27 de febrero de 2018

¿Es tan difícil llevar una agenda y anotar y respetar los compromisos agendados?

Pues parece que sí. Hay personas que no llevan una agenda con sus compromisos y no saben responder de inmediato a quien les plantea un compromiso si tienen disponibilidad o no. Respuestas como “lo he de mirar” o “ya te diré” llegan habitualmente a mis oídos. La consecuencia es que lo que debería ser un asunto resuelto en firme en 30 segundos puede demorar mucho más, o lo que es peor, dejar el asunto en el aire. Todo ello, desde luego, con una pérdida importante de tiempo y productividad. Por cosas así destacamos en negativo los españoles. Resolverlo no exige grandes esfuerzos ni desarrollos tecnológicos. Exige un mínimo de seriedad. A veces aquellos que incumplen de forma flagrante son los primeros que hablan de la escasa productividad de la empresa española, en un ejercicio magno de hipocresía y me atrevería a decir de estulticia.

Pero hay consecuencias de esta actitud que van más allá: la de quien, además, una vez aceptado un compromiso, no lo respeta. No llama, no se presenta a una entrevista, no entrega un trabajo, no asiste a una reunión, etc. Más impactos a nuestra maltrecha productividad y a la imagen de falta de seriedad del español.

Es una actitud que produce un fenómeno que vemos muy a menudo: las llamadas para confirmar un compromiso; sea del que convocó, sea del convocado. Nadie se fia de nadie cuando el virus de la informalidad (no digamos de la impuntualidad, que es un tema para otro debate) se contagia a todos. “Llamo para confirmar que mañana sigue en pie la reunión tal”, es algo habitual, y en muchos casos aconsejable. Debo decir (disculpad mi sinceridad) que cuando alguien me lo recuerda (con una llamada o un correo electrónico, por ejemplo) yo suelo responder de malas maneras (lo reconozco) algo así como “a mi no hace falta que me recuerdes mis compromisos”. Porque yo siempre los cumplo, salvo fuerza mayor, y siempre siempre aviso si no voy a poder asistir. Y si voy a asistir (que es lo que debería darse por supuesto) no digo nada: cuando me comprometí estoy allí como un clavo.

Suena raro, ¿no?, que debamos hablar de esto.

Será que me estoy volviendo viejo. Pero cuando oigo decir que todo nuestro futuro se basa en las nuevas tecnologías, a veces me echo a reir. ¿Por qué no empezamos por lo más básico?

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