24 de julio de 2020

Estamos en el inicio de una nueva era de guerra fría

Es una guerra fría entre Estados Unidos y China, la gran superpotencia mundial y la nueva superpotencia emergente. Ese enfrentamiento va a estar presente en los próximos años (al margen de que en noviembre gane Trump o sea desbancado por Biden) y sus consecuencias son inciertas.

Para la Unión Europea serán tiempos de equilibrios diplomáticos complejos. Acertar en el posicionamiento puede reportarle pingües beneficios. Equivocarse puede ser fatal. El peor escenario servía enemistarse con ambos.

Veremos también qué papel juegan Rusia, Brasil e India.

Hay mucho capital político y económico en juego.

La gran cuestión es: ¿Qué nos depara al resto del mundo si la actual China dominada por el Partido Comunista Chino se hace con el control de la Tierra? Hoy por hoy solo pensarlo me pone los pelos de punta.

  1. Ferran Pi dice:

    Hay una ley de la historia que dice que cuando un poder en alza empieza a crecer por encima del poder establecido, habrá conflicto.
    El conflicto ya lo tenemos, pero ¿no está la historia para aprender?

    China y Estados Unidos comparten en realidad muchos intereses y aunque China ha crecido mucho, tiene aún muchos problemas sociales y estructurales. Estados Unidos y otros países siguen dominando el sistema global económico a pesar de todo.

    Pero el tema no tiene que ir de enfrentamiento sino de colaboración y de psicología. Los chinos perciben que todo lo que ellos hacen es visto con peligro y recelo, y así no se puede construir colaboración. Se mezclan y confunden ideas y perspectivas militares con políticas económicas creando un galimatías conflictivo, en lugar de ver cómo coordinar ambas economías y también sus tecnologías. Coordinar economías cuando hay una gran crisis es una lección de la historia.

    Veo mejorable el discurso de Trump cuando dice que “podemos prescindir, no necesitamos a China”. El Partido comunista chino es con el que hemos convivido y negociado hace tiempo. Si Trump no necesita a los chinos tampoco necesitará entonces que sigan invirtiendo y comprando bonos del Tesoro norteamericano (más de un billón de deuda) y que permite sostener su política monetaria con bajos tipos de interés y que respalda todo su gasto en un país donde se ahorra muy poco.
    Hay que construir juntos y no cada uno por su lado. Podemos ser amigos de China también.

  2. pacolopez dice:

    Dios te oiga. Yo no soy tan optimista en esto. ¡Y eso que yo soy un optimista por naturaleza!

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