Futuro

Alguien duda de que el mundo postCOVID será un mundo orientado a la sostenibilidad

Las consecuencias que eso tendrá sobre muchos sectores empresariales serán enormes. Acabo de mencionar el automóvil, pero también el petróleo o el textil, el plástico, el agropecuario, la movilidad, la construcción, etc.etc.

En otro paso también mencioné el turismo.

Era algo que tenía que pasar y a lo que el coronavirus va a dar un impulso.

Qué verdad es que “no hay mal que por bien no venga”.

La recuperación económica se ha de construir sobre esas premisas. Los gobiernos, los empresarios, los inversores, los trabajadores, que se den cuenta de ellos y se apunten a esa apuesta, serán los que se recuperarán antes y mejor de el batacazo del COVID19.

Se va a imponer la tecnología y la economía circular. Será la explosión definitiva de la 4ª Revolución Industrial.

Nissan se va de España

Hace tiempo que adelantaba en este blog que la industria del automóvil iba a entrar en una crisis de proporciones desconocidas. Quizás la pandemia del COVID19 sea el detonante. Un ejemplo de ello lo estamos viviendo en España con el cierre de las plantas de Nissan. El impacto en Catalunya será muy importante. Y vendrán más.

Son las consecuencias de ser un país de fábricas de coches, pero que no de empresas automovilísticas. Y ahora que a corto plazo de hunde la demanda y a largo plazo hay que repensar del todo el sector (vehículos sostenibles, compartidos, autónomos…), veremos, insisto, como muchas de «nuestras» fábricas cerrarán. Solo se mantendrán las que se puedan reconvertir hacia vehículos sostenibles. Y siempre que el neonacionalismo industrial que barre el sector, no priorice la fabricación en los países donde residen las marcas.

¿Podrían llegar a cerrar todas las fábricas de automóviles de España? Podrían. Aunque espero que no sea así. Pero me atrevo a decir que quizás el 50% cierren.

Cierren o se reconviertan, porque en eso debería estar pensando el gobierno, en cómo reconvertirlas a fábricas de productos con futuro.

La importancia de las fábricas de Renault, Volskwagen/Seat, PSA o Ford, para las comunidades en las que se ubican, es vital. También lo es para todo el país. Pero hemos de hacernos a la idea de que no resolveremos esas dudas proponiendo un nuevo Plan Renove, sino buscando soluciones que engarcen con la estrategia de futuro (sostenibilidad) de los fabricantes. Sean de automóviles o de otras cosas (motos, patinetes, paneles solares, centrales eólicas…), pero mejor si son empresas cuyo centro de decisiones esté aquí.

El coronavirus, como un tsunami que es, arrastra muchos restos de la economía establecida que ha ido arrasando. Y no será la única industria afectada. La siguiente es la turística, aunque esa, gracias a Dios, se decide en casa.

¿Por qué España parece ser el peor país del mundo en gestionar la crisis del coronavirus?

Me ha impactado ver algo que ya me imaginaba: un gráfico que ubicaba a los principales países del mundo en un doble eje: por un lado el mejor o peor resultado de la gestión sanitaria, basado en número de fallecidos por 100.000 habitantes (lo que se conoce como el grado de letalidad del virus); y por otro la mayor o menor caída de los indicadores económicos (PIB, desempleo, etc.).

España es la segunda nación, después de Bélgica, con más fallecidos por habitante; y es una de las que parece que va a sufrir una mayor crisis económica.

No podemos estar orgullosos de ello.

Pero me gustaría reflexionar con mis lectores sobre las razones de que eso sea así.

Empecemos por admitir que, sin duda, el gobierno español podría haberlo hecho mejor. Aunque nunca sabremos a ciencia cierta cuál habría sido el resultado de políticas diferentes a las que se han tomado, porque será imposible reproducir las mismas circunstancias. También he de decir que, salvo algunas ineficiencias y descoordinaciones, fruto del frenesí impuesto por las circunstancias, debido a lo novedoso de la situación y lo acelerado de la propagación del virus, no me atrevo a decir que yo hubiera tomado medidas diferentes de las que se han tomado. Es difícil ponerse en el papel de nuestros gobernantes, y yo, desde luego, no los envidio.

Quizás sí que se haya dejado ver en algún momento la bisoñez de algunos políticos y la falta de eficiencia de algunas estructuras burocráticas. Pero no es nada nuevo, por desgracia.

Tampoco se han tomado aquí medidas muy diferentes de las tomadas en otros países.

Entonces, ¿por qué salimos tan mal parados en comparación con otros?

Me atrevo a apuntar seis razones, tres que explicarían el sobre-impacto sanitario y tres que explicarían el económico.

Razones del especial impacto sanitario

  1. La primera es obvia: tenemos una población más envejecida que la de otros países. De hecho tenemos la esperanza de vida más alta del mundo después de Japón. Y muchos (demasiados) de nuestros ancianos están aparcados (literalmente) en residencias; no siempre en las mejores condiciones higiénicas y de cuidado.
  2. La segunda es nuestra cultura, en comparación tanto con la asiática como con la nórdico-europea. Somos más de tocarnos y besarnos, más de indisciplinados, menos de tomarnos en serio las cosas. Todo eso, que es bueno para unas cosas, no es bueno para hacer frente a una pandemia. De hecho la policía ha puesto miles de denuncias por saltarse el confinamiento; estoy seguro de que no hay parangón en el mundo (al menos el occidental).
  3. Y la tercera es que a nuestro sistema sanitario le han faltado recursos y capacidades para proteger adecuadamente a los sanitarios, que, aunque han hecho un esfuerzo sobrehumano, han caído como moscas. La escasez de material nacional para realizar test de contagio y de equipos de protección, incluidas las mascarillas, ha sido colosal. El país había dejado todo esto en manos de China, y todo el mundo ha acudido de golpe a China. El episodio del incautamiento en Turquía de un avión con material comprado por España fue bochornoso.

Razones del especial impacto económico

  1. La extraordinaria importancia relativa en España del sector servicios, y muy especialmente del de la hostelería y el turismo, que han estado totalmente cerrados (y a la hora de escribir este post aún lo están en gran parte) explican en gran parte el impacto especial en nuestro país comparado con países en los que la industria es más preponderante, como Alemania o la misma Italia. Nosotros tenemos el (¿triste?) record de bares por habitante de Europa y probablemente del mundo. Llevamos años reclamando un mayor apoyo al sector industrial. Si alguien dudaba de que fuera necesario, ahora se dará cuenta. Ojalá nos permita salir con un sector servicios más pequeño en cantidad pero mejor en calidad y en valor.
  2. La falta de grandes e incluso de medianas empresas en relación con otros países europeos. Somos un país de microempresas; en muchos casos de artesanos o comerciantes convertidos en empresarios. Microempresas que carecen de capital y por supuesto de I+D+i, y que son vehículos frágiles a merced de cualquier tempestad importante como es este maldito coronavirus. Somos el país de la UE con más proporción de microempresas. Sin dejar de lado que en determinadas regiones existen más trabajadores en la función y en la empresa pública que en la empresa privada. Somos una economía frágil. Más que nuestros vecinos europeos, y más que la mayoría de países asiáticos. No nos podemos comparar con China, Alemania o Estados Unidos, pero tampoco con Taiwan, Corea del Sur o los Países Bajos.
  3. Por último, y aunque en el fondo sea consecuencia de los dos anteriores, creo que merece la pena destacarlo: nuestras relaciones laborales están basadas en la precariedad. En general a más pequeñas empresas y a más sector servicios (y en especial hostelería y turismo) más precariedad y más contratos basura: donde el valor añadido de la empresa es ínfimo, los salarios son miserables. Sin duda alguna la crisis provocada por el COVID19 nos va a traer una crisis social, que ya estamos percibiendo, y que a duras penas medidas como la renta mínima podrán paliar, que no solucionar, si no atacamos el problema de fondo: apoyar a nuestra industria y a nuestras grandes y medianas empresas. ¡Y pedirles un apoyo a la nación, en consecuencia, en estos momentos de grave crisis a los que nos aboca este virus aparecido en China (a mí no me cuesta decir que es un virus chino; es en lo único que estoy con Trump).

Disculpad el sesgo político que podais encontrar en este texto; creo que la situación lo requiere. O acertamos en la salida de esta crisis, o nos hundirá en la miseria económica y social por muchos años.

20 cambios del mundo post COVID19

Me permito reproducir aquí un correo que he recibido de OnetoOne Corporate Finance firmado por su presidente Enrique Quemada, en el que desarrolla los 20 cambios, que él califica de irreversibles, que traerá esta crisis.

Los resumo tal como aparecen en el texto de Quemada. Estoy seguro de que pueden generar mucho debate.

Puedes leer el artículo completo (en inglés) en este enlace.

  1. La economía europea se asemejará a la japonesa. Habrá que luchar contra la deflación. Bajo el liderazgo fortalecido de Alemania, una Europa herida permanecerá más unida que nunca.
  2. Los EEUU adoptarán una política keynesiana, con más deuda pública y creación de dinero que nunca, lo que generará mucha inflación. Se acelerará el declive del Imperio Americano. El dólar, en consecuencia, perderá su papel como moneda de reserva. Y dejará de ser un arma de poder en manos del gobierno yanqui.
  3. Se consolidarán los tres grandes bloques o regiones políticco-económicas: EEUU, China y Europa. La producción y el comercio se regionalizará más. El temor a los fallos en la cadena de suministro provocado por el COVID19 acelerará ese proceso.
  4. China incrementará más el peso del consumo privado y los servicios en su PIB. Su crecimiento se estabilizará alrededor del 3,5% anual.
  5. Los países de la OPEP y los países en desarrollo serán los grandes perdedores, debido a la caída del precio de las materias primas y la huida del capital hacia los países desarrollados.
  6. Emergerán nuevas formas de colaboración entre países.
  7. Aumentará la inversión pública. Pero no evitará que se amplíe la diferencia entre ricos y pobres. Los trabajadores menos cualificados estarán en desventaja ante el auge de la digitalización y el teletrabajo.
  8. La religiosidad se incrementará.
  9. Habrá menos demanda de oficinas y los alquileres caerán.
  10. Los ciudadanos habrán aprendido a consumir menos. Y lo harán cada vez más online. Los centros comerciales pasarán a ser cada vez más centros de ocio.
  11. La educación online será más popular. Sobre todo la universitaria y los master.
  12. Las empresas contratarán menos empleados y más autónomos. El número de freelancers crecerá.
  13. Los fondos de Private Equity invertirán más en los sectores de salud, alimentación y tecnología.
  14. Muchas compañías venderán subsidiarias y negocios no estratégicos para mejorar su liquidez. Se priorizarán proveedores de proximidad y se reducirán los modelos de suministro just-in-time. Se acelerará la concentración sectorial y regional, liderada por las compañías más fuertes.
  15. Dejando atrás definitivamente la burbuja de las salidas a bolsa (IPO) de compañías con pérdidas a precios desorbitados, los inversores solo invertirán en compañías con beneficios. Algún unicornio se desinflará y quebrará.
  16. En el ámbito político aumentará la apreciación pública de los expertos frente a los políticos en general. La mayoría de los líderes políticos actuales perderán las próximas elecciones. La política se polarizará aún más.
  17. El mundo se hará más socialista, acabando con exceso de capitalismo e individualismo que hemos vivido hasta ahora. El papel de los gobiernos en la economía aumentará. También las limitaciones de las libertades.
  18. Los profesionales se cuidarán más de ellos mismos, trabajando menos y saboreando los pequeños placeres de la vida.
  19. Resurgirán las startups, porque el confinamiento y el aburrimiento animarán la creatividad, y porque muchas empresas quebrarán. Los trabajadores descubrirán que hay menos seguridad en sus trabajos de la que pensaban.
  20. La deuda financiera va a aumentar. Será el último impulso del largo ciclo de deuda que empezó tras la Segunda Guerra Mundial.

Como puedes ver, una lista interesante, aunque discutible. De algunos de los temas que toca ya he hablado. De otros iré haciéndolo en las próximas semanas.

 

¿Es la caída del turismo y la movilidad una oportunidad para la sociedad en su conjunto?

Si tras la crisis del COVID19 reducimos, a nivel mundial, la movilidad en general y en especial la del turismo, ya sea por obligación (prevención de contagios de esta u otras pandemias), ya sea por devoción (una concienciación general de que hemos de hacerlo, una vez hemos visto que podemos hacerlo y seguir siendo felices y organizar bien nuestras vidas, con teletrabajo y más cocooning), quizás nos sirva para evolucionar hacia una movilidad y un turismo más sostenibles, algo que se venía reclamando, sin éxito, desde hace años.

Sé que este post no le va a gustar a aquellos de mis lectores que estén ligados al sector de los viajes y al sector horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías), pero me parece que es/era algo inevitable, que esta crisis solo hará que acelerar.

Y creo que puede suponer un problema a corto plazo, pero nos traerá una sociedad más equilibrada a largo plazo.

Yo hablo desde mi perspectiva: Barcelona, España. Aquí nos sobran vuelos (aeropuerto de Barcelona saturado), hoteles, apartamentos turísticos, restaurante y cafeterías. No digo que deban desaparecer, digo que sobran, que han superado un límite razonable. La crisis puede hacer que queden los que encajen con una movilidad razonable y un turismo de calidad. ¿Quien no quiere que sea así? La mayoría de ciudadanos lo queremos.

¿Puede eso suponer una crisis de ajuste para las líneas aereas (sobre todo las low cost), para empresas como AirBnB, para algunas cadenas de hoteles, para las agencias de viaje, etc.? Sin duda. Pero, insisto, es inevitable.

En el mundo de la movilidad y el turismo hay que cambiar cantidad por calidad. La movilidad ha de ser minimizada y sostenible. El turismo ha de ser de calidad y no de masas. Hasta los propios turistas lo agradecerán. Y por descontado los ciudadanos de las grandes ciudades, como Barcelona. E incluso a la larga los de los municipios turísticos.

¿Qué ventajas nos puede acarrear? Yo creo que muchas:

  • Un desarrollo más racional de las ciudades y los destinos turísticos
  • Un reequilibrio de la oferta inmobiliaria, tanto en propiedad como en alquiler
  • Una mejora medioambiental general, tanto de la contaminación medioambiental como la acústica:
    • Menos vuelos
    • Menos desechos
    • Menos destrozos del medio natural
    • Menos cruceros

Incluso, si se promueve el turismo de proximidad, abandonado hace muchos años, una recuperación de la España despoblada, algo que a todos nos preocupa y que tiene consecuencias muy positivas. Entre ellas la prevención de incendios forestales.

¿Y cómo se puede acelerar eso? ¿De donde se pueden sacar los recursos para hacerlo posible?

Pues ahondando en la imposición indirecta, algo que no le gusta a los empresarios (yo creo que en especial a aquellos que apuestan por bajos precios y no por alto valor), pero que ya ha estado aplicando en muchos sitios antes de ahora. Por ejemplo, las tasas turísticas aplicadas por el Ayuntamiento de Barcelona.

Se deberían subir las tasas aeroportuarias. Pero no las que cobra AENA, sino crear una tasa pública que hiciera inviable los vuelos low cost al nivel en el que lo son ahora (vuelos europeos, por ejemplo, por menos de 100€). Lo mismo las portuarias, de forma que redujéramos el números de cruceros, que aportan contaminación y aglomeración a las ciudades en las que amarran,  dándoles muy poco a cambio. Sobre todo los que vuelvan a sus pasajeros para estancias de pocas horas que hacen que vaguen como zombies con patines por la ciudad.

También se deberían subir los impuestos a las gasolinas, de modo que, aprovechando la caída de los precios del petroleo, parte del margen pasara a engrosar las arcas públicas, y empujasen a más personas al uso del transporte público.

Todo ello generaría recursos financieros adicionales tanto para financiar el cambio como para reequilibrar los presupuestos de las administraciones públicas, muy deteriorados por la crisis del COVID19.

En fin, saliéndome de mi linea habitual, he incorporado este post con unas afirmaciones que asumo que pueden ser polémicas, pero creo que estamos ante una oportunidad de oro de cambiar el país. Dejar de ser un país de sol y playa, de low cost, de bares y cafeterías en cada esquina, de camareros y cocineros, CON TODO EL RESPETO por ellos, para ser un país más industrial, más equilibrado, más limpio, más sano.

Creo que si una mayoría queremos hacerlo, y nuestros políticos tienen la valentía suficiente para llevarlo adelante, PODEMOS hacerlo.

Globalización 2.0: algo bueno que nos traerá el COVID-19

Haciendo bueno el refrán de que no hay mal que por bien no venga, el coronavirus nos va a traer una esperada y necesaria «Globalización 2.0».

No será el fin de la globalización, como algunos reclaman y proclaman, porque sería absurdo y además es imposible, pero sí una globalización más equilibrada, en todos los ámbitos de nuestra vida y nuestra economía:

  • La industria, con una dependencia menor de China, al menos en algunos ámbitos.
  • El turismo, con un frenazo a la expansión acelerada de los viajes, sobre todo los transoceánicos, pero también los de corta estancia.
  • En la agricultura. con un fomento de la compra local.
  • En el comercio, alcanzando un reequilibrio entre el eCommerce y el comercio físico, pero no en una estrategia de confrontamiento sino de integración.

Ese cambio no se realizará solo por las condiciones de vida que exige el coronavirus, sino porque lo exige el planeta.

No tiene sentido que todo lo compremos en China, y de allí nos lo hagamos traer todo. No tiene sentido que cojamos un avión para pasar un fin de semana a kilómetros de distancia. No tiene sentido que comamos naranjas de Sudáfrica. Y muchos más ejemplos de lo que hacemos en nuestra vida cotidiana.

Creo que es un momento clave para la humanidad. Si no lo hacemos acabaremos con nuestro planeta y en definitiva con nuetra propia especie.

Los empresarios somos los primeros que nos hemos de poner las pilas y empezar a actuar de verdad dentro de una estrategia circular, buscando eliminar o al menos reducir al máximo nuestra huella de carbono. Pero hemos de tener el apoyo de los consumidores y de las administraciones. Creo que ahora, por fin, todos estamos de acuerdo. Y sí: podemos.

¡Bienvenida la globalización 2.0!

China pagará cara esta pandemia

Yo creo que, a la larga, esta pandemia le saldrá cara a China, en una especie de justicia divina, dado que fue ese país quien inició la pandemia a finales del año pasado, y sumió al mundo en la mayor crisis sanitaria y económica (veremos si social) del siglo XXI.

¿Por qué le saldrá cara?

Porque todos los países se están dando cuenta de que no pueden depender tanto de las fábricas chinas. Todos van a tomarse más en serio un proceso que ya se había empezado hace unos años: volver a producir localmente. Tener capacidad de surtirse localmente al menos de productos esenciales, al menos en el mundo de la sanidad. Es terrible ver cómo estamos dependiendo de China para que nos surta de algo tan sencillo como mascarillas o guantes.

¡Un poco menos de construcción (de viviendas vacías), de AVEs sin pasajeros, de aeropuertos muertos, de turismo barato, de bares sucios (que curiosamente acaban en manos de chinos), de bodegas que apenas se mantienen, y un poco más de industria, por favor!

¿Estamos en el pico del pesimismo?

Al menos eso es lo que siento ahora mismo.

Leo en El Confidencial una entrevista a Francisco Salmerón en la que afirma que «el Covid ha llegado para quedarse y no demos por seguro que habrá vacuna».

La directora del Fondo Monetario Internacional dice que esta será la mayor depresión desde el crack de 1929.

Escucho un webcast de una firma americana de fusiones y adquisiciones una recomendación a los empresarios de que vendan su empresa cuanto antes, a poco que aún esté sana, porque esto va para largo y las valoraciones se hundirán aún más.

Espero que sea un efecto indirecto de que estamos en Viernes Santo…

¿V o U?

Esta es la gran cuestión que ahora mismo se está debatiendo. ¿Tendremos una recuperación en V o en U?

Entre una y otra forma de salir de la crisis hay un abismo. Como dice el director de estudios de Caixabank: «Hemos de hacer todo lo posible para que sea en V»

Quien soportará el coste del post COVID19

Aunque esta pandemia no está ni mucho menos superada, ya empieza a debatirse el cómo salir de la crisis y quién y cómo deberá soportar sus costes.

Yo me he hecho mi propia reflexión, que expongo con el deseo de ayudar a mis lectores a aclarar sus ideas, porque hemos de evitar las afirmaciones irreflexivas que ya empiezan a escucharse.

Lo primero que creo que debemos aceptar es que el esfuerzo necesario para salir adelante deberá ser soportado por todos de forma equitativa. Todos quiere decir los más poderosos y ricos y los menos. Obviamente que la claves es definir el modo para que se pueda considerar un reparto equitativo. Por ahí vendrán los problemas.

Otra cosa que también debemos tener clara es que, de modo directo o indirecto, quienes soportarán la crisis serán los ciudadanos, las familias. Tu familia, mi familia, o la de Amancio Ortega o Ana Botín. Porque detrás de las empresas o los gobiernos, no debemos olvidar que hay familias. Familias de los accionistas, los directivos o los trabajadores…

Esos son los tres entes que van a jugar aquí:

  1. Ciudadanos: trabajadores, empresarios, ahorradores/inversores, jubilados, funcionarios…
  2. Empresas: grandes, medianas, pequeñas, bancos…
  3. Gobiernos: locales, nacionales o supranacionales, incluidos organismos públicos de todo tipo.

Esa triada va a apoyarse en los dos sistemas socio-económicos que son clave en nuestra sociedad:

  • El sistema financiero: bancos privados y públicos e instituciones financieras de todo tipo.
  • El sistema fiscal: los impuestos, los presupuestos de gasto, las ayudas en forma de subvenciones o préstamos, etc.

Entre esos 5 elementos, a través de múltiples mecanismos, habrá que encajar el desajuste que implica el parón económico y las consecuencias sociales que va a suponer el coronavirus.

Vuelvo a decir que, lo resolvamos como lo resolvamos, al final de todo hay ciudadanos, estén en España o en Alemania, sean ricos o pobres. Personas que verán afectada su vida y su economía por las medidas que se adopten. No entidades impersonales en las que hay quien puede pensar que acaba todo. Detrás de cada gobierno están sus ciudadanos, que pagan sus impuestos y cumplen sus directrices. detrás de cada empresa están sus accionistas y sus empleados, que cobran sus dividendos o sus salarios. Nadie querría sacrificar nada, pero todos habremos de hacerlo. El COVID19 va a impactar en sus vidas y en sus patrimonios, de un modo u otro.

De los 5 elementos que he citado al principio, queda claro que quienes tienen un mayor protagonismo son los gobiernos, porque están en lo alto de la pirámide e influyen en todos los demás: empresas, ciudadanos, sistema financiero y sistema fiscal. Pero eso no quiere decir que no sea importante el papel de cada uno de ellos.

Pensemos un poco en el papel que juegan.

Los ciudadanos

Ya he dicho, y repito, que ellos son, al final, los que han de poner en común sus esfuerzos para salir de esto. Para ayudarse entre ellos. Unos lo harán voluntariamente y otros obligados, pero ha de ser así. No son las empresas, por ejemplo, las que aportan o reciben fondos, sino que los aportan o reciben sus accionistas, directivos o trabajadores. No debemos olvidar eso cuando decimos «las empresas han de pagar más impuestos» o «las pymes han de recibir subvenciones». Las empresas no son entes abstractos e impersonales; detrás de cada una de ellas hay personas.

Cuando hablamos del gobierno, y por ejemplo decimos que «el gobierno debería pagar una renta básica», ya entendemos que hay personas que lo necesitan y que recibirán esa renta, pero no siempre caemos que ese dinero sale de otras personas, que deberán pagar más impuestos, o dejar de recibir rentas del gobierno (sueldos de funcionarios o subvenciones empresariales, por ejemplo). Los gobiernos no tienen una máquina de hacer dinero hasta el infinito. Si quieren gastar más de lo que ingresan deben pedir prestado (es lo que se llama la Deuda Pública) y lo que hacen entonces es ponerle una deuda a las generaciones venideras, que no podrán gastar todo lo que recauden sino que deberán pagar esos préstamos con sus intereses, como ya nos pasa ahora, por cierto.

Tras esta crisis todos los ciudadanos del mundo veremos reducido de un modo u otro nuestro patrimonio y nuestras expectativas económicas. A corto plazo será por la diferencia entre lo que recibamos del fondo común (en forma de ayudas o subvenciones) y lo que debamos aportar de más (en forma de impuestos). Además de la reducción de patrimonio que experimentaremos porque nuestra vivienda o nuestras acciones o nuestra empresa van a valer mucho menos, porque la economía va a entrar en recesión con fuerza, de la que no sabemos cuándo nos recuperaremos.

El sistema fiscal ya tenemos claro como actuará de mecanismo de reajuste entre unos ciudadanos y otros. ¿Cómo lo hará el sistema financiero? De diversas maneras.

  • Habrá ciudadanos que comprarán los bonos que emitan los  diversos gobiernos. Puede que un ciudadano español compre un bono italiano, y uno italiano compre un bono del estado español. De esta manera los gobiernos podrán hacer frente a las ayudas a empresas y trabajadores.
  • Otros comprarán bonos emitidos por las empresas, para que no entren en concurso y así mantengan los puestos de trabajo.
  • Otros comprarán bonos de los bancos, o mantendrán depósitos en ellos, para que esos bancos les presten dinero a las empresas, los autónomos o a los ciudadanos directamente.

Las empresas

Las empresas hand e defender ante todo su viabilidad; es decir, su capacidad de seguir operando, de sobrevivir. Han de defender sus activos, sus marcas, sus productos, sus clientes, sus mercados y, por supuesto, a sus empleados y a sus accionistas.

Si cae una empresa, todos ellos quedan afectados. E indirectamente toda la sociedad.

La cifra de ventas caerá, los beneficios se reducirán, el empleo se reducirá, el valor de la empresa se hundirá, pero siempre vale más una empresa viva que una empresa muerta. La sociedad no se puede permitir que las empresas mueran, y del mismo modo que los médicos y sanitarios han luchado por que las personas no mueran (o que sean las mínimas), hay que luchar por que no mueran las empresas. Aunque hay que asumir que las más débiles morirán. Y así como a las personas no las podemos resucitar, a las empresas si que las podemos refundar. Pueden empezar de nuevo, o fusionarse con empresas más grande so más fuertes. El resultado final no debe ser necesariamente negativo, como he explicado en uno de mis post.

La forma en que las empresas sean tratadas por el sistema fiscal y el financiero, con el apoyo de los gobiernos, será clave para que la mortalidad sea la menor posible. Es un escenario similar al de los hospitales. Hay que diagnosticarlas y tratarlas, y a aquellas en peor estado hay que ponerlas en la UCI, para ver si alguna puede salvarse.

Pero habrá que admitir que también aquí habrá fallecidos.

Recomponer el escenario empresarial no será fácil, los gobiernos deberán ejercer de árbitros en ese reequilibrio para que sea rápido y justo.

Los gobiernos

En ese papel de gestionar el reparto de las ayudas y los costes de este proceso de reequilibrado al que nos enfrentamos todos, están todos los gobiernos del mundo. En al caso español hay tres niveles de gobierno especialmente implicados:

  1. La Unión Europea
  2. El Gobierno de España
  3. El gobierno de nuestra comunidad autónoma

Todos los gobiernos han de hacer frente con sus recursos a los desequilibrios que se produzcan en sus zonas de influencia, y coordinarse a su vez entre ellos.

Los recursos de todos los gobiernos provienen de sus presupuestos. Cuando aparece un gasto inesperado (como es el caso) tienen tres vías de actuación, que pueden y deben utilizar de forma simultanea:

  1. Tratar de aumentar los ingresos, lo que implica básicamente subir los impuestos existentes o crear nuevos impuestos, siempre en el ámbito de su autoridad: La UE a los países, el Gobierno de España a sus ciudadanos y empresas (incluidos los bancos y los clubs deportivos, por ejemplo), los gobiernos de las comunidades a los ciudadanos y empresas en el ámbito de su comunidad y en el contexto de la legislación nacional.
  2. Reducir los gastos de todas las partidas del presupuesto en la medida que sea posible. Por ejemplo el sueldo de los funcionarios públicos o el de los políticos. Y reducir o incluso eliminar las inversiones, aplazándolas lo máximo posible. Como hará cualquier empresa.
  3. Pedir dinero prestado, sea a instancias superiores o a los mercados financieros (si están dispuestos a prestárselos), para poder gastar más de lo que ingresan.

Como ya he dicho antes, cuando un gobierno se endeuda está pasando una carga a sus ciudadanos del futuro.

El sistema financiero

Lo conforman los bancos centrales de cada moneda (en nuestro caso el Banco Central Europeo junto a los bancos centrales de cada país) y los bancos y entidades financieras de cada país, los mercados financieros (las bolsas) y, en definitiva, los inversores.

A ellos acudirán los ciudadanos, las empresas y los gobiernos a pedir prestado el dinero que necesiten para hacer frente a las necesidades especiales provocadas por esta crisis. Alguna de estas peticiones será de dinero nuevo, y otras serán de aplazamiento (o condonación) de préstamos antiguos. Serán negociaciones tensas.

El sistema financiero prestará en función de las expectativas de recuperación de lo prestado. En este aspecto será clave que los entes superiores respalden y avalen, si cabe, a los inferiores: las empresas a los ciudadanos, los gobiernos a las empresas y los entes supranacionales a los gobiernos.

La cúpula de esos sistemas financieros, y sobre todo los bancos centrales más importantes, destacando la FED norteamericana y el BCE europeo, va a jugar un papel capital (nunca mejor dicho) en esta crisis y en la rapidez y coste de su recuperación.

En conclusión

Todo va a depender de la rapidez con que la economía se recupere, de modo que se eviten quiebras en cadena y se evite entrar en un círculo vicioso letal para todo el sistema.

Lógicamente, los países, empresas y ciudadanos que estén menos endeudados, que tengan mayores reservas para utilizar en estos momentos, son los que saldrán mejor parados. Quienes tengan un exceso de endeudamiento y no puedan acceder al crédito, tendrán muy difícil la salida. Los gobiernos endeudados (como Italia y España) habrán de hacer recortes más serios en sus gastos actuales. En ese contexto se enclava la dura discusión que se está llevando a término estos días en la Unión Europea. Es posible que hablemos de congelación de pensiones y sueldos de funcionarios, si no en recortes. Y, como ya he dicho, congelación de inversiones.

Las empresas lo tendrán más complicado. En cualquier caso habrán de:

  • Congelar dividendos
  • Congelar inversiones
  • Recortar personal no esencial
  • Rebajar sueldos
  • Recortar gastos superfluos y renegociar contratos, como los de alquiler
  • Vender o reducir activos (oficinas, naves, mquinaria…). He escrito un post en ese sentido.

Los ciudadanos que necesiten endeudarse y no tengan opción de hacerlo deberán recortar gastos al máximo y prescindir de gastos como, por ejemplo:

  • ocio, viajes
  • renovación de mobiliario
  • renovación de automóviles

Quizás haya quien deba plantearse la venta de sus inmuebles, aunque los precios van a ir a la baja, lo mismo que los alquileres.

En suma, vamos a enfrentarnos a un tsunami que marcará una época. Habrá un antes y un después de a crisis del COVID19. Ya nadie lo discute. Dejará un rastro de cambio profundo en los cinco ámbitos que menciono en este post. ¡Y sobre todo en los ciudadanos! Nadie está a salvo.