Energías verdes

Un mundo sin petroleo

Hemos de prepararnos para vivir en un mundo sin petróleo. Con menos petróleo y más caro a corto plazo, y sin petróleo alguno en un futuro más lejano (¿2050?).

Eso quiere decir que mientras se investiga en fuentes de energía sustitutivas y universales, y a la vez se invierte en esas nuevas tecnologías, la sociedad, los consumidores, debemos cambiar nuestros hábitos respecto a todo aquello que hoy en día consume petróleo.

Los sectores más afectados por este cambio son los que están directamente relacionados con ese consumo: el transporte y la electricidad. E indirectamente otros, como la hostelería y el ocio.

En el futuro vamos a experimentar una notable disminución de la movilidad, y eso supondrá una caída sensible de actividad en el negocio automovilístico y en de hostelería. Incluso en las infraestructuras, que pasarán de centrarse en el transporte terrestre individual a hacerlo en el colectivo, y que primarán las infraestructuras de telecomunicaciones.

También afectará a los sistemas de iluminación y calefacción, y a los sistemas constructivos. Cambiará el aspecto de los edificios, y el de las ciudades. Todo pasará a estar orientado al bajo consumo energético, y de paso a la sostenibilidad.

La economía ya está notando esos cambios. Los inversores y los empresarios los han de tenerlos en cuenta. Las empresas han de saber reconvertirse, han de saber revertir las amenazas en oportunidades.

Una nueva sociedad y una nueva economía se abren ante nuestros ojos.

Renovables SI, Rovi NO

He estado estudiando los folletos de la salida a bolsa de Iberdrola Renovables y Laboratorios Rovi, y mi conclusión es: Si a Iberdrola Renovables, y NO a Rovi.
Renovables es una empresa que nace como líder mundial en renovables, centrado en eolica, y con presencia en todo el mundo, y en especial en España, UK y USA. Es decir, una empresa global, en un sector de obvio futuro, y profesionalmente gestionada, con un accionariado diversificado, en el que Iberdrola seguirá ostentando el 80% del capital. En principio parece garantía de buenos resultados. Quizás más a medio y largo plazo que a corto. Y, en principio, una garantía en tiempos de turbulencias como los que se avecinan.
En contrapartida, Rovi es una empresa pequeña, familiar, cuyo 65% seguirá en manos de la familia propietaria, que además gestiona directamente el negocio, en un sector sometido a tensiones estratégicas fuertes, que se vende mas por lo que fue en el pasado que por lo que será en el futuro. Una salida al amparo de la moda establecida por las exitosas Grifols y Almirall, pero mucho más pequeña, y de futuro más incierto. Al revés que Renovables, quizás sea un cierto éxito, especulativo, a corto plazo, pero no me fío a medio y largo plazo.

De la burbuja inmobiliaria a la burbuja de las renovables

Apenas hemos visto desinflarse la burbuja inmobiliaria, y ya tenemos otra burbuja: la de los renovables.
Nuestra sociedad es proclive a apuntarse a las modas. Y ahora la moda es invertir en renovables. Los más poderosos en eólica; los inversores más modestos en fotovoltaica (solar).
Leo que la suma de potencia solicitada por los proyectos solares planteados en España es 10.000 Mw, que es más que toda la potencia existente en el mundo.
Aquí, cuando algo se pone de moda, se apunta todo quisqui.
El resultado está claro: la solar ha dejado de ser una alternativa de inversión interesante.
¿cuál será la próxima burbuja?

La demanda global de energía y la producción de CO2

¿Podemos ser optimistas?
Necesitamos serlo.
Acabo de leer un informe que asegura que hacia el año 2.020 la demanda global de energía puede ser reducida a la mitad.
Y que, en consecuencia, el crecimiento anual de la producción de CO2 se reduciría al 0,9% anual, es decir, bastante menos que el 2,4% anual que crece ahora.
Se trata de poner en marcha medidas que suponen una mayor productividad a la generación de frío, calor, agua caliente, o movimiento cinético, por ejemplo. Y medidas que cambien el modo en que hacemos casas o fabricamos acero.
¿Será posible? ¿Será suficiente para parar el deterioro medioambiental de este hermoso planeta?
Si no por nosotros, al menos lo hemos de intentar por nuestros nietos.

El futuro de los biocombustibles es posible sin subvenciones

Mis lectores saben que el tema de los biocombustibles me interesa sobremanera. Ya he escrito antes sobre él.
Me interesa como agricultor, porque a los agricultores cualquier diversificación de su producción, de forma que sus ingresos no procedan exclusivamente de la alimentación humana (o animal), sino que pasen a depender también del consumo de energía, es marcadamente positiva.
En ese sentido, quiero destacar un informe reciente que he leído en el McKinsey Quarterly, en el que dicha firma de consultoría afirma que si el petróleo sigue a 70-80 dólares el barril, para el año 2020 se podrá producir bioetanol, (el biocombustible más utilizado ya en estos momentos, si no me equivoco), de forma rentable, y al margen de subvenciones, de forma que el 50% de las necesidades de petróleo para el transporte quedarán cubiertas por dicho biocombustible. Y si dicho porcentaje no lo preven más alto es por la escasez de materias primas.
Estas afirmaciones suponen redoblar la esperanza de que los biocombustibles jueguen un papel capital en la energía del futuro, limpia y no dependiente del petóleo. Pero también apuntan a los riesgos que ya se temen: escasez de materias primas, escasez de alimentos.
Hay que trabajar duro, en los próximos años, para perfeccionar las técnicas de producción de bioetanol y biodiesel a partir de materias primas agrícolas. Hay que ampliar el espectro de posibles materiales a ser usados, y hay que mejorar el ratio de producción en relación a la cantidad de materia prima.
Estoy seguro de que se logrará. Hay grandes oportunidades en los biocombustibles, que quienes quieran aprovechar deben conocer y explorar desde ya mismo.

La clave del éxito de los biocombustibles es la biomasa

En estos momentos, la búsqueda de la piedra filosofal que se dio en la Edad Media, se ha sustituido por la búsqueda de fuentes de energía alternativas, sostenibles por su disponibilidad amplia o incluso ilimitada, y por no ser nocivas para el medio ambiente.
No será nada fácil, pero existe una fiebre de las energías alternativas y sostenibles en todo el orbe. Y muchos cerebros, y mucho dinero, se están volcando en el empeño.
En materia de combustibles alternativos a los fósiles, aplicados a la producción de energía cinética (movimiento) y en especial orientados a los automóviles, se está apostando por losbiocombustibles: el biodiesel y el bioetanol.
Brasil ya está utilizando el bioetanol, a partir de la caña de azúcar, desde hace tiempo; y sus coches están adaptados a usar bioetanol desde hace años. Cualquiera que haya paseado por las calles de cualquier ciudad brasileña habrá notado el olor dulzón que desprenden los coches.
Estados Unidos ha apostado por ellos, y los granjeros norteamericanos están esperanzados de que su maíz tenga usos alternativos, y que los americanos cambien gasolina árabe por maíz patriótico.
La Union Europea también apuesta, pretendiendo sustituir el 10% del petróleo por biocarburantes, de aquí al 2020.
En el caso europeo, ¿de dónde va a salir la materia prima? Europa no tiene capacidad de producir maíz, caña de azúcar, aceite de colza, u otros productos válidos para biocarburante. E importarlos no soluciona nada. La solución está en la biomasa, en los desechos vegetales.
Desarrollar los procesos de recogida, procesado y utilización de la biomasa convertida en carburante, es la clave para el éxito de la sustitución de petroleo por estos nuevos combustibles.
¡Y el campo español, y los agricultores, pueden sacar un interesante retorno económico de todo ello!

El bioetanol: ¿es una solución válida al problema energético?

Probablemente no es una solución totalmente óptima, ni definitiva. Pero es un intento más en la cruzada lanzada por la humanidad del siglo XXI en pos de una alternativa energética a los combustibles fósiles, al petroleo.
¿Qué se consigue, en teoría, con el bioetanol, como con otras opciones energéticas alternativas?
Primero, una reducción de la dependencia del petróleo. Segundo, una menor emisión de CO2. Tercero, una menor dependencia geopolítica de los países productores de petroleo, la mayoría de ellos en entornos sociales y políticos inestables. Y por último, cuarto, un impulso a la agricultura, un sector necesitado de nuevas fuentes de ingreso en todo el mundo.
¿Será fácil que todos esos beneficios se plasmen en la realidad, y a corto plazo? No. 
A corto plazo, el uso del maíz para la producción de bioetanol, por ejemplo, ha provocado un encarecimiento de productos alimenticios básicos en México, con graves consecuencias sociales, que el gobierno de aquel país habrá de afrontar. A los agricultores mejicanos les resulta más rentable exportar su maíz a los Estados Unidos, para producir bioetanol. Pero, a medio plazo, ¿es malo que el sector agrícola mejicano aumente sus rentas?, ¿que se amplien y mejoren las explotaciones de maíz en el país?
También se teme que ótros países importadores de grano sufran las consecuencias de la inflación o el desabastecimiento producido por el efecto bioetanol. Es cierto que ese peligro existe, pero puede limitarse si se toman medidas, tanto a nivel global, como de cada país en cuestión. Egipto es uno de ellos. ¿Por qué Egipto no aprovecha mejor el agua del Nilo para producir cereal? Si los precios del cereal son más altos, las inversiones necesarias para poner en marcha explotaciones eficientes estarán justificadas.
En conclusión, no defiendo el bioetanol a ultranza y sin límites, pero creo que es un camino que hay que explorar, y creo en las fuerzas económicas para reajustar los pesos de la economía mundial para darle cabida a este nuevo negocio. El proceso de encaje exige el control y la intervención acertada de los gobernantes, a todos los niveles. Quizás aquí es donde temo más, porque así como creo que los empresarios y los actores económicos son eficientes en general (si se les deja actuar), entre los gobernantes a veces escasean los “artistas”, y no debemos olvidar que gobernar es un arte.

2007, año del cambio climático y las energias renovables

Sin duda alguna este año nos vamos a tomar en serio el cambio climático. El informe del británico Stern, el documental de Al Gore, y sobre todo los hombres y mujeres del tiempo de medio mundo en las televisiones de nuestras casas, nos están convenciendo a todos de que la cosa va en serio. Que, o hacemos algo, o el siglo XXI será, literalmente, un infierno. La polución, el calor, la sequía, y los fenómenos meteorológicos extremos, pueden hacer imposible la vida en este planeta.
Las consecuencias de esta toma global de conciencia pueden ser enormes. En positivo, si nos ponemos las pilas y empezamos a movernos en la dirección correcta y a la velocidad adecuada, o en negativo, si nos invade a todos un pesimismo creciente al notar las consecuencias del calentamiento global y perder la esperanza de que se solucione.
Confiemos en que pase lo primero, y no lo segundo.
La UE se ha puesto las pilas, por una vez en la vida. Bruselas ha planteado un Plan Energético que aborda la necesidad urgente de reducir los gases contaminantes en un mínimo de un 20% para 2020. Y en asegurarse fuentes de energía alternativas al petroleo, más limpias, y a poder ser renovables. Incluso ahora resulta que la energía nuclear no es lo peor del mundo, sino que quizás puede sacarnos, al menos en este sigo, del atolladero.
La UE se propone conseguir que la temperatura del planeta sólo suba 2 grados en este siglo. Ya dan por sentado que menos es imposible. Y que sean sólo 2 está por ver.
Desde luego, en mi opinión, estamos ante el problema número 1.
Además, en paralelo, nos enfrentamos al agotamiento de las fuentes de nergía fósil, lo cual son, como dicen los americanos bad news and good news.
Son malas noticias porque si se agota el petróleo, pasaremos calamidades, porque nuestra economía se fundamenta en el oro líquido. Son buenas noticias porque quizás ese peligro aglutine esfuerzos para encontrar fuentes de energía alternativas, y en principio más limpias, con lo cual se puede ayudar a resolver el más grave problema medioambiental.
Hoy leía en el periódico Expansión un artículo de varios autores en el que daban muchos datos sobre el futuro de la energía, y venían a dulcificar los temores sobre agotamientos inminentes, afirmando que teniendo en cuenta las reservas existentes y las inversiones previsibles, las fuentes de energía actuales tienen aún para muchos años. Dos datos concretos: Las reservas de petróleo de Canadá y Venezuela son mayores que las de Oriente Medio; las reservas disponibles de gas natural en el mundo, equivalen a 130 años al ritmo actual de consumo.
Habrá mucho que reflexionar en estos temas en este siglo.
Y ojalá al fin resolvamos el doble problema: tengamos la energía que necesitemos, y consigamos que el modelo sea ambientalmente sostenible.
Nuestros nietos nos lo agradecerán.

Invertir en generación fotovoltaica

Tras el boom inmobiliario, los grandes patrimonios familiares en España están invirtiendo en Bolsa, y buscando modos de diversificar en activos de otro tipo. En ese contexto se están imponiendo las inversiones en capital riesgo, y las inversiones en energias alternativas.
De las energías alternativas, la más asequible, por la cuantía mínima de capital necesario, es la generación de energía a través de paneles fotovoltaicos, es decir, a partir de la energía solar.
La inversión en una planta de energía fotovoltaica es una inversión apoyada por la ley, en la que, con un capital mínimo de unos 200.000 euros, se puede obtener una rentabilidad anual superior al 105 durante 25 años. En los tiempos que corren, no está nada mal. Sobre todo si tenemos en cuenta que la compañía eléctrica a la que se venda la energía generada está obligada por ley a comprar dicha energía, a un precio preferencial y casi fijo, durante la vida útil de la planta, que es en principio 25 años, aunque extensible por algunos años más (hasta 25 más).
La inversión en una planta de energía fotovoltaica se puede hacer de dos maneras: en una planta propia, en un terreno propio, que suele hacerse en un tamaño de hasta 100 Kwp, o en una agrupación de plantas de 100 kwp, que puede llegar a sumar hasta 2 Mwp (20 plantas de 100).
En estos momentos, cualquiera que tenga un solar en el que quiera poner una planta, debe empezar por confirmar que tiene la red de mediana tensión (a la que se conecta una planta) a menos de 500 metros. Conectar a distancias superiores supone un coste que invalida la inversión. Hay muchas ingenierías solares dispuestas a poner en marcha y gestionar la planta.
Para invertir en un proyecto de planta agrupada hay que encontrar a un gestor de confianza, y esperar a que tenga una ubicación adecuada y ponga en marcha la planta. Es decir, hay que hacer cola.
Un nuevo decreto de regulación de las plantas solares está a punto de ver la luz.
Los proyectos solares van a inundar España.
Desde luego, sol no nos falta.

La era de la energía verde

¿Ha llegado por fin la era de la energía verde?
Creo que no hay duda de que en el presente siglo hay que sustituir los combustibles fósiles como fuente de energía. Por un lado, se están agotando. Por otro, la producción de gases con efecto invernadero está produciendo un calentamiento global del planeta, que nos conducirá a una catástrofe si no lo paramos.
Las energías verdes, las llamadas energías alternativas o energías renovables, como la hidráulica, la eólica, la solar y los biocombustibles, son las fuentes de energía del futuro. Basadas en el agua, el aire, el sol y los productos agrícolas, son limpias e inagotables. Aunque sus costes de producción son todavía, en algún caso, caros, se impondrán porque no hay otra alternativa. Y es muy probable que esos costes bajen cuando se haga un uso masivo, y avancen las tecnologías de producción.
Detrás de ese fenómeno imparable existe, probablemente, el gran negocio del siglo XXI.
El capital riesgo ya parece estar convenciéndose de ello, y los proyectos de empresas ligadas al desarrollo de esas tecnologías están recibiendo fondos privados de apoyo, en proporción igual o incluso mayor que de fondos públicos.
La aceptación del protocolo de Kioto por parte del mayor contaminador global, los Estados Unidos, puede ser el espaldarazo final a la economía verde.
Si los demócratas ganan las elecciones de este mes, el proceso de aceptación puede estar muy cerca.
En las bolsas mundiales, ya se está notando este impacto. Las compañías de tecnología de electricidad solar en Alemania, o las que apuestan en energía eólica o biocombustibles en España (Iberdrola, Abengoa, por ejemplo), ya han notado en sus cotizaciones el apoyo de los inversores.
En conclusión, la energía verde no ha hecho mas que empezar. Es el nuevo Eldorado.