líderes) en el coche eléctrico.

Estamos en plena guerra en el sector del automóvil entre los entrantes (principalmente Tesla) y las empresas ya establecidas.

Sin duda alguna este es uno de los fenómenos clave que habrá que tener en cuenta en los próximos años, del mismo modo que habrá que seguir otros que ya he ido mencionando, como la convergencia del comercio online y offline (o dicho de un modo simple: todos contra Amazon y Amazon contra todos).

La polución urbana, un problema grave ya

Hace unos días he estado en Hanoi y he experimentado la evidente contaminación del aire debido a su infernal tráfico. La mayoría de personas se cubre la boca con una máscara a modo de protección ante un aire irrespirable. Yo mismo experimenté un molesto picor preludio de le entrada del humo negro en los pulmones. Por nada del mundo viviría en esa ciudad, en la que viven 8 millones de peronas.

Pero no es un fenómeno aislado. Muchas otras ciudades están o han estado en estado de emergencia por polución. Hace unos meses Pekín, recientemente Madrid y ahora mismo leo que le está pasanso a Nueva Delhi, que ha obligado a cerrar colegios y donde los extranjeros se plantean dejar la ciudad.

En Hanoi y Delhi es fruto de la densidad de población y de las costumbres locales, de la que me gustaría destacar algo que se da en la mayoría de urbes en los países en desarrollo: no existen aceras para plantearse andar por la ciudad y los servicios públicos de transporte som deficientes, por lo que todo el que puede se mueve con un vehículo a motor. Normalmene una motocicleta, pero también un coche. Quien ha xperimentado el tráfico de Hanoi, Marrakech o El Cairo, sabe de que hablo.

no podemos seguir así, si no queremos pagar un alto precio. Los recién nacidos ya lo están notando en muchos de esos países.

¿Para cuándo una subida de tipos global?

Los tipos de interés del dólar están en un proceso (lentísimo) al alza, pero no es el caso del resto de principales monedas, porque el crecimiento económico no es lo suficientemente robusto como para que crezca la inflación. ¿Cuándo veremos la señal de salida para un giro al alza de los tipos de interés en el mundo? En mi opinión será cuando repunte la inflación, y eso se producirá cuando vuelva a subir el  petroleo. No parece que hayan de ser subidas bruscas ni fuertes, pero sí sostenidas, al ritmo del alza del crudo.

La cuestión, pues, es ¿cuándo subirá el petroleo? Creo que llegará un momento en que lo haga, porque es absurdo que los países productores no se pongan de acuerdo en limitar la oferta. ¿El detonante? Algún tipo de acercamiento entre Arabia Saudí e Irán. Por ahora no se vislumbra, sino al contrario, pero en algún momento se dará. La situación actual no beneficia a nadie.

Cuando ocurra las bolsas iniciarán un ciclo a la baja, del que se salvarán financieras y petroleras. Quizás haya que empezar a pensar en ellas desde ahora.

En los próximos 10 a 15 años puede ser la última oportunidad de ganar en bolsa en esos sectores, ambos amenazados de desaparición a largo plazo (¿20 años?); los bancos por las fintech y las petroleras por las energías renovables y el movimiento ecologista.