España

La industria de la reparación vs. la industria de la producción

Leo en la revista de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) el editorial firmado por Ileana Izverniceanu en el que reivindica el derecho del consumidor a poder reparar los productos que haya comprado dentro de los 3 años siguientes a la compra. Es algo que ahora no pasa. Y, en consecuencia, los productos averiados acaban siendo basura y un derroche económico, de energía y lo contrario a la economía circular.

El Parlamento Europeo ha reivindicado ese derecho, planteando que los fabricantes o vendedores establezcan formas de reparación a precios aceptables durante al menos el período de obsolescencia programada de sus productos.

Me sorprende el dato que dan, de que el 66% de los productos se averían dentro de los 3 años desde su compra.

Ileana apunta no solo a los derechos de los consumidores, sino a la conveniencia para toda la sociedad europea, y en especial española, de que se desarrolle una “industria de la reparación” local, española, europea, en contraste con la “industria de la produccíón” que es mayoritariamente asiática, y en especial china.

La vivienda en propiedad está en la raíz de muchos problemas de España

La opción generalizada por la compra de la vivienda habitual es la causa de muchos problemas para la economía española porque pone trabas a la movilidad profesional.

Y lo hace tanto en los casos en los que el trabajador asume esa movilidad pero sin renunciar a seguir viviendo en su vivienda habitual, pero a cambio de hacer largos desplazamientos, con el consiguiente impacto negativo en productividadconciliación familiar polución, tres de los grandes problemas de la sociedad española, como en los casos en los que el trabajador rechaza esa movilidad y no se plantea o no acepta puestos de trabajo alejados de su vivienda habitual, con el consiguiente impacto en la verdadera pandemia social del país: el desempleo.

Es aberrante pensar que hay trabajadores que trabajan en el norte de Barcelona y viven en el sur, o que cada día se desplazan más de 100 kilómetros, por atascos infinitos que les roban horas de sueño, horas del trabajo y dinero en combustibles, aparte de dejar un rastro de CO2 que ahoga el planeta. Y esto está pasando todos los días en nuestro país.  El teletrabajo aminora su efecto, pero ni lo evita del todo ni todos los trabajadores pueden teletrabajar.

También es aberrante pensar que pueda sobrar mano de obra en una provincia o región y faltar en otra, porque la gente no se plantea mudarse y dejar su vivienda en propiedad.

La solución, no hace falta decirlo, está en un mayor uso del alquiler, como muchos han dicho antes que yo y no se cansan de repetir. Pero seguimos sin ser un país de alquiler, como los países de más impulso económico. Nos queda el consuelo de que una parte de las nuevas generaciones no le hace ascos al alquiler, en parte forzados a ello, en parte de forma voluntaria, porque se sienten más libres.

Sin embargo, ni las leyes ni la sociedad lo han asimilado todavía. Con honrosas excepciones, ni promotores inmobiliarios, ni propietarios, ni arrendatarios lo tienen fácil para adaptarse al modelo de alquiler. Lo fácil es la compraventa, con la bendición del banco y su negocio de hipotecas, amarrando al comprador a su casa y su deuda…

Obviamente, no ayuda a que el modelo cambie la proliferación de viviendas turísticas en edificios no turísticos, que han encarecido los alquileres e incluso el precio de las viviendas.

Parece mentira que no nos demos cuenta.

El mercado laboral, el gran fiasco de España

España necesita mejorar su productividad, y esa mejora pasa por resolver o al menos mejorar lo que peor lleva: un mercado laboral que no funciona. Nuestra tasa de paro es inaceptable y en especial en la gente más joven. Somos el ejemplo a no seguir en Europa y en general en los países desarrollados.

No funciona nada o casi nada. Me refiero a una larga lista de aspectos que influyen:

  • La educación no está orientada al empleo. Nuestro sistema no forma para emplearse. Los jóvenes se forman en lo que les apetece o en lo que les parece más fácil, no en lo que demanda el mercado. Y así ocurre que las empresas no pueden cubrir muchos puestos de trabajo, a la vez que las colas del paro son cada vez más largas. COVID aparte. Y los salarios cada vez más bajos. Es decir, que todos, empresas y parados están quejosos. Y así perdemos todos los trenes. Pero es que, además, la educación española se olvida de algo esencial: la comunicación. Los trabajadores españoles no saben comunicarse bien, en cualquiera de las formas de comunicarse: oral o escrita. Y no hablemos de idiomas, donde se han registrado avances pero no son suficientes. Y todo esto afecta a la educación primaria, secundaria, la formación profesional y la universitaria. Se comparte el diagnóstico, pero no se le pone solución. Un ejemplo: recientemente veía un reportaje de cómo se avanza en la formación profesional (un tema eterno) y a los estudiantes se les trataban de enseñar las técnicas básicas de carpintería en primer curso, para así ir avanzando curso a curso. A mi me pareció un gran error. ¿Por qué no se les pone desde el inicio ante el reto de hacer un mueble y a partir de ahí se les van enseñando las tÉcnicas necesarias?
  • La actitud empresarial, que no apuesta por los jóvenes y amaga sus deficiencias y la falta de una cultura de apoyo al talento amparándose en una legislación que permite tratar a los empleados como si fueran números, contratándolos en períodos temporales sin ningún compromiso mutuo. Y la falta de actitud emprendedora, algo que ha mejorado en los últimos tiempos pero que aún es insuficiente. Sigue pesando mucho la atracción de una vida funcionarial, al margen de los riesgos vitales de los asalariados y amparados por una nueva exigencia de productividad. Del mismo modo que el negocio inmobiliario y turístico acabó con la industria en muchas partes de España, el funcionariado es una rémora para el emprendimiento.
  • La ineficacia del aparato público teóricamente orientado a la facilitar el empleo, que ha quedado relegado a una oficina de parados. ¿Quien se coloca gracias a los servicios públicos? Nadie. Los parados están en manos de las ETT, parte de la solución y parte del problema. Al final es el boca oreja el mejor servicio de búsqueda de empleo.

El resultado de todo ese conjunto que no funciona es que nuestro país no funciona, y que nuestra productividad no despega. Que nuestros mejores profesionales se van al extranjero, donde encuentran mejores oportunidades. Y que el país pierde oportunidades de acoger inversiones empresariales interesantes, por falta de mano de obra cualificada.

En definitiva, que el país no funciona.

A todo eso se añade el envejecimiento imparable, componiendo un cóctel explosivo que nos puede llevar directos a la segunda división económica mundial, aparte de empobrecernos y hacer imposible de sostener nuestros estado del bienestar. ¿Quien va a pagar nuestras pensiones en el futuro? ¿Quien va a pagar nuestra deuda pública, ahora engrandecida por la crisis de la COVID19?

El sector editorial español es un sector pigmeo en términos mundiales

Ya era consciente de la precariedad del sector editorial español, pero la lectura de un informe realizado por una firma especializada sobre las 50 mayores editoriales del mundo, que ha llegado a mis manos remitido por el Gremio de Editores de Catalunya, me lo ha corroborado.

El mayor grupo editorial español, el Grupo Planeta, es el nº 24 en el mundo según dicho informe, con una facturación editorial de 857 millones de euros en 2019 (dentro de unos ingresos globales de 1.923 millones). Son 100 millones menos que en 2018 y casi el 50% menos que la facturación editorial que informó en 2017, supongo que como resultado de la caída de ventas en libro de texto que registró su filial francesa Editis, que vendió en enero de 2019.

El nº 2 español es el Grupo Santillana, que facturó en 2019 628 millones de euros.

Para que mis lectores se hagan una idea de lo que significamos en el mundo, les diré que el nº 1 (Reed Elsevier) facturó más de 5.000 millones en 2019, y la nº 6, que es la francesa Hachette, casi 2.400 millones.

Las restantes editoriales españolas son pigmeos pequeños en el reino de los pigmeos. La preponderancia de la edición anglosajona es abrumadora. Es difícil competir con ellos, pero creo que no es imposible. En América tenemos cientos de millones de lectores potenciales, que no son fáciles (bajo índice de lectura, estructuras de distribución débiles, economías en crisis perpetua…), pero que si no encontramos la manera de abordarlos, van a ser conquistados por las editoriales norteamericanas, que ya están allí con sus libros en inglés, siguiendo el avance imparable de ese idioma en el hemisferio, en detrimento del castellano.

Quizás la solución es hacer editoriales más fuertes y más grandes, que sepan compaginar la habilidad editora con la gestión empresarial.

No es una batalla fácil.

Glovo, ¿será rentable algún día?

Hay startups que se lanzar a conquistar un nuevo mercado con la esperanza de que los beneficios lleguen algún día, pero algunas se enfrentan a la evidencia de que no llegan nunca.

Confían en que alcanzarán un tamaño que les aporte un margen que cubra sus costes de estructura y sus gastos de marketing y captación de clientes, de modo que puedan empezar a obtener beneficios. O al menos que su negocio empiece a generar excedentes que les permita repagar su deuda y algún día repartir dividendos a sus accionistas.

El problema es que, a veces, ese tamaño no se alcanza nunca, y por tanto no se llega a esa situación ideal que asegure su supervivencia. En tal caso, cuando se acaba el capital, mueren.

Incluso a veces pasa que, cuando van progresando y aumentan sus esperanzas de alcanzar esa cima de felicidad, ocurre algo que las alejan de su punto de equilibrio.

¿Es el caso de Glovo?

En su lucha por defender que sus raiders no son empleados sino autónomos (con lo que consiguen unos menores costes y una mayor flexibilidad que son esenciales para el negocio), han sufrido una importante derrota judicial en España. ¿Será ese el fin de la empresa?

Espero que no, porque es un servicio que se ha demostrado que llena un hueco demandado por los clientes. Pero, en cualquier caso, obligará a sus gestores a repensarse las bases de su modelo de negocio, y sin duda afectará a sus expectativas de crecimiento.

Los agricultores pasan la crisis de la Covid19 cada dos por tres, y ya no se quejan

Hoy estaba hablando de la crisis que supone el coronavirus con un agricultor. Hablábamos de la crisis del sector hotelero, de cómo van a tener un año de vacas flacas. Cuál ha sido mi sorpresa cuando me ha hecho ver que la agricultura pasa años de vacas flacas cada dos por tres. Años en los que el negocio cae en picado y no da nada o prácticamente nada. Al contrario, hay que hacer frente a gastos ineludibles con las consiguientes pérdidas.

– Es algo habitual a lo que los agricultores estamos acostumbrados. El problema es que los hoteleros están acostumbrados a ganar siempre, y les viene de nuevo. Por eso no me dan ninguna pena -me decía.

Y sabe de qué habla. La próxima cosecha de almendras será catastrófica, debido a las bajas temperaturas que mataron el fruto. Y la de oliva será reducida y se venderá a precios de derribo. En definitiva, un año tan malo o peor que el de los hoteleros con la Covid. Y ya no se quejan, porque han agotado sus quejas. Y eso que tienen más razón, probablemente, que los hoteleros.

No digo que el sector hotelero no necesite ayuda, pero sin duda han ganado mucho más que los agricultores y tienen más recursos (acumulados de muchos años de beneficios). No tendría sentido que recibieran más quienes tienen más, si es que han de recibir algo.

¿Dónde está el dinero que han ganado los empresarios hoteleros durante tantos años de records turísticos? Los buenos empresarios (como hacen los buenos agricultores, en su modesta medida) han debido ahorrar un capital para hacer frente a tiempos difíciles, como estos.

¡Ah! Y si esta pandemia ha demostrado algo es que de la alimentación no podemos prescindir. Si los sanitarios, los policías y los militares son trabajadores esenciales, los agricultores y ganaderos, ¿qué son?

¿Van a acabar en 3 los 6 grandes bancos españoles?

Caixabank y Bankia han aprobado su fusión, con ello los 6 grandes bancos españoles quedarán reducidos a 5. Y se sigue hablando de posibles fusiones. Por ejemplo, yo apuntaría a Santander con Bankinter y BBVA con Sabadell, porque son las parejas más lógicas. De ser así, los grandes bancos comerciales quedarían reducidos a 3. ¿Cuáles serían las consecuencias de ese movimiento?

Sin duda serían entidades más grandes y más diversificadas, con presencia en varios países, pero ¿qué impacto tendría sobre la empresa española y sobre todo sobre la pyme española?

Probablemente implicaría una reducción drástica de líneas de financiación para las pymes, cuyo impacto deberían digerir y podría generar alguna que otra quiebra en pymes muy endeudadas. Es el momento de que las pymes se cuestionen su capitalización y de que se planteen sistemas alternativos de financiación. España ha sido un país demasiado bancarizado, y esta ola de fusiones pude suponer una oportunidad de oro para acabar con esa anomalía.

Los responsable financieros de las pymes (y los de las grandes empresa, por supuesto) ya pueden ir pensando en cómo buscar los recursos financieros que a buen seguro perderán.

Vienen tiempos difíciles para la inversión inmobiliaria

Los inmuebles están bajando de precio y bajarán más. En especial las viviendas en las grandes ciudades, cuyos precios estaban desorbitados y la Covid 19 ha venido a cambiar el ciclo.

Los promotores habrán de afinar el lápiz más que nunca, porque solo se venderá lo que ofrezca una rentabilidad a posibles inversores para alquiler que no baje del 6%, con los lógicos márgenes arriba y abajo según las características y ubicación de la vivienda. Es decir, el precio de venta resultará de dividir el alquiler anual (neto de gastos) por ese 6%. Sin duda eso implicará una bajada general de precios, como digo.

¿Habrá promotores que estarán en apuros? Si. Seguramente ya los hay, lo que supondrá un aumento de la oferta de inmuebles a precios a la baja. Aunque la situación, por suerte, dista de ser tan trágica como en la crisis de 2008.

Los bancos han descubierto el private equity

En mi anterior post hablaba de la conveniencia de diversificar la inversión en fondos alternativos, entre ellos los de private equity, y ya avisaba que los bancos estaban empezando a ofrecerlos a sus clientes. Han pasado solo unas semanas y la avalancha de ofertas de inversión en fondos alternativos que me llega de la banca me hace reafirmarme en la conveniencia del consejo que daba, a la vez que preguntarme si esta fiebre será buena o mala para el inversor.

Buena porque pone a disposición de inversores relativamente modestos el acceso a estos fondos.

Mala porque en muchos casos añade capas y comisiones a la inversión. Las comisiones encarecen el producto y en consecuencia reducen sus expectativas de rentabilidad, y las capas hacen que el contacto con las gestoras no sea directo.

En cualquier caso, bienvenida sea la banca en un tipo de activo al que ha llegado tarde.

La Covid-19, una prueba para todos

La pandemia del coronavirus está siendo una prueba para todos a todos los niveles. No solo para el impresentable presidente de los EEUU, sino para nuestra sociedad, nuestros gobiernos, nuestras empresas e incluso nuestras familias. ¿Pasaremos esa prueba? ¿Saldremos mejores de ella? Creo que aún no lo sabemos, pero está dejando en evidencia nuestras debilidades y fortalezas. Y a la vez que es una amenaza es una oportunidad.

Yo al menos confío en que sirva para que nos libre de Trump. Aunque, si soy sincero, no estoy al 100% seguro de que así sea. Veremos.

Por de pronto, a nivel social y empresarial, nos está haciendo a todos cuestionarnos muchas cosas.

De lo que estoy seguro es de que después de esta pandemia, de esta enorme crisis, nos enfrentaremos a un futuro completamente distinto al que esperábamos.

Yo quiero creer que mejor.

Y, por cierto, a lo mejor nos sirve para abordar con seriedad el gran problema del mundo: la sostenibilidad del planeta.