Gestión empresarial

¿Veremos el fin de la electricidad centralizada?

Creo que la respuesta es obvio: lo veremos. La cuestión es CUÁNDO.

La evolución de las energías sostenibles ya hace posible que los consumidores instalen en sus edificios sistemas de generación de energías sostenibles (solar y eólico, principalmente, pero quizás no exclusivamente). Y eso vale para viviendas, locales de negocio o naves industriales.

Existe, pues, un futuro escenario de electricidad descentralizada.

Me pregunto que pasará con el sector eléctrico cuando este escenario se vaya concretando más, y empiecen a perder clientes y a reducir su facturación.

Incluso es perfectamente realista un horizonte a largo plazo en el que la industria de la electricidad entre en crisis.

¡Otro sector clave de la economía actual sometido a la incertidumbre de un futuro de posible desaparición!

¿Será la puntilla para General Electric?

Leo hoy que hay un analista norteamericano que defiende en un informe que la contabilidad de GE es un fraude. Al hacerse público la cotización de la compañía ha caído un 15%.

El analista no es un cualquiera; es quien destapó el fraude de Madoff.

¿Será cierto? De ser así, ¿será la puntilla para GE?

La crisis bursátil llegó en agosto

Los mercados financieros (y en especial las bolsas) de todo el mundo están experimentando graves caídas en este mes como consecuencia de las expectativas de recesión que se apuntan en el horizonte global.

Todas las grandes áreas económicas lo están experimentando. Hay factores globales que afectan a todos los países de todas las áreas, como  son:

  • La incertidumbre provocada por la guerra comercial en la que están enzarzados EEUU y China, y que EEUU está tratando de abrir con Europa, que está reduciendo los volúmenes de intercambios comerciales internacionales.
  • La política monetaria laxa, que hace que haya sectores como el bancario que no tienen apenas márgenes de beneficio, y que viene acompañada de tipos negativos (una verdadera aberración económica) y ahora con la temida inversión de la curva de tipos.
  • Las consecuencias del cambio climático que están afectando a las expectativas de los principales sectores sobre los que se ha asentado la economía mundial en el último siglo: automoción, líneas aéreas, energía, incluso turismo, aunque la ola de cambios aún no le haya llegado (cuando le llegue será muy seria)

Además de ello, cada Area económica global tiene sus elementos particulares; por ejemplo:

  • Europa está experimentando la cuenta atrás del Brexit, ese callejón sin salida en el que se han metido los británicos y que no traerá nada bueno ni para ellos ni para el resto de la Unión Europea, si Dios no lo remedia (lo que sería un milagro). Además tiene sobre su cabeza la Espada de Damocles que representa un gobierno italiano populista y  antieuropeo. Alemania ya ha empezado a dar los primeros síntomas de crisis. Gran Bretaña también.
  • América se aboca a una nueva crisis en el cono sur, con Argentina de nuevo protagonista. Estados Unidos está desacelerando su crecimiento, provocando que la FED rebaje tipos y que el presidente Trump se enzarce con su banco central exigiéndole mayores bajadas, lo que no solo no resolverá la crisis sino que a la larga la agravará.
  • Asia nos muestra una crisis en Corea (tanto del Sur como del Norte, aunque de perfiles distintos), otra en Japón, que empieza a verle las orejas al lobo del envejecimiento de su población, y la ralentización del crecimiento de China e incluso de India, que ahora se mete en una posible guerra en Cachemira. A China, además, le aparece un polvorín en Hong Kong, que puede estallar en cualquier momento.

Algunos no son elementos nuevos, pero en estos días se han sacado todos a relucir, porque las bolsas lo estaban esperando, y era cuestión de encontrar el momento. Y aquí está.

La cuestión ya no es si llega una crisis, una recesión, sino cuan grave va a ser.

¿Ante esto qué hacer? Mis lectores saben mi opinión, porque no es la primera vez que pasa y ya he expresado mi opinión en post anteriores: hay que conservar la calma. Creo que los mercados que caen globalmente se recuperan globalmente. La cuestión es cuánto tardan en recuperarse; a veces poco tiempo, aveces algunos años. Esperemos que sea lo primero.

Eso no quiere decir que cada inversor siga su propia política y, por ejemplo, se ponga sus propios stop y venda parte o toda la posición que haya llegado a un stop loss (un límite de pérdidas).

Uber, un caso de libro

Leemos estos días que Uber sigue perdiendo miles de millones de dólares, y su CEO promete que el año que viene acabarán las pérdidas.

La historia de Uber me ha hecho pensar que en otros países una iniciativa empresarial como la de Uber habría acabado en quiebra. En España, sin duda alguna.

Los norteamericanos tienen cuatro cosas que son imprescindibles para sacar adelante un Uber o un Tesla (o un Apple, un Google o lo que sea:

  1. Una ambición global.
  2. Una capacidad de gestión excelente (de las mejores, si no la mejor del mundo).
  3. Un mercado enorme. Quizás el mayor del mundo y el más abierto a la innovación.
  4. Unos recursos de capital monstruosos, que acompañan a los proyectos, sin miedo y sin regatear esfuerzos, hasta el final.

¡Cuánto daríamos en España (o en cualquier otro país) por tener los cuatro!

Es verdad que últimamente casi todos los nuevos proyectos nacen con ambición global, quizás incluso más que en EEUU, pero no es suficiente. Además ellos tienen un arma que no es menor: su idioma de base es el inglés. Nosotros tenemos que adoptarlo, y lo hacemos, pero no es lo mismo, ¿verdad?

En cuanto a capacidad de gestión, hacemos lo que podemos. Tenemos buenos gestores, especialmente rápidos e intuitivos, pero la cultura del control y la gestión ordenada de proyectos es norteamericana. En eso no hay quien los gane. Son ellos quienes llevaron un hombre a la Luna; con eso está dicho todo.

Y en lo que no podemos objetivamente competir en cuanto a mercado propio (doméstico) y recursos de capital.

El mercado norteamericano es 50 veces mayor que el español, y seguro que más del triple que todo el europeo. Y no solo eso, sino que el comprador yanqui, sea por educación o por lo que sea, está siempre abierto a probar nuevas cosas, a apoyar al que empieza, sin miedo a equivocarse. Ya saben que quien no prueba no avanza. En Europa no es tan así. Y en España menos. Y no solo es querer sino también poder, porque estamos hablando de un consumidor con una renta per capita muy alta, que se permite comprar sin pensárselo mucho. Es una gran ventaja para lanzar un servicio como Uber o similar.

Por último pero no menos importante, el capital también apoya a las nuevas ideas y no pide beneficios para seguir invirtiendo, confiando en que al final del túnel (son pacientes, porque son inteligentes) llegará el beneficio de verdad. Y si no que se lo digan a quienes invirtieron en Apple o Google o Facebook, por citar a las más grandes, empresas que empezaron de cero y ahora valen miles de millones de dólares.

En fin, toda una lección de hacer empresa. No es casualidad que las mayores empresas del mundo sean estadounidenses.

¿Veremos el hundimiento de General Electric?

Una compañía antes admirada por todo el mundo, encabezada por el encumbrado Jack Welch, paradigma de la gestión en la segunda mitad del siglo XX, no encuentra el norte en lo que llevamos de siglo XXI. Aunque sigue siendo un gigante, muchos nos preguntamos si no es un gigante con pies de barro.

¿Llegaremos a ver su hundimiento? Cuando un transatlántico empresarial como este pierde su rumbo, es muy difícil enderezarlo. Es más, los intentos desesperados de hacerlo solo consiguen aumentar la confusión.

En fin, como digo, veremos. Si eso pasara, podríamos extraer muchas lecciones.

El milagro de ser atendido

Las empresas no dudan en decir que a los clientes hay que retenerlos y fidelizarlos, pero ¿quien no ha experimentado en sus carnes la amarga sensación de que no le importamos nada a una empresa de la que somos clientes?

No es raro que ante una llamada pidiendo ayuda para un servicio de mantenimiento o de arreglo de una avería, alguien al teléfono (a veces después de varios intentos) tome nota, pero el cliente no reciba noticias en días.

¿Es así como se fideliza a un cliente? Así es como se le echa.

¡Cuanto envidio al consumidor norteamericano o europeo, que recibe una atención exquisita, suma de simpatía y eficiencia!

Zara, reinventándose continuamente

Este verano la prenda femenina de moda es un vestido de topos de Zara. A pesar de costar menos de 100€, es la prenda de moda.

Los analistas aprovechan para poner sobre la mesa la pregunta de cuánto tiempo podrá Inditex mantener su liderazgo en el sector, algo que vienen cuestionándose desde hace tiempo.

El margen de Inditex es de los más altos del sector, a pesar de ser también el líder en volumen de ventas.

Creo que la clave del éxito de Inditex es un modelo de negocio y una organización muy eficientes, que el Management se cuestiona y reinventa continuamente.

Yo apuesto por Inditex, al menos 40 años más.

Si entras en una sociedad, ¿en qué porcentaje te interesa entrar?

A menudo hay clientes o amigos que me comentan que les han ofrecido entrar como socios en alguna empresa, pero no saben qué deben hacer.

Lo primero es saber a qué se va a dedicar esa empresa y quienes son los socios y, sobre todo, los administradores. Si no se está cómodo y confiado con eso, lo mejor es no entrar.

Pero si se entra, ¿a qué porcentaje del capital se debe aspirar? Pues hay que saber qué significa tener un porcentaje u otro. Me voy a centrar en la sociedad limitada española.

Si se tiene menos de un 5%, será un accionista pasivo, sus derechos se limitarán a que le convoquen a las juntas generales (donde deben informarle de la situación de la sociedad) y a recibir dividendos, si la junta decide repartirlos.

Si tiene al menos un 5% podrá exigir a los administradores a que convoquen junta, indicando los temas que exige que se traten. También podrá pedir una auditoría de cuentas.

Si tiene más de un tercio del capital (al menos el 33,34%) podrá bloquear decisiones importantes para las que la ley de Sociedades de Capital exige una mayoría de al menos 2/3. Por ejemplo, la venta de la empresa. Eso quiere decir que si se tiene menos, no puede oponerse a una venta que decida la mayoría de 2/3.

Si tiene más del 50% (del 50,01% en adelante) podrá controlar la mayoría de decisiones operativas. De alguna manera controlará la empresa. Se podrá decir que gestionará la empresa como si fuera suya.

Si tiene más de 2/3 (más del 66,66%) ya la podrá controlar a su antojo.

Y si tiene más del 95% literalmente no deberá dar explicaciones a nadie.

Es muy importante saber donde se mete uno al entrar en una sociedad. De la explicación anterior se entiende que hay cuatro tipos de socios en una SL:

  • Socios totalmente pasivos: <5%
  • Socios con alguna facultad de control: 5-50%
  • Socios de control: >50%
  • Socios de control total: >95%

El comercio internacional se ralentiza, ¿es eso malo?

Mi opinión es que no necesariamente. Quizás es malo a corto plazo, pero podría ser bueno a largo plazo.

Lo que no tiene sentido es que el crecimiento del comercio internacional duplicase el crecimiento de la economía mundial. Ahora se estima que se acoplara el crecimiento económico mundial.

¿Por qué está pasando?

Obviamente, ante todo, por el «efecto Trump», es decir, la guerra comercial con China y otros países. Pero yo creo que hay un movimiento de fondo que está liderado por la onda verde que está afectando al comportamiento de consumidores y gobiernos en todo el mundo, al menos el mundo desarrollado. Se está optando por comprar productos más cercanos y evitar así no solo los absurdos costes logísticos que supone mover mercancías de un lado del mundo al otro, sino el impacto sobre la huella de carbono que ello supone.

¿Tiene sentido que comamos manzanas suizas y naranjas de Sudáfrica, cuando ambos productos se producen en España en calidades y cantidades superiores a nuestra demanda? El nuevo consumidor está cada vez más atento a evitar estas barbaridades que atentan contra el planeta. La sostenibilidad es el nuevo credo social, y va a suponer, económicamente hablando, la nueva revolución, superando de algún modo a la revolución tecnológica. Ayer mencionaba el éxito de Beyond Meat, el fabricante de carne sin carne que tanto éxito está cosechando en los Estados Unidos y en la bolsa.

Es por eso que hemos de meditar algo más las consecuencias de la ralentización (yo diría normalización) del comercio internacional que ha provocado Trump. A veces las acciones de algún insensato pueden tener consecuencias positivas inesperadas.

Amazon monopoliza el comercio electrónico

Los proyectos de comercio electrónico puros, ya sean generalistas o incluso especializados, que se han intentado en España (y supongo que en todo el mundo) en los últimos años, están pasando por horas bajas en su mayoría. O han echado la persiana o están pasándolo muy mal. ¿Por qué? Pues porque los grandes players mundiales están acaparando todo el mercado. En especial Amazon.

La presencia del coloso norteamericano en Internet es tal que no deja espacio para que se desarrollen posibles competidores. Su potencia en los tres campos clave de la proposición de valor del ecommerce (marketing, tecnología y logística) es apabullante. Prácticamente nadie le puede hacer sombra. Su cuota de mercado es monopolística. Sólo en algunas regiones (caso de Asia con Alibaba) o sectores (caso de Zooplus en mascotas, o Zalando en ropa y accesorios, por ejemplo), algunas empresas (ya de un tamaño considerable) le pueden hacer un poco de sombra. Pero los pequeños players y las startups no tienen apenas recorrido.

¿Es eso bueno? Yo creo que no.

¿Y en qué quedará el ecommerce?

Pues en mi opinión quedarán los grandes players globales universales y algunos (pocos) especializados, pero con carácter global y gran tamaño, y quedará el ecommerce como canal de venta B2C de cualquier empresa que tenga un producto que quiera llevar al consumidor a través de Internet, o como canal complementario de la presencia física de los comercios físicos bien posicionados, tanto a nivel mundial (WalMart, por ejemplo) como local (El Corte Inglés, o pequeñas tiendas locales especializadas).