Reflexiones

¿Aún no eres freelance?

En Libros de Cabecera vamos a publicar en unos días un libro titulado ¿Aún no eres freelance? que juega con la idea de que todos estamos destinados a ganarnos la vida como trabajadores (o empresarios) autónomos, porque la salida natural de la mayoría de jóvenes va a ser (es) o emprender o ser freelance (que no deja de ser una forma de emprendimiento, como explica el libro).

La sociedad ha evolucionado de un modo que no deja otra vía profesional. Las empresas quieren flexibilidad, evitando estructuras pesadas en las que se quedan atrapadas cuando hay cambios en el mercado (y los cambios son continuos e imprevisibles), por lo que piden a sus colaboradores compartir esa filosofía. Y eso los convierte en proveedores en lugar de trabajadores. Y eso implica que los trabajadores asalariados se deban convertir en autónomos, freelance.

Se puede ver en negativo o en positivo. Yo prefiero verlo en positivo. Ser freelance te obliga a enfrentarte al mercado, a ser consciente del valor de tu trabajo, a venderte, a mantenerte actualizado, a adaptarte a la demanda. ¿No es mucho mejor eso que estar atrapado en un trabajo que no te gusta, pendiente de que te echen en la siguiente reestructuración y te quedes en la calle, sin perspectivas ni capacidad ni confianza en ti mismo para volver a empezar?

Ha habido muchos trabajadores que se han visto en esa situación, víctimas de la reestructuración de grandes sectores económicos. Por ejemplo la banca, que ha reducido drásticamente sus plantillas, poniendo en la calle a personas relativamente jóvenes que han debido reciclarse a marchas forzadas. Y va a volver a pasar con los trabajadores del sector de automoción (industria auxiliar, fabricantes, concesionarios, talleres…). Van a mandar al paro a miles de personas. Todos deberían estar preparándose ya para ser freelance.

China: el imperio del centro

Esta pasado fin de semana tuve la oportunidad de asistir a un debate de ideas organizado por Foro de foros en La Granja de San Ildefonso, en Segovia, del que he vuelto muy oxigenado mentalmente. Allí se tocaron muchos temas que nos preocupan actualmente como sociedad en España. Uno de ellos fue, como no, China. En este blog he escrito mucho sobre China. Pero es un tema inacabable. En el foro citado se hizo una comparación del régimen chino actual con la China imperial, afirmando que China sigue siendo un imperio, el único existente con más de 5.000 años de historia, algo que trasciende al resto del mundo. De hecho, ese enfoque nos es útil para entender un poco más a China, la inabarcable, el imperio del centro, el país que se ve por encima del resto. Ver a Xi Jinping como un nuevo emperador. Un emperador que tiene 90 millones de mandarines (así se les llamaba a los funcionarios en la antigua China).

Todos hemos de hacer un esfuerzo por entender China, porque ya es una de las dos potencias globales. Ha sustituido a la antigua Unión Soviética, por mucho que a Putin le cueste reconocerlo y se resista a ello. Y tiene como objetivo declarado ser la potencia número 1 en 2050.

África: la gran amenaza y la gran oportunidad

África, un continente fascinante, en el que conviven 55 países de todos las dimensiones y problemáticas.

Es a la vez una gran amenaza y una gran oportunidad, porque sus ciudadanos, sobre todo en el norte, se ven abocados a emigrar a Europa, atravesando de cualquier modo el Mediterraneo, generando graves problemas políticos y de convivencia, pero es una oportunidad porque una Europa envejecida los necesita.

África es una importantísima asignatura que Europa ha de aprobar y con nota. Porque Europa ha de ser la guía y la referencia para los países africanos que tienen depositadas sus esperanzas en este siglo de prosperar y salir de la miseria. Si Europa no lo hace, lo van a intentar otras potencias globales. La principal posicionada es China.

Aunque África ha de ser para los africanos, no para los europeos o los chinos. Cualquier otra salida será un fracaso y no resolverá los problemas del continente.

Y hay motivos para la esperanza. África es el continente más joven de la Tierra, con una edad media de 29 años. Y ya ha comenzado a transformarse, aunque no lo parezca. Por ejemplo, poca gente sabe que hay más de 400 empresas africanas que facturan más de 1.000 millones de dólares.

La juventud africana está alzando la voz. Un ejemplo de ahora mismo es Argelia, donde los jóvenes están manifestándose para que el régimen de Bouteflika no se perpetúe.

Europa ha de liderar el desarrollo de África. Por su propio interés. Y todos los países de la UE tienen un papel a jugar. En especial los países del sur: Portugal, España, Francia e Italia, todos con un pasado colonial en el continente.

¿Ganarán los salarios o ganará la productividad?

Estamos previendo un aumento de salarios en los países occidentales como consecuencia de una importante disminución del desempleo. Eso hace que los analistas bursátiles teman que los márgenes empresariales se reduzcan. Pero en paralelo la tecnología (robótica, blockchain, inteligencia artificial, etc.) está suponiendo un aumento continuo de la productividad.

La cuestión crucial es esa: ¿ganará la productividad a la inflación de salarios?

Hagan sus apuestas.

Warren Buffett también se equivoca

Invertir con acierto no está reservado a cualquiera, pero hay inversores que han sabido hacerlo con acierto año tras año, demostrando que están entre los mejores. Quizás el inversor más reputado del mundo sea Warren Buffett, el “oráculo de Omaha”.

Pero nadie está a salvo de equivocarse en una inversión, y eso es lo que le ha ocurrido al mismísimo Buffett.

En 2015 invirtió en la fusión de las empresas Ktaft y Heinz del sector de la alimentación. Y recientemente ha reconocido que compró caro, y la realidad es que su inversión registra una considerable pérdida.

Todos, incluso los mejores, nos equivocamos. Es por eso que la única política sana de inversión es la que se basa en la diversificación (no poner todos los huevos en la misma cesta) y en la disciplina que conlleva vender cuando se ha superado un límite de pérdida, lo que se conoce como el “stop loss”.

El impeachment de Trump cada vez más cerca

Cuando resultó elegido, me aventuré a vaticinar que Trump no acabaría su mandato. Parece que ahora estamos más próximos de que ocurra y el mundo sea un lugar mejor donde vivir.

Las bolsas, sin duda, lo recibirían eufóricas.

¿Será 2019 un buen año para los mercados bursátiles emergentes?

Robeco (un banco del que me fío) apunta a que lo pueden ser, si la FED no sube tipos más allá de lo esperado (y por tanto el dólar no se revalua) y la guerra comercial con China no va a más e incluso se resuelve.

El FMI estima que el crecimiento del PIB de las economías emergentes seguirá siendo mayor que el de los países desarrollados en los próximos años, y que el diferencial de crecimiento se ampliará.

Las valoraciones de las empresas cotizadas de los países emergentes, tras las caídas de 2018, son otro factor a considerar, porque arrojan múltiplos muy favorables.

Como es normal, apostar por emergentes es asumir un riesgo extra, pero quizás no sea recomendable prescindir de ellos en las carteras de 2019.

Yo me estoy pensando ampliar mi apuesta. Como creo que ya he dicho en algún post anterior, lo que más me gusta es Asia.

¿El empeño en el muro le costará a Trump la reelección?

Bloomberg, enemigo acérrimo de Trump, especula con que el cierre administrativo en el que Trump está empeñado en su pulso con el Congreso de los Estados Unidos, le costará la reelección.

Es posible. Desde luego, creo que sería una buena noticia para el mundo.

¿Por qué en Israel si y en España no?

Leyendo hoy un artículo de Expansión sobre Pepsico, leo que compraron por ¡3.200 millones de dólares! una compañía israelita llamada SodaStream que fabricaba dispensadores de agua gasificada para “fabricar refrescos naturales a partir de agua del grifo” (sic). Inmediatamente me ha venido a la cabeza que algo así sería imposible si la empresa fuera española.

Me pregunto, ¿por qué?

El sector del automóvil entra en un período de reconversión

Llevo tiempo diciéndolo: la próxima crisis no vendrá de la banca, sino de las grandes empresas del automóvil. Y los primeros síntomas serios empiezan a hacerse evidentes. En este inicio de año, grandes empresas como Ford o Jaguar ya han anunciado importantes medidas de reducción de plantillas y probablemente de cierre de fábricas. Y, como anuncia Bloomberg, esto no ha hecho mas que empezar.

Llevamos años diciendo que hay un exceso de marcas y de capacidad de producción, y en los últimos tiempos, a eso se ha añadido una regulación ambiental más restrictiva, que conlleva la llegada imparable del coche eléctrico, y sobre todo, el gran cambio de modelo de negocio, pasando de un modelo de venta de un producto (el auto) a uno de venta de un servicio (la movilidad).

Los cambios estructurales que ello implica en los actuales jugadores del mercado del automóvil son enormes. Sobran fábricas y las que queden habrán de ser diferentes. Sobran puntos de venta, y los que queden habrán de ser diferentes. Los balances de las marcas cambiarán radicalmente: de vender a alquilar, para entendernos. De fábricas de automóviles a proveedores de servicios de movilidad.

No hay ninguna marca que esté totalmente preparada para el cambio, pero algunas lo han anticipado mejor y están el camino correcto. Otras no lo han visto venir a tiempo o no han sabido afrontarlo. Es el caso de las que ya van saliendo a la palestra: Ford o Jaguar son un ejemplo.

Aparte de que veamos una vuelta de tuerca en el proceso de fusiones (reduciendo el número de marcas independientes), el impacto en la economía global será importante. Porque el sector del automóvil es el mayor sector industrial del globo.

Países como España, donde hay numerosas fábricas y una importante industria auxiliar, sin que residan los cuarteles centrales de ninguna de ellas, serán de los más afectados.

Los inversores habrán de tenerlo en cuenta, evitando en lo posible, las acciones de las empresas del sector. Las administraciones harán bien en ir preprándose para lo que se avecina.