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El camino imprescindible a la eliminación de los gases de efecto invernadero

Estoy leyendo el reciente libro de Bill Gates sobre el tema. Ya os explicaré que reacciones me suscita. Lo que tengo claro, como cualquiera con sentido común y dotes de observación, es que o la humanidad avanza en serio hacia la eliminación de los gases de efecto invernadero o las consecuencias para la vida humana en la Tierra pueden ser catastróficas.

En esa línea he de reconocer que estoy viendo en estos tiempos lo que me parece por primera vez una reacción serie de lo que conocemos como el establishment, es decir, los que de verdad mueven el mundo: la política y el dinero, que son dos elementos que siempre suelen ir juntos.

Por un lado, la política, como vemos en la portada de los diarios de hoy, liderada por Joe Biden, parece que vuelve a poner el tema en la agenda. Algo es algo, aunque ya sabemos que de los políticos solo podemos esperar promesas, y en especial de China, el gran contaminador mundial.

Y por otro lado, y aquí es donde quería llegar, el dinero. Y debo decir con alegría que estoy viendo que el dinero se está tomando muy en serio el objetivo, apuntado por Gates en su libro, de CERO emisiones de gases de efecto invernadero en 2030.

No sé si es por convencimiento o por interés, pero no me importa, si es así. Quizás es una mezcla de ambas cosas. Lo que está claro es que las empresas se dan cuenta que no solo los gobiernos ya apuntan en esa dirección, sino que sus clientes ya lo exigen, sobre todo los más jóvenes, e incluso sus inversores ya lo piden.

Ojalá este se el inicio de un camino irreversible hacia un mundo más verde y más sostenible. Es un esfuerzo de todos.

El portaviones chino navega a toda máquina

Y lo hace para tomar el liderazgo mundial en una década.

Después de acabar 2020 con un crecimiento del 2,5% del PIB, espera superar el 6% en 2021, inaugurando el primer año de su 14º Plan Quinquenal (2021-2025), en el que no se plantean un objetivo concreto de crecimiento, pero podemos esperar que se sitúe en una media del 5%, dejando atrás al resto de grandes potencias.

Su déficit fiscal ha sido del 3,6% en 2020 y esperan reducirlo al 3,2% en 2021.

En ese período 2021-2025, la segunda potencia mundial quiere hacer crecer el mercado interno en detrimento de la actual dependencia de las exportaciones, ser más autónoma en tecnología, ser un poco más urbana y reducir la dependencia de la industria en beneficio de los servicios. Además ha de resolver la burbuja inmobiliaria y la intrincada estructura bancaria. No son retos fáciles, pero el Partido que rige con mano de hierro el país no dejará margen al fracaso.

La gran incógnita es qué papel quiere jugar en la política internacional ese enorme, hermético y cada vez más temido país.

¿Cuándo caerán las bolsas?

Yo creo que lo harán, aunque suene extraño, cuando se confirme de verdad la salida de la pandemia.

Será entonces cuando los inversores anticiparán que los bancos centrales empezarán a pensar en subir los tipos de interés. No hace falta que empiecen a hacerlo; solo que los inversores piensen que estén empezando a pensar en planteárselo.

La cuestión es: ¿cuando las bolsas caigan, dónde irá el dinero?

Yo creo que a las Small Caps, a los bancos, a acciones con dividendo asegurado, y a inmuebles. Y también a activos alternativos a través de fondos de private equity, Venture capital, infraestructuras o Venture debt. Los más preocupados por la inflación seguirán apostando por el oro.

¿Y la renta fija, los bonos? Pues será mejor abstenerse, salvo de los que sean a interés variable o indexados a la inflación.

La COVID será una ayuda a China para convertirse en la mayor economía del mundo

Un informe del Center for Economics and Business Research afirma que la pandemia va a permitir que China acelere en su carrera hacia convertirse en la mayor economía del mundo, sobrepasando a Estados Unidos.

En la década de 2030 el ranking de las mayores economías acabará siendo:

  1. China
  2. Estados Unidos
  3. India
  4. Japón
  5. Alemania

Tomemos nota y actuemos en consecuencia.

La industria de la reparación vs. la industria de la producción

Leo en la revista de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) el editorial firmado por Ileana Izverniceanu en el que reivindica el derecho del consumidor a poder reparar los productos que haya comprado dentro de los 3 años siguientes a la compra. Es algo que ahora no pasa. Y, en consecuencia, los productos averiados acaban siendo basura y un derroche económico, de energía y lo contrario a la economía circular.

El Parlamento Europeo ha reivindicado ese derecho, planteando que los fabricantes o vendedores establezcan formas de reparación a precios aceptables durante al menos el período de obsolescencia programada de sus productos.

Me sorprende el dato que dan, de que el 66% de los productos se averían dentro de los 3 años desde su compra.

Ileana apunta no solo a los derechos de los consumidores, sino a la conveniencia para toda la sociedad europea, y en especial española, de que se desarrolle una “industria de la reparación” local, española, europea, en contraste con la “industria de la produccíón” que es mayoritariamente asiática, y en especial china.

China gana con la pandemia

Si alguien dudaba de que China sale ganadora en la crisis económica generada por la COVID19, que sepa que las exportaciones chinas han crecido en agosto 2020 un 9,5% respecto a agosto 2019.

No deja de ser curioso que un virus que aparece en China hunda la economía de todo el mundo y sea China la que salga beneficiada.

Todos los países del mundo deberían tomar nota.

Renault, una inversión de libro

Renault ha registrado sus mayores pérdidas históricas. Se presentan como una combinación del impacto del coronavirus, de los malos resultados de su participada Nissan y, en general, del proceso salvaje de reconversión a la movilidad sostenible que está experimentando el sector. Todo eso es cierto, pero me da la impresión de que su nuevo presidente, el italiano y expresidente de Seat Luca di Meo, habrá tenido algo que ver en que se hayan cargado las tintas. Es algo muy típico que sucede cuando llega a la cúspide de una empresa un nuevo y ambicioso directivo. Se encuentra ante una situación complicada, en un momento en que los accionistas ya están mentalizados de que las cosas van mal, y el/ella aprovecha para limpiar la contabilidad a fondo.

Yo creo en Di Meo, que ha demostrado en Seat que sabe hacer bien las cosas. Estoy seguro de que desde aquí, en el fondo de la crisis, el nuevo presidente va a dar a los accionistas de Renault muy buenas alegrías en los próximos años.

Estamos en el inicio de una nueva era de guerra fría

Es una guerra fría entre Estados Unidos y China, la gran superpotencia mundial y la nueva superpotencia emergente. Ese enfrentamiento va a estar presente en los próximos años (al margen de que en noviembre gane Trump o sea desbancado por Biden) y sus consecuencias son inciertas.

Para la Unión Europea serán tiempos de equilibrios diplomáticos complejos. Acertar en el posicionamiento puede reportarle pingües beneficios. Equivocarse puede ser fatal. El peor escenario servía enemistarse con ambos.

Veremos también qué papel juegan Rusia, Brasil e India.

Hay mucho capital político y económico en juego.

La gran cuestión es: ¿Qué nos depara al resto del mundo si la actual China dominada por el Partido Comunista Chino se hace con el control de la Tierra? Hoy por hoy solo pensarlo me pone los pelos de punta.

Reflexiones que quiero compartir en mi confinamiento por el COVID19

Me reafirmo en que en este contexto de excepcionalidad como consecuencia de la epidemia global que estamos padeciendo hay que hacer el esfuerzo de empezar a prepararse para un mundo nuevo que nos encontraremos cuando acabe esta situación. Lo primero que hemos de hacer es olvidarnos del pasado e incluso del presente. Y en ese presente incluyo los mercados financieros, las empresas e incluso los puestos de trabajo. Olvidémonos de la bolsa, de la volatilidad, de los vaticinios pesimistas. De los ERTE, de las pymes. Ahora nada de eso importa.

La prioridad ahora es la supervivencia, la salud de cada uno, de su familia, de sus amigos, del país, del mundo. Si no aseguramos eso, si no recuperamos la normalidad, ¿qué importan los mercados financieros, los ERTE o las empresas? Suena exagerado, pero es así.

Y la normalidad se recuperará. Y los mercados financieros y las empresas volverán a la normalidad. Será otra normalidad, pero con el tiempo confiemos en que sea la misma que dejamos atrás; o muy parecida. Quizás mejor.

China (que no olvidemos que es donde surgió el virus, diga lo que diga el Gran Hermano chino) ya nos está dando muestras de vuelta a la normalidad. A los 2 meses de que empezara todo. ¡Ojalá todo se quede en 2 meses malos!

Cuando se recupere la normalidad seguiremos teniendo las mismas acciones, bonos o participaciones en fondos que tenemos ahora. Y las empresas que directa o indirectamente poseemos como inversores o empresarios seguirán ahí. Al menos la mayoría. Y volverán a fabricar o dar servicios, y volverán a comprar y volverán a contratar al personal que hayan incluido en sus ERTEs, o que hayan tenido que despedir. Cuanto antes volvamos a esa normalidad, más fácil será que las empresas recuperen la velocidad de crucero. Está en manos de todos lo ciudadanos, que deben ser disciplinados y evitar el contagio, y por supuesto de los servidores públicos que está luchando con ese enemigo invisible; sobre todo los sanitarios. Y no es momento de desunión o crítica destructiva, es momento de estar unidos. ¡Esto es una guerra! Y en la guerra ganan quienes se mantienen unidos y confían en la victoria.

Cuando esta guerra acabe debernos hacer recuento de bajas y de pérdidas. Deberemos medir la magnitud de los daños; humanos y económicos. Pero no es hora de hacer recuento, sino de luchar, y de mantener la fe en la victoria. También en lo económico.

Obviamente, cuando llegue ese momento, veremos que hemos perdido mucho. Los ahorradores y los empresarios verán que su patrimonio habrá menguado fuertemente, lo que cambiará, quizás, sus perspectivas vitales. Tanto de los mayores como de los más jóvenes. Los trabajadores y autónomos se encontrarán con un panorama inicialmente desolador. Sin trabajo y con muchas empresas quebradas o más débiles. Sin ingresos o con ingresos más bajos. No será un panorama motivador, sino que habrá que sobreponerse al pesimismo. Pero todos habremos de seguir adelante, porque no nos queda otro remedio. Las empresas y las personas (trabajadores, empresarios, ahorradores) habrán de empezar a trabajar en el nuevo entorno. Habrá que ganarse La Paz, como pasa en toda posguerra. Y habrá que hacerlo con sacrificio y con confianza en el éxito. Porque el éxito, la recuperación, también llegarán. Más pronto o más tarde.

Ni toda la población va a morir ni todas las empresas van a quebrar. Es más, es posible que salgamos de esta lucha más fuertes. Que saquemos lecciones de lo que está pasando y las apliquemos para estar mejor y ser mejores en el futuro. Y que valoremos cosas que antes no valorábamos. Como la amistad, el silencio, la reflexión, la cultura, los medios de comunicación, en el plano personal. O la sanidad y el servicio público eficiente, o el liderazgo político real, en el plano social. O, en el plano económico y empresarial, la liquidez, el endeudamiento sensato, el poseer versus el alquilar, el insourcing  vs. el outsourcing, el aprovisionamiento de proveedores  locales o cercanos, la lealtad del personal, la importancia y resiliencia de algunos sectores, como el primario (tan olvidado), el agro alimentario o el de las telecomunicaciones.

Puede que todos cambiemos nuestra escala de valores, nuestra escala de prioridades, que entendamos lo vulnerables que somos a los acontecimientos de la naturaleza que no podemos controlar; nosotros que pensábamos que podríamos controlarlo todo.

Que entendamos las consecuencias negativas y desconocidas de la globalización, porque un virus generado en China por la extraña costumbre local de comerciar con animales salvajes vivos se contagie a los humanos, y el país tarde más de lo debido en reaccionar y en consecuencia el virus se propague en apenas unos días a todo el mundo.

Que valoremos la importancia de prever las enfermedades contagiosas y potenciar la investigación farmacéutica y los servicios sanitarios si no queremos que un futuro virus, más letal, acabe con toda la humanidad. Ese puede ser el verdadero fin del mundo, como ya nos avisaba hace años Bill Gates, sin que nadie le diera importancia.

En suma, y acabo, es hora de preocuparse de la salud, porque ya nos preocuparemos de lo demás.

En China los alimentos están por las nubes

No solo es por el coronavirus, sino que antes se produjo una epidemia de oeste porcina (¿qué hacen los chinos con los animales?). En consecuencia los precios de los alimentos se han disparado. Con consecuencias en todo el mundo; buenas y malas. Incluida España.