17 de julio de 2005

Negocio editorial, cosa de artistas o de jugadores.

El negocio editorial, en caso todo el mundo, y en casi todas sus facetas, es un mal negocio.
En especial el relativo a la literatura general.
Siempre me he preguntado porqué se aguanta el sector, e incluso nacen todos los años nuevas editoriales, si su rentabilidad es objetivamente tan baja.
Quizás porque es un negocio con una inversión relativamente baja. Para editar libros basta con tener una idea de producto y buscar autores interesantes a quien publicar o libros publicados en el extranjero que puedan interesar en España y cuyos derechos sean accesibles. Tras una preparación del original y una campaña de promoción, es decir, una inversión relativamente modesta, encargaremos la producción del libro a una empresa de artes gráficas, y acordaremos su distribución con un editor. Ambas nos ayudaran a hacer el lanzamiento sin coste alguno. El distribuidor nos pagará a 60 días según vaya vendiendo, y nos devolverá lo que no venda. Al impresor intentaremos de pagarle a 180 días (porque es un plazo de pago aceptado en el sector). Si el libro va bien y vendemos al menos un 40% de la tirada, ganaremos dinero sin haber puesto apenas nada. El retorno de nuestra pequeña inversión será muy alto.
El problema es que sólo unos pocos libros alcanzan a venderse el 40% de la tirada. Y que, si nuestra editorial crece, es probable que aparezcan diversos costes de estructura que pongan el punto de equilibrio de la empresa en unas ventas medias del 50 al 60% de las tiradas de nuestros libros.
El resultado final: muchas editoriales malviven con beneficios muy magros, y lo hacen gracias al apoyo combinado del sector de las artes gráficas y el de la distribución. Y no es porque dichos sectores sea altruistas, sino que no podrían sobrevivir sin el sector editorial, y se ven atrapados en una rueda, que muchas veces los arrastra a ellos mismos a rentabilidades escasas o nulas, que ponen en cuestión su propia supervivencia.
El éxito llega cuando consiguen editar un superventas, y las tiradas se agotan. Pero muchas veces no es una cuestión de capacidad profesional superior, sino de mera suerte. Es por eso que, como los jugadores en la ruleta, las editoriales lanzan cada vez más títulos, en la esperanza de que uno de los sea el esperado “best-seller”. Y también ello explica porqué muchos best-sellers no los editan las grandes editoriales, que tratan de asegurarse unos beneficios constantes, y que vigilan muy de cerca los costes y los riesgos, sino que son lanzados por editoriales más pequeñas, que hacen apuestas de futuro, a cara o cruz. Los casos de Harry Potter, editado por la casi desconocida editorial inglesa Bloomsbury, o de El Código Da Vinci, publicado en España por la editorial Umbriel/Urano, son paradigmáticos.
Quienes sí que ganan son los autores de best-sellers, como en el caso de J.K.Rowling con Harry Potter. La autora tiene un patrimonio que alcanza cifras astronómicas, y nunca mejor aplicado, que pasa de los €800 millones. Y su editorial se conforma con ganar unos €25 millones anuales antes de impuestos.

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