Reflexiones

Aprendiendo de los errores del Circo del Sol

El Cirque du Soleil (CdS) está en dificultades financieras a causa del parón por el COVID19, según leo en El País (https://elpais.com/cultura/2020-05-30/circo-del-sol-del-esplendor-a-la-ruina-en-tan-solo-tres-meses.html)

Me hace pensar en tres enseñanzas que ningún directivo puede olvidar:

1. Que las empresas hay que gestionarlas observando el balance, no solo la cuenta de resultados. Obviamente en el CdS obviamente no lo han hecho.

2. Que el apalancamiento (el recurso a la deuda financiera en lugar de al capital propio) tiene un límite. Los accionistas, fondos que compraron la empresa endeudándola, han mantenido esa carga, tratando de llevar la rentabilidad de su inversión al extremo. Es un juego peligroso.

3. Que las empresas, como decía en un artículo reciente, han de REINVENTARSE permanentemente. El CdS no es una excepción, y en los últimos 20 años le han ido saliendo imitadores, que lo han obligado a hacer un esfuerzo y han erosionado sus beneficios.

Alguien duda de que el mundo postCOVID será un mundo orientado a la sostenibilidad

Las consecuencias que eso tendrá sobre muchos sectores empresariales serán enormes. Acabo de mencionar el automóvil, pero también el petróleo o el textil, el plástico, el agropecuario, la movilidad, la construcción, etc.etc.

En otro paso también mencioné el turismo.

Era algo que tenía que pasar y a lo que el coronavirus va a dar un impulso.

Qué verdad es que “no hay mal que por bien no venga”.

La recuperación económica se ha de construir sobre esas premisas. Los gobiernos, los empresarios, los inversores, los trabajadores, que se den cuenta de ellos y se apunten a esa apuesta, serán los que se recuperarán antes y mejor de el batacazo del COVID19.

Se va a imponer la tecnología y la economía circular. Será la explosión definitiva de la 4ª Revolución Industrial.

Nissan se va de España

Hace tiempo que adelantaba en este blog que la industria del automóvil iba a entrar en una crisis de proporciones desconocidas. Quizás la pandemia del COVID19 sea el detonante. Un ejemplo de ello lo estamos viviendo en España con el cierre de las plantas de Nissan. El impacto en Catalunya será muy importante. Y vendrán más.

Son las consecuencias de ser un país de fábricas de coches, pero que no de empresas automovilísticas. Y ahora que a corto plazo de hunde la demanda y a largo plazo hay que repensar del todo el sector (vehículos sostenibles, compartidos, autónomos…), veremos, insisto, como muchas de «nuestras» fábricas cerrarán. Solo se mantendrán las que se puedan reconvertir hacia vehículos sostenibles. Y siempre que el neonacionalismo industrial que barre el sector, no priorice la fabricación en los países donde residen las marcas.

¿Podrían llegar a cerrar todas las fábricas de automóviles de España? Podrían. Aunque espero que no sea así. Pero me atrevo a decir que quizás el 50% cierren.

Cierren o se reconviertan, porque en eso debería estar pensando el gobierno, en cómo reconvertirlas a fábricas de productos con futuro.

La importancia de las fábricas de Renault, Volskwagen/Seat, PSA o Ford, para las comunidades en las que se ubican, es vital. También lo es para todo el país. Pero hemos de hacernos a la idea de que no resolveremos esas dudas proponiendo un nuevo Plan Renove, sino buscando soluciones que engarcen con la estrategia de futuro (sostenibilidad) de los fabricantes. Sean de automóviles o de otras cosas (motos, patinetes, paneles solares, centrales eólicas…), pero mejor si son empresas cuyo centro de decisiones esté aquí.

El coronavirus, como un tsunami que es, arrastra muchos restos de la economía establecida que ha ido arrasando. Y no será la única industria afectada. La siguiente es la turística, aunque esa, gracias a Dios, se decide en casa.

¿Por qué la gestión value lo ha hecho mal los últimos tiempos en la bolsa?

Yo soy un convencido de la gestión value. Creo que ya lo he manifestado en post anteriores. Y para demostrar mi fe en ello, soy inversor en fondos como los de Cobas (Paramés) o AzValor. Los fondos de esas gestoras (ambas value) lo están haciendo mal, hasta el extremo de que los gestores de AzValor han manifestado recientemente que si en tres años no se recuperan sus fondos, abandonan su oficio…

Surge entonces una pregunta lógica: ¿por qué esa manera de seleccionar las acciones en las que se invierte está funcionando tan mal?

Supongo que hay muchas teorías, pero a mi se me ocurre una más: porque la mayoría de inversores, en los últimos tiempos, NO analizan las compañías en las que invierten, NO invierten en compañías concretas, invierten en sectores, invierten en tendencias.

Así se vuelvan en sectores como el tecnológico o la robótica, descartando el petróleo o la banca, sin pararse a mirar los fundamentales de las compañías de esas industrias, asumiendo que ninguna merece ser invertida. Es una aproximación casi exclusivamente top-down, en contrapartida a la aproximación botón-up de los gestores value.

Obviamente esto lo digo para simplificar, porque nunca una gestión es totalmente pura, y siempre es algo híbrido o mixto.

Podríamos que al value investing se opone ahora el trend investing. Eso explica que veamos que cuando se pone de moda un sector, suben todas las empresas cotizadas del mismo.

¿Y quien marca esas tendencias? Yo apuntaría a entidades como Gartner o McKinsey…

¿Por qué España parece ser el peor país del mundo en gestionar la crisis del coronavirus?

Me ha impactado ver algo que ya me imaginaba: un gráfico que ubicaba a los principales países del mundo en un doble eje: por un lado el mejor o peor resultado de la gestión sanitaria, basado en número de fallecidos por 100.000 habitantes (lo que se conoce como el grado de letalidad del virus); y por otro la mayor o menor caída de los indicadores económicos (PIB, desempleo, etc.).

España es la segunda nación, después de Bélgica, con más fallecidos por habitante; y es una de las que parece que va a sufrir una mayor crisis económica.

No podemos estar orgullosos de ello.

Pero me gustaría reflexionar con mis lectores sobre las razones de que eso sea así.

Empecemos por admitir que, sin duda, el gobierno español podría haberlo hecho mejor. Aunque nunca sabremos a ciencia cierta cuál habría sido el resultado de políticas diferentes a las que se han tomado, porque será imposible reproducir las mismas circunstancias. También he de decir que, salvo algunas ineficiencias y descoordinaciones, fruto del frenesí impuesto por las circunstancias, debido a lo novedoso de la situación y lo acelerado de la propagación del virus, no me atrevo a decir que yo hubiera tomado medidas diferentes de las que se han tomado. Es difícil ponerse en el papel de nuestros gobernantes, y yo, desde luego, no los envidio.

Quizás sí que se haya dejado ver en algún momento la bisoñez de algunos políticos y la falta de eficiencia de algunas estructuras burocráticas. Pero no es nada nuevo, por desgracia.

Tampoco se han tomado aquí medidas muy diferentes de las tomadas en otros países.

Entonces, ¿por qué salimos tan mal parados en comparación con otros?

Me atrevo a apuntar seis razones, tres que explicarían el sobre-impacto sanitario y tres que explicarían el económico.

Razones del especial impacto sanitario

  1. La primera es obvia: tenemos una población más envejecida que la de otros países. De hecho tenemos la esperanza de vida más alta del mundo después de Japón. Y muchos (demasiados) de nuestros ancianos están aparcados (literalmente) en residencias; no siempre en las mejores condiciones higiénicas y de cuidado.
  2. La segunda es nuestra cultura, en comparación tanto con la asiática como con la nórdico-europea. Somos más de tocarnos y besarnos, más de indisciplinados, menos de tomarnos en serio las cosas. Todo eso, que es bueno para unas cosas, no es bueno para hacer frente a una pandemia. De hecho la policía ha puesto miles de denuncias por saltarse el confinamiento; estoy seguro de que no hay parangón en el mundo (al menos el occidental).
  3. Y la tercera es que a nuestro sistema sanitario le han faltado recursos y capacidades para proteger adecuadamente a los sanitarios, que, aunque han hecho un esfuerzo sobrehumano, han caído como moscas. La escasez de material nacional para realizar test de contagio y de equipos de protección, incluidas las mascarillas, ha sido colosal. El país había dejado todo esto en manos de China, y todo el mundo ha acudido de golpe a China. El episodio del incautamiento en Turquía de un avión con material comprado por España fue bochornoso.

Razones del especial impacto económico

  1. La extraordinaria importancia relativa en España del sector servicios, y muy especialmente del de la hostelería y el turismo, que han estado totalmente cerrados (y a la hora de escribir este post aún lo están en gran parte) explican en gran parte el impacto especial en nuestro país comparado con países en los que la industria es más preponderante, como Alemania o la misma Italia. Nosotros tenemos el (¿triste?) record de bares por habitante de Europa y probablemente del mundo. Llevamos años reclamando un mayor apoyo al sector industrial. Si alguien dudaba de que fuera necesario, ahora se dará cuenta. Ojalá nos permita salir con un sector servicios más pequeño en cantidad pero mejor en calidad y en valor.
  2. La falta de grandes e incluso de medianas empresas en relación con otros países europeos. Somos un país de microempresas; en muchos casos de artesanos o comerciantes convertidos en empresarios. Microempresas que carecen de capital y por supuesto de I+D+i, y que son vehículos frágiles a merced de cualquier tempestad importante como es este maldito coronavirus. Somos el país de la UE con más proporción de microempresas. Sin dejar de lado que en determinadas regiones existen más trabajadores en la función y en la empresa pública que en la empresa privada. Somos una economía frágil. Más que nuestros vecinos europeos, y más que la mayoría de países asiáticos. No nos podemos comparar con China, Alemania o Estados Unidos, pero tampoco con Taiwan, Corea del Sur o los Países Bajos.
  3. Por último, y aunque en el fondo sea consecuencia de los dos anteriores, creo que merece la pena destacarlo: nuestras relaciones laborales están basadas en la precariedad. En general a más pequeñas empresas y a más sector servicios (y en especial hostelería y turismo) más precariedad y más contratos basura: donde el valor añadido de la empresa es ínfimo, los salarios son miserables. Sin duda alguna la crisis provocada por el COVID19 nos va a traer una crisis social, que ya estamos percibiendo, y que a duras penas medidas como la renta mínima podrán paliar, que no solucionar, si no atacamos el problema de fondo: apoyar a nuestra industria y a nuestras grandes y medianas empresas. ¡Y pedirles un apoyo a la nación, en consecuencia, en estos momentos de grave crisis a los que nos aboca este virus aparecido en China (a mí no me cuesta decir que es un virus chino; es en lo único que estoy con Trump).

Disculpad el sesgo político que podais encontrar en este texto; creo que la situación lo requiere. O acertamos en la salida de esta crisis, o nos hundirá en la miseria económica y social por muchos años.

La importancia de las startups para el empleo y la economía

El emprendimiento y la inversión en proyectos de startups no son un fenómeno pasajero, sino que cada día toma más importancia en España y en toda Europa.

Leo un informe referido a 2019 del que entresaco algunos datos que lo demuestran.

Por ejemplo, en 2019, solo en Barcelona, 36.000 puestos de trabajo procedían de las 2.000 startups establecidas en la ciudad. Eso suponía que 7 por cada 1000 habitantes, lo que no está nada mal. Aunque aún estamos lejos del impacto en el empleo de startups del que gozan en Londres (20 por cada 1000) o Amsterdam (19 por 1000).

El dato que da el informe es que el empleo en startups creció un 10% en Europa en 2019.

Por último, para que tengamos una idea de la dimensión económica de la inversión en startups en Europa, en los años entre 2015 y 2019, el valor de las empresas vendidas por el Capital Riesgo ascendió a 44.300 millones de euros en Gran Bretaña, 42.200 en Suecia, 26.800 en Alemania o 12.200 en Países Bajos. En España solo fueron 3.800 millones, que tampoco está tan mal.

Y un último dato esperanzador: el informe apunta a que solo en Barcelona, hay 7 startups que son futuros unicornios (empresas con una valoración por encima de los 1.000 millones de dólares).

A vueltas con la gestión pasiva y la gestión activa en bolsa

Se debate mucho últimamente sobre si la gestión pasiva es más aconsejable que la gestión activa en bolsa.

La gestión pasiva se limita a invertir en un índice, es decir, en una combinación de acciones en la misma proporción en la que se ponderan en un índice. La gestión activa invierte en acciones aisladas de acuerdo a criterios específicos de potencial de revalorización que estime el inversor.

Me planteo, ¿qué pasaría si todos los inversores del mundo solo invirtieran en índices? Pues que las bolsas se moverían solo por sentimientos globales (inversores o desinversores) de mercado, no por una apuesta específica en una acción determinada. Los inversores se limitarían a apostar por índices, de los muchos que actualmente se pueden encontrar, a través de ETFs de índices.

Así invertirían en:

  • sectores (robótica, alimentación, farma, materias primas, oro, etc.)
  • países (IBEX, CAC…)
  • o incluso por el índice global de bolsas

La verdad es que las variedades de índices son casi infinitas.

¿Hay que decidirse por un método u otro? No. Quizás lo mejor sea combinar ambas estrategias. Algunos fondos de inversión así lo hacen.

La cuestión interesante a dilucidar es cómo influye la creciente moda de inversión pasiva en el devenir de los mercados. Creo poder apuntar que explica bastante que se produzcan importantes distorsiones en las valoraciones que afectan mucho a la gestión activa. En especial a la gestión value, que ha evolucionado mal en los últimos tiempos en paralelo al crecimiento de la gestión pasiva. Yo diría que es un pez que se muerde la cola. Porque la creciente gestión pasiva provoca distorsiones importantes en la valoración de algunas compañías por la que los fondos value pueden haber apostado fuerte, pero que la gestión pasiva no los contempla, porque no apuestan por el sector, el país o lo que sea que conforme un índice que se ponga de moda. Los fondos value suelen ser muy selectivos, e incluso contrarians, lo que agudiza ese factor de desviación.

En España lo estamos notando con la apuesta de gestores value como AzValor, que tienen compañías de materias primas o petroleo en cartera, que son sectores que los inversores en índices han abandonado. La consecuencia es que AzValor asegura que sus posiciones tienen un recorrido de valor enorme, pero el mercado (los gestores pasivos) no lo reconocen.

Veremos quien gana el pulso.

Es posible que en algún momento los gestores pasivos vuelvan a esos sectores y entonces los fondos value registren plusvalías astronómicas. Pero, ¿y si no vuelven?

 

20 cambios del mundo post COVID19

Me permito reproducir aquí un correo que he recibido de OnetoOne Corporate Finance firmado por su presidente Enrique Quemada, en el que desarrolla los 20 cambios, que él califica de irreversibles, que traerá esta crisis.

Los resumo tal como aparecen en el texto de Quemada. Estoy seguro de que pueden generar mucho debate.

Puedes leer el artículo completo (en inglés) en este enlace.

  1. La economía europea se asemejará a la japonesa. Habrá que luchar contra la deflación. Bajo el liderazgo fortalecido de Alemania, una Europa herida permanecerá más unida que nunca.
  2. Los EEUU adoptarán una política keynesiana, con más deuda pública y creación de dinero que nunca, lo que generará mucha inflación. Se acelerará el declive del Imperio Americano. El dólar, en consecuencia, perderá su papel como moneda de reserva. Y dejará de ser un arma de poder en manos del gobierno yanqui.
  3. Se consolidarán los tres grandes bloques o regiones políticco-económicas: EEUU, China y Europa. La producción y el comercio se regionalizará más. El temor a los fallos en la cadena de suministro provocado por el COVID19 acelerará ese proceso.
  4. China incrementará más el peso del consumo privado y los servicios en su PIB. Su crecimiento se estabilizará alrededor del 3,5% anual.
  5. Los países de la OPEP y los países en desarrollo serán los grandes perdedores, debido a la caída del precio de las materias primas y la huida del capital hacia los países desarrollados.
  6. Emergerán nuevas formas de colaboración entre países.
  7. Aumentará la inversión pública. Pero no evitará que se amplíe la diferencia entre ricos y pobres. Los trabajadores menos cualificados estarán en desventaja ante el auge de la digitalización y el teletrabajo.
  8. La religiosidad se incrementará.
  9. Habrá menos demanda de oficinas y los alquileres caerán.
  10. Los ciudadanos habrán aprendido a consumir menos. Y lo harán cada vez más online. Los centros comerciales pasarán a ser cada vez más centros de ocio.
  11. La educación online será más popular. Sobre todo la universitaria y los master.
  12. Las empresas contratarán menos empleados y más autónomos. El número de freelancers crecerá.
  13. Los fondos de Private Equity invertirán más en los sectores de salud, alimentación y tecnología.
  14. Muchas compañías venderán subsidiarias y negocios no estratégicos para mejorar su liquidez. Se priorizarán proveedores de proximidad y se reducirán los modelos de suministro just-in-time. Se acelerará la concentración sectorial y regional, liderada por las compañías más fuertes.
  15. Dejando atrás definitivamente la burbuja de las salidas a bolsa (IPO) de compañías con pérdidas a precios desorbitados, los inversores solo invertirán en compañías con beneficios. Algún unicornio se desinflará y quebrará.
  16. En el ámbito político aumentará la apreciación pública de los expertos frente a los políticos en general. La mayoría de los líderes políticos actuales perderán las próximas elecciones. La política se polarizará aún más.
  17. El mundo se hará más socialista, acabando con exceso de capitalismo e individualismo que hemos vivido hasta ahora. El papel de los gobiernos en la economía aumentará. También las limitaciones de las libertades.
  18. Los profesionales se cuidarán más de ellos mismos, trabajando menos y saboreando los pequeños placeres de la vida.
  19. Resurgirán las startups, porque el confinamiento y el aburrimiento animarán la creatividad, y porque muchas empresas quebrarán. Los trabajadores descubrirán que hay menos seguridad en sus trabajos de la que pensaban.
  20. La deuda financiera va a aumentar. Será el último impulso del largo ciclo de deuda que empezó tras la Segunda Guerra Mundial.

Como puedes ver, una lista interesante, aunque discutible. De algunos de los temas que toca ya he hablado. De otros iré haciéndolo en las próximas semanas.

 

¿Es la caída del turismo y la movilidad una oportunidad para la sociedad en su conjunto?

Si tras la crisis del COVID19 reducimos, a nivel mundial, la movilidad en general y en especial la del turismo, ya sea por obligación (prevención de contagios de esta u otras pandemias), ya sea por devoción (una concienciación general de que hemos de hacerlo, una vez hemos visto que podemos hacerlo y seguir siendo felices y organizar bien nuestras vidas, con teletrabajo y más cocooning), quizás nos sirva para evolucionar hacia una movilidad y un turismo más sostenibles, algo que se venía reclamando, sin éxito, desde hace años.

Sé que este post no le va a gustar a aquellos de mis lectores que estén ligados al sector de los viajes y al sector horeca (hoteles, restaurantes y cafeterías), pero me parece que es/era algo inevitable, que esta crisis solo hará que acelerar.

Y creo que puede suponer un problema a corto plazo, pero nos traerá una sociedad más equilibrada a largo plazo.

Yo hablo desde mi perspectiva: Barcelona, España. Aquí nos sobran vuelos (aeropuerto de Barcelona saturado), hoteles, apartamentos turísticos, restaurante y cafeterías. No digo que deban desaparecer, digo que sobran, que han superado un límite razonable. La crisis puede hacer que queden los que encajen con una movilidad razonable y un turismo de calidad. ¿Quien no quiere que sea así? La mayoría de ciudadanos lo queremos.

¿Puede eso suponer una crisis de ajuste para las líneas aereas (sobre todo las low cost), para empresas como AirBnB, para algunas cadenas de hoteles, para las agencias de viaje, etc.? Sin duda. Pero, insisto, es inevitable.

En el mundo de la movilidad y el turismo hay que cambiar cantidad por calidad. La movilidad ha de ser minimizada y sostenible. El turismo ha de ser de calidad y no de masas. Hasta los propios turistas lo agradecerán. Y por descontado los ciudadanos de las grandes ciudades, como Barcelona. E incluso a la larga los de los municipios turísticos.

¿Qué ventajas nos puede acarrear? Yo creo que muchas:

  • Un desarrollo más racional de las ciudades y los destinos turísticos
  • Un reequilibrio de la oferta inmobiliaria, tanto en propiedad como en alquiler
  • Una mejora medioambiental general, tanto de la contaminación medioambiental como la acústica:
    • Menos vuelos
    • Menos desechos
    • Menos destrozos del medio natural
    • Menos cruceros

Incluso, si se promueve el turismo de proximidad, abandonado hace muchos años, una recuperación de la España despoblada, algo que a todos nos preocupa y que tiene consecuencias muy positivas. Entre ellas la prevención de incendios forestales.

¿Y cómo se puede acelerar eso? ¿De donde se pueden sacar los recursos para hacerlo posible?

Pues ahondando en la imposición indirecta, algo que no le gusta a los empresarios (yo creo que en especial a aquellos que apuestan por bajos precios y no por alto valor), pero que ya ha estado aplicando en muchos sitios antes de ahora. Por ejemplo, las tasas turísticas aplicadas por el Ayuntamiento de Barcelona.

Se deberían subir las tasas aeroportuarias. Pero no las que cobra AENA, sino crear una tasa pública que hiciera inviable los vuelos low cost al nivel en el que lo son ahora (vuelos europeos, por ejemplo, por menos de 100€). Lo mismo las portuarias, de forma que redujéramos el números de cruceros, que aportan contaminación y aglomeración a las ciudades en las que amarran,  dándoles muy poco a cambio. Sobre todo los que vuelvan a sus pasajeros para estancias de pocas horas que hacen que vaguen como zombies con patines por la ciudad.

También se deberían subir los impuestos a las gasolinas, de modo que, aprovechando la caída de los precios del petroleo, parte del margen pasara a engrosar las arcas públicas, y empujasen a más personas al uso del transporte público.

Todo ello generaría recursos financieros adicionales tanto para financiar el cambio como para reequilibrar los presupuestos de las administraciones públicas, muy deteriorados por la crisis del COVID19.

En fin, saliéndome de mi linea habitual, he incorporado este post con unas afirmaciones que asumo que pueden ser polémicas, pero creo que estamos ante una oportunidad de oro de cambiar el país. Dejar de ser un país de sol y playa, de low cost, de bares y cafeterías en cada esquina, de camareros y cocineros, CON TODO EL RESPETO por ellos, para ser un país más industrial, más equilibrado, más limpio, más sano.

Creo que si una mayoría queremos hacerlo, y nuestros políticos tienen la valentía suficiente para llevarlo adelante, PODEMOS hacerlo.

La crisis es la nueva normalidad

A este paso habremos de modificar el concepto de crisis, porque no está siento algo excepcional sino normal. La extensión del período de parón económico como consecuencia de la crisis sanitaria provocada por el coronavirus está haciendo caer el PIB del mundo y aumentar en vertical las tasas de paro y de cierres empresariales. Todo va en cadena.

Si esto sigue así, habrá que pensarse una nueva economía, más resiliente a este estado de crisis continua en el que nos encontramos más y más a menudo.

Eso implica cambios rotundos en muchas cosas y la redefinición drástica de muchos sectores económicos.

Trataré de ir reflexionando sobre ello en próximos posts.