Gestión empresarial

El sector editorial español es un sector pigmeo en términos mundiales

Ya era consciente de la precariedad del sector editorial español, pero la lectura de un informe realizado por una firma especializada sobre las 50 mayores editoriales del mundo, que ha llegado a mis manos remitido por el Gremio de Editores de Catalunya, me lo ha corroborado.

El mayor grupo editorial español, el Grupo Planeta, es el nº 24 en el mundo según dicho informe, con una facturación editorial de 857 millones de euros en 2019 (dentro de unos ingresos globales de 1.923 millones). Son 100 millones menos que en 2018 y casi el 50% menos que la facturación editorial que informó en 2017, supongo que como resultado de la caída de ventas en libro de texto que registró su filial francesa Editis, que vendió en enero de 2019.

El nº 2 español es el Grupo Santillana, que facturó en 2019 628 millones de euros.

Para que mis lectores se hagan una idea de lo que significamos en el mundo, les diré que el nº 1 (Reed Elsevier) facturó más de 5.000 millones en 2019, y la nº 6, que es la francesa Hachette, casi 2.400 millones.

Las restantes editoriales españolas son pigmeos pequeños en el reino de los pigmeos. La preponderancia de la edición anglosajona es abrumadora. Es difícil competir con ellos, pero creo que no es imposible. En América tenemos cientos de millones de lectores potenciales, que no son fáciles (bajo índice de lectura, estructuras de distribución débiles, economías en crisis perpetua…), pero que si no encontramos la manera de abordarlos, van a ser conquistados por las editoriales norteamericanas, que ya están allí con sus libros en inglés, siguiendo el avance imparable de ese idioma en el hemisferio, en detrimento del castellano.

Quizás la solución es hacer editoriales más fuertes y más grandes, que sepan compaginar la habilidad editora con la gestión empresarial.

No es una batalla fácil.

Otra reflexión sobre la disyuntiva entre inversión growth vs. value en bolsa

Yo creo que la inversión growth se ha impuesto a la value en los últimos tiempos porque se ha priorizado lo que ahora se da en llamar inversión temática o megatendencial. Las empresas que no encajan en esos parámetros parece que no valgan nada.

Pero la cuestión es si el mundo se divide entre empresas que están en la onda y que no lo están o se divide entre empresas bien gestionadas o mal gestionadas. Yo creo que es esto último. Y que no son temas excluyentes. Me explico.

No hay duda de que los directivos han de seguir las tendencias globales y tratar de adaptar sus negocios a las mismas, pero ¿es algo exclusivo de aquellos negocios nuevos (o relativamente nuevos) que encajan de forma digamos «nativa» en esos parámetros? Insisto, yo creo que no.

Es decir, la tecnología no es solo propiedad de los Facebook o Google o Amazon o Tesla, por citar algunos de los más destacados. ¿Es que las empresas establecidas («antiguas», en negocios de siempre); es decir, las empresas de alimentación, energía, petroleo incluso, telecomunicaciones, fabricación, movilidad global o retail, por ejemplo, ya no valen nada? ¿No son capaces de abordar cambios basados en el uso de las tecnologías o de adaptarse a las megatendencias? Yo creo que sí.

Un caso paradigmático es Tesla, que está viendo como las marcas de siempre (Audi, Mercedes, BMW, etc.) ya están poniendo en el mercado sus propios «teslas». O Walmart o Inditex, o el propio Corte Inglés, que están vendiendo online, compitiendo de tú a tú con Amazon. Los dinosaurios se están despertando, y lo están haciendo con toda la fuerza de su cultura (renovada), de sus redes comerciales y de sus marcas.

Yo no creo que las empresas de moda tengan asegurado el éxito a largo plazo por estar «en la onda», sino por estar bien gestionadas. Por ser innovadoras y liderar sus ámbitos de negocio. Apple es un ejemplo de ello. Esta semana nos ha demostrado una vez más que es quien marca la pauta, lanzando el iPhone 12 sin cargador ni auriculares.

Las empresas que tienen asegurado el éxito a largo plazo son aquellas que están bien gestionadas y que no se duermen en los laureles. Que mantienen el espíritu de startups y no se conforman con lo que tienen, sino que siempre aspiran a hacerlo mejor. A sorprender a sus clientes dándoles lo que necesitan incluso antes de que se hayan dado cuenta de que lo necesitan. De nuevo el ejemplo de Apple viene al caso. Son empresas que se adaptan a la realidad cambiante.

En los momentos en que surgen esas megatendencias los pioneros se benefician, y las empresas establecidas quedan retrasadas; es normal. Pero es una cuestión de ciclos. Hay quien habla de ciclos de 60 años (hay estudios sobre ello). Y que cada ciclo se divide en tres partes de 20 años cada una. Y ya hay quien dice que el ciclo actual está entrando en la fase 2, de estabilización, que permite que los rezagados pillen a los pioneros. ¿Estamos en esa fase? Yo creo que un poco sí.

En fin, parece obvio que hoy en día ninguna empresa, de ningún sector, puede permitirse prescindir de adaptarse a las megatendencias y convertirlas de amenazas en oportunidades; eso hacen los buenos empresarios.

Estoy hablando (ya lo podeis imaginar) de:

  • las tecnologías transformadoras (Internet, 5G, 3D…)
  • los cambios sociodemográficos (nuevas generaciones, envejecimiento, etc.)
  • la necesidad de preservar el planeta (infraestructuras, tendencias del consumo, energías limpias, movilidad…)

En poco tiempo (ya) los elementos que arrastran esas megatendencias dejarán (ya han dejado) de ser diferenciadores para las empresas y para los inversores. Y nadie podrá dejarlos de lado. Todo ha de hacerse ya contando con las nuevas tecnologías, los cambios socioeconómicos y la sostenibilidad del planeta. Nadie lo discute, creo.

El campo de batalla para ganar dinero volverá a ser, como siempre ha sido, satisfacer al cliente más y mejor que la competencia.

 

 

Glovo, ¿será rentable algún día?

Hay startups que se lanzar a conquistar un nuevo mercado con la esperanza de que los beneficios lleguen algún día, pero algunas se enfrentan a la evidencia de que no llegan nunca.

Confían en que alcanzarán un tamaño que les aporte un margen que cubra sus costes de estructura y sus gastos de marketing y captación de clientes, de modo que puedan empezar a obtener beneficios. O al menos que su negocio empiece a generar excedentes que les permita repagar su deuda y algún día repartir dividendos a sus accionistas.

El problema es que, a veces, ese tamaño no se alcanza nunca, y por tanto no se llega a esa situación ideal que asegure su supervivencia. En tal caso, cuando se acaba el capital, mueren.

Incluso a veces pasa que, cuando van progresando y aumentan sus esperanzas de alcanzar esa cima de felicidad, ocurre algo que las alejan de su punto de equilibrio.

¿Es el caso de Glovo?

En su lucha por defender que sus raiders no son empleados sino autónomos (con lo que consiguen unos menores costes y una mayor flexibilidad que son esenciales para el negocio), han sufrido una importante derrota judicial en España. ¿Será ese el fin de la empresa?

Espero que no, porque es un servicio que se ha demostrado que llena un hueco demandado por los clientes. Pero, en cualquier caso, obligará a sus gestores a repensarse las bases de su modelo de negocio, y sin duda afectará a sus expectativas de crecimiento.

Detrás de la COVID viene la Deuda

El impacto de la COVID19 en las cuentas públicas va a ser enorme, generando déficits desconocidos hasta ahora, y por tanto aumentando enormemente la Deuda Pública. Y detrás de la Deuda vendrá, más pronto o más tarde, la inflación.

Inflación a causa de la cantidad de dinero que están creando los Bancos Centrales y porque los gobiernos estarán muy incentivados a diluir el impacto de la Deuda y hacerla más digerible con un aumento de la inflación.

Puede tardar algo, pero llegará.

¡Y después de que llegue la inflación habrá una tendencia a que suban los tipos de interés! Que dependerá de que se haya recuperando la senda del crecimiento económico.

Es decir: déficit-deuda-crecimiento-inflación-subida de tipos. Puede que tardemos 5 años en verlo, pero creo que eso es lo que pasará.

Por si acaso, financiarse a tipos fijos (ahora muy bajos) a largo plazo, parece una política sensata en estos tiempos. Y en un año buscar activos que estén de algún modo indexados a la inflación, también parecerá aconsejable.

Las consecuencias de todo eso en las diferentes variables económicas y sectores habrá que preverlas.

¿Van a acabar en 3 los 6 grandes bancos españoles?

Caixabank y Bankia han aprobado su fusión, con ello los 6 grandes bancos españoles quedarán reducidos a 5. Y se sigue hablando de posibles fusiones. Por ejemplo, yo apuntaría a Santander con Bankinter y BBVA con Sabadell, porque son las parejas más lógicas. De ser así, los grandes bancos comerciales quedarían reducidos a 3. ¿Cuáles serían las consecuencias de ese movimiento?

Sin duda serían entidades más grandes y más diversificadas, con presencia en varios países, pero ¿qué impacto tendría sobre la empresa española y sobre todo sobre la pyme española?

Probablemente implicaría una reducción drástica de líneas de financiación para las pymes, cuyo impacto deberían digerir y podría generar alguna que otra quiebra en pymes muy endeudadas. Es el momento de que las pymes se cuestionen su capitalización y de que se planteen sistemas alternativos de financiación. España ha sido un país demasiado bancarizado, y esta ola de fusiones pude suponer una oportunidad de oro para acabar con esa anomalía.

Los responsable financieros de las pymes (y los de las grandes empresa, por supuesto) ya pueden ir pensando en cómo buscar los recursos financieros que a buen seguro perderán.

La Covid-19, una prueba para todos

La pandemia del coronavirus está siendo una prueba para todos a todos los niveles. No solo para el impresentable presidente de los EEUU, sino para nuestra sociedad, nuestros gobiernos, nuestras empresas e incluso nuestras familias. ¿Pasaremos esa prueba? ¿Saldremos mejores de ella? Creo que aún no lo sabemos, pero está dejando en evidencia nuestras debilidades y fortalezas. Y a la vez que es una amenaza es una oportunidad.

Yo al menos confío en que sirva para que nos libre de Trump. Aunque, si soy sincero, no estoy al 100% seguro de que así sea. Veremos.

Por de pronto, a nivel social y empresarial, nos está haciendo a todos cuestionarnos muchas cosas.

De lo que estoy seguro es de que después de esta pandemia, de esta enorme crisis, nos enfrentaremos a un futuro completamente distinto al que esperábamos.

Yo quiero creer que mejor.

Y, por cierto, a lo mejor nos sirve para abordar con seriedad el gran problema del mundo: la sostenibilidad del planeta.

Renault, una inversión de libro

Renault ha registrado sus mayores pérdidas históricas. Se presentan como una combinación del impacto del coronavirus, de los malos resultados de su participada Nissan y, en general, del proceso salvaje de reconversión a la movilidad sostenible que está experimentando el sector. Todo eso es cierto, pero me da la impresión de que su nuevo presidente, el italiano y expresidente de Seat Luca di Meo, habrá tenido algo que ver en que se hayan cargado las tintas. Es algo muy típico que sucede cuando llega a la cúspide de una empresa un nuevo y ambicioso directivo. Se encuentra ante una situación complicada, en un momento en que los accionistas ya están mentalizados de que las cosas van mal, y el/ella aprovecha para limpiar la contabilidad a fondo.

Yo creo en Di Meo, que ha demostrado en Seat que sabe hacer bien las cosas. Estoy seguro de que desde aquí, en el fondo de la crisis, el nuevo presidente va a dar a los accionistas de Renault muy buenas alegrías en los próximos años.

El imparable Elon Musk

He de reconocer que me equivoqué. Siempre pensé que Tesla no se haría un hueco entre los grandes del automóvil, y que uno de ellos la absorbería. Parece que no va a ser así, al menos por ahora. Incluso puede que sea Tesla quien absorba a alguna de las grandes que se quede rezagada, en el proceso de consolidación del sector que se apunta imparable.

Elon Musk ha sido capaz de resolver los problemas de producción y los problemas de rentabilidad (ya empieza a ganar dinero), y la cotización sigue subiendo como un cohete, haciendo que su valor bursátil supere a muchas de las grandes del auto y de otros sectores, y que Musk se afiance entre los más ricos del mundo.

Sin duda es el nuevo Rey Midas, porque su cerebro no para de imaginar nuevos retos y ponerlos en marcha.

Sr. Musk, me quito el sombrero ante usted.

Hoy por hoy el siglo XXI es el siglo Musk.

Empresas ambidiestras

¿Eres un empresario ambidiestro?

Parece que es lo que toca ahora. Me entero del nuevo término en conversaciones y artículos que me llegan del País Vasco, aunque probablemente sea un término generalizado que hasta ahora yo no conocía.

Lo traigo aquí para que lo conozcan mis lectores.

¿Qué es una empresa ambidiestra o un empresario ambidiestro? Pues aquel que sabe gestionar a la vez pensando en la crisis presente, recortando gastos y reduciendo costes y aplazando proyectos, para poder resistir, y también es capaz de pensar en el futuro, en la innovación y el crecimiento, sin renunciar a ellos, y tomando todas las medidas de las que sea capaz ahora para que ese futuro no se esfume.

Me parece una idea magnífica y totalmente actual. Incluso creo que se lo puede dar una vuelta más y tratar de unir las medidas de cambio y adelgazamiento actualmente obligadas con la asunción de nuevos modelos de actuación y de negocio que permitan avanzar hacia el futuro, abordando cambios, nuevas maneras de hacer, que quizás no eran posible antes de esta crisis.

La crisis es mala. No podemos negarlo. Pero a lo mejor tiene su lado bueno si nos permite quitarnos las ataduras, los pesos que llevábamos encima, que no nos permitían abordar un cambio drástico, que probablemente ya estaba en nuestra mente, pero nos veíamos incapaces de abordar.

Estoy hablando de cambiar de personas, de productos, de clientes, de ubicaciones, de almacenes, de oficinas, de forma de vender, de manera de fabricar, de manera de facturar, de sistemas informáticos, de imagen de marca, de mercado…. ¡Son tantas cosas las que antes habíamos dicho que haríamos de otra manera si pudiéramos…! A lo mejor ahora, por culpa de la crisis, o gracias a la crisis, podemos. ¡Puedes! Anímate, busca los recursos. A lo mejor es la única forma de salir adelante.

Asume el riesgo. ¿Qué tienes que perder?

Conviene recordar cómo se crea o destruye valor

Estos días me han recordado que se crea valor cuando el ROCE (el retorno sobre el capital empleado) es superior al WACC (para simplificar el coste del capital empleado). Aunque creo que es obvio, no está de más recordarlo. Y en especial en estos tiempos de crisis e incertidumbre.

El ROCE es el resultado de dividir el EBIT (el beneficio antes de intereses e impuestos) por la totalidad de capital que estamos empleando (la suma de los fondos propios más la deuda financiera). Y el WACC es el resultado de dividir el coste anual real y contabilizado de la deuda más el coste estimado de los fondos propios (lo que los inversores quieren obtener por el dinero que han invertido en la empresa) por la totalidad del capital empleado (fondos propios más deuda financiera).

Teniendo eso en cuenta, ¿cómo se crea valor? Pues básicamente por tres vías; por orden de importancia:

  1. Aumentando el EBIT
  2. Reduciendo el capital empleado (sean fondos propios o deuda)
  3. Reduciendo el coste de la deuda

Y ¿cómo se puede destruir valor en la crisis de la COVID? Pues impactando en los mismos tres factores:

  1. Reduciendo el EBIT
  2. Aumentando el capital empleado
  3. Aumentando el coste de le deuda

Son cosas obvias, pero me ha parecido que convenía recordarlas.