Valoración de empresas

¿Alguien está loco?

En medio de un mundo de crisis, dudas, incertidumbres… aún hay emprendedores que tratan de llevar adelante nuevos negocios. Que han visto una oportunidad de crear un producto hasta entonces inexistente y se lanzan a cubrirlo.

Eso es magnífico.

Las tecnologías de comunicación actuales, con el acceso universal a Internet y las posibilidades que ofrece la nueva informática “en la nube” (es decir, en Internet), que hace que el software se pueda usar como usamos el teléfono, abren, sin duda, un mundo nuevo.

Ayer estaba en un foro que ponía en contacto emprendedores en busa de capital con potenciales inversores, y asistí a la presentación de varios proyectos de ese tipo.

Uno de ellos (del que prefiero no dar el nombre) me sorprendió porque en 6 meses asumía que el valor que había alcanzado su compañía (25 clientes, una facturación de 2.500€ mensuales) era de 600.000€. La verdad es que me quedé un poco sorprendido.

Me pregunté: ¿es un planteamiento de negocio muy innovador, inimitable y sostenible, que se dirige a un segmento al que aporta un gran valor económico? Mi respuesta es claramente NO. Es un buen negocio, interesante, y que puede ir bien, pero de ahí a valer 600.000€ hay un gran trecho.

¿Estaremos todos un poco locos asumiendo esas valoraciones? ¿Encontrará el emprendedor inversores que acepten tal valoración?

Continuará…

Valor de la marca

El diario Expansión del pasado sábado incluía unas declaraciones del presidente de una empresa que salía a Bolsa que decía que el valor que se le estaba dando a la empresa en la salida a Bolsa era inferior al valor de su marca principal (Pocoyó, un personaje de historias infantiles). Al leerlo me hizo pensar en que hay empresarios que creen que el valor de su empresa está disociado del valor de su marca, y eso no puede ser nunca así. Está bien que se mande un mensaje a los inversores para intentar convencerlos de que están ante un chollo, pero espero que ninguno de éstos se deje embaucar.

El valor de las marcas de una empresa está embebido en el valor que el mercado da a las mismas. La empresa vale lo que vale porque hace un determinado negocio, y hace tal negocio porque tiene unas marcas que lo sustentan.

Otra cosa sería que el caballero en cuestión reconociera que su empresa no es capaz de sacarle todo el partido a las marcas que posee. Si eso fuera cierto entonces quizás tuviera razón, y su empresa valdría más de lo que vale, porque sus marcas valdrían más, en manos de otros, de lo que valen en sus manos. Pero es difícil que un comprador traspase el valor creado por su gestión a un vendedor incapaz de hacerlo por si mismo.

El problema de la valoración en las fusiones

Estoy insistiendo estos días en que hay las empresas han de plantearse fusiones. Uno de los aspectos más delicados en las fusiones es la valoración de ambas partes. Voy a dar algunos consejos sobre ello, esperando que le sean útiles a alguien.

El primer consejo es que hay que consensuar un método de valoración único para ambas compañías. A ser posible hay que encargar a una misma firma la realización de la valoración, actuando como si fuera un árbitro en este asunto.

El método más sencillo a seguir es el de usar un multiplicador de EBITDA único para los negocios que estén establecidos y estabilizados, y hacer una proyección de cash-flow para los negocios en desarrollo, y descontarla a la misma tasa de interés. De las valoraciones resultantes de ese proceso hay que restar la posiciñon financiera neta (Deuda menos Caja) que tenga cada empresa o grupo.

El resultado son dos cifras de valor, una para cada parte, que determinan la ecuación de canje.

Tiempo de fusiones, pero no será fácil

Hace unos días afirmaba que era tiempo de fusiones. Sigo pensándolo. Pero he de reconocer que una fusión no es fácil.

Ahora mismo me encuentro colaborando en facilitar una posible fusión de dos grupos españoles cuyas circunstancias los hacen idoneos para una fusión en base a los datos objetivos: complementariedad de negocios, proximidad personal de las cúpulas, complementariedad de presencias geográficas, etc.; sin embargo, en la fase de valoraciones y de fijación de los términos de la ecuación de canje han aparecido diferencias importantes.

La cuestión principal que aleja a las partes es que una de ellas considera que el pasivo circulante de la otra no es sostenible en sus niveles actuales porque la financiación que obtiene de proveedores se reducirá sensiblemente a corto plazo. Es un argumento cuando menos curioso, que yo no había oído antes en mis largos años de experiencia en el asunto. Pero sería un argumento válido si la contraparte lo aceptara. Lo malo es que me temo que no lo va a aceptar.

Así como argumentar que un determinado préstamo bancario no va a ser renovado admitiría una prueba relativamente fácil, argumentar que la financiación de proveedores (basada en un plazo de pago a 180 días) va a caer a cortom plazo (porque los proveedores impongan el pago a 90 días, por ejemplo) es algo más difícil. Sobre todo si la práctica está extendida en todo el sector, y ha sido así desde hace más de 30 años.

¿Qué es tener una visión estratégica?

Tener una visión estratégica es tener una visión coherente del entorno en que se mueve un negocio. Una interpretación clara de los factores que mueven el negocio y de lo que importa realmente. De qué es lo que aporta valor en cada eslabón de la cadena de valor, y de quienes capturan la mayor parte del valor en toda la cadena.

Es decir, supone una doble visión, abstracta y concreta a la vez:

  1. Abstracta: deducir qué partes de la cadena de valor son las más importantes y porqué.
  2. Concreta: identificar qué jugadores juegan en cada eslabón de la cadena de valor y qué valor consiguen capturar.

Uno de los factores más importantes a vigilar son los cambios que se puedan producir en la balanza que mide la ventaja competitiva, porque con el paso del tiempo unos factores sustituyen a otros en el peso de la ventaja competitiva. En estos momentos, por ejemplo, el factor financiero recupera la importancia que años ha tuvo. Aquel enfoque de negocio que requiera menos capital, o aquel jugador que disponga de mayores recursos financieros, disfrutan de una clara ventaja en el escenario actual de escasez de capitales.

Las crisis anuncian épocas de cambio. Anuncian el momento de abrir los ojos y anticipar dicho cambio. Quienes lo hacen y lo saben interpretar, y saben situarse en el nuevo escenario, salen reforzados de las mismas.

Empresas sobrevaloradas

Muchos pequeños o medianos empresarios tienen una idea equivocada de lo que vale su empresa. Creen que su valor se basa en el patrimonio que la empresa atesora, y no es así.

Los activos de una empresa, cuando son los necesarios para que funcione, no suponen un valor en sí mismo. Sólo el beneficio que obtiene la empresa supone un valor. Los activos son algo necesario para que la empresa funcione y obtenga beneficios. Me estoy refiriendo a naves, oficinas, maquinaria, utensilios, e incluso mercas. Y por descontado también a inventarios de mercancías o cuentas pendientes de cobro de clientes. Todo ello vale en función del beneficio que produce.

Si la empresa no produce beneficio, o menos del que justifica el valor de los activos, entonces podríamos decir que valdría la pena liquidar la empresa, porque obtenderíamos un valor mayor liquidando sus activos que dejándola en funcionamiento.

No es extraño que los empresarios defiendan que su empresa vale la suma de su patrimonio y su negocio, como me decía una participante en la conferencia que impartí en Burgos el jueves pasado. Se equivocan. La empresa vale lo que vale su negocio. El patrimonio no hay que añadirlo a ese valor. Eso sí, siempre que parte del patrimonio no sea estrictamente necesario para el negocio. Por ejemplo, amplios excedentes de tesorería o activos financieros (acciones bancarias, por ejemplo), o inmuebles que no tengan relación con el negocio (pisos, naves, solares…).

El día 20 de noviembre daré una conferencia en Burgos

El tema será “Valoración de empresas: claves y aspectos prácticos”, y estará basado en mi librp VALORACION DE EMPRESAS, una introducción practica.

Se pagan precios desorbitados

Cuando vemos que hay empresas que pagan fortunas por otras que apenas ganan dinero, es normal que sospechemos que no se ha pagado lo que valen, sino más de lo que valen. No obstante, los planes de negocio aguantan cualquier precio. Soñar es fácil.
Es inhabitual que el comprador admita que ha pagado demasiado. Por eso es de resaltar la noticia de que EBay, el portal que compró Skype por una fortuna, haya admitido que pagó demasiado por la empresa, porque el plan de negocio previsto no se está cumpliendo.
¡Enhorabuena! Los americanos, en estas cosas, nos dan ejemplo.

El libro de Valoración de empresas se ha agotado

Debo agradecer a muchos de los lectores de este blog, y a otros muchos interesados en el tema, que hayan comprado toda la primera edición de mi libro VALORACION DE EMPRESAS, de manera que está prácticamente agotado.
La editorial (Deusto) ya ha lanzado una reimpresión, que espero que llegue en unos días a los puntos de venta.
Aprovecho para comentar a los compradores del libro que la primera edición contiene algunas erratas (el “duende” de la imprenta). A quienes les interese saber cuáles son, en el capítulo de Libros de la cabecera de esta web en breve encontrarán un documento pdf de las páginas con erratas, y la indicación de las erratas correspondientes. Para acceder al capítulo Libros deben introducir unas claves, que son deusto, Deusto
Gracias a todos.

Según un experto del IESE, valorar empresas es una chapuza

Esta semana me he encontrado con una noticia en el diario digital www.expansion.es, firmada por Eduardo Segovia, que me ha sorprendido agradablemente. El profesor del IESE y experto en valoración de empresas Pablo Fernández, afirma sin ambages que “la valoración de empresas es una chapuza”, y que los analistas (de bolsa, creo que quiere decir) “sólo confunden a los inversores”.
Coincido con Pablo totalmente.
En mi libro Valoración de Empresas ya introduzco esta misma crítica al modo en que se enfoca muy a menudo la valoración de las mismas; como dice Fernández, “basándose en hipótesis totalmente subjetivas”, y “complicando en exceso las cosas, con el único fin de confundir a los inversores”. Palabras similares encontrará el lector de mi libro en las primeras páginas del mismo.
De hecho, esa es una de las razones que me empujó a escribirlo: simplificar y aclarar el proceso de valoración, prescindiendo del WACC, del CAMP, y de otros conceptos sofisticados que el profesor Fernández también critica, y tratando de basarme en conceptos más sencillos y al alcance de cualquiera.
En cualquier caso, como todo el mundo sabe, no hay un único valor de una empresa, sino muchos; tantos como métodos de valoración, o personas hagan esa valoración. Mi consejo es que cuando se acerque a una valoración lo haga con las ideas claras, y a poder ser con su propio cálculo, lo más sencillo que pueda.
Mi libro trata de ayudar a la gente normal a conseguirlo. Léalo y luego dígame si le ha ayudado o no.