España

A vueltas con la gestión pasiva y la gestión activa en bolsa

Se debate mucho últimamente sobre si la gestión pasiva es más aconsejable que la gestión activa en bolsa.

La gestión pasiva se limita a invertir en un índice, es decir, en una combinación de acciones en la misma proporción en la que se ponderan en un índice. La gestión activa invierte en acciones aisladas de acuerdo a criterios específicos de potencial de revalorización que estime el inversor.

Me planteo, ¿qué pasaría si todos los inversores del mundo solo invirtieran en índices? Pues que las bolsas se moverían solo por sentimientos globales (inversores o desinversores) de mercado, no por una apuesta específica en una acción determinada. Los inversores se limitarían a apostar por índices, de los muchos que actualmente se pueden encontrar, a través de ETFs de índices.

Así invertirían en:

  • sectores (robótica, alimentación, farma, materias primas, oro, etc.)
  • países (IBEX, CAC…)
  • o incluso por el índice global de bolsas

La verdad es que las variedades de índices son casi infinitas.

¿Hay que decidirse por un método u otro? No. Quizás lo mejor sea combinar ambas estrategias. Algunos fondos de inversión así lo hacen.

La cuestión interesante a dilucidar es cómo influye la creciente moda de inversión pasiva en el devenir de los mercados. Creo poder apuntar que explica bastante que se produzcan importantes distorsiones en las valoraciones que afectan mucho a la gestión activa. En especial a la gestión value, que ha evolucionado mal en los últimos tiempos en paralelo al crecimiento de la gestión pasiva. Yo diría que es un pez que se muerde la cola. Porque la creciente gestión pasiva provoca distorsiones importantes en la valoración de algunas compañías por la que los fondos value pueden haber apostado fuerte, pero que la gestión pasiva no los contempla, porque no apuestan por el sector, el país o lo que sea que conforme un índice que se ponga de moda. Los fondos value suelen ser muy selectivos, e incluso contrarians, lo que agudiza ese factor de desviación.

En España lo estamos notando con la apuesta de gestores value como AzValor, que tienen compañías de materias primas o petroleo en cartera, que son sectores que los inversores en índices han abandonado. La consecuencia es que AzValor asegura que sus posiciones tienen un recorrido de valor enorme, pero el mercado (los gestores pasivos) no lo reconocen.

Veremos quien gana el pulso.

Es posible que en algún momento los gestores pasivos vuelvan a esos sectores y entonces los fondos value registren plusvalías astronómicas. Pero, ¿y si no vuelven?

 

20 cambios del mundo post COVID19

Me permito reproducir aquí un correo que he recibido de OnetoOne Corporate Finance firmado por su presidente Enrique Quemada, en el que desarrolla los 20 cambios, que él califica de irreversibles, que traerá esta crisis.

Los resumo tal como aparecen en el texto de Quemada. Estoy seguro de que pueden generar mucho debate.

Puedes leer el artículo completo (en inglés) en este enlace.

  1. La economía europea se asemejará a la japonesa. Habrá que luchar contra la deflación. Bajo el liderazgo fortalecido de Alemania, una Europa herida permanecerá más unida que nunca.
  2. Los EEUU adoptarán una política keynesiana, con más deuda pública y creación de dinero que nunca, lo que generará mucha inflación. Se acelerará el declive del Imperio Americano. El dólar, en consecuencia, perderá su papel como moneda de reserva. Y dejará de ser un arma de poder en manos del gobierno yanqui.
  3. Se consolidarán los tres grandes bloques o regiones políticco-económicas: EEUU, China y Europa. La producción y el comercio se regionalizará más. El temor a los fallos en la cadena de suministro provocado por el COVID19 acelerará ese proceso.
  4. China incrementará más el peso del consumo privado y los servicios en su PIB. Su crecimiento se estabilizará alrededor del 3,5% anual.
  5. Los países de la OPEP y los países en desarrollo serán los grandes perdedores, debido a la caída del precio de las materias primas y la huida del capital hacia los países desarrollados.
  6. Emergerán nuevas formas de colaboración entre países.
  7. Aumentará la inversión pública. Pero no evitará que se amplíe la diferencia entre ricos y pobres. Los trabajadores menos cualificados estarán en desventaja ante el auge de la digitalización y el teletrabajo.
  8. La religiosidad se incrementará.
  9. Habrá menos demanda de oficinas y los alquileres caerán.
  10. Los ciudadanos habrán aprendido a consumir menos. Y lo harán cada vez más online. Los centros comerciales pasarán a ser cada vez más centros de ocio.
  11. La educación online será más popular. Sobre todo la universitaria y los master.
  12. Las empresas contratarán menos empleados y más autónomos. El número de freelancers crecerá.
  13. Los fondos de Private Equity invertirán más en los sectores de salud, alimentación y tecnología.
  14. Muchas compañías venderán subsidiarias y negocios no estratégicos para mejorar su liquidez. Se priorizarán proveedores de proximidad y se reducirán los modelos de suministro just-in-time. Se acelerará la concentración sectorial y regional, liderada por las compañías más fuertes.
  15. Dejando atrás definitivamente la burbuja de las salidas a bolsa (IPO) de compañías con pérdidas a precios desorbitados, los inversores solo invertirán en compañías con beneficios. Algún unicornio se desinflará y quebrará.
  16. En el ámbito político aumentará la apreciación pública de los expertos frente a los políticos en general. La mayoría de los líderes políticos actuales perderán las próximas elecciones. La política se polarizará aún más.
  17. El mundo se hará más socialista, acabando con exceso de capitalismo e individualismo que hemos vivido hasta ahora. El papel de los gobiernos en la economía aumentará. También las limitaciones de las libertades.
  18. Los profesionales se cuidarán más de ellos mismos, trabajando menos y saboreando los pequeños placeres de la vida.
  19. Resurgirán las startups, porque el confinamiento y el aburrimiento animarán la creatividad, y porque muchas empresas quebrarán. Los trabajadores descubrirán que hay menos seguridad en sus trabajos de la que pensaban.
  20. La deuda financiera va a aumentar. Será el último impulso del largo ciclo de deuda que empezó tras la Segunda Guerra Mundial.

Como puedes ver, una lista interesante, aunque discutible. De algunos de los temas que toca ya he hablado. De otros iré haciéndolo en las próximas semanas.

 

¿Es la caída del turismo y la movilidad una oportunidad para la sociedad en su conjunto?

Si tras la crisis del COVID19 reducimos, a nivel mundial, la movilidad en general y en especial la del turismo, ya sea por obligación (prevención de contagios de esta u otras pandemias), ya sea por devoción (una concienciación general de que hemos de hacerlo, una vez hemos visto que podemos hacerlo y seguir siendo felices y organizar bien nuestras vidas, con teletrabajo y más cocooning), quizás nos sirva para evolucionar hacia una movilidad y un turismo más sostenibles, algo que se venía reclamando, sin éxito, desde hace años.

Sé que este post no le va a gustar a aquellos de mis lectores que estén ligados al sector de los viajes y al sector horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías), pero me parece que es/era algo inevitable, que esta crisis solo hará que acelerar.

Y creo que puede suponer un problema a corto plazo, pero nos traerá una sociedad más equilibrada a largo plazo.

Yo hablo desde mi perspectiva: Barcelona, España. Aquí nos sobran vuelos (aeropuerto de Barcelona saturado), hoteles, apartamentos turísticos, restaurante y cafeterías. No digo que deban desaparecer, digo que sobran, que han superado un límite razonable. La crisis puede hacer que queden los que encajen con una movilidad razonable y un turismo de calidad. ¿Quien no quiere que sea así? La mayoría de ciudadanos lo queremos.

¿Puede eso suponer una crisis de ajuste para las líneas aereas (sobre todo las low cost), para empresas como AirBnB, para algunas cadenas de hoteles, para las agencias de viaje, etc.? Sin duda. Pero, insisto, es inevitable.

En el mundo de la movilidad y el turismo hay que cambiar cantidad por calidad. La movilidad ha de ser minimizada y sostenible. El turismo ha de ser de calidad y no de masas. Hasta los propios turistas lo agradecerán. Y por descontado los ciudadanos de las grandes ciudades, como Barcelona. E incluso a la larga los de los municipios turísticos.

¿Qué ventajas nos puede acarrear? Yo creo que muchas:

  • Un desarrollo más racional de las ciudades y los destinos turísticos
  • Un reequilibrio de la oferta inmobiliaria, tanto en propiedad como en alquiler
  • Una mejora medioambiental general, tanto de la contaminación medioambiental como la acústica:
    • Menos vuelos
    • Menos desechos
    • Menos destrozos del medio natural
    • Menos cruceros

Incluso, si se promueve el turismo de proximidad, abandonado hace muchos años, una recuperación de la España despoblada, algo que a todos nos preocupa y que tiene consecuencias muy positivas. Entre ellas la prevención de incendios forestales.

¿Y cómo se puede acelerar eso? ¿De donde se pueden sacar los recursos para hacerlo posible?

Pues ahondando en la imposición indirecta, algo que no le gusta a los empresarios (yo creo que en especial a aquellos que apuestan por bajos precios y no por alto valor), pero que ya ha estado aplicando en muchos sitios antes de ahora. Por ejemplo, las tasas turísticas aplicadas por el Ayuntamiento de Barcelona.

Se deberían subir las tasas aeroportuarias. Pero no las que cobra AENA, sino crear una tasa pública que hiciera inviable los vuelos low cost al nivel en el que lo son ahora (vuelos europeos, por ejemplo, por menos de 100€). Lo mismo las portuarias, de forma que redujéramos el números de cruceros, que aportan contaminación y aglomeración a las ciudades en las que amarran,  dándoles muy poco a cambio. Sobre todo los que vuelvan a sus pasajeros para estancias de pocas horas que hacen que vaguen como zombies con patines por la ciudad.

También se deberían subir los impuestos a las gasolinas, de modo que, aprovechando la caída de los precios del petroleo, parte del margen pasara a engrosar las arcas públicas, y empujasen a más personas al uso del transporte público.

Todo ello generaría recursos financieros adicionales tanto para financiar el cambio como para reequilibrar los presupuestos de las administraciones públicas, muy deteriorados por la crisis del COVID19.

En fin, saliéndome de mi linea habitual, he incorporado este post con unas afirmaciones que asumo que pueden ser polémicas, pero creo que estamos ante una oportunidad de oro de cambiar el país. Dejar de ser un país de sol y playa, de low cost, de bares y cafeterías en cada esquina, de camareros y cocineros, CON TODO EL RESPETO por ellos, para ser un país más industrial, más equilibrado, más limpio, más sano.

Creo que si una mayoría queremos hacerlo, y nuestros políticos tienen la valentía suficiente para llevarlo adelante, PODEMOS hacerlo.

Globalización 2.0: algo bueno que nos traerá el COVID-19

Haciendo bueno el refrán de que no hay mal que por bien no venga, el coronavirus nos va a traer una esperada y necesaria «Globalización 2.0».

No será el fin de la globalización, como algunos reclaman y proclaman, porque sería absurdo y además es imposible, pero sí una globalización más equilibrada, en todos los ámbitos de nuestra vida y nuestra economía:

  • La industria, con una dependencia menor de China, al menos en algunos ámbitos.
  • El turismo, con un frenazo a la expansión acelerada de los viajes, sobre todo los transoceánicos, pero también los de corta estancia.
  • En la agricultura. con un fomento de la compra local.
  • En el comercio, alcanzando un reequilibrio entre el eCommerce y el comercio físico, pero no en una estrategia de confrontamiento sino de integración.

Ese cambio no se realizará solo por las condiciones de vida que exige el coronavirus, sino porque lo exige el planeta.

No tiene sentido que todo lo compremos en China, y de allí nos lo hagamos traer todo. No tiene sentido que cojamos un avión para pasar un fin de semana a kilómetros de distancia. No tiene sentido que comamos naranjas de Sudáfrica. Y muchos más ejemplos de lo que hacemos en nuestra vida cotidiana.

Creo que es un momento clave para la humanidad. Si no lo hacemos acabaremos con nuestro planeta y en definitiva con nuetra propia especie.

Los empresarios somos los primeros que nos hemos de poner las pilas y empezar a actuar de verdad dentro de una estrategia circular, buscando eliminar o al menos reducir al máximo nuestra huella de carbono. Pero hemos de tener el apoyo de los consumidores y de las administraciones. Creo que ahora, por fin, todos estamos de acuerdo. Y sí: podemos.

¡Bienvenida la globalización 2.0!

Las empresas, los empresarios, nos sacarán de esta crisis

¿Cuántas veces tendremos que recordar que sin empresas no hay empleos? ¿Que sin empresas no se sostiene el presupuesto social?

Me ha parecido un buen momento para recordar que la salida de esta crisis pasa por las empresas. Que nadie lo dude. Las administraciones pueden y deben ayudar a que eso pase, dar facilidades, pero son los empresarios los que han de volver a producir, a abrir fábricas y hoteles, a dar empleo, a comprar a sus proveedores, a exportar, a pagar las cuotas de la Seguridad Social, a pagar impuestos.

Las empresas son las que pagan, directa o indirectamente, la mayor parte de los impuestos que permiten que el país disponga de los servicios públicos que hemos decidido tener como comunidad (educación, sanidad, seguridad, etc.).

Si no hubiera empresa, si no hubiera empresarios dispuestos a seguir adelante, se pararía todo.

Es obvio que el país podría escoger tener empresas públicas, dirigidas por funcionarios, pero la historia demuestra que ese no es el camino. El sistema capitalista es «el menos malo de los sistemas económicos».

Y en el sistema capitalista, si no hay empresarios, no hay economía. No hay vida.

Que nadie quiera ver en mis palabras un menosprecio a nadie, y menos a los trabajadores, tanto por cuenta ajena como propia. Pero el motor que hace que la economía se ponga en marcha, y que gestiona la creación de riqueza, como un director de orquesta dirige a los músicos, es el empresario. Personas, al fin y al cabo, que ponen su capital y su inteligencia al servicio de una misión. Algunos son mejores y otros peores, pero ese es su cometido.

Que tampoco nadie piense que abogo por un capitalismo salvaje, en el que los empresarios tienen carta blanca para hacer lo que quieran. Creo en el capitalismo, pero dentro de unas reglas de comportamiento marcadas por una competencia leal y por el respeto de los derechos de los trabajadores, los consumidores, y los ciudadanos en general. Siempre dentro de la ley.

La mayoría de los empresarios que conozco respetan esos principios. Y, en cualquier caso, la ley se les debe aplicar a todos, y las administraciones deben vigilar de que la cumplan.

Confiemos, pues, en nuestros empresarios, para sacarnos adelante del bache de esta crisis del COVID19. Si alguien piensa que el gobierno solo nos podrá sacar de esta, se equivoca. Tampoco lo harán los sindicatos. Son los empresarios quienes han de llevar el liderazgo. Los demás hemos de animarlos a que lo hagan y ayudarlos en lo que nos toque.

Del mismo modo que en la crisis sanitaria hemos confiado en los médicos, para que, junto a todo el sistema sanitario, nos ayudaran en la crisis sanitaria, hemos de confiar ahora en los empresarios, para que, junto a sus trabajadores, nos saquen de la crisis económica.

Yo confío en ellos. Del mismo modo que los médicos se juegan su propia salud, y la de todos, los empresarios se juegan su propia vida, en este caso profesional y económica, y la de todos.

Del mismo modo que los médicos y sanitarios reciben nuestro aplauso cada día, los empresarios y trabajadores deberían recibirlo hasta que nuestra salud económica deje de estar en peligro.

Reflexiona sobre el futuro de tu empresa en estos días de confinamiento

El confinamiento a que está obligando el COVID19 a la humanidad, permite a los empresarios plantearse el futuro de sus empresas, amenazado por la crisis económica a la que debemos enfrentarnos.

En muchos casos ese futuro va a requerir cambios importantes para asegurar la supervivencia. Sobre todo en los sectores más afectados por esta crisis.

Si en tu sector va a ser muy difícil ser rentable, has de reinventarte tu modelo de negocio y encontrar un espacio diferenciado y rentable, si es que es posible, o si no, deberás cambiar de sector, y si no te ves capaz de hacerlo deberás liquidar la empresa, sin que te tiemble el pulso. Este es un buen momento para pensarlo con detenimiento.

En el pasado son muchas las empresas que han sabido reinventarse y encontrar la rentabilidad donde nadie era realmente rentable. Han reinventado sectores enteros.

Los ejemplos de Apple en el sector de los PCs, de Ryanair en las líneas aereas, de Ikea en los muebles, de Cirque de Soleil en el circo, los tenemos todos in mente.

No te quedes paralizado. No te limites a quejarte. Ahora más que nunca se necesitan líderes fuertes y visionarios.

Hay muchos libros que te pueden ayudar. Déjame que te recomiende (Re) Inventa tu modelo de negocio, escrito por tres consultores y profesores franceses, que incluye 50 ejemplos de compañías que lo han hecho.

China pagará cara esta pandemia

Yo creo que, a la larga, esta pandemia le saldrá cara a China, en una especie de justicia divina, dado que fue ese país quien inició la pandemia a finales del año pasado, y sumió al mundo en la mayor crisis sanitaria y económica (veremos si social) del siglo XXI.

¿Por qué le saldrá cara?

Porque todos los países se están dando cuenta de que no pueden depender tanto de las fábricas chinas. Todos van a tomarse más en serio un proceso que ya se había empezado hace unos años: volver a producir localmente. Tener capacidad de surtirse localmente al menos de productos esenciales, al menos en el mundo de la sanidad. Es terrible ver cómo estamos dependiendo de China para que nos surta de algo tan sencillo como mascarillas o guantes.

¡Un poco menos de construcción (de viviendas vacías), de AVEs sin pasajeros, de aeropuertos muertos, de turismo barato, de bares sucios (que curiosamente acaban en manos de chinos), de bodegas que apenas se mantienen, y un poco más de industria, por favor!

Economistas vs. expertos de Sanidad

En estos días se debate en España (y supongo que en otros países) sobre si hay que volver paulatinamente a reiniciar la actividad económica, ahora que parece que la curva de contagios y mortalidad se ha empezado a aplanar, o hay que esperar.

Los sanitarios avisan (con razón) del peligro de que los contagios vuelvan a acelerarse. Los economistas dicen que la economía no podría soportar más tiempo parada, y que el riesgo es que evitemos morir del COVID19, pero muramos de hambre, y que la crisis social sea más catastrófica que la sanitaria.

Yo creo que ambos tienen razón, y que la decisión no es en absoluto fácil. Los políticos tienen que mojarse y optar por un camino. En este caso, en España, han optado por una solución intermedia, que trata de mantener el confinamiento en unas personas, pero deja reanudar su labor a aquellos que están sano y no pueden teletrabajar, avisando del peligro y exigiendo las máximas precauciones.

No hay duda de que esta medida provocará más contagios. La cuestión es que consigamos que sean controlados y que puedan estar controlados y gestionados por nuestro sistema sanitario.

Y en el fondo el problema vuelve a estar en manos de los ciudadanos. Nosotros, con nuestro comportamiento prudente y siguiendo las recomendaciones sanitarias, somos los que podemos hacer que esta línea de salida del coronavirus sea exitosa.

¡Podemos!

¿V o U?

Esta es la gran cuestión que ahora mismo se está debatiendo. ¿Tendremos una recuperación en V o en U?

Entre una y otra forma de salir de la crisis hay un abismo. Como dice el director de estudios de Caixabank: «Hemos de hacer todo lo posible para que sea en V»

Quien soportará el coste del post COVID19

Aunque esta pandemia no está ni mucho menos superada, ya empieza a debatirse el cómo salir de la crisis y quién y cómo deberá soportar sus costes.

Yo me he hecho mi propia reflexión, que expongo con el deseo de ayudar a mis lectores a aclarar sus ideas, porque hemos de evitar las afirmaciones irreflexivas que ya empiezan a escucharse.

Lo primero que creo que debemos aceptar es que el esfuerzo necesario para salir adelante deberá ser soportado por todos de forma equitativa. Todos quiere decir los más poderosos y ricos y los menos. Obviamente que la claves es definir el modo para que se pueda considerar un reparto equitativo. Por ahí vendrán los problemas.

Otra cosa que también debemos tener clara es que, de modo directo o indirecto, quienes soportarán la crisis serán los ciudadanos, las familias. Tu familia, mi familia, o la de Amancio Ortega o Ana Botín. Porque detrás de las empresas o los gobiernos, no debemos olvidar que hay familias. Familias de los accionistas, los directivos o los trabajadores…

Esos son los tres entes que van a jugar aquí:

  1. Ciudadanos: trabajadores, empresarios, ahorradores/inversores, jubilados, funcionarios…
  2. Empresas: grandes, medianas, pequeñas, bancos…
  3. Gobiernos: locales, nacionales o supranacionales, incluidos organismos públicos de todo tipo.

Esa triada va a apoyarse en los dos sistemas socio-económicos que son clave en nuestra sociedad:

  • El sistema financiero: bancos privados y públicos e instituciones financieras de todo tipo.
  • El sistema fiscal: los impuestos, los presupuestos de gasto, las ayudas en forma de subvenciones o préstamos, etc.

Entre esos 5 elementos, a través de múltiples mecanismos, habrá que encajar el desajuste que implica el parón económico y las consecuencias sociales que va a suponer el coronavirus.

Vuelvo a decir que, lo resolvamos como lo resolvamos, al final de todo hay ciudadanos, estén en España o en Alemania, sean ricos o pobres. Personas que verán afectada su vida y su economía por las medidas que se adopten. No entidades impersonales en las que hay quien puede pensar que acaba todo. Detrás de cada gobierno están sus ciudadanos, que pagan sus impuestos y cumplen sus directrices. detrás de cada empresa están sus accionistas y sus empleados, que cobran sus dividendos o sus salarios. Nadie querría sacrificar nada, pero todos habremos de hacerlo. El COVID19 va a impactar en sus vidas y en sus patrimonios, de un modo u otro.

De los 5 elementos que he citado al principio, queda claro que quienes tienen un mayor protagonismo son los gobiernos, porque están en lo alto de la pirámide e influyen en todos los demás: empresas, ciudadanos, sistema financiero y sistema fiscal. Pero eso no quiere decir que no sea importante el papel de cada uno de ellos.

Pensemos un poco en el papel que juegan.

Los ciudadanos

Ya he dicho, y repito, que ellos son, al final, los que han de poner en común sus esfuerzos para salir de esto. Para ayudarse entre ellos. Unos lo harán voluntariamente y otros obligados, pero ha de ser así. No son las empresas, por ejemplo, las que aportan o reciben fondos, sino que los aportan o reciben sus accionistas, directivos o trabajadores. No debemos olvidar eso cuando decimos «las empresas han de pagar más impuestos» o «las pymes han de recibir subvenciones». Las empresas no son entes abstractos e impersonales; detrás de cada una de ellas hay personas.

Cuando hablamos del gobierno, y por ejemplo decimos que «el gobierno debería pagar una renta básica», ya entendemos que hay personas que lo necesitan y que recibirán esa renta, pero no siempre caemos que ese dinero sale de otras personas, que deberán pagar más impuestos, o dejar de recibir rentas del gobierno (sueldos de funcionarios o subvenciones empresariales, por ejemplo). Los gobiernos no tienen una máquina de hacer dinero hasta el infinito. Si quieren gastar más de lo que ingresan deben pedir prestado (es lo que se llama la Deuda Pública) y lo que hacen entonces es ponerle una deuda a las generaciones venideras, que no podrán gastar todo lo que recauden sino que deberán pagar esos préstamos con sus intereses, como ya nos pasa ahora, por cierto.

Tras esta crisis todos los ciudadanos del mundo veremos reducido de un modo u otro nuestro patrimonio y nuestras expectativas económicas. A corto plazo será por la diferencia entre lo que recibamos del fondo común (en forma de ayudas o subvenciones) y lo que debamos aportar de más (en forma de impuestos). Además de la reducción de patrimonio que experimentaremos porque nuestra vivienda o nuestras acciones o nuestra empresa van a valer mucho menos, porque la economía va a entrar en recesión con fuerza, de la que no sabemos cuándo nos recuperaremos.

El sistema fiscal ya tenemos claro como actuará de mecanismo de reajuste entre unos ciudadanos y otros. ¿Cómo lo hará el sistema financiero? De diversas maneras.

  • Habrá ciudadanos que comprarán los bonos que emitan los  diversos gobiernos. Puede que un ciudadano español compre un bono italiano, y uno italiano compre un bono del estado español. De esta manera los gobiernos podrán hacer frente a las ayudas a empresas y trabajadores.
  • Otros comprarán bonos emitidos por las empresas, para que no entren en concurso y así mantengan los puestos de trabajo.
  • Otros comprarán bonos de los bancos, o mantendrán depósitos en ellos, para que esos bancos les presten dinero a las empresas, los autónomos o a los ciudadanos directamente.

Las empresas

Las empresas hand e defender ante todo su viabilidad; es decir, su capacidad de seguir operando, de sobrevivir. Han de defender sus activos, sus marcas, sus productos, sus clientes, sus mercados y, por supuesto, a sus empleados y a sus accionistas.

Si cae una empresa, todos ellos quedan afectados. E indirectamente toda la sociedad.

La cifra de ventas caerá, los beneficios se reducirán, el empleo se reducirá, el valor de la empresa se hundirá, pero siempre vale más una empresa viva que una empresa muerta. La sociedad no se puede permitir que las empresas mueran, y del mismo modo que los médicos y sanitarios han luchado por que las personas no mueran (o que sean las mínimas), hay que luchar por que no mueran las empresas. Aunque hay que asumir que las más débiles morirán. Y así como a las personas no las podemos resucitar, a las empresas si que las podemos refundar. Pueden empezar de nuevo, o fusionarse con empresas más grande so más fuertes. El resultado final no debe ser necesariamente negativo, como he explicado en uno de mis post.

La forma en que las empresas sean tratadas por el sistema fiscal y el financiero, con el apoyo de los gobiernos, será clave para que la mortalidad sea la menor posible. Es un escenario similar al de los hospitales. Hay que diagnosticarlas y tratarlas, y a aquellas en peor estado hay que ponerlas en la UCI, para ver si alguna puede salvarse.

Pero habrá que admitir que también aquí habrá fallecidos.

Recomponer el escenario empresarial no será fácil, los gobiernos deberán ejercer de árbitros en ese reequilibrio para que sea rápido y justo.

Los gobiernos

En ese papel de gestionar el reparto de las ayudas y los costes de este proceso de reequilibrado al que nos enfrentamos todos, están todos los gobiernos del mundo. En al caso español hay tres niveles de gobierno especialmente implicados:

  1. La Unión Europea
  2. El Gobierno de España
  3. El gobierno de nuestra comunidad autónoma

Todos los gobiernos han de hacer frente con sus recursos a los desequilibrios que se produzcan en sus zonas de influencia, y coordinarse a su vez entre ellos.

Los recursos de todos los gobiernos provienen de sus presupuestos. Cuando aparece un gasto inesperado (como es el caso) tienen tres vías de actuación, que pueden y deben utilizar de forma simultanea:

  1. Tratar de aumentar los ingresos, lo que implica básicamente subir los impuestos existentes o crear nuevos impuestos, siempre en el ámbito de su autoridad: La UE a los países, el Gobierno de España a sus ciudadanos y empresas (incluidos los bancos y los clubs deportivos, por ejemplo), los gobiernos de las comunidades a los ciudadanos y empresas en el ámbito de su comunidad y en el contexto de la legislación nacional.
  2. Reducir los gastos de todas las partidas del presupuesto en la medida que sea posible. Por ejemplo el sueldo de los funcionarios públicos o el de los políticos. Y reducir o incluso eliminar las inversiones, aplazándolas lo máximo posible. Como hará cualquier empresa.
  3. Pedir dinero prestado, sea a instancias superiores o a los mercados financieros (si están dispuestos a prestárselos), para poder gastar más de lo que ingresan.

Como ya he dicho antes, cuando un gobierno se endeuda está pasando una carga a sus ciudadanos del futuro.

El sistema financiero

Lo conforman los bancos centrales de cada moneda (en nuestro caso el Banco Central Europeo junto a los bancos centrales de cada país) y los bancos y entidades financieras de cada país, los mercados financieros (las bolsas) y, en definitiva, los inversores.

A ellos acudirán los ciudadanos, las empresas y los gobiernos a pedir prestado el dinero que necesiten para hacer frente a las necesidades especiales provocadas por esta crisis. Alguna de estas peticiones será de dinero nuevo, y otras serán de aplazamiento (o condonación) de préstamos antiguos. Serán negociaciones tensas.

El sistema financiero prestará en función de las expectativas de recuperación de lo prestado. En este aspecto será clave que los entes superiores respalden y avalen, si cabe, a los inferiores: las empresas a los ciudadanos, los gobiernos a las empresas y los entes supranacionales a los gobiernos.

La cúpula de esos sistemas financieros, y sobre todo los bancos centrales más importantes, destacando la FED norteamericana y el BCE europeo, va a jugar un papel capital (nunca mejor dicho) en esta crisis y en la rapidez y coste de su recuperación.

En conclusión

Todo va a depender de la rapidez con que la economía se recupere, de modo que se eviten quiebras en cadena y se evite entrar en un círculo vicioso letal para todo el sistema.

Lógicamente, los países, empresas y ciudadanos que estén menos endeudados, que tengan mayores reservas para utilizar en estos momentos, son los que saldrán mejor parados. Quienes tengan un exceso de endeudamiento y no puedan acceder al crédito, tendrán muy difícil la salida. Los gobiernos endeudados (como Italia y España) habrán de hacer recortes más serios en sus gastos actuales. En ese contexto se enclava la dura discusión que se está llevando a término estos días en la Unión Europea. Es posible que hablemos de congelación de pensiones y sueldos de funcionarios, si no en recortes. Y, como ya he dicho, congelación de inversiones.

Las empresas lo tendrán más complicado. En cualquier caso habrán de:

  • Congelar dividendos
  • Congelar inversiones
  • Recortar personal no esencial
  • Rebajar sueldos
  • Recortar gastos superfluos y renegociar contratos, como los de alquiler
  • Vender o reducir activos (oficinas, naves, mquinaria…). He escrito un post en ese sentido.

Los ciudadanos que necesiten endeudarse y no tengan opción de hacerlo deberán recortar gastos al máximo y prescindir de gastos como, por ejemplo:

  • ocio, viajes
  • renovación de mobiliario
  • renovación de automóviles

Quizás haya quien deba plantearse la venta de sus inmuebles, aunque los precios van a ir a la baja, lo mismo que los alquileres.

En suma, vamos a enfrentarnos a un tsunami que marcará una época. Habrá un antes y un después de a crisis del COVID19. Ya nadie lo discute. Dejará un rastro de cambio profundo en los cinco ámbitos que menciono en este post. ¡Y sobre todo en los ciudadanos! Nadie está a salvo.