Personal

Valoración de empresas, el gran error colectivo

Cae en mis manos estos días un artículo del profesor Pablo Fernández del IESE, gran experto en valoración de empresas, en el que creo que -modestamente- da la razón a la tesis que defiendo en mi libro Valoración de empresas. Viene a decir el profesor que la tasa de descuento utilizada habitualmente por profesores, consultores y analistas para valorar empresas es totalmente subjetiva, por mucho que se empeñen en darle una apariencia científica.

La tasa de descuento utilizada es el factor que más influye en una valoración, luego cualquier oscilación de la misma conduce a valores muy diferentes. En mi libro explico por qué sucede eso, y aconsejo un método sencillo para hacer una valoración, que está al alcance de cualquiera.

Pueden comprarlo, en formato papel o digital, en www.librosdecabecera.com

EL éxito de los directivos educados “en la casa”

Soy un convencido de que las empresas que confían en su personal y apoyan la promoción de los mejores, con la consecuencia de que la mayoría de su alta dirección está compuesta de profesionales que han crecido en la propia empresa, suelen ser las más exitosas.

Un artículo sobre el ex CEO de Tesco que leo en The Economist me reafirma en esa creencia. El propio Sir Terry Learhy empezó en Tesco reponiendo estanterías. Y 5 de los 8 miembros del comité de dirección eran directivos hechos en las casa.

Estoy escribiendo un libro sobre Riu Hotels, el más exitoso grupo hotelero español, y uno de sus secretos es ese: directivos hechos en casa, complementados con directivos provenientes de fuera.

Es la misma idea de la cantera que explica éxitos como los del FC Barcelona en el mundo del fútbol.

Una cruzada ética

He hecho negocios desde siempre. Soy empresario y consultor/asesor de empresas desde hace más de 30 años. Y puedo decir con orgullo que nunca he pagado ni recibido una comisión bajo mano.

Sin embargo esa no es, por desgracia, la norma.

Sin ir más lejos esta semana pasada me enteraba de que un empresario al que habían comprado un solar le pedían una comisión los directivos de la caja de ahorros que se lo había comprado. Una caja de ahorros actualmente intervenida y nacionalizada.

Espero que mis lectores estén de acuerdo conmigo en que es una vergüenza y un cáncer para nuestra sociedad.

Los accionistas, los consejos de administración, deben asegurarse de que sus directivos son éticos. Y la mejor manera es conocerlos a fondo. Saber cuál es su trayectoria personal y profesional, saber qué hacen fuera de la empresa, saber si su patrimonio y sus gastos son acordes a sus ingresos, hablar con ellos más allá del entorno empresarial. En definitiva, hacer un esfuerzo por conocerlos, y si hay la menor sombra de duda, sacarlos de puestos de responsabilidad.

Está claro que, además, esa es una batalla de la sociedad, que debe ganarse desde la calle, desde las escuelas, desde los medios de comunicación.

Solo así seremos algún día un país creíble y de prestigio. Es ahí donde está la frontera entre el primer y el tercero mundo.

España, 500 años de historia (artículo de un periódico alemán traducido por un amigo )

Junto con los judíos y los moros, España expulsó en 1492 también a los pensamientos económicos: la venganza de hoy

  • España descubrió América en 1492, donde los exploradores encontraron oro y  plata y al no hacer uso de ello el país cayó en la pobreza más abyecta.
  • En 1986 España descubrió Europa, fue galardonada con el € y al no hacer uso de ello volvió a caer en la misma trampa.

¿Cuál es el problema de España? Durante el gobierno de José María Aznar (1996-2004), España fue el referente del crecimiento de la UE.  150 millones de euros de ayudas estructurales de Bruselas fluyeron hacia la cuarta economía más grande de la eurozona. Pero en lugar de plantas florecientes, en los áridos suelos de Andalucía y Castilla crecieron inútiles inversiones inmobiliarias como los castillos en ruinas de la época del Cid. Tanto en el primer escenario de hace 500 años como en este último se expresa ese modelo económico tan característico de España. España experimentó en los tiempos contemporáneos un aislamiento auto impuesto que terminó en los años sesenta del siglo pasado, cuando Franco abrió el país al turismo. Se  entró tarde en la era moderna, “emocionada y apresurada como el invitado que llega tarde a la cena, y que por ello debe darse prisa para compensar el tiempo perdido”, dice Juan Goytisolo en 1969 en su ensayo ‘España y los españoles’.  El gran aumento del turismo ha cambiado a la sociedad y la ha sacado de la pobreza. “Sorprendidos por el maná caído del cielo, el Español de a pie se encuentra frente a una nueva situación respecto a lo moral y a lo social sin la preparación adecuada. De la noche a la mañana España descubre los nuevos valores de las sociedades avanzadas, y se mete  en ellos con el celo de los conversos recientes.

Con el mismo afán comenzó España a gastar el maná que caía del cielo en forma de ayudas estructurales por parte de la UE. En lugar de invertir en una sociedad productiva optó por el camino de pertenecer cuanto antes a la sociedad moderna, o en su defecto, de pretenderlo. El dinero fue utilizado, en un principio de manera útil pero más adelante cada vez más  sin sentido, disparado por el urbanismo ultra-liberal del gobierno de Aznar. Durante su agitada actividad, España se mantuvo dentro de su “inmovilismo impresionante”, como Goytisolo ha denominado a una constante fundamental del ser español.

Repasando un poco de historia,  el triunfo de lo anti-económico ya se inició en 1492. España entonces no solamente descubrió América, sino que también derrotó a los últimos vestigios del dominio árabe en Granada y expulsó en los siglos posteriores a los musulmanes y los judíos, siendo ambos grupos los responsables principales del comercio. El hidalgo cristiano, sin embargo, detestaba el trabajo y de hecho le estaba prohibido por un código de honor extraño. Éste  sólo se veía a sí mismo trabajando en la vocación divina que Dios le había otorgado, la de soldado.  Entre tanto, la riqueza de las colonias de España fluía a través de esta como oro líquido y servía como pago de la deuda hacia los comerciantes alemanes y flamencos, quienes a su vez lo invertían en los procesos industriales.  Europa Central se iba haciendo rica gracias oro de los Incas mientras los nobles españoles dormían en sus ruinosos castillos.

Más adelante, durante los trescientos años que duró la Inquisición todo aquello relacionado con la productividad se consideró una herejía. “La inquisición convirtió a cualquiera que se ocupara de empresas comerciales, industriales o financieras automáticamente en judío”, escribió el historiador Américo Castro. Aquél que investigaba corría el riesgo de acabar en la hoguera. Durante la Ilustración, mientras en Europa central floreció la ciencia, los eruditos españoles discutían sobre el sexo de los ángeles.

Una vez terminado el periodo de la Inquisición,  la hostilidad hacia el progreso prosiguió con el nacionalcatolicismo. La secularización no fue capaz de solucionar nada. Sólo en el País Vasco y Cataluña surgieron estructuras industriales mientras que la mayoría del país continuó como “la España ignorante, pobre y orgullosa” como la describió en 1840 el viajero inglés George Borrow. Poco a poco se intentaba encontrar la conexión con Europa aunque esta era impedida al mismo tiempo. Se construyó una red ferroviaria pero con un ancho de vía diferente al de Francia para no acercarse demasiado a Europa. “Europa se acaba en los Pirineos”, se dijo a partir de entonces.

Hablando sobre el fin del siglo XIX Goytisolo escribió: “El Homo hispanicus vive en su mayoría sin la comprensión de las fuerzas motrices del homo economicus moderno. Aquel que posee algo no pretende aumentar su cantidad ni invertir en nada”. Cualquiera que haya intentado hoy en día hacer negocios en España sabe que las cosas no han cambiado mucho. El dinero se mueve lentamente y las ganancias van al sector inmobiliario.

Un intento de clase media dinámica y mercantil con conciencia política surgió en el siglo XIX, pero no dió resultado. Solo los campesinos y los proletarios empezaron a oponerse con violencia creciente a la clase dominante conservadora compuesta por los militares y el clero. En todo el mundo, solamente en España surgió un fuerte movimiento anarquista. Este sobrevive todavía en el 15-M, movimiento formado por indignados contra el capitalismo, pero carentes de cualquier tipo de organización. En España no se han creado nuevos partidos políticos a nivel nacional como los verdes en Alemania sino que se sigue con el bipartidismo heredado del siglo XIX.

Posteriormente,  aquel anarquismo triunfante de los años treinta fue eliminado por el ejército rebelde de Franco en la Guerra Civil. Y con ello Franco hizo volver a España a la época de la Inquisición. Uno de sus oficiales pidió a la Legión Cóndor alemana que bombardeara las instalaciones industriales de Bilbao con la finalidad de sacar al país de la senda de la industrialización considerada pecaminosa y corrupta. Con el fin de mantener la paz, Franco promovió la inmovilidad después de ganar la guerra civil. A través de la vivienda y el apoyo financiero, convirtió a los españoles en propietarios y asentó así las bases del boom especulativo posterior en el que cualquier propietario  volvía a creerse un hidalgo.

Mientras que España ha superado la dictadura con gran éxito y ha creado una sociedad permisiva, se ha quedado por otra parte atascada económicamente en la Baja Edad Media. En la década de los noventa, Pizarros contemporáneos como el banquero Mario Conde (quién se hizo rico a través de negocios poco sólidos por los que terminó en la cárcel) se convirtieron en ídolos de los jóvenes.

Cualquiera que veía las cajas españolas concediendo créditos hipotecarios podía prever que el esquema Ponzi montado por éstas iba a acabar mal. Nadie intervino.  Y aunque se está ejerciendo la  autocrítica con ganas, no se está acertando con las medidas. Los análisis más certeros de las condiciones españolas siempre han venido en su mayoría de fuera por parte de emigrantes como José María Blanco White, Américo Castro y Juan Goytisolo, quienes fueron tratados en España como herejes. En muchos periódicos y blogs españoles aún domina una retórica centrada en disputas partidistas y un pensamiento regional corto de miras. Esa manera de ser prohíbe a los castellanos o andaluces copiar en  lo productivo a los vascos o catalanes y al mismo tiempo estos últimos se niegan a compartir su talento con el resto del país.

Sin embargo España tiene suficiente talento para un enfoque de mejora. A los españoles, escribe Goytisolo, les importa menos una ganancia material que el hecho de la implicación personal en un proyecto. Son fuertes en todo lo que tiene que ver con las relaciones humanas, lo que los hace expertos en la gestión de empresas grandes y complejas y lo que los convierte en socios empáticos, algo útil para el comercio con distintas culturas. Pero los mercados fríos y eficientes de los protestantes anglosajones no dan tiempo  para sacar partido a ese talento comercial. Aparte, una sola generación no puede reformar lo que le dejaron decenas de generaciones anteriores. La conversión requiere una educación orientada hacia la práctica y la investigación actual está estancada debido a la escasez de fondos. ‘Nosotros, los españoles de hoy, hemos renunciado a nuestra milenaria identidad sin formarnos aún una nueva personalidad bien definida “, escribió Juan Goytisolo.

Mientras que Europa no se decide a eliminar la frontera de los Pirineos  con una gran ayuda dirigida a la modernización de las estructuras  económicas y educativas, España debe refugiarse en una característica suya, que, según Goytisolo también ha impedido desde siempre su progreso: es su modestia, aquella que sólo en los momentos de efímera bonanza es sustituida por  un consumismo superficial. Ya en 1898, después de perder las últimas colonias, Miguel de Unamuno trató de consolar a sus compatriotas definiendo a la pobreza como un valor ético. De hecho, los españoles saben de sobra lo que significa soportar una crisis. Lo llevan haciendo desde hace ya 500 años.

Grandes profesionales, pero mandos intermedios mediocres

Sufro el caso de una persona que hace su trabajo perfectamente, comprometida con la empresa y dedicada como nadie. Pero que es un límite al crecimiento, porque es incapaz de delegar, sistematizar y en definitiva de gestionar un equipo de trabajo.

Ese tipo de personas suponen un problema doble: para ellos mismos, porque su evolución profesional tiene un techo, que no siempre aceptan, y para la empresa, porque son un tapón al crecimiento.

En el caso que me afecta, además, se da otra circunstancia muy común a este perfil profesional: el rechazo a cualquier revisión de su trabajo y a cualquier sugerencia, porque se toma cualquier revisión como una auditoría, una inspección, una crítica a su trabajo.

Huelga general: derecho a la huelga, derecho al trabajo

Estamos a las puertas de une huelga general. Conviene recordar que el derecho a la huelga es un derecho reconocido y esencial, que todos deben respetar. Pero también convendría recordar que se debe dar la misma importancia al derecho al trabajo.

A veces nos olvidamos, o se olvidan.

Parados fantasma

Un amigo me explicaba esta semana que en su empresa le ha comunicado una empleada que va a dejar el trabajo porque su marido se traslada a otra ciudad. No ha sido una buena noticia para él, porque era una empleada que había sido formada y que conocía a los clientes, pero se ha resignado a ello.

¿Dónde está el problema?

Pues que la empleada en cuestión le ha pedido que “le arregle el paro”, es decir, que simule despedirla para que pueda acogerse al desempleo. A mi amigo le ha creado un problema mayor. Si le dice que no, aparece como un empresario raro y una mala persona, porque “todo el mundo lo hace”. Si le dice que si, estará contribuyendo al déficit público y la corrupción generalizada que ahoga a este país. Estará cometiendo un fraude.

Mi amigo no sabe qué hacer.

Lo que sí que sabe es que este país no tiene solución.

¿Quien crea empleo?

A menudo leo y oigo declaraciones de personas que claman por que se cree empleo. No suelen decir a quien lo piden, o lo hacen a un genérico “gobierno”. A mi me pone de mal humor sentir esas memeces. ¡Librenos Dios de que el Gobierno cree empleos! Nos sobran empleos públicos y nos faltan empleos privados.

No es el gobierno quien crea buen empleo, ni los buenos empleos vienen del cielo. Los empleos los crean los empresarios de las pymes y los directivos de las grandes empresas, nos guste o no. Sí, son aquellos quienes se suele criticar por lo mucho que ganan, por lo “malas personas” que son; aquellos que las mismas personas que reclaman empleo parece que odien. Creo que es una situación triste y a la vez absurda.

En ese entorno de enfrentamiento entre la sociedad (o al menos una parte de ella) y los empresarios, no se producen en absoluto las condiciones para que se cree empleo.

El ambiente idoneo sería uno de confianza mutua entre empleados y empleadores. Y lo que hay es exactamente lo contrario.

¿Es el mercado de trabajo un mercado?

Creo que los ciudadanos españoles se olvidan de que el mercado de trabajo es ante todo, un mercado. Un mercado en el que se vende y se compra un producto: el trabajo. Lo venden los trabajadores, en base a su cualificación y a su disponibilidad, a la expectativa que ofrecen al empresario de ayudarle a llevar a cabo sus objetivos empresariales, con calidad y productividad, ayudándole a obtener el beneficio que pretende. Lo compran los empresarios, en función de sus necesidades y de sus objetivos.

Para obvio recordar que los empresarios compran lo que necesitan, y si no confían en poder amoldar el trabajo que van a comprar a sus necesidades variables, se limitan a comprar lo mínimo necesario (y dejan de comprar aquello que temen no necesitar a medio plazo). Y ¿a qué precio lo compran? Pues, como cualquier producto o servicio, lo compran al precio más barato que pueden. Salen al mercado y compran al proveedor que está dispuesto a venderles el producto (el trabajo) al precio más bajo, en las mismas condiciones de calidad del producto.

En España estamos en sufriendo un triple fenómeno: muchos trabajadores sin trabajo, salarios muy bajos en muchos de los puestos de trabajo típicos y gran precariedad de muchos contratos. ¿Por qué es así? Si buscamos la respuesta desde la perspectiva del mercado de trabajo, encontramos lo siguiente: una demanda de puestos de trabajo por parte de las empresas muy disminuida como consecuencia de una gran crisis económica de país; una polarización del mercado en dos extremos enfrentados, en un lado una demanda de determinados puestos cualificados que no encuentra la adecuada oferta de trabajadores cualificados (ingenieros, desarrolladores informáticos, conocedores de idiomas, etc.), en el otro, una enorme diferencia entre las muchísimas personas con baja cualificación frente a una demanda muy debilitada de puestos de baja cualificación como consecuencia principalmente del hundimiento del sector de la construcción y la caída del comercio; y, por último, una rigidez de la contratación fija que hace que los empresarios opten por la contratación eventual.

En suma, creo que es muy útil que los trabajadores piensen en su trabajo como un producto que tienen a la venta. Si quieren encontrar comprador han de hacerlo atractivo y han de buscar posicionarlo en aquella parte del mercado donde tengan menos competencia. ¿Cómo? Formándose en aquello que sea más demandado y adquiriendo experiencia aunque sea a costa de pagar por ello.

Y si usted es un trabajador y cree que es absurdo que no lo contraten o que no lo contraten a un mejor precio, si no entiende por qué los empresarios no aprovechan el chollo que es contratarlo, ¿por qué no se autocontrata creando su propia empresa? ¿Si es un chollo…?

Empleo y sueldos, mantenerlos es un éxito

En la situación en la que se encuentra España, que un empresario consiga mantener el empleo y los salarios es un gran éxito. Es época de prudencia máxima. Muchas empresas han recortado plantillas y bastantes han recortado sueldos.

En mi pequeña empresa estamos haciendo un gran esfuerzo para mantener la plantilla, y no hemos decidido aún que hacer con los sueldos, pero lo más probable es que los dejemos igual que el año pasado. Hacerlo de otro modo no sería prudente. Vamos a tratar de incidir en los objetivos de todos los responsables de cada área de negocio, ofreciéndoles un bonus variable en caso de que los consigan.

Ligar el sueldo a los resultados es la mejor manera de premiar a quienes lo hacen mejor, sin poner en peligro la empresa.