24 de octubre de 2004

Una reflexión sobre China, el país del siglo XXI del cual nadie se puede olvidar

China es una asignatura a estudiar y aprobar a todos los niveles por los ciudadanos y las empresas del resto del mundo. Nada se podrá hacer sin tenerla en cuenta. Como mercado de clientes potanciales o como origen de posibles competidores, está presente en el modelo de desarrollo estratégico de cualquier empresa e incluso de cualquier región o país.
Pero China no se puede mirar con indiferencia. Ni pensar que su influencia futura será efímera. La China actual vuelve para quedarse. Para convertirse en una potencia mundial.
Su PIB tiene actualmente el tamaño aproximado del de Gran Bretaña. Y taradará sólo unos años en superar a Alemania. No es de extrañar que las multinacionales de las infraestructuras encuentren en China un mercado en crecimiento explosivo. Y políticos de la talla de Jacques Chirac acompañen a sus multinacionales a firmar contratos con el Gobierno y las empresas chinas.
En China hay oportunidades, pero no en todos los sectores y para cualquier empresa. A determinados sectores, como automóviles, electrónica de consumo, alimentación o farmacia (según la consultora McKinsey) se llega tarde porque el mercado ya está prácticamente copado.
Para entrar en China, las empresas españolas deberían hacer un análisis previo de sus posibilidades de entrada, y afinar muy bien su puntería, para acertar muy bien con quién y dónde pretenden entrar.
La China actual ya no es un país del “vale todo”; hay que demostrar que se aporta algo diferencial al gran mercado chino. Por otro lado, es conveniente buscar un socio adecuado, no pretender entrar en China sin contar con un socio local. Hay empresas disponibles, de tamaño pequeño, mediano y grande (y ojo porque grande en China quiere decir muy grande), que están deseosas de aliarse con empresas europeas que aporten ese diferencial de know-how del que hablamos. El mercado chino es tan grande que cualquier cuota de entrada con éxito, por pequeña que sea, aunque se comparta, puede representar cifras asombrosas.
Incluso conviene puntualizar que en algunos sectores, como por ejemplo en el químico-farmacéutico, hay empresas chinas que ya han alcanzado un tamaño respetable y están exportando con éxito a todo el mundo, y que se plantean compras de empresas europeas, o alianzas pre-compra.
También es importante saber distinguir como mínimo las 3 Chinas que hay en China: la costera (482 millones de personas), compuesta por las provincias que tienen costa, más al Este; la central, inmediatamente al oeste de las provincias costeras, con 710 millones de habitantes; y la interior (83 millones), la más deshabitada, totalmente al oeste.
La región costera tiene una renta per cápita de $2117, y representa el 58% de la economía. El resto del país no llega a los $800 per cápita.
También hay que saber que la industria china ya no es estatal. Sólo un 25% de la producción industrial corresponde a empresas estatales; el 54% es de empresas totalmente privadas (19% cotizando en bolsa, y 18% con algún tipo de participación extranjera); y el 21% restante corresponde a compañias de propiedad colectiva (del estilo de nuestras cooperativas). De hecho debe resaltarse que la Bolsa de Valores china es la segunda de Asia después de Japón.

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