Valoración de empresas

¿Qué rentabilidad compensa el riesgo que corro con esta inversión?

Los inversores no estamos haciendo continuamente esa pregunta. Y no tiene fácil respuesta.

Es normal que bancos o gestores de proyectos de todo tipo, como promociones inmobiliarias o fondos de capital riesgo o de private equity, o incluso puros especuladores, nos ofrezcan inversiones en las que prometen rentabilidades por encima de las habituales y ya confíen que nos deben resultar atractivas. Pero ¿qué hace que una tasa de rentabilidad prometida sea atractiva? Pues que el plus de rentabilidad frente a una inversión sin riesgo supere el plus de riesgo que el inversor considera que dicha inversión conlleva.

El problema es que ese plus de riesgo es algo completamente subjetivo. Para una persona una inversión conlleva una prima de riesgo del 10% y para otra puede ser del 5%.

Nos viene  ayudar en estos casos la comparación con otros instrumentos de inversión similares, por ejemplo.

Yo quiero traer a colación aquí un dato que espero que al menos dé que pensar a mis lectores: La tasa de rentabilidad que los inversores exigen a las obligaciones españolas a 10 años es más de 20 veces la tasa que le exigen a las obligaciones a 1o años alemanas. Las alemanas las compran con el 0,05% de rentabilidad anual, y las españolas con el 1,15% Es un dato sorprendente pero real.

Si usted debe evaluar una propuesta de inversión que le hace alguien y la compara con la rentabilidad de las obligaciones del gobierno de España a 10 años, ¿qué multiplicador le pediría? Piense que si fuera también de x20, nos iríamos a una rentabilidad del 23%

 

Un intento de entender el comportamiento de los mercados financieros

Ante este final de annus horribilis de los mercados financieros en todo el mundo, el inversor necesita entender qué está pasando, aunque sólo sea para tratar de encontrar algún atisbo causa-efecto.

Voy a intentar dar mi versión a mis lectores.

Estamos bajo el efecto de tres factores:

  1. Ante todo, lo más inmediato, con efectos a corto plazo, tenemos los sobresaltos políticos, consecuencia de las actuaciones gubernamentales o de lo que podríamos llamar «los avatares de la política». Estoy pensando en las decisiones del actual presidente de los Estados Unidos, el embrollo del Brexit, las noticias -siempre negativas- de los países de Oriente Medio, Corea del Sur, Rusia-Ucrania, China-EEUU, la OPEP, etc. Son tantas las fuentes de noticias, que desgraciadamente es habitual despertarnos cada semana con una mala noticia. Es lo que hace que las bolsas caigan en un día para subir al siguiente, para volver a caer al siguiente…Aunque, en el fondo, si la cosa se quedase aquí, podríamos aplicar el famoso dicho «mucho ruido y pocas nueces…» Quizás el elemento político que actualmente está haciendo más daño es el mantenimiento del pulso China-EEUU en relación a la guerra comercial. Si se llegara a un acuerdo aceptable en este tema, que sacase del mercado el escenario de una caída forzada del comercio mundial, los mercados notarían un alivio considerable.
  2. La segunda capa, de impacto en el medio plazo, es la actuación de los bancos centrales, que apunta en la dirección de una recuperación de los tipos de interés después de años de intereses muy bajos o nulos. La cuestión aquí es: ¿están acertando los bancos centrales en su política de tipos? No es una tarea fácil, porque si se retrasan a subirlos recalientan la economía y pueden provocar inflación, y si se adelantan provocan el pánico y favorecen la entrada en recesión. Además, por si el escenario fuera poco complicado, cada banco central va a su ritmo, y así como la FED está subiendo tipos, el BCE no lo hace aún (aunque avisa que lo hará), y el Banco Central Chino se plantea bajarlos.
  3. Por último. la tercera capa es la más poderosa y afecta a todo el mercado a corto, medio y largo plazo: las grandes tendencias globales. Estamos hablando de la digitalización, que apoya el éxito de las grandes tecnológicas y que pone en jaque el status quo de muchos sectores, como la banca o los hoteles, por no decir el retail; del auge de las energías renovables en un mundo que debe ser más sostenible, que afecta al petróleo y a la automoción, ensalzando el coche eléctrico (y justificando las valoraciones astronómicos a de algunas empresa, como Tesla); del envejecimiento de la población, que provoca miedo a la quiebra de los sistemas de pensiones occidentales y que empuja a los sectores relacionados con la salud y el cuidado de los mayores; del reequilibrio geopolítico que implica que China, India y el Sudeste Asiático inclinen hacia Asia la balanza económica mundial, lo que hace que las oportunidades de valor estén más en Asia que en América o Europa.

Es difícil lidiar con todos estos factores (y los que seguramente me dejo), pero el lector ya podrá apreciar que estamos en un escenario muy complejo, que hace muy difícil manejarse en los mercados financieros. Aún así, los que lo hacen se agrupan, en mi opinión, en dos «escuelas»: los que se tratan de ganar dinero fijándose principalmente en los factores 1 y 2, y por tanto buscando la rentabilidad en el corto-medio plazo, y los que lo hacen fijándose en los 3 y2, y por tanto buscando sumarse a una tendencia a largo plazo, y encontrar la rentabilidad en el medio-largo plazo. Yo soy de los segundos. Creo que es una postura más sosegada y menos expuesta al infarto de miocardio.

En estos momentos en que vamos a acabar 2018 con pérdidas generalizadas en nuestras carteras de acciones y bonos, sólo podemos confiar en que nuestros gestores estén acertados en el largo plazo.

De lo contrario, deberemos cuidar de nuestra salud.

General Electric. La caída de un gigante

Alguien habrá de estudiar las razones que han hecho de la General Electric del mítico Jack Welch una empresa normal, sin un rumbo claro, que pierde valor a marchas forzadas.

Hoy estreno un iPad Pro

Soy un cliente convencido de Apple. Alguien que contribuye a que sea la compañía más valiosa del mundo. He de reconocerlo. Pero es que Apple nos facilita tanto la vida que lo que nos da no tiene precio.

Aparte de un iPhone, tengo un MacBook Air en el despacho y ahora este iPad Pro, en formato grande, con el iPencil y con el teclado-tapa. Mis primeras impresiones son muy positivas. No quiero entrar en detalle aquí porque este. Blog no va de eso, pero es una informática cada vez más user friendly, cada vez más portátil y más integrada en nuestra vida diaria.

Apple presenta este nuevo iPad Pro como un ordenador de sobremesa, y realmente lo es. Ahora mismo estoy escribiendo en el teclado-tapa y tengo al lado el MacBook abierto, y son conceptos que se asemejan. Aunque ocupando cada uno un puesto concreto, siendo el iPad más portátil que el iMac, que ya lo es y mucho…

En fin, no pretendo hacer publicidad de Apple (no gano nada con ello), sino compartir mis sensaciones con mis lectores.

¡Ah! Una cosa más, pretendo, con este artefacto, hace realidad por fin mi anhelo de abandonar del todo el uso de la impresora para tener a mano documentos diversos. Todo va a ir aquí. O eso espero. Os iré contando.

China, país de unicornios

No es que hayan aparecido en China esas criaturas fantásticas. Se llaman unicornios a las startups que valen más de 1.000 millones de dólares. Todos los países quieren tenerlos.

Pues resulta que 4 de los 5 mayores unicornios actuales son empresas chinas. Y entre ellas las dos mayores. Eso demuestra una vez más el empuje de la economía y la sociedad china. Y nos reafirma en que China es la segunda mayor economía del mundo y que aspira a ser la primera.

¿Cuáles son esos dos unicornios chinos? Pues dos empresas de las que muchos de mis lectores seguro que no han oído hablar. La nº 1 es Ant Financial, que se deica a los pagos por Internet, y que dicen que vale 150.000 millones de dólares (M$). La nº 2 es Bytedance, que posee varias app con millones de usuarios registrados, y que dicen que vale sólo la mitad: 75.000 M$.

Son cifras que marean, y que nos hacen ser escépticos en relación a las valoraciones de las empresas tecnológicas (sobre todo cuando Bytedance, por ejemplo, nunca ha ganado dinero), pero que están ahí.

Los chinos siguen asombrando, dando miedo, y quizás envidia.

En términos bursátiles, no hay duda de que no hay más remedio que seguir apostando por China. Es allí donde se está creando valor de forma más evidente en estos momentos.

China sigue imparable

Yo soy de los que siguen creyendo que en Occidente exageramos cuando penalizamos a las bolsas chinas porque la economía china, por ejemplo porque «sólo» ha crecido en el último trimestre un 6,5%

China ya es un gigante. La segunda economía del mundo. Una tasa de crecimiento del 6,5% para una economía del tamaño de la china es una barbaridad. Estados Unidos (la primera) se mueve alrededor del 2-3% como máximo. Y es lógico. No es lo mismo crecer un 2,5-3,0% cuando eres una economía relativamente pequeña, como la española, que cuando eres un gigante como EEUU. Eso pone en contexto lo destacable del crecimiento chino.

En conclusión, creo que las bolsas chinas seguirán evolucionando positivamente a largo plazo, aunque coyunturalmente los analistas e inversores occidentales les vuelvan la espalda.

UBER, un pozo sin fondo

Para entender mejor el fenómeno UBER conviene saber algunas cifras. Desde su creación lleva consumidos 11.000 millones de dólares de capital. Y en el último trimestre (el segundo de 2018) ha tenido unas pérdidas de 891 millones de dólares. En términos operativos nunca ha ganado dinero.

Es la estrategia seguida por otros gigantes norteamericanos de la nueva economía. A algunos les ha funcionado (como a Amazon) y a otros no. Algunos están provocando dudas, como Tesla.

Los inversores, por ahora, siguen confiando en UBER, que tiene más de 7.000 millones de dólares en caja.

Las claves de una buena negociaciób (5): Buscar criterios objetivos de referencia para urdir y valorar el acuerdo

No hay que limitarse a negociar en base a insistir en lo que se quiere, sin una referencia clara (objetiva) sino presionando al contrario para que se pliegue a nuestros deseos. Ese tipo de acuerdo, si se llega, deja muy tocada la relación entre las partes. No es «win-win».

Las mejores negociaciones, y los mejores acuerdos, se basan en criterios objetivos aceptados por ambas partes. Por ejemplo, no se trata de acordar una cantidad de dinero por un mero tira y afloja entre las partes, sino de buscar criterios objetivos que nos ayuden a sustentar la cantidad de dinero que se acuerde (y deje razonablemente satisfechas a ambas partes, que siempre podrán decir que se ha llegado a esa cifra no «por la fuerza», sino basándose en criterios objetivos).

Cuando hablamos de criterios nos podemos estar refiriendo a:

  • regulación pública
  • estándares profesionales
  • valor de mercado
  • precedentes
  • dejarlo en manos de los jueces
  • tradición
  • etc.

Los acuerdos entre múltiples partes son imposibles si no se fijan criterios objetivos previamente. De eso saben mucho en el mundo diplomático.

Un ejemplo de lo que quiere decir el libro en este aspecto lo explico en mi libro Valoración de empresas (ver en www.librosdecabecera.com). Propongo que el comprador y vendedor no se limiten a lanzarse cifras a la hora de fijar el precio de una empresa, sino que traten de consensuar que el valor de una empresa es el resultado de dividir el beneficio anual repartible que la empresa puede dar de forma recurrente, dividido por la tasa de rentabilidad que el comprador desea obtener. De esta forma, el acuerdo es más fácil de alcanzar y más justo. Deja a las dos partes con mejor sabor de boca, porque sabrán porqué han pagado/cobrado el precio consensuado en el acuerdo.

Una idea para Zara

Las empresas de venta de ropa y complementos han de adoptar modelos de la economía circular.

Sugiero a Zara que permita a sus clientas llevar sus prendas usadas y «venderlas» a Zara, de manera que esta pudiera reciclarlas como materia prima o, si su estado lo permitiese, venderlas como usadas, a un precio atractivo, pero eso sí, después de meterla en el circuito normal de venta como la ropa nueva. Aunque dejando claro que es usada.

El impacto en su imagen sería muy positivo.

Es cuestión de resolver los procesos y calcular los costes y asegurarse de que se puede hacer con beneficio, aunque sea inferior al de la ropa nueva.

La caída de un mito

General Electric, un gigante empresarial con muchos años de historia, sale hoy del índice Dow Jones, en el que ha estado desde que se creó ese índice bursátil representativo de la flor y nata de las compañías cotizadas norteamericanas. Es un acontecimiento histórico, y un signo de los tiempos.

La suma del proceso de digitalización de la sociedad y la economía en el paso del siglo XX al XXI, unida a una generación mediocre de directivos, ha traído estas consecuencias. Confiemos en que el gigante consiga salir de esta dinámica positiva, pero no será fácil. En cualquier caso, es algo que debe hacernos pensar a todos los que estamos dedicados de un modo u otro a la ciencia del management.