Inversión

Como pollo sin cabeza

Muchos de los ciudadanos americanos que han recibido el subsidio generalizado de su Gobierno para paliar los estragos de la Covid los están invirtiendo como pollo sin cabeza en acciones de Tesla y Bitcoins, aparte de otras empresas cotizadas. Eso explica el nivel irracional de los índices bursátiles norteamericanos y la locura de Tesla y el Bitcoin.

¿Cómo acabará esto?

Mal, sin duda.

20 años después estamos cerca de vivir la explosión de otra burbuja de Internet: las criptomonedas

En el año 2000 vivimos el ascenso meteórico de los precios de las nuevas empresas ligadas a Internet, un fenómeno que se decía que iba a cambiar el mundo, pero que pocos entendían ni mucho menos eran capaces de dimensionar en cuanto a su impacto económico, pero con el que muchos se estaban haciendo ricos. Las cotizaciones de las empresas de Internet (por ejemplo nuestra Terra) subían en vertical. La gente comprada porque querían hacerse ricos. Aunque no sabían porqué. Las valoraciones eran irracionales, pero no importaba. Empresas que perdían dinero o que incluso no tenían ingresos, se valoraban de mil maneras diferentes, cada cual más rara, para justificar un precio inexplicable. Internet era la gallina de los huevos de oro, y había que ser el primero en aprovecharse de esa gallina.

De pronto, la burbuja explotó y las bolsas cayeron estrepitosamente, generando una crisis mundial. Las valoraciones se desplomaron y muchas prometedoras empresas cerraron o fueron vendidas a precio de ganga.

Sin embargo, pasados los años, Internet y las empresas que supieron aplicarlo se convirtieron en las mayores empresas del planeta. El lector sabe que estoy hablando de Facebook, Amazon, Google, y tantas otras. Algunas incluso nacieron después del crack del 2000. Quienes invirtieron en ellas obtuvieron rentabilidades increíbles. Todas obtienen beneficios millonarios y han cambiado el modo de vivir, trabajar, educarse, informarse, comunicarse y entretenerse de todos los habitantes del mundo. Han cambiado el mundo.

Sin duda aquellas locura del 2000 estaba justificada. Ahora lo sabemos. Pero no lo estaba entonces. No era el momento y no se daban todavía las bases para el gran salto, que había que acabar de construirlas.

Creo que en estos momentos vivimos un escenario similar con las criptomonedas, de entre las que destacaré, por ser la más emblemática, el Bitcoin. De hecho usaré el término bitcoin para referirme en general a las criptomonedas.

Yo soy muy escéptico sobre el valor de las criptomonedas, como he escrito en este blog muchas veces. Pero acabo de leer un interesante artículo que me pasa un amigo y lector, que me ha ayudado a avanzar en mi juicio sobre el tema. Voy a explicar a continuación mis reflexiones sobre al asunto. Y ante todo empiezo por decir que estaré encantado de que añadais vuestros comentarios o rectificaciones respecto a lo que voy a decir, siempre que sirva para que todos nos iluminemos un poco más sobre un tema tan complejo.

Empiezo.

El bitcoin nace como una tecnología que busca que una aplicación pueda ejecutarse descentralizada, sin que sea necesario un tercero para controlar y certificar sus resultados. esa tecnología se llama blockchain.

El resultado es que la aplicación en cuestión sea resistente a la censura, al control:

  • ¡Al bitcoin no lo controla nadie!
  • ¡Es la divisa del pueblo…!
  • ¡Es la libertad, el capitalismo libre!
  • ¡Permite hacer pagos sin que nadie los controle!

Es una idea libertaria que entusiasma a sus pioneros. Primero a los propios frikis informáticos que lo inventan, pero enseguida a los frikis libertarios de distinto signo (que siempre han estado ahí y ahora han salido orgullosos a las calles de todo el mundo, como ayer mismo se vió en el Congreso de los Estados Unidos). El bitcoin lo han abrazado como el Mesías en su lucha contra el establishment.

Pero, si se hubiera quedado ahí, la burbuja se habría desinflado pronto. El problema es que ese mundo libertario tiene un lado oscuro, la Deep Internet, en la que no solo habitan ellos, sino fuerzas más poderosas del mundo de la mafia y la delincuencia, que tienen un gran problema: necesitan blanquear millones de divisas clásicas, y las policías del mundo les siguen la pista y acorralan a las entidades bancarias por las que los encauzan. La solución: comprar bitcoins, porque una vez convertido en bitcoins la policía y el fisco pierde el rastro.

La llegada de ese enorme flujo de dinero supuso un impulso en la cotización de la criptomoneda, lo que hizo que se fijaran en ella muchos especuladores que la vieron como una vía rápida para hacerse rico, más que como un producto o servicio.

Esa espiral de precio se ha disparado con la entrada en el mercado del bitcoin de nuevas plataformas y nuevas empresas, sobre todo startups que se mueven en el mundo de las aplicaciones financieras (el fintech) y a las que les resulta más fácil desarrollar sus servicios sobre las plataformas de criptomonedas (Ethereum, por ejemplo, o el propio bitcoin) que hacerlo en los sistemas financieros o bancarios tradicionales. Y sus clientes potenciales (los frikis que antes citaba, así como los especuladores que ya están o conocen las criptomonedas), acuden gozosos a ellas, incluso como inversores antes que como clientes. Todo ello alimenta el monstruo.

Algunas de ellas incluso han formalizado rondas de inversión en bitcoins, a las que han entrado a saco todos ellos. Y, como novedad, han empezado a invertir algunos fondos de inversión que empiezan a tratar de posicionarse ante el potencial de la tecnología blockchain a largo plazo. Eso está elevando aún más los precios, llevándolos, en mi opinión, a un nivel de ruptura.

En definitiva, el precio del bitcoin se sustenta en una demanda irracional, de compradores que o son frikis o son especuladores que tratan de forrarse con un activo que no tienen ni idea de cómo se sustenta ni por qué vale lo que cuesta, y a corto plazo creo que se hundirá. No sé si tardará unas semanas o unos meses en hacerlo, pero yo creo que no tardará mucho. Me mojo.

Pero, ¿no hay valor en absoluto en el bitcoin? Sí que lo hay, y muy grande: en su tecnología, a mejor dicho, en su filosofía: la de una informática sin censura, no sometida a un poder central, que puede cambiar Internet en poco tiempo, hacia un Internet, en el mundo de las transacciones financieras, al menos, más descentralizado y más sano. Y probablemente en un amplio abanico de otras aplicaciones que aún estar por desarrollar.

En el mundo de las divisas, la tecnología criptomonedas/blockchain, si se me permita llamarla así, puede ser la base de la primera criptodivisa divisa de ámbito mundial, respaldada por las grandes potencias y los organismos internacionales (ONU, Banco Mundial, FMI…), incluidos los mayores bancos centrales (FED, BCE, BoJ, BoE, BPoCh…).

Las posibilidades de esa tecnología están empezando a vislumbrarse y eso es lo que hace que grandes fondos de inversión estén empezando a posicionarse en los principales players, y explique que las plataformas que lo hacen posible (Ethereum, etc.) estén cotizando a precios astronómicos.

En resumen: las criptomonedas no son una buena inversión, que probablemente vaya a la baja y mucho y pronto; pero sí que los son las plataformas que han desarrollado la tecnología blockchain, y que harán posible los avances en un futuro bastante cercano en el lanzamiento de la o las criptomonedas «oficiales» y en el desarrollo de otras aplicaciones descentralizadas que permitan evitar el hackeo y la censura de su contenido.

Muy parecido a lo que pasó en el año 2000 con la burbuja de Internet.

 

Las startups españolas han resistido bien al nefasto 2020

Es la conclusión que saco al leer un artículo en El Referente (elreferente.es) titulado Las 25 rondas de financiación más importantes en el 2020.

Algunas de las empresas las conocía, otras no. Todas han recibido más de 10 millones de euros en la ronda.

Os las listo, sin más comentarios, por orden de importancia de la ronda. Vereis que aunque el titular del artículo habla de 25, luego solo muestra 24…

Quien quiera saber algo, seguro que las encuentra en Internet:

  1. Glovo
  2. Flywire
  3. Devo
  4. Paack
  5. Onna
  6. Scalefast
  7. Jeff
  8. Goi
  9. Ontruck
  10. Voovio
  11. Factorial
  12. Koa
  13. Medlumics
  14. Calvin
  15. Npaw
  16. Movo
  17. Clarity AI
  18. Savana
  19. Wallbox
  20. enertika
  21. Bnext
  22. Bipi
  23. Lana
  24. Fintonic

Por cierto, son multitud los fondos que han participado en las rondas, y la mayoría de ellos son extranjeros.

El inversor prudente debe mantenerse alejado de Intel

Leo diversos informes muy negativos sobre las perspectivas de negocio de Intel, hasta ahora una empresa modelo. Parece que está perdiendo a marchas forzadas cuota de mercado, no ha acertado en sus inversiones relativas a las nuevas tecnologías e incluso sus mayores clientes (Apple, MIcrosoft…) se están desarrollando sus propios chips, por lo que en el futuro dejarán de comprarle.

Si estás pensando en invertir en Intel, te aconsejo que te informes bien.

Criptomonedas: ¿hasta cuando?

Cuando alguien me pregunta si debería invertir en criptomonedas mi consejo es siempre el mismo: NO. Y si lo ha hecho y gana dinero, que venda en cuanto pueda.

Yo creo que en algún momento explotará la burbuja de las criptomonedas, aunque estoy seguro que habrá quien las defienda a muerte.

La pregunta que yo me hago es: ¿quien será el primero en darse cuenta de que las criptomonedas (todas, porque hay cientos) no valen nada porque no están respaldadas por nadie? No hay un último garante, como si lo tienen el euro (BCE y la Eurozona/Unión Europea), el dólar (FED y Estados Unidos), el yen (BoJ y Japón) o incluso el yuan (BPoC y China).

Una moneda es el resultado de una convención: alguien poderoso responde de que mis 100 euros serán siempre 100 euros, y mientras ese alguien sea poderoso, nadie dudará de que valen 100€. Así ha sido desde la Antigüedad y el Imperio Romano.

Loa criptomonedas son una estafa piramidal, y algún día los afectados por esa estafa se darán cuenta.

¿Hacia donde va el negocio bancario?

Hace poco un lector de este blog me preguntaba por mi opinión sobre los bancos Santander y BBVA, de los que era accionista y con los que perdía dinero. Traté de responderle lo mejor que pude, sin mucha esperanza a corto plazo pero alguna a largo plazo. En este post quiero extenderme un poco con unas reflexiones sobre el negocio bancario y el futuro bursátil de los bancos.

Creo que los bancos solo despegarán cuando se den cuenta de que no son un negocio financiero sino un negocio de SERVICIOS. Y de que su mayor capital es su amplísima base de clientes, de los que saben mucho y con los que tienen un contacto más o menos frecuente, tanto digital como presencial, gracias a su todavía amplia red de oficinas. Cuando se den cuenta de ello, y lo pongan en práctica, empezarán a recuperar el prestigio y la rentabilidad que han perdido.

Seguramente lo que pasará es que algunas entidades lo harán y otras no. Solo las que lo hagan sobrevivirán. Las que no lo hagan serán irremisiblemente absorbidas por las anteriores. Y las ganadoras pueden ser grandes entidades o pequeñas entidades. Estoy pensando, por ejemplo, en la reciente fusión frustrada de BBVA y Sabadell en España, y la posibilidad de que Sabadell sea capaz de sobrevivir independiente. Aunque hemos de ser claros, los candidatos a liderar las fusiones son, a priori, los bancos grandes.

Fusiones que difícilmente serán entre bancos de diversos países europeos mientras ni la Unión Europea ni al menos la Eurozona no avancen en la integración fiscal y bancaria. Aunque cualquier paso, por pequeño que sea, en esa dirección supondrá un alza en las cotizaciones bancarias europeas en general y las españolas en particular.

No obstante, como han demostrado los bancos españoles, se puede avanzar en tamaño comprando entidades de otros países, aunque hay que hacerlo bien, y asegurarse de que la compra aporta valor porque produce sinergias y no requiere de inversiones enormes que lastran el balance de la matriz, como le ha pasado a Sabadell con el banco TSB británico. Hay experiencia positivas y negativas en ese sentido, de las que los banqueros han de sacar enseñanzas, como por ejemplo (en positivo) la entrada de Santander en Brasil, o en negativo, la entrada del mismo banco en Estados Unidos.

Los bancos están haciendo un gran esfuerzo de racionalización de redes de sucursales y de rejuvenecimiento del personal, pero eso no basta, han de saber a donde se dirigen, y muchos no lo saben; creen que el negocio es el mismo de siempre (o parecido) y no lo es. El cambio en el perfil del personal es el más evidente. Han de ser profesionales de los servicios, no de la banca, por decirlo de un modo fácil.

En resumidas cuentas, la pregunta que los accionistas de Santander y BBVA deben hacerse es: ¿saben a donde van? ¿Tiene claro que el negocio es de servicio y de servicio integral a sus clientes: resolverle sus necesidades en el mundo financiero (cobros, pagos, inversiones, préstamos…), y ayudarles  a gestionar globalmente sus patrimonios (inmuebles, seguros, servicios personales y de mantenimiento y administración de sus inmuebles, etc.)?

Yo no tengo claro que lo tengan claro.

 

Perspectivas de inversión para 2021

Ha llegado a mis manos un informe del banco suizo UBS sobre perspectivas para 2021, dirigido a sus clientes inversores. Es largo pero lo he leído con interés, ahora que estamos acabando con este maldito 2020 y se nos abren esperanzas de que 2021 nos devuelva a la normalidad.

Me he hecho un resumen de sus conclusiones y recomendaciones que quiero compartir con mis lectores, con permiso del banco.

En general UBS es optimista respecto a 2021, pero recomienda a los inversores pensar globalmente a la hora de invertir y seguir la máxima que aquí no nos hemos cansado de repetir: diversificar, en tipos de activos, en países, en divisas, en sectores… Solo diversificando se puede el inversor poner a salvo de la incertidumbre y por tanto la volatilidad de los mercados.

También sugieren primar las acciones, no los bonos (la renta fija).

Defienden que en 2021 las empresas recuperarán los niveles de beneficios previos a la pandemia, aunque algunos sectores estarán por encima un otros (los más afectados por la Covid19) probablemente estarán por debajo. Creen que la Eurozona más o menos los igualará, pero UK no los alcanzará hasta 2022 0 2023. Sin embargo creen que Asia, EEUU y Suiza los superarán.

A corto plazo, estiman que las empresas de mediana capitalización lo harán mejor que las grandes, y que también se recuperarán las empresas industriales, así como la energía.

Creen que el dólar se devaluará (en eso coinciden con casi todos los analistas) en 2021 y en los años siguientes.

En cuanto a la visión a largo plazo, apuntan a que el inversor debe apostar por los grandes temas de los próximos 5 años, que para ellos son 5:

  • El 5G, y su impacto en algunos sectores.
  • La tecnología financiera (fintech), que también puede extenderse a los seguros o el inmobiliario. La cuestión es si el impacto positivo lo monopolizarán las empresas que emergen o las entidades financieras actuales. En un próximo post me detendré un poco más en el futuro de la banca.
  • La tecnología sanitaria (biotech) a la que ve un largo recorrido en temas como la telemedicina, el desarrollo de órganos o la medicina personalizada. Y muchos más.
  • La tecnología verde. Empujada por los ambiciosos objetivos políticos respecto a sostenibilidad establecidos por la Unión Europea y otras regiones. Se concreta en muchas cosas, entre ellas los edificios inteligentes.
  • Y por último y muy destacable, menciona la importancia de diversificar entre un 10 y un 20% del patrimonio invirtiendo en fondos de private equity. De hecho afirma que estiman que el PE ofrecerá una rentabilidad a los inversores por encima del 10% anual en los próximos 15 años. Obviamente, a cambio de un esquema de liquidez que el inversor ha de saber gestionar. Yo soy un convencido de ello, e incluso me atrevo a elevar el porcentaje del patrimonio a invertir en PE hasta el 50%, si se sabe diversificar los riesgos con varias gestoras y temáticas y apostando por fondos de fondos.

En conclusión, un informe interesante, que puedo hacer llegar a cualquiera de mis lectores que me lo pida. Está en castellano. Es largo pero merece la pena leerlo, o al menos hojearlo.

 

A corto plazo recomienda, para 2021, primar

EL récord en el nivel de “margin debt” es preludio de malas noticias en bolsa

Leo que el nivel de la deuda tomada por los inversores con la garantía de sus acciones ha alcanzado nuevos records, como pasó antes de las crisis bursátiles de 2000 y 2008. Aunque la mayoría de analistas son optimistas respecto a la evolución de la bolsa en 2021, gracias a los enormes estímulos monetarios y fiscales, todo me hace pensar que no estamos tan lejos de una nueva crisis bursátil, que no esperará a que los estímulos desparezcan, sino que surgirá de repente cuando menos nos lo pensemos.

Yo trataré de invertir de manera muy prudente en 2021, por si acaso.

¿Sabemos invertir los españoles?

Leo en mi apreciada revista Ocu Inversiones (que sigo recomendando a mis lectores) los datos de un estudio del Instituto Español de Analistas Financieros que dice que los españoles concentran su patrimonio en un 78% en activos no financieros (básicamente inmobiliarios, siendo clave la vivienda habitual en propiedad) y solo en un 22% en activos financieros (acciones, fondos de inversión, depósitos, etc.).

Lo compara con un 50-50 en Francia o con Italia, Reino Unido y Suecia, donde los activos financieros representan un 56, 74 y 74% respectivamente.

Eso hace que la posición patrimonial de los españoles esté concentrada en exceso en los activos inmobiliarios, lo que hace que el patrimonio de los ciudadanos españoles sea menos rentable, menos líquido y más susceptible de perder valor de lo que ellos creen. Además de provocar una falta de flexibilidad social y profesional que ya he comentado en otros post y que es la causa de problemas mayores.

El país debería seguir haciendo un esfuerzo porque esto cambie.

La vivienda en propiedad está en la raíz de muchos problemas de España

La opción generalizada por la compra de la vivienda habitual es la causa de muchos problemas para la economía española porque pone trabas a la movilidad profesional.

Y lo hace tanto en los casos en los que el trabajador asume esa movilidad pero sin renunciar a seguir viviendo en su vivienda habitual, pero a cambio de hacer largos desplazamientos, con el consiguiente impacto negativo en productividadconciliación familiar polución, tres de los grandes problemas de la sociedad española, como en los casos en los que el trabajador rechaza esa movilidad y no se plantea o no acepta puestos de trabajo alejados de su vivienda habitual, con el consiguiente impacto en la verdadera pandemia social del país: el desempleo.

Es aberrante pensar que hay trabajadores que trabajan en el norte de Barcelona y viven en el sur, o que cada día se desplazan más de 100 kilómetros, por atascos infinitos que les roban horas de sueño, horas del trabajo y dinero en combustibles, aparte de dejar un rastro de CO2 que ahoga el planeta. Y esto está pasando todos los días en nuestro país.  El teletrabajo aminora su efecto, pero ni lo evita del todo ni todos los trabajadores pueden teletrabajar.

También es aberrante pensar que pueda sobrar mano de obra en una provincia o región y faltar en otra, porque la gente no se plantea mudarse y dejar su vivienda en propiedad.

La solución, no hace falta decirlo, está en un mayor uso del alquiler, como muchos han dicho antes que yo y no se cansan de repetir. Pero seguimos sin ser un país de alquiler, como los países de más impulso económico. Nos queda el consuelo de que una parte de las nuevas generaciones no le hace ascos al alquiler, en parte forzados a ello, en parte de forma voluntaria, porque se sienten más libres.

Sin embargo, ni las leyes ni la sociedad lo han asimilado todavía. Con honrosas excepciones, ni promotores inmobiliarios, ni propietarios, ni arrendatarios lo tienen fácil para adaptarse al modelo de alquiler. Lo fácil es la compraventa, con la bendición del banco y su negocio de hipotecas, amarrando al comprador a su casa y su deuda…

Obviamente, no ayuda a que el modelo cambie la proliferación de viviendas turísticas en edificios no turísticos, que han encarecido los alquileres e incluso el precio de las viviendas.

Parece mentira que no nos demos cuenta.