Futuro

El sector del automóvil dará que hablar

Un artículo de Dolors Álvarez en La Vanguardia me ha dado pie a comentar en este abandonado blog un tema que me preocupa y que creo que debe preocuparnos a todos: el sector del automóvil va a experimentar una revolución y una reconversión salvaje en los próximos años. El impacto será tan grande que probablemente se ocultará para no producir pánico.

Y el pánico está justificado, porque la economía mundial depende del automóvil. En España, por ejemplo, se trata del 10% del PIB, del principal sector exportador. Tenemos 17 fábricas, de las que dependen miles de proveedores y 1,8 millones de empleos.

Es indispensable evolucionar hacia el vehículo verde y compartido, y ello implica nuevos procesos productivos y sobre todo ¡menos ventas! Eso implica menos fábricas y menos empleo. ¡Y menos impuestos recaudados!

El gobierno español prevé que no se vendan en España vehículos no verdes en el año 2040. Son sólo 21 años. Y es muy posible que ese plazo se acorte. Aunque en 2018 sólo se vendieron 15.500 vehículos eléctricos en España, ¡en China se vendieron 800.000!

Va a ser un esfuerzo titánico, pero ya se están dando los primeros pasos. Ya hay cuatro fábricas en España que fabrican o están a punto de fabricar vehículos eléctricos:

  1. La pionera: Nissan, que fabrica en Barcelona la furgoneta eN200
  2. Mercedes, que va a fabricar el eVito en Vitoria
  3. PSA Opel, que va a fabricar el eCorsa en Zaragoza
  4. PSA, que va a fabricar el Peugeot 2008 en Vigo

Seguiremos hablando de este importante tema.

El sector del automóvil entra en un período de reconversión

Llevo tiempo diciéndolo: la próxima crisis no vendrá de la banca, sino de las grandes empresas del automóvil. Y los primeros síntomas serios empiezan a hacerse evidentes. En este inicio de año, grandes empresas como Ford o Jaguar ya han anunciado importantes medidas de reducción de plantillas y probablemente de cierre de fábricas. Y, como anuncia Bloomberg, esto no ha hecho mas que empezar.

Llevamos años diciendo que hay un exceso de marcas y de capacidad de producción, y en los últimos tiempos, a eso se ha añadido una regulación ambiental más restrictiva, que conlleva la llegada imparable del coche eléctrico, y sobre todo, el gran cambio de modelo de negocio, pasando de un modelo de venta de un producto (el auto) a uno de venta de un servicio (la movilidad).

Los cambios estructurales que ello implica en los actuales jugadores del mercado del automóvil son enormes. Sobran fábricas y las que queden habrán de ser diferentes. Sobran puntos de venta, y los que queden habrán de ser diferentes. Los balances de las marcas cambiarán radicalmente: de vender a alquilar, para entendernos. De fábricas de automóviles a proveedores de servicios de movilidad.

No hay ninguna marca que esté totalmente preparada para el cambio, pero algunas lo han anticipado mejor y están el camino correcto. Otras no lo han visto venir a tiempo o no han sabido afrontarlo. Es el caso de las que ya van saliendo a la palestra: Ford o Jaguar son un ejemplo.

Aparte de que veamos una vuelta de tuerca en el proceso de fusiones (reduciendo el número de marcas independientes), el impacto en la economía global será importante. Porque el sector del automóvil es el mayor sector industrial del globo.

Países como España, donde hay numerosas fábricas y una importante industria auxiliar, sin que residan los cuarteles centrales de ninguna de ellas, serán de los más afectados.

Los inversores habrán de tenerlo en cuenta, evitando en lo posible, las acciones de las empresas del sector. Las administraciones harán bien en ir preprándose para lo que se avecina.

España, el primer país de la lista de los que no cuentan

Espero que mis lectores me permitan una reflexión geopolítica.

Leo hoy en el diario La Vanguardia la lista de los 29 países de la OTAN ordenada por la importancia de los fondos que aportan a la organización, y España aparece la 7ª, justo delante están 6 países miembros del G8, los países que cortan el bacalao en el mundo. La sensación que me da es que España es el primer país en la lista de los que no cuentan. Es una sensación agridulce. Aunque más agria que dulce.

¿De qué sirve estar el primero en la lista equivocada? Te esfuerzas por ser tenido en cuenta, pero la realidad es que te meten en un saco anónimo. O peor, un saco en el que incluso países de menor relevancia a tenor de los datos, aparecen a menudo por delante tuyo, como Holanda o los Países Nórdicos…

Es sólo una reflexión. Creo que difícilmente cambiará, al menos durante el período que me queda en la Tierra. Por mucho que hablemos de si estamos superando a Italia, por ejemplo, la realidad es que en términos de relevancia mundial estamos muy lejos de alcanzarlos.

¿Una Federación Ibérica sería la solución (es decir, España más Portugal juntas)? Quizás, pero lo veo utópico. Además antes hemos de resolver nuestros propios problemas internos y evitar incluso hacernos más pequeños…

En fin, disculpe el lector mi disgresión en esta mañana soleada de domingo.

Una idea para Zara

Las empresas de venta de ropa y complementos han de adoptar modelos de la economía circular.

Sugiero a Zara que permita a sus clientas llevar sus prendas usadas y «venderlas» a Zara, de manera que esta pudiera reciclarlas como materia prima o, si su estado lo permitiese, venderlas como usadas, a un precio atractivo, pero eso sí, después de meterla en el circuito normal de venta como la ropa nueva. Aunque dejando claro que es usada.

El impacto en su imagen sería muy positivo.

Es cuestión de resolver los procesos y calcular los costes y asegurarse de que se puede hacer con beneficio, aunque sea inferior al de la ropa nueva.

La urgencia de adoptar una economía sostenible

Este pasado fin de semana largo he estado en Nueva York. Aparte del calor asfixiante y la aglomeración de neoyorquinos y turistas, me ha impactado más que nunca la imagen de insostenibilidad que desprende una ciudad que derrocha como nadie.

Derrocha energía y derrocha alimentos, Y que vive de espaldas a la sostenibilidad medioambiental. Aunque no se atrevan admitirlo abiertamente.

Derrochan energía porque el transporte privado se impone al público, y el tamaño y consumo de los vehículos usados por la mayoría son enormes, debido a la pasión de los norteamericanos por sus coches. Además, es costumbre no detener los vehículos cuando se estacionan a la espera de un pasajero. En verano para no perder el aire acondicionado, y en invierno por la calefacción. Obviamente, el oscilante tiempo de la ciudad no ayuda. A los vehículos particulares se añaden los taxis, autobuses, policías, e incluso los famosos food trucks, los carritos que venden comida en las calles de Nueva York. El resultado es agobiante, y preocupante. La polución se mastica.

Pero es que, además, todos los edificios se añaden a ese festival de compresores y ventiladores de aire acondicionado, consumiendo electricidad  sin medida, y contribuyendo a agravar la sensación de calor y agobio del peatón neoyorquino.

Derrochan alimentos y envasados y materiales de todo tipo, dentro de una filosofía de usar y tirar, y de primar la comodidad del consumidor a la sostenibilidad medioambiental. Cada día van a los basureros de la ciudad alimentos, bolsas, servilletas, vasos y ajuar de plástico, etc.

Están a años vista de la imprescindible economía circular que hemos de adoptar si no queremos cargarnos nuestro planeta. Y lo que les va a forzar va a ser el propio turista, que dejará de ir a la ciudad si sigue respirando polución y ruido, y pisando basura. El ejemplo de NY lo habrá de seguir todas las grandes ciudades. Algunas ya están en ello. Otras no.

Las rentabilidades que podemos esperar en el quinquenio 2018-2022, según Robeco

La gestora de fondos de inversión Robeco publica cada año un documento de prospectiva en el que trata de mirar a 5 años vista y anticipar la evolución global de la economía y los mercados financieros en el mundo. Es un documento que cualquiera puede bajarse de su web, aunque está en inglés.

La verdad es que su lectura resulta muy interesante, y demuestra una capacidad de análisis global que dice mucho a favor de dicha gestora.

En el documento en cuestión augura que el quinquenio aportará una menor rentabilidad y una mayor volatilidad a los activos financieros que el quinquenio precedente, aunque las diferencias no serán importantes. En cualquier caso vaticina que la rentabilidad media de las bolsas será superior a la tasa media de inflación. Obviamente, todo ello hablando en términos medios, generales y globales. Su tesis es que en un período de 5 años siempre se producen crisis, tanto pequeñas crisis como alguna gran crisis, pero que en ese plazo todo tiende a relativizarse.

Concretamente afirma que en el período 2018-2022 sin duda asistiremos a al menos una gran crisis. Pero aún así, creen que no será una crisis extraordinaria, sino una crisis que ellos llaman «normal».

En consecuencia, las rentabilidades medias anuales que apuntan para los 7 tipos de activos financieros básicos (insisto, a nivel medio anual y global) son las siguientes, ordenadas de más a menos:

  1. Acciones de mercados emergentes: +6,25%
  2. Acciones de mercados desarrollados: +5,00%
  3. Activos financieros basados en el sector inmobiliario: +4,25%
  4. Commodities (materias primas en general): +2.75%
  5. Tesorería y activos monetarios: +0,50%
  6. Bonos high yield: +0,25%
  7. Bonos gubernamentales (estimación en base al bono alemán a 10 años): -2,50%

Es una lista que da que pensar a cualquier inversor.

Se ve con claridad que no confían en la renta fija, porque piensan que la inflación y los tipos de interés seguirán muy bajos en el quinquenio. Y, sin embargo, sí que creen que las acciones en general serán una buena opción de inversión que superará de largo la tasa de inflación. Dentro de las acciones, apuestan a que la inversión en acciones de mercados emergentes supere a los de los países desarrollados.

En otro post comentaré por encima las razones que dan para defender que en el próximo quinquenio no creen que se produzca lo que algunos economistas llaman una crisis de e¡»estancamiento secular», que sería, en su caso, la causa de una verdadera crisis profunda de los activos financieros.

China, India y Africa

Los próximos 10 años hablaremos más de China, India y África que nunca. Son, sin duda, las regiones ascendentes del mundo en estos momentos.

De China  ya está casi todo dicho. La segunda potencia mundial, y pronto la primera. Da miedo pensarlo. Y es imparable. No son una potencia simpática; ni tan siquiera en Asia, conde todos sus vecinos (que los conocen mejor que nosotros) los ven con recelo. Uno de sus objetivos a medio plazo supongo que será precisamente mejorar su imagen mundial. Si quieren ser el número uno, han de ganarse el puesto, no sólo desde el punto de vista material sino también desde el de la imagen. El liderazgo de verdad implica un liderazgo moral. Por ahora es algo de lo que China está muy lejos.

África está dando los primeros pasos para ponerse al día, aunque aún está muy lejos. Pero estamos en el siglo XXI, el siglo de la comunicación, de Internet y de los móviles. Y África ha de aprovecharse de ello. Además, la modernización de África es algo que le interesa al mundo. A Europa, que sufre ya a la vez se aprovecha de la migración africana, y que tiene ahí un mercado virgen para sus empresas y sus productos. Y China, que está volcada en África, como fuente de materias primas, de mano de obra sustitutiva de la china cuando ésta pase a ser cara, y como potenciales consumidores de productos e infraestructuras chinas. África (como Latinoamérica) es la palanca del salto al liderazgo mundial que pretende dar China.

Por último India, la gran promesa, el país más poblado del mundo. India es un país especial, que en muchos aspectos comparable a África, pero también a China. Aunque no es ni uno ni otro; es India. Punto y aparte. Actualmente parece que creciendo por encima de China. Aunque si los datos chinos son sospechosos, los indios lo son mucho más. En cualquier caso es evidente su potencial. Y ya es una realidad en muchos aspectos. Por ejemplo, India es el mayor productor de antibióticos del mundo. Pero India es un país de contrastes. Y a la vez es el país con más atas tasas de resistencia a los antibióticos del mundo. Porque los antibióticos son relativamente baratos, y de pueden comprar sin control alguno.

India es una democracia, pero una democracia muy imperfecta. En un territorio enorme y diverso, formado por muy diversos estados, de gran autonomía, como herencia del pasado colonial que no han abandonado del todo. Y es un país de enormes desigualdades, económicas y culturales, donde persiste el sistema de castas y altos índices de analfabetismo con el mayor número de ingenieros y millonarios. ¿Hasta dónde nos llevará el crecimiento de India?

Así como China es un país capitalista con estructura política comunista, India es un país aún agrícola en alto grado, con estructura política teóricamente democrática. La eficiencia administrativa de ambos deja aún que desear, pero India está claramente a la zaga. desde un punto de vista económico, India está aún muy orientada al consumo interior, al contrario de China, una economía claramente volcada al exterior. Sin duda alguna India no es ni será una nueva China. India será India. Así como China podemos adivinar adonde va, India todavía es un misterio.

Pero la gran asignatura del mundo en los próximos años (décadas) es que el concepto de economías emergentes desaparezca del diccionario, porque todos los países del mundo hayan emergido, y al frente de todos ellos, aparte de China, India y el continente africano tienen un papel esencial que jugar.

El futuro está ahí. Los empresarios no podemos olvidarlo. Y así como India y China están lejos de Europa y de España, África ha de ser nuestro terreno de juego. No podemos dejar que los chinos nos lo arrebaten. Francia creo que lo tiene claro. Todos los países de la Unión Europea hemos de compartir ese objetivo. Nos jugamos mucho.

¿Es una manera de empezar a resolver el problema de la inmigración africana?

 

 

¿Burbuja de las tecnológicas?

Estos días se está hablando de si la compañías tecnológicas que han subido con fuerza en la bolsa en los últimos dos años están experimentando el síndrome de la burbuja.

Yo me anticipo a decir que no lo creo.

Pero empecemos por aclarar de qué compañías estamos hablando.

Las tecnológicas están capitaneadas por lo que yo llamo la tripla A: Apple, Amazon y Alphabet. Y les siguen muchas más, como Facebook, Twitter, Netflix, Alibaba, etc. etc.

En estos días son objeto de la especulación periodística algunas de ellas. Por ejemplo Facebook, como consecuencia del escándalo denunciado a partir del uso de información de los usuarios de Facebook por parte de la empresa Cambridge Analytica, lo que está obligando a Facebook a restringir las condiciones de uso por parte de terceros de la información que Facebook posee de sus usuarios, lo que redundará en una reducción de los ingresos por publicidad de la red social. Todo ello, en mi opinión, no acabará con Facebook (por mucho que Elon Musk haya dicho que se da de baja), pero sí que lanza una señal de que el crecimiento de la empresa se normalizará, y con ello su evolución bursátil. ¿Quiere eso decir que no bajará su cotización? No, seguro que bajará (de hecho ya está bajando), pero no se hundirá. Facebook pasará a tener un precio equivalente a un PER más normal.

Lo mismo, creo, le pasará a otras tecnológicas.

Si tomamos Amazon, ya veníamos avisando que su crecimiento desenfrenado sin respetar nada ni a nadie, algún día vería su fin, y estos días están llegando noticias que van un poco en ese sentido. Por ejemplo, la administración Trump ya ha lanzado un mensaje de que Amazon está acabando con el comercio local en el país. Es algo que está pasando y venimos denunciando hace tiempo en otros muchos países. También están notando la presión de los sindicatos, que le reclaman mejores condiciones salariales. En España los trabajadores de Amazon ya han hecho una huelga en ese sentido.

En conclusión: las tecnológicas son buenas empresas, que están en la cresta de la ola de la innovación y que están bien gestionadas; su valor es enorme, porque sus ingresos son enormes y sus beneficios también (Alphabet, Apple, Microsoft, Facebook; Amazon aún no tanto); pero les está llegando la hora de la normalización, de pasar de divinas a humanas, y de que sus crecimientos y el valor de sus acciones entre en los parámetros habituales de cualquier otra empresa.

¿Consejo a seguir? Pues por ahora abstenerse, porque hasta que aterricen en esa normalidad, habrá turbulencias.

Las grandes compañías dominan el mundo

Un artículo de Noah Smith en Bloomberg denuncia que las grandes compañías se hacen cada vez más grandes en muchos sectores. La consecuencia es que se produce un oligopolio que tiene el peligro de que derive en una oligarquía.

Smith apunta a que ese fenómeno puede estar detrás de la generalizada bajada de salarios y subida de precios que atenaza a la clase media de muchos países y que explica en parte que se mantengan índices de inflación bajos en la mayoría de países.

El trabajador-consumidor puede estar pagando por ese fenómeno de mayor poder de las grandes empresas. Y fomentando, a la vez, un círculo vicioso: menos capacidad de compra y de ahorro, menor actividad económica general y mayor cuota de los gigantes empresariales en los respectivos mercados en los que se mueven.

La única manera de salir de ese círculo es una mayor vigilancia e intervención de las autoridades públicas de defensa de la competencia y que facilten el aprovechamiento de las oportunidades que se presentan a las empresas pequeñas y medianas que retan a esos gigantes con sus propuestas de valor innovadoras.

Sin duda hemos pasado un período favorable a los grandes, que se ha plasmado, entre otras cosas, en la importante subida de las bolsas. Esperemos que el próximo lo sea para los pequeños.

Para los inversores eso quiere decir apostar por los llamados small caps y por la inversión fuera de la bolsa, a través de fondos de private equity.

¿Cuál es el futuro del trabajo?

Acabo de leer un artículo en la revista norteamericana Político que me ha reafirmado sobre un hecho que está impactando con fuerza en la sociedad occidental en general y desde luego en España: la degradación del trabajo y sus consecuencias sobre el malestar social general que padecemos, en forma de trabajos basura y desempleo.

Es un tema que toca en profundidad el libro El ocaso del empleo publicado por Libros de Cabecera y del que son autores Jordi Serrano y Santiago García.

Hay hechos irrefutables que indican que el problema es grave y generalizado. Por ejemplo, en Estados Unidos (en España por supuesto) en los últimos 10 años, el crecimiento del empleo ha sido al 100% en trabajos temporales o precarios. Allí empiezan a alarmarse. Aquí llevamos tiempo alarmados.

La cuestión es qué se puede hacer para pararlo, porque es una consecuencia del cambio que nos ha aportado el avance de las tecnologías de la información y la automatización de procesos, que ahora está culminando con la robotización. Y es imparable. Sólo podemos paliarlo, a priori, con una educación que permita al trabajador ponerse al servicio de la tecnología y no contra ella; y a posteriori, con medidas sociales de reeducación y apoyo social.

Está claro que todo trabajador que no aporte un valor intrínseco a su trabajo, sino que pueda ser sustituido por la tecnología (en definitiva las máquinas) o que como consecuencia su trabajo se realice en una parte del proceso de generación de valor que haya dejado de tener demanda, puede ponerse a temblar.

Todo ello incide en un tema que nos debe preocupar a todos, y sobre todo a los jóvenes: hay que estar reciclándose continuamente en esta vida, porque el toro de la obsolescencia nos va perseguir siempre.