Empresas que van solas

El índice DPC

Se me ha ocurrido que hay tres elementos o factores clave que determinan y determinarán cada vez más el éxito tanto a nivel personal/profesional como empresarial en el mundo totalmente globalizado en el que vivimos:

  • Diferenciación,
  • Productividad y
  • Calidad.

Parece de perogrullo, pero creo que es bueno visualizarlo, porque al menos a mi, me permite entender muchas cosas.

Todos los profesionales (los trabajadores, sean empleados o directivos) o las empresas, son evaluados en función de esos tres elementos, de lo que me he atrevido a bautizar como “Índice DPC”.

Si le damos un valor a tal índice en función de cómo se nos puede calificar respecto a la media del entorno en el que competimos (que es, como todos sabemos, cada vez más global) en cada uno de los tres factores, nos podemos encontrar, en un extremo, con quienes saquen un valor muy alto, porque ofrecen alta diferenciación, alta productividad y alta calidad, y en el otro extremo, quienes no puntúan bien en ninguno de los tres factores, porque ni ofrecen diferenciación, ni productividad ni calidad por encima de la media.

¿Quienes tienen el Índice DPC más alto? Las empresas más exitosas; por ejemplo, Apple. O los directivos o profesionales más cualificados.

Por el contrario, los desempleados o las empresas en crisis son las que dan el índice más bajo.

Desde una perspectiva más geopolítica, el índice se puede aplicar a los países. En los más altos: USA, Suiza, Alemania, Japón… En los más bajos, los países más subdesarrollados. La mayoría de países, personas y empresas están en una franja intermedia. Son más o menos buenos en una o dos cosas, pero no en todas.

Cuando hablamos de Diferenciación me estoy refiriendo a creatividad, originalidad, innovación; ofrecer algo nuevo que aporte un valor diferenciado, que resuelva un problema donde hay una necesidad, de mejor manera que se venía haciendo. Sirve, por ejemplo, para un profesional que habla inglés, o chino, o alemán, allí donde se demanda. O que conoce técnicas profesionales muy demandadas. O una empresa que ofrece un producto totalmente diferenciado, como el iPhone, o las aspiradoras Dyson.

Cuando hablamos de Productividad se trata de hacer las cosas a costes ventajosos respecto a los demás. Ser más productivo no significa un menor coste absoluto, sino un menor coste relativo, es decir, costes por unidad de servicio o producto que ofrezco a mi cliente. Los países más pobres y subdesarrollados suelen ofrecer buena productividad en términos de costes absolutos, pero no tan buena en términos relativos. Y viceversa, hay países desarrollados, como Alemania, que califican bien en términos de productividad, porque traducen costes absolutos altos en costes relativos por debajo de la media.

En cuanto a la calidad, hay poco que decir, se trata de ser capaz de hacer algo similar en teoría a lo que hacen los demás, pero con un acabado u una fiabilidad que otros no tienen. Eso justifica los ratios de honorarios de las Big 4 o el precio superior de los productos alemanes, por ejemplo.

En definitiva, querido lector, si como profesional o como empresa no cualificas en el Índice DPC, quiere decir que no puedes aspirar a un buen sueldo o un buen margen, por mucho que te empeñes. En cuanto tu mercado se reduzca un poco (cosa que pasará en algún momento, si es que no te ha pasado ya), te echarán de él. Te quedarás sin trabajo, o quebrarás. Es así de duro, pero así de claro. Así que empieza a plantearte cómo está tu DPC y qué puedes hacer para mejorarlo.

 

Cuatro sentimientos que acaban con una empresa

Los leo en un informe de McKinsey. Viene a decir que si usted los detecta en su empresa, debe atacarlos de inmediato, porque la fuerza de lo malo es mucho mayor que la de lo bueno.

Son:

1. El pasotismo. El miedo o rechazo del personal a asumir responsabilidades. “No vale la pena”. Me recuerda a los empleados de las cajas de ahorros que preferían no ser directores de oficina, porque sólo veían inconvenientes y ninguna ventaja.

2. La sensación de injusticia, de sentir que la dirección no trata a todos igual, y que toma decisiones sin teer en cuenta en absoluto al personal. Suele ir unido a la falta de transparencia.

3. El desánimo. La sensación de que los problemas de la empresa no tienen solución. “Esto no hay quien lo arregle”.

4. El anonimato. Empleados que se sienten anónimos y/o jefes que son anónimos. “Nadie se preocupa de mi, a nadie le importo”. Es una sensación de que la empresa no es de nadie, y por tanto no le importa a nadie, y se puede hacer lo que sea… “Aquí todo vale”.

Algún lector pensará que una empresa que sufra estos síntomas de enfermedad está condenada a desaparecer. Quizás sí, pero no siempre. Hay soluciones.

¿Dónde están las empresas en las que invertir en bolsa?

Leo un concienzudo informe que llega a unas conclusiones en mi opinión más que obvias sobre cuáles son las empresas financieramente más exitosas: hay que invertir en empresas con márgenes altos y crecimiento en tasas de dos dígitos, en sectores en crecimiento.

¿Qué son márgenes altos? Depende el sector, pero me atrevo a decir que del 40% para arriba.

Jobs vs. Ballmer

Animo a mis lectores a comparar el estilo de dos líderes empresariales punteros: Steve Ballmer, de Microsoft, y el difunto Steve Jobs, de Apple.

De Steve Jobs ya se ha dicho todo, y el resultado ahí está: la empresa más admirada y más valiosa del mundo. Microsoft es, hoy por hoy, todo lo contrario.

Una visita a Youtube para asistir a las presentaciones de ambos lo dice todo: Jobs, 10; Ballmer, 0.

Moraleja: dime quien es tu CEO, y te diré quien eres…

El fenómeno Wal-Mart

Estoy leyendo un libro que compré en Nueva York en Mayo pasado y que hasta ahora no había tenido oportunidad de leer. Se titula The Wal-Mart effect, y explica cómo cualquier decisión de este monstruo del comercio tiene una repercusión global enorme.

Entresaco un hecho que me parece remarcable; en el año 2005 decidieron apuntarse a la sostenibilidad y las consecuencias han sido visibles, tanto en sus centros como en los proveedores, y a través de ellos en la sociedad, tanto norteamericana como del resto del mundo.

Es destacable como una compañía de estas características tiene mayor capacidad de cambiar el mundo que los políticos o las ONGs. Un ejemplo: sus 348 centros mexicanos usan energía eólica.

¿Se apaga la llama de Apple?

Apple era una empresa excelente. Y esa excelencia la llevó a encabezar la lista de las empresas más valiosas del mundo. Ahora se cuestiona su futuro. Yo creo en Apple. Apple es una empresa ejemplar, pero como todas las empresas líderes, su modelo de gestión debe seguir renovándose y reinventándose continuamente. Nadie puede dormirse en los laureles. Y Apple ha cambiado el mundo, y posiblemente volverá a cambiarlo en los próximos años. Su próximo objetivo es la televisión. Yo creo que cambiará el modo en que entendemos la televisión. Cambiará el concepto, como hizo con los teléfonos móviles (iPhone) y las tablets (iPad).

Apple es y seguirá siendo parte inseparable del siglo XXI.

En mi libro Empresas que van solas, que pueden encontrar los lectores en Libros de Cabecera,  menciono a Apple como una de las “empresas que van solas” que en consecuencia son líderes estables en su industria, con un modelo de negocio y una cultura diferenciados y sostenibles.

Competir en un mundo digital

Leo un artículo en la revista digital McKinsey Quarterly titulado Competing in a digital world: four lessons from the software industry que me parece la pena comentar.

Defienden los autores (Hugo Sarrazin y Johnson Sikes) que en el actual mundo digital la industria del software puede inspirar a empresas de cualquier otro sector interesantes ideas de cambio y mejora.

Citan cuatro:

1. Pasar de ofrecer productos a ofrecer plataformas

Plataformas entendidas como ofertas de servicio de valor que incluyan a otros proveedores, de modo que los clientes reciban una solución más global y mejor adaptada a sus necesidades. Que no resuelvan sólo un problema concreto, sino todos los problemas o necesidades en un área determinada.

Cada sector ha de adaptar a idea a su contexto, pero parece poderosa.

Cuanto mayor sea el número de proveedores integrados en la plataforma, mejor, porque mayor será la capacidad de venderla.

2. Acelerar las ventas pensando y probando nuevos modelos de negocio.

Entender bien el valor del cliente a largo plazo y tenerlo en cuenta en la política de precios para buscar ofertas más atractivas a la vez que más “fidelizantes”.

3. Acelerar el ciclo de lanzamiento de productos y cocrear con los clientes.

No esperar a tener los productos acabados sino lanzarlos en test e implicar a los clientes en el desarrollo y lanzamiento. Llevar el I+D a la calle. Atraer a los clientes e investigar y desarrollar con ellos.

La clave es rapidez y oportunidad. Y mejora continua.

Se trata, en suma, de escuchar a los clientes e incluso de ir más allá y darles un cierto grado de control.

4. Adoptar esquemas organizativos más ágiles.

Conceptos como el de las organizaciones planas, los equipos de proyecto, la colaboración, transparencia o tolerancia al error, han de ser asumidos  por cualquier organización que quiera progresar en esta era digital.

 

 

Back to basics

Vamos a oir hablar mucho estos días de un movimiento llamado “back to basics” que aboga por la simplificación de los procesos y de la gestión en la empresa. Incluso se ha sacado de la manga una nueva figura directiva: el Chief Executive Simplifier (CEI), el “gran simplificador”.

Aunque ya hace tiempo que surgió en los EEUU, es ahora cuando empieza a ponerse de moda en nuestros lares.

Coincido con lo que propugna porque creo que las empresas en general se complican la vida en exceso y acaban siendo rehenes de capas y capas de elementos diversos de gestión que se añaden sin eliminar otros a los que sustituyen, haciendo que gran parte del trabajo se haga para nada.

El mensaje es claro y de sentido común: Keep it simple! Hagamos las cosas simples. No nos compliquemos la vida. Lo simple es bello. Son diversas maneras de decir lo mismo.

La clave del éxito de muchos gestores, de muchos países (Holanda, Nórdicos, por ejemplo) es, en general, que no se complican la vida, diseñan los productos sin complicaciones, organizan las empresas sin formalismos innecesarios, van al grano, no se pierden en los detalles.

Todos debemos apuntarnos al “Back to basics” ¿No os parece?

Capitalismo, si; capitalismo especulativo, no

Leo en The Economist que el plazo medio en que los inversores venden las acciones que han comprado en la bolsa de Nueva York ha pasado de 8 años en 1960 a sólo 4 meses en 2010.

No es de extrañar, pues, que se esté gestando un movimiento en los directivos de grandes empresas globales, para acabar con el cortoplacismo y potenciar la inversión a largo plazo. Fue Peter Drucker quien dijo que no se consigue maximizar el beneficio a largo plazo apilando buenos beneficios a corto plazo.

Cada vez más voces se levantan contra ese capitalismo especulativo, culpándolo de todos los males, paro, calentamiento global y desigualdad social incluidos.

En la primera página de Google

Hoy en día, para sobrevivir como negocio, hemos de posicionar nuestra empresa en la primera página de Google. Creo que con ello está dicho todo. Hagamos lo que hagamos, el cliente potencial ha de poder teclear en el buscador y encontrarnos en la primera página. La segunda no cuenta.

¿Que haces tú para poner a tu empresa en la 1ª página de Google? No se trata sólo de posicionarse en el buscador, con una buena estrategia de posicionamiento, fundamentada en una buena web. Hay que ofrecer algo diferenciado y consistente, que responda a lo que el cliente busca.

O en la primera página o muerto. Así son las cosas.