España

Ladrillo vs. Bolsas

Estamos en una fase de miedos, de falta de confianza en general.

La falta de confianza hace que el dinero, que todos sabemos que es cobarde, se atrinchere en los llamados “valores refugio”, como son los activos inmobiliarios y el oro (aparte de otras opciones menos importantes).

La evolución de las bolsas está ligada a la de inmuebles. Si uno sube, otro baja, y viceversa. Además es un fenómeno que se retroalimentación en un círculo vicioso. Cuanto más baja la bolsa, más dinero se desvía al ladrillo, haciendo que el ladrillo suba, hasta que entra en fase burbuja y más pronto o más tarde explota, devolviendo el dinero a la bolsa. Y viceversa.

Ahora estamos en una fase de salida del dinero de las bolsas (incluida la renta fija) para engrosar los mercados inmobiliarios. Los inversores un poco más sofisticados buscan alternativas híbridas, como el capital riesgo o el private equity, o al menos invierten en ladrillo a través de empresas cotizadas, como las inmobiliarias o las socimis.

2019 será un año en que la diversificación de activos será más importante que nunca. Ya lo avisábamos José Poal y yo en nuestro libro Cómo invertir en 2018, un año que ya vislumbrábamos que no sería fácil para la renta variable.

Salario bruto, salario neto

Me han pasado un artículo de Daniel Lacalle en el diario digital El Español (elespanol.com), titulado “El dosmileurista mileurista”, que hace una reflexión crítica sobre la mala costumbre española de hablar de salario neto en lugar de salario bruto, sin tener en cuenta que el salario real, el coste real que paga la empresa empleadora es el salario bruto, e incluso estrictamente hablando el coste real de un empleado es superior a ese salario bruto, porque hay que añadir los costes de la Seguridad Social.

El autor defiende del uso del salario bruto porque es un indicador más claro y real de la remuneración laboral. Yo coincido con él.

Además defiende, desde postulados liberales, que los altos costes fiscales asociados a las nóminas (retenciones de impuestos y cuotas sociales) son una losa para el empleo y culpables de que España sufra los altos índices de paro que sufrimos. De hecho argumenta que el coste complementario asociado al empleo es en España uno de los más altos del mundo.

Es un artículo que da que pensar, esté uno más o menos de acuerdo con sus postulados. Recomiendo a mis lectores leerlo.

¿No hay altos ejecutivos españoles?

Los dos grandes bancos españoles, Santander y BBVA, han optado por consejeros delegados foráneos. Me parece bien. Yo no soy nadie para criticarlos. Supongo que han escogido a quienes creen que mejor pueden gobernar la nave en las aguas turbulentas a las que se enfrenta actualmente el sector bancario. Pero me surgen dos preguntas. La primera: ¿realmente no han encontrado ejecutivos españoles capaces de estar a la altura de los requerimientos? Si fuera así, sería una señal de atención a las escuelas de negocio españolas y a los directivos españoles. La segunda: ¿lo han hecho porque tratan de vender al mercado financiero un mensaje de verdadera globalización, que el mercado no acaba de creerse, y el hecho de que el CEO sea suizo (Santander) o turco (BBVA) les ayuda? Si es así, también sería preocupante.

Son preguntas que me hago y que me gustaría compartir con mis inteligentes lectores.

 

¿Para cuándo se invertirá en el Corredor Mediterraneo en el Levante español?

Hoy he viajado por carretera desde Barcelona a Murcia y me he quedado anonadado del número de camiones que hacen la ruta. Era algo que ya sabía, pero no me imaginaba la magnitud. No los he contado, pero habré visto más de 5.000 camiones.

La urgencia de mejorar la infraestructura de comunicación del Corredor, sea en carreteras o en ferrocarril, es más que evidente.

Una anécdota de esta misma mañana: un camión se ha averiado en la autopista de circunvalación de Valencia y la cola de camiones y coches que ha montado se alargaba más de 20 kilómetros. ¡Totalmente inaceptable en un país que trata de mejorar su competitividad y que pretende limitar las emisiones de gases nocivos de la automoción.

La injusticia del Impuesto de Patrimonio

¿Tiene sentido que en un mismo país (España) haya unos ciudadanos que cada año deban tributar en función del Patrimonio que tienen (como consecuencia de su trabajo y su ahorro a lo largo de los años) y otros ciudadanos de ese mismo país estén exentos de esa tributación?

¿Tiene sentido que además sean los ciudadanos de la comunidad más rica,  donde mayores patrimonios se concentran, los que estén exentos?

¿Tiene algo que ver que en esa comunidad se ubique la capital y se concentre también el poder político y económico del país?

Son preguntas que yo creo que tienen una respuesta bastante clara pero que no satisfacen en absoluto a los que se ven (nos vemos) sometidos a ese expolio.

Espero que mis lectores me disculpen por hacer un poco de política, pero no he podido aguantarme. ¡O todos o ninguno! Ya sabemos que hay muchas cosas que funcionan mal en nuestro país, pero esta es flagrante. Si fuera al revés, los medios de comunicación (poder concentrado también en la capital) clamarían al cielo…

Una España de viejos hará el déficit público insostenible

España está condenada a ser un país de viejos, y las pensiones que habrá de soportar el Estado son insostenibles, porque el déficit que acarreará su pago no podrá financiarse. La realidad es así de cruda.

Eso supone que los jóvenes han de ir ahorrando para complementar sus pensiones, que los que estamos a punto de entrar en edad de jubilación hemos de mentalizarnos de que vamos a cobrar menos en un futuro y que los requisitos para la jubilación se van a endurecer, y que los actuales pensionistas van a ver en el mejor de los casos congeladas sus generosas pensiones. El esfuerzo se ha de repartir equitativamente. Otra cosa no sería justa.

Y si no se hace así, la economía española estará condenada a la quiebra.

La incorporación de inmigrantes no soluciona el problema; sólo ayuda a paliarlo y a permitirnos tirar adelante. Si no se incorporaran inmigrantes, ni los esfuerzos que indico harían posible la supervivencia del país.

El panorama es así de dantesco.

Para poner el problema en contexto, cito lo comentado por el presidente de la autoridad fiscal española (la AIReF): 2 puntos de nuestro déficit fiscal son consecuencia del envejecimiento de nuestra población. ¡Y el problema no ha hecho mas que empezar!

La importancia de tener la documentación social al día

Ayer firmé la venta de una sociedad en la que participaba. El proceso de preparación de la firma ha sido lento y farragoso, y el propio acto de la firma duró dos horas, que no es un tiempo especialmente largo, sino muy habitual. En la notaría, los firmantes han de esperar mientras los abogados y oficiales de la notaría acaban de encajar los últimos flecos: vendedores que no aportan sus escrituras de propiedad de los títulos que van a vender, poderes caducados, escrituras que alguien se olvidó de llevar al Registro, etc.

Aparte de cuestionarme la razón de que en pleno siglo XXI el proceso de firmas ante notario siga sin estar adaptado a los nuevos tiempos y las nuevas tecnologías (que posiblemente evitaran esas firmas multitudinarias y caóticas que todos hemos vivido), lo que quiero destacar en este post es la importancia de la labor de secretaría de la sociedad, la tarea habitualmente ejercida por un abogado (si hay un consejo, como secretario del consejo), que consiste en asegurarse de que todos los actos sociales, que afecten a la junta, el consejo, los poderes, las compras o ventas sociales, el libro de socios incluido el control de acciones o participaciones, están correctamente realizados, incorporados a los registros públicos correspondientes y archivados de forma adecuada.

Hay empresas (sobre todo startups o pymes) que se lo ahorran porque piensan que no es prioritario, lo que les reporta algún disgusto cuando han de hacer alguna operación corporativa.

En ese sentido, lo barato es caro. Ahorrarse la contratación de un profesional o contratarlo barato sin exigirle esta tarea, es un error.

España, el primer país de la lista de los que no cuentan

Espero que mis lectores me permitan una reflexión geopolítica.

Leo hoy en el diario La Vanguardia la lista de los 29 países de la OTAN ordenada por la importancia de los fondos que aportan a la organización, y España aparece la 7ª, justo delante están 6 países miembros del G8, los países que cortan el bacalao en el mundo. La sensación que me da es que España es el primer país en la lista de los que no cuentan. Es una sensación agridulce. Aunque más agria que dulce.

¿De qué sirve estar el primero en la lista equivocada? Te esfuerzas por ser tenido en cuenta, pero la realidad es que te meten en un saco anónimo. O peor, un saco en el que incluso países de menor relevancia a tenor de los datos, aparecen a menudo por delante tuyo, como Holanda o los Países Nórdicos…

Es sólo una reflexión. Creo que difícilmente cambiará, al menos durante el período que me queda en la Tierra. Por mucho que hablemos de si estamos superando a Italia, por ejemplo, la realidad es que en términos de relevancia mundial estamos muy lejos de alcanzarlos.

¿Una Federación Ibérica sería la solución (es decir, España más Portugal juntas)? Quizás, pero lo veo utópico. Además antes hemos de resolver nuestros propios problemas internos y evitar incluso hacernos más pequeños…

En fin, disculpe el lector mi disgresión en esta mañana soleada de domingo.

A la banca le brotan los enanos…

La banca, que hace unos años lo era todo en el mundo corporativo, es ahora un gremio marcado con el estigma de los apestados. Nadie quiere a la banca. Esta semana hemos visto como el gobierno español decidía imponerle  a los bancos el pago del impuesto de Actos Jurídicos Documentados en loa préstamos hipotecarios que concedan, y no contento con eso, decretaba que ese coste no sería un gasto deducible en el Impuesto de Sociedades. El partido del nuevo presidente de México, por su parte, planteaba que a su llegada inminente a la presidencia del país prohibiría las comisiones bancarias.

A todo eso hay que añadir la feroz competencia en un entorno muy duro de bajos tipos de interés al que se suma la entrada en el mercado de servicios bancarios de nuevos competidores, como las telecos, las fintech e incluso las grandes compañías tecnológicas de Internet, con toda su capacidad financiera, tecnológica y comercial.

Me extraña que, al menos en España, los presidentes de los grandes bancos no salgan a dar la cara y, tras aceptar las críticas constructivas y los errores que hayan podido cometer, que seguro que han sido muchos, no reivindiquen su papel imprescindible en cualquier sociedad.

Sin duda la banca tiene mucho que mejorar y ha de reinventarse en profundidad, pero no podemos acusar a los bancos de todos los males.

Por suerte el Tribunal Supremo no atendió a las peticiones insensatas o malintencionadas de que el AJD de las hipotecas debieran pagarlo los bancos de forma retroactiva, porque eso hubiera sido una injusticia sino un enorme problema para la banca, el Estado y para la imagen de España en el mundo económico global.

La diferencia entre quebrar o relanzar es la contabilidad

Estos día he leido en la prensa la historia de la cadena de tiendas de electrodomésticos Miró. El gerente actual, que la ha sacado de la quiebra, comentaba que al hacerse cargo del negocio se sorprendió de que no se llevaba una cuenta de resultados por tienda.

¿Cómo es posible que alguien tenga un negocio de venta de lo que sea, con una cadena de tiendas, y no sepa cuánto gana o pierde en cada una de ellas? Pues eso pasa en España en pleno siglo XXI. Parece mentira, pero es así. El resultado ya lo sabemos: un negocio floreciente que se va a pique en cuanto hay que «hilar un poco fino».

Aquí lo fácil es la contabilidad «del gancho» o sólo orientada a cumplir con lo imprescindible: declarar (lo mínimo, eso sí) a Hacienda…

El resultado: un país pobre y miserable en el que se dilapidan muchos esfuerzos y en el que hacer empresa, y sobre todo hacer gran empresa, es trabajo de titanes.