Tecnologías

La industria de la reparación vs. la industria de la producción

Leo en la revista de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) el editorial firmado por Ileana Izverniceanu en el que reivindica el derecho del consumidor a poder reparar los productos que haya comprado dentro de los 3 años siguientes a la compra. Es algo que ahora no pasa. Y, en consecuencia, los productos averiados acaban siendo basura y un derroche económico, de energía y lo contrario a la economía circular.

El Parlamento Europeo ha reivindicado ese derecho, planteando que los fabricantes o vendedores establezcan formas de reparación a precios aceptables durante al menos el período de obsolescencia programada de sus productos.

Me sorprende el dato que dan, de que el 66% de los productos se averían dentro de los 3 años desde su compra.

Ileana apunta no solo a los derechos de los consumidores, sino a la conveniencia para toda la sociedad europea, y en especial española, de que se desarrolle una “industria de la reparación” local, española, europea, en contraste con la “industria de la produccíón” que es mayoritariamente asiática, y en especial china.

La locura de Tesla

Yo soy de los que no creía que Tesla llegara donde ha llegado. He de reconocerlo. Sin embargo el valor que ha alcanzado en bolsa la compañía ha superado todo nivel mínimamente razonable. Actualmente ya supera los 500.000 millones de dólares, que es una cifra superior al valor combinado de Toyota, Nissan, General Motors, Honda y Ford.

Teniendo en cuenta que Tesla ya no está sola en el mercado de los vehículos eléctricos y que todos los grandes productores están ya poniendo en el mercado modelos que compiten perfectamente con los de la firma norteamericana, me parece que la cotización de Tesla no tiene ningún sentido.

Llegaría a entender que se pusiera al nivel o incluso algo por encima de Toyota (200.000 millones), si asumimos que Tesla va algo por delante tanto en la ingeniería como en la imagen de marca que los demás, pero ¿más del doble?

¿Será el efecto Elon Musk, el emprendedor que convierte en oro todo lo que toca?

¿Estamos ante una burbuja tecnológica?

Aumentan los analistas que hablan de una enorme burbuja tecnológica en los mercados bursátiles.

A mi me parece que algo de eso hay. No se trata de que las empresas tecnológicas de pronto dejen de tener valor, porque nadie niega que son las grandes ganadoras de la oleada de digitalización que recorre el mundo, sino de que más pronto o más tarde el mercado las va a poner en su lugar, que es preferente, sin duda, pero no es estratosférico, como apuntan sis cotizaciones actuales.

Veremos.

Otra reflexión sobre la disyuntiva entre inversión growth vs. value en bolsa

Yo creo que la inversión growth se ha impuesto a la value en los últimos tiempos porque se ha priorizado lo que ahora se da en llamar inversión temática o megatendencial. Las empresas que no encajan en esos parámetros parece que no valgan nada.

Pero la cuestión es si el mundo se divide entre empresas que están en la onda y que no lo están o se divide entre empresas bien gestionadas o mal gestionadas. Yo creo que es esto último. Y que no son temas excluyentes. Me explico.

No hay duda de que los directivos han de seguir las tendencias globales y tratar de adaptar sus negocios a las mismas, pero ¿es algo exclusivo de aquellos negocios nuevos (o relativamente nuevos) que encajan de forma digamos «nativa» en esos parámetros? Insisto, yo creo que no.

Es decir, la tecnología no es solo propiedad de los Facebook o Google o Amazon o Tesla, por citar algunos de los más destacados. ¿Es que las empresas establecidas («antiguas», en negocios de siempre); es decir, las empresas de alimentación, energía, petroleo incluso, telecomunicaciones, fabricación, movilidad global o retail, por ejemplo, ya no valen nada? ¿No son capaces de abordar cambios basados en el uso de las tecnologías o de adaptarse a las megatendencias? Yo creo que sí.

Un caso paradigmático es Tesla, que está viendo como las marcas de siempre (Audi, Mercedes, BMW, etc.) ya están poniendo en el mercado sus propios «teslas». O Walmart o Inditex, o el propio Corte Inglés, que están vendiendo online, compitiendo de tú a tú con Amazon. Los dinosaurios se están despertando, y lo están haciendo con toda la fuerza de su cultura (renovada), de sus redes comerciales y de sus marcas.

Yo no creo que las empresas de moda tengan asegurado el éxito a largo plazo por estar «en la onda», sino por estar bien gestionadas. Por ser innovadoras y liderar sus ámbitos de negocio. Apple es un ejemplo de ello. Esta semana nos ha demostrado una vez más que es quien marca la pauta, lanzando el iPhone 12 sin cargador ni auriculares.

Las empresas que tienen asegurado el éxito a largo plazo son aquellas que están bien gestionadas y que no se duermen en los laureles. Que mantienen el espíritu de startups y no se conforman con lo que tienen, sino que siempre aspiran a hacerlo mejor. A sorprender a sus clientes dándoles lo que necesitan incluso antes de que se hayan dado cuenta de que lo necesitan. De nuevo el ejemplo de Apple viene al caso. Son empresas que se adaptan a la realidad cambiante.

En los momentos en que surgen esas megatendencias los pioneros se benefician, y las empresas establecidas quedan retrasadas; es normal. Pero es una cuestión de ciclos. Hay quien habla de ciclos de 60 años (hay estudios sobre ello). Y que cada ciclo se divide en tres partes de 20 años cada una. Y ya hay quien dice que el ciclo actual está entrando en la fase 2, de estabilización, que permite que los rezagados pillen a los pioneros. ¿Estamos en esa fase? Yo creo que un poco sí.

En fin, parece obvio que hoy en día ninguna empresa, de ningún sector, puede permitirse prescindir de adaptarse a las megatendencias y convertirlas de amenazas en oportunidades; eso hacen los buenos empresarios.

Estoy hablando (ya lo podeis imaginar) de:

  • las tecnologías transformadoras (Internet, 5G, 3D…)
  • los cambios sociodemográficos (nuevas generaciones, envejecimiento, etc.)
  • la necesidad de preservar el planeta (infraestructuras, tendencias del consumo, energías limpias, movilidad…)

En poco tiempo (ya) los elementos que arrastran esas megatendencias dejarán (ya han dejado) de ser diferenciadores para las empresas y para los inversores. Y nadie podrá dejarlos de lado. Todo ha de hacerse ya contando con las nuevas tecnologías, los cambios socioeconómicos y la sostenibilidad del planeta. Nadie lo discute, creo.

El campo de batalla para ganar dinero volverá a ser, como siempre ha sido, satisfacer al cliente más y mejor que la competencia.

 

 

No es de extrañar que los mercados estén nerviosos

No solo la Covid 19 y el regreso de los rebrotes en todo el mundo pone nerviosas a las bolsas, sino las noticias de que la exuberancia irracional a la que habían llegado los mercados está dando señales de haber llegado a su fin; es decir, de que va a acabar imponiéndose la cordura, como ha pasado, más pronto o más tarde, siempre.

Dos ejemplos relativos a la locura del automóvil sostenible, representada en este caso por Nikola y Tesla.

Nikola, que anunció un camión empujado por hidrógeno (y que toma su nombre del famoso inventor Nikola Tesla), está en apuros por denuncias de haber engañado a los mercados en lo referente al avance de sus productos. De hecho su CEO ha dimitido y la SEC está investigándolos. Su cotización, que había ascendido a la luna, ha caído un 30%

Tesla también ha ascendido a los cielos, porque su fundador y CEO, el ínclito Elon Musk, no parece tener techo. Pero este año ha prometido al mercado que entregaría 500.000 vehículos, pero en el primer semestre solo ha entregado 179.000, por lo que será muy difícil que cumpla su promesa. Si eso ocurre, sin duda los inversores castigarán su cotización, bajándolo al menos un escalón del pedestal en el que lo han puesto.

Tiempos revueltos, amigo Sancho…

Atención al cuestionamiento de las tecnológicas que puede estar empezando a producirse

No solo por que en la UE se quiere que tributen por los beneficios aquí producidos.

En estos días el propio Congreso norteamericano ha llamado a declarar a los líderes de las grandes tecnológicas (las FAANG: Facebook, Apple, Amazon, Netflix y Google) y se empiezan a cuestionar sus políticas comerciales en algunos países.

¿Será esta la primera señal de que su escalada está llegando a su fin, o al menos va a hacer una pausa?

Veremos.

El imparable Elon Musk

He de reconocer que me equivoqué. Siempre pensé que Tesla no se haría un hueco entre los grandes del automóvil, y que uno de ellos la absorbería. Parece que no va a ser así, al menos por ahora. Incluso puede que sea Tesla quien absorba a alguna de las grandes que se quede rezagada, en el proceso de consolidación del sector que se apunta imparable.

Elon Musk ha sido capaz de resolver los problemas de producción y los problemas de rentabilidad (ya empieza a ganar dinero), y la cotización sigue subiendo como un cohete, haciendo que su valor bursátil supere a muchas de las grandes del auto y de otros sectores, y que Musk se afiance entre los más ricos del mundo.

Sin duda es el nuevo Rey Midas, porque su cerebro no para de imaginar nuevos retos y ponerlos en marcha.

Sr. Musk, me quito el sombrero ante usted.

Hoy por hoy el siglo XXI es el siglo Musk.

Empieza de verdad el siglo XXI

La crisis que está viviendo el mundo no solo está demostrando que no somos nada ante los fenómenos naturales (como una pandemia), que no podemos prever y apenas gestionar. Está poniendo en su lugar la importancia de la vida social, del comercio de proximidad, de los hábitos sanos, de la menor contaminación, de la alimentación, de las infraestructuras sanitarias y de comunicaciones, de las estructuras de gobierno en general, de las redes sociales de ayuda a los menos favorecidos…

Además está acelerando la conversión a la nueva economía que ya llevamos años predicando. Para muchos sectores va a haber un pre y un post COVID.

Por ejemplo para el comercio, que por fin se va a convencer de que debe ser online, aunque sin abandonar el Offline. Para la banca, que ya tiene claro que no va a sobrevivir si no cambia radicalmente. O la automoción, que se enfrenta a un futuro radicalmente distinto. Y hay muchos casos más.

Todas son industrias que ya sabían que estaban en un proceso de cambio, pero lo iban haciendo a su ritmo. Ahora habrán de acelerar, y afrontar cambios radicales.

En el caso de los bancos, deben ser conscientes de que deben convertirse en empresas fintech, como sus nuevos competidores; porque TODO ES TECH.

Las empresas del automóvil también deben asumir las nuevas tecnologías, pero en su caso, además, deben asumir que deben abandonar su modelo en negocio (hacer autos con motores movidos por combustibles fósiles, para venderlos) y pasar a uno nuevo (hacer vehículos con motores movidos por energías sostenibles, para alquilarlos, en una fórmula u otra). De hecho, el sector de la “automoción” ya hace tiempo que se auto-califica como de la “movilidad”.

Hay futuro en esas nuevas “Ítacas”, pero hay que llegar a ellas. Y por el camino habrá muchos damnificados.

En Barcelona estamos viendo estos días las protestas de los empleados de una planta de Nissan, pero no serán los únicos. En los próximos 5 años TODOS los empleados de la cadena de valor del automóvil, tal como ahora está planteada, se verán afectados.

Solo podemos hacer una cosa: asumirlo, tratar de parar el golpe y prepararnos para subirnos a un nuevo futuro. Donde no habrá bancos sino entidades fintech, ni compañías automovilísticas sino empresas de movilidad.

Una gran amenaza, pero también una gran oportunidad.

¿Alguien duda de que el mundo postCOVID será un mundo orientado a la sostenibilidad?

Las consecuencias que eso tendrá sobre muchos sectores empresariales serán enormes. Acabo de mencionar el automóvil, pero también el petróleo o el textil, el plástico, el agropecuario, la movilidad, la construcción, etc.etc.

En otro paso también mencioné el turismo.

Era algo que tenía que pasar y a lo que el coronavirus va a dar un impulso.

Qué verdad es que “no hay mal que por bien no venga”.

La recuperación económica se ha de construir sobre esas premisas. Los gobiernos, los empresarios, los inversores, los trabajadores, que se den cuenta de ellos y se apunten a esa apuesta, serán los que se recuperarán antes y mejor de el batacazo del COVID19.

Se va a imponer la tecnología y la economía circular. Será la explosión definitiva de la 4ª Revolución Industrial.

¿Cómo es posible que una empresa como Scytl entre en concurso?

Para quien no la conozcan, Scytl es una empresa pionera y líder mundial en sistemas de voto electrónico. Y la noticia de hoy es que se ha declarado en concurso de acreedores y va a ser liquidada. Un fondo especializado en este tipo de rescates ha hecho una oferta para quedarse la actividad, los activos y el personal, a un precio de derribo. El juez mercantil que dirime el concurso habrá de decidir si se los adjudica, en aras de mantener el empleo.

La empresa dejará un gran agujero a quienes la financiaron: bancos, entidades públicas y, por supuesto, accionistas.

Pero yo me pregunto: ¿cómo es posible que haya pasado? A nadie se le escapa que el voto electrónico va a ir en aumento en los próximos años, convirtiéndose en un mercado suculento. ¿Por qué ha pasado esto?

La única respuesta que se me ocurre es que ha habido un problema de gestión. ¿Será que aunque tenemos buena ciencia, capacidad de desarrollar soluciones tecnológicamente brillantes, no somos capaces de gestionar las empresas que las tratan de llevar al mercado? Me temo que es así: buenos técnicos y científicos, pero gestores mediocres.

Scytl era una candidata a unicornio de las más claras entre las Startup españolas. Y ahora caerá en manos de un fondo que estoy seguro que hará un buen negocio con ella. Demostrando que tiene buena tecnología y que es un negocio rentable. Y vendiéndola a un tercero, limpia de deudas y de gazapos de gestión.

Sin duda es un caso para el estudio, del que deberíamos sacar enseñanzas. Espero que alguna escuela de negocios lo haga.

Si alguien conoce bien el caso y quiere plasmarlo en un libro, ofrezco mi editorial para publicarlo.