23 de abril de 2020

No es imposible compaginar la sostenibilidad con el beneficio

Se puede compaginar, y hay ejemplos de ello.

En ese sentido recomiendo el libro La estrategia del océano esquilmado, de Nadya Zhexembayeva, que podeis encontrar en Libros de Cabecera.

El libro explica cómo debes orientar tu estrategia para encajar tus productos y toda tu empresa en la economía circular, y presenta multitud de ejemplos de empresas que lo han hecho y son exitosas. Y no solo eso, defiende la autora que solo las empresas que se orienten de ese modo sobrevivirán, porque los consumidores y los gobiernos descartarán a cualquier empresa que no lo haga.

Os animo a que lo leais. Está traducido por mí.

¡Feliz Sant Jordi!

23 de abril de 2020

Globalización 2.0: algo bueno que nos traerá el COVID-19

Haciendo bueno el refrán de que no hay mal que por bien no venga, el coronavirus nos va a traer una esperada y necesaria «Globalización 2.0».

No será el fin de la globalización, como algunos reclaman y proclaman, porque sería absurdo y además es imposible, pero sí una globalización más equilibrada, en todos los ámbitos de nuestra vida y nuestra economía:

  • La industria, con una dependencia menor de China, al menos en algunos ámbitos.
  • El turismo, con un frenazo a la expansión acelerada de los viajes, sobre todo los transoceánicos, pero también los de corta estancia.
  • En la agricultura. con un fomento de la compra local.
  • En el comercio, alcanzando un reequilibrio entre el eCommerce y el comercio físico, pero no en una estrategia de confrontamiento sino de integración.

Ese cambio no se realizará solo por las condiciones de vida que exige el coronavirus, sino porque lo exige el planeta.

No tiene sentido que todo lo compremos en China, y de allí nos lo hagamos traer todo. No tiene sentido que cojamos un avión para pasar un fin de semana a kilómetros de distancia. No tiene sentido que comamos naranjas de Sudáfrica. Y muchos más ejemplos de lo que hacemos en nuestra vida cotidiana.

Creo que es un momento clave para la humanidad. Si no lo hacemos acabaremos con nuestro planeta y en definitiva con nuetra propia especie.

Los empresarios somos los primeros que nos hemos de poner las pilas y empezar a actuar de verdad dentro de una estrategia circular, buscando eliminar o al menos reducir al máximo nuestra huella de carbono. Pero hemos de tener el apoyo de los consumidores y de las administraciones. Creo que ahora, por fin, todos estamos de acuerdo. Y sí: podemos.

¡Bienvenida la globalización 2.0!

21 de abril de 2020

Las empresas, los empresarios, nos sacarán de esta crisis

¿Cuántas veces tendremos que recordar que sin empresas no hay empleos? ¿Que sin empresas no se sostiene el presupuesto social?

Me ha parecido un buen momento para recordar que la salida de esta crisis pasa por las empresas. Que nadie lo dude. Las administraciones pueden y deben ayudar a que eso pase, dar facilidades, pero son los empresarios los que han de volver a producir, a abrir fábricas y hoteles, a dar empleo, a comprar a sus proveedores, a exportar, a pagar las cuotas de la Seguridad Social, a pagar impuestos.

Las empresas son las que pagan, directa o indirectamente, la mayor parte de los impuestos que permiten que el país disponga de los servicios públicos que hemos decidido tener como comunidad (educación, sanidad, seguridad, etc.).

Si no hubiera empresa, si no hubiera empresarios dispuestos a seguir adelante, se pararía todo.

Es obvio que el país podría escoger tener empresas públicas, dirigidas por funcionarios, pero la historia demuestra que ese no es el camino. El sistema capitalista es «el menos malo de los sistemas económicos».

Y en el sistema capitalista, si no hay empresarios, no hay economía. No hay vida.

Que nadie quiera ver en mis palabras un menosprecio a nadie, y menos a los trabajadores, tanto por cuenta ajena como propia. Pero el motor que hace que la economía se ponga en marcha, y que gestiona la creación de riqueza, como un director de orquesta dirige a los músicos, es el empresario. Personas, al fin y al cabo, que ponen su capital y su inteligencia al servicio de una misión. Algunos son mejores y otros peores, pero ese es su cometido.

Que tampoco nadie piense que abogo por un capitalismo salvaje, en el que los empresarios tienen carta blanca para hacer lo que quieran. Creo en el capitalismo, pero dentro de unas reglas de comportamiento marcadas por una competencia leal y por el respeto de los derechos de los trabajadores, los consumidores, y los ciudadanos en general. Siempre dentro de la ley.

La mayoría de los empresarios que conozco respetan esos principios. Y, en cualquier caso, la ley se les debe aplicar a todos, y las administraciones deben vigilar de que la cumplan.

Confiemos, pues, en nuestros empresarios, para sacarnos adelante del bache de esta crisis del COVID19. Si alguien piensa que el gobierno solo nos podrá sacar de esta, se equivoca. Tampoco lo harán los sindicatos. Son los empresarios quienes han de llevar el liderazgo. Los demás hemos de animarlos a que lo hagan y ayudarlos en lo que nos toque.

Del mismo modo que en la crisis sanitaria hemos confiado en los médicos, para que, junto a todo el sistema sanitario, nos ayudaran en la crisis sanitaria, hemos de confiar ahora en los empresarios, para que, junto a sus trabajadores, nos saquen de la crisis económica.

Yo confío en ellos. Del mismo modo que los médicos se juegan su propia salud, y la de todos, los empresarios se juegan su propia vida, en este caso profesional y económica, y la de todos.

Del mismo modo que los médicos y sanitarios reciben nuestro aplauso cada día, los empresarios y trabajadores deberían recibirlo hasta que nuestra salud económica deje de estar en peligro.

21 de abril de 2020

Eramos pocos y parió la abuela…

Disculpa la expresión, pero es lo que pienso cuando veo las bolsas de hoy. A la incertidumbre de una pandemia que sigue descontrolada en gran parte del mundo y que ha tumbado por KO a la economía mundial, se une un sector petrolero que no es capaz de parar las extracciones y que inunda literalmente el mundo de barriles, haciendo que su precio caiga por los suelos.

No se me ocurre escenario peor. Y las bolsas piensan lo mismo.

Si hubiera de invertir lo haría ahora.

Y de perdidos al río…

19 de abril de 2020

Sobrevivirán las empresas que se capitalicen

Si algún empresario confía en que la banca lo salve de esta crisis, se equivoca.

Y no es porque la banca tenga especial interés en hundir su empresa, sino al contrario. Es porque su empresa pasará de golpe a ponerse por encima del límite de solvencia mínima que todo banco exige para dar un crédito.

Si el nivel de crédito bancario que tenía hasta ahora una empresa era, por ejemplo, de 3 veces su EBITDA (beneficio antes de impuestos y amortizaciones), es decir, que podía devolver toda su deuda bancaria en 3 años de EBITDA, ahora, que su EBITDA va a caer con fuerza, ese ratio se disparará. Por ejemplo, si el EBITDA cae un 50%, el ratio de Deuda/EBITDA pasará automáticamente de 3 a 6. ¡Ningún banco querrá darle más crédito! Incluso probablemente le recortarán las líneas de crédito actuales. Alguna se la cancelarán.

El panorama es desolador.

¿Qué solución hay? Solo veo una: los socios deberán poner más capital, si es que pueden. Vendiendo su patrimonio personal, o avalando con él posibles préstamos personales.

Es el momento de apostar por su empresa si quieren que sobreviva.

Habrá que hacer un plan de viabilidad en el que se estime el volumen de capital necesario para pasar los próximos 24 meses en un escenario razonable. Si el capital que se aporta es excesivo, siempre se podrá en su momento reducir el capital de nuevo y devolver el exceso a los socios.

La situación ideal es que todos los socios aporten en proporción al porcentaje de capital que tienen ahora en la empresa. Si no es así, y solo ponen nuevo capital unos socios, pero otros no, se crea un problema añadido: hay que acordar en qué condiciones se pone ese capital. Eso implica valorar la empresa. Y este un momento muy malo para valorarla, porque estamos en medio de una crisis de alcance desconocido. En cualquier caso, habrá que hacerlo. La ayuda de un experto y de algún modo mediador, será muy recomendable en estos casos.

Una opción que también se puede analizar es que el capital se ponga en forma de préstamo participativo convertible. Es un préstamo que los bancos computan como recursos permanentes, que se puede convertir en capital más adelante. De nuevo el consejo de un experto (abogado, economista) es recomendable.

Si quieres salvar tu empresa, es el momento de demostrarlo.

 

18 de abril de 2020

Reflexiona sobre el futuro de tu empresa en estos días de confinamiento

El confinamiento a que está obligando el COVID19 a la humanidad, permite a los empresarios plantearse el futuro de sus empresas, amenazado por la crisis económica a la que debemos enfrentarnos.

En muchos casos ese futuro va a requerir cambios importantes para asegurar la supervivencia. Sobre todo en los sectores más afectados por esta crisis.

Si en tu sector va a ser muy difícil ser rentable, has de reinventarte tu modelo de negocio y encontrar un espacio diferenciado y rentable, si es que es posible, o si no, deberás cambiar de sector, y si no te ves capaz de hacerlo deberás liquidar la empresa, sin que te tiemble el pulso. Este es un buen momento para pensarlo con detenimiento.

En el pasado son muchas las empresas que han sabido reinventarse y encontrar la rentabilidad donde nadie era realmente rentable. Han reinventado sectores enteros.

Los ejemplos de Apple en el sector de los PCs, de Ryanair en las líneas aereas, de Ikea en los muebles, de Cirque de Soleil en el circo, los tenemos todos in mente.

No te quedes paralizado. No te limites a quejarte. Ahora más que nunca se necesitan líderes fuertes y visionarios.

Hay muchos libros que te pueden ayudar. Déjame que te recomiende (Re) Inventa tu modelo de negocio, escrito por tres consultores y profesores franceses, que incluye 50 ejemplos de compañías que lo han hecho.

16 de abril de 2020

¿Hasta cuándo tiene liquidez tu empresa?

La liquidez, en forma de tesorería o activos financieros de disponibilidad inmediata (llamémoslo CASH), o en forma de crédito inmediato disponible (llamémoslo CID), toma la máxima importancia estos días que la crisis del COVID19 ha dejado a muchas empresas sin ningún tipo de ingresos.

¿Qué pasa cuando durante dos o tres meses te quedas sin ingresos? Pues que has de hacer frente a tus costes fijos (CF). Si tenías dudas de cuáles eran tus costes fijos, en estos momentos va a quedar despejada esa duda.

¿Qué empresas pueden hacer frente con tranquilidad a esa situación? Pues las que dispongan de recursos financieros suficientes para pagar esos gastos fijos.

En ese contexto vale la pena redescubrir unos ratios que quizás habíamos olvidado.

El primero de ellos es el que muestra cuántos meses de costes fijos podemos pagar con nuestro CASH, y la fórmula es: CASH/(CF anuales/12). En un ejemplo: si una empresa tiene unos costes fijos anuales de 120.000€ y un CASH de 20.000€, este ratio es 2=20000/(120000/12). Es decir, tiene CASH para 2 meses.

El segundo es el que incluye el crédito ya concedido y no utilizado del que la empresa podría disponer inmediatamente (CID). La fórmula es: (CASH+CID)/(CF anuales/12). En el mismo ejemplo anterior, si la empresa tiene un CID de 30.000€, el ratio es 5=(20000+30000)/(120000/12). Es decir, tiene tesorería y crédito para pasar 5 meses.

Las empresas habrán de hacer sus números para saber cuánto pueden sobrevivir. Y tener en cuenta estos ratios en el futuro.

16 de abril de 2020

Regala libros en el día de Sant Jordi virtual (el próximo 23 de abril)

Libros de Cabecera celebra la fiesta del libro en Sant Jordi (23 de abril) mandando el libro que quieras regalar a la persona que quieras, con una dedicatoria personalizada.

Puedes encontrar todo el catálogo de libros de la editorial en su web: www.librosdecabecera.com

(Disculpad este post comercial, pero en estos momentos de crisis nos estamos jugando el futuro de nuestra pequeña editorial.)

Os agradeceré todo lo que podais hacer por difundir el mensaje.

 

15 de abril de 2020

¿Dónde estamos? ¿A dónde vamos? El mundo está perdido

He de reconocer que hoy estoy más negativo que otros días.

Parece que se confirma que la recuperación, cuando se produzca, que aún no sabemos cuándo, difícilmente será en V, sino probablemente en U, sin descartar que lo sea en L.

El coronavirus sigue vivito y coleando en todo el mundo, incluidos aquellos países que parecía que lo habían vencido. Por ejemplo Singapur.

Las bolsas hoy vuelven a caer, ante el oscurecimiento de las perspectivas.

El desasosiego social es creciente y el orden mundial se tambalea, apuntando a un futuro aún más incierto. Como ejemplo, la decisión de Trump de dejar de financiar a la OMS.

En mi país los políticos continuan enfrentados, olvidándose de que los ciudadanos los queremos unidos contra el enemigo común que es este maldito COVID19.

Además, como ejemplo de la inquietud que indico, veo a multitud de analistas empezando a hacer balance y a hablar de un período de recuperación que yo veo muy lejano y aún muy incierto.

Por último, leo un artículo de una revista americana en el que instan a que no nos hagamos ilusiones, y que contemos con que este período de excepcionalidad se alargará por todo lo que queda del 2020.

Y, para colmo, mi coche no ha arrancado cuando iba a ir al supermercado; su batería se ha descargado, a pesar de ser casi nueva, debido a los muchos días que no se ha usado.

Lo dicho, un mal día.

(Me voy a leerle un comic de Obelix a mi nieto, que ayer cumplió 7 años)

13 de abril de 2020

China pagará cara esta pandemia

Yo creo que, a la larga, esta pandemia le saldrá cara a China, en una especie de justicia divina, dado que fue ese país quien inició la pandemia a finales del año pasado, y sumió al mundo en la mayor crisis sanitaria y económica (veremos si social) del siglo XXI.

¿Por qué le saldrá cara?

Porque todos los países se están dando cuenta de que no pueden depender tanto de las fábricas chinas. Todos van a tomarse más en serio un proceso que ya se había empezado hace unos años: volver a producir localmente. Tener capacidad de surtirse localmente al menos de productos esenciales, al menos en el mundo de la sanidad. Es terrible ver cómo estamos dependiendo de China para que nos surta de algo tan sencillo como mascarillas o guantes.

¡Un poco menos de construcción (de viviendas vacías), de AVEs sin pasajeros, de aeropuertos muertos, de turismo barato, de bares sucios (que curiosamente acaban en manos de chinos), de bodegas que apenas se mantienen, y un poco más de industria, por favor!