Reflexiones

El dinero se aleja cada vez más de la renta fija

Las perspectivas de inflación preocupan a los mercados y los gestores están reubicando sus activos en busca de una rentabilidad que les permita superar la inflación.

La inflación va a estar, en el ámbito del dólar, que es la moneda central del sistema financiero, en una horquilla entre el 2 y el 3%. Así lo marca la poderosa FED.

Los bancos centrales van a mantener los tipos de interés negativos a la vez que vigilan que la inflación no se descontrole. A pesar que la recuperación económica postpandemia provocará un aumento destacado del consumo y del PIB, y presionará al alza los precios en todo el mundo. No será una tarea fácil, y el riesgo de que los bancos centrales no tengan éxito existe.

¿Por qué hacen eso? Porque si consiguen un fuerte crecimiento del PIB a la vez que una contención de los tipos de interés, el peso enorme de la Deuda Pública sobre PIB que está conllevando la superación de la Covid-19 se verá reducido paulatinamente en los próximos años, del entorno de 120% mundial al 80%, que es algo más aceptable.

Las consecuencias de todo ello para los inversores es que si quieren una rentabilidad positiva y sobre todo que esté por encima del 2 a 3% de inflación, han de abandonar la renta fija, y sobre todo los bonos soberanos, y acudir a activos de más riesgo (renta variable) y más ilíquidos (activos alternativos). ¡Y han de hacerlo ya!

Es por eso que los activos alternativos ya hay quien dice que han dejado de ser alternativos o marginales, y que en muchas carteras son activos centrales.

Estoy hablando, por ejemplo, de fondos de private equity, private debt, venture capital, real estate, renovables o infraestructuras. Es así donde debe ir el dinero en estos tiempos. Yo predico con el ejemplo.

Pagar impuestos en base a donde resides o en base a donde obtienes tus rentas

Es algo que lleva años discutiéndose con pocos resultados, pero ahora parece que revive. La Administración Biden está más abierta a discutirlo y la Unión Europea lleva tiempo reclamándolo a las grandes tecnológicas.

No parece razonable que los países donde residen los consumidores que pagan los productos o servicios que venden esas empresas no reciban nada de los beneficios que obtienen. Pero tampoco es lógico que los países donde residen no puedan tasar sus beneficios. Y lo mismo es aplicable, si cabe a cualquier otra empresa, o incluso a las personas físicas.

Probablemente la solución ideal sea mixta, combinar una imposición para el país de residencia y otra para el país donde se hace negocio. Y no hay que olvidar que existen impuestos, como el IVA, que ya se están aplicando en las ventas en otros países. Por ejemplo, dentro de la UE.

Janet Yellen, la nueva secretaria del Tesoro norteamericana, aboga por el establecimiento de un tipo mínimo universal de Impuesto de Sociedades. Algo que podría extenderse al Impuesto de la Renta. Su equidad está fuera de toda duda, pero ¿será posible que lleguemos a verlo implantado?

Los fondos europeos: ¿una merienda de negros?

No suelo escribir de temas explícitamente políticos en este blog, pero, por lo que voy viendo, tengo la impresión de que la llegada de los fondos europeos destinados a la recuperación postcovid pueden ser una merienda de negros, si se me permite el término ahora políticamente incorrecto. Es una gran oportunidad de dar un impulso a la modernización y a la creación de riqueza para todos, pero existe el riesgo de que una maraña burocrática, aderezada con la pillería (léase avaricia y corrupción) propia de este país, sea una esperanza perdida más que solo consiga engrosar los bolsillos de los sinvergüenzas de siempre.

Nos jugamos también el prestigio que nos queda como país.

Es algo en lo que todos supongo que estamos de acuerdo, excepto los pillos. ¿Ganarán ellos o ganaremos todos los ciudadanos? La responsabilidad es de los cuatro poderes de nuestra democracia: ejecutivo, legislativo, judicial y medios de comunicación. Al menos en esto les hemos de exigir consensos y eficacia.

La COVID nos acerca al futuro del comercio

La COVID ha acelerado un proceso que ya venía vaticinando en este blog hace años: la confluencia entre el retail de calle y el comercio online.

Casos como Inditex, que ya genera online un tercio de sus ventas, lo corroboran.

No tardaremos mucho en dejar de enfrentar retail e eCommerce como conceptos opuestos. Pronto no existirán empresas con modelos puros offline u online. En el siglo XXI el comercio se hará siempre por ambas vías. Será cuestión de cada empresa decidir en qué proporción.

De nuevo vemos el caso de Inditex, que ha cerrado más de 600 tiendas en el mundo en los últimos meses, para apostar por hacer el 33% de sus ventas online y por concentrarse en tiendas grandes, a modo de escaparates de su oferta física. Y es posible que ese porcentaje de ingresos online aún aumente.

Amazon avanza en el sentido contrario, apostando poco a poco por aumentar su parte offline. Y así están haciendo la inmensa mayoría de las empresas tanto del retail como del eCommerce.

Hay que ir siguiendo el impacto que todo ello tiene en el sector inmobiliario, en la movilidad y en las estructuras urbanas de las grandes ciudades.

 

El portaviones chino navega a toda máquina

Y lo hace para tomar el liderazgo mundial en una década.

Después de acabar 2020 con un crecimiento del 2,5% del PIB, espera superar el 6% en 2021, inaugurando el primer año de su 14º Plan Quinquenal (2021-2025), en el que no se plantean un objetivo concreto de crecimiento, pero podemos esperar que se sitúe en una media del 5%, dejando atrás al resto de grandes potencias.

Su déficit fiscal ha sido del 3,6% en 2020 y esperan reducirlo al 3,2% en 2021.

En ese período 2021-2025, la segunda potencia mundial quiere hacer crecer el mercado interno en detrimento de la actual dependencia de las exportaciones, ser más autónoma en tecnología, ser un poco más urbana y reducir la dependencia de la industria en beneficio de los servicios. Además ha de resolver la burbuja inmobiliaria y la intrincada estructura bancaria. No son retos fáciles, pero el Partido que rige con mano de hierro el país no dejará margen al fracaso.

La gran incógnita es qué papel quiere jugar en la política internacional ese enorme, hermético y cada vez más temido país.

¿Es la inflación ya un problema?

Ahora mismo no lo es en la práctica, pero los inversores están ya tomando precauciones por si acaso.

Leo en Expansión que la gestora Pimco sugiere cuatro «refugios» ante la inflación:

  1. Bonos indexados a la inflación
  2. Oro
  3. Materias primas
  4. Inmuebles

La inflación será, sin duda, creo, paulatinamente más alta en los próximos años, la cuestión es a qué ritmo subirá y hasta qué niveles. Nadie lo sabe. Quizás ir tomando medidas, por si acaso, tenga sentido.

Que la crisis de la Covid19 está conduciendo a un entorno de ampliación de la masa monetaria por el volcado masivo de dinero que están haciendo los bancos centrales, y que eso, unido a una recuperación de la demanda mundial post Covid que todos queremos y esperamos, conllevará presiones inflacionistas, creo que nadie lo pone en duda.

Que cada inversor decida.

¿Hay que reducir el tamaño del sector de la restauración, la hostelería y los viajes en España?

Yo creo que la pandemia nos aboca a que sea así. No podemos esperar que todos los negocios que han cerrado vuelvan a abrir. Y no solo porque hayan tirado la toalla, sino porque la demanda no va a recuperarse de igual manera. Hay que reconvertir el sector, hacia un sector más pequeño pero mejor.

Eso implicará una reconversión del personal, de los activos, del tipo de servicios, del marketing, del posicionamiento de marcas. Un gran reto, pero una gran oportunidad. No solo para el sector, sino para el país. El objetivo final es aplicar el principio de MENOS ES MÁS (Y MEJOR).

Supondrá un gran impacto en las ciudades y las zonas turísticas. Y desde luego en las infraestructuras, como los aeropuertos o los puertos. Probablemente no serán necesarias más ampliaciones. Menos vuelos low cost y menos cruceros de masas. Las ciudades lo agradecerán. Los gobiernos (locales, autonómicos y estatal) deben estar alineados.

La fisonomía de las ciudades debe adaptarse.

Acabemos con la imagen de ser el país de los miles de bares y cientos de establecimientos hoteleros y apartamentos turísticos, que provocan ruidos, problemas de convivencia, polución y masificación. Muchos de ellos incumpliendo unos estándares mínimos.

Sustituyamos la cantidad por la calidad.

Cómo será esta década según UBS

Comparto con mis lectores lo que le oí a un analista de UBS ayer sobre cómo será la sociedad y la economía en la década de los 20, porque me pareció una buena síntesis:

+ Digital

+ Sostenible

+ Local

+ Desigual

+ Endeudada

 

Del pesimismo ¿excesivo? a augurar la llegada de los alegres años 20

La verdad es que a mi desasosiego, que ya he compartido con mis lectores, se me añade ahora mismo un desconcierto que me parece generalizado sobre si la recuperación va a tardar más de los previsto o no, a la vez que algunos empiezan a pregonar que tras la superación de la pandemia, como ha pasado en otras ocasiones en la historia, llegará un período de esplendor, que ya se compara con los alegres años 20 del siglo pasado.

Acabo de leer en la prensa que todo apunta a que los tratamientos de la enfermedad que se están usando no se prevé que funcionen con las nuevas variantes del virus. Noticia negativa. Pero esta mañana leía un informe de Arcano Economic Research, al que me he suscrito un mes para probarlo, que el pesimismo generalizado es excesivo, porque llegarán las vacunas para todos (en España y en general en los países desarrollados) y el PIB crecerá el 8,5% este año.

Arcano defiende que en el 2º trimestre de 2021 (2T21), con el avance de la vacunación se reducirá la alarma social, en paralelo a la caída en las cifras de fallecidos y hospitalizados. De hecho Arcano apuesta por que España alcanzará la inmunidad de grupo entre junio y julio de este año. De ser así, cree que se podrá recuperar el turismo en el segundo semestre.

Nos animan, en suma, a aprovechar hasta el 2T21 para invertir, y no esperar al segundo semestre en el que la recuperación ya será muy visible.

Ellos, además, apuestan por que en lo que resta de década podamos hablar de los felices 20.

¡Dios los oiga!

¿Y si la Covid19 acabara con la vida humana en la Tierra?

¿Y si las vacunas fueran insuficientes y los contagios siguieran creciendo y las muertes fueran acabando poco a poco (o quizás más rápidamente de lo que pensamos) con la población mundial?

¿Es un escenario posible?

No veo a nadie que lo plantee. ¿O es que nadie se atreve a contemplarlo?

A mí me produce un gran desasosiego que me hace despertarme a medianoche.

¿Estamos apenas en la etapa inicial de esta gran guerra perdida contra este maldito coronavirus?

Tras su aparición a principios de 2020 y la llegada esperanzadora de las primeras vacunas a finales de 2020, el virus está contraatacando con mutaciones más contagiosas y más letales. ¿Es posible que siga evolucionando así hasta el infinito? ¿y que no seamos capaces de vencerlo? ¿que aunque avancen las vacunas sigan produciéndose más y más contagios y más y más muertes?

¿Es posible que los más de 2 millones de fallecidos a fecha de hoy sean solo el comienzo de una espiral fatal que nos borre a todos de la faz de la Tierra?

Aún vivimos con la esperanza de que la Covid19 sea una como una gripe temporal más, que podremos superar. Pero, ¿es así porque estamos seguros de ello o es porque no nos queremos ni plantear que no fuera posible superarla?

Yo creo que es un escenario que no podemos descartar, y de ahí mi desasosiego.

Me pregunto si la sociedad mundial se debería plantear explícitamente ese escenario. Aunque no sé si serviría para algo. ¿Haría que todo el mundo se tomara más en serio el virus y quizás ello abriera un resquicio de esperanza para que pudiéramos superarlo? ¿O provocaría tal caos económico, político y social que incluso precipitaría el final de la humanidad en la Tierra?

En fin, espero que entendais mi desasosiego y os pido perdón si al leer este post os contagio ese temor a vosotros.

Dejadme que acabe con una última pregunta: ¿tiene sentido que sigamos tal cual como si hubiera un futuro, o deberíamos irnos preparando para el final de todo en menos de 1, 2 o 3 años como máximo?