Futuro

Los gobiernos están atados de manos, ¿es eso malo?

Las administraciones públicas no tienen munición para tratar de animar la economía con sus gastos e inversiones. Sus tesorerías están vacías y nadie les presta dinero. ¿Es eso un problema?

Hay quien dice que si. Yo no lo tengo tan claro. Después de la incompetencia que han demostrado en general, quizás es mejor que no hagan nada a que lo hagan mal. Que se queden quietos y no j…..

Somos los ciudadanos, los profesionales y los empresarios quienes conseguiremos salir de la crisis por nosotros mismos. Trabajando bien y haciendo nuestros deberes.

¿Tirar la toalla?

Ayer asistí a una presentación del libro INNOVACION de Enric Barba. En el turno de preguntas, los asistentes, algunos pequeños empresarios, denotaban cierto desánimo ante la perspectiva de innovar, debido a la situación de crisis que atraviesan las pequeñas y medianas empresas con especial dureza.

La respuesta de Enric fue clara y acertada: ahora precisamente es cuando hay que hacer un esfuerzo mayor para innovar, teniendo en cuenta que innovar no significa necesariamente gastar dinero. Hay que poner en marcha la imaginación. Y sobre todo hay que escuchar y estudiar al cliente y sus necesidades, para darle algo mejor que la competencia.

¡La imaginación al poder! Y pensar es gratis.

Así que de tirar la toalla, nada.

A la búsqueda de la fórmula mágica

Me da la impresión, cuando oigo a Obama hablar de las nuevas medidas de apoyo a la economía y a otros, que estamos ante la búsqueda de la fórmula del éxito económico a  nivel de cada país, cada gobierno con sus propias fórmulas, en una actuación en directo que contempla todo el mundo con ansiedad y ciertas dosis de estupor.

Unos apuestan por la inversión y el gasto público para reanimar la economía (como los EEUU, que no abandonan sus recetas keynesianas), otros, como Alemania, insiste en la vía del recorte de gastos. En medio los ciudadanos desconcertados y los economistas divididos. Además, hay países que, aunque quisieran, no podrían aplicar las fórmulas keynesianas porque su déficit público y los mercados de deuda no se lo permiten. Crece la sensación de que no hay soluciones y de que el margen de actuación se va estrechando paulatinamente.

En cuanto algún país dé con la solución mágica, los demás lo imitarán, y quizás ese sea el inicio de la recuperación de la confianza y de la senda del crecimiento y la creación de empleo.

Yo soy de los que nunca pierden la esperanza, pero hasta en mis más optimistas escenarios veo siempre una solución lenta y dolorosa.

Lunes negro

Que la gerente del Fondo Monetario Internacional sea quien lance el mensaje apocalíptico de una depresión económica mundial no parece algo lógico. Porque, además, este tipo de mensajes se convierten a menudo en auto-profecías.

Tampoco parece lógico que la bolsa alemana caiga en este lunes negro más que la española. Ni que esto pase en un día en que las bolsas americanas están cerradas por la fiesta de Labor Day.

Pero una cosa es la lógica y otra lo que está pasando en este mundo en el que nadie cree en nada, y el hundimiento de expectativas está influyendo en una caída en el consumo y la inversión en todo el mundo como no se había visto nunca, provocando así mismo una nueva caída de expectativas que nutre un círculo vicioso que si no se para pronto se necesitarán años para volver a poner en marcha la rueda económica. No es sólo un problema de España, ni es sólo un problema de falta de financiación. Es un problema mundial al que los políticos mundiales, empezando por la flamante gerente del FMI han de poner solución.

Si eso no ocurre pronto, se nos acabarán los días negros y vamos a tener que hablar de los años negros. Y los problemas no sólo serán económicos, sino sociales; y muy graves.

Cada vez estoy más preocupado con la situación. Creo que ya no está en manos de los empresarios y los ciudadanos de a pie. Y me aterra que haya pasado a manos de los funcionarios y los políticos, porque no creo en ellos. No creo, por ejemplo, en sus promesas vacías de que van a crear empleo (¡que miedo me da oír a un político decir que va a crear empleo! ¡los únicos empleos buenos que se crean los crean los empresarios!, al menos en el sistema capitalista, que es el menos malo de los sistemas). Ni en sus elucubraciones de reducir el déficit que no ahondan en la enorme ineficiencia y derroche de los aparatos funcionariales y las estructuras públicas.

Supongo que es lo mismo que piensan muchos inversores, y eso explica que se refugien en el oro o en el franco suizo, y que vendan aterrados sus acciones. Eso explica los lunes negros como el de hoy. Y así sucesivamente.

La salvación del mundo pasa por China

Creo que la “salvación del mundo” pasa por China (y no es broma). El programa de aumento del consumo y la inversión en China puede ayudar al mundo a recuperarse de este pozo al que le llevó la “exuberancia irracional” que produjo el monstruo de las hipotecas basura y que llevó a pensar a los inversores que el riesgo era cosa del pasado y a muchos países y a muchas empresas y personas a creer que el crecimiento era infinito y que el que no se endeudaba era un cobarde y un necio (y así se llegó a la situación actual de exceso de apalancamiento: ¡6 billones de exceso de apalancamiento en el munco! dicen en Credit Suisse.

Insisto, los emergentes y en especial China, han de salvar al mundo, y de paso arrebatar el liderazgo mundial de las manos de los EEUU y de la UE (si es que le queda algo), ya que ambos han estirado más el brazo que la manga y a ambos les falta la efectividad política que demustra el gigante chino y las ganas de trabajar y ahorrar de sus ciudadanos.

Aunque yo espero y deseo que tengamos un mundo mejor al final de ese proceso: unos chinos más occidentalizados, unos USA y UE más conscientes de que hay que trabajar y exportar, y que no vale con que nos lo den todo hecho. Y un resto del mundo poco a poco más rico y equilibrado.

En China empiezan a plantearse cambiar operarios por robots

El mundo sigue un continuo ciclo. En consecuencia, las pautas económicas y sociales se repiten de un país a otro, de una región a otra, de un continente a otro. Quizás en el futuro de un planeta a otro.

Así como en los países desarrollados ya pasamos el proceso de sustitución de personas por máquinas, y los puestos de menor cualificación han sido o son sustituidos por robots de mayor o menor sofisticación, resulta que en China, el más avanzado de los países emergentes (de modo que casi resulta chocante ahora llamarlo emergente, porque ya ha emergido del todo, y de qué forma), pues resulta que ya están empezando a pensar en sustituir obreros por robots.

Leo en The economist (www.econosmist.com) que la mayor empresa industrial china (Foxconn), que emplea a más de un millón de personas (si, 1.000.0000, no me he equivocado, ¡500.000 de ellos en una única fábrica!), pues se está planteando poner robots para, según su presidente, “mover empleados de tareas más rutinarias a tareas de mayor valor añadido, como I+D+i…” La razón estriba en que sus empleados exigen sueldos cada vez mayores, y reclaman mejores condiciones de trabajo, y los dirigentes empresariales chinos están empezando a pensar como los occidentales.

Yo creo que no será un proceso fácil ni rápido, porque el Gobierno chino lo controlará muy de cerca, pero estoy convencido que ocurrirá, y quizás más rápido de lo que pensamos. Y creo que detrás de ese proceso existe una gran oportunidad para el mundo occidental tanto de proveer a los chinos de esas máquinas como de volver a competir con ellos en términos de igualdad.

Otras cosa es saber cómo se reubicará esa fuerza laboral inmensa si se la saca de las líneas de montaje. Ese problema lo dejo para los chinos. Quizás sea una cuestión generacional. Esta generación en las fábricas, la siguiente en los servicios. Y más y mejor educada. ¡No nos vamos a librar de China ni de los chinos fácilmente! Muchos de ellos saldrán del país y los tendremos por aquí, como ya es ahora.

¿Hacia dónde irá las lineas de  producción con mano de obra barata? Pues en principio hacia otros países asiáticos. Y después hacia África. ¿Otra razón más por la que los chinos están invadiendo África?

Gestionar la cartera de acciones es como dirigir una batalla

Hace poco leía las batallas de Aníbal y Escipión, en la Europa de hace más de 20 siglos. Se trataba de saber ganar y también de saber perder retirándose a tiempo para poder seguir vivo y esperar ganar en la siguiente batalla. Los grandes generales lo hacían muy bien. Por eso, aunque perdieran batallas, ganaban las guerras.

Ahora tengo la misma sensación cuando trato de tomar decisiones sobre qué hacer con mi cartera de acciones frente a este enemigo que es la bestia de los mercados, el oso pesimista que cree que todo va a ir peor y vende, vende, con furia incontenible. Ahora mismo es invencible, y lo mejor es retirarse e irle dando carnaza para que nos deje escapar vivos, aunque sin duda seriamente heridos. ¿Parará en algún momento este oso vendedor? Seguro que si. No sabemos cuando, pero sabemos que lo hará en algún momento. Hay que estar preparados para atacarle en ese momento.

Claro que ahora mismo nos entran las dudas de que tengamos fuerzas al final de esta batalla. Si el oso sigue atacando puede que nos quedemos sin fuerzas y perezcamos. ¡Animo, inversores del mundo! ¡Seguid en pie! Aunque sólo sea porque fuera de esta batalla apenas hay nada, salvo la cobardía de la liquidez, y esa tampoco es del todo segura.

La gran cuestión de fondo: bajar la deuda

Como ya he comentado varias veces, la economía de los países occidentales se enfrenta a una situación de rebaja generalizada del ratio de endeudamiento a todos los niveles: personas,  empresas, bancos y gobiernos. Y eso provoca gran parte de los problemas que padecemos.

Las personas deben ahorrar más para reducir sus deudas.

Las empresas deben aumentar sus fondos propios, saliendo a los mercados financieros y prescindiendo de los bancos.

Los bancos han de mejorar el ratio entre sus créditos y su capital, ya sea aumentando el capital (que será complejo) o reduciendo o congelando sus créditos, por eso las empresas se quejan de que la banca no da créditos.

Los gobiernos de los países desarrollados han de eliminar o reducir sus déficit fiscales, porque los prestamistas no están dispuestos a seguir prestándoles si no lo hacen. Tienen poco margen para aumentar impuestos, ni su crecimiento será suficientemente grande para elevarlos, por lo que habrán de recortar gasto público. En definitiva las sociedades europeas y desarrolladas en general van a ir a menos. Habrán de aceptar una grave degradación de la sociedad del bienestar. Es injusto para los ciudadanos (en especial para las nuevas generaciones), pero inevitable.

En los próximos años veremos ir hacia arriba a las sociedades emergentes, y abajo a las de los países desarrollados. Vamos hacia un mundo más homogeneo hacia finales de este siglo. Mientras tanto,  quienes quieran prosperar habrán de contar con ellos. La primera China. Apuntaban que se van a construir 7 millones de viviendas anuales en los próximos 5 años en China. Aquí nos sobra capacidad (empresas, arquitectos, empleados) en ese sector. Allí les falta…

La realidad de Europa

En estos días se habla mucho de la Unión Europea, y aún más de la Unión Monetaria (los 17 países de la UE que comparten el euro como moneda).

En mi opinión la Unión Europea de verdad es la Unión Monetaria.

Hoy he leido un artículo de Manuel Estapé en el diario La Vanguardia que aconsejo leer a mis lectores por su brillantez y calidad. Se titula “La división monetaria” y es muy pesimista respecto al futuro del euro porque explica, en síntesis, que el los 17 países del euro de separan en dos bloques antagónicos: por un lado hay 8 países con superávit conjunto de 187.000 millones en la balanza externa, liderados por Alemania y el Benelux, que representan sólo el 39% de los 330 millones de habitantes que suman los 17, y cuyo PIB conjunto es el 45% de los 17. Frente a ellos, los 9 restantes, con Francia, Italia y España a la cabeza, son el 61% de la oblación y el 55% del PIB. España es, de hecho, el 4º gran país de la Unión Monetaria por PIB, pero tiene un déficit de 41.000 millones de euros en su balanza exterior, exactamente igual al superávit que tiene Holanda. Italia tiene un déficit similar (si, Italia) y Francia tiene un déficit mayor: 67.000 millones.

Por cierto, en cuanto a déficit público, las cifras de Francia y España son similares: -6,3-6,4%

La verdad es que son datos que retratan perfectamente la realidad de la Unión. Y que ponen a cada uno en su sitio.

El autor deduce que esa división es insalvable, porque, además, dice, hay que añadir el factor demográfico y estructural de cada economía, que hacen que los indicadores de los PIGS (paro, inflación, etc.) estén en las antípodas de los alemanes.

Yo no soy tan pesimista, pero coincido con él en que o la Unión Europea se pone las pilas, o el euro, y con él la propia Unión, se van a ir al traste.

O resolvemos la bancarrota griega o nos vemos abocados a un terremoto financiero

La economía global (no sólo la europea) sigue  pendiente de la crisis de la Unión Europea, y en concreto la Zona Euro, a la que viene arrastrada por la quiebra del Estado griego. O resolvemos este problemón, o todos, europeos y no europeos, lo vamos a pasar muy mal.

Los líderes mundiales lo saben, y por eso estamos saben que no hay más remedio que buscar soluciones, aunque todas ellas pasen por caminos espinosos.

En primer lugar porque los griegos, igual que los españoles, portugueses e irlandeses, se han de tragar el sapo de los recortes presupuestarios, que se traducen en recortes sociales. La hucha no da para más.

En segundo lugar porque la UE va a pagar un alto precio al tener que contribuir todos los Estados a la solución económica del problema. También le va a tocar a los EEUU e incluso a China, porque todos los poseedores de deuda griega van a tener que arrimar el hombro aceptando quitas y esperas de mayor o menor alcance.

A cambio, que traerá de bueno a largo plazo este episodio.

Lo primero que la UE será más unión, y mecanismos como el Gobierno y el Parlamento Europeo han de salir reforzados, incluso el BCE. Los presupuestos estatales se deberían validar en el Parlamento Europeo, y debería hacerse más ejecutivo y fuerte el Presupuesto de la Unión. Debería crearse una especie de FMI europeo. El euro saldrá reforzado de todo eso y se afianzará como la segunda divisa mundial.

Lo segundo es que ha de ayudar a armonizar la UE, ayudando a los PIGS a mejorar la productividad de sus economías, desde le empresa privada a las administraciones.

Creo que ese es el panorama que nos espera a medio plazo. Alentador.

El problema es que a corto plazo, mientras las aguas se claman y se impone el sentido común, todos los vecinos están en el patio peleándose. ¡Nadie quiere perder sus privilegios! ¡Nadie quiere estar peor cuando este terremoto acabe! Pero eso es imposible.

Los que hacen más ruido son los que tienen privilegios más descarados. Por ejemplo muchos funcionarios…