Reflexiones

La productividad es, ante todo, cuestión de estar mentalizado

Nos hartamos de decir que somos un país de baja productividad; y es cierto. Yo creo que, ante todo, somos poco productivos porque no estamos mentalizados para ser productivos en todo lo que hacemos. Los alemanes, por ejemplo, sí que lo están, y por eso son una sociedad productiva.

La mayoría de los españoles no se preocupan de la productividad de lo que hacen. No están educados para eso. En consecuencia, ser más productivo no es algo que la sociedad valore. Al contrario, parece que el ansia por mejorar la productividad sea incluso mal vista entre los españoles. Si no cambiamos eso, nunca alcanzaremos los niveles de productividad de los países lideres en el mundo.

¿Es la España de la siesta y la fiesta, del turismo y los toros, de los funcionarios y el vuelva usted mañana, algo inamovible? ¿Es incompatible con la productividad? Si nos resignamos a que sea así, no nos quejemos de que nuestros sueldos sean inferiores a los de los países occidentales o de que nuestras empresas sucumben ante la competencia exterior, o de que las multinacionales “deslocalizan” las fábricas españolas y aquí nos quedamos para hacer recados…

Sin mejorar nuestra productividad no contaremos nunca nada en este mundo. Los grandes países occidentales son mucho más productivos que nosotros, y los grandes emergentes ya han alcanzado niveles de productividad iguales o mejores que los nuestros.

Hay que mentalizar a los niños desde las escuelas de que deben ser productivos: hacer cada vez más en el mismo tiempo, usar cada vez menos tiempo para hacer las cosas. Hay que enseñarles que perseguir se más productivo es bueno para ellos y es bueno para todos. Y los adultos hemos de empezar a entenderlo y a aplicarlo. ¡Ah! Y no creamos que mejorar la productividad supone un beneficio para las empresas pero no para los trabajadores, porque no es así. La productividad es una batalla que ha de ganar el país, no sólo las empresas.

La morosidad, el gran cáncer

Si las empresas grandes y las instituciones públicas (en especial los ayuntamientos) pagan al cabo de meses y la banca cierra el grifo del crédito, la pequeña y mediana empresa se queda sin recursos y entra en crisis. Eso está sucediendo en España ahora.

En paralelo el Gobierno quiere financiar a las pymes incluso de forma directa con líneas ICO.

Parece lógico que se regulen de verdad unos plazos de pago máximos y que las pymes no deban recurrir al ICO sino que, en todo caso, lo hagan los ayuntamientos para poder pagar pronto.

En ese contexto es de elogiar la iniciativa legislativa española de limitar los plazos de pago. La cuestión será, como por desgracia ocurre a menudo en España, si la ley se aplica o no.

El dato de partida es escalofriante, con 293 días de plazo de pago medio de las grandes constructoras o 157 días en media del sector público (según la Plataforma Multisectorial contra la Morosidad).

De una forma paulatina, se irán imponiendo unos plazos máximos obligatorios que reducen esas cifras. El objetivo final es que en 2013 el sector privado pague a un máximo de 60 días y el sector público a un máximo de 30.

¿Utopía? Veremos. Parece demasiado bonito para ser cierto. En cualquier caso son estas cosas las que hacen que un país sea calificado de serio, o no lo sea.

Liderazgo político-liderazgo empresarial

¿Por qué los países tienen buenos líderes empresariales y no tienen buenos líderes políticos? Es una pregunta que nos hacemos en España y en muchos otros países. La respuesta es compleja y no voy a debatirla aquí, aunque el resultado es un desempeño penoso de lo público en relación a lo privado en general.
Mi tesis de licenciatura en la escuela de negocios ESADE se titulaba “Aplicación de las técnicas de management a la gestión de municipios”. Siempre he defendido que los asuntos públicos se podían y se debían gestionar con criterios empresariales.
Ayer, en la presentación de su libro Liderazgo Peregrino, el ejecutivo Oriol Segarra decía no entender cómo ejercen el liderazgo muchos políticos, inclumpliendo principios básicos del liderazgo que el autor explica en su obra, como tener una visión clara y comunicarla, destreza para saber llevarla a cabo y ser un referente a seguir. Como ejemplo del incumplimiento de dichos mínimos citaba el caso del presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, persona a la que se reconocen buenas intenciones, y característocas de líder en algunos aspectos (como honestidad, capacidad de trabajo y valentía a la hora de abordar problemas), pero que falla estrepitosamente en muchos otros, como tener una visión clara de futuro para el país y saber comunicarla, o no tener las competencias imprescindibles para su puesto (la más evidente no hablar inglés).

Es penoso decirlo, pero estamos en manos de incompetentes. Y así nos va. La imagen exterior es muy mala, más por abandono que por realidad. Y el mensaje interno es de descontrol y desconfianza. Si un directivo manejase así una empresa, los accionistas no tendrían miramientos en prescindir de él.

Quizás el problema es que así como es fácil encontrar un buen directivo, no es tan fácil encontrar un buen político.

Innovación, el gran reto

Necesitamos mejorar en nuestra capacidad de innovar. La innovación es el motor de la mejora de la productividad, y necesitamos urgentemente mejorar nuestra maltrecha productividad.
Hay que mejorar tanto la oferta como la demanda de innovación. Y hay que promover la innovación tanto en productos como en servicios.
Hay un dato que nos da pistas de a quien debemos imitar, el % de patentes internacionales registradas por empresas de menos de 5 años. En los años 2005 a 2007, según la OCDE, fue de más del 20% en Noruega, casi del 15% en los EEUU y del 10% UK. Los siguen Alemania, Francia, Italia y Holanda. España está bien lejos de ese pelotón de cabeza.
¿Cómo podemos escalar en ese ranking? Ese es un buen objetivo. Estar entre esos 6 puestos de cabeza en esa clasificación.

¿Jubilarme? No, gracias

Ahora que se debate la edad de jubilación, en España y en Europa, me gusta encontrarme con amigos, colegas, que comparten conmigo la idea de que la jubilación, entendida como la separación total del mundo del trabajo y los negocios, no va con nosotros. Nosotros pensamos morirnos con las botas puestas. Lo cual no quiere decir que nuestro ritmo de trabajo no deba acomodarse a los años. Estar en activo es estar vivo. No entiendo a los que anhelan dejar de trabajar, para dedicarse a no hacer nada. A mi me sería imposible.
Hoy me ha visitado un amigo italiano a quien conozco hace muchos años. es ex consultor de McKinsey. Ahora, en la mitad de la sesentena, sigue como socio de una empresa de soluciones de software administrativo-financiero (líder en Italia en su género) y preside una asociación en el ámbito de la gestión de tesorería en Italia, a la vez que está en el consejo europeo en la materia. Tomando un café en la Rambla de Catalunya esta mañana me decía que él es feliz así, y que pretende seguir mientras pueda. Al menos 10 años más.
A mi me queda mucha cuerda (estoy a punto e cumplir 56), o al menos eso espero. Participo en numerosos temas. Este fin de semana he estado corrigiendo un libro que estamos a punto de publicar en mi editorial. El próximo visitaré mi finca de olivos y almendros en el sur de Lleida. En el interín presentaré mi último libro. ¿Jubilarme? Para mi no hay mejor jubileo que el trabajo.

¡Se acabó hablar de la crisis!

A partir de hoy mismo he decidido dejar de hablar de la crisis. La palabra crisis me la voy a prohibir en mis conversaciones, y trataré de desterrarla de este blog.
Creo que si seguimos hablando de crisis nos vamos a obsesionar, si no lo estamos ya. Hay que hablar de futuro, de proyectos, de nuevos productos, de acciones para aprovechar el presente como es, y para abordar el futuro con ambición y esperanza. Un futuro que todos ansiamos mejor, y que, sin duda, lo será.
Creo que todos sabemos que hacemos cosas mal. La mayoría incluso sabemos bastante bien qué es lo que hemos de mejorar. Pues pongámonos manos a la obra.
No sé si el futuro nos depara una evolución en U o en V, o en L, pero lo que sí se es que si nos quedamos de brazos cruzados, lamentándonos y echándoles la culpa al destino o los políticos, puede que no haya salida, o peor, que sea en Z o en O (o escoja usted la letra del abecedario que más le apetezca).

Vendedores eficientes

Leo sobre un estudio que trata de entender qué hacen los vendedores en la venta B2B, y es interesante resaltar que los clientes consideran que los vendedores les acosan en exceso, llamándoles o mandándoles mensajes con demasiada frecuencia, pero que, en cambio, les falta conocimiento del producto que venden y de las necesidades reales que tiene el cliente.
Es decir, vender no es una mera cuestión de cantidad, de insistir, de llamar más veces. Es una cuestión de calidad. De aprovechar la ocasión de hablar con el cliente para explicarle bien nuestro producto y hacerlo encajar con sus necesidades de la mejor forma posible.
Las empresas que lo entienden así, y forman a sus vendedores para ser verdaderos expertos en el producto que venden y en el negocio del cliente al que han de vender, necesitan menos vendedores (con un menor coste) y venden más (con mayores ingresos).
Parece fácil, ¿no?

Alfredo Sáenz, un líder tranquilo

¡Qué placer oir ayer por la mañana a Alfredo Sáenz, consejero delegado del Grupo Santander y el ejecutivo mejor pagado de España, en una breve conferencia en la escuela de negocios de ESADE!
¿Por qué será que los ejecutivos nos dejan más tranquilos que los políticos? Nos dan más confianza, nos inspiran más sosiego. A pesar de que no lo tienen fácil, de que los problemas son muchos, y el poder al que finalmente se someten es el poder político. Quizás sea, como vengo diciendo estos días, que los ejecutivos juegan en la liga mundial, y los políticos en la local.
Ha dicho muchas cosas en la charla de hoy; entre otras (a ver si me acuerdo):
- Que el mercado inmobiliario se mueve a un 30% por debajo de los precios anteriores
- Que el paro español se ha llevado por delante una gran parte de empleo basura, porque la productividad global del país ha subido
- Que hay que recortar el gasto público
- Que las empresas han de capitalizarse, no esperar a que lo hagan los bancos
- Que el dinero va a ser más caro en el futuro, con diferenciales mayores, porque la percepción del riesgp es mayor y los requerimientos de capital de la banca están siendo mayores
- Que Santander está y va a seguir estando entre los 10 mayores bancos del mundo, aunque bajará del ranking actual cuando los bancos anglosajones grandes se recuperen

Las grandes tendencias del mundo interconectado

Que la globalización es un hecho es algo de lo que he hablado largo y tendido en este blog. ¿Cómo podemos resumir lo que significa? En una frase: la generalización del flujo global de productos, servicios, trabajadores, información, culturas y capitales. Como ya he dicho antes: un mundo cada vez más pequeño en términos prácticos. Donde se producirá un fenómeno de homogeneización de ideologías, modas y culturas. En el que los cambios se generalizarán en el ámbito global más que en el local o regional, al contrario de lo que pasaba en el siglo pasado.
Todos vamos a ser, cada vez más, lo que se llama “ciudadanos del mundo”.
Será imprescindible, para las empresas, y para los directivos, entender el mundo, las culturas locales y los riesgos geopolíticos. Sobre todo porque los países emergentes tendrán un papel creciente en la economia global.
Para todos será imprescindible aprobar la asignatura de la multiculturalidad.
La clave todo es el entendimiento, la comunicación, en un mundo intercomunicado como nunca lo ha estado.
Hemos de asumirlo todos, y transmitirlo a la educación que demos a nuestros jóvenes.
Los países que sepan hacerlo mejor serán los que mejor enfoquen el siglo XXI.

Reacción lógica

Por fin se impuso el sentido común en la bolsa española.
¿Cuánto tardaremos en recuperar los niveles de cotizaciones previos a la crisis griega?