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¿Es tan difícil llevar una agenda y anotar y respetar los compromisos agendados?

Pues parece que sí. Hay personas que no llevan una agenda con sus compromisos y no saben responder de inmediato a quien les plantea un compromiso si tienen disponibilidad o no. Respuestas como “lo he de mirar” o “ya te diré” llegan habitualmente a mis oídos. La consecuencia es que lo que debería ser un asunto resuelto en firme en 30 segundos puede demorar mucho más, o lo que es peor, dejar el asunto en el aire. Todo ello, desde luego, con una pérdida importante de tiempo y productividad. Por cosas así destacamos en negativo los españoles. Resolverlo no exige grandes esfuerzos ni desarrollos tecnológicos. Exige un mínimo de seriedad. A veces aquellos que incumplen de forma flagrante son los primeros que hablan de la escasa productividad de la empresa española, en un ejercicio magno de hipocresía y me atrevería a decir de estulticia.

Pero hay consecuencias de esta actitud que van más allá: la de quien, además, una vez aceptado un compromiso, no lo respeta. No llama, no se presenta a una entrevista, no entrega un trabajo, no asiste a una reunión, etc. Más impactos a nuestra maltrecha productividad y a la imagen de falta de seriedad del español.

Es una actitud que produce un fenómeno que vemos muy a menudo: las llamadas para confirmar un compromiso; sea del que convocó, sea del convocado. Nadie se fia de nadie cuando el virus de la informalidad (no digamos de la impuntualidad, que es un tema para otro debate) se contagia a todos. “Llamo para confirmar que mañana sigue en pie la reunión tal”, es algo habitual, y en muchos casos aconsejable. Debo decir (disculpad mi sinceridad) que cuando alguien me lo recuerda (con una llamada o un correo electrónico, por ejemplo) yo suelo responder de malas maneras (lo reconozco) algo así como “a mi no hace falta que me recuerdes mis compromisos”. Porque yo siempre los cumplo, salvo fuerza mayor, y siempre siempre aviso si no voy a poder asistir. Y si voy a asistir (que es lo que debería darse por supuesto) no digo nada: cuando me comprometí estoy allí como un clavo.

Suena raro, ¿no?, que debamos hablar de esto.

Será que me estoy volviendo viejo. Pero cuando oigo decir que todo nuestro futuro se basa en las nuevas tecnologías, a veces me echo a reir. ¿Por qué no empezamos por lo más básico?

Las grandes compañías dominan el mundo

Un artículo de Noah Smith en Bloomberg denuncia que las grandes compañías se hacen cada vez más grandes en muchos sectores. La consecuencia es que se produce un oligopolio que tiene el peligro de que derive en una oligarquía.

Smith apunta a que ese fenómeno puede estar detrás de la generalizada bajada de salarios y subida de precios que atenaza a la clase media de muchos países y que explica en parte que se mantengan índices de inflación bajos en la mayoría de países.

El trabajador-consumidor puede estar pagando por ese fenómeno de mayor poder de las grandes empresas. Y fomentando, a la vez, un círculo vicioso: menos capacidad de compra y de ahorro, menor actividad económica general y mayor cuota de los gigantes empresariales en los respectivos mercados en los que se mueven.

La única manera de salir de ese círculo es una mayor vigilancia e intervención de las autoridades públicas de defensa de la competencia y que facilten el aprovechamiento de las oportunidades que se presentan a las empresas pequeñas y medianas que retan a esos gigantes con sus propuestas de valor innovadoras.

Sin duda hemos pasado un período favorable a los grandes, que se ha plasmado, entre otras cosas, en la importante subida de las bolsas. Esperemos que el próximo lo sea para los pequeños.

Para los inversores eso quiere decir apostar por los llamados small caps y por la inversión fuera de la bolsa, a través de fondos de private equity.

Préstamos capitalizables, una buena opción de entrar en el capital de una startup

Si tienes la oportunidad de invertir en una startup y puedes optar por hacerlo mediante un préstamo capitalizable (PC), úsala.

El PC te permite estar a verlas venir y, si la empresa no va bien, optar por capitalizar o por cobrar. Y en todo caso, tratar de conseguir una buena opción de capitalización, basada en que la empresa alcance unos objetivos y con un descuento mayor o menor según los alcance o no.

Es muy típico en situaciones transitorias, a la espera de una ronda, en las que el prestamista tiene derecho a capitalizar en la ronda, si se produce, pero con un descuento a su favor sobre el precio de la ronda.

Cómo estar en una sociedad (Startup) como si fueras consejero, pero sin serlo

Yo soy de la opinión que los inversores en startups deberían evitar estar como consejeros formales en sus consejos, e incluso, si es posible, deberían evitar que haya consejo.

Pero, si se quiere estar informado y controlar, aunque sea a distancia, que la gestión del emprendedor es correcta y responde a los criterios que se plantearon al decidir la inversión (lo cual es compatible con que el Plan de Negocio evolucione y se adapte a las circunstancias), entonces ¿qué hacer?

La solución, en mi opinión, es que el emprendedor reporte periódicamente a un Comité de Seguimiento (es el nombre que más me gusta y el que aconsejo, ya veremos por qué) en el que estén los inversores más destacados. Su existencia y régimen de actuación pueden estar regulados en el Pacto de Socios.

¿Qué se consigue con eso? Pues actuar como un “pseudo consejo” pero evitando la responsabilidad civil e incluso penal a la que responden los administradores (y eso incluye a los miembros formales de un consejo de administración). Se trata en suma de estar informado y conseguir un consenso tácito en las decisiones más relevantes.

Pero hay que evitar que se pueda aducir por un tercero afectado por la insolvencia de la empresa o por las actuaciones del administrador, que ese comité está compuesto de hecho por lo que la ley llama “administradores de hecho”. ¿Cómo se consigue eso? Pues es muy fácil, NO MANDANDO. O al menos evitando las señales que pudiese deducirse que mandamos.

¿Cuáles son esas señales? Pues por ejemplo, que no haya una agenda formal cerrada de los comités, que no se hagan actas formales, que no se vote, que no tengan una frecuencia establecida. es decir, que se pueda argumentar que su carácter es informativo y no decisorio, aunque las decisiones se informen o expongan, porque quien tenga la última palabra sea, sin duda, el administrador. Todo ello es ocmpatible con que, según el Pacto de Socios, algunas decisiones puedan se vetadas por todos o algunos socios.

En resumen: Si entra en una startup, no corra a formar consejo. Y si hay consejo, pida ser invitado a las sesiones, pero no ser nombrado formalmente consejero.

Yo defiendo con argumentos que si en una startup hay que votar en el consejo, es mejor que la dé su inversión por perdida.

Por qué les llaman empresas, si deberían decir sociedades

En los medios de comunicación se suele producir una confusión que me produce urticaria (y no es la única, la formación económica básica del gremio periodístico deja mucho que desear). Se trata de confundir empresa con sociedad.

Ahora mismo, por ejemplo, los medios inciden continuamente sobre el cambio de domicilio social de muchas sociedades catalanas. Pero ¿es eso lo que dicen? No. El titular es “tantas empresas han dejado Catalunya”. Es obvio que muy pocas empresas, por no decir ninguna, ha dejado Catalunya. Lo que han hecho es sacar su domicilio legal (e incluso fiscal) de la comunidad catalana para ponerse a salvo de un posible cambio legal en la comunidad (fruto del avance de los partidos independentistas) que les afectase en su negocio. El más temido de todos, por supuesto, es la posible salida de la UE como consecuencia de la independencia, pero no es el único.

En España se sigue confundiendo empresa con sociedad en todos los ámbitos. La opinión pública está 100% confundida.

La lectura de un artículo de la revista de la aeca (Asociación Española de Contabilidad y Administración) me ha hecho pensarlo y animarme a escribir este post.

En el citado artículo (Microempresas y pymes. Panorámica actual de la dimensión empresarial y el empleo que generan) de Luis Guirado, se incluyen estadísticas del INE referentes al  número de “empresas” que hay en España.

Con datos a 1 de enero de 2016, afirma que en España hay 1.152.813 sociedades limitadas, pero 435.167 de ellas no tienen empleados. Yo creo que las sociedades sin empleados no son empresas. Son sociedades instrumentales, vehículos de inversión, pero no empresas en un sentido estricto. Lo mismo pasa con las S.A.: 85.430 de las cuales 27.400 sin empleados.

Es decir, sociedades, teníamos más de 1,5 millones (sumando las SA, las SL y otras formas jurídicas, de las que había 316.501), pero empresas 1,3 millones.

¿De donde salen esos 1,3 millones de empresas? Pues de sumar 775.676 sociedades mercantiles (limitadas o anónimas) con empleados más 524.462 personas físicas (las empresas no sólo pueden ser propiedad de sociedades, sino también de empresarios individuales) con empleados. ¿Hay que resaltar el número de empresarios individuales que tenemos en el país. Es algo bueno, porque implica un espíritu emprendedor, pero malo en tanto en cuanto puede indicar una cierta incapacidad o falta de voluntad de crecer (lo que suele implicar la creación de una sociedad).

La cifra de empresas, si le añadimos las 144.535 otras entidades jurídicas (sociedades cooperativas, sociedades civiles, fundaciones, etc.) que tienen empleados, llevarían el número de empresas en España a las 1.300.138.

¿Está bien? La verdad es que no lo sé, pero lo que todos sabemos es que cuantas más empresas tengamos y más grandes, mejor nos irá a todos.

En España la mayoría de servicios de atención al cliente son un desastre

Los empresarios, y en especial los pequeños y medianos, se quejan siempre de que el negocio no va bien, o podría ir mejor. Obviamente, puede haber causas ajenas, como cuando todo el entorno económico se ralentiza en medio de una crisis generalizada y las ventas se derrumban. Pero en muchos casos (y eso me duele) se debe a causas propias. Es decir, a una gestión ineficiente de la propia empresa, de la que son culpables habitualmente todos: los accionistas, los empleados, y sobre todo los directivos, por no poner los medios para evitarlo.

Una de esas ineficiencias que suelo encontrar más generalizada es la atención al cliente, sobre todo en el entorno B2C (atención al consumidor), aunque también pasa en el B2B.

Los consumidores en España estamos acostumbrados a que los teléfonos de las empresas no respondan, o respondan después de hacernos esperar o llamar muchas veces, o cuando responden no nos dan una solución o sencillamente no nos escuchan ni atienden a lo que queremos. Y si la empresa nos promete hacer algo, no es extraño que no lo haga o incumpla los plazos prometidos y nos obligue a volver a llamar y reiniciar el via crucis.

¿Es tan difícil solucionar esto? Yo creo que no.

Si es usted empresario, pongale remedio. Publique adecuadamente sus teléfonos de contacto. Abra suficientes lineas. Contrate a personas motivadas y empáticas. Fórmelas y dótelas de procedimientos claros de actuación, dejándoles la flexibilidad necesaria para que piensen por si mismas. Y haga que toda la empresa les apoye, porque las personas de atención al cliente son los embajadores del cliente en la empresa.

¿Es tan complicado? Yo creo que no. Y si lo hace le aseguro que notará la diferencia. Aumentará la fidelidad de sus clientes, mejorará su imagen, aumentarán sus ventas. Cualquier sobrecoste que asuma de entrada, lo recuperará con creces.

Por desgracia somos un país de ciegos, en el que destacan los tuertos. Y no digamos los que tienen buena vista. Trate de no ser un ciego ni siquiera un tuerto.

Adaptarse o morir

Los grandes dinosaurios no se adaptaron a las nuevas condiciones del entorno y acabaron extinguidos, a pesar de ser gigantes que parecían intocables. Su desaparición es una lección para cualquier empresa, que se resume en tres palabras: adaptarse o morir.

El fenómeno de la necesidad de adaptación a las nuevas condiciones del entorno lo hemos observado en multitud de casos a lo largo del tiempo. Ahora, por ejemplo, se está dando con sectores tan emblemáticos como la banca o la distribución, ambos afectados por los cambios en los hábitos de los clientes propiciados por los avances tecnológicos y en especial por el acceso universal a Internet.

En estos día hemos publicado en Libros de Cabecera (http://www.librosdecabecera.com) un libro que trata magistralmente estos temas: Manual de supervivencia para dinosaurios empresariales, escrito por un experto en innovación, Eduardo Remolins. El libro es de obligada lectura por cualquiera que tenga la impresión de que su empresa es lo más parecido a un dinosaurio, y que está viendo pasar los cambios sociales y tecnológicos y no está haciendo nada para adaptarse a ellos.

Os invito a la presentación de un libro divertido e interesante dirigido a inversores y emprendedores

El viernes 17 de noviembre por la tarde presento, como editor de Libros de Cabecera, el libro ¿Emprendes o inviertes? de Christian Fernández, un profesional del capital riesgo que ha sido un pionero en el sector. Creo que será un evento divertido e interesante al que te invito a unirte. Puedes ver más detalles en este link

¡Espero poder saludarte personalmente!

Un saludo,

Paco

¿Qué tipo de empresario eres?

Hay dos tipos de empresarios: los orientados hacia fuera y los orientados hacia dentro, los orientados a las ventas y los orientados a las finanzas y las operaciones. Los primeros suelen ser más extrovertidos, más preocupados por vender que por hacer; los segundos se empeñan en hacer bien las cosas y confían que los clientes respondan.

Probablemente ninguno de los dos tipos de empresario que describo sea el óptimo, sino uno que combina ambos extremos, pero la realidad es esa: hay pocos empresarios perfectos, y la mayoría son de un tipo u otro. Lo más importante es que sean conscientes de ello y traten de corregirlo. Aunque a veces es imposible.

¿Quienes suelen tener más éxito? Los empresarios volcados a las ventas, extrovertidos suelen estar en el extremo de los escenarios de éxito: o tienen mucho éxito o fracasan estrepitosamente. Los orientados a las operaciones y las finanzas suelen tener una trayectoria más mediocre, pero perduran más. Con los primeros o triunfas o fracasas. Con los segundos vas tirando; no te haces rico pero no cierres el tenderete. Necesitamos muchos de estos últimos, aunque también de los primeros. Emprender es eso: afrontar esas tres posibilidades: triunfar, fracasar o ir tirando…

Tú, querido lector, ¿qué tipo de empresario eres?

Tesla y la burbuja

Coincido con la tesis sobre Tesla que plantea la revista OCU Inversiones que acabo de recibir.

No sé si hay una burbuja en las bolsas de valores en el mundo, pero sí que estoy convencido de que hay algunos valores que no tardarán en explotar; Tesla, sin duda, es uno de ellos. Cualquier día la veremos caer estrepitosamente: la acción y la propia empresa. Y acabar en manos de una o varias de las grandes marcas del automóvil. Y si no, al tiempo.

No recomiendo a ningún inversor prudente que invierta en ella.