Libros

Nuevos conceptos empresariales que configuran la empresa del futuro (1)

  • Liderazgo moonshot: que busca transformaciones masivas utilizando tecnologías disruptivas
  • Moonshoters: gestores empresariales visionarios que buscan soluciones radicales para grandes problemas a través de tecnologías facilitadoras
  • Organizaciones exponenciales (ExO): son organizaciones que mantienen crecimientos exponenciales, impactando disruptivamente en las industrias tradicionales, y que nacieron de la visión de esos líderes innovadores

Viaje a la empresa del futuro

Es el título de un nuevo libro que vamos a publicar en unos meses y que ya ha llegado a la editorial. Está escrito por Jorge Calvo, coautor de Wa, claves de la cultura corporativa japonesa, y profesor y consultor internacional, en Japón y España principalmente.

Estoy empezando a leer el manuscrito definitivo, y veo que Jorge introduce nuevos conceptos que iré detallando en una cadena de post que voy a titular «Nuevos conceptos empresariales que configuran la empresa del futuro». Empezaré con tres de ellos: organizaciones exponenciales, liderazgo moonshot y moonshoter.

Barcelona Startup

Un tema que no tiene nada que ver con el coronavirus.

En Libros de Cabecera acabamos de publicar el libro Barcelona Startupescrito por la experiodista del diario La Vanguardia y actualmente consultora, Mar Galtés. El lunes 23 de marzo de 2020 estará en todas las librerías de España, y por supuesto en Amazon. Desde ahora mismo ya está disponible en la web de la editorial para quien quiera adquirirlo en formato papel.

No tardará en estar en formato digital en la propia web y en otras plataformas, como Amazon o Apple.

El libro es una crónica apasionante de la historia y las historias que han hecho de Barcelona el mayor ecosistema tecnológico y digital del sur de Europa.

Ubica en esa historia de éxito (de éxitos y fracasos, que es en suma un éxito) a los cientos de emprendedores, inversores, empresas e instituciones que lo han hecho posible a lo largo de los últimos 30 años.

Para aquellos emprendedores que quieran lanzar startups, para aquellos que quieran invertir en las mismas o para aquellos que estén implicados directa o indirectamente en el desarrollo de ecosistemas similares, en cualquier ciudad, en cualquier lugar del mundo, es, sin duda, un libro inspirador.

Les animo a leerlo y a que compartan conmigo sus impresiones.

Relax: esta pesadilla pasará, y sus acciones seguirán ahí

Hoy es un día de meditación y relajación para quienes tenemos una parte de nuestro patrimonio invertido en acciones. Las bolsas están en caída libre, y nuestras acciones valen hoy mucho menos que ayer, y no digamos que a finales del año pasado. Pero hemos de ser conscientes de que eso ocurre por un factor exógeno, que afecta a prácticamente todos los activos y que es global y temporal. Y, en ese contexto, hemos de mantener la calma.

Personalmente, los días en que mi cartera de acciones o fondos de renta variable caen estrepitosamente (que se dan con más frecuencia de lo que pensamos), son los días que abro la mejor botella de vino que tengo y me la bebo a la salud de los mercados. Le aconsejo, querido lector, que haga lo mismo.

Al fin y al cabo, de ayer a hoy ha cambiado menos de lo que pensamos. Seguimos teniendo la misma cantidad de activos, las mismas acciones o las mismas participaciones de fondos. Y las empresas son las mismas. Hemos de confiar en que más pronto o más tarde, si son buenas empresas, volverán a valer el dinero que invertimos en ellas.

Cada día que bajan se incrementa el diferencial de valor y se convierten en una inversión potencialmente más rentable. Consuelese con eso. Es como si hoy hubiese invertido, a ese precio tan bajo, en esas empresas.

Como ya he mencionado en post anteriores, el mercado se dará la vuelta y registrará ganancias astronómicas cuando se aclare el panorama y se tenga un mínimo convencimiento de que el coronavirus será controlado en un plazo más o menos cierto, o en el momento en que se haga pública una vacuna o un suero que permitan curarlo o al menos dominar su cadena de contagio. Yo confío en que eso pase en los próximos 90 días.

En cualquier caso, el mundo no se acaba aquí. Ni mucho menos.

Lo que sí se está viendo en esta crisis es la importancia de algo con lo que desde siempre machacan (machacamos) los que llevamos tiempo dedicándonos a gestionar patrimonios: hay que diversificar, no poner todos los huevos en la misma cesta. A quien haya pillado esta crisis con sus ahorros invertidos en parte en inmuebles, en parte de renta fija, en parte en activos alternativos y en parte en renta variable, estarán ahora más tranquilos que quienes tengan todo invertido en acciones. Esa es una lección esencial que se debe respetar siempre.

Azvalor: ¿Tiene sentido comprar lo que nadie quiere?

Vaya por delante que soy inversor en el fondo Azvalor Internacional y que soy un convencido de la inversión «value». Pero ayer asistí a la reunión de la gestora con inversores en Barcelona y me pregunto si tiene sentido empeñarse en invertir en empresas ligadas al petroleo y al carbón. De hecho las importantes pérdidas que está experimentando el fondo, coronavirus al margen, están ligadas a las posiciones en empresas de servicios en el sector petrolífero y del carbón.

Me pregunto, si bajan, ¿no será porque nadie las quiere, pero no porque sea una moda temporal, sino porque los inversores creen que el petroleo y el carbón no tienen futuro? ¡Y la bolsa cotiza futuro!

En mi opinión el peligro es que nadie las quiera, sin atender a sus fundamentales, partiendo de la idea de que petroleo y carbón son pasado, son apuestas perdedoras. Sin más.

La gestora no lo cree así, sino que apuesta por que se revaloricen y mucho cuando el mercado se dé cuenta de lo que valen. ¿Quien tendrá razón? Ojalá ellos, porque me juego mis cuartos…

¿Está la gestión pasiva de inversiones creando una burbuja bursátil?

Ayer escuché a Paco García Paramés decir en la jornada anual con inversores que organiza en su gestora Cobas, que la gestión pasiva, que en Estados Unidos alcanza al 50% de los inversores (desde el 10% que representaba en 2003) que eso representaba que el 50% de las decisiones de compra se ejecutaban sin pensar.

La verdad es que una afirmación que me ha hecho pensar.

Paramés lo decía para justificar que sus fondos (de los que yo soy inversor) estuvieran haciéndolo mal, y que el mercado no reconociera el valor de su cartera. Su argumento es que la gestión pasiva (basada en replicar índices) provoca que se invierta en aquellas empresas que más suben, porque su ponderación en el índice aumentaba, en un círculo vicioso. Dejando de lado a los que no suben. Aunque se esté invirtiendo a PER 30 y olvidando a las empresas de PER 10 o inferior.

No sé si Paramés tiene razón. A lo mejor sí, que es un señor muy listo; y si es así, me hace pensar que estamos creando una burbuja, parecida a la tecnológica del año 2000, y que más pronto que tarde la veremos explotar.

¿Qué harán las bolsas en 2020?

Es la pregunta del millón de dólares. Pero mi sensación es que las expectativas descontadas en las cotizaciones son tan altas, que cualquier dato o acontecimiento que rompa el consenso las hará caer, y bastante.

Me huelo que algunos ya están moviéndose lentamente hacia los refugios. Y lo hacen así para que no se note mucho y la prudencia se convierta en pánico.

Hay muchos factores que pueden hacer que eso pase:

– Un repunte inesperado de la inflación, como ya está empezando a pasar en China

– Una caída del PIB global más allá de lo previsto

– Un acontecimiento de impacto global inesperado, como una guerra, un atentado o una catástrofe

Cuando algo ha llegado a las nubes, solo le queda espacio por abajo.

Me puedo de equivocar en cuándo vaya a pasar, pero no en que pase, porque pasará seguro. Y no descubro nada nuevo; solo lo verbalizo.

Boeing: la génesis de una crisis

Leo en Bloomberg que en noviembre de 2018 la compañía trasladó sus oficinas de Seattle, donde concentraba toda su plantilla, a Chicago, dejando en Seattle a sus ingenieros y operarios. Los periodistas de Bloomberg sugieren que ahí empezó todo. Se centraron en el valor para el accionista, pero se olvidaron de hacer un producto fiable y de escuchar a quienes lo hacen.

El resultado ya lo conocemos: centenares de personas muertas al estrellarse sus aviones (el 737 Max) y la empresa inmersa en la mayor crisis de su historia.

Creo que es una lección que sirve para cualquier empresa, y cuyas enseñanzas son:

  • Si quieres que tu empresa no pierda el norte, mantén un equilibrio entre la generación de valor para tus accionistas y la generación de valor para tus clientes e incluso tus empleados.
  • Si puedes hacerlo, trata de que tu plantilla esté junta, no separes a unos de otros. Financieros, comerciales, ingenieros y obreros deben sentir que están en el mismo barco y deben conocerse unos a otros.
  • Una empresa equilibrada no prioriza a unos en detrimento de otros, sean públicos internos o externos.
  • La innovación y la excelencia crece en un entorno de colaboración, y la proximidad facilita esa colaboración.
  • El conocimiento mutuo facilita la colaboración.
  • No es lo mismo hablar del producto que verlo con los propios ojos: en el almacén, en la fábrica.
  • Los obreros se sienten más motivados si ven a los trabajadores de cuello blanco cerca, y no en la comodidad de las moquetas en modernos edificios acristalados y céntricos, donde alguno no ha visto nunca el producto de cerca.

Es decir, moraleja: no separe sus oficinas de su fábrica y su almacén, si es posible.

Tenemos tipos de interés reales en el entorno de 0 para rato

Leo en Bloomberg que un profesor de Yael (Paul Schmelzing) ha publicado un estudio sobre la evolución de los tipos de interés reales (TdIR) en el mundo en los últimos 600 años;

La tendencia ultrasecular es que los TdIR continúen bajando, situándose en media en el siglo XX entre el 0 y el 3%, ya en los albores del siglo XXI entre el 0 y el 2%.

Si la tendencia sigue igual, probablemente veremos los TdIR en el intervalo 0-1%.

Ese nivel tan bajo de tipos de interés reales tiene, sin duda, muchas implicaciones. Entre ellas penaliza en ahorro, y supone un elemento de apoyo a la igualdad social, algo de lo que no estamos sobrados precisamente en el mundo.

El profesor también se pregunta si los TdIR negativos son una aberración, como a veces hemos afirmado muchos (yo entre ellos), y su respuesta estadística es que NO, porque han existido períodos de TdIR negativos siempre en nuestra historia. De hecho afirma que el período 1983-2008, que ahora viene a denominarse “el Período de la Gran Moderación” fueron 25 años excepcionales, pero los períodos de TdIR negativos son normales y se seguirán dando en el futuro.

Creo que es algo sobre lo que hemos de reflexionar. Los tipos de interés son clave para todas las decisiones económicas que tomamos cada día. No solo los que tenemos hoy, sino sobre todo los que esperamos tener en los siguientes 10, 20 o 50 años. Y lo que defiende el profesor Schmelzing es que estemos preparados para tener tipos muy muy bajos en lo que queda de siglo…

¿Hasta cuándo aguantará esto?

Leo en Bloomberg dos informaciones que me hacen cuestionarme el futuro ante la fragilidad de al menos una parte de la economía norteamericana.

La primera información es que el 12% de las empresas yanquis son lo que se conoce como empresas “zombies”, es decir, que no producen suficiente cash como para hacer frente al servicio de su deuda (intereses y amortizaciones). Ese ratio era el 2% en 1989.

¿Cómo aguantan esas empresas? La explicación más convincente es que sobra el dinero y los tipos de interés son muy bajos. ¿Qué pasará si suben los tipos de interés? Pues lo más probable es que cayeses una detrás de otra.

La segunda información es que casi el 40% de las empresas norteamericanas arrojan un valor neto contable negativo. Es un dato que me ha impresionado. Supongo que a ti, querido lector, también te pasará. En el año 200o ese porcentaje no pasaba del 10%.

¿Por qué es así? Porque cada vez más se valoran los activos intangibles y menos los tangibles. Estamos en un mundo donde las grandes/buenas empresas generan negocio y beneficios con los mínimos activos. Y precisamente eso las hace más valiosas. Hay multitud de ejemplos que entiendo que no hace falta que repita. Se trata de externalización la producción (que exige fábricas y maquinaria), la logística (que exige almacenes y camiones) y, por descontado, optar por alquilar todo lo que se pueda en lugar de comprar. Cuanto menos activo, mejor. Todo el valor proviene de los intangibles, de las expectativas del negocio. La cuestión es: ¿hasta qué punto? Hace poco, en el mundo de las startups, ya hemos asistido a un giro de los inversores pidiendo más visibilidad sobre los resultados, y comprando menos futuro, menos business plan inflados y ampulosos. ¿Llegará esto al mundo de las grandes empresas?

No sé si será pronto o tarde, pero seguro que en algún momento se pondrá freno a este fenómeno, y habrá que estar preparado para ello, apostando un poco más por lo tangible y cercano, y menos por lo intangible y futuro.