24 de diciembre de 2008

Los cambios llegan con la crisis

Hay algo bueno que traen las crisis. Ayudan a realizar los cambios que se han ido postergando en épocas de vacas gordas.

Cambiar cuando las cosas van bien no es algo que vaya con el ser humano. Nos da pereza cuando el cambio es incómodo. “¿Para qué cambiar si ahora estoy bien?”. O miedo cuando es arriesgado. “Lo que funciona bien, mejor no tocarlo”.

Pero cuando no estamos tan bien, sino relamente mal, la predisposición a cambiar, cambia (valga la redundancia). Se dice “¿por qué no, si funciona?” o “peor que estamos no podemos estar”.

Un ejemplo es la predisposición de las personas a cambiar de ciudad por una nueva oportunidad laboral. hasta ahora, en España, esa predisposición era mínima. Ahora parece que está mejorando. Leo una encuesta que situa esa predisposición en un tono favorable en un 70% de los encuestados, si no me equivoco.

La delicada situación de las empresas en determinados polos industriales, sobre todo de las grandes urbes, así como el menor coste de la vivienda, sea en alquiler o en compra, está haciendo que más de uno se plantee desplazarse a ciudades medianas, dejando las grandes ciudades, o que acepte propuestas de su empresa de cambiar de lugar de trabajo, como mejor alternativa a perderlo.

Algo es algo. Por un grano de arena se empieza.

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