Futuro

¿Estamos en el pico del pesimismo?

Al menos eso es lo que siento ahora mismo.

Leo en El Confidencial una entrevista a Francisco Salmerón en la que afirma que «el Covid ha llegado para quedarse y no demos por seguro que habrá vacuna».

La directora del Fondo Monetario Internacional dice que esta será la mayor depresión desde el crack de 1929.

Escucho un webcast de una firma americana de fusiones y adquisiciones una recomendación a los empresarios de que vendan su empresa cuanto antes, a poco que aún esté sana, porque esto va para largo y las valoraciones se hundirán aún más.

Espero que sea un efecto indirecto de que estamos en Viernes Santo…

¿V o U?

Esta es la gran cuestión que ahora mismo se está debatiendo. ¿Tendremos una recuperación en V o en U?

Entre una y otra forma de salir de la crisis hay un abismo. Como dice el director de estudios de Caixabank: «Hemos de hacer todo lo posible para que sea en V»

Quien soportará el coste del post COVID19

Aunque esta pandemia no está ni mucho menos superada, ya empieza a debatirse el cómo salir de la crisis y quién y cómo deberá soportar sus costes.

Yo me he hecho mi propia reflexión, que expongo con el deseo de ayudar a mis lectores a aclarar sus ideas, porque hemos de evitar las afirmaciones irreflexivas que ya empiezan a escucharse.

Lo primero que creo que debemos aceptar es que el esfuerzo necesario para salir adelante deberá ser soportado por todos de forma equitativa. Todos quiere decir los más poderosos y ricos y los menos. Obviamente que la claves es definir el modo para que se pueda considerar un reparto equitativo. Por ahí vendrán los problemas.

Otra cosa que también debemos tener clara es que, de modo directo o indirecto, quienes soportarán la crisis serán los ciudadanos, las familias. Tu familia, mi familia, o la de Amancio Ortega o Ana Botín. Porque detrás de las empresas o los gobiernos, no debemos olvidar que hay familias. Familias de los accionistas, los directivos o los trabajadores…

Esos son los tres entes que van a jugar aquí:

  1. Ciudadanos: trabajadores, empresarios, ahorradores/inversores, jubilados, funcionarios…
  2. Empresas: grandes, medianas, pequeñas, bancos…
  3. Gobiernos: locales, nacionales o supranacionales, incluidos organismos públicos de todo tipo.

Esa triada va a apoyarse en los dos sistemas socio-económicos que son clave en nuestra sociedad:

  • El sistema financiero: bancos privados y públicos e instituciones financieras de todo tipo.
  • El sistema fiscal: los impuestos, los presupuestos de gasto, las ayudas en forma de subvenciones o préstamos, etc.

Entre esos 5 elementos, a través de múltiples mecanismos, habrá que encajar el desajuste que implica el parón económico y las consecuencias sociales que va a suponer el coronavirus.

Vuelvo a decir que, lo resolvamos como lo resolvamos, al final de todo hay ciudadanos, estén en España o en Alemania, sean ricos o pobres. Personas que verán afectada su vida y su economía por las medidas que se adopten. No entidades impersonales en las que hay quien puede pensar que acaba todo. Detrás de cada gobierno están sus ciudadanos, que pagan sus impuestos y cumplen sus directrices. detrás de cada empresa están sus accionistas y sus empleados, que cobran sus dividendos o sus salarios. Nadie querría sacrificar nada, pero todos habremos de hacerlo. El COVID19 va a impactar en sus vidas y en sus patrimonios, de un modo u otro.

De los 5 elementos que he citado al principio, queda claro que quienes tienen un mayor protagonismo son los gobiernos, porque están en lo alto de la pirámide e influyen en todos los demás: empresas, ciudadanos, sistema financiero y sistema fiscal. Pero eso no quiere decir que no sea importante el papel de cada uno de ellos.

Pensemos un poco en el papel que juegan.

Los ciudadanos

Ya he dicho, y repito, que ellos son, al final, los que han de poner en común sus esfuerzos para salir de esto. Para ayudarse entre ellos. Unos lo harán voluntariamente y otros obligados, pero ha de ser así. No son las empresas, por ejemplo, las que aportan o reciben fondos, sino que los aportan o reciben sus accionistas, directivos o trabajadores. No debemos olvidar eso cuando decimos «las empresas han de pagar más impuestos» o «las pymes han de recibir subvenciones». Las empresas no son entes abstractos e impersonales; detrás de cada una de ellas hay personas.

Cuando hablamos del gobierno, y por ejemplo decimos que «el gobierno debería pagar una renta básica», ya entendemos que hay personas que lo necesitan y que recibirán esa renta, pero no siempre caemos que ese dinero sale de otras personas, que deberán pagar más impuestos, o dejar de recibir rentas del gobierno (sueldos de funcionarios o subvenciones empresariales, por ejemplo). Los gobiernos no tienen una máquina de hacer dinero hasta el infinito. Si quieren gastar más de lo que ingresan deben pedir prestado (es lo que se llama la Deuda Pública) y lo que hacen entonces es ponerle una deuda a las generaciones venideras, que no podrán gastar todo lo que recauden sino que deberán pagar esos préstamos con sus intereses, como ya nos pasa ahora, por cierto.

Tras esta crisis todos los ciudadanos del mundo veremos reducido de un modo u otro nuestro patrimonio y nuestras expectativas económicas. A corto plazo será por la diferencia entre lo que recibamos del fondo común (en forma de ayudas o subvenciones) y lo que debamos aportar de más (en forma de impuestos). Además de la reducción de patrimonio que experimentaremos porque nuestra vivienda o nuestras acciones o nuestra empresa van a valer mucho menos, porque la economía va a entrar en recesión con fuerza, de la que no sabemos cuándo nos recuperaremos.

El sistema fiscal ya tenemos claro como actuará de mecanismo de reajuste entre unos ciudadanos y otros. ¿Cómo lo hará el sistema financiero? De diversas maneras.

  • Habrá ciudadanos que comprarán los bonos que emitan los  diversos gobiernos. Puede que un ciudadano español compre un bono italiano, y uno italiano compre un bono del estado español. De esta manera los gobiernos podrán hacer frente a las ayudas a empresas y trabajadores.
  • Otros comprarán bonos emitidos por las empresas, para que no entren en concurso y así mantengan los puestos de trabajo.
  • Otros comprarán bonos de los bancos, o mantendrán depósitos en ellos, para que esos bancos les presten dinero a las empresas, los autónomos o a los ciudadanos directamente.

Las empresas

Las empresas hand e defender ante todo su viabilidad; es decir, su capacidad de seguir operando, de sobrevivir. Han de defender sus activos, sus marcas, sus productos, sus clientes, sus mercados y, por supuesto, a sus empleados y a sus accionistas.

Si cae una empresa, todos ellos quedan afectados. E indirectamente toda la sociedad.

La cifra de ventas caerá, los beneficios se reducirán, el empleo se reducirá, el valor de la empresa se hundirá, pero siempre vale más una empresa viva que una empresa muerta. La sociedad no se puede permitir que las empresas mueran, y del mismo modo que los médicos y sanitarios han luchado por que las personas no mueran (o que sean las mínimas), hay que luchar por que no mueran las empresas. Aunque hay que asumir que las más débiles morirán. Y así como a las personas no las podemos resucitar, a las empresas si que las podemos refundar. Pueden empezar de nuevo, o fusionarse con empresas más grande so más fuertes. El resultado final no debe ser necesariamente negativo, como he explicado en uno de mis post.

La forma en que las empresas sean tratadas por el sistema fiscal y el financiero, con el apoyo de los gobiernos, será clave para que la mortalidad sea la menor posible. Es un escenario similar al de los hospitales. Hay que diagnosticarlas y tratarlas, y a aquellas en peor estado hay que ponerlas en la UCI, para ver si alguna puede salvarse.

Pero habrá que admitir que también aquí habrá fallecidos.

Recomponer el escenario empresarial no será fácil, los gobiernos deberán ejercer de árbitros en ese reequilibrio para que sea rápido y justo.

Los gobiernos

En ese papel de gestionar el reparto de las ayudas y los costes de este proceso de reequilibrado al que nos enfrentamos todos, están todos los gobiernos del mundo. En al caso español hay tres niveles de gobierno especialmente implicados:

  1. La Unión Europea
  2. El Gobierno de España
  3. El gobierno de nuestra comunidad autónoma

Todos los gobiernos han de hacer frente con sus recursos a los desequilibrios que se produzcan en sus zonas de influencia, y coordinarse a su vez entre ellos.

Los recursos de todos los gobiernos provienen de sus presupuestos. Cuando aparece un gasto inesperado (como es el caso) tienen tres vías de actuación, que pueden y deben utilizar de forma simultanea:

  1. Tratar de aumentar los ingresos, lo que implica básicamente subir los impuestos existentes o crear nuevos impuestos, siempre en el ámbito de su autoridad: La UE a los países, el Gobierno de España a sus ciudadanos y empresas (incluidos los bancos y los clubs deportivos, por ejemplo), los gobiernos de las comunidades a los ciudadanos y empresas en el ámbito de su comunidad y en el contexto de la legislación nacional.
  2. Reducir los gastos de todas las partidas del presupuesto en la medida que sea posible. Por ejemplo el sueldo de los funcionarios públicos o el de los políticos. Y reducir o incluso eliminar las inversiones, aplazándolas lo máximo posible. Como hará cualquier empresa.
  3. Pedir dinero prestado, sea a instancias superiores o a los mercados financieros (si están dispuestos a prestárselos), para poder gastar más de lo que ingresan.

Como ya he dicho antes, cuando un gobierno se endeuda está pasando una carga a sus ciudadanos del futuro.

El sistema financiero

Lo conforman los bancos centrales de cada moneda (en nuestro caso el Banco Central Europeo junto a los bancos centrales de cada país) y los bancos y entidades financieras de cada país, los mercados financieros (las bolsas) y, en definitiva, los inversores.

A ellos acudirán los ciudadanos, las empresas y los gobiernos a pedir prestado el dinero que necesiten para hacer frente a las necesidades especiales provocadas por esta crisis. Alguna de estas peticiones será de dinero nuevo, y otras serán de aplazamiento (o condonación) de préstamos antiguos. Serán negociaciones tensas.

El sistema financiero prestará en función de las expectativas de recuperación de lo prestado. En este aspecto será clave que los entes superiores respalden y avalen, si cabe, a los inferiores: las empresas a los ciudadanos, los gobiernos a las empresas y los entes supranacionales a los gobiernos.

La cúpula de esos sistemas financieros, y sobre todo los bancos centrales más importantes, destacando la FED norteamericana y el BCE europeo, va a jugar un papel capital (nunca mejor dicho) en esta crisis y en la rapidez y coste de su recuperación.

En conclusión

Todo va a depender de la rapidez con que la economía se recupere, de modo que se eviten quiebras en cadena y se evite entrar en un círculo vicioso letal para todo el sistema.

Lógicamente, los países, empresas y ciudadanos que estén menos endeudados, que tengan mayores reservas para utilizar en estos momentos, son los que saldrán mejor parados. Quienes tengan un exceso de endeudamiento y no puedan acceder al crédito, tendrán muy difícil la salida. Los gobiernos endeudados (como Italia y España) habrán de hacer recortes más serios en sus gastos actuales. En ese contexto se enclava la dura discusión que se está llevando a término estos días en la Unión Europea. Es posible que hablemos de congelación de pensiones y sueldos de funcionarios, si no en recortes. Y, como ya he dicho, congelación de inversiones.

Las empresas lo tendrán más complicado. En cualquier caso habrán de:

  • Congelar dividendos
  • Congelar inversiones
  • Recortar personal no esencial
  • Rebajar sueldos
  • Recortar gastos superfluos y renegociar contratos, como los de alquiler
  • Vender o reducir activos (oficinas, naves, mquinaria…). He escrito un post en ese sentido.

Los ciudadanos que necesiten endeudarse y no tengan opción de hacerlo deberán recortar gastos al máximo y prescindir de gastos como, por ejemplo:

  • ocio, viajes
  • renovación de mobiliario
  • renovación de automóviles

Quizás haya quien deba plantearse la venta de sus inmuebles, aunque los precios van a ir a la baja, lo mismo que los alquileres.

En suma, vamos a enfrentarnos a un tsunami que marcará una época. Habrá un antes y un después de a crisis del COVID19. Ya nadie lo discute. Dejará un rastro de cambio profundo en los cinco ámbitos que menciono en este post. ¡Y sobre todo en los ciudadanos! Nadie está a salvo.

 

 

57 proyectos de vacuna contra el COVID19

Leo que hay 57 proyectos en marcha de desarrollo de una vacuna. 54 de ellos están en pre-clínica, es decir, en fase de laboratorio; 3 ya están en la primera de las 3 fases de prueba que se exigen a todo nuevo tratamiento médico.

Si alguno de vosotros tiene interés en seguirlo, puede entrar en la siguiente web:

https://vac-lshtm.shinyapps.io/ncov_vaccine_landscape/?mc_cid=6f57007826&mc_eid=ba1f8fe231

Estoy seguro de que sin duda la conseguiremos. La cuestión es que no antes de 1 año.

Son momentos de primar la tesorería

Voy a entresacar algunos consejos del tipo de los que incluye mi libro Gestión de la Tesorería (www.librosdecabecera.com) para aquellos empresarios que deban hacer frente a la crisis de liquidez que viene unida a la pandemia de COVID19.

Las voy a agrupar en función de los objetivos que persiguen.

No pretendo ser exhaustivo, sino al menos dar una guía de urgencia.

Mejorar la cuenta de resultados

Aunque no sean propiamente medidas de tesorería, indirectamente lo son, y no podemos olvidarlas, porque su impacto es grande y directo:

  • Recortar gastos. Todo lo que se pueda sin incidir en los ingresos. Desde reducir el personal para adaptarlo a la actividad hasta eliminar gastos superfluos, como cuotas de gimnasios o de servicios prescindibles.
  • Aumentar ventas, aunque sea con menores márgenes de los normales. Eso si, como veremos a continuación, ventas que se vayan a convertir en cash lo antes posible.
  • Pedir todas las ayudas públicas que sea posible. A poder ser en forma de subvención.

Reducir las necesidades de capital de trabajo

  • Pedir más financiación a proveedores, aunque sea pagando un recargo. Mejor hacerlo avisando y negociando, que dejar de pagar porque sí. Primar las compras a proveedores que nos den más plazo de pago.
  • Perseguir el cobro de todos los saldos pendientes de clientes. Aunque sea ofreciéndoles un descuento por pronto pago.
  • Aumentar los controles de convencía de los clientes, y subir el listón, si es necesario. Exigir el pago al contado a quienes generen dudas. Aunque sea abonándoles un descuento por pronto pago. Siempre que el margen lo pueda soportar.
  • Recortar los niveles de stock. Ante todo primando la venta de los productos que tengamos en stock. Pero también reduciendo los lotes de compra y seleccionando proveedores con plazos de entrega más cortos y lotes mínimos más pequeños.

Tomando otras acciones sobre el balance que puedan generar liquidez

  • Vendiendo cualquier activo que no sea imprescindible, como maquinaria, locales o viviendas que no sea vitales, oficinas no ocupadas o excesivamente grandes o acciones de otras empresas a las que podamos dar salida.
  • Obviamente utilizando todas las líneas de financiación bancaria disponibles. Y nuevas líneas si los bancos nos las conceden.
  • Si es posible, pedir una aportación de capital a los socios. Sea en forma de aumento de capital o de préstamo participativo.

Haciendo una buena previsión de tesorería

  • Elaborando cada semana una previsión detallada de tesorería a 3 meses vista, y comentándola con el equipo directivo, para decidir qué pagos hacer y cuáles se pueden posponer, y qué ingresos deben perseguirse con especial ahínco.
  • No invirtiendo si no es imprescindible, y sobre todo no comprando si se puede alquilar.

Y por si acaso, preparando medidas legales

  • La más destacable y poderosa es el concurso de acreedores, que tiene una fase previa que es el preconcurso, que puede ser de gran utilidad para precisamente evitar el concurso llegando a un acuerdo previo con los acreedores. Sobre todo con los bancos y los organismos públicos.

Todo sigue pendiente de saber cuándo podemos volver a la normalidad

Leo o escucho a muchos analistas tratando de discernir lo que está pasando en las bolsas o en la economía, y todo gira alrededor de un único dato: cuándo podremos volver a la normalidad y las empresas volverán a producir y la economía a girar. Solo entonces podremos hacernos una idea más clara de cuándo recuperaremos el empleo, las bolsas, los déficit públicos, etc.

Estamos en un momento en que las noticias siguen siendo confusas. Junto a la evolución esperanzadora de los países europeos (que, en general, van de peor a mejor), como Italia y España (aunque quizás con la excepción de Gran Bretaña, que está retrasada por la tozudez de su primer ministro), América está en plena lucha con el virus, y todos aceptan que lo peor está por llegar. Y Asia avanza, aunque con sustos como el empeoramiento de Japón. Es decir, seguimos con la incertidumbre de no saber cuando volveremos a arrancar.

Hoy leo que Austria quiere ser la primera, y me alegro de ello y espero que tengan éxito y nos marquen a los demás el camino a seguir.

Mientras tanto, los mercados financieros seguirán a la expectativa. ¡Y lo que es más importante, se riñan poniendo más nerviosos cuanto más se alarguen los plazos! Porque saben que cuanto más tiempo paralizado, más tiempo necesita el cuerpo para recuperar sus músculos. Y en eso estamos.

Las políticas permisivas con el COVID no dan resultado

Japón declara el estado de emergencia ante el resurgimiento de brotes de coronavirus. En Gran Bretaña Boris Johnson es hospitalizado. En Brasil el ejército cuestiona a un Bolsonaro que desprecia las medidas de confinamiento. En Estados Unidos crecen los contagios y las muertes, y la reelección de Trump se pone en cuestión e incluso los demócratas se plantean sustituir a Biden por el gobernador de Nueva York, Andrés Como.

Parece que la política de confinamiento que conlleva tomarse en serio el COVID, a pesar de la crisis económica que conlleva, son las que predominan.

Asumámoslo, muchas empresas habrán de empezar de nuevo, pero no tiene por qué ser malo

Creo que este parón universal va a provocar muchas situaciones de insolvencia. En España muchos concursos de acreedores. Y desde luego va a causar mucho daño. Pero cuanto antes lo asumamos antes lo superaremos. De alguna manera las empresas habrán de empezar de nuevo, sobre lo que quede aprovechable de esta crisis. Los jueces mercantiles habrán de tenerlo en cuenta, y los legisladores habrán de ayudar a que así suceda. No será fácil, pero seguirá habiendo empresarios con ganas de seguir y tirar adelante.

Y aunque ahora pensemos que nuestra empresa no vale nada, y si miramos a su balance puede que así sea, las empresas valen lo que valen sus expectativas de futuro. Y si alguien fue capaz de levantar una empresa antes, por qué no ha de serlo ahora. Y más, como digo en otro post, si el mercado se despeja y todos empiezan de nuevo, y los competidores son menos y el equipo está unido…

Miremos al futuro, ahora tan incierto, con ánimo, y empecemos a prepararnos mentalmente para volver a empezar.

El sector del comercio (del retail) no habrá quien lo reconozca después del COVID19

Creo que desparecerán los comercios Offline puros, excepto los muy muy especializados, y siempre que incluyan un importante nivel de servicios asociados al producto.

En general solo quedarán empresas que combinen sus ofertas online y offline.

Habrá pocos generalistas. A nivel global, Amazon y Alibaba, ya inalcanzables. A nivel regional, algunos players de menor tamaño, y siempre que traten de especializarse en un segmento de clientes y que incorporen algún tipo de servicio adicional. Pero serán pocos y débiles.

El resto serán especialistas, con ofertas verticales, que tratarán de imponer su conocimiento del producto y de nuevo algún nivel de servicio adicional especializado. Los comercios locales solo podrán sobrevivir si combinan tres factores:

  1. Especialización de producto
  2. Focalización en un segmento de clientes
  3. Incorporación de servicios adicionales

Habrá cierres a espuertas y el panorama, salvo por los dos grandes, cambiará radicalmente. Y eso va por casos como los de El Corte Inglés en España o Macy’s en Estados Unidos. Y no digamos los comercios de pueblo…

COVID19: ¿la gran purga que necesitaba la economía mundial?

Puede resultar chocante lo que voy a decir, pero es una perspectiva positiva que quizás tenga esta crisis. Se trata de la siguiente tesis: ¿y si este inesperado y radical fenómeno que estamos experimentando fuera como una enorme PURGA global que limpiara la economía de todo el mundo y a todos los niveles, acabando con los malos hábitos de los consumidores y con las empresas y gobiernos más débiles?

Si fuera así, y a lo mejor es así, pasada la crisis tendríamos, en el medio/largo plazo, un mundo económicamente más fuerte y quizás más sostenible y más equitativo, más socialmente responsable.

Vuelvo a decir que puede sonar a utópico, pero creo que es un escenario plausible.

Desde el punto de vista empresarial, esta crisis hará desaparecer a muchas empresas, pero no desaparecerán las empresas. Seguirán habiendo startups, pymes y grandes empresas. Pero solo quedarán las más fuertes, las mejor capitalizadas, las mejor planteadas, las que tengan mejores accionistas, directivos y empleados, las que estén más unidas y sean más productivas. ¿Es eso malo? No, al contrario. Las que queden podrán expandirse más rápido, sin tener que sufrir la competencia de las más débiles, que ralentizaba su crecimiento.

Puede ser una especie de depuración, de selección natural de las empresas. Que no quiere decir que sobrevivan las más grandes, sino las mejores, que no tienen por qué ser las más grandes.

Y la economía global, una vez purgada, puede crecer más y mejor, lo que redundará en beneficio de los ciudadanos y de los gobiernos.

Es el viejo dicho de que «no hay mal que por bien no venga» que hemos oido  a nuestros abuelos.

Ojalá.