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17 de junio de 2021

Mi teoría de las curvas S aplicada a la empresa

Siempre he defendido que las empresas se mueven por escalones, no por una pendiente perfectamente lisa. Y que el paso de un peldaño al siguiente es un momento crítico, porque significa un cambio cultural e integral, y la empresa exitosa en un peldaño es muy posible que no lo sea en el siguiente.

También quienes me han seguido en los últimos tiempos saben que he utilizado la analogía del dibujo de la raíz cuadrada para explicar la evolución típica de un nuevo negocio (una startup).

Acabo de encontrarme con un artículo de Tomás Pueyo (unchartedterritories en Substack.com), un analista al que sigo y admiro, que me habla de mis escalones y mi raíz cuadrada, pero convertidos en lo que él llama la Curva S. Según él (y lo demuestra) el mundo está lleno de evoluciones en forma de Curva S. La lectura de su artículo me ha facilitado pensar en una adaptación de mis teorías, mezclando el concepto gráfico del escalón y la raíz cuadrada con la imagen de la S para explicar la evolución típica de la mayoría de empresas.

En definitiva creo que las empresas siguen un patrón de evolución en el que, como en una S inclinada en la que el cuerpo central está vertical, se dan 3 etapas que se repiten continua e irremisiblemente a lo largo de toda su vida:

  1. Lanzamiento
  2. Crisis
  3. Crecimiento

1. Lanzamiento

Cuando nace una empresa es la etapa de arranque, a menudo sin ingresos, en la que se está planteando la propuesta de valor y estructurando lo que en el libro (Re) inventa tu modelo de negocio (ver www.librosdecabecera,com) se define como la arquitectura de valor, tratando de resolver la «ecuación de rentabilidad» (ver el libro citado).

Si se trata de una empresa en marcha, es la etapa en la que el crecimiento se estanca y hay que relanzar el negocio y posiblemente reinventar el modelo. En este caso la podríamos denominar «etapa de estancamiento y relanzamiento»

Es una etapa que cuanto más corta sea, mejor, porque consume recursos y genera gran incertidumbre.

2. Crisis

Tras la etapa de lanzamiento, o de estancamiento y relanzamiento en las empresas ya establecidas, lo más habitual es que se produzca una crisis, de mayor o menor dimensión, pero siempre se entra en crisis. Es la consecuencia lógica de que todo lanzamiento implica un salto al vacío. La innovación es sinónimo de incertidumbre, porque se prueba algo nuevo y no se conoce a ciencia cierta la respuesta del mercado, ni se puede estar seguro de que se va a resolver la ecuación de rentabilidad.

De nuevo es una etapa que debe procurarse que sea lo más corta posible.

3. Crecimiento

Afortunadamente, las empresas que sobreviven superan la fase de crisis y su lanzamiento de innovaciones (nuevos productos, nuevos modelos de negocio) acaban teniendo éxito. Muchas veces la etapa de crecimiento llega de golpe, cuando por fin se dan las circunstancias perfectas, a veces con un buen componente de suerte (pero la suerte es para los que se la trabajan).

Es el cuerpo central de la S vertical, y cuanto más largo y mayor sea, mejor.

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Las etapas de suceden continuamente, de modo que las empresas siempre están en una de ellas:

Lanzamiento-Crisis-Crecimiento-Estancamiento/ReLanzamiento-Crisis-Crecimiento-Estancamiento/ReLanzamiento-

Obviamente, las empresas que no salen de la fase de crisis, mueren. Y las que no son capaces de superar la fase de estancamiento/relanzamiento, languidecen y tardan más en entrar en crisis, pero acaban muriendo también. Todas están obligadas a reinventarse e innovar continuamente si quieren sobrevivir.

En el caso de las startups podemos estar hablando de etapas de meses, en el de empresas establecidas, de años, pero todas siguen la misma pauta.

O así lo veo yo…

Como siempre, los comentarios serán muy bien recibidos.

16 de junio de 2021

Un artículo en LinkedIn de un lector, sobre General Electric, que vale mucho la pena

Y completa perfectamente el post anterior sobre GE. Eso sí, está en inglés. Espero que la mayoría no tengais problemas en entenderlo.

https://www.linkedin.com/pulse/ma-other-corporate-finance-weapons-value-mass-miguel-a-ramón/

¡Gracias Miguel Ángel Ramón!

14 de junio de 2021

Dos razones elementales del declive de General Electric

Bill Gates recomienda como lectura veraniega el libro Lights Out, que explica las razones del declive de la mítica General Electric, la compañía de Jack Welch, ahora convertida en una empresa más.

Gates resume las causas del declive, según el libro, en dos muy elementales y que son más comunes de lo que debieran en empresas actuales en todo el mundo:

  1. La presión por dar buenos resultados trimestre a trimestre (cumplir las expectativas de los analistas en cuanto a beneficios por acción) les llevó a «cocinar» los datos. Gates concluye que HAY QUE ASUMIR LAS MALAS NOTICIAS Y NO AMAGARLAS. Es más, dice Gates «las malas noticias deben viajar más rápido que las buenas», si se quiere tener tiempo de tomar medidas que quizás aminoren su impacto. ¿Cuántas empresas incumplen esta regla? Casi todas.
  2. Creer que podían gestionar un conglomerado de negocios demasiado diversos. Lo que yo llamo «diversificación salvaje», que no suele funcionar, ni gestionada por la mítica GE, porque los altos directivos, por mucho que se asesoren, en realidad desconocen los fundamentos de los negocios; es decir, no saben gestionarlos. A GE, por ejemplo, le pasó con GE Capital, una de las claves de su declive. La diversificación «salvaje», de negocios totalmente desrelacionados, suena bien, pero suele acabar mal. He escrito bastantes post en este blog sobre los grupos de empresa y el modo de organizarlos y gestionarlos. Por decirlo de forma resumida, no es lo mismo gestionar un portafolio de negocios al estilo GE (Jach Welch y sus sucesores) que al estilo Berkshire (Warren Buffett). GE era una corporación, Berkshire es un fondo de inversión, para entendernos.
14 de junio de 2021

La inflación, el monstruo a vigilar

En estos momentos el gran debate entre los economistas y los inversores es si la inflación ha llegado para quedarse o es pasajera. Los que defienden que se va a quedar apuntan a los bajos tipos de interés, el pronunciado crecimiento y el incremento del gasto público como el cóctel fatal que la hará resurgir.

Los que creen que es pasajero apuntan a la tendencia de los últimos años, a la moderación del crecimiento cuando acabe la reacción postpandemia y a las mejoras de productividad que van a seguir experimentando las economías como consecuencia, sobre todo, de la continuación de la ola de innovación tecnológica.

Veremos quien acierta.

14 de junio de 2021

¿Quien ha comprado la Deuda Pública estatal emitida en 2020?

El Banco Central Europeo.

Compró deuda por el 71% de lo que se incrementó la Deuda española en 2020.

Pero lo mismo hizo con todos los países de la Unión Europea. A Italia de compró el 94% ¡y a Francia el 117%! según recojo de un informe de Caixabank. Incluso a Alemania le compró el 53%

14 de junio de 2021

El paro es nuestra verdadera lacra

No descubro nada nuevo. Somos el peor país desarrollado en términos de tasa de paro. Y por mucho. Es una gran vergüenza para todos los españoles. No conseguimos normalizar nuestro mercado laboral.

Ahora estamos en el 15,3% y en Europa la media es el 8,1%. De nuevo Alemania es el ejemplo a seguir (4,5%), y todos los países están mejor que nosotros. Portugal en el 6,5% que nos parecería un milagro. Solo Italia está en dos dígitos (10,1%), pero lo firmaríamos mañana mismo.

En las grandes economías del mundo solo Brasil (14,4%) y Turquía (12,9%) se acercan, ¡pero están mejor que nosotros!

Sin duda el paro es la vergüenza nacional. El resultado y la causa de muchos de nuestros males endémicos. Y entre ellos la razón de que sigamos teniendo una imagen de país tercermundista.

14 de junio de 2021

Pongamos la deuda pública en perspectiva

Como consecuencia de la Covid-19 la deuda del Estado español ha alcanzado el 120% del PIB. Todos los españoles estamos preocupados por ello, y con razón, porque entendemos que es un porcentaje insostenible a largo plazo y porque sabemos el impacto que una posible subida de los tipos de interés podría tener sobre nuestras finanzas públicas y en consecuencia sobre toda nuestra economía.

No obstante, es importante que pongamos esa cifra en perspectiva. Primero debemos asumir que es una consecuencia coyuntural del esfuerzo que el Estado ha debido de hacer para hacer frente a una crisis sanitaria que ha derivado en económica y social, a las que sin duda alguna había que hacer frente, como lo han hecho todos los países del mundo. Y en segundo lugar hay que comparar las cifras con las de otros países para ver si somos un caso aislado o hay bastantes países que se acercan o incluso superan nuestro porcentaje. Es verdad que Alemania, el modelo a seguir en la Unión Europea, tiene una Deuda Pública que representa el 70% de su PIB, y Gran Bretaña el 85%, porque ambos eran países con unas finanzas saneadas antes de que llegase la Covid, pero Francia está en un 116% y hay grandes países que superan nuestra tasa de Deuda, como Portugal (133%) e Italia (155%). E incluso grandes potencias económicas como Estados Unidos (129%) o Japón (236%) están peor que nosotros en este aspecto.

En resumen, que no podemos limitarnos a juzgar un porcentaje sino que debemos compararlo con nuestra capacidad de hacer crecer el PIB en los próximos años y de rebajar el déficit. Eso sí que es importante.

23 de abril de 2021

El camino imprescindible a la eliminación de los gases de efecto invernadero

Estoy leyendo el reciente libro de Bill Gates sobre el tema. Ya os explicaré que reacciones me suscita. Lo que tengo claro, como cualquiera con sentido común y dotes de observación, es que o la humanidad avanza en serio hacia la eliminación de los gases de efecto invernadero o las consecuencias para la vida humana en la Tierra pueden ser catastróficas.

En esa línea he de reconocer que estoy viendo en estos tiempos lo que me parece por primera vez una reacción serie de lo que conocemos como el establishment, es decir, los que de verdad mueven el mundo: la política y el dinero, que son dos elementos que siempre suelen ir juntos.

Por un lado, la política, como vemos en la portada de los diarios de hoy, liderada por Joe Biden, parece que vuelve a poner el tema en la agenda. Algo es algo, aunque ya sabemos que de los políticos solo podemos esperar promesas, y en especial de China, el gran contaminador mundial.

Y por otro lado, y aquí es donde quería llegar, el dinero. Y debo decir con alegría que estoy viendo que el dinero se está tomando muy en serio el objetivo, apuntado por Gates en su libro, de CERO emisiones de gases de efecto invernadero en 2030.

No sé si es por convencimiento o por interés, pero no me importa, si es así. Quizás es una mezcla de ambas cosas. Lo que está claro es que las empresas se dan cuenta que no solo los gobiernos ya apuntan en esa dirección, sino que sus clientes ya lo exigen, sobre todo los más jóvenes, e incluso sus inversores ya lo piden.

Ojalá este se el inicio de un camino irreversible hacia un mundo más verde y más sostenible. Es un esfuerzo de todos.

15 de abril de 2021

El big data y la fidelización

Siempre he defendido que el esfuerzo comercial de las empresas debería ir orientado prioritariamente a aquellos que ya son clientes. A fidelizarlos y a venderles más. Pero no siempre es así. Es normal ver empresas que gastan millones en captar nuevos clientes y nada o casi nada en retener a los que ya les compran o tratar de que les compren más.

Consiguiendo que los clientes actuales se sientan tratados como especiales y se sientan parte de la empresa, solo conlleva beneficios. Los clientes así son embajadores de la marca y se convierten en los mejores vendedores.

Con las nuevas tecnologías no hay excusa para hacerlo, porque el big data permite a cualquier empresa saber no solo quien le compra sino quienes son sus mejores clientes. Aquellos que les compran fielmente desde hace años y tienen un comportamiento ejemplar, desde luego sin una mancha en su expediente.

Es por eso que no entiendo como una empresa como El Corte Inglés no trata preferencialmente a un cliente de 66 años que lleva comprándoles más de 40 años, sin incidencia alguna, y que está perfectamente registrado porque posee la tarjeta de la empresa desde siempre. ¡Las campanas de la empresa deberían tocar cuando entrara en uno de sus establecimientos! Los empleados deberían identificarlo en el momento en que hiciera la primera compra en cualquier tienda, y tratarlo como un cliente preferente. Pero no lo hacen así. No lo diferencian de un cliente ocasional, o de uno problemático, o de uno que compra un año sí y dos no…

¿Qué le ofrecería a ese cliente un competidor si se enterara de esa información que El Corte Inglés posee?

Y no es un caso aislado.

Empresarios: ¡No contrateis vendedores, haced felices a vuestros clientes, que ellos harán de vendedores, gratis y con mejores resultados!

A mi me parece obvio.

8 de abril de 2021

El dinero se aleja cada vez más de la renta fija

Las perspectivas de inflación preocupan a los mercados y los gestores están reubicando sus activos en busca de una rentabilidad que les permita superar la inflación.

La inflación va a estar, en el ámbito del dólar, que es la moneda central del sistema financiero, en una horquilla entre el 2 y el 3%. Así lo marca la poderosa FED.

Los bancos centrales van a mantener los tipos de interés negativos a la vez que vigilan que la inflación no se descontrole. A pesar que la recuperación económica postpandemia provocará un aumento destacado del consumo y del PIB, y presionará al alza los precios en todo el mundo. No será una tarea fácil, y el riesgo de que los bancos centrales no tengan éxito existe.

¿Por qué hacen eso? Porque si consiguen un fuerte crecimiento del PIB a la vez que una contención de los tipos de interés, el peso enorme de la Deuda Pública sobre PIB que está conllevando la superación de la Covid-19 se verá reducido paulatinamente en los próximos años, del entorno de 120% mundial al 80%, que es algo más aceptable.

Las consecuencias de todo ello para los inversores es que si quieren una rentabilidad positiva y sobre todo que esté por encima del 2 a 3% de inflación, han de abandonar la renta fija, y sobre todo los bonos soberanos, y acudir a activos de más riesgo (renta variable) y más ilíquidos (activos alternativos). ¡Y han de hacerlo ya!

Es por eso que los activos alternativos ya hay quien dice que han dejado de ser alternativos o marginales, y que en muchas carteras son activos centrales.

Estoy hablando, por ejemplo, de fondos de private equity, private debt, venture capital, real estate, renovables o infraestructuras. Es así donde debe ir el dinero en estos tiempos. Yo predico con el ejemplo.