Gestión empresarial

El mercado de M&A en empresas de tecnología está más activo que nunca

O al menos eso leo en el informe que presenta la firma norteamericana Corum, que es la principal firma del mundo de asesoramiento a empresarios medianos que quieren vender su empresa de tecnología (solo aconseja a vendedores).

En el informe apuntan a cuáles son las tendencias disruptivas que están buscando los compradores. Vamos “lo que se lleva ahora” o lo que está de moda. Son 10, según ellos, y las separan en fundamentales y funcionales. Las describo a continuación manteniéndolas en inglés. Espero que todos mis lectores las puedan entender y me ofrezco acláralas a quien no las entienda.

Fundamentales:

  1. AI enablement
  2. Actionable analytics (BI & data Science)
  3. Composite commerce (online- offline convergence)
  4. Remote trust
  5. Low-code everywhere (rapid application development)

Funcionales:

  1. Focused IT services
  2. Healthcare continuum
  3. Smart logistics
  4. Regtech systems
  5. Blue collar software

Si alguno de vosotros se plantea invertir en startups, que procure que estén en una de estas modas o tendencias, porque aunque parezca mentira, la posibilidad de hacer un buen negocio está mediatizada por estas modas.

Aunque yo siempre he valorado (qué le voy a hacer, soy lo que en bolsa se llama un “contrarian”) invertir en lo que no está de moda. Además, siempre he defendido que no hay buenos o malos negocios sino buenos o malos gestores.

¿Es racional el Gasto Público?

La pregunta que nos hacemos los ciudadanos es si el gasto público es racional y adecuado. Y la respuesta de la mayoría es que NO.

Aunque la eficiencia de la administración ha mejorado enormemente en España en los últimos 30 años, aún existe una percepción general de que es francamente mejorable.

Yo voy a exponer mis propias reflexiones, que la lectura de los PGE me han sacado a la luz.

La primera pregunta que me hago es si sigue siendo necesario que la Administración Pública esté sujeta a la enorme serie de formalismos a la que está sujeta, estando como estamos en el siglo XXI. Me parece que así será muy difícil mejorar la eficiencia y la productividad que pienso que siguen siendo (insisto, aún habiendo mejorado mucho) muy mejorables.

Por ejemplo, creo que es muy difícil poder premiar al empleado público que da un mejor servicio o que ahorra gastos superfluos, y castigar de alguna manera a quien no rinda, incluso con el despido (un proceso cuasi imposible en el mundo público y que no tiene ningún sentido). Los empleados públicos han de ser gestionados de un modo más parecido a los privados. Han de ser pagados con salarios de mercado y premiados cuando hagan un gran trabajo o despedidos cuando no cumplan con los mínimos de productividad exigibles. Los ciudadanos, que somos los accionistas, por decirlo así, de la Gran Empresa Pública que es el Estado, debemos exigir que se use adecuadamente nuestro dinero. Si no se avanza en ese sentido, seguiremos pensando que el dinero que pagamos con nuestros impuestos no está todo lo bien gastado que debería estar. E incluso algunos encontrarán justificación moral para no pagar impuestos, como yo mismo he oido autojustificarse a muchos.

¿Para cuando un verdadero Presupuesto Base Cero en todas las Administraciones Públicas? ¿Y una gestión por objetivos? ¡Son técnicas que hace años que se usan en la empresa privada!

¿No hay nadie que piense que si gestionásemos mejor podríamos hacer mucho más con los más de 450.000 millones de euros de gastos público? ¿O lo mismo pero gastando menos? Yo sí que lo pienso.

Los PGE ya dan algunas pistas de ese esquema estructural de ineficiencia del que hablo. Voy a poner algunos ejemplos tomados tal como surgían en mi proceso de lectura:

  • Las tasas de reposición que prevé para los empleados públicos, en todos sus ámbitos, son, como mínimo, del 100%; es decir, ya da por supuesto que no habrá un recorte de empleos por aumento de la productividad en ningún departamento. En estos tiempos, ¿hay alguna empresa en que pase eso?
  • El sueldo anual del Presidente del Gobierno es de 84.845€, muy por debajo del de cualquier CEO de cualquier empresa, incluso muchas pymes. ¿Tiene eso sentido? Además, el sueldo de otros altos funcionarios (de carrera) está muy por encima del suyo. Por ejemplo, los presidentes del Tribunal Supremo, el Consejo general del Poder Judicial o el Tribunal Constitucional, se sitúan entre los 140.000 y 160.000€ de sueldo base. ¿Qué pasaría si usted fuera el CEO de una empresa y cobrara menos que los miembros de su consejo de administración? Pues así estamos. Quizás eso explica muchas cosas de nuestra política.
  • Los sueldos de los funcionarios tienen multitud de niveles y escalas, algo que hace complejísima cualquier gestión de los Recursos Humanos en esa «empresa» y que estoy seguro de que requiere de muchos recursos para llevar un mínimo control, y que focaliza la atención de los empleados públicos en sus problemas endogámicos con prioridad a las necesidades de sus clientes que son los ciudadanos. A veces los ciudadanos nos preguntamos si a los funcionarios les interesa que el sistema sea complejo para poder seguir viviendo en su propio mundo. Todo eso aleja a los funcionarios de la ciudadanía, que en cierto modo se siente rehén de un sistema que maneja el dinero público como si fuera suyo, confundiendo los derechos laborales con privilegios de casta.

Pido disculpas si este post me ha salido excesivamente politizado, pero vuelvo a insistir en que me guía el objetivo, quizás utópico, de hacer de nuestras AAPP más transparentes y eficientes, una Administración de la que todos lo  ciudadanos estemos orgullosos.

Y acabo explicándole a mis lectores que esta preocupación me viene de lejos, pues mi tesis de licenciatura en la Escuela Superior de Administración de Empresas (ESADE), allá en el año 1978 (si no me equivoco) se tituló «Aplicación de la técnicas de management a la gestión de municipios». Como ven, he sido siempre un soñador, pero somos los soñadores los que tiramos las primeras piedras que derriban los muros más gruesos.

 

El inversor prudente debe mantenerse alejado de Intel

Leo diversos informes muy negativos sobre las perspectivas de negocio de Intel, hasta ahora una empresa modelo. Parece que está perdiendo a marchas forzadas cuota de mercado, no ha acertado en sus inversiones relativas a las nuevas tecnologías e incluso sus mayores clientes (Apple, MIcrosoft…) se están desarrollando sus propios chips, por lo que en el futuro dejarán de comprarle.

Si estás pensando en invertir en Intel, te aconsejo que te informes bien.

¿Volumen o margen? ¿Crecimiento o rentabilidad?

Aunque es un tema sobre el que ya he escrito en este blog muchas veces, voy a volver a hacerlo porque es un asunto eterno y de crucial importancia, que pocas empresas resuelven bien.

Se trata de escoger entre perseguir un objetivo de crecimiento, de ganar volumen, a costa del margen, del beneficio, u optar por el objetivo del beneficio, del margen, a costa del crecimiento.

Muchos empresarios responden: ambos. Pero normalmente compaginar ambos objetivos no es posible. Y no es posible por razones que podríamos llamar estructurales. Veamos cuáles son.

Los negocios, las empresas, normalmente deben escoger entre ser negocios de margen, que miran a su cifra de beneficios antes que la de ventas, que se asocian a productos caros, de lujo, de calidad, dirigidos a un segmento de consumidores que busca lo mejor y paga lo que sea por ello; o ser negocios de volumen, que se centran en conseguir sus beneficios vendiendo con poco margen pero mucho. Las primeras suelen ser empresas pequeñas y las segundas grandes, porque el tamaño se mide por las ventas, pero las primeras suelen ser más rentables que las segundas.

Las mejores empresas son las que consiguen combinar altísimas cifras de ventas con altos márgenes.

Todo empresario se ve obligado a decidir en ese sentido. Para empezar cuando monta su negocio. No es lo mismo dirigirse a un público amplio y popular, que exige precios bajos y no aprecia los lujos (es la estrategia low cost), que optar por un público reducido, selecto, que exige calidad y servicio de lujo. Salvando las distancias este concepto sirve igual para una joyería, una cafetería, un hotel, un automóvil o lo que sea. Aunque hay empresarios que pueden pensar que es compatible un posicionamiento “low” en unos productos y “high” en otros, la realidad demuestra que NO lo es. El mercado, los consumidores, ponen a las empresas unas etiquetas, y no hay manera de quitársela. Puede hacerse pero con marcas distintas, y a ser posible con empresas distintas. Hay muchos ejemplos de fracasos por no hacerlo. Y también ejemplos exitosos. En el mundo de los automóviles, por ejemplo: Toyota tiene un posicionamiento “low” con sus autos marca Toyota y “high” con Lexus. El grupo Fiat vende autos “low” con marca Fiat y “high” (en cifras de ventas mucho menores) con marca Ferrari (y desde una empresa totalmente distinta).

Otra cosa es que nuestra empresa, ya posicionada como low high, decida combinar etapas en las que pise el pedal del crecimiento con etapas en las que pise el pedal del beneficio. Sin dejar de ser lo que se es, una empresa low puede ralentizar sus inversiones y ajustar un poco sus márgenes al alza (rebajando su velocidad de crecimiento) para recuperar rentabilidad, como paso previo a una nueva etapa de impulso del crecimiento. Y lo mismo pero al contrario puede hacer una empresa high: sacrificar beneficio invirtiendo para entrar en un nuevo mercado, aunque sin perder sus señas de identidad. También lo hemos visto por ejemplo cuando las grandes marcas de lujo han lanzado colecciones algo más asequibles.

En resumen:

1. Cada empresa ha de saber posicionarse claramente como una cosa u otra: low o high

2. El empresario ha de saber compaginar períodos de aceleración (para impulsar las ventas) con períodos de calma (para impulsar los beneficios).

Es una lección sencilla que todos debemos tener muy presente.

 

¿Merece la pena abrir los hoteles, restaurantes o bares?

Estaba esta semana alojado en un hotel del Pirineo que estaba prácticamente vacío, porque había abierto expresamente para acogernos a un grupo de amigos y reflexionaba sobre si tenía sentido o no que hubieran abierto solo para nosotros. Sin duda lo tenía para ellos, pero otros hoteles con los que habíamos contactado habían descartado abrir, bajo el argumento de que “no les salía a cuenta”.

Se trataba de un hotel familiar, atendido por la propia familia propietaria, marido y mujer en la atención general y un hijo en la cocina.

En definitiva, quizás sin saberlo, habían llegado a la conclusión de que abrir para nosotros les proporcionaba un beneficio marginal, un margen de beneficio con el que ir esperando a que volvieran los tiempos normales.

Sin duda alguna los ingresos que les proporcionábamos superaban sus costes marginales, sus costes variables como consecuencia de abrir para nosotros. Y el resto de costes del negocio no iban a variar abrieran o no.

En este nefasto año de la COVID-19 son numerosos los negocios de hostelería que deciden no abrir porque argumentan que “no cubren costes” por debajo de una determinada ocupación de sus establecimientos.

Sin duda es una decisión acertada para cerrar un negocio si se espera que se mantenga así por siempre y no se confía en  mejorarla nunca. Pero creo que no es una decisión acertada en las presentes circunstancias. La familia de nuestro ejemplo debería cerrar para siempre el negocio si habitualmente se limitara a ocuparlo con un grupo de amigos, pero no tiene sentido que no abra si el negocio está solo en hivernación, a la espera de que recupere sus parámetros normales, y puede obtener un beneficio marginal ingresando por algún servicio que supere sus costes variables, aunque no cubra sus costes fijos.

Hay que hacer un análisis marginal es esta situación que vivimos, y no fijarse en los costes fijos, ni en las amortizaciones, ni en los costes financieros, que van a seguir estando ahí estemos abiertos o cerrados; hay que hacer un análisis marginal: ¿voy a ingresar más que los costes variables que me provocará abrir? Si la respuesta es SI, hay que abrir. Y normalmente la respuesta es SI.

En términos contables probablemente seguirá registrando pérdidas, pero serán algo menores. Y es mejor eso que nada. Ojo, repito, siempre que se trate de una situación que preveo transitoria, y que pueda soportarla financieramente.

En estas situaciones es cuando se ve la importancia de reducir al máximo los costes fijos, o de no excederse en el apalancamiento (el uso de capitales ajenos). Quienes no hayan respetado unos límites, cerrarán, quienes los hayan respetado, sobrevivirán.

En el caso del hotel que me acogía no me cabía ninguna duda de que debían abrir y de que sobrevivirían.

Sus costes marginales por abrir para nosotros eran claramente inferiores a los que les pagábamos:

  • Consumo marginal de energía, agua, limpieza, aseo.
  • Consumo de alimentos y bebidas en la cena y el desayuno.

Sin duda se sacaban un buen margen.

Si parte del trabajo que ellos hacían les supusiera un coste marginal por tenerlo que contratar a coste variable a terceros, su beneficio marginal se vería mermado. Pero si tuvieran empleados fijos, su coste no debería tenerse en cuenta como un coste marginal, porque sería un coste fijo.

En resumen, claramente ganaban dinero con nosotros. Otros no lo vieron así, y salieron perdiendo.

En definitiva, hay que tomar decisiones de negocio en función de las circunstancias. Hay que hacer un correcto análisis marginal de la cuenta de resultados de cada oportunidad que se nos presenta, porque ello nos ayudará a tomar las decisiones correctas.

Escribo esto al hilo del libro VENDER CON MARGEN, recientemente editado por Libros de Cabecera y escrito por Francisco M. López, un consultor experimentado que comparte nombre y apellido conmigo y que conoce muy bien el tema y lo ha plasmado en una obra cuya lectura recomiendo a mis lectores.

(Aviso que seguiré tocando este tema del margen, como ya hacía en mi libro LA CUENTA DE RESULTADOS, publicado también por Libros de Cabecera, porque creo que es un tema de enorme importancia en cualquier empresa, al que no se le ha dado la importancia que merece)

 

La industria de la reparación vs. la industria de la producción

Leo en la revista de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) el editorial firmado por Ileana Izverniceanu en el que reivindica el derecho del consumidor a poder reparar los productos que haya comprado dentro de los 3 años siguientes a la compra. Es algo que ahora no pasa. Y, en consecuencia, los productos averiados acaban siendo basura y un derroche económico, de energía y lo contrario a la economía circular.

El Parlamento Europeo ha reivindicado ese derecho, planteando que los fabricantes o vendedores establezcan formas de reparación a precios aceptables durante al menos el período de obsolescencia programada de sus productos.

Me sorprende el dato que dan, de que el 66% de los productos se averían dentro de los 3 años desde su compra.

Ileana apunta no solo a los derechos de los consumidores, sino a la conveniencia para toda la sociedad europea, y en especial española, de que se desarrolle una “industria de la reparación” local, española, europea, en contraste con la “industria de la produccíón” que es mayoritariamente asiática, y en especial china.

La locura de Tesla

Yo soy de los que no creía que Tesla llegara donde ha llegado. He de reconocerlo. Sin embargo el valor que ha alcanzado en bolsa la compañía ha superado todo nivel mínimamente razonable. Actualmente ya supera los 500.000 millones de dólares, que es una cifra superior al valor combinado de Toyota, Nissan, General Motors, Honda y Ford.

Teniendo en cuenta que Tesla ya no está sola en el mercado de los vehículos eléctricos y que todos los grandes productores están ya poniendo en el mercado modelos que compiten perfectamente con los de la firma norteamericana, me parece que la cotización de Tesla no tiene ningún sentido.

Llegaría a entender que se pusiera al nivel o incluso algo por encima de Toyota (200.000 millones), si asumimos que Tesla va algo por delante tanto en la ingeniería como en la imagen de marca que los demás, pero ¿más del doble?

¿Será el efecto Elon Musk, el emprendedor que convierte en oro todo lo que toca?

Amazon aterriza en el espacio de las farmacias

En Estados Unidos Amazon ya ha empezado a vender medicamentos; tanto OTC (sin receta) como incluso con receta, con un sistema de control de la identidad de los médicos.

Otro sector que va a notar la llegada del monstruo.

Allí van a ser impactados de inmediato grandes empresas como CVS, Walmart, Rite Aid… Veremos si el fenómeno llega a Europa. Sin duda supondrá un abaratamiento de las medicinas, y el fin del suculento negocio de las farmacias.

¿Habrá que ponerle un límite a la expansión de ese monstruo? Se abre un debate. Pero creo que por ahora no sería bueno. Se trata de capitalismo en vena…

Quien diría que todo empezó vendiendo libros…

El mercado laboral, el gran fiasco de España

España necesita mejorar su productividad, y esa mejora pasa por resolver o al menos mejorar lo que peor lleva: un mercado laboral que no funciona. Nuestra tasa de paro es inaceptable y en especial en la gente más joven. Somos el ejemplo a no seguir en Europa y en general en los países desarrollados.

No funciona nada o casi nada. Me refiero a una larga lista de aspectos que influyen:

  • La educación no está orientada al empleo. Nuestro sistema no forma para emplearse. Los jóvenes se forman en lo que les apetece o en lo que les parece más fácil, no en lo que demanda el mercado. Y así ocurre que las empresas no pueden cubrir muchos puestos de trabajo, a la vez que las colas del paro son cada vez más largas. COVID aparte. Y los salarios cada vez más bajos. Es decir, que todos, empresas y parados están quejosos. Y así perdemos todos los trenes. Pero es que, además, la educación española se olvida de algo esencial: la comunicación. Los trabajadores españoles no saben comunicarse bien, en cualquiera de las formas de comunicarse: oral o escrita. Y no hablemos de idiomas, donde se han registrado avances pero no son suficientes. Y todo esto afecta a la educación primaria, secundaria, la formación profesional y la universitaria. Se comparte el diagnóstico, pero no se le pone solución. Un ejemplo: recientemente veía un reportaje de cómo se avanza en la formación profesional (un tema eterno) y a los estudiantes se les trataban de enseñar las técnicas básicas de carpintería en primer curso, para así ir avanzando curso a curso. A mi me pareció un gran error. ¿Por qué no se les pone desde el inicio ante el reto de hacer un mueble y a partir de ahí se les van enseñando las tÉcnicas necesarias?
  • La actitud empresarial, que no apuesta por los jóvenes y amaga sus deficiencias y la falta de una cultura de apoyo al talento amparándose en una legislación que permite tratar a los empleados como si fueran números, contratándolos en períodos temporales sin ningún compromiso mutuo. Y la falta de actitud emprendedora, algo que ha mejorado en los últimos tiempos pero que aún es insuficiente. Sigue pesando mucho la atracción de una vida funcionarial, al margen de los riesgos vitales de los asalariados y amparados por una nueva exigencia de productividad. Del mismo modo que el negocio inmobiliario y turístico acabó con la industria en muchas partes de España, el funcionariado es una rémora para el emprendimiento.
  • La ineficacia del aparato público teóricamente orientado a la facilitar el empleo, que ha quedado relegado a una oficina de parados. ¿Quien se coloca gracias a los servicios públicos? Nadie. Los parados están en manos de las ETT, parte de la solución y parte del problema. Al final es el boca oreja el mejor servicio de búsqueda de empleo.

El resultado de todo ese conjunto que no funciona es que nuestro país no funciona, y que nuestra productividad no despega. Que nuestros mejores profesionales se van al extranjero, donde encuentran mejores oportunidades. Y que el país pierde oportunidades de acoger inversiones empresariales interesantes, por falta de mano de obra cualificada.

En definitiva, que el país no funciona.

A todo eso se añade el envejecimiento imparable, componiendo un cóctel explosivo que nos puede llevar directos a la segunda división económica mundial, aparte de empobrecernos y hacer imposible de sostener nuestros estado del bienestar. ¿Quien va a pagar nuestras pensiones en el futuro? ¿Quien va a pagar nuestra deuda pública, ahora engrandecida por la crisis de la COVID19?

El sector editorial español es un sector pigmeo en términos mundiales

Ya era consciente de la precariedad del sector editorial español, pero la lectura de un informe realizado por una firma especializada sobre las 50 mayores editoriales del mundo, que ha llegado a mis manos remitido por el Gremio de Editores de Catalunya, me lo ha corroborado.

El mayor grupo editorial español, el Grupo Planeta, es el nº 24 en el mundo según dicho informe, con una facturación editorial de 857 millones de euros en 2019 (dentro de unos ingresos globales de 1.923 millones). Son 100 millones menos que en 2018 y casi el 50% menos que la facturación editorial que informó en 2017, supongo que como resultado de la caída de ventas en libro de texto que registró su filial francesa Editis, que vendió en enero de 2019.

El nº 2 español es el Grupo Santillana, que facturó en 2019 628 millones de euros.

Para que mis lectores se hagan una idea de lo que significamos en el mundo, les diré que el nº 1 (Reed Elsevier) facturó más de 5.000 millones en 2019, y la nº 6, que es la francesa Hachette, casi 2.400 millones.

Las restantes editoriales españolas son pigmeos pequeños en el reino de los pigmeos. La preponderancia de la edición anglosajona es abrumadora. Es difícil competir con ellos, pero creo que no es imposible. En América tenemos cientos de millones de lectores potenciales, que no son fáciles (bajo índice de lectura, estructuras de distribución débiles, economías en crisis perpetua…), pero que si no encontramos la manera de abordarlos, van a ser conquistados por las editoriales norteamericanas, que ya están allí con sus libros en inglés, siguiendo el avance imparable de ese idioma en el hemisferio, en detrimento del castellano.

Quizás la solución es hacer editoriales más fuertes y más grandes, que sepan compaginar la habilidad editora con la gestión empresarial.

No es una batalla fácil.