30 Ideas para Invertir en 2018

¿Qué rentabilidad compensa el riesgo que corro con esta inversión?

Los inversores no estamos haciendo continuamente esa pregunta. Y no tiene fácil respuesta.

Es normal que bancos o gestores de proyectos de todo tipo, como promociones inmobiliarias o fondos de capital riesgo o de private equity, o incluso puros especuladores, nos ofrezcan inversiones en las que prometen rentabilidades por encima de las habituales y ya confíen que nos deben resultar atractivas. Pero ¿qué hace que una tasa de rentabilidad prometida sea atractiva? Pues que el plus de rentabilidad frente a una inversión sin riesgo supere el plus de riesgo que el inversor considera que dicha inversión conlleva.

El problema es que ese plus de riesgo es algo completamente subjetivo. Para una persona una inversión conlleva una prima de riesgo del 10% y para otra puede ser del 5%.

Nos viene  ayudar en estos casos la comparación con otros instrumentos de inversión similares, por ejemplo.

Yo quiero traer a colación aquí un dato que espero que al menos dé que pensar a mis lectores: La tasa de rentabilidad que los inversores exigen a las obligaciones españolas a 10 años es más de 20 veces la tasa que le exigen a las obligaciones a 1o años alemanas. Las alemanas las compran con el 0,05% de rentabilidad anual, y las españolas con el 1,15% Es un dato sorprendente pero real.

Si usted debe evaluar una propuesta de inversión que le hace alguien y la compara con la rentabilidad de las obligaciones del gobierno de España a 10 años, ¿qué multiplicador le pediría? Piense que si fuera también de x20, nos iríamos a una rentabilidad del 23%

 

¿Se está fraguando una burbuja de la sostenibilidad? ¿Será la quiebra de Tesla la que pinche esa burbuja?

A nadie se le escapa que estamos en una época en la que todo lo que suene a sostenible tiene el viento de cola. ¡Lo sostenible es guay!

Eso explica que todas las actividades que se impulsan actualmente, sean empresariales o meramente sociales, son, indefectiblemente «sostenibles». Ahora todo es, o pretende ser, sostenible.

Los proyectos empresariales o financieros son sostenibles o no son. Y cualquier inversión en sostenibilidad o en energías renovables encuentra dinero mucho antes que las que no alzan esa bandera.

El paradigma de la economía sostenible es el coche eléctrico en estos momentos; y el paradigma del coche eléctrico es Tesla. Pero, ¿qué pasaría si Tesla, que no ha conseguido hasta ahora ganar dinero, y que puede cualquier día colmar la paciencia de los inversores, quebrará?

Me imagino que pasaría algo parecido al estallido de la burbuja tecnológica que vivimos y sufrimos en el año 2000.

¿Es eso posible?

¿Ganarán los salarios o ganará la productividad?

Estamos previendo un aumento de salarios en los países occidentales como consecuencia de una importante disminución del desempleo. Eso hace que los analistas bursátiles teman que los márgenes empresariales se reduzcan. Pero en paralelo la tecnología (robótica, blockchain, inteligencia artificial, etc.) está suponiendo un aumento continuo de la productividad.

La cuestión crucial es esa: ¿ganará la productividad a la inflación de salarios?

Hagan sus apuestas.

Warren Buffett también se equivoca

Invertir con acierto no está reservado a cualquiera, pero hay inversores que han sabido hacerlo con acierto año tras año, demostrando que están entre los mejores. Quizás el inversor más reputado del mundo sea Warren Buffett, el “oráculo de Omaha”.

Pero nadie está a salvo de equivocarse en una inversión, y eso es lo que le ha ocurrido al mismísimo Buffett.

En 2015 invirtió en la fusión de las empresas Ktaft y Heinz del sector de la alimentación. Y recientemente ha reconocido que compró caro, y la realidad es que su inversión registra una considerable pérdida.

Todos, incluso los mejores, nos equivocamos. Es por eso que la única política sana de inversión es la que se basa en la diversificación (no poner todos los huevos en la misma cesta) y en la disciplina que conlleva vender cuando se ha superado un límite de pérdida, lo que se conoce como el “stop loss”.

El nuevo maná

Estamos viviendo un período en el que el inversor medio no sabe dónde poner sus dineros.

Los depósitos bancarios ofrecen rentabilidades próximas a cero. La renta fija no renta más allá de un 1-2% y siempre que uno se olvide de los altibajos en el precio de los bonos. La renta variable (las acciones) son la mejor opción, pero ¿quien invierte sin inquietud cuando se da por sentado que estamos al final de un ciclo económico de crecimiento y al inicio de uno de alza de tipos de interés que seguramente hará que la bolsa caiga o en el mejor de los casos se mantenga plana?

Sólo hay una solución: confiar en los actuales titanes de la inversón en el mundo: los fondos de private equity.

El private equity es el nuevo maná. Llevan años dando rentabilidades de dos dígitos y las siguen prometiendo del mismo nivel. Levantan fondos multimillonarios, ya sea en Estados Unidos (por ejemplo Carlyle) o en España (por ejemplo Altamar). Es verdad que el inversor no puede recuperar el dinero cuando quiere, sino según lo va reembolsando el fondo, en función de las salidas de los proyectos en los que invierte, y que las cantidades mínimas a invertir suelen ser elevadas, pero hoy por hoy parece que vale la pena.

Si hasta ahora no se ha planteado hacerlo, mireselo.

¿Será 2019 un buen año para los mercados bursátiles emergentes?

Robeco (un banco del que me fío) apunta a que lo pueden ser, si la FED no sube tipos más allá de lo esperado (y por tanto el dólar no se revalua) y la guerra comercial con China no va a más e incluso se resuelve.

El FMI estima que el crecimiento del PIB de las economías emergentes seguirá siendo mayor que el de los países desarrollados en los próximos años, y que el diferencial de crecimiento se ampliará.

Las valoraciones de las empresas cotizadas de los países emergentes, tras las caídas de 2018, son otro factor a considerar, porque arrojan múltiplos muy favorables.

Como es normal, apostar por emergentes es asumir un riesgo extra, pero quizás no sea recomendable prescindir de ellos en las carteras de 2019.

Yo me estoy pensando ampliar mi apuesta. Como creo que ya he dicho en algún post anterior, lo que más me gusta es Asia.

El sector del automóvil entra en un período de reconversión

Llevo tiempo diciéndolo: la próxima crisis no vendrá de la banca, sino de las grandes empresas del automóvil. Y los primeros síntomas serios empiezan a hacerse evidentes. En este inicio de año, grandes empresas como Ford o Jaguar ya han anunciado importantes medidas de reducción de plantillas y probablemente de cierre de fábricas. Y, como anuncia Bloomberg, esto no ha hecho mas que empezar.

Llevamos años diciendo que hay un exceso de marcas y de capacidad de producción, y en los últimos tiempos, a eso se ha añadido una regulación ambiental más restrictiva, que conlleva la llegada imparable del coche eléctrico, y sobre todo, el gran cambio de modelo de negocio, pasando de un modelo de venta de un producto (el auto) a uno de venta de un servicio (la movilidad).

Los cambios estructurales que ello implica en los actuales jugadores del mercado del automóvil son enormes. Sobran fábricas y las que queden habrán de ser diferentes. Sobran puntos de venta, y los que queden habrán de ser diferentes. Los balances de las marcas cambiarán radicalmente: de vender a alquilar, para entendernos. De fábricas de automóviles a proveedores de servicios de movilidad.

No hay ninguna marca que esté totalmente preparada para el cambio, pero algunas lo han anticipado mejor y están el camino correcto. Otras no lo han visto venir a tiempo o no han sabido afrontarlo. Es el caso de las que ya van saliendo a la palestra: Ford o Jaguar son un ejemplo.

Aparte de que veamos una vuelta de tuerca en el proceso de fusiones (reduciendo el número de marcas independientes), el impacto en la economía global será importante. Porque el sector del automóvil es el mayor sector industrial del globo.

Países como España, donde hay numerosas fábricas y una importante industria auxiliar, sin que residan los cuarteles centrales de ninguna de ellas, serán de los más afectados.

Los inversores habrán de tenerlo en cuenta, evitando en lo posible, las acciones de las empresas del sector. Las administraciones harán bien en ir preprándose para lo que se avecina.

¿El crecimiento de los salarios traerá más inflación?

Parece que la mejora del mercado laboral, con el consiguiente alza de los salarios, que conllevaba históricamente el aumento de la inflación, no está suponiendo, en España y en todo el mundo, el crecimiento de la inflación que se esperaba.

En España, por ejemplo, la tasa de inflación subyacente (sin petróleo ni alimentos no elaborados) ha estado en 2018 en el entorno del 1%. Si no se produjera ese desacoplamiento, en 2019, dada la mejora del mercado laboral y la subida esperada de los salarios (incluido el efecto de subida del salario mínimo interprofesional), la inflación subyacente se debería ir al 1,5%. Pero los economistas tienen dudas de que sea así, por el efecto citado.

¿Qué explicaciones se encuentran a ese desacoplamiento?

Pues voy a citar al menos tres factores, para que mis lectores piensen en ellos:

– El éxito de los bancos centrales con la política monetaria anti-inflación.

– La globalización, que ha traído consigo una competencia global de empresas y trabajadores, gracias a la movilidad del capital y del trabajo.

– La digitalización de los medios de producción, incluída la robotización de los procesos, que ha supuesto una menor importancia del factor trabajo en la generación productos y servicios.

Estos factores no sólo explican por qué los precios no suben, sino en gran parte explican el desequilibrio mundial que percibimos entre los factores de producción: capital y trabajo. A favor del capital, por supuesto.

Es urgente que encontremos soluciones.

En la inminente reunión de Davos será un tema principal. Aunque también lo es en las calles de Francia, con los chalecos amarillos, y en todos los países del mundo, en mayor o menor medida.

Una apuesta por la estabilización e incluso recuperación de las bolsas en 2019

Creo que en 2019 se podrá ganar dinero en bolsa. Las importantes caídas con que se ha desarrollado la segunda mitad de 2018 se deben a factores coyunturales que está costando resolver y cuyas consecuencias más negativas están siendo cotizadas como si fuera imposible evitarlas.

Veamos algunos de ellos.

Brexit

Empecemos por el Brexit: Ni la Gran Bretaña ni la Unión Europea se pueden permitir que el pulso que están llevando a cabo acabe con una derrota de ambos. Sería ridículo. Es cierto que Gran Bretaña se ha metido en un lío colosal del que va a ser difícil salir con la mitad de la población enfrentada a la otra (una situación que nos suena a los catalanes), pero al final habrán de asumir que hay que encontrar una salida. No queda otra.

Es decir, yo creo que el Brexit se resolverá. Y espero que sea en el primer semestre de 2019 (con prórroga), si no es en el primer trimestre (sin prórroga).

Europa respirará tranquila y la confianza en el proyecto europeo se recuperará.

Si hubiera de decir un factor que me preocupa para que eso pase y que retrasa la solución del proceso, diría que es que GB está en pleno empleo, y a los británicos quizás les cuesta creerse que el Brexit les afectará negativamente y que no hay manera de evitarlo. Bueno, si que hay una: repetir el referéndum y decidir seguir, pero eso no creo que pase.

Como en todo conflicto, su solución también puede traernos algo bueno, porque puede servir para reforzar a la UE, eliminando a un socio que siempre ha sido protestón y ha ido a la contra, formando parte de un club al que, en el fondo, nunca se ha adaptado bien.

Guerra comercial

¿A quien beneficia una guerra comercial? A nadie, por mucho de que Trump se crea el ganador. Es por eso que creo que en 2019 se va a firmar la pipa de la paz. Ni EEUU puede prescindir de China ni China de EEUU. La clave será que China sea capaz de hacer el paripé para que el niño malcriado Trump salve la cara y pueda venderlo como un triunfo a sus votantes. Otra cosa es impensable. Que no fuera así nos haría retroceder en el tiempo a todos los niveles.

Incluso creo que podemos sacar buenas enseñanzas del proceso, obligando a China a que acelere su crecimiento interno y abra sus fronteras a otras economías. Aparte de obligarle a respetar la propiedad intelectual y en general adecuar su comportamiento al de una potencia mundial que es lo que ya es.

A partir de 2019 China debería acomodar su crecimiento por debajo del 5%, y ya salir del grupo de las economías emergentes, y disponerse a dominar el mundo (económicamente hablando, por ahora), en tándem con el gigante americano.

Subida del dólar y del tipo de interés del dólar

La FED ha subido recientemente el tipo de interés de referencia del dólar a una franja entre el 2,25 y el 2,50%. Lo ha hecho en una economía en crecimiento y en pleno empleo, y con una inflación al alza, que si no es un problema (apenas pasa del 2%) es porque el petróleo (un componente básico del índice de inflación norteamericano) se mantiene controlado, aunque esto puede cambiar en cualquier momento.

Ha sido muy criticada por esa subida, y los mercados no se la han tomado bien, pero yo creo que es acertada. Otra cosa es que haya anunciado dos subidas más en 2019, y ya veremos si se producen, porque habrá que estar a la evolución de la economía norteamericana después de que se difuminen los beneficios de los recortes fiscales que hizo Trump el año pasado y este,

Yo confió en la FED, y creo que el tiempo nos dará la razón. A poco que el BCE la acompañe con un mensaje tranquilizador, veremos que las aguas vuelven a su cauce.

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En conclusión, si estos elementos se resuelven más o menos bien, tendremos un año más tranquilo que este, y se demostrará que los inversores, como siempre ocurre, nos hemos pasado de frenada saliendo a lo loco de las bolsas.

Ojalá sea sí.

Ladrillo vs. Bolsas

Estamos en una fase de miedos, de falta de confianza en general.

La falta de confianza hace que el dinero, que todos sabemos que es cobarde, se atrinchere en los llamados “valores refugio”, como son los activos inmobiliarios y el oro (aparte de otras opciones menos importantes).

La evolución de las bolsas está ligada a la de inmuebles. Si uno sube, otro baja, y viceversa. Además es un fenómeno que se retroalimentación en un círculo vicioso. Cuanto más baja la bolsa, más dinero se desvía al ladrillo, haciendo que el ladrillo suba, hasta que entra en fase burbuja y más pronto o más tarde explota, devolviendo el dinero a la bolsa. Y viceversa.

Ahora estamos en una fase de salida del dinero de las bolsas (incluida la renta fija) para engrosar los mercados inmobiliarios. Los inversores un poco más sofisticados buscan alternativas híbridas, como el capital riesgo o el private equity, o al menos invierten en ladrillo a través de empresas cotizadas, como las inmobiliarias o las socimis.

2019 será un año en que la diversificación de activos será más importante que nunca. Ya lo avisábamos José Poal y yo en nuestro libro Cómo invertir en 2018, un año que ya vislumbrábamos que no sería fácil para la renta variable.