21 de marzo de 2011

Las relaciones humanas tienen algo de magnético

No descubro nada nuevo si digo que el magnetismo influye en las relaciones humanas. Se dice de alguna persona que desprende magnetismo cuando se quiere alabar su capacidad carismática.

Pero me lo planteo desde otro punto de vista. Creo que las personas somos como imanes.  Somos como imanes, que nos atraemos y nos repelemos entre nosotros. Imanes humanos que tenemos dos polos, uno positivo y otro negativo. El polo positivo nos ayuda a comunicarnos positivamente, emitimos y recibimos señales positivas. El polo negativo es todo lo contrario. Hace imposible la comunicación y emite señales de rechazo hacia los demás.

Cuando nos relacionamos con otra persona enfrentamos nuestras polaridades. Si nos predisponemos ambos con nuestros polos positivos, la comunicación es fluida y encontramos puntos de encuentro. Vemos las cosas en positivo, avanzamos con armonía. Es el modo en que nos relacionamos con la familia, los amigos o los socios con los que nos avenimos y con los que compartimos negocios durante mucho tiempo.

Si nos predisponemos con los polos negativos, la comunicación, el acuerdo, la negociación, son imposibles. Se crea una corriente de antipatía que no es posible vencer. Así se crean fuertes odios.

Si una de las partes muestra su lado negativo, lo habitual es que la otra le enfrente el lado negativo también. El diálogo se hace imposible. Se necesita un esfuerzo titánico para llegar al acuerdo cuando una de las partes pone su lado «oscuro». Sólo los genios o los santos tienen la habilidad o la paciencia para conseguirlo.

Lo normal es que sólo en la predisposición mutua de los polos positivos es cuando el diálogo es posible.

Creo que entre dos personas puede haber incompatibilidades insuperables, pero lo normal es que no lo sean. Ningún diálogo es imposible. Profundizar en el l conocimiento mutuo y en la proximidad con el otro nos permiten preparar nuestro mutuo lado bueno, y hacer que los temas fluyan en positivo, que la comunicación sea convergente, que exista respeto y confianza y que surja lo mejor de cada uno de nosotros. Todo es posible en ese contexto.

La compatibilidad «magnética» es un estadio previo  a cualquier intento de relación humana. Analizarla, y desarrollarla si es posible, es el primer paso de todo intento de aproximación entre dos seres humanos. Pasar a la negociación sin haber aclarado ese primer estadio, es una pérdida de tiempo y un error de comunicación, aunque por desgracia es un error muy común.

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