Reflexiones

PGE (4): análisis del bloque 3

El bloque 3 es el relativo al Fomento de la economía y las infraestructuras, y asciende a 49,3 MM€ (!).

Se desglosa así:

  1. I+D+i y digitalización: 12,3 MM€
  2. Infraestructuras: 11,5
  3. Industria y energía: 11,2
  4. Agricultura, pesca y alimentación: 8,4
  5. Subvenciones al transporte: 2,6
  6. Comercio, turismo y pymes: 2,2
  7. Otras actuaciones de carácter económico: 1,1

Mi impresión espontánea es que la cifra global de este bloque (49.300 millones) es baja. Quizás sea porque los dos bloques anteriores ya han sumado ¡310.000 millones! y la ministra de Hacienda ha empezado a recortar.  Pero me alegro de que la partida de I+D+i y digitalización sea la más importante. En esto entiendo que tiene mucho que ver el apoyo del programa de la Unión Europea.

La partida 6 también la veo muy pobre y más en las circunstancias en que ha dejado a las empresas de comercio, turismo y a las pymes la pandemia de la Covid.

PGE (3): análisis del bloque 2

Los 83,6 MM€ se desglosan en 4 partidas:

  1. Transferencia a otras Administraciones Públicas: 70,3 MM€
  2. Sanidad: 7,3
  3. Educación: 4,9
  4. Cultura (!): 1,1

Sanidad, Educación y Cultura están traspasados a las Comunidades Autónomas, que reciben esos 79,3 MM€ de la partida 1. El resto son gastos del Gobierno Central en esos conceptos. Aunque he destacado con (!) la escasa cifra de Cultura, siempre algo abandonada en España (como editor y como ciudadano consumidor de cultura soy un afectado por ello), también me pregunto a qué se dedican los presupuestos centrales de Sanidad y Educación (que suman más de 12.000 millones de euros) si las competencias están traspasadas. ¿Tanto dinero para la labor de coordinación que deben llevar a cabo? Incluso con la crisis de la Covid19 me cuesta entender en qué se gasta tanto dinero.

PGE (2) Análisis del bloque 1

Las partidas del bloque 1, que suman 226,4 MM€ se desglosan así, de mayor a menor:

  1. Pensiones: 163,3 MM€
  2. Desempleo: 25,0
  3. Otras prestaciones económicas (?): 20,6
  4. Fomento del empleo (!): 7,4
  5. Servicios sociales y promoción social (!): 5,2
  6. Gestión y administración de la inclusión en la SS y de la migración: 2,5
  7. Acceso a la vivienda y fomento a la edificación: 2,3
  8. Gestión y administración de trabajo y economía social: 0,1

Dejo al lector que saque sus propias conclusiones.

Yo, como un lector más, me he atrevido a poner alguna señal en alguna de las partidas, que expresa mi desconocimiento (?) de qué incluyen, como en «otras prestaciones económicas», nada menos que 20.600 millones; o a destacar cifras que me parecen muy altas y quizás no todo lo bien gestionadas que debieran, como los 12.600 millones de euros que suman el fomento del empleo (con los penosos resultados, al menos hasta ahora, que hemos obtenido) y los servicios sociales. Creo que cualquier ciudadano piensa que se puede hacer mucho con casi 13.000 millones de euros.

Pero, como digo, son solo reflexiones de un ciudadano cualquiera, quizás injustificadas.

Además, sé, o me imagino, que en este 2021 se hace un énfasis especial a algunas partidas, como las citadas en los puntos 4 y 5…

Por último aprovecho para decir que no escribo esto desde ninguna posición política concreta, sino desde la búsqueda de la eficiencia y la racionalidad en el gasto público, sabiendo que probablemente es un objetivo utópico. Pero no por eso he querido dejar de compartirlo con mis lectores.

Análisis somero de los Presupuestos Generales del Estado 2021 (1)

Cualquier ciudadano español debería leerse con detenimiento los Presupuestos Generales del Estado (PGE), aunque no es, ni mucho menos, una tarea fácil.

Deberíamos hacerlo porque en los PGE es donde se concreta la política del país. De cualquier país. Porque una cosa es que los políticos digan que quieren hacer una cosa o incluso que van a hacerla, y otra es que realmente la ejecuten, y lo demuestren con dinero asignado en las partidas presupuestarias. Lo que no está en los PGE es pura ideología utópica más o menos bienintencionada que se la lleva el aire. Los PGE son, de verdad, la concreción de las ideologías políticas y de las estructuras (más o menos eficientes) de un Estado. Para bien o para mal.

Reclamo un mayor debate social, ciudadano sobre los presupuestos; un debate que no realizan los medios de comunicación como debieran, para trasladar al público, de forma clara y transparente, el detalle de cómo se está repartiendo el dinero de sus impuestos.

Ante todo debo decir que mi lectura de los PGE contenidos en el BOE es la de un ciudadano, no la de un experto en el tema, y pido disculpas por adelantado si algún tema no lo he interpretado bien o no lo he entendido, y estaré encantado de que cualquiera con mayores conocimientos me corrija. Eso si, debo decir que tengo 66 años y después de dos licenciaturas universitarias (en materias económicas y jurídicas) y muchos años de ejercicio profesional, no me ha resultado nada fácil cuadrar los números que se muestras en nuestras cuentas públicas, que utilizan un lenguaje complejo que me retrotrae al mundo burocrático de las novelas de Larra.

La primera cifra que destaca es que el gasto público presupuestado asciende a 455.900.000.000 de euros (455,9 miles de millones de euros, MM€), una cifra gigantesca, cuya magnitud ya implica una opción política. A algunos les parecerá insuficiente y a otros excesiva. Pero es la que es, dejando al margen una parte de las administraciones públicas (empresas públicas y otros organismos) que no están sujetos a la pura contabilidad presupuestaria.

Yo me he permitido dividir esa enorme cifra en 6 bloques, que he ordenado de mayor a menor importe:

  1. Prestaciones a las personas, principalmente por pensiones y desempleo: 226,4 MM€
  2. Sanidad, educación y cultura: 83,6 MM€
  3. Fomento de la economía y las infraestructuras: 49,3 MM€
  4. Organización y funcionamiento del Estado: 42,2 MM€
  5. Deuda pública: 31,7 MM€
  6. Justicia, Defensa, Seguridad y Política Exterior: 22,7 MM€

Creo que, una vez desglosadas como acabo de hacer, las cifras merecen ser bien meditadas. Las pensiones y el desempleo, se llevan prácticamente tanto dinero como todos los demás capítulos juntos. Ya se puede ver qué sensibles son nuestras cuentas a cualquier modificación de la legislación relativa a esos rubros. Obviamente, nuestras enormes cifras de paro y el benévolo sistema de pensiones que tenemos son buenos contribuyentes al enorme déficit fiscal que arrastramos. En estos momentos temas como el sistema de cómputo de las pensiones o los ERTEs están en el centro del debate político y social.

Voy a a tratar de desglosar un poco más cada capítulo en sucesivos post, para que este no sea demasiado largo.

Pero no quiero acabar sin exponer dos pensamientos que me vienen a la mente cuando veo cifras tan grandes como las mencionadas:

  • A mucha gente le sale a cuenta dedicarse a estudiar y analizar esas cuentas para sacar el máximo provecho de ellas, aprovechando cualquier fisura por la que colarse. Son lo que podríamos llamar los «profesionales del presupuesto». Los hay en toda España, pero creo que están especialmente localizados en Madrid, donde muchas gente vive, honestamente o no tanto, del maná del Presupuesto. Así ha sido desde que se estableció allí la capital del Reino, y así seguirá siendo si no se hace algo para evitarlo. Estoy hablando básicamente de quienes reciben un salario público, una contrata pública, un subsidio o una pensión pública, que son muchos. A todos nos vienen ejemplos e incluso nombres de personas concretas, seguro, a la cabeza.
  • Cuánto dinero se puede derrochar cuando hablamos de cifras tan grandes. ¿Se podría hacer lo mismo gastando menos? Es una pregunta legítima, que nos haríamos cualquiera de nosotros en nuestras casas y desde luego nos la hacemos todos los días en nuestras empresas.

Los ciudadanos no nos olvidamos de que somos nosotros, con nuestros impuestos, quienes financiamos esta fiesta. Y no siempre pensamos que ese dinero se administre como debería. Pero este es un tema que dejaré para un último post en esta serie.

Criptomonedas: ¿hasta cuando?

Cuando alguien me pregunta si debería invertir en criptomonedas mi consejo es siempre el mismo: NO. Y si lo ha hecho y gana dinero, que venda en cuanto pueda.

Yo creo que en algún momento explotará la burbuja de las criptomonedas, aunque estoy seguro que habrá quien las defienda a muerte.

La pregunta que yo me hago es: ¿quien será el primero en darse cuenta de que las criptomonedas (todas, porque hay cientos) no valen nada porque no están respaldadas por nadie? No hay un último garante, como si lo tienen el euro (BCE y la Eurozona/Unión Europea), el dólar (FED y Estados Unidos), el yen (BoJ y Japón) o incluso el yuan (BPoC y China).

Una moneda es el resultado de una convención: alguien poderoso responde de que mis 100 euros serán siempre 100 euros, y mientras ese alguien sea poderoso, nadie dudará de que valen 100€. Así ha sido desde la Antigüedad y el Imperio Romano.

Loa criptomonedas son una estafa piramidal, y algún día los afectados por esa estafa se darán cuenta.

¿Hacia donde va el negocio bancario?

Hace poco un lector de este blog me preguntaba por mi opinión sobre los bancos Santander y BBVA, de los que era accionista y con los que perdía dinero. Traté de responderle lo mejor que pude, sin mucha esperanza a corto plazo pero alguna a largo plazo. En este post quiero extenderme un poco con unas reflexiones sobre el negocio bancario y el futuro bursátil de los bancos.

Creo que los bancos solo despegarán cuando se den cuenta de que no son un negocio financiero sino un negocio de SERVICIOS. Y de que su mayor capital es su amplísima base de clientes, de los que saben mucho y con los que tienen un contacto más o menos frecuente, tanto digital como presencial, gracias a su todavía amplia red de oficinas. Cuando se den cuenta de ello, y lo pongan en práctica, empezarán a recuperar el prestigio y la rentabilidad que han perdido.

Seguramente lo que pasará es que algunas entidades lo harán y otras no. Solo las que lo hagan sobrevivirán. Las que no lo hagan serán irremisiblemente absorbidas por las anteriores. Y las ganadoras pueden ser grandes entidades o pequeñas entidades. Estoy pensando, por ejemplo, en la reciente fusión frustrada de BBVA y Sabadell en España, y la posibilidad de que Sabadell sea capaz de sobrevivir independiente. Aunque hemos de ser claros, los candidatos a liderar las fusiones son, a priori, los bancos grandes.

Fusiones que difícilmente serán entre bancos de diversos países europeos mientras ni la Unión Europea ni al menos la Eurozona no avancen en la integración fiscal y bancaria. Aunque cualquier paso, por pequeño que sea, en esa dirección supondrá un alza en las cotizaciones bancarias europeas en general y las españolas en particular.

No obstante, como han demostrado los bancos españoles, se puede avanzar en tamaño comprando entidades de otros países, aunque hay que hacerlo bien, y asegurarse de que la compra aporta valor porque produce sinergias y no requiere de inversiones enormes que lastran el balance de la matriz, como le ha pasado a Sabadell con el banco TSB británico. Hay experiencia positivas y negativas en ese sentido, de las que los banqueros han de sacar enseñanzas, como por ejemplo (en positivo) la entrada de Santander en Brasil, o en negativo, la entrada del mismo banco en Estados Unidos.

Los bancos están haciendo un gran esfuerzo de racionalización de redes de sucursales y de rejuvenecimiento del personal, pero eso no basta, han de saber a donde se dirigen, y muchos no lo saben; creen que el negocio es el mismo de siempre (o parecido) y no lo es. El cambio en el perfil del personal es el más evidente. Han de ser profesionales de los servicios, no de la banca, por decirlo de un modo fácil.

En resumidas cuentas, la pregunta que los accionistas de Santander y BBVA deben hacerse es: ¿saben a donde van? ¿Tiene claro que el negocio es de servicio y de servicio integral a sus clientes: resolverle sus necesidades en el mundo financiero (cobros, pagos, inversiones, préstamos…), y ayudarles  a gestionar globalmente sus patrimonios (inmuebles, seguros, servicios personales y de mantenimiento y administración de sus inmuebles, etc.)?

Yo no tengo claro que lo tengan claro.

 

¡Tenemos Brexit!

Acabamos el año con una gran noticia: el Reúno Unido y la Unión Europea han llegado a un acuerdo para la salida de GB de la UE.

La pesadilla de un Brexit salvaje sin acuerdo se ha disipado. Creo que es lo mejor para todos y una buena noticia en un año que ha estado muy huérfano de ellas.

Yo creo que la salida de GB se demostrará a largo plazo que es una buena noticia para la UE, que ayudará a avanzar en la Unión y a reforzarla.

Yo soy de los que cree que hacia mediados de siglo, cuando la UE avance en sus instituciones como una unión federal de estados y se fortalezca como entidad política y económica en un mundo cada vez más polarizado entre las grandes potencias (básicamente EEUU y China), GB volverá a pedir su incorporación al proyecto europeo. Aunque entonces lo hará con mayor convencimiento y con una UE más fuerte y más unida que nunca.

¡Salud y fuerza a la Unión Europea!

¿Sabemos invertir los españoles?

Leo en mi apreciada revista Ocu Inversiones (que sigo recomendando a mis lectores) los datos de un estudio del Instituto Español de Analistas Financieros que dice que los españoles concentran su patrimonio en un 78% en activos no financieros (básicamente inmobiliarios, siendo clave la vivienda habitual en propiedad) y solo en un 22% en activos financieros (acciones, fondos de inversión, depósitos, etc.).

Lo compara con un 50-50 en Francia o con Italia, Reino Unido y Suecia, donde los activos financieros representan un 56, 74 y 74% respectivamente.

Eso hace que la posición patrimonial de los españoles esté concentrada en exceso en los activos inmobiliarios, lo que hace que el patrimonio de los ciudadanos españoles sea menos rentable, menos líquido y más susceptible de perder valor de lo que ellos creen. Además de provocar una falta de flexibilidad social y profesional que ya he comentado en otros post y que es la causa de problemas mayores.

El país debería seguir haciendo un esfuerzo porque esto cambie.

¿Volumen o margen? ¿Crecimiento o rentabilidad?

Aunque es un tema sobre el que ya he escrito en este blog muchas veces, voy a volver a hacerlo porque es un asunto eterno y de crucial importancia, que pocas empresas resuelven bien.

Se trata de escoger entre perseguir un objetivo de crecimiento, de ganar volumen, a costa del margen, del beneficio, u optar por el objetivo del beneficio, del margen, a costa del crecimiento.

Muchos empresarios responden: ambos. Pero normalmente compaginar ambos objetivos no es posible. Y no es posible por razones que podríamos llamar estructurales. Veamos cuáles son.

Los negocios, las empresas, normalmente deben escoger entre ser negocios de margen, que miran a su cifra de beneficios antes que la de ventas, que se asocian a productos caros, de lujo, de calidad, dirigidos a un segmento de consumidores que busca lo mejor y paga lo que sea por ello; o ser negocios de volumen, que se centran en conseguir sus beneficios vendiendo con poco margen pero mucho. Las primeras suelen ser empresas pequeñas y las segundas grandes, porque el tamaño se mide por las ventas, pero las primeras suelen ser más rentables que las segundas.

Las mejores empresas son las que consiguen combinar altísimas cifras de ventas con altos márgenes.

Todo empresario se ve obligado a decidir en ese sentido. Para empezar cuando monta su negocio. No es lo mismo dirigirse a un público amplio y popular, que exige precios bajos y no aprecia los lujos (es la estrategia low cost), que optar por un público reducido, selecto, que exige calidad y servicio de lujo. Salvando las distancias este concepto sirve igual para una joyería, una cafetería, un hotel, un automóvil o lo que sea. Aunque hay empresarios que pueden pensar que es compatible un posicionamiento “low” en unos productos y “high” en otros, la realidad demuestra que NO lo es. El mercado, los consumidores, ponen a las empresas unas etiquetas, y no hay manera de quitársela. Puede hacerse pero con marcas distintas, y a ser posible con empresas distintas. Hay muchos ejemplos de fracasos por no hacerlo. Y también ejemplos exitosos. En el mundo de los automóviles, por ejemplo: Toyota tiene un posicionamiento “low” con sus autos marca Toyota y “high” con Lexus. El grupo Fiat vende autos “low” con marca Fiat y “high” (en cifras de ventas mucho menores) con marca Ferrari (y desde una empresa totalmente distinta).

Otra cosa es que nuestra empresa, ya posicionada como low high, decida combinar etapas en las que pise el pedal del crecimiento con etapas en las que pise el pedal del beneficio. Sin dejar de ser lo que se es, una empresa low puede ralentizar sus inversiones y ajustar un poco sus márgenes al alza (rebajando su velocidad de crecimiento) para recuperar rentabilidad, como paso previo a una nueva etapa de impulso del crecimiento. Y lo mismo pero al contrario puede hacer una empresa high: sacrificar beneficio invirtiendo para entrar en un nuevo mercado, aunque sin perder sus señas de identidad. También lo hemos visto por ejemplo cuando las grandes marcas de lujo han lanzado colecciones algo más asequibles.

En resumen:

1. Cada empresa ha de saber posicionarse claramente como una cosa u otra: low o high

2. El empresario ha de saber compaginar períodos de aceleración (para impulsar las ventas) con períodos de calma (para impulsar los beneficios).

Es una lección sencilla que todos debemos tener muy presente.

 

La industria de la reparación vs. la industria de la producción

Leo en la revista de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) el editorial firmado por Ileana Izverniceanu en el que reivindica el derecho del consumidor a poder reparar los productos que haya comprado dentro de los 3 años siguientes a la compra. Es algo que ahora no pasa. Y, en consecuencia, los productos averiados acaban siendo basura y un derroche económico, de energía y lo contrario a la economía circular.

El Parlamento Europeo ha reivindicado ese derecho, planteando que los fabricantes o vendedores establezcan formas de reparación a precios aceptables durante al menos el período de obsolescencia programada de sus productos.

Me sorprende el dato que dan, de que el 66% de los productos se averían dentro de los 3 años desde su compra.

Ileana apunta no solo a los derechos de los consumidores, sino a la conveniencia para toda la sociedad europea, y en especial española, de que se desarrolle una “industria de la reparación” local, española, europea, en contraste con la “industria de la produccíón” que es mayoritariamente asiática, y en especial china.