Reflexiones

Empresas ambidiestras

¿Eres un empresario ambidiestro?

Parece que es lo que toca ahora. Me entero del nuevo término en conversaciones y artículos que me llegan del País Vasco, aunque probablemente sea un término generalizado que hasta ahora yo no conocía.

Lo traigo aquí para que lo conozcan mis lectores.

¿Qué es una empresa ambidiestra o un empresario ambidiestro? Pues aquel que sabe gestionar a la vez pensando en la crisis presente, recortando gastos y reduciendo costes y aplazando proyectos, para poder resistir, y también es capaz de pensar en el futuro, en la innovación y el crecimiento, sin renunciar a ellos, y tomando todas las medidas de las que sea capaz ahora para que ese futuro no se esfume.

Me parece una idea magnífica y totalmente actual. Incluso creo que se lo puede dar una vuelta más y tratar de unir las medidas de cambio y adelgazamiento actualmente obligadas con la asunción de nuevos modelos de actuación y de negocio que permitan avanzar hacia el futuro, abordando cambios, nuevas maneras de hacer, que quizás no eran posible antes de esta crisis.

La crisis es mala. No podemos negarlo. Pero a lo mejor tiene su lado bueno si nos permite quitarnos las ataduras, los pesos que llevábamos encima, que no nos permitían abordar un cambio drástico, que probablemente ya estaba en nuestra mente, pero nos veíamos incapaces de abordar.

Estoy hablando de cambiar de personas, de productos, de clientes, de ubicaciones, de almacenes, de oficinas, de forma de vender, de manera de fabricar, de manera de facturar, de sistemas informáticos, de imagen de marca, de mercado…. ¡Son tantas cosas las que antes habíamos dicho que haríamos de otra manera si pudiéramos…! A lo mejor ahora, por culpa de la crisis, o gracias a la crisis, podemos. ¡Puedes! Anímate, busca los recursos. A lo mejor es la única forma de salir adelante.

Asume el riesgo. ¿Qué tienes que perder?

¿Acabaremos saliendo en V?

Hace días, al inicio de la crisis de la COVID, vaticiné que la salida la veríamos más clara el 30 de junio, y parece que quizás va a ser verdad. Ahora empiezo a percibir, al menos en Europa, una sensación de que vamos a volver a la antigua normalidad más pronto que tarde. Los indicadores se recuperan con bastante rapidez, insinuando que una recuperación en V es posible.

Veremos.

Empieza de verdad el siglo XXI

La crisis que está viviendo el mundo no solo está demostrando que no somos nada ante los fenómenos naturales (como una pandemia), que no podemos prever y apenas gestionar. Está poniendo en su lugar la importancia de la vida social, del comercio de proximidad, de los hábitos sanos, de la menor contaminación, de la alimentación, de las infraestructuras sanitarias y de comunicaciones, de las estructuras de gobierno en general, de las redes sociales de ayuda a los menos favorecidos…

Además está acelerando la conversión a la nueva economía que ya llevamos años predicando. Para muchos sectores va a haber un pre y un post COVID.

Por ejemplo para el comercio, que por fin se va a convencer de que debe ser online, aunque sin abandonar el Offline. Para la banca, que ya tiene claro que no va a sobrevivir si no cambia radicalmente. O la automoción, que se enfrenta a un futuro radicalmente distinto. Y hay muchos casos más.

Todas son industrias que ya sabían que estaban en un proceso de cambio, pero lo iban haciendo a su ritmo. Ahora habrán de acelerar, y afrontar cambios radicales.

En el caso de los bancos, deben ser conscientes de que deben convertirse en empresas fintech, como sus nuevos competidores; porque TODO ES TECH.

Las empresas del automóvil también deben asumir las nuevas tecnologías, pero en su caso, además, deben asumir que deben abandonar su modelo en negocio (hacer autos con motores movidos por combustibles fósiles, para venderlos) y pasar a uno nuevo (hacer vehículos con motores movidos por energías sostenibles, para alquilarlos, en una fórmula u otra). De hecho, el sector de la “automoción” ya hace tiempo que se auto-califica como de la “movilidad”.

Hay futuro en esas nuevas “Ítacas”, pero hay que llegar a ellas. Y por el camino habrá muchos damnificados.

En Barcelona estamos viendo estos días las protestas de los empleados de una planta de Nissan, pero no serán los únicos. En los próximos 5 años TODOS los empleados de la cadena de valor del automóvil, tal como ahora está planteada, se verán afectados.

Solo podemos hacer una cosa: asumirlo, tratar de parar el golpe y prepararnos para subirnos a un nuevo futuro. Donde no habrá bancos sino entidades fintech, ni compañías automovilísticas sino empresas de movilidad.

Una gran amenaza, pero también una gran oportunidad.

¿De Trump a Biden? Ni uno ni otro, necesitamos líderes del siglo XXI

¿Realmente los Estados Unidos (el líder global, al menos por ahora) no tienen un líder mejor que la alternativa Trump o Biden? Ninguno me ofrece confianza (Trump el que menos). Y ambos están camino de los 80 años. ¿Es esa la edad razonable de un líder mundial en el siglo XXI?

Espero y confío en que las nuevas generaciones se den cuenta de que hay que renovar el liderazgo mundial. El COVID lo ha hecho palpable y ha demostrado su urgencia.

Ojalá no sea para seguir ahondando en la brecha de populismos de izquierda y de derecha, sino que los nuevos líderes mundiales se den cuenta de que estamos todos interconectados y nos necesitamos unos a otros. Y que necesitamos a nuestro planeta si queremos respirar y alimentarnos. Y si no queremos acabar con todo.

Solo el optimismo y las ganas de tirar adelante nos sacarán de esta

Me siento con la necesidad de decir que si nos sumimos en el pesimismo tardaremos mucho en recuperarnos del shock del COVID19. Hay que ser realistas pero mantener una postura positiva. ¡Si se puede!

Un dato sorprendente para muchos: el peso del turismo en la economía española es importante, pero de los países del sur de Europa somos en el que menos peso tiene el turismo, a pesar de ser una potencia turística indudable. El turismo pesa más en Grecia, Italia o Portugal.

Esta crisis nos ha de ayudar a salir adelante con una industria turística más fuerte y más importante.

¡Podemos!

El COVID19 nos demuestra por qué es importante ahorrar

Leía hoy en La Vanguardia un artículo de Cristina Sen titulado “El 36% de los españoles gastó todos sus ahorros en 1 mes de encierro (por el COVID-19)”

Debo reconocer que me ha dejado aturdido. ¿Cómo puede ser que más de un tercio de mis compatriotas tengan tan pocos ahorros como para no poder resistir sin ingresos solo 1 mes?

La mayor o menor propensión y capacidad de ahorro de los países explica en gran parte su vulnerabilidad en caso de que se produzca un acontecimiento de impacto, sea este una pandemia o la discontinuidad inesperada de sus ingresos por cualquier otra causa. Por ejemplo un despido o la quiebra de su empresa.

Está claro que, en media, los españoles ahorramos poco. Como decía, es parte es porque no podemos, en parte es porque no queremos, porque priorizamos el gasto (un viaje, un televisor nuevo, un auto mejor, etc.)

Mientras los españoles ahorramos, en media, un 9% de nuestra renta anual (equivalente a 1 mes de sueldo), los alemanes ahorran el 18%, y la media de la Eurozona el 13%

El ahorro bruto acumulado por los alemanes es el 29% de su PIB; el nuestro es el 22%

Hay que ahorrar para estar preparados para sustos como el que estamos pasando. Será una de las lecciones de vida que dejará el coronavirus. Por desgracia lo hará junto a las situaciones dramáticas en las que se van a encontrar quienes no han sabido, querido o podido ahorrar lo suficiente para hacerle frente.

Aprendiendo de los errores del Circo del Sol

El Cirque du Soleil (CdS) está en dificultades financieras a causa del parón por el COVID19, según leo en El País (https://elpais.com/cultura/2020-05-30/circo-del-sol-del-esplendor-a-la-ruina-en-tan-solo-tres-meses.html)

Me hace pensar en tres enseñanzas que ningún directivo puede olvidar:

1. Que las empresas hay que gestionarlas observando el balance, no solo la cuenta de resultados. Obviamente en el CdS obviamente no lo han hecho.

2. Que el apalancamiento (el recurso a la deuda financiera en lugar de al capital propio) tiene un límite. Los accionistas, fondos que compraron la empresa endeudándola, han mantenido esa carga, tratando de llevar la rentabilidad de su inversión al extremo. Es un juego peligroso.

3. Que las empresas, como decía en un artículo reciente, han de REINVENTARSE permanentemente. El CdS no es una excepción, y en los últimos 20 años le han ido saliendo imitadores, que lo han obligado a hacer un esfuerzo y han erosionado sus beneficios.

Alguien duda de que el mundo postCOVID será un mundo orientado a la sostenibilidad

Las consecuencias que eso tendrá sobre muchos sectores empresariales serán enormes. Acabo de mencionar el automóvil, pero también el petróleo o el textil, el plástico, el agropecuario, la movilidad, la construcción, etc.etc.

En otro paso también mencioné el turismo.

Era algo que tenía que pasar y a lo que el coronavirus va a dar un impulso.

Qué verdad es que “no hay mal que por bien no venga”.

La recuperación económica se ha de construir sobre esas premisas. Los gobiernos, los empresarios, los inversores, los trabajadores, que se den cuenta de ellos y se apunten a esa apuesta, serán los que se recuperarán antes y mejor de el batacazo del COVID19.

Se va a imponer la tecnología y la economía circular. Será la explosión definitiva de la 4ª Revolución Industrial.

Nissan se va de España

Hace tiempo que adelantaba en este blog que la industria del automóvil iba a entrar en una crisis de proporciones desconocidas. Quizás la pandemia del COVID19 sea el detonante. Un ejemplo de ello lo estamos viviendo en España con el cierre de las plantas de Nissan. El impacto en Catalunya será muy importante. Y vendrán más.

Son las consecuencias de ser un país de fábricas de coches, pero que no de empresas automovilísticas. Y ahora que a corto plazo de hunde la demanda y a largo plazo hay que repensar del todo el sector (vehículos sostenibles, compartidos, autónomos…), veremos, insisto, como muchas de «nuestras» fábricas cerrarán. Solo se mantendrán las que se puedan reconvertir hacia vehículos sostenibles. Y siempre que el neonacionalismo industrial que barre el sector, no priorice la fabricación en los países donde residen las marcas.

¿Podrían llegar a cerrar todas las fábricas de automóviles de España? Podrían. Aunque espero que no sea así. Pero me atrevo a decir que quizás el 50% cierren.

Cierren o se reconviertan, porque en eso debería estar pensando el gobierno, en cómo reconvertirlas a fábricas de productos con futuro.

La importancia de las fábricas de Renault, Volskwagen/Seat, PSA o Ford, para las comunidades en las que se ubican, es vital. También lo es para todo el país. Pero hemos de hacernos a la idea de que no resolveremos esas dudas proponiendo un nuevo Plan Renove, sino buscando soluciones que engarcen con la estrategia de futuro (sostenibilidad) de los fabricantes. Sean de automóviles o de otras cosas (motos, patinetes, paneles solares, centrales eólicas…), pero mejor si son empresas cuyo centro de decisiones esté aquí.

El coronavirus, como un tsunami que es, arrastra muchos restos de la economía establecida que ha ido arrasando. Y no será la única industria afectada. La siguiente es la turística, aunque esa, gracias a Dios, se decide en casa.

¿Por qué la gestión value lo ha hecho mal los últimos tiempos en la bolsa?

Yo soy un convencido de la gestión value. Creo que ya lo he manifestado en post anteriores. Y para demostrar mi fe en ello, soy inversor en fondos como los de Cobas (Paramés) o AzValor. Los fondos de esas gestoras (ambas value) lo están haciendo mal, hasta el extremo de que los gestores de AzValor han manifestado recientemente que si en tres años no se recuperan sus fondos, abandonan su oficio…

Surge entonces una pregunta lógica: ¿por qué esa manera de seleccionar las acciones en las que se invierte está funcionando tan mal?

Supongo que hay muchas teorías, pero a mi se me ocurre una más: porque la mayoría de inversores, en los últimos tiempos, NO analizan las compañías en las que invierten, NO invierten en compañías concretas, invierten en sectores, invierten en tendencias.

Así se vuelvan en sectores como el tecnológico o la robótica, descartando el petróleo o la banca, sin pararse a mirar los fundamentales de las compañías de esas industrias, asumiendo que ninguna merece ser invertida. Es una aproximación casi exclusivamente top-down, en contrapartida a la aproximación botón-up de los gestores value.

Obviamente esto lo digo para simplificar, porque nunca una gestión es totalmente pura, y siempre es algo híbrido o mixto.

Podríamos que al value investing se opone ahora el trend investing. Eso explica que veamos que cuando se pone de moda un sector, suben todas las empresas cotizadas del mismo.

¿Y quien marca esas tendencias? Yo apuntaría a entidades como Gartner o McKinsey…