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No es de extrañar que los mercados estén nerviosos

No solo la Covid 19 y el regreso de los rebrotes en todo el mundo pone nerviosas a las bolsas, sino las noticias de que la exuberancia irracional a la que habían llegado los mercados está dando señales de haber llegado a su fin; es decir, de que va a acabar imponiéndose la cordura, como ha pasado, más pronto o más tarde, siempre.

Dos ejemplos relativos a la locura del automóvil sostenible, representada en este caso por Nikola y Tesla.

Nikola, que anunció un camión empujado por hidrógeno (y que toma su nombre del famoso inventor Nikola Tesla), está en apuros por denuncias de haber engañado a los mercados en lo referente al avance de sus productos. De hecho su CEO ha dimitido y la SEC está investigándolos. Su cotización, que había ascendido a la luna, ha caído un 30%

Tesla también ha ascendido a los cielos, porque su fundador y CEO, el ínclito Elon Musk, no parece tener techo. Pero este año ha prometido al mercado que entregaría 500.000 vehículos, pero en el primer semestre solo ha entregado 179.000, por lo que será muy difícil que cumpla su promesa. Si eso ocurre, sin duda los inversores castigarán su cotización, bajándolo al menos un escalón del pedestal en el que lo han puesto.

Tiempos revueltos, amigo Sancho…

Renault, una inversión de libro

Renault ha registrado sus mayores pérdidas históricas. Se presentan como una combinación del impacto del coronavirus, de los malos resultados de su participada Nissan y, en general, del proceso salvaje de reconversión a la movilidad sostenible que está experimentando el sector. Todo eso es cierto, pero me da la impresión de que su nuevo presidente, el italiano y expresidente de Seat Luca di Meo, habrá tenido algo que ver en que se hayan cargado las tintas. Es algo muy típico que sucede cuando llega a la cúspide de una empresa un nuevo y ambicioso directivo. Se encuentra ante una situación complicada, en un momento en que los accionistas ya están mentalizados de que las cosas van mal, y el/ella aprovecha para limpiar la contabilidad a fondo.

Yo creo en Di Meo, que ha demostrado en Seat que sabe hacer bien las cosas. Estoy seguro de que desde aquí, en el fondo de la crisis, el nuevo presidente va a dar a los accionistas de Renault muy buenas alegrías en los próximos años.

Conviene recordar cómo se crea o destruye valor

Estos días me han recordado que se crea valor cuando el ROCE (el retorno sobre el capital empleado) es superior al WACC (para simplificar el coste del capital empleado). Aunque creo que es obvio, no está de más recordarlo. Y en especial en estos tiempos de crisis e incertidumbre.

El ROCE es el resultado de dividir el EBIT (el beneficio antes de intereses e impuestos) por la totalidad de capital que estamos empleando (la suma de los fondos propios más la deuda financiera). Y el WACC es el resultado de dividir el coste anual real y contabilizado de la deuda más el coste estimado de los fondos propios (lo que los inversores quieren obtener por el dinero que han invertido en la empresa) por la totalidad del capital empleado (fondos propios más deuda financiera).

Teniendo eso en cuenta, ¿cómo se crea valor? Pues básicamente por tres vías; por orden de importancia:

  1. Aumentando el EBIT
  2. Reduciendo el capital empleado (sean fondos propios o deuda)
  3. Reduciendo el coste de la deuda

Y ¿cómo se puede destruir valor en la crisis de la COVID? Pues impactando en los mismos tres factores:

  1. Reduciendo el EBIT
  2. Aumentando el capital empleado
  3. Aumentando el coste de le deuda

Son cosas obvias, pero me ha parecido que convenía recordarlas.

Aprendiendo de los errores del Circo del Sol

El Cirque du Soleil (CdS) está en dificultades financieras a causa del parón por el COVID19, según leo en El País (https://elpais.com/cultura/2020-05-30/circo-del-sol-del-esplendor-a-la-ruina-en-tan-solo-tres-meses.html)

Me hace pensar en tres enseñanzas que ningún directivo puede olvidar:

1. Que las empresas hay que gestionarlas observando el balance, no solo la cuenta de resultados. Obviamente en el CdS obviamente no lo han hecho.

2. Que el apalancamiento (el recurso a la deuda financiera en lugar de al capital propio) tiene un límite. Los accionistas, fondos que compraron la empresa endeudándola, han mantenido esa carga, tratando de llevar la rentabilidad de su inversión al extremo. Es un juego peligroso.

3. Que las empresas, como decía en un artículo reciente, han de REINVENTARSE permanentemente. El CdS no es una excepción, y en los últimos 20 años le han ido saliendo imitadores, que lo han obligado a hacer un esfuerzo y han erosionado sus beneficios.

¿Alguien duda de que el mundo postCOVID será un mundo orientado a la sostenibilidad?

Las consecuencias que eso tendrá sobre muchos sectores empresariales serán enormes. Acabo de mencionar el automóvil, pero también el petróleo o el textil, el plástico, el agropecuario, la movilidad, la construcción, etc.etc.

En otro paso también mencioné el turismo.

Era algo que tenía que pasar y a lo que el coronavirus va a dar un impulso.

Qué verdad es que “no hay mal que por bien no venga”.

La recuperación económica se ha de construir sobre esas premisas. Los gobiernos, los empresarios, los inversores, los trabajadores, que se den cuenta de ellos y se apunten a esa apuesta, serán los que se recuperarán antes y mejor de el batacazo del COVID19.

Se va a imponer la tecnología y la economía circular. Será la explosión definitiva de la 4ª Revolución Industrial.

¿Por qué la gestión value lo ha hecho mal los últimos tiempos en la bolsa?

Yo soy un convencido de la gestión value. Creo que ya lo he manifestado en post anteriores. Y para demostrar mi fe en ello, soy inversor en fondos como los de Cobas (Paramés) o AzValor. Los fondos de esas gestoras (ambas value) lo están haciendo mal, hasta el extremo de que los gestores de AzValor han manifestado recientemente que si en tres años no se recuperan sus fondos, abandonan su oficio…

Surge entonces una pregunta lógica: ¿por qué esa manera de seleccionar las acciones en las que se invierte está funcionando tan mal?

Supongo que hay muchas teorías, pero a mi se me ocurre una más: porque la mayoría de inversores, en los últimos tiempos, NO analizan las compañías en las que invierten, NO invierten en compañías concretas, invierten en sectores, invierten en tendencias.

Así se vuelvan en sectores como el tecnológico o la robótica, descartando el petróleo o la banca, sin pararse a mirar los fundamentales de las compañías de esas industrias, asumiendo que ninguna merece ser invertida. Es una aproximación casi exclusivamente top-down, en contrapartida a la aproximación botón-up de los gestores value.

Obviamente esto lo digo para simplificar, porque nunca una gestión es totalmente pura, y siempre es algo híbrido o mixto.

Podríamos que al value investing se opone ahora el trend investing. Eso explica que veamos que cuando se pone de moda un sector, suben todas las empresas cotizadas del mismo.

¿Y quien marca esas tendencias? Yo apuntaría a entidades como Gartner o McKinsey…

¿Cómo es posible que una empresa como Scytl entre en concurso?

Para quien no la conozcan, Scytl es una empresa pionera y líder mundial en sistemas de voto electrónico. Y la noticia de hoy es que se ha declarado en concurso de acreedores y va a ser liquidada. Un fondo especializado en este tipo de rescates ha hecho una oferta para quedarse la actividad, los activos y el personal, a un precio de derribo. El juez mercantil que dirime el concurso habrá de decidir si se los adjudica, en aras de mantener el empleo.

La empresa dejará un gran agujero a quienes la financiaron: bancos, entidades públicas y, por supuesto, accionistas.

Pero yo me pregunto: ¿cómo es posible que haya pasado? A nadie se le escapa que el voto electrónico va a ir en aumento en los próximos años, convirtiéndose en un mercado suculento. ¿Por qué ha pasado esto?

La única respuesta que se me ocurre es que ha habido un problema de gestión. ¿Será que aunque tenemos buena ciencia, capacidad de desarrollar soluciones tecnológicamente brillantes, no somos capaces de gestionar las empresas que las tratan de llevar al mercado? Me temo que es así: buenos técnicos y científicos, pero gestores mediocres.

Scytl era una candidata a unicornio de las más claras entre las Startup españolas. Y ahora caerá en manos de un fondo que estoy seguro que hará un buen negocio con ella. Demostrando que tiene buena tecnología y que es un negocio rentable. Y vendiéndola a un tercero, limpia de deudas y de gazapos de gestión.

Sin duda es un caso para el estudio, del que deberíamos sacar enseñanzas. Espero que alguna escuela de negocios lo haga.

Si alguien conoce bien el caso y quiere plasmarlo en un libro, ofrezco mi editorial para publicarlo.

A vueltas con la gestión pasiva y la gestión activa en bolsa

Se debate mucho últimamente sobre si la gestión pasiva es más aconsejable que la gestión activa en bolsa.

La gestión pasiva se limita a invertir en un índice, es decir, en una combinación de acciones en la misma proporción en la que se ponderan en un índice. La gestión activa invierte en acciones aisladas de acuerdo a criterios específicos de potencial de revalorización que estime el inversor.

Me planteo, ¿qué pasaría si todos los inversores del mundo solo invirtieran en índices? Pues que las bolsas se moverían solo por sentimientos globales (inversores o desinversores) de mercado, no por una apuesta específica en una acción determinada. Los inversores se limitarían a apostar por índices, de los muchos que actualmente se pueden encontrar, a través de ETFs de índices.

Así invertirían en:

  • sectores (robótica, alimentación, farma, materias primas, oro, etc.)
  • países (IBEX, CAC…)
  • o incluso por el índice global de bolsas

La verdad es que las variedades de índices son casi infinitas.

¿Hay que decidirse por un método u otro? No. Quizás lo mejor sea combinar ambas estrategias. Algunos fondos de inversión así lo hacen.

La cuestión interesante a dilucidar es cómo influye la creciente moda de inversión pasiva en el devenir de los mercados. Creo poder apuntar que explica bastante que se produzcan importantes distorsiones en las valoraciones que afectan mucho a la gestión activa. En especial a la gestión value, que ha evolucionado mal en los últimos tiempos en paralelo al crecimiento de la gestión pasiva. Yo diría que es un pez que se muerde la cola. Porque la creciente gestión pasiva provoca distorsiones importantes en la valoración de algunas compañías por la que los fondos value pueden haber apostado fuerte, pero que la gestión pasiva no los contempla, porque no apuestan por el sector, el país o lo que sea que conforme un índice que se ponga de moda. Los fondos value suelen ser muy selectivos, e incluso contrarians, lo que agudiza ese factor de desviación.

En España lo estamos notando con la apuesta de gestores value como AzValor, que tienen compañías de materias primas o petroleo en cartera, que son sectores que los inversores en índices han abandonado. La consecuencia es que AzValor asegura que sus posiciones tienen un recorrido de valor enorme, pero el mercado (los gestores pasivos) no lo reconocen.

Veremos quien gana el pulso.

Es posible que en algún momento los gestores pasivos vuelvan a esos sectores y entonces los fondos value registren plusvalías astronómicas. Pero, ¿y si no vuelven?

 

No es imposible compaginar la sostenibilidad con el beneficio

Se puede compaginar, y hay ejemplos de ello.

En ese sentido recomiendo el libro La estrategia del océano esquilmado, de Nadya Zhexembayeva, que podeis encontrar en Libros de Cabecera.

El libro explica cómo debes orientar tu estrategia para encajar tus productos y toda tu empresa en la economía circular, y presenta multitud de ejemplos de empresas que lo han hecho y son exitosas. Y no solo eso, defiende la autora que solo las empresas que se orienten de ese modo sobrevivirán, porque los consumidores y los gobiernos descartarán a cualquier empresa que no lo haga.

Os animo a que lo leais. Está traducido por mí.

¡Feliz Sant Jordi!

Sobrevivirán las empresas que se capitalicen

Si algún empresario confía en que la banca lo salve de esta crisis, se equivoca.

Y no es porque la banca tenga especial interés en hundir su empresa, sino al contrario. Es porque su empresa pasará de golpe a ponerse por encima del límite de solvencia mínima que todo banco exige para dar un crédito.

Si el nivel de crédito bancario que tenía hasta ahora una empresa era, por ejemplo, de 3 veces su EBITDA (beneficio antes de impuestos y amortizaciones), es decir, que podía devolver toda su deuda bancaria en 3 años de EBITDA, ahora, que su EBITDA va a caer con fuerza, ese ratio se disparará. Por ejemplo, si el EBITDA cae un 50%, el ratio de Deuda/EBITDA pasará automáticamente de 3 a 6. ¡Ningún banco querrá darle más crédito! Incluso probablemente le recortarán las líneas de crédito actuales. Alguna se la cancelarán.

El panorama es desolador.

¿Qué solución hay? Solo veo una: los socios deberán poner más capital, si es que pueden. Vendiendo su patrimonio personal, o avalando con él posibles préstamos personales.

Es el momento de apostar por su empresa si quieren que sobreviva.

Habrá que hacer un plan de viabilidad en el que se estime el volumen de capital necesario para pasar los próximos 24 meses en un escenario razonable. Si el capital que se aporta es excesivo, siempre se podrá en su momento reducir el capital de nuevo y devolver el exceso a los socios.

La situación ideal es que todos los socios aporten en proporción al porcentaje de capital que tienen ahora en la empresa. Si no es así, y solo ponen nuevo capital unos socios, pero otros no, se crea un problema añadido: hay que acordar en qué condiciones se pone ese capital. Eso implica valorar la empresa. Y este un momento muy malo para valorarla, porque estamos en medio de una crisis de alcance desconocido. En cualquier caso, habrá que hacerlo. La ayuda de un experto y de algún modo mediador, será muy recomendable en estos casos.

Una opción que también se puede analizar es que el capital se ponga en forma de préstamo participativo convertible. Es un préstamo que los bancos computan como recursos permanentes, que se puede convertir en capital más adelante. De nuevo el consejo de un experto (abogado, economista) es recomendable.

Si quieres salvar tu empresa, es el momento de demostrarlo.