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¿Es posible un Santander-Commerzbank?

La fusión entre Deutsche Bank y Commerzbank, los dos grandes bancos alemanes, ha quedado descartada. Eso deja a Commerzbank libre para buscar otros socios. La verdad es que me ha hecho pensar en la posibilidad de que este sea el Banco Santander. A simple vista y sin pensarlo en profundidad, lo reconozco, me parece que la entidad combinada tendría sentido.

Incluso me planteo (no lo sé): ¿podría Santander encontrar en Commerzbank el Consejero Delegado que lleva buscando (tras la frustrada nominación del italiano)?

Veremos.

¿Qué rentabilidad compensa el riesgo que corro con esta inversión?

Los inversores no estamos haciendo continuamente esa pregunta. Y no tiene fácil respuesta.

Es normal que bancos o gestores de proyectos de todo tipo, como promociones inmobiliarias o fondos de capital riesgo o de private equity, o incluso puros especuladores, nos ofrezcan inversiones en las que prometen rentabilidades por encima de las habituales y ya confíen que nos deben resultar atractivas. Pero ¿qué hace que una tasa de rentabilidad prometida sea atractiva? Pues que el plus de rentabilidad frente a una inversión sin riesgo supere el plus de riesgo que el inversor considera que dicha inversión conlleva.

El problema es que ese plus de riesgo es algo completamente subjetivo. Para una persona una inversión conlleva una prima de riesgo del 10% y para otra puede ser del 5%.

Nos viene  ayudar en estos casos la comparación con otros instrumentos de inversión similares, por ejemplo.

Yo quiero traer a colación aquí un dato que espero que al menos dé que pensar a mis lectores: La tasa de rentabilidad que los inversores exigen a las obligaciones españolas a 10 años es más de 20 veces la tasa que le exigen a las obligaciones a 1o años alemanas. Las alemanas las compran con el 0,05% de rentabilidad anual, y las españolas con el 1,15% Es un dato sorprendente pero real.

Si usted debe evaluar una propuesta de inversión que le hace alguien y la compara con la rentabilidad de las obligaciones del gobierno de España a 10 años, ¿qué multiplicador le pediría? Piense que si fuera también de x20, nos iríamos a una rentabilidad del 23%

 

Estados Unidos, un país oligopolizado y dominado por las grandes corporaciones

Leo en el periódico La Vanguardia un artículo de Andy Robinson el que comenta que el FMI ha advertido del enorme poder de las MEGA corporaciones. En él da unos datos, tomados de un estudio del Open Market Institute, que me han dejado perplejo sobre los oligopolios existentes en un país que se las da de ser la meca del capitalismo liberal.

Por ejemplo, citando el artículo, Amazon controla el 49% de todo el comercio electrónico en el país; Facebook el 70% del mercado de las redes sociales, tres empresas controlan el 67% de las farmacias, otras tres el 75% del de la cerveza, otras tres el 50% del alquiler de coches; o dos empresas de telecomunicaciones el 69% de ese mercado; por último, y por no extenderme más, las cuatro principales líneas aéreas el 76% de los vuelos nacionales. ¡Y esa concentración no ha parado de crecer en los últimos años!

Supongo que es una consecuencia de la globalización y de la fuerza de las macrocorporaciones, que allí donde no llegan compran a los competidores emergentes. Obviamente es algo que da que pensar.

Algo parecido se está produciendo a nivel mundial.

Creo que no hay manera de pararlo. Probablemente habrá que mirarlo de otro modo, y plantearse la concentración en términos de mercado mundial y no nacional. Y además, por supuesto, los gobiernos habrán de estar muy atentos a que no se corrompa la competencia y que no se traspase una línea de poder y dominio que haga que las mega corporaciones de adueñen realmente del mundo.

El FMI ya ha dado la voz de alarma.

Recomiendo a mis lectores que le echen una ojeada al libro de Henry Mintzberg que viene totalmente al caso: La sociedad frente a las grandes corporaciones, publicado por mi editorial Libros de Cabecera (www.librosdecabecera.com).

El libro ¿Aún no eres freelance? ya está a la venta

Espero que los lectores de este blog me perdonen que siga haciendo publicidad del libro sobre el trabajo autónomo que cité hace unos días: ¿Aún no eres freelance?Ya está a la venta en la web de la editorial:  http://www.libros de cabecera.com

La editorial lo envía sin gastos a cualquier lugar de España. También existe la opción de comprarlo en formato electrónico.

¡Ah! Y también está a la venta en todas las librerías de España y desde luego en Amazon.

Espero que os guste y me mandeis vuestros comentarios.

Y si alguno se anima a escribir un libro, en Libros de Cabecera estaremos encantados de publicárselo.

¿Aún no eres freelance?

En Libros de Cabecera vamos a publicar en unos días un libro titulado ¿Aún no eres freelance? que juega con la idea de que todos estamos destinados a ganarnos la vida como trabajadores (o empresarios) autónomos, porque la salida natural de la mayoría de jóvenes va a ser (es) o emprender o ser freelance (que no deja de ser una forma de emprendimiento, como explica el libro).

La sociedad ha evolucionado de un modo que no deja otra vía profesional. Las empresas quieren flexibilidad, evitando estructuras pesadas en las que se quedan atrapadas cuando hay cambios en el mercado (y los cambios son continuos e imprevisibles), por lo que piden a sus colaboradores compartir esa filosofía. Y eso los convierte en proveedores en lugar de trabajadores. Y eso implica que los trabajadores asalariados se deban convertir en autónomos, freelance.

Se puede ver en negativo o en positivo. Yo prefiero verlo en positivo. Ser freelance te obliga a enfrentarte al mercado, a ser consciente del valor de tu trabajo, a venderte, a mantenerte actualizado, a adaptarte a la demanda. ¿No es mucho mejor eso que estar atrapado en un trabajo que no te gusta, pendiente de que te echen en la siguiente reestructuración y te quedes en la calle, sin perspectivas ni capacidad ni confianza en ti mismo para volver a empezar?

Ha habido muchos trabajadores que se han visto en esa situación, víctimas de la reestructuración de grandes sectores económicos. Por ejemplo la banca, que ha reducido drásticamente sus plantillas, poniendo en la calle a personas relativamente jóvenes que han debido reciclarse a marchas forzadas. Y va a volver a pasar con los trabajadores del sector de automoción (industria auxiliar, fabricantes, concesionarios, talleres…). Van a mandar al paro a miles de personas. Todos deberían estar preparándose ya para ser freelance.

¿Ganarán los salarios o ganará la productividad?

Estamos previendo un aumento de salarios en los países occidentales como consecuencia de una importante disminución del desempleo. Eso hace que los analistas bursátiles teman que los márgenes empresariales se reduzcan. Pero en paralelo la tecnología (robótica, blockchain, inteligencia artificial, etc.) está suponiendo un aumento continuo de la productividad.

La cuestión crucial es esa: ¿ganará la productividad a la inflación de salarios?

Hagan sus apuestas.

Warren Buffett también se equivoca

Invertir con acierto no está reservado a cualquiera, pero hay inversores que han sabido hacerlo con acierto año tras año, demostrando que están entre los mejores. Quizás el inversor más reputado del mundo sea Warren Buffett, el “oráculo de Omaha”.

Pero nadie está a salvo de equivocarse en una inversión, y eso es lo que le ha ocurrido al mismísimo Buffett.

En 2015 invirtió en la fusión de las empresas Ktaft y Heinz del sector de la alimentación. Y recientemente ha reconocido que compró caro, y la realidad es que su inversión registra una considerable pérdida.

Todos, incluso los mejores, nos equivocamos. Es por eso que la única política sana de inversión es la que se basa en la diversificación (no poner todos los huevos en la misma cesta) y en la disciplina que conlleva vender cuando se ha superado un límite de pérdida, lo que se conoce como el “stop loss”.

El nuevo maná

Estamos viviendo un período en el que el inversor medio no sabe dónde poner sus dineros.

Los depósitos bancarios ofrecen rentabilidades próximas a cero. La renta fija no renta más allá de un 1-2% y siempre que uno se olvide de los altibajos en el precio de los bonos. La renta variable (las acciones) son la mejor opción, pero ¿quien invierte sin inquietud cuando se da por sentado que estamos al final de un ciclo económico de crecimiento y al inicio de uno de alza de tipos de interés que seguramente hará que la bolsa caiga o en el mejor de los casos se mantenga plana?

Sólo hay una solución: confiar en los actuales titanes de la inversón en el mundo: los fondos de private equity.

El private equity es el nuevo maná. Llevan años dando rentabilidades de dos dígitos y las siguen prometiendo del mismo nivel. Levantan fondos multimillonarios, ya sea en Estados Unidos (por ejemplo Carlyle) o en España (por ejemplo Altamar). Es verdad que el inversor no puede recuperar el dinero cuando quiere, sino según lo va reembolsando el fondo, en función de las salidas de los proyectos en los que invierte, y que las cantidades mínimas a invertir suelen ser elevadas, pero hoy por hoy parece que vale la pena.

Si hasta ahora no se ha planteado hacerlo, mireselo.

¿Será 2019 un buen año para los mercados bursátiles emergentes?

Robeco (un banco del que me fío) apunta a que lo pueden ser, si la FED no sube tipos más allá de lo esperado (y por tanto el dólar no se revalua) y la guerra comercial con China no va a más e incluso se resuelve.

El FMI estima que el crecimiento del PIB de las economías emergentes seguirá siendo mayor que el de los países desarrollados en los próximos años, y que el diferencial de crecimiento se ampliará.

Las valoraciones de las empresas cotizadas de los países emergentes, tras las caídas de 2018, son otro factor a considerar, porque arrojan múltiplos muy favorables.

Como es normal, apostar por emergentes es asumir un riesgo extra, pero quizás no sea recomendable prescindir de ellos en las carteras de 2019.

Yo me estoy pensando ampliar mi apuesta. Como creo que ya he dicho en algún post anterior, lo que más me gusta es Asia.

El sector del automóvil entra en un período de reconversión

Llevo tiempo diciéndolo: la próxima crisis no vendrá de la banca, sino de las grandes empresas del automóvil. Y los primeros síntomas serios empiezan a hacerse evidentes. En este inicio de año, grandes empresas como Ford o Jaguar ya han anunciado importantes medidas de reducción de plantillas y probablemente de cierre de fábricas. Y, como anuncia Bloomberg, esto no ha hecho mas que empezar.

Llevamos años diciendo que hay un exceso de marcas y de capacidad de producción, y en los últimos tiempos, a eso se ha añadido una regulación ambiental más restrictiva, que conlleva la llegada imparable del coche eléctrico, y sobre todo, el gran cambio de modelo de negocio, pasando de un modelo de venta de un producto (el auto) a uno de venta de un servicio (la movilidad).

Los cambios estructurales que ello implica en los actuales jugadores del mercado del automóvil son enormes. Sobran fábricas y las que queden habrán de ser diferentes. Sobran puntos de venta, y los que queden habrán de ser diferentes. Los balances de las marcas cambiarán radicalmente: de vender a alquilar, para entendernos. De fábricas de automóviles a proveedores de servicios de movilidad.

No hay ninguna marca que esté totalmente preparada para el cambio, pero algunas lo han anticipado mejor y están el camino correcto. Otras no lo han visto venir a tiempo o no han sabido afrontarlo. Es el caso de las que ya van saliendo a la palestra: Ford o Jaguar son un ejemplo.

Aparte de que veamos una vuelta de tuerca en el proceso de fusiones (reduciendo el número de marcas independientes), el impacto en la economía global será importante. Porque el sector del automóvil es el mayor sector industrial del globo.

Países como España, donde hay numerosas fábricas y una importante industria auxiliar, sin que residan los cuarteles centrales de ninguna de ellas, serán de los más afectados.

Los inversores habrán de tenerlo en cuenta, evitando en lo posible, las acciones de las empresas del sector. Las administraciones harán bien en ir preprándose para lo que se avecina.