8 de octubre de 2006

Se agota el ladrillo de costa

Las casas y apartamentos de costa están a punto de entrar –en mi opinión- en un período de crisis que las puede conducir a una caída vertical de precios.
La demanda de estos inmuebles, tanto para segunda residencia de españoles, como para jubilados extranjeros, se agota día a día, hasta que llegue el día –muy próximo- en que para cada 100 inmuebles a la venta apenas haya 10 potenciales compradores. El resultado de un desequilibrio de esas proporciones es obvio: desplome de precios.
Y es que a la vez que la demanda se ralentiza, la oferta de inmuebles de costa sigue disparada. Nuevas promociones se levantan cada día en el litoral; en especial en el que va de Tarragona a Murcia.
Cuando a esa oferta se añada masivamente la oferta de venta de segunda mano, básicamente por jubilados que fallecen, cosa que ya está pasando, el citado desequilibrio se acentuará.
Mi visión es pesimista, pero estoy muy convencido de que será así.
De hecho, creo que en gran medida es así ya, pero a los actores del sector no les interesa que se sepa. Los promotores tratan de retrasar la crisis, y las agencias inmobiliarias tampoco están interesadas en que salga a la luz. Pero los propietarios que ponen sus propiedades a la venta ya lo sufren en sus carnes; y los promotores ven como las típicas promociones de urbanizaciones de urbanizaciones aisladas ya no se venden. Sólo se aguanta un poco el mercado de pisos en el radio urbano de las poblaciones costeras.
El último elemento que se ha venido a sumar a la crisis es el clima de inseguridad, especialmente padecido en las casas de urbanizaciones alejadas de los núcleos urbanos. Y de fondo, las dificultades para conseguir agua para todas las casas que se han construido en los últimos años de locura del ladrillo en los municipios de costa.
El fondo del problema es que el deseo de la familia media española de tener una segunda residencia estival, que catapultó a millonarios a multitud de constructores y promotores levantinos, y a sus ayuntamientos respectivos, ha llegado a su fin. Los nuevos españoles ni se plantean comprarse un apartamento en Caspe o una casa pareada en Torrevieja. Y para los pocos que lo hagan bastará con el mercado de segunda mano.
En cuanto a los extranjeros, España está cara y ya ha pasado de moda. Ingleses y alemanes disponen ahora de alternativas mejores que España. En países del Este de Europa, en Africa del Norte, incluso en países europeos del norte. El calentamiento global tampoco ayuda. España es demasiado calurosa. Incluso Inglaterra y Alemana se están volviendo más cálidas, y quizás no han de salir de su país.
¿Qué va a pasar con megaproyectos como Marina d’Or en Oropesa (Castellón) o los de Polaris World en Murcia? En mi opinión podemos encontrarnos en unos pocos años con enormes, fabulosas quiebras.
La única salida es frenar. Apostar por el crecimiento equilibrado; equilibrio ecológico, arquitectónico, urbanístico y social.
¿Estamos a tiempo? ¿Será posible?
No soy muy optimista, porque para hacer las cosas bien habrá que tirar muchos edificios abajo, y echar a muchos alcaldes de sus ayuntamientos, y la “mafia inmobiliaria” no lo pondrá fácil.

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