Futuro

Tenemos tipos de interés reales en el entorno de 0 para rato

Leo en Bloomberg que un profesor de Yael (Paul Schmelzing) ha publicado un estudio sobre la evolución de los tipos de interés reales (TdIR) en el mundo en los últimos 600 años;

La tendencia ultrasecular es que los TdIR continúen bajando, situándose en media en el siglo XX entre el 0 y el 3%, ya en los albores del siglo XXI entre el 0 y el 2%.

Si la tendencia sigue igual, probablemente veremos los TdIR en el intervalo 0-1%.

Ese nivel tan bajo de tipos de interés reales tiene, sin duda, muchas implicaciones. Entre ellas penaliza en ahorro, y supone un elemento de apoyo a la igualdad social, algo de lo que no estamos sobrados precisamente en el mundo.

El profesor también se pregunta si los TdIR negativos son una aberración, como a veces hemos afirmado muchos (yo entre ellos), y su respuesta estadística es que NO, porque han existido períodos de TdIR negativos siempre en nuestra historia. De hecho afirma que el período 1983-2008, que ahora viene a denominarse “el Período de la Gran Moderación” fueron 25 años excepcionales, pero los períodos de TdIR negativos son normales y se seguirán dando en el futuro.

Creo que es algo sobre lo que hemos de reflexionar. Los tipos de interés son clave para todas las decisiones económicas que tomamos cada día. No solo los que tenemos hoy, sino sobre todo los que esperamos tener en los siguientes 10, 20 o 50 años. Y lo que defiende el profesor Schmelzing es que estemos preparados para tener tipos muy muy bajos en lo que queda de siglo…

Llega la criptodivisa china: esto ahora va en serio

Se ha hablado mucho de la moneda digital que quiere (o mejor dicho quería) lanzar Facebook: la lybra. Parece que el proyecto no tiene visos de salir adelante. La cuestión principal que la ha frenado es, probablemente, el hecho de que estuviera soportada por una compañía privada, por muy grande e influyente que sea.

Pero ahora parece que la cosa ya va más en serio, como no podía ser de otra manera: los bancos centrales (aquellos que soportan sus propias divisas) han tomado cartas en el asunto y se disponen a lanzar las versiones digitales de sus divisas.

El primer caso del que yo tengo noticia, es el de China (palabras mayores). China parece que tras 5 años de preparación va a lanzar en 2020 el cryptoyuan. Estará soportado por el banco central chino, el Banco del Pueblo; y su desarrollo será seguramente meteórico, gracias al uso extendido del pago digital en el país, gracias a aplicaciones como Alipay o WeChat Pay, que ya tienen cientos de millones de usuarios.

También leo que Singapur tiene un proyecto similar muy avanzado. Y seguro que hay más casos, que yo ahora mismo desconozco.

La llegada de las divisas virtuales supondrá, sin duda, una revolución en el ámbito bancario, financiero e incluso político. Las consecuencias no soy capaz de adivinarlas ahora mismo, pero intuyo que serán muy importantes. Y me imagino que las habrá positivas (eliminación del dinero negro y del blanqueo, por ejemplo), pero también negativas.

Por ejemplo: ¿acabarán con el dinero físico? ¿qué sentido tendrán las reservas de los bancos centrales? ¿cómo se comportarán los precios de las divisas? ¿qué papel jugará la banca privada en todo ello?

Estamos, sin duda, ante el comienzo de una nueva era.

¿Hasta cuándo aguantará esto?

Leo en Bloomberg dos informaciones que me hacen cuestionarme el futuro ante la fragilidad de al menos una parte de la economía norteamericana.

La primera información es que el 12% de las empresas yanquis son lo que se conoce como empresas “zombies”, es decir, que no producen suficiente cash como para hacer frente al servicio de su deuda (intereses y amortizaciones). Ese ratio era el 2% en 1989.

¿Cómo aguantan esas empresas? La explicación más convincente es que sobra el dinero y los tipos de interés son muy bajos. ¿Qué pasará si suben los tipos de interés? Pues lo más probable es que cayeses una detrás de otra.

La segunda información es que casi el 40% de las empresas norteamericanas arrojan un valor neto contable negativo. Es un dato que me ha impresionado. Supongo que a ti, querido lector, también te pasará. En el año 200o ese porcentaje no pasaba del 10%.

¿Por qué es así? Porque cada vez más se valoran los activos intangibles y menos los tangibles. Estamos en un mundo donde las grandes/buenas empresas generan negocio y beneficios con los mínimos activos. Y precisamente eso las hace más valiosas. Hay multitud de ejemplos que entiendo que no hace falta que repita. Se trata de externalización la producción (que exige fábricas y maquinaria), la logística (que exige almacenes y camiones) y, por descontado, optar por alquilar todo lo que se pueda en lugar de comprar. Cuanto menos activo, mejor. Todo el valor proviene de los intangibles, de las expectativas del negocio. La cuestión es: ¿hasta qué punto? Hace poco, en el mundo de las startups, ya hemos asistido a un giro de los inversores pidiendo más visibilidad sobre los resultados, y comprando menos futuro, menos business plan inflados y ampulosos. ¿Llegará esto al mundo de las grandes empresas?

No sé si será pronto o tarde, pero seguro que en algún momento se pondrá freno a este fenómeno, y habrá que estar preparado para ello, apostando un poco más por lo tangible y cercano, y menos por lo intangible y futuro.

Cómo hemos de abordar los años 20: mayores y jóvenes trabajando juntos

Parece mentira pero estamos a punto de empezar los años 20 del siglo XXI. Parece que fuera ayer cuando empezamos el siglo…

Estamos ante el gran reto de cómo vamos a hacer frente a un mundo de grandes desequilibrios, donde la economía y la política no acaba de encontrar soluciones.

En concreto en los países occidentales, sobre todo de la vieja Europa, nos enfrentamos a un doble problema: el envejecimiento de la población, debido a los avances de la medicina y a la alta calidad de vida que hemos heredado del siglo XX, y la caída de la natalidad. Lo que nos lleva irremisiblemente a una posición de debilidad geopolítica frente a los grandes países asiáticos (a donde se desplaza el centro del mundo: China e India por delante de todo) y frente al vecino continente africano, con su enorme población joven y desesperada.

En el tema del envejecimiento, tenemos, además, un problema económico inmediato y evidente: la imposibilidad de mantener nuestros sistemas de pensiones. Aunque haya quien no desee enterarse, las pensiones son actualmente insostenibles.

Todo ello nos conduce también irremisiblemente a un futuro inmediato en el que los mayores de 65 años habremos de seguir trabajando. ¿Es eso un problema? Yo estoy convencido de que no lo es; al contrario, puede ser parte de la solución, del nuevo modelo social que habremos de adoptar si queremos seguir viviendo confortablemente y en paz.

En países como Nueva Zelanda e Islandia (curiosamente islas) el 56% de los mayores de 65 años trabajan.

No hay que ver el trabajo (o la prolongación del trabajo) como algo negativo. Tampoco ha de ser la prolongación del mismo trabajo que se ha venido haciendo hasta los 65. Tampoco ha de ser trabajo a tiempo completo. Pero se habrá de seguir trabajando.

Que los mayores de 65 años trabajen (hasta que puedan) será positivo no solo para reequilibrar las pensiones, sino para algunas otras cosas:

  • reducir la despoblación rural
  • mantener en pie las casas de los centros de ciudades y pueblos
  • reducir el gasto sanitario (los mayores activos son ancianos más sanos)

Además todo ello debería permitir dedicar más recursos a que los jóvenes se formen y asuman los nuevos puestos de trabajo que exigen las nuevas tecnologías, dejando los trabajos-basura a los mayores: cajeros, porteros, telefonistas, conductores de coches-escoba, vigilantes, reponedores de supermercado, dependientes, enfermeros de menor responsabilidad, etc. Obviamente, también aquellos oficios para los que se consideren cualificados y siempre que se encuentren en disposición física de seguir desempeñándolos: abogados, arquitectos, notarios, médicos…

Los mayores pueden hacer que la sociedad, la economía, siga en marcha; los jóvenes son quienes han de darle el impulso de la innovación y el cambio, de la mano de las nuevas tecnologías. Juntos, mayores y jóvenes, pueden ser un tándem imbatible.

El sector de la automoción va directo a una crisis

Ya lo escribí en algún post anterior: la industria automovilística va directa a una crisis.

No descubro nada nuevo, porque la crisis ya está impactando en los fabricantes de automóviles como consecuencia del asunto del engaño en las emisiones de los motores diesel; pero esa crisis quedará en nada comparada con la que se avecina (si no está ya aquí).

¿Por qué una crisis estructural? Pues porque la convergencia de varios factores va a hacer que el modelo de negocio del automóvil cambie drásticamente y, sobre todo, que la producción mundial de vehículos caiga en picado.

¿Cuáles son esos factores? En mi opinión son 4, y todos apuntan a un menor uso del vehículo particular:

  1. La crisis climática, que aconseja usar menos una máquina que es contaminante, y en todo caso optar por una no contaminante.
  2. La congestión urbana, que está echando los vehículos privados de las ciudades. La imposibilidad de llegar la centro en coche, y la imposibilidad de aparcarlo, o al menos de hacerlo a un coste razonable, literalmente ahuyenta al vehículo privado de las urbes. Sobre todo de las grandes urbes.
  3. El auge de los servicios de taxi o similar (Uber, etc.) de pago por uso. Y en general de la movilidad urbana alternativa: bicicleta, patinete, etc. Todo ello alineado con los factores 1 y 2 anteriores.
  4. Y, último pero no menos importante: el rechazo de las nuevas generaciones a poseer un auto. Incluso a usar un auto.

Es obvio que el coche no está de moda entre las nuevas generaciones. Somos los más viejos quienes nos aferramos a esa cultura con la que hemos crecido y en la que hemos creído hasta ahora. Pero es algo que morirá con nosotros.

El automóvil no es el negocio en el que estar en estos momentos. No es el negocio del siglo XXI. Hay que reinventarlo. En ello están muchos. El premio es grande.

El mundo está abocado (pronto) a un gran cambio económico y social

Creo que quien más quien menos está convencido de que va a ser así. La cuestión no es si sucederá, sino cuándo.

Y cada día hay más voces que no afirman.

Leo hoy en eleconomista.es un artículo de Enric Cuartas en el que cita a su vez al conocido financiero Ray Dalio, quien, en un artículo en LinkedIn afirma: «el mundo se acerca a un gran cambio de paradigma».

Dalio ve la situación «insostenible». Yo coincido con él.

¿Cuáles son los síntomas?

  • Enormes desigualdades dentro de los países y entre países.
  • Una enorme inflación del precio de los activos en todo el mundo, pero especialmente en el mundo desarrollado, como consecuencia del exceso de dinero creado por los bancos centrales.
  • La existencia de muchos países, desarrollados y no desarrollados, en bancarrota, incapaces de hacer frente a sus obligaciones; en especial el pago de las pensiones, y en general el sostenimiento del estado del bienestar.
  • Los bancos centrales en general desbordados por la realidad porque han agotado sus armas, al llevar al límite la creación de dinero, sin que la economía tome brío y suba el IPC. Al contrario, han encarecido los activos (haciendo más ricos a los más ricos) pero no han subido los salarios (haciendo más pobres a los más pobres).

Parece obvio que hay que inventar un nuevo modelo económico y social, ya sea un nuevo capitalismo o un nuevo socialismo, o un nuevo -ismo.

Si ese modelo no se encuentra pronto y se implementa rápido, las consecuencias seguirán y aumentarán:

  • La desigualdad provocará estallidos sociales, como ya está pasando en varios países (véase Chile). Y como ya se está notando en el auge de los populismos.
  • Los inversores seguirán invirtiendo relajando sus criterios, en malos proyectos que los llevarán a la quiebra (véase la pifia de Softbank en WeWork), porque han de colocar las enormes sumas de dinero que les dan a invertir.
  • Los gobiernos seguirán endeudándose para cubrir déficit crecientes (véase tantos, pero por ejemplo Argentina).

Aún podemos encontrar una salida, pero creo que no nos libramos de un crack. De nuevo para mi la cuestión no es si tendremos o no un crack, sino cuándo y de qué dimensión. Será asumible si lo anticipamos y nos mentalizamos y actuamos en consecuencia. Será traumático si nos quedamos de brazos cruzados y llega como un tsunami.

Se me ocurre que hay muchos paralelismos con otro crack inevitable que va a llegar: el climático.

¡Hay que asumirlos y abordarlos, a la vez, YA!

La crisis climática ya está aquí (por si alguien lo dudaba)

El norteamericano Jeremy Rifkin augura el final de la sociedad basada en los combustibles fósiles (carbón, petróleo) entre 2023 y 2030,  y avisa de que puede suponer un impacto muy apreciables en el PIB mundial. Se basa para ello en el abaratamiento de las fuentes de energía sostenibles, y en especial la solar y la eólica.

A la vez hoy mismo informan los medios de comunicación de que en la India se ha decretado la emergencia climática en Nueva Delhi, porque los índices de contaminación sobrepasan todos los niveles y suponen un peligro inmediato para la salud de sus habitantes.

Disculpen mis lectores si insisto en ello, pero sin duda alguna la crisis climática será probablemente el principal elemento de la transformación de la industria y la economía (e incluso de la sociedad) en los próximos 10 años. De hecho, ya lo está siendo.

166.000 aspirantes para 4.000 puestos de funcionario de Correos: Quo vadis España?

Es una noticia que me hace pensar. Estos son los pensamientos que me vienen a la cabeza:

  1. Los funcionarios de Correos deberían estar orgullosos de su puesto de trabajo, ya que tanta gente lo querría tener. ¿Lo están? ¿Actúan en consecuencia? A mi no me lo parece. Siempre que he interactuado con ellos me ha parecido que su motivación era muy baja, por no decir nula. Obviamente no es una muestra válida, pero me parece que mucha gente piensa lo mismo que yo.
  2. Si el estatus de funcionario no reuniera los privilegios que reune, y en especial la imposibilidad de ser despedido, ¿habría tanta demanda?
  3. ¿Piensan los candidatos que el puesto es un chollo? Creo que es obvio que si. O al menos en comparación con otras alternativas laborales que puedan tener a su alcance. Quizás lo que buscan es sencillamente «un trabajo para toda la vida», que es algo que ya solo está a merced de los funcionarios. Y quizás por eso no lo tienen los demás mortales. Y quizás por eso los funcionarios tienen el poder que tienen…
  4. Yo pensaba que la atracción del trabajo de funcionario había mermado en España, y que había gente que prefería ser ingeniero, lampista, técnico especialista, directivo, empresario… Pero me lo voy a replantear ante estas noticias.
  5. Obviamente el país tiene un problema si pasan estas cosas. Pero creo que esto ya lo sabíamos. Mucha gente prefiere un monótono trabajo en Correos que una carrera profesional que represente una oportunidad de progresar más allá de los trienios y demás privilegios funcionariales.

En fin, leer esto me hace ser más pesimista sobre nuestro futuro como país. Lo siento.

«Poco a poco, el marketing será solo directo»

La frase no es mía sino que la copio de un artículo de Fernando Trías de Bes en La Vanguardia. La traigo a este blog para pasarle a mis lectores, porque creo que Fernando tiene razón… a medias.

Fernando afirma tal cosa en referencia al papel preponderante de Amazon en relación a los otros canales de venta tradicionales, apuntando que Amazon se está imponiendo a todos ellos. Pero quizás confunde Que haga uso del concepto de marketing directo, entendido como la ausencia de intermediarios, porque Amazon no deja de ser un intermediario.

Yo más bien creo que de verdad el marketing será solo directo en el sentido de que los creadores de productos y servicios (fijaos que no digo fabricantes), poco a poco, se limitarán a vender sus productos y servicios y directamente, prescindiendo de intermediarios, salvo muy pocas excepciones, que serán básicamente las grandes plataformas con catálogos universales que servirán a los clientes que no tengan claro qué o a quien comprar. Porque cuando lo tengan claro, lo harán directamente.

Y el marketing directo no se realizará solo a través de Internet, sino que se combinará con la presencia física repartida por el territorio, para acercarse al cliente y completar y mejorar tanto la experiencia de compra como la entrega y el servicio postventa.

Muchas marcas ya lo están enfocando así. Estoy pensando en Inditex, que basa su éxito en estas premisas, pero también en Mapfre, en el sector asegurador, o Danone en la industria alimentaria. Y hay muchísimos ejemplos más.

La propia Amazon acabará separada en dos empresas: una plataforma comercial que ofrecerá todos los productos mínimamente demandados del mundo, y una empresa que venderá sus propios productos. Es cuestión de tiempo. Simultanear las dos cosas no será posible. Alibaba tiene claro que solo es una plataforma comercial, y esas es la base de su éxito.

En cualquier caso el mensaje de Fernando va en la dirección adecuada: El marketing va a acabar con la mayoría de intermediarios, dejando solo a las grandes plataformas (pocas) y un pequeño espacio (mucho menor) para la oferta de catálogos muy especializados, seguramente acompañados de servicios y asesoramiento también muy especializados.

¿Coches eléctricos recargados por energía solar?

Por qué no…

Leo hoy que Toyota está experimentado con un Prius que recarga sus baterías con paneles solares. Parece que la tecnología de los paneles flexibles y ultrafinos lo hace posible.

Desde luego, ese es el camino.

La búsqueda del automóvil limpio y autónomo está cada día más cerca del objetivo.