25 de agosto de 2012

La psicología del inversor en capital riesgo

Cuando un emprendedor plantea a un inversor en capital riesgo o business angel que invierta en su incipiente negocio, éste se hace (consciente o inconscientemente) dos preguntas básicas:

1. ¿Qué probabilidad hay de ganar mucho dinero con esta inversión?

2. ¿Qué probabilidad hay de perder todo el dinero invertido o no ganar nada?

Las respuestas a ambas preguntas son esencialmente dos:

a) Que el inversor perciba una probabilidad de que ocurra; es decir, que crea que puede ocurrir

b) Que perciba una baja probabilidad de que ocurra; es decir, que crea que es poco probable que ocurra, o incluso imposible.

Ganar mucho dinero quiere decir vender mi participación en el negocio con muy alta plusvalía (multiplicando mi inversión por varias veces, de modo que la rentabilidad anual obtenida sea superior al 30%).

Perder todo el dinero es obvio lo que quiere decir. Y no ganar nada quiere decir quizás recuperar el dinero invertido, o una parte, pero a largo plazo y desde luego sin plusvalía alguna.

Con las dos preguntas y sus dos respuestas podemos construir una matriz de 2×2, que nos da como resultado 4 posibilidades, cuatro situaciones, que van de mejor a peor:

1) Que el inversor crea que ganar mucho dinero es altamente probable y perder todo el dinero es muy improbable. Es la mejor situación. Se da en pocos casos que un inversor tenga esa sensación ante el proyecto que se le plantea. Desde luego que invierte de inmediato. Todo lo que le pidan y más. Pero, como digo, son proyectos “chollo” o mejor diríamos “espejismo”; pueden darse (y de hecho se dan, para suerte de los afortunados que invierten en ellos y para gloria de quienes los promueven), pero son 1 entre 1.000.

2) Que el inversor crea que existe una posibilidad de ganar mucho dinero, pero también de perder todo su dinero. Es la situación típica en la que se encuentran los inversores en capital riesgo. Dentro de una gama de matices se decidirán a hacer la inversión o no. Desde luego tenderán a hacerla cuando perciban más alta la posibilidad de ganar y más baja la de perder. Es decir, cuando crean que están más cerca de la situación 1) anterior.

3) Que el inversor crea que la probabilidad de ganar mucho dinero es baja, aunque la de perder todo el dinero también es baja. En esos casos no podemos hablar en realidad de capital riesgo. Se trataría de una inversión más conservadora, que situaríamos en otros ámbitos. Los inversores en capital riesgo no hacen este tipo de inversiones habitualmente.

4) Que el inversor percibiera una baja probabilidad (o nula) de ganar mucho dinero, y sin embargo alta de perderlo todo. Es obvio que en ese contexto su decisión es no invertir.

La conclusión es clara:

Los promotores que no puedan plantear proyectos de gran rentabilidad potencial es mejor que no pierdan el tiempo con inversores de capital riesgo.

Si lo único que se puede ofrecer es un bajo riesgo de perder el dinero, entonces hay que buscar otro tipo de inversores, más conservadores.

Y si no se puede ofrecer ni lo uno ni lo otro, mejor olvidarse del proyecto.

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